lunes, 5 de octubre de 2026

Lunes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (1,6-12):

Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo. Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Palabra de Dios


Salmo 110,R/. El Señor recuerda siempre su alianza


Santo Evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»

Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El pasaje del Evangelio de hoy es conocidísimo y ha sido ampliamente citado. Toda la encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco, está centrada en esto. Muchas reflexiones y homilías de padres de la Iglesia insisten en el tema. A menudo, las reflexiones más modernas tienden más a enfatizar la necesaria caridad y el auxilio a las necesidades que deben practicar quienes siguen a Cristo. Ponen, por así decir, la moraleja de la parábola sobre nosotros. Así debemos hacer también nosotros. Nosotros debemos ser el “samaritano”. Ponernos en el lugar del “bueno” que hace por los demás, que se sacrifica, que da lo mejor. Y eso, por supuesto, es necesario y laudable. Pero no es suficiente. Quien pregunta a Jesús quién es su prójimo se ha colocado en el lugar de quien tiene buenas intenciones y quiere cumplir la ley del amor. Quiere alcanzar la vida eterna. Pero no lo puede hacer como superhéroe.


La cosa es que no se puede ser samaritano y alcanzar esa vida eterna si antes no hemos tenido un samaritano personal. Se debe dar vuelta a la pregunta. En lugar de “¿Quién es mi prójimo?”, podemos preguntar “¿Quién ha sido y quién es mi samaritano?” Es decir, ¿cómo y cuándo (y casi todos los días) caigo en la cuneta, a veces por mi propia culpa y otras veces por los golpes y vapuleos de la vida? A veces ni siquiera son golpes enormes o faltas enormes, sino los pequeños golpes, fallos, pecados, insultos, persecuciones, o injusticias sufridas o infligidas en otros, los que nos echan a cunetas esperando a que pase el samaritano. ¿De qué cunetas me saca, cada día, el Samaritano?


Reconocer al Cristo que se disfraza de Samaritano es poder “alcanzar la vida eterna”. ¿Quién nos da lo mejor de la vida: el vino que purifica, el aceite que suaviza y que unge para la batalla? Es quien da su propia Sangre, el Ungido de Dios que viene a ungir y a dar a su Espíritu, el óleo de la salvación.


Y ante todo esto, solo se puede dar la respuesta eucarística que sugiere el salmo: Daré gracias a Dios de todo corazón. Es la participación en la Eucaristía: da gracias, conviértete en lo que recibes. Es decir, reconoce al samaritano que viene a curar tus heridas y a llevarte sobre sus hombros, para convertirte en el samaritano que lleva otros. Recibe el pan partido y repartido para ser pan partido y repartido. Y así se alcanza la vida eterna.

domingo, 4 de octubre de 2026

ÁNGELUS DEL PAPA LEÓN XIV

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Las palabras del Evangelio que se proclaman en la liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre.


Ese rechazo violento, en efecto, no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt 21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!


Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno.


Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.


Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.


Después del Ángelus


Queridos hermanos y hermanas:


El domingo pasado, en Lourdes, he hecho la invitación a rezar el santo rosario, durante este mes de octubre, ofreciéndolo por la intención particular de que cesen las guerras y se construya la paz. De los primeros en comenzar fueron los niños, y lo están llevando a cabo. Del 1 al 7 de octubre, la Fundación “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, está promoviendo la iniciativa “Un millón de niños rezan el rosario”, por la paz y la unidad en el mundo. Agradezco de todo corazón a todos los niños y niñas que, en tantas partes del mundo, se unen a esta oración; y sigamos todos su ejemplo, invocando la intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra. En particular, recemos por Tierra Santa y por las víctimas inocentes de la violencia.


En los próximos días, con motivo del décimo aniversario de la Exhortación apostólica Amoris laetitia, tendrá lugar un encuentro en el Vaticano al cual he convocado a los jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas y a los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo. Será un momento de discernimiento sinodal, para identificar los pasos que hay que dar al anunciar el Evangelio hoy en día a las familias y a las generaciones jóvenes. Encomiendo esta tarea a la oración de ustedes, principalmente por las familias que, con la ayuda de Dios, son signo de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad.


Me da alegría ver las numerosas iniciativas con las que se celebra el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Recuerdo, en particular, las que se llevaron a cabo en Asís, con la presencia de las más altas autoridades del Estado italiano. Saludo también a los radioaficionados de Asís y Foligno que difunden el mensaje de paz de san Francisco.


Ahora les dirijo mi saludo a todos ustedes, aquí presentes hoy en la Plaza de San Pedro.


