jueves, 11 de junio de 2026

Jueves de la X Semana del Tiempo Ordinario. San Bernabé, apóstol.

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (18,41-46):En aquellos días, Elías dijo a Ajab: «Vete a comer y a beber, que ya se oye el ruido de la lluvia.»

Ajab fue a comer y a beber, mientras Elías subía a la cima del Carmelo; allí se encorvó hacia tierra, con el rostro en las rodillas, y ordenó a su criado: «Sube a otear el mar.»

El criado subió, miró y dijo: «No se ve nada.»

Elías ordenó: «Vuelve otra vez.»

El criado volvió siete veces, y a la séptima dijo: «Sube del mar una nubecilla como la palma de una mano.»

Entonces Elías mandó: «Vete a decirle a Ajab que enganche y se vaya, no le coja la lluvia.»

En un instante se oscureció el cielo con nubes empujadas por el viento, y empezó a diluviar. Ajab montó en el carro y marchó a Yezrael. Y Elías, con la fuerza del Señor, se ciñó y fue corriendo delante de Ajab, hasta la entrada de Yezrael.

Palabra de Dios


Salmo 64,R/. Oh Dios, tú mereces un himno en Sión


 Santo Evangelio según san Mateo (5,20-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Al parecer, un judaísmo regido por estos escribas (=expertos en la ley) ha expulsado de la vida sinagogal a los judeo-cristianos, para los que escribe Mateo, que debían de ser superobservantes de la normativa judaica; estamos, por tanto, ante una comunidad dolorida, que no puede mirar con ojos muy objetivos ni especialmente benévolos la vida de sus antiguos correligionarios. El evangelista da a entender que los escribas fariseos no están en camino de salvación.


Y ofrece seis temas de buen comportamiento de los seguidores de Jesús, con el que superan las fallidas ansias de santidad del judaísmo que no le ha reconocido. De esos temas hoy se nos invita a meditar uno: el de la relación con el hermano. También en este campo Mateo recuerda que Jesús no ha venido a abolir la ley antigua, sino que reafirma aquellos mandamientos, hoy el de no matar. Pero desea llevarlo a plenitud; es decir, no basta con no llevar armas en la mano, sino que es preciso no llevar ira en el corazón.


Y luego ofrece, por pedagogía, otras manifestaciones de ese corazón sano. Los de Jesús extremarán la delicadeza, evitarán hasta el insulto más leve e inofensivo, el más insignificante signo de menosprecio. Según los expertos en arameo, las palabras que se han traducido por “imbécil” y “renegado” serían de significado mucho menos hiriente, tal vez equivalentes al castellano “melón”, que mezcla la ofensa con un cierto matiz de cariño, benevolencia o compasión.


El segundo ejemplo es más serio: retoma el tema profético de la contraposición entre ética y culto. Reaparece el Yahvé que pide “misericordia en vez de sacrificios” (Oseas 6,6), que menosprecia la sangre de machos cabríos ofrecida en el templo mientras se mantienen prisiones injustas: “aunque multipliquéis las plegarias no os escucharé, pues vuestras manos están llenas de sangre” (Isaías 1,15). Sin acogida fraterna, perdón o resarcimiento, no hay ofrenda cultual aceptable.


El tercer ejemplo, el de los caminantes hacia el juzgado, tiene una historia más compleja. Quizá se trata originariamente de un refrán, que podría tener hoy una gran actualidad: mejor un acto voluntario de conciliación que exponerse a la intervención de jueces y abogados. Pero Jesús debió de usarlo en el sentido de reconciliación con él mismo, es decir, de acoger su mesianismo y su mensaje, advirtiendo que de lo contrario nuestra existencia puede resultar malograda; ese sentido se le da en Lc  12,58s. Jesús pone a todos en crisis y exige una respuesta correcta. Pero Mateo, con una visión muy realista de su comunidad, aplica el refrán a quienes se enemistan y pleitean. Su Iglesia está formada, como las nuestras, por personas débiles, que a veces se ofenden y distancian; y el evangelista las exhorta a la reconciliación lo más rápida posible, inmediata.


