domingo, 10 de mayo de 2026

VI Domingo de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,5-8.14-17):

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios


Salmo 65,R/. Aclamad al Señor, tierra entera


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (3,1.15-18):

Queridos hermanos:

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.

Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.

Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Juan (14,15-21):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor


Compartimos:

En Pentecostés se produjo el milagro, gracias al don recibido por los Apóstoles. A partir de ese momento, comenzó la expansión por todo el mundo. Hoy hemos escuchado cómo Felipe predica en Samaría. Sabemos que los judíos y los samaritanos no se llevaban en absoluto. Podría sorprender, pues, pero gracias al Paráclito los Discípulos entendieron que la salvación era universal, así que se lanzaron a la tarea. Y lo hizo bien el apóstol, porque bautizó a tantos, que Pedro y Juan se acercaron desde Jerusalén, para confirmar con su bendición la obra iniciada por Felipe.


La acción del Espíritu es la que permite todo esto. Se rompen barreras, se superan odios ancestrales, se va formando la unida de los creyentes. Así se logra un nuevo Pentecostés, al venir el Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.


La primera carta de san Pedro sigue recordándonos algo muy importante en nuestros días, sobre todo cuando tanta gente está a la búsqueda de una luz en si vida: que los cristianos debemos estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida. Tenemos que poder explicar por qué creo, por qué espero, por qué confío en la bondad de Dios, a pesar o en medio de los sufrimientos, personales y del mundo, que nos rodean. Saber explicar lo que significa haber experimentado el amor del Padre, comprender los padecimientos de Cristo por mí y por todos para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios.


Por eso san Pedro nos anima a ser pacientes en los sufrimientos, contemplando a Jesucristo, nuestro modelo, el justo, el inocente, que oraba por sus asesinos en medio del suplicio y los perdonaba, para conducirnos a Dios. Ese Jesús que fue vivificado por el Espíritu.


El Espíritu es un personaje sin rostro. A diferencia del Padre Todopoderoso (de quien se habla en el Antiguo Testamento) y del Hijo, tiene un carácter inobjetivable. Se nos escapa de las manos. Por eso su acción expresa en la Sagrada Escritura en términos como viento, fuerza, inspiración, luz, impulso… Es la Persona más frágil – si se puede hablar así – e impalpable de la Santísima Trinidad.


Se le reconoce por sus acciones, por su trabajo. Por ello se le reconoce como a la Persona – Obrera de la Trinidad. Es el poder de Dios, el amor de Dios en acción, el garante de que se cumplan las promesas. De todo el trabajo que el Espíritu realiza, el Señor subrayará varias acciones concretas en la página del Evangelio de este domingo.


– Es el espíritu de la Verdad. Nos hace salir de la mentira y del engaño. Quien recibe el Espíritu de Dios aprende a apreciar, a ser sensible y a gustar cuanto de bueno, de bello, de noble, de justo se da en la realidad, a no ser derrotista’ o fatalista, como nos pedía san Pedro; a poseer el sentido del bien y del mal; a tomar decisiones habiendo percibido su llamada y a poseer el coraje para secundarla.


– Es también el Defensor. El proceso de vida cristiana está sujeto a crisis, a luchas, a obstáculos. Atraviesa por momentos de aridez, de sensación de timo, de cansancio, a tentaciones… y, además, debe de justificarse frente a una cultura que no acaba de entenderla o que la rechaza abiertamente. El Espíritu del Señor se convierte en un íntimo conocedor de nuestras desolaciones, («Consolador buenísimo» le canta la liturgia) y mantenedor de la tensión del seguimiento.


– Es el que nos une a Dios. Nos da el espíritu de hijos. Saberse hijo, incondicionalmente querido, indefectiblemente perdonado y acogido es el punto del que depende no solo nuestra salud espiritual, sino incluso el equilibrio psíquico. Desde ahí comienzan la entrega y el amor. No resulta extraño que cuando la experiencia de la filiación del amor de Dios languidece, los compromisos cristianos se vuelven cargas insoportables.


