jueves, 5 de septiembre de 2024

Jueves de la XXII Semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,18-23):

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Palabra de Dios

Salmo 23,R/. Del Señor es la tierra y cuanto la llena

 Santo Evangelio según san Lucas (5,1-11):

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»

Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

Compartimos:

¿Qué sabrá un carpintero sobre la pesca? ¿Cómo es que Jesús se atreve a dar un consejo sobre la pesca a pescadores avezados que llevan toda la vida en estas labores? Cuando Jesús aconseja echar las redes al otro lado, Pedro argumenta, pero solo un poquito: llevamos toda la noche faenando y no hemos conseguido nada… Pero inmediatamente dice, “en tu nombre, Señor”. Un detalle que quizá parezca insignificante, pero que resulta ser vital. A menudo pensamos que sabemos muy bien lo que estamos haciendo porque llevamos haciéndolo toda la vida. Podemos ver que llega un momento en que nuestros esfuerzos son ineficaces, que no llegamos a ninguna parte. Si alguien, que no es de nuestro campo, nos aconseja hacer las cosas de otra manera quizá lo miremos con desdén, preguntándonos qué sabrá esa persona. Pero Pedro dice, “en tu nombre” y el resultado es asombroso. Si alguna vez hemos experimentado el éxito, es posible que luego olvidemos lo de “en tu nombre” y pensemos que todo se debió al propio esfuerzo. La reacción de Pedro es ejemplar: reconoce que él no ha tenido nada que ver con el resultado, que es un hombre pecador y que el fruto de cualquier esfuerzo se debe únicamente a Dios.


A veces me pregunto qué habría ocurrido si el esfuerzo “en tu nombre” no hubiera producido una pesca tan espectacular. ¿Qué nos ocurre cuando, a pesar de encomendar a Dios nuestros actos y trabajos parecen no tener resultado? Es posible que dijéramos que, lógicamente, Jesús (o la persona que, en su nombre nos haya podido aconsejar) no tiene idea de lo que es nuestra profesión… Es posible que perdamos la confianza. Quizá porque entonces sigamos pensando que el “en tu nombre” era únicamente una fórmula sin más alcance o efectividad.


El desafío que se nos presenta hoy es la fe inconmovible en que el “en tu nombre”, el ir más adentro, siempre produce resultados asombrosos… aunque no veamos los peces inmediatamente. Dios los ve, porque son suyos, no nuestros, y eso es lo importante. Lo nuestro es bogar más adentro y echar las redes, “en su nombre”.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Miércoles de la XXII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,1-9):

Hermanos, no pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los instintos carnales. Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo humano. Cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no estáis procediendo según lo humano? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Ministros que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.

Palabra de Dios

Salmo 32,R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Santo Evangelio según san Lucas (4,38-44):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.

Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.

Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor

Compartimos:

Sólo una vez aparece en el Evangelio esta mujer, la suegra de Pedro. Pedro, sin duda, tenía el deber de respetar y proteger a su suegra (que se supone era viuda, porque si no viviría con su esposo…) Pero esta suegrita debía ser bastante extraordinaria. Porque lo extraordinario es que se levante de una enfermedad (debía ser grave porque, al requerir la acción de Jesús, no sería un resfriado pasajero), y empieza a servir. El don recibido enseguida entra en acción de servicio. Es mujer extraordinaria porque lo más común hubiera sido tener unos días de convalecencia. Pero el agradecimiento es motor de acción. Es señal de desinterés y falta de egoísmo. Es reconocimiento humilde de lo recibido.


Lo mismo hacen quienes son liberados de sus demonios. Lo primero es proclamar el poder de Cristo. También se podían haber tomado unas vacaciones después de tanto sufrimiento al estar poseídos. Pero saben que no se han salvado por sí mismos, sino por el Hijo de Dios. El don se recibe con un fin. No es para desperdiciarlo.