Delicadeza para con el hermano, reconciliación rápida con el enemistado, poner el amor fraterno por encima del culto religioso… Así los seguidores de Jesús realizarán lo que, en definitiva, pretendía la antigua ley y superarán la moral de los escribas fariseos.

miércoles, 10 de junio de 2026

Miércoles de la X Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (18,20-39):

En aquellos días, el rey Ajab despachó órdenes a todo Israel, y los profetas de Baal se reunieron en el monte Carmelo. Elías se acercó a la gente y dijo: «¿Hasta cuándo vais a caminar con muletas? Si el Señor es el verdadero Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal.»

La gente no respondió una palabra. Entonces Elías les dijo: «He quedado yo solo como profeta del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. Que nos den dos novillos: vosotros elegid uno; que lo descuarticen y lo pongan sobre la leña, sin prenderle fuego; yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, sin prenderle fuego. Vosotros invocaréis a vuestro dios, y yo invocaré al Señor; y el dios que responda enviando fuego, ése es el Dios verdadero.»

Toda la gente asintió: «¡Buena idea!»

Elías dijo a los profetas de Baal: «Elegid un novillo y preparadlo vosotros primero, porque sois más. Luego invocad a vuestro dios, pero sin encender el fuego.»

Cogieron el novillo que les dieron, lo prepararon y estuvieron invocando a Baal desde la mañana hasta mediodía: «¡Baal, respóndenos!»

Pero no se oía una voz ni una respuesta, mientras brincaban alrededor del altar que habían hecho.

Al mediodía, Elías empezó a reírse de ellos: «¡Gritad más fuerte! Baal es dios, pero estará meditando, o bien ocupado, o estará de viaje; ¡a lo mejor está durmiendo y se despierta!»

Entonces gritaron más fuerte; y se hicieron cortaduras, según su costumbre, con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre por todo el cuerpo. Pasado el mediodía, entraron en trance, y así estuvieron hasta la hora de la ofrenda. Pero no se oía una voz, ni una palabra, ni una respuesta.

Entonces Elías dijo a la gente: «¡Acercaos!»

Se acercaron todos, y él reconstruyó el altar del Señor, que estaba demolido: cogió doce piedras, una por cada tribu de Jacob, a quien el Señor había dicho: «Te llamarás Israel»; con las piedras levantó un altar en honor del Señor, hizo una zanja alrededor del altar, como para sembrar dos fanegas; apiló la leña, descuartizó el novillo, lo puso sobre la leña y dijo: «Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre la víctima y la leña.» Luego dijo: «¡Otra vez!» Y lo hicieron otra vez. Añadió: «¡Otra vez!» Y lo repitieron por tercera vez. El agua corrió alrededor del altar, e incluso la zanja se llenó de agua.

Llegada la hora de la ofrenda, el profeta Elías se acercó y oró: «¡Señor, Dios de Abrahán, Isaac e Israel! Que se vea hoy que tú eres el Dios de Israel, y yo tu siervo, que he hecho esto por orden tuya.

Respóndeme, Señor, respóndeme, para que sepa este pueblo que tú, Señor, eres el Dios verdadero, y que eres tú quien les cambiará el corazón.»

Entonces el Señor envió un rayo que abrasó la víctima, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja. Al verlo, cayeron todos sobre su rostro, exclamando: «¡El Señor es el Dios verdadero! ¡El Señor es el Dios verdadero!»

Palabra de Dios


Salmo 15 R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti


Santo Evangelio según san Mateo (5,17-19):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Allí encontramos muchas citas o resonancia o resonancias de Antiguo Testamento. Es bien conocido el salmo que dice que “el hombre de puro corazón y limpias manos podrá entrar a la presenciad el Señor” (Sal 24,4); y Jesús dice que los de corazón puro, sin segundas intenciones, «verán a Dios”. Otra felicitación era para los “que trabajan por la paz”, que serán llamados “hijos de Dios”, es decir, se le parecen; el texto recuerda al de un profeta de AT que decía: “Dios destruye los carros de la guerra y anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos” (Zac 9,10). Una tercera, copiada igualmente de AT, hablaba de “los misericordiosos, que alcanzarán misericordia”; en ella resuena el “dichoso el que se apiada y presta”  (Sal 112,5). Y Jesús, al prometer misericordia a los misericordiosos, está aludiendo a sus propias palabras: “la medida que uséis con los demás, esa usarán con vosotros” (Mt 7,2); el texto debió de ser muy meditado en la Iglesia naciente, hasta adquirir la formulación que le da la carta de Santiago, a la vez de amenaza y de consuelo: “Habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó la misericordia, pero la misericordia se ríe del juicio” (Sant 2,13). La promesa de la tierra a los mansos (segunda bienaventuranza) está calcada del Sal 37, 11: “los mansos poseerán la tierra y tendrán gran paz, a la inversa del malvado…”.