Doy la bienvenida a los participantes de la International Week of Sacred Music, organizada por el Pontificio Instituto de Música Sacra; así como a los fieles de Puente Alto de Santiago de Chile; y a los profesores y alumnos del Gymnasium Sankt Bonaventura de Dilinga, Alemania.


Saludo a los confirmandos de Pinerolo; a los fieles de Fasana Polesine; a los jóvenes del Valle Brembana que caminaron sobre la Vía Francígena desde Viterbo hasta Roma; a la Asociación FIABA, que promueve campañas para mejorar la accesibilidad de los lugares públicos; al grupo Mamme che regalano un sorriso de Tarento; y a la asociación Studenti con le Stellette, de Lurago d’Erba.


Bendigo de corazón a los fieles que hoy, desde esta Plaza, peregrinarán hacia el Santuario de la Virgen de la Revelación en Via Laurentina, siguiendo con la tradición que comenzó el Papa Pío XII.


 Les deseo a todos un feliz domingo.

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (5,1-7):

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios


Salmo 79,R/. La viña del Señor es la casa de Israel


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,6-9):

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios


Evangelio

Santo Evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?» Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy contemplamos el misterio del rechazo de Dios en general, y de Cristo en particular. Sorprende la reiterada resistencia de los hombres ante el amor de Dios.


Pero la parábola hoy se refiere más específicamente al rechazo que los judíos tuvieron con Cristo: «Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron» (Mt 21,37-39). No es fácil entender esto: es porque Cristo vino a redimir al mundo entero, y los judíos esperan a su “mesías” particular que les dé a ellos el dominio de todo el mundo…


Cuando estuve en Tierra Santa me dieron un prospecto turístico de Israel donde están los judíos más famosos de la historia: desde Moisés, Gedeón y Josué hasta Ben Gurión, que fue el realizador del Estado de Israel. Sin embargo, en ese prospecto no está Jesucristo. Y Jesús ha sido el judío más conocido de la historia: hoy se le conoce en el mundo entero, y ya hace dos mil años que murió…


A los grandes personajes, al cabo del tiempo, se les admira, pero no se les ama. Hoy nadie ama a Cervantes o a Miguel Ángel. Sin embargo, Jesús es el más amado de la historia. Hombres y mujeres dan la vida por amor a Él. Unos de golpe en el martirio, y otros “gota a gota”, viviendo sólo para Él. Son miles y miles en el mundo entero.


Y Jesús es el que más ha influido en la historia. Valores hoy aceptados en todas partes, son de origen cristiano. No sólo eso, sino que además se constata que hoy hay un acercamiento a Jesucristo, también entre judíos (“nuestros hermanos mayores en la fe”, como dijera San Juan Pablo II). Pidamos a Dios particularmente por la conversión de los judíos, pues este pueblo, de grandes valores, convertido al catolicismo, puede ser un gran beneficio para la humanidad entera.

sábado, 3 de octubre de 2026

Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. Santa María en sábado Sábado

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (42,1-3.5-6.12-16):

Job respondió al Señor: «Reconozco que lo puedes todo, y ningún plan es irrealizable para ti, yo, el que te empaño tus designios con palabras sin sentido; hablé de grandezas que no entendía, de maravillas que superan mi comprensión. Te conocía sólo de oídas, ahora te han visto mis ojos; por eso, me retracto y me arrepiento, echándome polvo y ceniza.»

El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio; sus posesiones fueron catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas. Tuvo siete hijos y tres hijas: la primera se llamaba Paloma, la segunda Acacia, la tercera Azabache. No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les repartió heredades como a sus hermanos. Después Job vivió cuarenta años, y conoció a sus hijos y a sus nietos y a sus biznietos. Y Job murió anciano y satisfecho.

Palabra de Dios


Salmo 118 R/. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo


Santo Evangelio según san Lucas (10,17-24):

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»

Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

Palabra del Señor


Compartimos

Aquellos setenta y dos entiendo que no debían ser grandes lumbreras en cuanto a estudios y preparación académica. Jesús los había escogido de entre la gente que lo seguía. Nada más. Es de suponer que no habían ni siquiera pasado mucho tiempo en ese seguimiento. Así que tampoco podían haber aprendido mucho de las palabras de Jesús, que, por otra parte, tampoco es que fuese muy académico ni intelectual en sus discursos. Se quedaba contento con hacerse entender por la gente sencilla con sus parábolas e historias simples. Al final, el mensaje era sencillo y claro (quizá hoy diríamos que “populista”): El Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en la Buena Nueva. Porque, eso parece que todos lo tenían claro: la cercanía del reino era una buena noticia (nade terrores apocalípticos ni amenazas de condenación eterna). Conclusión: imagino que el mensaje de los 72 debía ser también muy simple: hemos escuchado a uno que dice esto y esto. Venid a escucharle porque lo que dice es bueno. Mensaje simple pero claro. Ellos no se ponían en el centro (no se trataba de que los escuchasen a ellos) sino que señalaban a Jesús.


