viernes, 1 de mayo de 2026

Sábado de la IV Semana de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,44-52):

EL sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:

«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Palabra de Dios


Salmo 97,R/. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios


Santo Evangelio según san Juan (14,7-14):

«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Palabra del Señor

Compartimos:

Según la Biblia, conocer no es entender de un modo erudito, ni dominar por ciencia, ni triunfar de una forma externa sobre el mundo, sino comunicarse por amor, como dos amantes que se regalan vida uno al otro, recorriendo así juntos el camino


Conocemos a Dios acogiendo su amor. Conocer al Padre requiere abrir la mente y el corazón a Jesús, descubrir en sus palabras, en sus gestos y signos, en su entrega, la imagen de ese Padre.


Conocer al Padre es dejarnos guiar por la experiencia de Jesús: “¿quién me ha vito a mí, ha visto al Padre?” Conocemos al Padre recorriendo el camino abierto por Jesús: “Yo soy el camino” y también es el caminante que está junto a nosotros, el que nos revela al Padre, el que nos guía cuando nos perdemos y el que nos conduce a la sabiduría más alta de personas.

Viernes de la IV Semana de Pascua. San José Obrero

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,26-33):

En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:

«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:

“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».

Palabra de Dios


Salmo 2,6-7.R/. Tu eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy


 Santo Evangelio según san Juan (14,1-6):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Palabra del Señor


Compartimos:

El origen humano de Jesús es bien conocido: el hijo del artesano y de María, sus hermanos y primos. Sobre el origen divino sus paisanos y las autoridades religiosas ponen interrogantes, no quieren hacerle caso. No quieren descubrir la novedad de Jesús, no les interesa, dudan de su origen, no se atreven a dejar viejas costumbres, eso les impide reconocer la nueva sabiduría.


Para ellos Jesús es un vecino más y piensan que nada nuevo puede decir sobre Dios, incluso creen que lo que dice puede proceder del demonio. Tentados de incredulidad.


La decepción de Jesús es grande, se siente expulsado de su tierra y de su casa. La falta de fe en él le impide actuar como quisiera. La incredulidad bloquea la acción de Dios.


¿No retrata este Evangelio nuestra dificultad de conocer como nuevo a Jesucristo? A veces queremos que siempre sea igual, pero el Señor no se le conoce de una vez por todas. En cada momento de la vida nos puede sorprender. Siempre podemos aprender algo nuevo de Jesús sin quedarnos anclados en nuestras seguridades. Como el amor, Jesús siempre sorprende.

jueves, 30 de abril de 2026

Jueves de la IV Semana de Pascua. San Pío V, papa, dominico

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,13-25):

Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan los dejo y se volvió a Jerusalén; ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran:

«Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».

Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:

«Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso; unos cuarenta años “los cuidó en el desierto”, “aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio en herencia” su territorio; todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio jueces hasta el profeta Samuel. Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David”, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.

Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”».

Palabra de Dios


Salmo 88,R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor


Santo Evangelio según san Juan (13,16-20):

Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.

En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

Palabra del Señor

Compartimos:

e aquí la bienaventuranza del servicio. El lavatorio de los pies es una auténtica revolución, un gesto profético de Jesús que ilumina el sentido de su vida y pasión. “No ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida”.


El Maestro hace el gesto de un esclavo y casi exagera la deferencia para con cada uno de sus discípulos lavándoles sacramentalmente los pies. Sirve a sus discípulos desde el suelo. Tal Amor ha venido a quedare a sus pies.


El que sirve se agacha, nunca mira a otro por encima del hombro. Ser cristiano empieza por abajo y por los de abajo: los que no cuentan, los que son “descartados”. ¿Estamos dispuesto a ser beneficiarios de esta bienaventuranza? ¿Seremos capaces de practicar cotidianamente el amor servicial? ¿A quiénes estamos dispuestos a lavar los pies?

miércoles, 29 de abril de 2026

Las Iesu Communio que acompañaban a la monja que conmueve las redes: «Veíamos a Dios en esa mujer»

Por Juan Cadarso


Cuatro hermanas de este Instituto coincidieron con la dominica sor Virtudes en el hospital y cuentan lo que más les impresionó de ella.

