domingo, 30 de agosto de 2026

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,7-9):

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreir todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.» La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

Palabra de Dios


Salmo 62,R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (12,1-2):

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (16,21-27):

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas corno los hombres, no como Dios.»

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Palabra del Señor


Compartimos:

oy, consideramos que ver a Jesús y seguirle requiere tener una obediencia madura que nos permita escuchar y ser responsables (capaces-de-responder). Y esto sólo es posible en las personas que verdaderamente se han liberado de los caprichos infantiles y de las pasiones: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24). Escuchar y responder a la llamada de Dios en nuestras vidas cotidianas significa ser capaces de olvidarnos de nosotros mismos y de servir a los demás. Sólo el amor hace factible este “riesgo” (cf. Heb 5:8-9).


Buda dice que «para vivir una vida pura de entrega uno no debe reputar nada como propio en medio de la abundancia». Un ejemplo es la vida familiar donde los padres se entregan total y generosamente al bienestar de la familia, quizás hasta el punto de olvidarse de sí mismos. Ellos procuran actuar así para que sus hijos estén bien preparados para que tengan mejor futuro. Si es así, además, la familia será una y unida.


Tenemos cientos de conmovedores ejemplos de profesores, médicos, agentes sociales, personas consagradas y santos. El Papa Francisco nos empuja a “ver” a Jesús en nuestra vida corriente, pues «aunque la vida de una persona se mueva en un terreno lleno de espinas y malezas, hay siempre espacio en el cual la buena semilla puede crecer. ¡Tenéis que confiar en Dios!».


Un grano de trigo puede liberar toda su vitalidad sólo cuando se rompe y muere, como Jesús el cual muriendo mostró todo su amor dando la vida. El ejemplo del grano de trigo es la vida misma de Jesús y de cada discípulo que le sirve, que da testimonio de Él y que tiene vida en Él: «El que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,25). ¡Amén!

sábado, 29 de agosto de 2026

Sábado de la XXI Semana del Tiempo Ordinario. El Martirio de San Juan Bautista.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,26-31):

Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así –como dice la Escritura– «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.»

Palabra de Dios


Salmo 32 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad


 Santo Evangelio según san Mateo (25,14-30):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.» Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.» Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.» El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán; ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el rechinar de dientes.»»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy Jesús habla del señor que reparte talentos (¿dinero? ¿cualidades personales? ¿inteligencia?…) entre sus criados. No les toca a todos lo mismo, quizá porque todos somos diferentes. Tampoco hacen todos lo mismo con los talentos que les han tocado en suerte. Algunos, la mayoría de los que salen en la parábola, ponen a trabajar sus talentos y obtienen sus beneficios. Se arriesgan, toman decisiones. La jugada les sale bien. Quizá no todo lo bien que se esperaban o quizá mejor de lo que esperaban. Pero salen adelante.


Pero hay uno que no quiere asumir riesgos. Guarda lo recibido en un arcón o debajo de un ladrillo. No quiere encontrarse en la tesitura de que el amo vuelva y no pueda devolverle los talentos recibidos. Pasa que se buscó una seguridad falsa. Porque el amo le había entregado el talento para que se arriesgara no para que lo guardase y se lo devolviese como lo recibió. Pasa que se equivocó pensando que todo consistía en devolver al señor el talento recibido. Imagino que si le hubiese contado que había invertido el talento en un campo pero que la sequía le hubiese destruido la cosecha, el señor se habría alegrado. A veces en la vida no se consigue el objetivo que nos proponemos. Pero el que no arriesga no consigue nada. Al final, se queda con las manos vacías. Ojalá asumamos riesgos y pongamos nuestros talentos al servicio del reino, de la fraternidad y la justicia. Aunque al final nos encontremos con las manos vacías, por lo menos lo habremos intentado. Y el señor estará contento con nosotros.

viernes, 28 de agosto de 2026

Viernes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario, San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,17-25):

No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo, judíos o griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios


Salmo  32 R/. La misericordia del Señor llena la tierra


 Santo Evangelio según san Mateo (25,1-13):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Palabra del Señor


Compartimos:

cuando Jesús cuenta una parábola, una historia a la gente o a sus discípulos no quiere sacar la moraleja de todas las cosas que dice, sino que apenas quiere subrayar un elemento, una idea. En este caso, podríamos resumir esa idea en un “hay que estar a lo que se está” y no despistarnos con otras cosas. Porque las que no estuvieron a lo que tenían que estar (estar preparadas para el momento en que llegase el novio) se quedaron fuera. Así de simple. No se trata de que fuesen condenadas al infierno ni nada parecido. La parábola nos llama a estar atentos porque, como dice al final, “no sabemos el día ni la hora.”