Digo esto porque hace un tiempo participé en una reunión donde se hablaba del acompañamiento espiritual (antes más llamado “dirección espiritual”) y de cómo en ese contexto a veces se daban verdaderos abusos de autoridad. Señalaban algunas de las víctimas que el director/acompañante tendía a veces a ponerse en el lugar de Dios, en ven de invitar a la persona a escuchar ella misma a Jesús. Ahí era precisamente donde se daba el abuso: cuando el director suplantaba a Dios mismo y se ponía él en el centro de la relación, como amo y señor del acompañado.


Conclusión: anunciar el Evangelio es anunciar a Jesús e invitar a todos a que le escuchen, a que ellos mismos se encuentren con su palabra, con su testimonio y dejen que el mensaje de la Buena Nueva les llegue al corazón. Y quitarse de en medio, para no ocultar al que es verdaderamente importante: Jesús. Aquellos 72 lo hicieron bien. ¿Y nosotros?

viernes, 2 de octubre de 2026

Los Santos Ángeles Custodios.

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (23,20-23):

He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado. Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre. Si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios. Mi ángel caminará delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y yo los exterminaré.

Palabra de Dios


Salmo 90 R/. Ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden en sus caminos


Santo Evangelio según san Mateo (18,1-5.10):

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?»

Él llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: «Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño ése es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.

Palabra del Señor


Compartinos:

Cuando éramos niños, nos enseñaron, probablemente nuestras madre, una oración que decía: “Ángel de la guarda, / dulce compañía, / no me dejes solo / ni de noche ni de día”. Había que rezarla al momento de meterse en la cama. Cuando fui más mayor y aprendí a conducir, me dijeron, entre risa y bromas, que el ángel de la guarda, cuando la aguja que marcaba la velocidad superaba los cien kilómetros por hora, automáticamente se bajaba automáticamente del coche. A partir de ese momento, el conductor era el responsable del coche y el ángel de la guarda se liberaba de toda responsabilidad en caso de que algo sucediese.


Es que al final, con todas nuestras limitaciones, que son muchas (y cada uno puede mirarse al espejo y ser honestos consigo mismo), el Señor nos ha regalado la libertad y con ella la carga de la responsabilidad de nuestros actos. Porque no hay libertad sin responsabilidad. Otra cosa es que nunca nos va a faltar la misericordia de Dios que es paciente con nuestras debilidades y meteduras de pata. Pero estamos llamados a ser responsables de nuestros actos. Eso conlleva que dejemos de echar la culpa a los demás. Aquello que hizo Adán en el Paraíso con la dichosa manzana (“Es que fue Eva la que me la dio y me dijo que era buena…”).


El ángel de la guarda es una forma encantadora de hablar de esa presencia gratuita y amorosa de Dio cerca de nosotros, a nuestro lado. El ángel de la guarda no está para resolvernos los problemas ni librarnos de los dolores. No nos exime de asumir nuestros deberes. Nos apoya, nos acompaña, nos anima. Pero no puede dar ni un paso por nosotros. Somos nosotros los que tenemos que caminar y llevar adelante nuestra vida. Como dice el Evangelio de hoy, somos nosotros los que tenemos que escuchar la Palabra y caminar por las sendas de la vida fieles a los valores del Reino. Como Jesús.

jueves, 1 de octubre de 2026

Jueves de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (19,21-27):

Job dijo: «¡Piedad, piedad de mí, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios! Por qué me perseguís como Dios y no os hartáis de escarnecerme? ¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre; con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo verán. ¡Desfallezco de ansias en mi pecho!»

Palabra de Dios


Salmo 27,R/. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida


Santo Evangelio según san Lucas (10, 1-12):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.» Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Es verdad que hacen falta sacerdotes en la Iglesia, sacerdotes que sirvan a sus comunidades, que presidan la eucaristía, que celebren los sacramentos. Pero los sacerdotes no lo son todo en la Iglesia. Ni lo pueden ni deben ser.