Hemos recibido muchos dones de Dios. La cuestión es, primero, reconocerlos y luego saber qué hacemos con ellos. Cuando se nos hace un regalo, normalmente lo guardamos o lo exhibimos para celebrar el buen gusto o la bondad de quien nos lo dio. No se lo regalamos a otro, porque eso sería un insulto al donante. Pero, en el caso de la gracia, su esencia es seguir dando gracia. El donante, Dios mismo, da gratuitamente para que se dé gratuitamente. La gracia es una fuente que no se debe cortar. Recibir una gracia, una curación, una liberación de algo, es energía para el servicio. Negarse a entregarlo supone perderlo. Si se ha recibido, por ejemplo, el don de la generosidad o el espíritu de servicio, al no practicarlo, se agostaría. La suegra de Pedro no recibe la curación para seguir prostrada, como si siguiera enferma, porque entonces acabaría ciertamente gravemente enferma o muerta; recibe el don para que su salud beneficie a todos los de su alrededor. Lo mismo ocurre con todos los dones.

martes, 3 de septiembre de 2024

Primera profesión de 4 dominicos en Sevilla: Un testimonio de obediencia, misericordia y comunidad

 Fray Diego Rodríguez, fray Florent Oke, fray Alejandro Pérez y fray Liberato Bee

  El domingo, en el primer día del mes de septiembre, se celebraba en el convento de Santo Tomás de Sevilla la primera profesión de fray Diego Rodríguez, fray Florent Oke, fray Alejandro Pérez y fray Liberato Bee. El día fue una fiesta en el que se juntó la alegría de los que profesaban con la ilusión y la emoción de los familiares y amigos que se acercaron hasta dicha ciudad y la de la propia comunidad con la que han compartido todo este año de noviciado.


  La celebración de la eucaristía que estuvo presidida por el prior provincial, fray Jesús Díaz, y a la que pusieron música tanto fray Javier Rodríguez como las hermanas dominicas de los conventos de Santa María, de Bormujos, y de Madre de Dios, se llenó de gente venida de muy diferentes lugares como Canarias, Valencia, Madrid, Córdoba, Caleruega… y de hermanos y hermanas de muy diferentes nacionalidades: guineanos, dominicanos, españoles, malgaches, etc. Esto nos habla de la diversidad y multiculturalidad de la orden y de la familia dominicana, lo cual es un signo también de nuestro tiempo.

En la homilía, fray Jesús Díaz se refirió al voto de obediencia y de cómo este conlleva un compromiso mutuo, un poner la vida en las manos de los hermanos, un hacerse corresponsable los unos de los otros. La obediencia no es sumisión, sino que tiene que llevar a discernir con los demás lo que conviene en cada momento y esto a través de la sabiduría e inteligencia que procura el encuentro mutuo, el consenso y el discernimiento comunitariamente comprometido. La mejor escuela para llevar esto a cabo se tiene en la propia comunidad.


  Y no podemos dejar a un lado la relación que hay entre la obediencia y la misericordia. Es curioso como en la misma profesión ante la pregunta de qué pedís, se contesta “la misericordia de Dios y la vuestra”. Se entra pidiendo misericordia para dar misericordia, para ser testigos de la misericordia de Dios entre los mismos hermanos y en la misión. 


  Los nuevos profesos también tuvieron su momento para dar las gracias a Dios y a tantas personas que en estos años han pasado por su vida: frailes y formadores, familiares y amigos, personas con las que han compartido tiempo y vida… La celebración terminó con la invitación del prior de la comunidad de Sevilla a seguir compartiendo y celebrando juntos en el claustro del convento en torno a unas mesas con refrescos y ricas viandas.

 Y fue en este claustro donde llegaron los abrazos y las felicitaciones, las fotos, los encuentros y las conversaciones, ya sin los nervios de la celebración, pero con la satisfacción y la alegría de lo vivido en este día.


  Por cierto, que unas poquitas horas después, en Paraguay, hizo también su profesión fray Stifer Melgarejo; y dentro de unas semanas la realizará fray Lázaro Yoerlis Morález, en Valencia. Los seis inician, ahora, una nueva etapa que esperemos les siga haciendo crecer en su seguimiento de Jesucristo y en su vocación dominicana.