La parábola tiene fácil aplicación a nuestras vidas. Si estamos a seguir a Jesús no estamos con otras veinte mil cosas en la cabeza. Si estamos a servir a nuestros hermanos (que son para nosotros siempre la imagen viva de Jesús – el novio), no estamos a otros negocios. Lo urgente es lo importante. Y la urgencia, para el cristiano, la marca siempre, siempre, la necesidad del hermano, y en especial, la del hermano necesitado.


Jesús nos invita a estar atentos, a no vivir despistados, a no estar centrados en nuestro ombligo, sino a mirar alrededor y descubrir continuamente donde nos está llamando el novio, Jesús. No vaya a ser que llegue y seamos nosotros los que estemos mirando para otro lado. Y le dejemos pasar.

jueves, 27 de agosto de 2026

Jueves de la XXI Semana del Tiempo Ordinario. Santa Mónica

Primera Lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,1-9):

Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Palabra de Dios


Salmo 144,R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey


 Santo Evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús, con gran sentido común, nos avisa a todos en el texto evangélico de hoy. “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.” La verdad es que el futuro no lo controlamos. De ninguna manera. Ni el futuro lejano. Ni el futuro cercano. Lo que tenemos es este presente, este ahora, en el que estamos, con el tiempo –segundos, minutos, horas…– que se nos va escapando como la arena de la playa se nos va cayendo de entre los dedos de la mano donde intentamos retenerla.


Es ahora y no mañana cuando tenemos que vivir en cristiano. Es ahora y no mañana cuando tenemos que perdonar, que ser misericordiosos, que trabajar por la justicia y la fraternidad. Es ahora y no mañana cuando tenemos que dar la mano al hermano o hermana necesitado y compartir lo que tenemos. Sobre todo, porque no sabemos si tendremos un mañana. Pero, más importante, para no desperdiciar este presente que tenemos, para no tirar por la borda este ahora que es lo único que tenemos.


A la hora que menos pensemos llegará el Hijo del Hombre y nos preguntará qué hemos hecho con nuestra vida. Y no valdrá de nada decir que en nuestra programación lo de vivir el Evangelio lo teníamos planificado para mañana. Porque ya será tarde.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Miércoles de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,6-10.16-18):

En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros. Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Palabra de Dios


Salmo 127,R/. Dichosos los que temen al Señor


Santo Evangelio según san Mateo (23,27-32):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús nos invita en el texto evangélico de hoy a ser un poco humildes y reconocer lo que realmente somos, con nuestras miserias, pequeñas o grandes, con nuestras limitaciones. Basta, quizá, con que echemos una mirada a nuestro pasado. ¿Quién puede decir que lo ha hecho todo bien? ¿Quién puede decir que está limpio de pecado? ¿Quién puede decir que no ha metido la pata nunca? El que escribe esto no puede responder afirmativamente a ninguna de estas preguntas. O bien, ¿quién es el que puede decir que, si yo hubiese estado allí, en aquel momento, yo habría hecho o yo habría dicho. Es fácil ver lo que habría que haber hecho o dicho a toro pasado. Pero, en realidad, no sabemos, no tenemos ni idea, de lo que habríamos hecho o dicho si hubiéramos estado delante del toro, en medio de alguna situación complicada. Hay muchas posibilidades de que nos hubiera vencido el temar y hubiésemos actuado cobardemente. Y si pensamos de otra manera, que yo hubiese… vale más que nos acordemos de Pedro y sus tres negaciones cuando le preguntaron en el momento en que estaban juzgando a Jesús si no era uno de los suyos.