Podríamos seguir apurando textos. Está claro que Jesús mantiene una gran coherencia con el AT (y también consigo mismo). No destruye nada, no anula lo establecido por el Padre; lo reafirma. Y, sin embargo, Jesús chocó con su generación, experimentó el rechazo precisamente de los guardianes de aquella tradición; y sabemos cómo terminó. Certeramente se ha dicho que Jesús fue “demasiado Mesías”, propuso más que lo que su pueblo podía soportar en aquel momento.


En efecto, no anuló los antiguos preceptos, pero los llevó a plenitud, les dio un alcance inesperado. En principio, cuando le preguntan por “el camino para entrar en la vida”, él responde de forma muy simple: “¿qué está escrito en la ley, como lees?” (Lc 10,26). Y si el que le pregunta es precisamente un experto, él le invita a “dar un repaso”: “ya sabes los mandamientos: no matarás, no adulterarás, no robarás, no levantarás falso testimonio…” (Mc 10,19). Pero la expresión “dar cumplimiento” no significa simplemente repetir según costumbre rutinaria. Jesús quiere un avance, no deja las cosas como están. Es consciente de que con él han llegado los tiempos nuevos, los esperados, y en ellos la vieja ética se queda pequeña. Sus discípulos han entrado en una nueva atmósfera, y tienen que ponerse en sintonía: ya no basta con no adulterar, sino que hay que tener mirada limpia y sentimientos correctos; ya no basta con no matar, sino que hay que eliminar todo asomo de odio o de menosprecio.  Es decir, Jesús no se conforma con exterioridades, o con limpiar los miembros físico-biológicos del creyente, sino que le pide una purificación interior, un corazón nuevo, la supresión de todo lo inconfesable…En ese sentido, pudo decir que venía a llevar la ley, el plan del Padre, a la culminación.


La distinción, típicamente judía, entre preceptos “grandes y pequeños” supone una casuística que tampoco va con Jesús. Todo lo que procede del Padre es noble; menospreciarlo o tomarlo por “minucia” significaría irreverencia para con el Dios inefable que lo promulgó. Lo que propone el Padre es siempre grande y engrandecedor.

martes, 9 de junio de 2026

Martes de la X Semana del Tiempo Ordinario. San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (17,7-16):

En aquellos días, se secó el torrente donde se había escondido Elías, porque no había llovido en la región. Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías: «Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí; yo mandaré a una viuda que te dé la comida.»

Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña.

La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»

Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»

Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»

Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: «La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra.»»

Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios


Salmo 4 R/. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro


Santo Evangelio según san Mateo (5,13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Según este panorama, el NT recrimina a los guías religiosos, que tal vez se han aprovechado de sus “puestos de mando” pero no han apacentado al rebaño encomendado; han sido más bien como aquellos pastores de que hablaba Ezequiel, que en vez de alimentar al rebaño se alimentaban a sí mismos (Ez 34,3). Quizá Jesús lamentó lo mismo en la conocida alegoría del Buen Pastor: “todos los que han venido antes que yo eran ladrones y salteadores” (Jn 10,8).


Muchos especialistas consideran que las pequeñas comparaciones del evangelio de hoy con la luz y la sal son en su origen puras reprimendas: los líderes religiosos debieran haber sido sal y luz; pero no han cumplido con su papel. Hoy, en los tiempos de la moral ecológica, se diría que debieran haber creado una atmósfera religiosa más respirable, con nuevo resplandor y nuevo sabor; si no lo hacen, se vuelve despreciables, dignos de ser pisoteados. En realidad, la advertencia es válida para cada creyente: ¿eres sal? ¿eres luz? Es muy dura la recriminación del filósofo Nietzsche a los cristianos: “para que yo creyera en su redentor, debieran tener ellos más aspecto de redimidos”.


