jueves, 23 de julio de 2026

Jueves de la XVI Semana del Tiempo Ordinario. Santa Brígida de Suecia, religiosa

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (2,1-3.7-8.12-13):

Recibí esta palabra del Señor: «Ve y grita a los oídos de Jerusalén: «Así dice el Señor: Recuerdo tu cariño de joven, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra yerma. Israel era sagrada para el Señor, primicia de su cosecha: quien se atrevía a comer de ella lo pagaba, la desgracia caía sobre él –oráculo del Señor–. Yo os conduje a un país de huertos, para que comieseis sus buenos frutos; pero entrasteis y profanasteis mi tierra, hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no preguntaban: «¿Dónde está el Señor?», los doctores de la ley no me reconocían, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaban por Baal, siguiendo dioses que de nada sirven. Espantaos, cielos, de ello, horrorizaos y pasmaos –oráculo del Señor–. Porque dos maldades ha cometido mi pueblo: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua.»»

Palabra de Dios


Salmo 35 R/. En ti, Señor, está la fuente viva


 Santo Evangelio según san Mateo (13,10-17):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»

Él les contestó: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.» ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Otra fiesta de una mujer, Santa Brígida, patrona de Europa. ¿Por qué santa? ¿Por qué patrona? Su santidad fue declarada muy tempranamente (diecinueve años después de sus muerte) en un momento sumamente complejo de la historia de la Iglesia. Su patronazgo, mucho más reciente, lo decidió San Juan Pablo II. Santa Brígida de Suecia fur proclamada copatrona de Europa en 1999 (junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz) y significa el reconocimiento de la aportación femenina fundamental a la identidad, la paz y las raíces cristianas del continente europeo.


Por el momento no se ha cumplido el sueño del Papa. Europa hoy no tiene conflictos bélicos salvo la guerra de Ucrania. Sí tiene problemas y enfrentamientos en cada país de la Comunidad, discrepancias, crisis sociales de todo tipo, una clase política menos que mediocre y un ambiente de desánimo y desesperanza. Es posible que sea el espacio más descristianizado del mundo cristiano.


Habrá que recuperar la valentía de la Santa Brígida… Sus mensajes a los gobernantes de su época se caracterizaron por una parresía (valentía profética) extrema. A través de sus famosas Revelaciones, no dudó en reprender con dureza a reyes, papas y emperadores, recordándoles que el poder terrenal es un préstamo divino y que tendrían que rendir cuenta de su uso.


Hoy Brígida nos invita a implicarnos en  una nueva evangelización. En las pequeñas comunidades, en la vida política, en los ambientes de trabajo, en la vida familiar, en las elecciones que hacemos, en el uso de los medios de comunicación… Ser cristianos de verdad , con humildad pero sin miedo, con caridad pero sin alardes. Unidos y buscando siempre la paz pero sin renunciar a proclamar la fe en Jesucristo


Es posible aunque no demasiado sencillo sobre todo entre los más cercanos. En nuestra propia familia seguramente hay bastantes bautizados de los que solo entran en la iglesia para funerales, bodas y bautizos… De hecho en muchas familias de tradición católica muchos ya no celebran estos momentos importantes o lo hacen “en modo laico”.


Siempre podemos pedir la intercesión de los santos y pedirles que rueguen al Señor con nosotros para que participemos con entusiasmo y valentía en esta esta “reevangelización” de Europa.

miércoles, 22 de julio de 2026

Lecturas del Santa María Magdalena

Primera Lectura

Lectura del libro del Cantar de los Cantares (3,1-4a):

Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: «¿Visteis al amor de mi alma?» Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»

Palabra de Dios


Salmo 62,R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios


Santo Evangelio según san Juan (20,1.11-18):

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice: «¡María!»

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena y todas las lecturas, oraciones y antífonas, incluso el prefacio, se refieren a la “primera apóstola”, la primera en ver el cuerpo glorioso del Resucitado y la primera en ser enviada a anunciar la salvació cumplida en la Cruz.


Tal como se celebra ahora, la fiesta fue establecida recientemente, “en 2016 por decreto del cardenal Robert Sarah, siguiendo la voluntad del Santo Padre, se establece que la memoria litúrgica de santa María Magdalena, que se celebra el 22 de julio, pase al rango de festividad […] a partir de ahora la celebración de la Misa contará con un prefacio proprio titulado de apostolorum apostola (Apóstola de los apóstoles)”.


María Magdalena ha suscitado, desde los primeros siglos del cristianismo, la devoción y el reconocimiento de los bautizados y posteriormente también una infinidad de leyendas y de obras de arte. Se pensó que era la misma mujer pecadora que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y un perfume carísimo para estupefacción de los fariseos y disgusto de Judas. O la adúltera salvada de la lapidación. O la hermana de Lázaro que “eligió la mejor parte” frente a Marta. También ha sido inspiración para relatos esotéricos  y fantasias literarias disparatadas.


