sábado, 18 de julio de 2026

Sábado de la XV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Miqueas (2,1-5):

¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.

Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso. Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: «Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.» Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»

Palabra de Dios

Salmo 9,22R/. No te olvides de los humildes, Señor


Santo Evangelio según san Mateo (12,14-21):

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Normalmente vemos que el mal siempre recibe la mayor atención en titulares de periódicos y medios de comunicación. Aunque se trame en el secreto del engaño, luego sale a la luz estruendosamente. Jesús les dice a los que reciben sus acciones sanadoras que no lo digan a nadie… Tanto el mal como el bien… ¿en silencio? Y parece contradictorio porque en otros muchos pasajes se urge a los seguidores de Jesús a proclamar la Buena Noticia, a gritar lo que se ha oído en secreto, a poner la luz sobre el celemín….


Los biblistas hablan del “secreto mesiánico” que, aunque sigue siendo muy misterioso, algunos interpretan como una prudencia de Jesús de no confundir su misión con milagros externos. Que sus acciones no se queden para los demás en fenómenos externos y extraordinarios, sino que se vaya comprendiendo poco a poco que el Mesías viene a traer una sanación total y, especialmente, una liberación del pecado. Que viene, en realidad, a restaurar la justicia de las relaciones entre Dios, la creación y los seres humanos. Se trata de ir entrando en la intimidad y la relación personal con el Cristo vivo. La reconciliación que se proclama en la antífona antes del Evangelio de hoy.  Lo bueno de la orden del secreto mesiánico es que los receptores de favores en general no obedecen la orden de Jesús, sino que anuncian una y otra vez los milagros que ha obrado Jesús. Parece que la orden, en lugar de prevenir, anima a salir gritando. Porque es de justicia que se conozca el bien y la luz.


Como dice el salmo, Dios no olvida a los pobres. El enviado, el ungido, no va a eliminar ninguna cosa buena, por pequeña que sea…hasta que se cumpla la justicia. Hasta que se acabe con ese mal urdido en silencio pero tan escandaloso. Como el Señor no olvida a los pobres, ni deja a ninguna cosa buena sin aliento de vida, su acción, urdida en el secreto del corazón de Dios, tiene que salir a la calle, ser conocida y proclamada.

viernes, 17 de julio de 2026

Viernes de la XV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (38,1-6.21-22.7-8):

En aquellos días, Ezequías cayó enfermo de muerte, y vino a visitarlo el profeta Isaías, hijo de Amós, y le dijo: «Así dice el Señor: «Haz testamento, porque vas a morir sin remedio y no vivirás.»» Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor: «Señor, acuérdate que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada.» Y Ezequías lloró con largo llanto.

Y vino la palabra del Señor a Isaías: «Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de David, tu padre: «He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años. Te libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré.»»

Isaías dijo: «Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la herida, para que se cure.»

Ezequías dijo: «¿Cuál es la prueba de que subiré a la casa del Señor?»

Isaías respondió: «Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada: «En el reloj de sol de Acaz haré que la sombra suba los diez grados que ha bajado.»» Y retrocedió el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.

Palabra de Dios


Salmo Is 38 R/. Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía


 Santo Evangelio según san Mateo (12,1-8):

Un sábado de aquéllos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.»

Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»

Palabra del Señor


Compartimos:

En Isaías 38, Ezequías recibe la noticia de su enfermedad incurable, y luego la de su curación. “Salvaste mi vida, no moriré”, dice agradecido. Se había merecido morir, y sin embargo, se salva. El pasaje del Evangelio de hoy no parece guardar mucha relación con esto, pero sí demuestra que Dios está muy por encima de todo poder humano, e incluso de toda norma o costumbre. El Dios que cura a Ezequías cuando no había remedio, también hace que el sol retroceda; y es el mismo Dios que se declara Señor del sábado. Por encima de la norma, ve el hambre de sus amigos y se compadece.


Este es el Dios que, por misericordia, salva la vida a Ezequías, y da de comer a los discípulos en sábado. Es el Dios que pasa por encima de las expectativas humanas para mostrar un amor inmerecido e inesperado. Espera una respuesta: “misericordia quiero”…Y, ¿qué es la misericordia? La palabra misericordia viene de piedad (miser) y cordia (corazón). Es decir, no es un perdón a lo loco, ni una solidaridad secular, sino una acción del corazón, algo que llega a lo más profundo, El corazón de Dios se apiada de Ezequías y se apiada del hambre de los discípulos. El corazón de Dios se conmueve profundamente.