"En muchos pasajes del Evangelio se dice: 'Jesús pasaba por allí aquel día'. Sin lugar a duda, aquel miércoles 18 de febrero, en esa habitación del hospital, Jesús pasó por mi vida a través del encuentro con sor Virtudes'", relata a Religión en Libertad la hermana Maryam, del Instituto Iesu Communio.


Visten de diferente manera; las unas van de blanco y negro y las otras de hábito vaquero. Unas pertenecen a una orden con 800 años de historia y las otras a un instituto aprobado en 2010. Unas son hijas de San Ireneo, de San Francisco... y las otras del gran santo castellano Santo Domingo de Guzmán. 


Los carismas son bien distintos, es verdad, pero el espíritu que une a dos monjas de diferente orden, postradas en una cama compartiendo habitación de hospital, solo puede ser el mismo. 


Han pasado ya unos días desde la muerte de sor Virtudes.

cuando las hermanas de Iesu Communio, Maryam, Jone de María, Pía María y Raquel de Jesús, charlan con ReL sobre lo que más les sorprendió de aquellos días en el hospital de Aranda de Duero (Burgos) con la dominica que conmueve las redes.


Hermana Maryam: «Me abrió las puertas del cielo»

"Recuerdo llegar a casa y tener la necesidad de compartirlo con todas mis hermanas. Quería gritar al mundo entero la vida de esta esposa de Cristo. Quería que a todos les llegara todo el bien recibido (...). ¡Vi a Cristo en sor Virtudes! ¡Vi el amor! ¡Vi una vida gastada en el amor! ¡Vi la paz! ¡Vi la verdad! ¡Vi la libertad! El misterio de la muerte, oscuro e incierto para mí, ella lo llenó de luz y certeza", relata la hermana Maryam. 


"Su sonrisa en medio del sufrimiento, su abandono confiado y sereno en las manos de Dios eran la expresión clara de un corazón creyente. Para ella, la muerte era el Esposo que venía a buscarla". 


"Al no salir de mi asombro, ante tal alegría a las puertas de la muerte, me atreví a preguntarle si no tenía miedo a morir. Era ella la que se asombraba ante mi pregunta. Su mirada era como la de una niña que no comprendía, y, me dijo: "¿Miedo a mi Esposo?". Rápidamente le contesté: '¡No!, al sufrimiento…'. Sonrió y, llena de ternura, me respondió: 'No, hija, estoy en Sus manos'. No soy capaz de explicar lo que pasó en ese momento, pero sí puedo decir que, de algún modo, la luz de la vida eterna entró en mi corazón… de alguna manera, sor Virtudes me abrió las puertas del cielo".

"Su cuerpo enfermo, tendido en esa cama, me anunciaba las palabras de Jesús: 'Yo soy la Resurrección y la Vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá' (Jn 11, 25). Así lo compartía yo durante estos días con familiares y amigos que aún no conocen a Jesús: 'Os aseguro que Cristo está vivo, lo vi en una mujer consagrada. La vida eterna es real…'".


"Sor Virtudes, mujer de Cristo, me permitió ver que vale la pena vivir y morir con Cristo, que es posible un amor hasta el final. Me venían al corazón tantos jóvenes que pasan por nuestra casa, por nuestros locutorios, preguntando si hoy en día es posible un amor para siempre… Ella nos lo grita con su vida: '¡Sí, sí, sí es posible!'. Frente a ella, sentía que se me caía del corazón todo lo que mata el amor, no solo en el 'mundo', también en la vida consagrada: el éxito, la grandeza, el poder… y me puso delante de los ojos lo único que mi corazón anhela de verdad: Jesús". 


"Muchas veces he escuchado que la vida no se improvisa, que uno muere como ha vivido… También ella me lo dijo cuándo le pedí que me contara cómo había llegado de esa manera tan radiante al final de su vida: 'Un sí tras otro sí a Su voluntad'. 'Una única cosa es necesaria: enamorarse de Cristo'". 


"Aproveché para preguntarle que cómo había vivido los sufrimientos cotidianos de la vida. Me traspasó su respuesta: 'En mi celda tengo un crucifijo y, ante cualquier sufrimiento, lo miro a Él y le digo: 'A mí nadie me ha clavado en la cruz'… y todo sufrimiento se me hace nada'". 