El Papa Francisco consideró que había suficientes datos reales como para desechar tanta leyenda y atenerse a lo que los evangelios cuentan. Además de justo es necesario en un momento de la historia en el que se hace patente que la evangelización, desde el principio, también fue protagonizada por mujeres.


Lo que los evangelios cuentan de María Magdalena justifican, sin más inventos, la devoción de los fieles. Ella fue una de las mujeres que acompañaban a Jesús y a sus discípulos en su predicación itinerante. Ella estuvo, indudablemente, al pie de la Cruz con la Virgen María. Ella estuvo presente cuando depositaron el cuerpo del Señor en el sepulcro. Fue la primera que vio a Jesús Resucitado y fue enviada a anunciarlo. Y creyó en Jesús, lo amó con todo su corazón y le sirvió anunciando la salvación a todos.


Está muy bien ser devoto de Santa María Magdalena y, desde luego, intentar imitarla.

martes, 21 de julio de 2026

Martes de la XVI Semana del Tiempo Ordinario. San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Miqueas (7,14-15.18-20):

Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

Palabra de Dios


Salmo 84,R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia


 Santo Evangelio según san Mateo (12,46-50):

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.

Uno se lo avisó: «Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.»

Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»

Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El pasaje del Evangelio de hoy nos suena un poco hiriente, casi como un desaire injustificado a la madre. “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” dice Jesús y después señalando a sus discípulos sigue la alabanza más alta que se haya pronunciado…  sobre la Virgen María, su madre. Porque si existe alguien que haya cumplido exactamente y en todo la voluntad de Dios, esa es Ella, la nueva Eva.


Para entender cómo María logra hacer la voluntad del Padre de una forma absoluta, tenemos que conocer lo que es el pecado. Por su propia naturaleza, es división, desobediencia y resistencia a la voz de Dios. Es el «no» del hombre al plan divino.


Al ser preservada de toda mancha de pecado desde el primer instante de su concepción, María quedó dotada de una libertad purísima. Su corazón no experimenta las contradicciones internas que el todos padecemos. En Ella no había interferencias, egoísmos ni dudas que frenaran la acción del Espíritu Santo. Por lo tanto, cuando Jesús dice que su madre es aquella que hace la voluntad del Padre, está describiendo a una criatura cuya voluntad humana está en perfecta sintonía con la voluntad divina. Su impecabilidad es lo que hace posible su obediencia perfecta.


Yo creo que esa escena, tan literalmente recogida por Mateo, no fue vivida por María como desapego, ni desprecio. Existe un vínculo con el hijo, carnal y humano pero también otro más fuerte y poderoso que es el de cumplir la voluntad de Dios. Y María lo llevó a cabo desde su nacimiento y, de manera especial, en el “Hágase en mi, según tu palabra” respondiendo al anuncio de Gabriel.

lunes, 20 de julio de 2026

Lunes de la XVI Semana del Tiempo Ordinario, San Apolinar, obispo y mártir.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Miqueas (6,1-4.6-8):

Escuchad lo que dice el Señor: «Levántate y llama a juicio a los montes, que escuchen los collados tu voz.»

Escuchad, montes, el juicio del Señor; atended, cimientos de la tierra: El Señor entabla juicio con su pueblo y pleitea con Israel: «Pueblo mío, ¿qué te hice o en qué te molesté? Respóndeme. Te saqué de Egipto, de la esclavitud te redimí, y envié por delante a Moisés, Aarón y María.»

«¿Con qué me acercaré al Señor, me inclinaré ante el Dios de las alturas? ¿Me acercaré con holocaustos, con novillos de un año? ¿Se complacerá el Señor en un millar de carneros, o en diez mil arroyos de grasa? ¿Le daré un primogénito para expiar mi culpa; el fruto de mi vientre, para expiar mi pecado?»

«Te han explicado, hombre, el bien, lo que Dios desea de ti: simplemente, que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios.»

Palabra de Dios


Salmo 49 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (12,38-42):

En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.»

Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Jesús es puesto a prueba por «algunos escribas y fariseos» (Mt 12,38; cf. Mc 10,12), que se sienten amenazados por la persona de Jesús, no por razones de fe, sino de poder. Con miedo a perder su poder, procuran desacreditar a Jesús, provocándolo. Estos “algunos” muchas veces somos nosotros mismos, cuando nos dejamos llevar por nuestros egoísmos e intereses individuales. O también cuando miramos a la Iglesia como una realidad meramente humana y no como un proyecto del amor de Dios hacia cada uno de nosotros.


