miércoles, 19 de agosto de 2026

Miércoles de la XX Semana del Tiempo Ordinario. San Juan Eudes, presbítero

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (34,1-11):

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: «¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: ‘¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a si mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.»»

Palabra de Dios


Salmo 22,R/. El Señor es mi pastor, nada me falta


 Santo Evangelio según san Mateo (20,1-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Ezequiel profetiza, tal como le ordena Dios, contra los pastores, reprochándoles no solo  que hayan descuidado su obligación, sino que han abusado y maltratado a las ovejas. En adelante, Dios mismo cuidará del rebaño.


Recordamos cuando Jesús Resucitado encomendó a Pedro que cuidara del rebaño.  El nuevo pueblo de la alianza, la Iglesia, sí tiene pastores. Es bueno rezar por ellos, sin olvidar que Cristo es el Pastor. En mi parroquia, los jueves, durante la exposición del Santísimo, pedimos por los sacerdotes que viven situaciones espirituales y materiales muy diversas: por los que trabajan bien y mucho y por los que sufren de distintas maneras.


Cristo es también el patrón, el que ha llamado a trabajar en su viña. Vuestros pensamientos no son mis pensamientos, vuestro caminos no son mis caminos. (Isaías 55, 6-9). Lo que sorprende y enfada a los obreros es la falta de proporción entre los salarios. ¿Por qué pagar lo mismo por una jornada de trabajo que por una hora? Mateo no nos cuenta si la parábola termina con la aceptación de los obreros, aunque no deja de precisar el tono amistoso de la respuesta del dueño de la viña. Es un Dueño que piensa y camina con respuestas que superan nuestras formas de valorar y medir. Sin duda conoce la amargura de los últimos que vieron avanzar el día sin ser contratados.


Me parece que el patrón de la parábola es bondadoso hasta extremos que no podemos comprender del todo, como bondadoso es el padre del hijo pródigo, como bondadosa fue la inimaginable promesa hecha a Dimas desde la Cruz.

martes, 18 de agosto de 2026

Martes de la XX Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (28,1-10)

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro: «Así dice el Señor: Se hinchó tu corazón, y dijiste: ‘Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar’, tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!; ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción. Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú, que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: ‘Soy Dios’, delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho.»» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios


Salmo Dt 32,R/. Yo doy la muerte y la vida


Santo Evangelio según san Mateo (19,23-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»

Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»

Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El joven rico se preciaba de haber cumplido los mandamientos desde la niñez. En realidad no había comprendido bien ni siquiera el primer mandamiento. Cuando Jesús le dice: «Vende lo que tienes, dalo a los pobres… y sígueme»  lo lleva al núcleo:  «Yo soy el Eterno”, «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas», el joven se aleja: su verdadero dios es el dinero.


Jesús deja espantados a los discípulos al comparar la dificultad de un rico para entrar al reino de los cielos con la imposiblidad de entrada de un camello por el ojo de una aguja. ¿Quién podrá salvarse? Una pregunta que hoy tenemos que hacernos, hasta con una cierta angustia, porque disfrutamos de unas posiblidades y un bienstar inéditos en la historia y también en gran parte del planeta que no ha alcanzado los niveles del occidente desarrollado. Una cultura del disfrute, el consumismo, el gusto por la novedad y la seducción de una publicidad que ofrece felicidad, seguridad, posición social…


Reponde Jesús tranquilizándolos: lo imposible para nuestra pobre humanidad no lo es para Dios. Aún así, Pedro quiere oir el dictamen de Jesus otra vez y (siempre atrevido y un tanto ingenuo y emocional) pretende que el  Maestro tenga en cuenta lo que han invertido los discípulos para seguirle. No era necesario, Pedro, por cada entrega de tu vida y todas tus cosas, recibirás el ciento por uno y al final el paraíso.