Por eso, conviene que trabajemos un poco más la humildad. Conviene que seamos muy conscientes de lo que somos, de lo poquita cosa que somos. Conviene que tengamos presente nuestro pasado, nuestras meteduras de pata. No se trata de regodearnos en la culpabilidad para estar eternamente pidiendo perdón a Dios. Sino para ser conscientes, muy conscientes, de su misericordia, de su amor, de su paciencia con nosotros. Y gozarnos en él, que es nuestra vida.


Y conviene también que no juzguemos a los demás. Y si los juzgamos, que sea siempre con la misma misericordia que Dios tiene con nosotros: una misericordia y una compresión infinita, edificada sobre el amor y el cariño. Y nunca con la dureza y la fuerza del que pone la ley, nuestra ley, por encima de las personas. Porque Dios no hace eso nunca.

martes, 25 de agosto de 2026

Martes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario. San José de Calasanz, presbítero. San Luis de Francia

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,1-3a.14-17):

Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima. Que nadie en modo alguno os desoriente. Dios os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta. Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerzas para toda clase de palabras y de obras buenas.

Palabra de Dios


Salmo 95,R/. Llega el Señor a regir la tierra


Santo Evangelio según san Mateo (23,23-26):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Cuando nos sentimos enfermos, vamos al médico. Lo más común es que haga un diagnóstico de lo que tenemos y nos recete una serie de medicinas. “Tómese de esto una al desayuno, otra a la comida y otra a la cena y en cuatro días estará bien”. Cuando el médico nos dice algo así, nos resulta fácil seguir sus indicaciones. Pero si el médico nos dice que lo que tenemos que hacer es cambiar nuestro estilo de vida, de alimentación, que tenemos que hacer más ejercicio, etc., eso nos resulta mucho más complicado.


Pues algo así nos pasa en nuestra relación con Dios. Cuando la ritualizamos, nos resulta fácil sentirnos bien: tenemos que ir a misa todos los domingos (da un poco lo mismo cómo sea nuestra participación/atención), tenemos que confesarnos periódicamente, tenemos que rezar unas oraciones todos los días… Y cumpliendo esas normas, ya cumplimos con Dios. Ya nos podemos sentir bien y justificados. Y, de paso, podemos mirar mal a los que no cumplen esas normas.


Pero la verdad es que Jesús nos llama a mucho más que a cumplir unas normas. Casi podríamos decir que las normas le importan poco a Jesús. Lo que le importa es lo otro: la actitud del corazón, la misericordia dirigida sin límite a nuestros hermanos y hermanas, la capacidad de acogida, de generar fraternidad y perdón y justicia y amor. Todo eso es mucho más difícil que cumplir unas normas.


Por eso a veces nos pasa que filtramos el mosquito (buscamos cumplir con detalle las normas) pero nos tragamos el camello (nos olvidamos de amar sin límites, de trabajar por la fraternidad y la justicia). Pues eso, que no seamos como los escribas y fariseos hipócritas.

lunes, 24 de agosto de 2026

EN DIÁLOGO CON DIOS PADRE

 Los problemas de mis amigos, de tus hijos, me superan y, ante mí, aparece el «Siervo sufriente en la Historia».

Me consuela, Padre, hablar contigo, vivir tu Misterio, ensalzar tu nombre, confiar en tu Palabra y amar tu verdad.
Sé que a ellos les llegará tu Paz y que todos oirán con gozo en sus corazones.

«Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré».

Tu Hijo querido se inmoló suavemente, con todo el corazón de Hijo, para que todos los hombres tuviéramos libertad, un sentido nuevo y armónico de las cosas.

Déjanos adentrarnos en tu Espíritu misericordioso y hacer llegar tu Palabra de vida, de fraternidad, de interioridad y de comunión. Llévanos a todos por este camino de liberación, hasta sumergirnos en Ti.

Mi conciencia está tocada por un nuevo deseo de ser tu hija querida, de alabarte, de adorarte con todas las energías de mi existencia, que Tú impulsas cada amanecer; de servirte con mayor radicalidad y austeridad.

Me apasiona el ardor del corazón al contar a los hombres y mujeres tu maravillosa grandeza de Padre, toda la actividad creadora que hay en el ser humano, en mí, en las cosas que haces nacer, florecer y vivir con entusiasmo y alegría.

Sor María del Pilar Cano, OP.