Acojamos esa presencia que nos sobreviene prometida del Señor como Espíritu del amor, de la verdad y del bien. Vivir la Pascua significa redescubrir cada día que estamos llamados al amor y a la comunión. Que, aunque somos débiles y con frecuencia nos sentimos aplastados por muchas preocupaciones y sufrimientos, se nos conceda no perder nunca el deseo de ser testigos del amor. Que cada día podamos decirle al Señor: «Concédeme, hoy, ser motivo de consuelo para mis hermanos, en especial para los más tristes y los que pasan por las pruebas más difíciles». «Concédeme, hoy, hacer brillar un rayo de luz en el camino de quienes no conocen la belleza de la vida». Que cada día podamos decir: he aquí la Pascua. Que cada mañana podamos ponernos en camino impulsados por el Espíritu de amor, y así ya nada podrá asustarnos: hasta el dolor y la muerte se volverán acontecimientos de amor, acontecimientos pascuales, pasos a la vida nueva. Con la ayuda del Espíritu.

sábado, 9 de mayo de 2026

Sábado 5 de Pascua

1ª Lectura (Hch 16,1-10):

 En aquellos días, Pablo llegó a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de una judía creyente, pero de padre griego. Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él. Pablo quiso que fuera con él y, puesto que todos sabían que su padre era griego, por consideración a los judíos de la región, lo tomó y lo hizo circuncidar.


Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen. Las iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día. Atravesaron Frigia y la región de Galacia, al haberles impedido el Espíritu Santo anunciar la palabra en Asia. Al llegar cerca de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió. Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Tróade.


Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos». Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.

Palabra de Dios


Salmo responsorial: 99 R/. Aclama al Señor, tierra entera.


Versículo antes del Evangelio (Col 3,1): Aleluya. Si resucitasteis con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Aleluya.


Santo Evangelio (Jn 15,18-21): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».

Palabra del Señor


Compartimos:

Una de las características del seguidor de Jesús es, pues, la lucha contra el mal y el pecado que se encuentra en el interior de cada hombre y en el mundo. Por esto, Jesús resucitado es luz, luz que ilumina las tinieblas del mundo. Karol Wojtyla nos exhortaba a «que esta luz nos haga fuertes y capaces de aceptar y amar la entera Verdad de Cristo, de amarla más cuanto más la contradice el mundo».


Ni el cristiano, ni la Iglesia pueden seguir las modas o los criterios del mundo. El criterio único, definitivo e ineludible es Cristo. No es Jesús quien se ha de adaptar al mundo en el que vivimos; somos nosotros quienes hemos de transformar nuestras vidas en Jesús. «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre». Esto nos ha de hacer pensar. Cuando nuestra sociedad secularizada pide ciertos cambios o licencias a los cristianos y a la Iglesia, simplemente nos está pidiendo que nos alejemos de Dios. El cristiano tiene que mantenerse fiel a Cristo y a su mensaje. Dice san Ireneo: «Dios no tiene necesidad de nada; pero el hombre tiene necesidad de estar en comunión con Dios. Y la gloria del hombre está en perseverar y mantenerse en el servicio de Dios».


Esta fidelidad puede traer muchas veces la persecución: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). No hemos de tener miedo de la persecución; más bien hemos de temer no buscar con suficiente deseo cumplir la voluntad del Señor. ¡Seamos valientes y proclamemos sin miedo a Cristo resucitado, luz y alegría de los cristianos! ¡Dejemos que el Espíritu Santo nos transforme para ser capaces de comunicar esto al mundo!

viernes, 8 de mayo de 2026

Viernes 5 de Pascua. Virgen de Luján, Patrona de la República Argentina

 1ª Lectura (Hch 15,22-31): 

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabá, y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y enviaron por medio de ellos esta carta:


«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad. Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».


Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta. Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras.

Palabra de Dios

Salmo responsorial: 56R/. Te daré gracias ante los pueblos, Señor.

Versículo antes del Evangelio (Jn 15,15): Aleluya. A vosotros os he llamado amigos, dice el Señor; porque os he hecho conocer todas las cosas que he oído de mi Padre. Aleluya.