"Ya al final de la tarde, tuve el privilegio de quedarme con ella a solas y experimenté la necesidad de abrirle mi corazón, y le pedí que, por favor, rezara por mí. Me aseguró que lo iba a hacer desde el cielo... '¿Y cómo estás tan segura de que irás al cielo?', le dije. 'Soy consagrada; eso quiere decir que le pertenezco totalmente. Él me ha tomado en esta tierra, ¿cómo no me va a llevar con Él al cielo?', me contestó". 


"Otra cosa que me impactó mucho fue el amor que tenía a sus hermanas de comunidad. Repetía a cada momento: 'Amar a Jesús y amar las hermanas es una misma cosa'. Cómo se dejaba cuidar y querer por la hermana Teresa de Jesús era un espectáculo de amor. Cuando estábamos solas no hacía más que hablarme del tesoro que era esta hermana y que para ella era un regalo de su esposo tenerla a su lado en el final de su vida. Y, con el mismo cariño, me habló de toda su comunidad como el tesoro de su vida". 


"Jamás podré olvidar aquel día. Ahora sor Virtudes es para mí una madre a la que puedo acudir siempre. Así lo hago desde su muerte, y la experimento viva en mi corazón. Y como ella me aseguró, sé que reza por todos nosotros. Verdaderamente 'en la tarde de la vida solo queda el amor' (Santa Isabel de la Trinidad)". 


Hermana Jone de María: cuando el Esposo viene ya

"Conocimos a sor Virtudes porque tuvimos que ir al hospital a cuidar a una hermana mayor y compartían habitación. Dios había preparado aquel encuentro y, todas las que volvíamos de aquella habitación, lo hacíamos con el mismo impacto tras haber conocido a aquella mujer, tan sencilla, pero tan llena de una fe, esperanza y caridad muy vivas". 


"A mí personalmente me tocó profundamente su olvido de sí, que no nacía de un 'estoicismo', como pude ver con mis propios ojos, sino de un corazón de esposa que se sabe totalmente a salvo en las manos del Esposo y de un corazón de madre atenta a todos, y despreocupada de sí". 


"Estaba tan serena, sentada en el sillón, que no pude imaginar la gravedad de su situación. Se mostraba preocupada por nuestra hermana mayor, que estaba algo inquieta y las dominicas nos invitaron a rezar con ellas: 'Verá cómo le serena', me dijo con una total confianza en el poder de la oración. Un rato después trajeron la cena y no quiso tomar nada. Empezó a sentir náuseas, y, con serenidad y sencillez, me dijo: 'Debe de ser que el Esposo viene ya'. Lo dijo de tal modo que sentí envidia de la fe de aquella mujer y una llamada a la conversión y la confianza". 


"Por la noche se me regaló poder quedarme a velar a las dos hermanas, y fue en esas horas donde pude ver mejor su corazón de madre, de tal modo que me hacía sentir que era yo la que estaba siendo cuidada. Ella estaba en la cama, dolorida, ni siquiera pudo tomarse la medicación, y, en vez de replegarse sobre sí, con ternura y cierta preocupación por mí, me dijo: 'hija, ¿pero tú has cenado?'. Me sobrecogió que se fijara en aquel detalle, que se preocupara por mí, que apenas me conocía de unas horas, y, sobre todo, porque en aquel momento debía estar agotada, preocupada, sufriendo".


"Avanzada la noche, me acerqué a su cama a ver cómo estaba y, enseguida, abrió los ojos y me dijo: 'hija, ¿has podido dormir algo?'. Y me preguntó también por la hermana mayor que yo estaba cuidando, que se movía mucho". 


"Yo estaba pendiente del más mínimo gesto de dolor y cualquier ruido, para aliviarla en lo que pudiera. La miraba en la penumbra de la habitación, sorprendida de que no se llevase la mano a la zona enferma y de que no hiciese ningún pequeño gesto o gemido de dolor. Solo de vez en cuando movía el brazo izquierdo, en el que tenía la vía, en busca de una postura más cómoda. Por la mañana me encontré el brazo hinchado. Quise llamar a la enfermera, pero no me dejó: 'No te molestes, hija, por la hora que es ya están a punto de venir las enfermeras'". 