Fray Javier Aguilera OP

Martes de la 22 semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,10b-16):

El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Pues, lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos conciencia de los dones que de Dios recibimos. Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales. A nivel humano, uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién conoce la mente del Señor para poder instruirlo?» Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.

Palabra de Dios

Salmo 144, R/. El Señor es justo en todos sus caminos

Santo Evangelio según san Lucas (4,31-37):

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.»

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Palabra del Señor

Compartimos:

Dice Pablo en la primera lectura de hoy que “llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se muestre que el poder extraordinario viene de Dios y no de nosotros”. A veces querríamos ser el tesoro extraordinario, en lugar de llevarlo. Y otras veces, aseguramos ser la vasija y negar el tesoro que va dentro, por una humildad que es más bien pura soberbia. Lo necesario es reconocer ambas cosas: tenemos un tesoro extraordinario (que viene de Dios), pero somos vasijas de barro. Y ahí está la gracia. A veces invertimos las cosas: nos hacemos querer pasar por “vasos de oro” pero en el fondo sabemos que lo que llevamos dentro es algo mediocre. Y esto no es justo, porque niega la verdad de Dios, que nos ha dado tanta gracia, tal tesoro. Es un insulto al Espíritu.


Por eso también el Evangelio insiste en esto: “El mayor entre vosotros que actúe como si fuera el menor”. ¿Por qué? Porque el mismo Jesús está entre nosotros como servidor… para darnos el tesoro mayor que es el Reino, la salvación.


Gregorio Magno, cuya memoria celebramos hoy, entendió esto bien. Nacido de clase alta, fue político, recibió honores civiles y eclesiásticos y fue nombrado Papa, cuando él sólo quería ser monje. Entregó todos sus bienes, cuidó de los pobres, luchó por los derechos de la Iglesia, defendió Roma de los invasores y herejes, y regaló a la Iglesia uno de sus mayores tesoros litúrgicos que es el canto Gregoriano. Con razón es llamado Magno, grande. Y sin embargo, quizá su mejor legado sea el resumen de las lecturas de hoy: se proclamó “siervo de los siervos de Dios”, que es el lema que han adoptado todos los papas sucesivos. Con toda su riqueza, su saber, su poder, sabía que “el tesoro va en vasijas de barro”. Esa es el verdadero signo de identidad de todo cristiano.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Lunes de la XXII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,1-5):

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios

Salmo 118,R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Santo Evangelio según san Lucas (4,16-30):

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús afirma que el pasaje de Isaías en el que se manifiesta la presencia del Espíritu en el siervo se acaba de cumplir en él mismo. Eso le daría toda la acreditación para anunciar el Evangelio de salvación, porque tiene el sello del Espíritu. “El Espíritu me ha enviado a sanar, a liberar, a curar, a proclamar la salvación”. Solo hay una condición para que pueda actuar: que haya una escucha. La escucha supone aceptación. Y la aceptación da paso a la efectividad. Dice Jesús: “se cumple lo que acabáis de escuchar”. Si no se escucha, no puede actuar, porque no hay la fe necesaria para que se pueda recibir la gracia. No se puede recibir todo ese bien, porque los oídos están sordos.


Y si es algo tan fantástico como un anuncio de buena noticia, ¿por qué no se acepta? ¿Por qué no se quiere escuchar? La cerrazón al mensaje en este caso se debe a que el mensaje se abre a todos; es el anuncio de una salvación universal y no sólo para los “elegidos”. La gracia se ofrece a todos, porque el siervo está “acreditado” para ello por la mayor fuerza: la del Espíritu. Negarse a pensar en una apertura a todos, y no solamente al grupo reducido de élite. Nadie es profeta en su tierra es otra manera de definir la envidia: nadie que sea de mi misma condición puede ser más que yo. No puede tener un cargo más alto que el mío; no puede tener algún privilegio, y mucho menos, gozar del sello del Espíritu. Esto es una situación triste porque impide el paso del bien y de la salvación a todos, incluidos quienes se consideran los elegidos. Pero se le puede dar una vuelta a esta dinámica envidiosa y pensar que, en realidad, no somos más que el Maestro; pero el maestro tiene el Espíritu del envío a curar, a proclamar la salvación. Y, con él, tenemos esa misma misión.