Parece que los primeros cristianos interpretaron muy pronto las expresiones correctivas de Jesús en sentido positivo: percibieron en ellas una llamada directa a ser luz y sal. Ya S. Pablo, en su primer escrito, llama a los cristianos “hijos de la luz”, no de las tinieblas (1Tes 5,5). Y, más tarde, exhorta a los filipenses a acoger la acción de Dios sobre ellos y a continuar siendo “hijos de Dios sin tacha” en medio de una generación torcida y depravada, “en la cual brilláis como lumbreras en medio del mundo” (Flp 2,15).


Ha habido y hay mucha luz en nuestro mundo. Muchos cristianos han practicado comportamientos heroicos, frecuentemente sin la menor pretensión de aplauso; quizá justamente por eso han brillado o brillan más. Tengamos los ojos abiertos para con esa irradiación, “contemplemos tanta buena obra, y por ella demos gloria a nuestro Padre celestial” (Mt 5,16).

lunes, 8 de junio de 2026

Lunes de la X Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (17,1-6):

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.»

Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.»

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.

Palabra de Dios


Salmo 120 R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra


 Santo Evangelio según san Mateo (5,1-12):

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Sería un error considerar a los evangelistas como reporteros; ningún seguidor de Jesús tomaba notas de lo que el Maestro iba haciendo o diciendo; y no echaban de menos una grabadora. Los evangelistas, que seguramente no son apóstoles o seguidores de primera hora, sino cristianos de segunda generación, deben ser considerados como grandes catequistas o pastores de las comunidades para las que escribieron. Para esos creyentes organizan, quizá repetidas veces y con variantes o adaptaciones, los dichos y hechos que, en definitiva, proceden de Jesús.


El evangelio de hoy tiene un marco muy conocido: Jesús en la cúspide del monte, los discípulos un poco más abajo, y la multitud de seguidores ya al nivel de la llanura. Todo hace recordar un pasaje del éxodo (cap. 24), donde Yahvé llama a Moisés a la cima del Sinaí, los ancianos de Israel se quedan a cierta distancia y el pueblo no debe subir. Hay paralelismo, pero no total: Moisés subía a la cima del monte a recibir la ley que Dios le entregaba, mientras que Jesús se sienta directamente como Maestro y promulga él, con autoridad propia, la nueva ley. La Iglesia le contempla como su Maestro y Señor.


Sentado en la cátedra imparte una “lección de catecismo” muy elaborada: en forma fácil de memorizar. Tiene forma de “rectángulo vertical” formado por dos cuerpos superpuestos, de cuatro “felicitaciones” cada uno, a los que sigue una pequeña aclaración sobre la octava felicitación. Las bienaventuranzas primera y octava se corresponden entre sí: prometen el Reino de los cielos; y la cuarta y octava también se corresponden, al felicitar a los que hambrean la justicia o son perseguidos por haberla procurado (“justicia”, en el lenguaje de Mateo, significa simplemente “santidad”, o fidelidad al plan de Dios, a la alianza).


La añadidura explicativa, en parte repetición de la última línea del rectángulo, tiene un matiz especial al “felicitar” a los perseguidos:  no los invita a esperar al futuro, a la venida del Reino, sino a “alegrarse y regocijarse” tan pronto como les llegue la injuria, persecución o calumnia, pues esta los asemeja a los antiguos profetas y hace que el Reino se anticipe en ellos.


Cuando se comparan estas bienaventuranzas con las que están presentes en evangelio de Lucas, además de la diferencia numérica (Lucas tiene solo cuatro), en Mateo se observa una mayor “espiritualización”: no habla simplemente de pobreza o de hambre, sino de “pobreza de espíritu” y de “hambre de santidad”, es decir, el evangelista no describe situaciones sobrevenidas, sino la actitudes con que se las afronta. El mero sufrimiento no es deseable, no haría feliz a nadie; pero la entereza humana y de fe ante el mismo hace que el seguidor de Jesús se eleve por encima de sus circunstancias, sea un pequeño “señor” en cuanto seguidor de su gran Señor. No importa lo que sufre sino “cómo” lo sufre. Ya San Agustín (s. v) decía que el mártir no lo es por lo que padece sino por el motivo por el que lo padece (“no hace mártir la pena, sino la causa”).