"En cada momento anteponía las necesidades y el trabajo de los otros sin dar ninguna importancia a lo suyo. Es más, como si todas las atenciones que recibía fueran inmerecidas. Durante la noche, aproveché que se levantó para estirarle bien las sábanas y que estuviese más cómoda. Pensé que no se daría cuenta de algo tan mínimo, pero, al volver, miró la cama y, llena de una gratitud profunda y sincera, me dio las gracias como si le hubiese hecho un gran servicio innecesario. No podré ya nunca sacar de mi corazón a quien me hizo ver de forma tan evidente y tan deseable la belleza de un corazón abierto al otro y olvidado de sí". 


Hermana Pía María: «¡Correremos detrás del Cordero!»

"Cuando yo la conocí apenas pude hablar con ella porque estaba ya muy debilitada, sin comer… pero me impactó muchísimo la mansedumbre, vi a Jesús manso en ella. Mansedumbre de quien está abandonada con total confianza al querer del Padre. La alegría de ser consagrada, de pertenecer a Jesús. Cuando se despertaba, decía: '¡Ya llega el Esposo!'… '¡Correremos detrás del Cordero!'".


Hermana Raquel de Jesús: la única respuesta obvia de amor

"Me impactó la docilidad y mansedumbre con que se dejaba tratar y cómo, cuando su hermana la ayudaba o le proponía cualquier cosa, ella respondía: 'Como te parezca mejor está bien', y colaboraba en lo que podía. Doy gracias a Dios por el encuentro con sor Virtudes, por poder ver una mujer consagrada que acoge la hora y el modo que Dios dispone cómo la única respuesta obvia de amor a Quien le ha dado todo".


Sor Virtudes González González O.P

Era subpriora del Monasterio de Santo Domingo de Caleruega, cuna de Santo Domingo de Guzmán, cuando falleció el pasado lunes 23 de febrero de 2026, a los 88 años de edad y tras pasar 69 años de vida religiosa en la Orden de Predicadores.

Miércoles de la IV Semana de Pascua, Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia.

 Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12,24–13,5):

En aquellos días, la palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba. Cuando cumplieron su servicio, Bernabé y Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan, por sobrenombre Marcos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.

Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:

«Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron. Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre.

Llegados a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.

Palabra de Dios


Salmo 66,R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,que todos los pueblos te alaben


Santo Evangelio según san Juan (12,44-50):

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Palabra del Señor


Compartimos:

En el Evangelio de hoy Jesús nos revela que el Padre es el Dios no delos “sabios y entendidos”, sino de los pequeños, de los que son vulnerados, de los frágiles, los alejados de la “grandeza “del mundo, de los necesitados de salvación. El mundo se empeña en secuestrar la pequeñez, la humidad, quiere que seamos grandes y el Evangelio nos recuerda que necesitamos caminar de la mano de los otro, hacerse pequeño para entrar en el reino y conocer así la intimidad entre el Jesús y el Padre. ¿Somos defensores de lo pequeños o deseamos la grandeza y el poder?


Él se compromete a enseñarnos con paciencia y humildad. Acerquémonos a Él cuando experimentemos nuestra pequeñez, nuestro cansancio, nuestras incoherencias y nuestros problemas nuevos y viejos con los que tropezamos cotidianamente.

martes, 28 de abril de 2026

Santa Catalina de Siena, virgen, doctora de la Iglesia, Patrona de Europa y de Italia

“No se contenten con las pequeñas cosas. Dios las quiere grandes. ¡Si serán lo que deben ser, pondrán el fuego en toda Italia!”. Con estas palabras, según el usual estilo firmo e intransigente, pero siempre maternal, Catalina Benincasa invitaba a la radicalidad de la fe a uno de sus interlocutores epistolares. Es una exhortación que revela el deseo ardiente de la santa de irradiar el Evangelio en el mundo a través del testimonio convencido y creíble de hombres y mujeres convertidos por el anuncio del Resucitado: “Dotada de una fe invicta, podrás afrontar victoriosamente a tus adversarios”, le dirá Cristo en una visión del último día del carnaval del año 1367, en un episodio que los biógrafos recuerdan como las nupcias místicas de Catalina.