La respuesta de Jesús es clara: «Ninguna señal les será dada» (cf. Mt 12,39), no por miedo, sino para enfatizar y recordar que las “señales” son la relación de comunicación y amor entre Dios y la humanidad; no se trata de una relación de intereses y poderes individuales. Jesús recuerda que hay muchas señales dadas por Dios; y que no es provocándole o chantajeándole como se consigue llegar a Él.


Jesús es la señal más grande. En este día la Palabra es una invitación para que cada uno de nosotros comprenda, con humildad, que sólo un corazón convertido, vuelto hacia Dios, puede acoger, interpretar y ver esta señal que es Jesús. La humildad es la realidad que nos acerca no solamente a Dios, sino también a la humanidad. Por la humildad reconocemos nuestras limitaciones y virtudes, pero sobre todo vemos a los otros como hermanos y a Dios como Padre.


Como nos recordaba el Papa Francisco, «¡El Señor es verdaderamente paciente con nosotros! No se cansa nunca de recomenzar desde el inicio cada vez que nosotros caemos». Por eso, a pesar de nuestras faltas y provocaciones, el Señor está con los brazos abiertos para acoger y recomenzar. Procuremos, por tanto, que nuestra vida, y hoy en particular, esta palabra se haga realidad en nosotros. La alegría del cristiano está en ser reconocido por el amor que se ve en su vida, amor que brota de Jesús.

domingo, 19 de julio de 2026

ÁNGELUS DEL PAPA LEÓN XIV

 Plaza de la 
Libertad(Castelgandolfo)   
               

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Después de la parábola del sembrador, Jesús sigue hablándole a las multitudes a través de algunas imágenes: el trigo bueno y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura en la harina (cf. Mt 13,24-43).


Se trata de tres pequeñas parábolas que tienen como objetivo evocar la entrada del Reino de Dios en la historia, su acción en la vida de los hombres, la forma en que crece, se expande y transforma el mundo desde dentro. Con estos relatos, Jesús quiere que no caigamos en la tentación de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma triunfal. Por el contrario, Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas, que fermenta y hace crecer la masa sin hacer ruido.


Hermanos y hermanas, con estas parábolas Jesús nos dice algo importante sobre la forma en que Dios actúa en nuestra vida y en la historia. A veces nos esperamos algo espectacular, deseamos un Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la cizaña del mal. Nos imaginamos a un Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, adaptamos también a esta imagen nuestra forma de ser cristianos y de ser Iglesia. En cambio, el Reino de Dios se extiende aún en medio de la cizaña y nos pide una mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo de inmediato; viene como la más pequeña de las semillas y, por eso, exige la paciencia de saber acompañar los procesos, reconociéndolo en la pequeñez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida ordinaria; crece de manera invisible, como la levadura en la harina, y así nos libera del desánimo y nos invita a tener confianza incluso cuando nos parece que Dios está ausente. Porque, en realidad, Él siempre nos acompaña y su amor siempre está actuando en nuestro favor.


Este estilo de Dios debe convertirse también en la forma en que, ya sea como personas individuales o como Iglesia, vivamos la realidad que nos rodea. Estamos llamados a adoptar un estilo evangélico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin querernos imponer con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios. Se trata —decía el entonces cardenal Ratzinger— de someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza, sino que nos pide que nos hagamos pequeños y que sirvamos a la vida de las personas (cf. Discurso en el Jubileo de los catequistas y de los profesores de religión, 10 diciembre 2000). De este modo, nosotros mismos llegaremos a ser como una pequeña semilla del Evangelio que germina y como una levadura de amor que transforma la masa del mundo.


Invoquemos a María Santísima, que supo acoger la semilla de la Palabra en su humildad, para que nos sostenga en nuestro camino e interceda por nosotros.


Queridos hermanos y hermanas:


Mientras disfruto de unos días de descanso, renuevo mi saludo y mi agradecimiento a todos ustedes, habitantes de Castel Gandolfo, y doy la bienvenida con alegría a los peregrinos que llegan de todas partes del mundo.


Seguimos observando con inquietud lo que ocurre en diversos países devastados por la guerra y la violencia. No olvidemos a quienes sufren y mueren a causa de los conflictos y, al generoso compromiso por la paz, unamos también nuestra oración constante.


Saludo a la Comunidad Cenacolo de Madre Elvira, reunida en Saluzzo, con ocasión de la Fiesta de la Vida; al Movimiento Familias Nuevas de los Focolares reunidos por la Escuela Internacional; a los estudiantes mexicanos que participan en la APRA Summer School y al grupo de la Catholic Worldview Fellowship.


Así mismo, quiero saludar a los jóvenes adultos miembros del Regnum Christi que participan en el Curso Internacional de Formadores. Y saludo también a quienes forman parte del The Lion Pilgrimage, acompañados por el obispo Anthony Percy, Obispo auxiliar de Sidney, Australia.