Dejar de venerar al dinero y a nuestras ridículas seguridades es, en realidad, muy poco precio para tal sobrebundancia de dones y la esperanza de un final glorioso y feliz.

lunes, 17 de agosto de 2026

Lunes de la XX Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (24,15-24):

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; no llores ni hagas duelo ni derrames lágrimas; aflígete en silencio como un muerto, sin hacer duelo; líate el turbante y cálzate las sandalias; no te emboces la cara ni comas el pan del duelo.»

Por la mañana, yo hablaba a la gente; por la tarde, se murió mi mujer; y, a la mañana siguiente, hice lo que se me había mandado.

Entonces me dijo la gente: «¿Quieres explicarnos qué nos anuncia lo que estás haciendo?»

Les respondí: «Me vino esta palabra del Señor: «Dile a la casa de Israel: ‘Así dice el Señor: Mira, voy a profanar mi santuario, vuestro soberbio baluarte, el encanto de vuestros ojos, el tesoro de vuestras almas. Los hijos e hijas que dejasteis caerán a espada. Entonces haréis lo que yo he hecho: no os embozaréis la cara ni comeréis el pan del duelo; seguiréis con el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no lloraréis ni haréis luto; os consumiréis por vuestra culpa y os lamentaréis unos con otros. Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho. Y, cuando suceda, sabréis que yo soy el Señor.»

Palabra de Dios


Salmo Dt 32,R/. Despreciaste a la Roca que te engendró


 Santo Evangelio según san Mateo (19,16-22):

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»

Él le preguntó: «¿Cuáles?»

Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.»

El muchacho le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?»

Jesús le contestó: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo.»

Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Palabra del Señor


Compartimos:

Todas las lecturas de la Eucaristía de hoy, desde la Antífona de entrada: “…vale más un día en tus atrios que mil en mi casa”, nos llevan al mismo asunto que es el desapego. A preguntarnos si realmente cumplimos el primer Mandamiento o si lo que afirmamos de boquilla se realiza en nuestra vida. Lo vemos con toda claridad en el relato de Ezequiel y en el diálogo de Jesús con el joven rico.


Ezequiel, un verdadero siervo de Dios, entrega lo que más ama, su esposa, sin reservarse siquiera el derecho a llorar. Obedece la orden de Dios concretada en cada detalle: “voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; pero tu no entones una lamentación, no hagas duelo, no derrames lágrimas”. Ezequiel hace exactamente lo que se le ha ordenado y omite cada uno de los ritos hebreos, muy minuciosos, que se practicaban entonces. Cuando le piden explicaciones, responde que acaba de cumplir el mandato de Dios. Y lo ocurrido representa lo que deberá suceder pronto: la ruina de Jerusalén, la destrucción del Templo y el exilio. También explica cómo deberá reaccionar el pueblo ante tanto infortunio.


Jesús, al joven que se acerca con la pregunta “¿Qué tengo que hacer para alcanza la vida eterna?” tiene que exigirle el desapego como prueba de fuego para evidenciar su verdadera idolatría: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres». El joven falla la prueba; prefiere sus posesiones antes que el seguimiento.


En el texto de Marcos, el conocidísimo encuentro del joven rico, añade, a los mismos pasajes de Mateo y Lucas, un detalle conmovedor que es la mirada de Jesús. Jesús lo miró con amor y lo ve marchar con tristeza… Creo que es la misma tristeza con que nos ve a nosotros cuando, demasiadas veces, anteponemos nuestros apegos a la entrega que nos pide. O cuando nos engañamos buscando justificaciones muy razonables para disfrazar el amor al dinero, a la seguridad, al prestigio, a nuestras ideas y prejuicios arraigados, a afectos. Incluso a aficiones inofensivas. Siempre funciona el autoengaño.


Hoy se habla mucho de discernimiento. Desde luego que es necesario discernir no solo para distinguir el bien del mal y la verdad de la mentira sino para saber lo que es mejor y lo que agrada más a Dios que conoce nuestro corazón. Lo que más nos puede ayudar es confiar plenamente en el El y pedirle que nos ilumine. Que haga que sepamos reconocer las ataduras que no nos atrevemos a romper sobre todo por el miedo.

domingo, 16 de agosto de 2026

ÁNGELUS PAPA LEÓN XIV

Castel Gandolfo

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!