Pero, aunque él dé gratuitamente, no lo da sin consecuencias. Es decir, ahora toca a quienes han recibido misericordia obrar misericordia. Ahora toca al corazón de quien ha recibido el favor del corazón de Dios extender ese favor. Ahora toca al corazón humano conmoverse profundamente y mostrar misericordia… Contra toda expectativa. Mostrar misericordia es entrar en el corazón de Dios. Y esto es lo que quiere: la curación, el responder al hambre y a la sed de otros. Que todos se salven (es decir, se sanen). Los “sacrificios” externos, es decir, el culto, también habrá que hacerlos; pero con el corazón. Lex orandi, lex credendi. Es decir, no se puede orar bien, si el corazón no está ahí. No se puede creer bien si no se ora bien, con el corazón.

jueves, 16 de julio de 2026

Jueves de la XV Semana del Tiempo Ordinario. Bienaventurada Virgen del Cármen.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (26,7-9.12.16-19):

La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe. Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Como la preñada cuando le llega el parto se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz… viento; no trajimos salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo. ¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra de las sombras parirá.

Palabra de Dios


Salmo 101R/. El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra


Santo Evangelio según san Mateo (11,28-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Normalmente en la mayoría de las iglesias de España hoy se celebrará la misa de la fiesta del Carmen, pero las lecturas del jueves de la Semana XV son también apropiadas, y crean una especie de diálogo entre las dos posibilidades de celebración. En la de Isaías, del jueves ordinario se ora: “mi alma te desea de noche”… y a la Virgen del Carmen, desde la primera aparición a Simon Stock, se la proclama como “Stella Maris”… el Salmo 102 afirma esta protección de la Estrella diciendo: El Señor mira desde el cielo, y María en el Magnificat celebra y exulta en la protección y la misericordia de Dios, de generación en generación. Por último, el evangelio recomienda acudir a Cristo todos los que estén cansados y agobiados, porque su yugo es suave. Y a quienes hacen precisamente eso, se les proclama como madre y hermanos…Quienes cumplen la voluntad de Dios. Es decir, quienes se someten a ese yugo suave y a esa carga ligera. No es que Jesús esté negando la maternidad de su madre, sino precisamente afirmándola de una manera mucho más amplia: quienes dicen sí, como ella, hacen más tangible la presencia de Dios en el mundo, porque, al cumplir su voluntad, están amando, sirviendo, luchando por la justicia, defendiendo la verdad y acercando la Buena noticia de la salvación a todos.


María abrió la puerta al cumplimiento de la promesa, se encendió como estrella en la oscuridad de la noche humana, y dio paso a la alegría. Lo sigue haciendo con nosotros en momentos de incertidumbre, como cuando parece que vamos navegando a la deriva y ella indica el camino hacia el alivio del cansancio. Lo hace cuando parece que la situación política, o familiar, es casi desesperada. Lo hace cuando nos sentimos medio aplastados por las dificultades de la vida, por la enfermedad, el temor, el agobio del trabajo. Es decir, cuando navegamos todos esos mares procelosos en medio de la noche, cuando nuestra alma desea a Dios. Entonces aparece la Estrella de los Mares, Nuestra Señora del Carmen y nos marca el camino para llegar al descanso.

miércoles, 15 de julio de 2026

Miércoles de la XV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (10,5-7.13-16):

Así dice el Señor: «¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrarle a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Él decía: «Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.» ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.»

Palabra de Dios


Salmo  93 R/. El Señor no rechaza a su pueblo


Santo Evangelio según san Mateo (11,25-27):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El modo de la revelación trata, tanto de estudio asiduo y esforzado del estudiante, como de oración confiada y apertura a la luz de Dios. Trata de no empeñarse en conocer y entender las cosas por uno mismo cuanto en dejar que la luz de Dios penetre. En ese caso, Buenaventura encaja en la definición de pequeños. Se cuenta de él que, en cierta ocasión, se detuvo a conversar con un frailecillo, y cuando algunos le cuestionaron por su uso del tiempo, respondió que ese frailecillo era “su amo”, es decir, que se debía a él, como se debía a cualquier pequeño. El doctor seráfico, que hablaba con Dios y de Dios tan elevadamente, podía asegurar con toda sinceridad que el frailecillo (o cualquier otro “pequeño”) era su amo.


Quizá hoy tendríamos que pararnos a considerar cómo sabemos lo que sabemos; a dar gracias a Dios por revelaciones, no asombrosas, sino más bien de pequeñas luces que pueden resultar en una gran carga de fe; de la propia pequeñez que se abre a un misterio inmenso. Y también tendríamos que preguntarnos si somos amos de nosotros mismos o si pertenecemos a ese Amo que revela cosas a los pequeños, y a esos otros amos “pequeños” que reclaman a veces nuestra atención, nuestra escucha, y nuestro tiempo. ¿A quién pertenecemos? ¿Pretendemos pertenecernos a nosotros mismos? ¿O a grandes y poderosos? ¿Qué se nos ha comunicado?

martes, 14 de julio de 2026

Martes de la XV semana del Tiempo Ordinario o San Camilo de Lelis

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (7,1-9):

Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla.

Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín.» Y se agitó su corazón y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento.

Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, y le dirás: «¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina diciendo: «Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel.» Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. Si no creéis, no subsistiréis.»»

Palabra de Dios


Salmo 47 R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre


 Santo Evangelio según san Mateo (11,20-24):

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Cristo reprende a dos ciudades de Galilea, Corozaín y Betsaida, por su incredulidad: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, (...) se habrían convertido» (Mt 11,21). Jesús mismo da testimonio en favor de las ciudades fenicias, Tiro y Sidón: éstas hubieran hecho penitencia, con gran humildad, de haber experimentado las maravillas del poder divino.


Nadie es feliz recibiendo una buena reprimenda. En efecto, tiene que ser especialmente doloroso ser reprendido por Cristo, Él que nos ama con un corazón infinitamente misericordioso. Simplemente, no hay excusa, no hay inmunidad cuando uno es reprendido por la mismísima Verdad. Recibamos, pues, con humildad y responsabilidad cada día la llamada de Dios a la conversión.


También notamos que Cristo no se anda con rodeos. Él situó a su audiencia frente a frente ante la verdad. Debemos examinarnos sobre cómo hablamos de Cristo a los demás. A menudo, también nosotros tenemos que luchar contra nuestros respetos humanos para poner a nuestros amigos frente a las verdades eternas, tales como la muerte y el juicio. El Papa Francisco, conscientemente, describió a san Pablo como un “alborotador”: «El Señor siempre quiere que vayamos más lejos... Que no nos refugiemos en una vida tranquila ni en las estructuras caducas (…). Y Pablo, molestaba predicando al Señor. Pero él iba hacia adelante, porque tenía dentro de sí aquella actitud cristiana que es el celo apostólico. No era un “hombre de compromiso”». ¡No rehuyamos nuestro deber de caridad!


Quizá, como yo, encontrarás iluminadoras estas palabras de san Josemaría Escrivá: «(…) Se trata de hablar en sabio, en cristiano, pero de modo asequible a todos». No podemos dormirnos en los laureles —acomodarnos— para ser entendidos por muchos, sino que debemos pedir la gracia de ser humildes instrumentos del Espíritu Santo, con el fin de situar de lleno a cada hombre y a cada mujer ante la Verdad divina.

lunes, 13 de julio de 2026

Lunes de la XV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (1,10-17):

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.»

Palabra de Dios


Salmo 49 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (10,34–11,1):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús nos ofrece hoy una mezcla explosiva de recomendaciones; es como uno de esos banquetes de moda donde los platos son pequeñas "tapas" para saborear. Se trata de consejos profundos y duros de digerir, destinados a sus discípulos en el centro de su proceso de formación y preparación misionera (cf. Mt 11,1). Para gustarlos, debemos contemplar el texto en bloques separados.


Jesús empieza dando a conocer el efecto de su enseñanza. Más allá de los efectos positivos, evidentes en la actuación del Señor, el Evangelio evoca los contratiempos y los efectos secundarios de la predicación: «Enemigos de cada cual serán los que conviven con él» (Mt 10,36). Ésta es la paradoja de vivir la fe: la posibilidad de enfrentarnos, incluso con los más próximos, cuando no entendemos quién es Jesús, el Señor, y no lo percibimos como el Maestro de la comunión.


En un segundo momento, Jesús nos pide ocupar el grado máximo en la escala del amor: «quien ama a su padre o a su madre más que a mí…» (Mt 10,37), «quien ama a sus hijos más que a mí…» (Mt 10,37). Así, nos propone dejarnos acompañar por Él como presencia de Dios, puesto que «quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado» (Mt 10,40). El efecto de vivir acompañados por el Señor, acogido en nuestra casa, es gozar de la recompensa de los profetas y los justos, porque hemos recibido a un profeta y un justo.


La recomendación del Maestro acaba valorando los pequeños gestos de ayuda y apoyo a quienes viven acompañados por el Señor, a sus discípulos, que somos todos los cristianos. «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo...» (Mt 10,42). De este consejo nace una responsabilidad: respecto al prójimo, debemos ser conscientes de que quien vive con el Señor, sea quien sea, ha de ser tratado como le trataríamos a Él. Dice san Juan Crisóstomo: «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacerían de él una infinidad de bienes».

domingo, 12 de julio de 2026

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (55,10-11):

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Palabra de Dios


Salmo 64,R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,18-23):

Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (13,1-23):

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hay muchas situaciones que nos hacen preguntarnos: ¿dónde está nuestro Dios? ¿Por qué suceden estas cosas?