Santo Evangelio (Jn 15,12-17): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Palabra del Señor


Compartimos:

Jesús te habla como a un amigo, pues te ha dicho que el Padre te llama, que quiere que seas apóstol, y que te destina a dar fruto, un fruto que se manifiesta en el amor. San Juan Crisóstomo afirma: «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacería de él una infinidad de bienes».


Amar es dar la vida. Lo saben los esposos que, porque se aman, hacen una donación recíproca de su vida y asumen la responsabilidad de ser padres, aceptando también la abnegación y el sacrificio de su tiempo y de su ser a favor de aquellos que han de cuidar, proteger, educar y formar como personas. Lo saben los misioneros que dan su vida por el Evangelio, con un mismo espíritu cristiano de sacrificio y de abnegación. Y lo saben religiosos, sacerdotes y obispos, lo sabe todo discípulo de Jesús que se compromete con el Salvador.


Jesús te ha dicho un poco antes cuál es el requisito del amor, de dar fruto: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12,24). Jesús te invita a perder tu vida, a que se la entregues a Él sin miedo, a morir a ti mismo para poder amar a tu hermano con el amor de Cristo, con amor sobrenatural. Jesús te invita a llegar a un amor operante, bienhechor y concreto; así lo entendió el apóstol Santiago cuando dijo: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y hartaos’, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (2,15-17).

jueves, 7 de mayo de 2026

Jueves de la V Semana de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (15,7-21):

En aquellos días, después de una larga discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros:

«Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran. Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues, ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar? No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús».

Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles. Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo:

«Escuchadme, hermanos: Simón ha contado cómo Dios por primera vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles. Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

“Después de esto volveré

y levantaré de nuevo la choza caída de David;

levantaré sus ruinas y la pondré en pie,

para que los demás hombres busquen al Señor,

y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre:

lo dice el Señor, el que hace que esto sea conocido desde antiguo”.

Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios; basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas».

Palabra de Dios


Salmo 95,R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones


 Santo Evangelio según san Juan (15,9-11):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

Palabra del Señor


Compartimos:

En la mayoría de las biografías de los santos lo más frecuente es encontrar la alegría como un rasgo de carácter o personalidad. Como ser santo no esta reservado a los de temperamento alegre, también los hubo muy serios y un poco sombrones. Alguno, y muy importante por cierto,  incluso llegó a afirmar que Cristo nunca se rió… con el peregrino argumento de que no hay ningún texto evangélico que de fe de la risa de Jesús. Desde luego nadie llega a santo sin abrazar la cruz. En toda vida hay momentos de cruz y en toda vida de santo hay una o muchas cruces que fueron abrazadas con amor. Pero no hay camino de santidad que no se inicie con un deseo ardiente de que no se acabe lo que es un encuentro con la Alegría.


La intensa, fuerte y misteriosa Alegría  de Dios es la respuesta a nuestro anhelo de felicidad, una sed de un bien que excede a lo que podemos conseguir por nosotros mismos y cuya plenitud  llegará porque Cristo lo ha prometido. Chesterton estaba convencido de que la alegría de Cristo era tan pura que era su atributo más divino. En su libro Ortodoxia, sugiere que Jesús pudo ocultar muchas cosas, pero lo que más le costaba ocultar era su regocijo, incluso camino a la Cruz. Para Chesterton, la alegría de la que habla Juan 15,11 es la fuerza que permite a los santos reírse mientras sufren, porque saben que el final de la historia es feliz.


Una de las más bellas composiciones de Bach es la Cantata 147: Jesús sigue siendo mi alegría/ me defiende de toda pena / consuelo y bálsamo de mi corazón / Él es la fuerza de mi vida, / el gozo y el sol de mis ojos, / el tesoro y la delicia de mi alma / por eso no quiero dejar ir a Jesús / fuera de mi corazón y de mi vista.


Es bueno buscar y hallar esta alegría en la oración y en el encuentro con los demás.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Miércoles de la V Semana de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (15,1-6):

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo:

«Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».

Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

Palabra de Dios


Salmo 121,R/. Vamos alegres a la casa del Señor


Santo Evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Palabra del Señor


Compartimos:

La lectura del Evangelio de hoy, dentro del larguísimo discurso de la Última Cena, según San Juan, es una exhortación a los discípulos de entonces y a nosotros, cristianos -discípulos de Cristo por definición- de hoy. Es la parábola de la vid y los sarmientos y la invitación: permaneced en Mí.


Sabemos que sin El no podemos hacer nada. Ocurre que a veces lo olvidamos y llegamos a creer que podemos enrolarnos en alguna causa o emprender alguna tarea con nuestra buena preparación, convencimiento, entusiasmo o incluso capacidad para recaudar fondos… sin contar con Cristo o dándolo por supuesto, pero sin que realmente cuente mucho. Incluso podemos llegar a creer que tenemos éxito sin entender que realmente nos aproximamos a ser sarmientos secos y que todo el fruto de ese esfuerzo no sirve para nada: es una selva de ramas con uvas pequeñas y ácidas.


Permanecer en Jesús, como el sarmiento en la viña, implica también someterse a la poda. Al ser una planta trepadora, la vid tiende a crecer indefinidamente y el resultado es un desastre. Hay que someterse a la poda que viene de Dios directamente y siempre será para nuestro bien aunque duela, pero también a aquella de la que somos conscientes y tenemos que hacer pero nos da miedo.


A modo de ejemplos: podar el  activismo de “hacer muchas cosas para Dios” pero no pasar tiempo con El; podar  formas y y maneras que han dado muy poco fruto pero siguen practicándose porque es duro reconocer el fracaso; podar el deseo de reconocimiento, de ser el centro de atención disfrazado de “celo espiritual”; podar el temor a dejar algo tal vez inofensivo pero que nos gratifica… y, en definitiva, nos distrae de lo verdaderamente importante.

martes, 5 de mayo de 2026

Martes de la V Semana de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (14,19-28):

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dejándolo ya por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad.

Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquia, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.

Palabra de Dios


Salmo 144,R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado


Santo Evangelio según san Juan (14,27-31a):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Palabra del Señor


Compartimos:

La lectura del Evangelio de hoy (14,27-31a) parece el párrafo final de ese largo discurso según el relato de Juan. Parece pero no es: del versículo final está suprimida esta frase: “Levantáos, vámonos de aquí”, y en realidad, a continuación Jesús sigue hablando…  hasta el final del capítulo 17.  No creo que el evangelista lo pretendiese pero el efecto, si se vuelve a la frase suprimida, da ese estilo de despedida que a veces practicamos. Y así, cuando queremos mucho a alguien, demoramos la separación y casi hacemos más largo el adios y las recomendaciones que lo que hablamos a lo largo del encuentro. Visto así, podríamos interpretar lo que sigue como una muestra de amor y de cuidado hacia estos de los que va a separarse.


Jesús sabe que los deja como huérfanos y quiere animarlos y fortalecer su fe. Es una despedida que se dilata como si Jesús temiera el desánimo de los suyos y tratara de consolarlos algo más en un tono menos solemne que el anterior, y hasta un poco risueño. No deben estar tristes porque Él va con el Padre. Como cuando despedimos a alguien querido que marcha a un trabajo, o a una situación familiar o personal mejor y “lo dejamos ir” sonriendo y alegrándonos (o poniéndo buena cara aunque nos duela la separación).


Les dice: mi paz os dejo, mi paz os doy. La palabra paz, (shalom) no significa solamente ausencia de conflicto, es un término con más contenido, quizá se parezca a lo que entendemos como armonía en el interior de una persona y también en un grupo. Poco antes había dicho: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, conociendo la limitación y la pobreza de ellos y también que para Dios nada es imposible. El ama con el amor infinito de Dios, y con su corazón de hombre. Sabe que lo que se aproxima es el cumplimiento de las atroces profecias sobre su persona que están en los libros sagrados y se anticipa al desconcierto, la cobardía y el miedo que se apoderarán de los discípulos tan amados. Presiente su desaliento, las negaciones y la huida… Y también la discordia y la desunión que va a provocar el miedo. Quiere darles seguridad y paz y sabe que esa paz y esa seguridad son obra del Espiritu Santo y no pueden tener otro origen.