Y es de notar que la segunda parte de varias “felicitaciones” está en voz pasiva sin mención del agente; es el llamado técnicamente “pasivo divino”: el agente es Dios mismo, a quién se procura no nombrar en vano; Dios saciará a los hambrientos, consolará a los tristes, compadecerá a quienes han sido compasivos… Al creyente se le está diciendo: tú entrégate a lo que Dios quiere de ti, que lo demás, el futuro, corre de su cuenta; es una llamada a la confianza y el abandono sin límites en manos del Padre.

domingo, 7 de junio de 2026

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (A)

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (8,2-3.14b-16a):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Palabra de Dios


Salmo 147.R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,16-17):

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor


Compartimos:

La celebración del Corpus Christi nos da la oportunidad, por una parte, de valorar y agradecer el gran regalo que se nos ofrece en el Sacramento de la Eucaristía. En ella se realiza la promesa del Señor: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Presencia sacramental que se inicia en la Última Cena, cuando Jesús “parte y reparte” su Cuerpo y su Sangre, regalo que habría de continuarse gracias a que también en esa misma Cena les comparte el poder de seguir haciéndolo presente: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).


San Juan, en su Evangelio, nos dice que cada uno de los signos que Jesús realizaba era con la finalidad de despertar y fortalecer la fe en Él (cf. Jn 20,31). San Pablo, por su parte, subraya la gran importancia de la Resurrección: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1Co 15,17). Pero esa fe tiene que ser alimentada, y la mejor manera de lograrlo es comiendo el Cuerpo mismo del Señor: «Mi carne es verdadera comida» (Jn 6,55). Por ello, esta festividad nos recuerda también la responsabilidad que tenemos, no sólo de estar bien preparados para recibirlo, sino también de “comerlo de verdad”.


En efecto, su Cuerpo nos dará vida en la medida en que lo asimilemos. Así como sucede con cualquier alimento que le demos a nuestro cuerpo —para que nos sea de utilidad— tiene que ser asimilado, así también el Cuerpo del Señor será fuente de fortaleza y vida tanto cuanto le permitamos ser parte de nosotros mismos. Por eso, según León XIV, «la participación en la liturgia no termina en el templo, sino que transforma la vida cotidiana».


Dicho de otra manera, nuestra Comunión con el Señor, la Sagrada Eucaristía, el Corpus Christi será realmente eficaz en nosotros tanto como nuestra vida sea verdadero signo para que los demás crean. El mismo Señor nos lo sugirió con estas palabras: «Que vuestra luz brille delante de los hombres, para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16).

sábado, 6 de junio de 2026

Sábado de la IX Semana del Tiempo Ordinario. San Norberto, obispo. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,1-8):

Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir. Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

Palabra de Dios


Salmo 70,R/. Mi boca contará tu salvación, Señor


Santo Evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Este pasaje de Marcos tiene dos discursos de Jesús y dos escenarios posiblemente en el mismo espacio del grandioso Templo de Jerusalén. El primero es una dura crítica contra los escribas y su estilo de vida amante del lujo y la ostentación. También condena el trato con que explotan a viudas y huérfanos. El segundo se dirige a los discípulos a quienes convoca para comentar lo que ha visto en el lugar de las ofrendas.


Dice Marcos que Jesús estaba sentado enfrente del tesoro del Templo en el Atrio de las Mujeres al este del santuario principal, justo debajo de la monumental Puerta de Nicanor. Recibía este nombre porque era el punto máximo hasta el cual se les permitía el ingreso a las mujeres judías para adorar, aunque los hombres también transitaban y permanecían en él libremente. Debido a que albergaba el sistema de recaudación pública, en los Evangelios a menudo se llama a todo este atrio simplemente “el Tesoro”  que no era una habitación cerrada sino trece recipientes de bronce colocados en las paredes del patio. Cada uno tenía un letrero que señalaba el destino: para incienso, para impuesto anual, ofrendas voluntarias, etc.