La escucha, por tanto, abre una fuente de alegría y de bien imparable. Porque, al escuchar, podemos entrar en esa misma dinámica de recepción de la misión y envío. Podemos participar de ese mismo sello del Espíritu. De hecho, ya participamos por nuestra propia Confirmación; pero hace falta más escucha, más aceptación, más reconocimiento. Abrir el oído nos permite recibir el Espíritu, la enorme gracia universal de Dios.

domingo, 1 de septiembre de 2024

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz domingo!

Hoy, en el Evangelio de la liturgia (cf. Mc 7,1-8.14-15.21-23), Jesús habla de lo puro y lo impuro: un tema muy querido por sus contemporáneos, que estaba relacionado sobre todo con la observancia de ritos y normas de comportamiento, para evitar cualquier contacto con cosas o personas consideradas impuras y, si esto ocurría, borrar la «mancha» (cf. Lev 11-15). Era casi una obsesión de algunos religiosos de la época, la pureza y la impureza.

Algunos escribas y fariseos, estrictos observadores de tales normas, acusan a Jesús de permitir que sus discípulos tomen alimentos sin lavarse las manos. Y Jesús, aprovecha este reproche por parte de los fariseos a sus discípulos para hablar del significado de la «pureza».

La pureza -dice Jesús- no está ligada a ritos externos, sino ante todo a actitudes interiores. Para ser puro, por tanto, de nada sirve lavarse las manos varias veces, si luego se albergan dentro del corazón malos sentimientos como la avaricia, la envidia o la soberbia, o malas intenciones como el engaño, el robo, la traición y la calumnia (cf. Mc 7,21-22). Jesús llama la atención para poner en guardia contra el ritualismo, que no hace crecer en el bien, es más, a veces puede llevar a descuidar, o incluso a justificar, en uno mismo y en los demás, opciones y actitudes contrarias a la caridad, que hieren el alma y cierran el corazón.


Y esto, hermanos y hermanas es importante también para nosotros: no se puede, por ejemplo, salir de la Santa Misa y, ya en el parvis de la iglesia, detenerse con habladurías malvadas y sin misericordia sobre todo y todos. Esa habladuría que arruina el corazón, que arruina el alma. ¡No puede ser! Si vas a misa y luego haces estas cosas ¡es algo feo! O mostrarse piadosos en la oración, pero luego en casa tratar a los miembros de la propia familia con frialdad y desapego, o descuidar a los padres ancianos, que necesitan ayuda y compañía (cf. Mc 7,10-13). Esto es una doble vida, que no se puede tener. Y esto es lo que hacían los fariseos. Pureza externa sin las buenas actitudes, actitudes misericordiosas con los demás.  O, no se puede ser aparentemente muy correcto con todos, tal vez incluso hacer un poco de voluntariado y algunos gestos filantrópicos, pero luego en el interior cultivar el odio hacia los demás, despreciar a los pobres y a los últimos, o comportarse deshonestamente en el propio trabajo.


Al actuar así, la relación con Dios se reduce a gestos externos, y en el interior permanecemos impermeables a la acción purificadora de su gracia, demorándonos en pensamientos, mensajes y comportamientos sin amor.


Nosotros estamos hechos para otra cosa. Estamos hechos para la pureza de vida, para la ternura, para el amor.  


Preguntémonos, entonces: ¿vivo mi fe con coherencia? Es decir, ¿lo que hago en la iglesia intento hacerlo fuera con el mismo espíritu? En mis sentimientos, palabras y obras, ¿hago concreto en mi cercanía y en el respeto a mis hermanos y hermanas lo que digo en la oración? Pensémoslo.