Determinada desde niña a casarse con Cristo

Había nacido veinte años antes, el 25 de marzo, en el barrio Fontebranda, siendo la 24ª hija de los veinticinco puestos en el mundo por el tintorero Jacopo Benincasa y Lapa di Puccio de’ Piacenti en una época caracterizada por fuertes tensiones en el entramado social. A la edad de sólo seis años, en un momento en que el papado tenía sede en Aviñón y los movimientos heréticos asechaban la vida de la Iglesia, la niña tuvo la aparición de Jesús vestido de Pontífice. Al año siguiente hizo voto de virginidad, madurando después el firme propósito de perseguir la perfección cristiana en la orden dominicana. Frente a la oposición de sus padres que la querían esposa, Catalina reacciono firmemente: a los 12 años se cortó el cabello y se puso el velo, encerrándose en casa. Entonces la familia le permitió, en el año 1363, que ingresara entre las Terciarias dominicas.


Mamá y maestra, punto de referencia espiritual para muchos

La santa aprendió a leer y a escribir. Y comenzó una intensa actividad caritativa hacia los últimos y – en una Europa lacerada por pestilencias, guerras, carestías y sufrimientos – se convirtió en un punto de referencia para los hombres de cultura y para los religiosos que, siendo asiduos frecuentadores de su celda, serán recordados como “caterinatos”, es decir sus hijos espirituales. Los más íntimos entre ellos la llamaban “mamá y maestra” y se hicieron transcriptores d sus tantas exhortaciones a las autoridades civiles y religiosas: exhortaciones y asunciones de responsabilidad, a veces reproches o invitaciones a la acción, expresados siempre con ternura y caridad. Entre los temas afrontados en sus misivas se destacan: la pacificación de Italia, la necesidad de la cruzada, la reforma de la Iglesia y el regreso del papado a Roma para el cual la santa fue determinante al viajar, en el año 1376, a Provenza para ver al Papa Gregorio XI.


El Papa, “dulce Cristo en la tierra” y su regreso a Roma

Catalina jamás tuvo miedo de volver a llamar al Sucesor de Pedro – a quien definía “dulce Cristo en la tierra” – a sus responsabilidades: reconoció sus faltas humanas, pero tuvo siempre gran reverencia por el vicario de Jesús en la tierra, así como de todos los sacerdotes. Después de la rebelión de una parte de los cardenales que dio inicio al cisma de Occidente, Urbano VI la llamó a Roma. Aquí la santa se enfermó y murió el 29 de abril de 1380, al igual que Jesús con sólo 33 años de edad. Las palabras del apóstol Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí”, se encarnan en la vida de Catalina que en el año 1375 recibió los estigmas incruentos reviviendo cada semana la Pasión, según relatan los testigos.


Pablo VI la proclama Doctora de la Iglesia

La pertenencia al Hijo de Dios, el coraje y la sabiduría infusa son características distintivas de una mujer única en la historia de la Iglesia, autora de textos como “El Diálogo de la Divina Providencia”, “Epistolario” y su recopilación de “Oraciones”. En virtud de su alta estatura espiritual y doctrinaria, Pablo VI la proclamó Doctora de la Iglesia en 1970. Enamorada de Jesucristo, Catalina escribía: “Nada atrae el corazón de un hombre ¡cuanto el amor! Por amor Dios lo ha creado, por amor su padre y su madre le han dado la propia sustancia, él mismo está hecho para amar”.


Martes de la IV Semana de Pascua. San Luis María Grignion de Montfort, presbítero. San Pedro Chanel, presbítero y mártir

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (11,19-26):

En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.

Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

Palabra de Dios


Salmo  86,R/. Alabad al Señor, todas las naciones


 Evangelio según san Juan (10,22-30):

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor


Compartimos:

El Evangelio es una escuela para aprender a escuchar la voz del Buen Pastor en medio de su pueblo. Nos lleva a re – conocer su voz entre otras voces. “A escuchar me paro las voces de los ecos, y escucho de entre las voces, una” (A. Machado)


No se trataba solo de escuchar a Jesús sino de aceptarlo sin prejuicios. Algunos no querían entenderle, creían que la religión era solo cuestión de cabeza, de leyes, de ir solos y nada más. Lejos del pueblo de Dios no comprendían que Dios es comunidad, comunión, donación.


Jesús revela su identidad. No la esconde. Él es de condición humana y divina. El mismo Dios hecho hombre. Él es el Señor de nuestra s vidas. Cuando habla de sus ovejas, dice “yo las conozco”, nadie sabe mejor que Él lo que necesitan.