Amaos como yo os he amado significa poner en juego la misma capacidad de comprensión y de compasión de Cristo para con nuestros semejantes confiando en el auxilio que viene del Espíritu Santo. Es pedir para ellos y para uno mismo el amor de Dios. O lo que es lo mismo el amor del Corazón de Cristo, tan divino y tan humano. El prodigio se cumplió en Pentecostés que desencadenó una ola imparable de entusiasmo y valentía en los dicípulos como nos recuerdan las lecturas de  Libro de los Hechos que estamos escuchando durante este tiempo.

lunes, 4 de mayo de 2026

Lunes de la V Semana de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (14,5-18):

En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio.

Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta:

«Levántate, ponte derecho sobre tus pies».

El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia:

«Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».

A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.

Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo:

«Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».

Con estas palabras, a dura penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.

Palabra de Dios


Salmo 113R/. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria


 Santo Evangelio según san Juan (14,21-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote:

«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Palabra del Señor


Compartimos:

El capítulo 14, del que se lee un fragmento hoy en la Liturgia de la Palabra, encaja bien con la idea de que quien lo compuso relató un episodio visto y recordado con detalle.  Quien relata explica cómo Jesús responde sucesivamente a las preguntas de Tomás, Felipe y Judas. El contexto es el de la última Cena en el que Jesús parece querer apurar las horas antes de su Pasión para revelarse a sus discípulos, para que entiendan lo que va a suceder y permanezcan en su amor a pesar del horror que se avecina.


Judas está perplejo porque Jesús habla de sí mismo con unos términos inéquivocos y se entiende que se revela con toda claridad, como el Mesías: el esperado para regir al pueblo de Dios y hacerlo grande. Jesús está íntimamente unido al Padre, sus palabras son del Padre y su voluntad está en Dios. El es el Salvador esperado por siglos… pero el mensaje solo lo escuchan unos pocos y desde luego está muy alejado de un poder político… “Señor ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?” Como si Jesús hubiera cambiado de plan o lo hubiera aplazado… Solo que nunca hubo ese plan. El plan es mucho más misterioso, locura y escándalo dirá más tarde Pablo. Se trata de la Cruz. Y aunque en la cena se palpa una tensión amenazadora, los discípulos están desconcertados, tal vez porque pocos días antes habían visto el entusiasmo del pueblo con la entrada triunfal en Jerusalén


La  pregunta y su trasfondo se relacionan bien con un episodio que Juan no escribe pero sí los sinópticos: las tentaciones de Jesús en el desierto. Y es en la última de las tentaciones donde encontramos respuesta al interrogante. Este es el trato que propone Satanás: todo esto te daré si postrándote me adoras. El poder, la salud, la prosperidad, la riqueza… sin Dios. Y esto nos lleva aún más atrás, al paraíso en el que la serpiente propone un “todo” que significa la autosuficiencia y por tanto rechazar a Dios.


Nos pasa casi a diario cuando, en lo personal, en lo político, en la naturaleza o en las relaciones humanas próximas, nos preguntamos porqué Dios no actua con su poder y limpia y endereza todo lo que está sucio, enfermo o torcido en el mundo o en nosotros mismos. Y es también el argumento de muchos que dicen no poder creer en un Dios que “permite” tantos sufrimientos materiales y espirituales, tantos crímenes y tantas víctimas inocentes…


Es misterio. Como el de que nos haya hecho libres. Nos acercamos a Pentecostés: para aceptar que nos ha creado por amor y por amor nos ha redimido y para mantener la fe, tenemos la promesa y aún la certeza de que el Espíritu Santo nos lo irá desvelando todo como Cristo prometió a Judas y a los primeros discípulos.