Ayer contemplamos a la Virgen María en su relación indisoluble con su Hijo: ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna. Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud está reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete.


Así lo demuestra hoy la mujer cananea protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia (cf. Mt 15,21-28). Aunque no pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, intenta con insistencia hablar con Jesús, siguiéndole como una discípula que ya tiene un vínculo con Él. Probablemente nunca se habían encontrado, pero, misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como el Mesías, descendiente de David (cf. v. 22).


El evangelista no oculta los obstáculos a los que se enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones. De hecho, el Maestro se había retirado a aquella región (cf. v. 21) y podemos imaginar que, como en otras ocasiones, buscaba un lugar apartado donde orar y formar a los suyos. Sin embargo, en ese momento ocurre algo inesperado. Al meditar sobre ello, podemos comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo que oye. Al final le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas» (v. 28).


También hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de las fronteras ya trazadas. Su misión es anticipada por la gracia divina, que actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos.


De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinación. Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas (cf. vv. 26-27), porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre. A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios.


Queridos hermanos y hermanas: somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, en un mundo que busca la paz. A María, nuestra Madre, le pedimos que interceda por nosotros. «De sus labios brota el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat» (Magnifica humanitas, 244): es el canto de quien ya ve la realidad con la mirada de Dios y, por eso, no pierde la esperanza y actúa con caridad.


Queridos hermanos y hermanas:


Reitero mi llamamiento para que cesen los repetidos actos de violencia contra la población civil palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que vele por el avance de la solución de dos Estados, en pro de una paz justa y duradera.


Esta semana darán comienzo los Juegos del Mediterráneo, que se celebrarán en Taranto. En ellos participarán diversos países de África, Asia y Europa que pertenecen a la cuenca mediterránea. Deseo que este evento deportivo sea un presagio de paz y fraternidad entre los pueblos de esta región y del mundo entero.


Y ahora doy la bienvenida a todos ustedes, que se han reunido aquí, en Castel Gandolfo, para el Ángelus dominical.


Saludo con cariño a los peregrinos procedentes de diversos países. Al saludar a los polacos, extiendo mi bendición a las numerosas participantes en la tradicional peregrinación al Santuario de Piekary Śląskie, en Alta Silesia.


Les deseo a todos un feliz domingo.

Lecturas del XX Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7):

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios


Salmo 66,R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32):

Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.

Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»

Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy contemplamos la escena de la cananea: una mujer pagana, no israelita, que tenía la hija muy enferma, endemoniada, y oyó hablar de Jesús. Sale a su encuentro y con gritos le dice: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo» (Mt 15,22). No le pide nada, solamente le expone el mal que sufre su hija, confiando en que Jesús ya actuará.


Jesús “se hace el sordo”. ¿Por qué? Quizá porque había descubierto la fe de aquella mujer y deseaba acrecentarla. Ella continúa suplicando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: «Atiéndela, que viene detrás gritando» (Mt 15,23).


La mujer sigue rogando; no se cansa. El silencio de Jesús se explica porque solamente ha venido para la casa de Israel. Sin embargo, después de la resurrección, dirá a sus discípulos: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15).


Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de este silencio? Pero la cananea se postra, se pone de rodillas. Es la postura de adoración. Él le responde que no está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros. Ella le contesta: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos» (Mt 15,26-27).


Esta mujer es muy espabilada. No se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón. Tienes razón, Señor! Parece como si le dijera: —Soy como un perro, pero el perro está bajo la protección de su amo.


La cananea nos ofrece una gran lección: da la razón al Señor, que siempre la tiene. —No quieras tener la razón cuando te presentas ante el Señor. No te quejes nunca y, si te quejas, acaba diciendo: «Señor, que se haga tu voluntad».

viernes, 14 de agosto de 2026

Oda a la Asunción

 Al cielo vais, Señora,
y allá os reciben con alegre canto.
 
¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!
 
De ángeles sois llevada
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada:
 
¡Tal Reina habrá ninguna,
                pues os calza los pies la blanca luna!
     Volved los blancos ojos,
                                                    ave preciosa, sola humilde y nueva,
                                                                a este valle de abrojos,
                                                                    que tales flores lleva,
                                                                   do suspirando están los hijos de Eva.
 
                                                                        Que, si con clara vista,
                                                                              miráis las tristes almas desde el suelo,
                                                                            con propiedad no vista,
                                                                            las subiréis de un vuelo,
                                                                   como piedra de imán al cielo, al cielo.
 
                                                                  Amén

Lecturas de La Asunción de la Santísima Virgen María

Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (11,19a;12,1.3-6a.10ab):

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.

Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

Palabra de Dios


Salmo 44,R/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,20-27a):

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Lucas (1,39-56):

En aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de Maria, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor


Compartimos:

Dice el padre de la Iglesia Germán de Constantinopla (+733) que “así como un hijo desea y procura estar siempre con su propia madre, y una madre anhela habitar con su hijo, así fue del todo congruente que Tú, que tienes un corazón lleno de amor al que es tu Hijo y tu Dios, retornaras hacia Él y que Dios, que manifiesta hacia ti un afecto filial, te hiciera estar en su compañía y participar de su propia vida”.


Esto puede sonar a una consideración tierna y familiar, pero tiene mucha más hondura teológica. No se trata de simple sentimentalismo. Si María es el primer fruto de la Redención de Cristo, al haber sido inmaculada desde su concepción, goza ya del fruto pleno, que es la resurrección de la carne. La Asunción no es, por tanto, una nostalgia sentimental de Jesús por su mamá, cuanto una consecuencia lógica. Cierto que el cumplimiento total de la redención se expresa en que María tiene que estar con Jesús en cuerpo y alma. No podría verse la plenitud de la Redención si María estuviera aún esperando la Resurrección.


Es, además, la certeza de que la promesa de redención se va a cumplir para todos nosotros. En el Apocalipsis, el dragón espera al fruto del vientre de la mujer para devorarlo. Pero la mujer se libra del dragón y va a un lugar preparado por Dios. El dragón espera a derrotar al propio Cristo, e implantar el reinado de la negación de Dios, regresar al Edén, donde los hombres querían tomar el lugar de Dios. Pero él vence porque su madre escapa del pecado y de la muerte. Y si escapa la Madre, escapa el Salvador y escapan todos sus hijos, todos los seres humanos de todas las generaciones. Y entonces se anuncia con gloria y poderío que ha llegado la salvación de Dios. “Tú eres el orgullo de nuestra raza…”


Todo en este día trata de viajes y de anuncios. La mujer escapa del peligro; en el evangelio, María va a visitar a Isabel, llevándole una Buena Noticia, anuncio de salvación. Por un hombre (Adán) vino la muerte, y por un hombre, (Cristo), viene la vida. Eva es la madre de todos los creyentes, pero sobre ella cae el peso; María pisa la cabeza de la serpiente y anuncia así la salvación. Hoy se celebra, en realidad, la victoria de Cristo sobre la muerte. Como dice san Juan Damasceno, (749): “¿Cómo era posible que la que albergó a Dios en su seno fuera devorada por la muerte? ¿Cómo podía ser absorbida por el infierno? ¿Cómo la corrupción podía atreverse a invadir el cuerpo que había recibido dentro de sí a la Vida? Todas estas cosas en modo alguno podían afectar el alma y el cuerpo de la que fue portadora de Dios. La muerte se llenó de temor, al contemplar a María, pues, con lo que había acontecido cuando atacó al Hijo de ella, aprendió a ser más prudente y precavida”. Y esta es nuestra prenda de resurrección y vida.