Y que María, Madre purísima, nos ayude a hacer de nuestra vida, en el amor sincero y practicado, un culto agradable a Dios (cf. Rm 12,1).

¡Queridos hermanos y hermanas!

Ayer, en Šaštín, Eslovaquia, fue beatificado Ján Havlík, seminarista de la Congregación de la Misión, fundada por San Vincenzo de’ Paoli. Este joven fue asesinado en 1965, durante la persecución del régimen contra la Iglesia en la entonces Checoslovaquia. Que su perseverancia en el testimonio de la fe en Cristo sea un estímulo para los que aún hoy sufren semejantes pruebas. ¡Un aplauso para el nuevo beato!


Me enteré con dolor de que el sábado 24 de agosto, en localidad de Barsalogho, Burkina Faso, cientos de personas, entre ellas mujeres y niños, fueron asesinadas y muchas otras resultaron heridas en un atentado terrorista. Al condenar estos execrables atentados contra la vida humana, expreso mi cercanía a toda la nación y mi más sentido pésame a las familias de las víctimas. Que la Virgen María ayude al querido pueblo de Burkina Faso a volver a encontrar la paz y la seguridad.


Rezo también por las víctimas del accidente en el Santuario de Nossa Señora da Conceicão, en la ciudad de Recife, Brasil. Que el Señor resucitado consuele a los heridos y a sus familias.


Y siempre estoy cerca del atormentado pueblo ucraniano, duramente golpeado por los ataques contra sus infraestructuras energéticas. Además de causar muertos y heridos, han dejado a más de un millón de personas sin electricidad y sin agua. Recordemos que la voz de los inocentes siempre encuentra escucha ante Dios, ¡que no queda indiferente ante su sufrimiento!


Y una vez más dirijo mis pensamientos con preocupación al conflicto en Palestina e Israel, que amenaza con extenderse a otras ciudades palestinas. Hago un llamamiento para que se detengan las negociaciones y cese inmediatamente el fuego, para que se libere a los rehenes, para que se socorra a la población de Gaza, donde también se están propagando tantas enfermedades, incluida la poliomielitis. ¡Que haya paz en Tierra Santa, que haya paz en Jerusalén! Que la Ciudad Santa sea un lugar de encuentro en el que cristianos, judíos y musulmanes se sientan respetados y acogidos, y que nadie cuestione el statu quo en sus respectivos Lugares Santos.


Hoy celebramos la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Espero que todos -instituciones, asociaciones, familias y cada persona- asuman un compromiso concreto con nuestra casa común. El clamor de la Tierra herida es cada vez más alarmante y exige una acción decidida y urgente.


Mañana iniciaré un viaje apostólico a algunos países de Asia y Oceanía. Por favor, recen por los frutos de este viaje.


Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos. En particular, saludo a los jóvenes de Lucca, acompañados por su arzobispo monseñor Paolo Giulietti y algunos sacerdotes; saludo a los buenos jóvenes de la Inmaculada y a los jóvenes de Campocroce di Mirano.


Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Que tengan un buen almuerzo y hasta la vista.

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (4,1-2.6-8):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: «Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.» Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»

Palabra de Dios

Salmo 14,R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (1,17-18.21b-22.27):

Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (7,1-8.14-15.21-23):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.» Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Hemos terminado de leer el capítulo 6 del Evangelio de san Juan. Lo hemos hecho durante cinco semanas, con el (largo) discurso del Pan de Vida. Acabábamos el domingo pasado con la pregunta de Jesús, de si los discípulos también querían irse, y la respuesta de Pedro: “¡Sólo Tú tienes palabras de vida eterna!”. Volvemos al Evangelio de Marcos, que nos acompaña en este ciclo B. Y lo hacemos con unas palabras de Jesús, palabras de vida, que nos ayudan, como siempre, a vivir mejor nuestra fe.