Sentado en los bancos de las columnatas frente a estas arcas, Jesús tenía una línea de visión directa hacia los oferentes y podía oir el ruido de las monedas al caer: las de los ricos tintineaban con fuerza y resonaban de forma ruidosa haciendo público el tamaño de la donación. Cuando la viuda se acercó tímidamente, el sonido de sus dos lepta (las monedas de cobre más pequeñas y delgadas de la época) apenas produjo un leve roce metálico. Sin embargo, ese sutil sonido fue el que capturó por completo la atención del Señor. Y seguramente le emocionó. Aquellas moneditas eran, posiblemente, lo único que tenía la mujer: apenas para comer un día. Ella había echado más que nadie.


Este breve texto y estas pocas palabras tienen que hacernos reaccionar sobre nuestra forma de “practicar” la caridad. Qué damos a los pobres, cómo lo damos… Tenemos que examinar el uso que hacemos de lo mucho o poco que tengamos y pedir perdón por la falta de generosidad, pero también por nuestra actitud hacia los necesitados. A lo mejor descubrimos que a veces al  dar algo no ponemos amor y respeto, sino ganas de hacer demostración de generosidad o de quedar bien o  de hacer alarde… En otro lugar Jesús nos dijo: “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. Y el modelo es una pobre viuda que da mucho más de lo que puede.

viernes, 5 de junio de 2026

SALUDOS AL SANTO PADRE LEON XIV

 Santo Padre, le saludamos y agradecemos su venida a España, será un momento de renovar nuestra fe y la esperanza de un nuevo amanecer en nuestro en país, para retomar el camino de la fe y de la santidad.

MM. Dominicas

Rita (La Eliana, Valencia)

"Nuestro Querido Papa, quería nada más contarle que siempre lo veo y su humildad y dulzura tocan mi corazón.Gracias por su amor y su sonrisa. Gracias por acercarse a los más necesitados y abrazar a los bebés y a los niñitos. Si Dios me lo permite, me encantaría darle un abrazo de gratitud, pero como es muy difícil, se lo mando por este medio. Gracias por acercarnos a Jesús".

Fuencisla (Dubái) 

"Por favor Santo Padre, envíanos un sacerdote que hable español a la comunidad hispano hablante de St Francis en Dubai".

Ana (Madrid)

"Gracias Santo Padre por su visita. Gracias por su entrega y valentía al defender nuestra fe. Rece por España, por nuestros hijos que afiancen su fe".

José María (Rubí, Barcelona) 

"Bienvenido gracias por su visita que los frutos de su viaje apostólico sean de gran ayuda para esta la tierra de maría bienvenido santo padre dios le bendiga 🙏🏻🙏🏻".

Isabel (Valencia)

"Bienvenido a España ,Santidad. Espero que su viaje sirva para reavivar la fe de los españoles y nos una más a Cristo. Muchas gracias por su visita".

Clara (Sevilla)

"Feliz de recibirlo en España, ojala no sea la única vez. Que el Espíritu Santo ilumine y guíe su camino a la santidad y su misión dirigiendo la iglesia de Cristo. No tenga miedo, muchos rezamos por usted. La Virgen lo sostiene en sus sufrimientos. Le encomiendo a mi familia en sus oraciones".

Izaskun (Bilbao)

"En primer lugar,Bienvenido y agradecerle todo lo que está haciendo ,como Santo Padre en el mundo. Gracias por tirar de las orejas a los mandatarios mundiales. Finalmente, le pediría que hable con los mandatarios españoles, para obligarles a cumplir el Concordato. La asignatura de religión no se está ofreciendo como asignatura fundamental ni en igualdad de condiciones.Ayude a mejorar la asignatura".

Nuria (Jerez de la Frontera, Cádiz)

"Te pido por la unión de las iglesias cristianas. Derribar muros entre protestantes y católicos".

Ana (El Campello, Alicante)

"Gracias por venir a España y por tu espíritu evangelizador! Que Dios te de la salud y energía para seguir dando testimonio de Cristo. Unidos en la cruz de Cristo!".

Dorinda (San Juan, Puerto Rico)

"Quiero agradecer a Su Santidad su visita a España. España lo necesita. Soy puertorriqueña, y agradezco a España la fe transmitida a mis antepasados y que todavía practicamos en nuestro país. De un gran santo aprendí a rezar, todos los días , por el Papa, fuera quien fuera. Lo encomiendo de manera especial en esta visita a España y pido por los frutos apostólicos en todo el mundo".