La realidad es que la Iglesia somos todos. Podría decir que desde el papa hasta el último miembro de una comunidad, uno sin cargos ni cargas. Pero quizá tendría que decirlo de otra manera. La Iglesia somos todos desde el laico que vive su vida cristiana en todo momento, en su familia, en su trabajo, en sus relaciones de amistad, en su participación política hasta el papa que, en Roma, es la cabeza visible de la unidad de una comunidad de creyentes que está al servicio del Evangelio y nunca de sí misma.


Si esto es así, entonces las instrucciones de Jesús en el texto evangélico de hoy no se dirigen a los sacerdotes de forma exclusiva sino a todos los cristianos, a todos los que nos hemos encontrado con Jesús y, a través de él, hemos descubierto el mensaje del amor, que es Dios mismo


A todos se nos pide que seamos mensajeros de la buena nueva del Evangelio y de la salvación. Lo nuestro no son las grandes teologías sino un mensaje muy sencillo: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios”. Y un deseo vivo de llevar y entregar la paz a los que nos reciban y escuchen. No se precisa de muchos medios que puedan llevar a ocultar, disimular o tergiversar el mensaje. Quizá ni siquiera habrá que hablar mucho. Lo importante es el testimonio de vida, la cercanía a los pobres y la preferencia por ellos. Lo importante es poner al descubierto como hemos experimentado en nuestra propia vida la misericordia de Dios y como llevamos esa misericordia (escucha, amor, comprensión, curación…) a los demás, empezando por los más necesitados, los más alejados, los más marginados… Porque sin ellos no hay Reino.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

El Papa a las monjas contemplativas: El silencio es un acto de la voluntad

La Comisión Internacional de Monjas Contemplativas Dominicas fueron recibidas en audiencia por León XIV, quien les exhortó a fortalecer el valor del silencio en la vida claustral en “un mundo marcado por la velocidad”.

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano


“Fe y llamada pueden orientar también este encuentro nuestro”, expresó el Papa León XIV al recibir la mañana de este 30 de septiembre la Comisión Internacional de Monjas Contemplativas Dominicas para afirmar “que la vocación contemplativa, en el espíritu dominico y en la Iglesia entera, no se ubica en los márgenes de la misión, sino que es su corazón latente”.


El Pontífice manifestó su agrado al recibirlas “al poco tiempo del reconocimiento de las virtudes heroicas de la sierva de Dios Sor María Petra Giordano, monja profesa de la Orden de Predicadores, que ha hecho de la fe y de la vocación los puntos fijos de su vida consagrada”.


También recordó el Papa los aportes de la espiritualidad dominicana que orientan la vocación religiosa contemplativa, como los escritos de Jordán de Sajonia que describió “a las monjas de las primeras comunidades femeninas, dedicándose principalmente a la oración contemplativa y al estudio, acompañaron con la penitencia la predicación de los hermanos, participando del mismo carisma”.


Y santo Tomás de Aquino que “retoma la intuición de santo Domingo, según la cual cada palabra de anuncio, para que sea verdadera, debe tener su origen en el silencio, la escucha, la oración y una profunda relación con Dios”.


El silencio y la oración

Así el Papa exhorta a las monjas a que sus encuentros “sean siempre, en primer lugar, momentos de encuentro común con el Señor: en la oración, en la escucha recíproca, en la corrección fraterna y en la reconciliación”. Con énfasis especial en “el silencio” como valor fundamental de la vida claustral.


“Hacer silencio es un acto de la voluntad, que implica toda la persona y que ayuda a vivir relaciones sólidas, porque están animadas por la Palabra de Dios. Es crear espacios de libertad y de verdad, en los cuales custodiar la atención, volviéndose sensibles a la voz de quien “no cuenta”, y madurando sabiduría y generosidad”, dijo.


Escuchar la voz del Espíritu

Reiteró el Santo Padre que el valor del silencio, “es particularmente importante en un mundo marcado por la velocidad, en el cual todo tiene que ser inmediatamente visible y cada vacío es llenado con rapidez”.


Finalmente, el Papa las invitó a escuchar “qué pide el Espíritu, hoy, a la vida contemplativa dominica, siendo conscientes de que, antes que gestiones que realizar, hay una llamada a la que responder, un fuego que arde y que no se puede dejar morir, como decía santa Catalina de Siena”.


“Su servicio a la Iglesia es precioso: continúenlo con confianza, en la comunión y con discernimiento, unidas pero sin uniformarse, fieles a la tradición y abiertas a la novedad, contemplativas porque son capaces de llevar al mundo delante de Dios”, concluyó León XIV.