Hoy la cosa va de normas. Derecho divino y derecho positivo. Las que vienen de Dios y las los hombres nos damos, en otras palabras, para poder vivir juntos. Lo que no podemos cambiar, y lo que se puede ir adaptando con el paso del tiempo. Conviene no confundirlo.


A veces, existe la tentación de querer cambiar las disposiciones más exigentes, para que sea más fácil ser cristiano: quitar un mandamiento (o dos) o un voto, para los religiosos. Sabemos que eso no es posible. No depende de nosotros. O la tentación contraria, añadir nuevas normas que surgen de la “sabiduría” humana. Se quiere convertir en voluntad de Dios lo que es la voluntad del hombre. Así surgen muchas idolatrías, y se puede llegar a violentar las conciencias. Se pide en nombre de Dios lo que Dios no quiere.


Es importante distinguir lo fundamental de lo secundario. Nos parece muy importante lo externo, pero se nos olvida lo interno, lo fundamental. Jesús critica esa confusión, porque no sirve de nada lavarse las manos si el corazón está muy sucio. Por supuesto que lavarse las manos no está mal. Lo que no le puede gustar es que se haya perdido el sentido de la Ley. La liturgia, los rituales, tienen como fin acercarnos a Dios. Pero los fariseos se olvidaron de esto, y observaban las normas porque sí, vaciándolas de sentido. Honraban a Dios con los labios, pero no con el corazón. Se había perdido el sentido sacro de esa Ley. Dificultaba, cuando no impedía ese acceso a Dios.


La relación con Dios debe llevarnos a la relación con los hermanos. Si hemos aceptado la Palabra, significa que somos todos hermanos en Cristo. Hay que llevar esa Palabra recibida a la práctica, y no sólo escucharla. La referencia a las viudas y a los huérfanos nos remite a las personas más necesitadas de la época en la que escribe el apóstol Santiago. Engañarse a uno mismo, cerrando los ojos a las necesidades de nuestros semejantes, significa no ser un buen cristiano. En nuestro mundo occidental las viudas y los huérfanos suelen estar más o menos bien atendidos, pero hay otros muchos necesitados. Es cuestión de poner atención.


Hay en el Evangelio una larga lista de vicios – pecados que hacen impuros al hombre, más que el lavarse o no las manos antes de comer.  Los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todo esto nos da pie para un buen examen de conciencia. Lo que hace que todo eso sea malo es que va contra la dignidad del hombre. Cosifica, desnaturaliza al otro. Lo convierte en medio para alcanzar nuestro fin. Todos podemos entender que ese elenco de maldades sale de dentro, del corazón. Ahí está el origen de muchos de nuestros pecados. Por eso hay que ser cuidadoso con lo que pensamos o deseamos, porque puede ser el origen de una conducta desordenada.


En las palabras de Jesús en el Evangelio podemos encontrar otro motivo para reflexionar: nuestro modo de participar en las celebraciones. Dicho de otra manera, no conviene poner el “piloto automático” cuando vamos a la iglesia. Los creyentes, felices de encontrarnos con nuestro Señor, deberíamos demostrarlo en el templo. Lo que celebramos allí debería ser manifestación de lo que vivimos y sentimos por dentro.  De la abundancia del corazón habla la boca (Lc 6, 45) Por eso, cuando empezamos cantando, ¿lo hago sabiendo que el canto es alabanza, y no solamente un adorno de la celebración? Cuando respondemos al celebrante, nos arrodillamos, nos levantamos o nos sentamos, ¿somos conscientes de lo que decimos y por qué lo hacemos? ¿Nos esforzamos por entender el significado de cada signo, de cada símbolo, de cada gesto de la Eucaristía?


La religión verdadera, la del corazón, puede ser sólo practicada por quien ha llegado a tener una fe adulta y madura, por quien es libre, sincero, abierto a la luz de Dios y a los impulsos del Espíritu. Que la participación en esta Eucaristía nos ayude a acercarnos a ese objetivo.