Saludo también a las familias y a los niños de la obra de las Hermanas de la Caridad de la Asunción de Roma; a los jóvenes de la parroquia de San Salvador en Jerusalén; al Grupo juvenil de la parroquia de San Agustín de Bovolenta y a los peregrinos de la Academia Litúrgica de Rzeszów.


¡A todos ustedes les deseo un domingo tranquilo!

Lecturas del XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (12,13.16-19):

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Palabra de Dios


Salmo 85,R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,26-27):

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (13,24-43):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»»

Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.»

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Encontramos un doble mensaje. Por un lado, Jesús nos llama con una bella invitación a seguirlo: «Le siguieron muchos y los curó a todos» (Mt 12,15). Si le seguimos encontraremos remedio a las dificultades del camino, como se nos recordaba hace poco: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11,28). Por otro lado, se nos muestra el valor del amor manso: «No disputará ni gritará» (Mt 12,19).


Él sabe que estamos agobiados y cansados por el peso de nuestras debilidades físicas y de carácter... y por esta cruz inesperada que nos ha visitado con toda su crudeza, por las desavenencias, los desengaños, las tristezas. De hecho, «se confabularon contra Él para ver cómo eliminarle» (Mt 12,14). y... nosotros que sabemos que el discípulo no es más que el maestro (cf. Mt 10,24), hemos de ser conscientes de que también tendremos que sufrir incomprensión y persecución.


Todo ello constituye un fajo que pesa encima de nosotros, un fardo que nos doblega. Y sentimos como si Jesús nos dijera: «Deja tu fardo a mis pies, yo me ocuparé de él; dame este peso que te agobia, yo te lo llevaré; descárgate de tus preocupaciones y dámelas a mí...».


Es curioso: Jesús nos invita a dejar nuestro peso, pero nos ofrece otro: su yugo, con la promesa, eso sí, de que es suave y ligero. Nos quiere enseñar que no podemos ir por el mundo sin ningún peso. Una carga u otra la hemos de llevar. Pero que no sea nuestro fardo lleno de materialidad; que sea su peso que no agobia.


En África, las madres y hermanas mayores llevan a los pequeños en la espalda. Una vez, un misionero vio a una niña que llevaba a su hermanito... Le dice: «¿No crees que es un peso demasiado grande para ti?». Ella respondió sin pensárselo: «No es un peso, es mi hermanito y le amo». El amor, el yugo de Jesús, no sólo no es pesado, sino que nos libera de todo aquello que nos agobia.

sábado, 18 de julio de 2026

Sábado de la XV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Miqueas (2,1-5):

¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.

Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso. Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: «Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.» Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»

Palabra de Dios

Salmo 9,22R/. No te olvides de los humildes, Señor


Santo Evangelio según san Mateo (12,14-21):

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Normalmente vemos que el mal siempre recibe la mayor atención en titulares de periódicos y medios de comunicación. Aunque se trame en el secreto del engaño, luego sale a la luz estruendosamente. Jesús les dice a los que reciben sus acciones sanadoras que no lo digan a nadie… Tanto el mal como el bien… ¿en silencio? Y parece contradictorio porque en otros muchos pasajes se urge a los seguidores de Jesús a proclamar la Buena Noticia, a gritar lo que se ha oído en secreto, a poner la luz sobre el celemín….


Los biblistas hablan del “secreto mesiánico” que, aunque sigue siendo muy misterioso, algunos interpretan como una prudencia de Jesús de no confundir su misión con milagros externos. Que sus acciones no se queden para los demás en fenómenos externos y extraordinarios, sino que se vaya comprendiendo poco a poco que el Mesías viene a traer una sanación total y, especialmente, una liberación del pecado. Que viene, en realidad, a restaurar la justicia de las relaciones entre Dios, la creación y los seres humanos. Se trata de ir entrando en la intimidad y la relación personal con el Cristo vivo. La reconciliación que se proclama en la antífona antes del Evangelio de hoy.  Lo bueno de la orden del secreto mesiánico es que los receptores de favores en general no obedecen la orden de Jesús, sino que anuncian una y otra vez los milagros que ha obrado Jesús. Parece que la orden, en lugar de prevenir, anima a salir gritando. Porque es de justicia que se conozca el bien y la luz.


Como dice el salmo, Dios no olvida a los pobres. El enviado, el ungido, no va a eliminar ninguna cosa buena, por pequeña que sea…hasta que se cumpla la justicia. Hasta que se acabe con ese mal urdido en silencio pero tan escandaloso. Como el Señor no olvida a los pobres, ni deja a ninguna cosa buena sin aliento de vida, su acción, urdida en el secreto del corazón de Dios, tiene que salir a la calle, ser conocida y proclamada.