Estas grandes preguntas siguen pendientes. Y es necesario plantearlas de nuevo. Solo así creceremos en la fe. Este domingo nos ayudará a profundizar en nuestra fe y en nuestra confianza. No basta repetir automáticamente frases tópicas como «sus caminos no son nuestros caminos». Es importante reconocer que «creer» es un riesgo, una aventura, un jugárselo todo para ganarlo todo. Comprender lo incomprensible… ¡Eso es la fe!


Fe como la que muestra el profeta Isaías. ¡Qué confianza tan admirable en la Palabra de Dios! Él cree – sin la menor duda – en su eficacia. Se sabía «servidor de la Palabra». Claro que tenía la experiencia de gente que se oponía a su ministerio, que no creía en su mensaje. Como nos puede pasar a nosotros.  Sin embargo, tenía la convicción profunda de que la Palabra de Dios es más fuerte que cualquier oposición a ella. La imagen de la lluvia y de la nieve es muy elocuente. En su ciclo, llevan consigo la fecundidad. Así también la Palabra de Dios, de forma suave.


Meditar todos los días la Palabra de Dios, dejar que penetre en el corazón, en un grupo social, es la mejor terapia, la semilla de la alegría, de la paz, de la serenidad.


Tener fe es un don, un gran don. Permite ver la realidad de otra forma, desde otra dimensión. La fe abre las puertas a la esperanza. A pesar de todo.Es posible que, en nuestro camino, nos hayamos encontrado con gente de todo tipo, a los que les une el no ser creyente. Tengo un amigo ingeniero, culto, con ganas de creer, pero que no cree. Él reconoce no tener el don que permite ver las cosas de otra manera. Se pregunta por la existencia de Dios en medio de un mundo tan desajustado, tan injusto como el nuestro. ¿Cómo puede un Dios «bueno» permitir tanto mal, tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta injusticia?


Estas conversaciones me ayudan a preguntarme en qué consiste el don de mi fe. ¿Será que soy más listo que otros? También a mí me duele el sufrimiento, la injusticia, la muerte salvaje. Creo que no es cuestión de inteligencia, sino de gracia. Por gracias de Dios, estoy habitado por una misteriosa convicción. El Abbá, el Dios Padre, lo sabe todo, lo conoce todo, lo conduce todo. El testimonio de muchos santos nos dice, como Pablo en esta lectura:  Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.


¿Por qué la Palabra de Dios germina en unas personas y no en otras? Porque hay cerrazón, hay corazones poco abiertos a la novedad, cerebros enormemente cerrados al nuevo conocimiento. Pasa igual con los creyentes. Hay algunos que se llaman creyentes, pero que están cerrados, no tienen nada nuevo que aprender, ningún conocimiento con el que enriquecerse. Están cerrados a la Verdad «por culpa de sus dogmas».


El ejemplo del campo es muy claro. El campo no miente, da lo que tiene. Si no está arado y preparado contra las malas hierbas, la cosecha es mínima. Y resulta que la vida es un campo. La vida no miente. La vida da lo que se da. Si damos mucho, lo multiplica y da maravillas. Si le damos poco, discutido, regateado, la cosecha es baja y la vida baja de tono. Nos quejamos, pero muchas veces sabemos de dónde viene la carencia.


Podemos quejarnos de la vida, pero, ¿qué le hemos dado? ¿Hemos dado amor, trabajo, entusiasmo, paz?, ¿nos hemos arriesgado?, ¿nos hemos lanzado?, ¿nos hemos sacrificado?, ¿nos hemos fiado?, ¿nos hemos comprometido?, ¿nos hemos quedado a medias en todo? La vida no miente, la vida da lo que ponemos en ella. Mucho si mucho, y poco si ponemos poco. Hay que arriesgarse. Hay que fiarse. Como se fía el campesino de los cielos y la tierra, de las estaciones y de la lluvia, de la bondad de la simiente y de la fuerza vital de la savia que sube por los tallos. Como se fía el campesino del campo. El campo no miente. La vida tampoco. Déjate llevar, y la mies de tus cosechas hablará por ti.


Jesús nos enseña hoy el arte de ver y comprender. Es bueno dejarse fecundar por lo nuevo; tener una tierra en la que toda buena semilla pueda germinar. Jesús no es un sembrador tacaño. Esparce mucha semilla, incluso por zonas donde es difícil que pudiera germinar. Y espera la respuesta. De ti depende dar fruto, mucho o poco.