miércoles, 28 de octubre de 2026

 Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,19-22):

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios


Salmo 18,R/. A toda la tierra alcanza su pregón


 Santo Evangelio según san Lucas (6,12-19):

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor


Compartimos:

Las fiestas de los santos fijan su mirada en algún personaje histórico y reparan en el modo en que Cristo Jesús y su evangelio han influido y transformado su vida. No se trata de exaltar al héroe que se ha hecho a sí mismo, sino la gracia de Dios que ha producido efectos de bondad y santidad en la persona que la acoge. Pero, ¿qué decir cuando de los santos que celebramos no sabemos casi nada? Es lo que sucede hoy con los apóstoles Simón y Judas. De ellos solo sabemos que eran miembros del grupo de los doce, y apenas nada más. Y las escasas informaciones sobre ellos ni siquiera son coincidentes. Así, Lucas dice de Simón, que era “zelota”, militante antirromano, mientras que Mateo y Marcos lo llaman simplemente “cananeo”. Respecto de Judas, incluso hay discrepancias sobre su nombre, pues Mateo y Marcos llaman Tadeo, al que Lucas designa como Judas, “el de Santiago” (el de Jacob, en el original), que tampoco dice mucho, pues Jacob era un nombre muy frecuente entre los judíos. De Judas, eso sí, tenemos el testimonio de que le preguntó a Jesús por qué se manifestaba solo a ellos y no al mundo, y la tradición le atribuye la autoría de una breve carta del Nuevo Testamento.


Esta escasez de datos nos permite, sin embargo, centrarnos en algunos rasgos esenciales de la vocación apostólica y en la influencia que tiene en nosotros. La primera, sin duda, es la relación personal con Cristo. Por eso es importante que, pese a la escasez de datos, sepamos que Jesús los llama por el nombre. Y además lo hace después de pasarse un noche en oración. Una decisión tan importante no puede tomarse a la ligera. Dios no nos toma a la ligera, no nos trata “a bulto”, en general. Antes de llamarnos por el nombre, cualquiera que sea nuestra vocación, se lo piensa bien, medita. Es difícil imaginarse algo así en Dios, pero Jesús, imagen visible del Padre, nos lo muestra con claridad. En segundo lugar, vemos que la llamada de los doce no es una segregación, un privilegio que pone a los elegidos a parte o por encima. Al contrario, tras el nombramiento Jesús se acerca a las gentes, las multitudes (discípulos y pueblo, sin limitaciones) lo rodean, lo escuchan, son curados por Él. Es claro que el encuentro con la humanidad, sin distinciones, es parte esencial de la vocación apostólica, que participa de esa fuerza curativa de Jesús. Es la fuerza del amor de Dios, que convierte a los extraños y forasteros en conciudadanos, en miembros de la familia de Dios Padre, en hermanos en Cristo.


Todos participamos de la vocación apostólica, aunque no seamos apóstoles, porque todos estamos edificados sobre el cimiento de los apóstoles. Y eso significa sabernos llamados por Jesús por el nombre (tras una noche en oración), incorporarnos a la familia de Dios y ser constructores de fraternidad, de ese templo hecho de piedras vivas al que todo ser humano, sin distinción, está llamado a integrarse.

martes, 27 de octubre de 2026

Martes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,21-33):

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios


Salmo 18,R/. Dichosos los que temen al Señor


Santo Evangelio según san Lucas (13,18-21):

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»

Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El texto de la carta a los Efesios sería (y es) repudiado por el feminismo contemporáneo. Chirría a nuestros oídos, imbuidos de la exigencia de igualdad, eso del sometimiento. Y más, en el caso de que se conmine a la esposa a someterse a su marido y, encima, “en todo”. El feminismo contemporáneo es un movimiento que tiene su primer impulso en una justa reivindicación de la igualdad de derechos de la mujer, y que tiene sus raíces últimas en la convicción cristiana de la condición personal del ser humano, que no admite discriminaciones que ofenden la dignidad personal de varones y mujeres. Pero, en realidad, el sometimiento del que se habla aquí es muy distinto de ese sometimiento indebido basado en prejuicios y en la fuerza. No debemos olvidar las palabras que abren el texto: “Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano.” Es un sometimiento, en primer lugar, mutuo. Y está basado no en la humillación del débil por el fuerte, sino en el “respeto cristiano”, es decir, en el mandamiento del amor. La mujer se somete al marido por amor, como María se somete de buena gana a la voluntad de Dios y se hace libremente servidora, esclava del Señor. Pero es que el marido debe amar a su mujer entregándose a ella y amándola como a su propio cuerpo, que es lo mismo que someterse a ella para servirla con libertad. Cuando María se sometió a la voluntad de Dios y acogió la Palabra, fue esta Palabra la que se sometió a María, haciéndose dependiente de su seno. El amor matrimonial es una expresión privilegiada del misterio del amor de Dios hacia la humanidad, realizado en la encarnación de Cristo y en su prolongación en la Iglesia. En los pequeños y cotidianos gestos del amor conyugal y familiar podemos ver un buen ejemplo de esas pequeñas, casi insignificantes semillas, que crecen y dan cobijo, hogar y protección a muchos, que como fermento en la masa, transforman este mundo para mejor, en el sentido del Reino de Dios.

lunes, 26 de octubre de 2026

Una invitación a conocernos, como laicos seglares de la Orden de Predicadores

 Jueves 29 de octubre en la Iglesia de las MM. Dominicas de Torredonjimeno a las cinco de la tarde tenemos la apertura del curso, les invitamos y les agradecemos que nos acompañen.

 Celebra la santa Misa, Padre Félix O.P de Cordoba.

¿Dominicos y dominicas que no son monjas ni frailes? ¿Te imaginas que te atrae el estilo de ser cristiano de los dominicos, pero quieres vivir tu fe en la calle, en el trabajo, en la familia…? Si así fuera, no te preocupes, no te estaría pasando nada raro. Lleva siglos ocurriéndole a muchos cristianos y cristianas.

 

Desde que se fundó la Orden de los dominicos ha habido muchos cristianos que han querido vivir su fe en ella, no como frailes ni como monjas, sino como laicos, en medio de los quehaceres de cada día. En realidad, incluso antes de que se fundara.  Cuando Santo Domingo predicaba por el sur de Francia allá por los primeros años del siglo XIII, los primeros que se le unieron para ayudarle fueron: el grupo de mujeres que originaría la primera comunidad de monjas en Prulla y algunos laicos que le prometieron fidelidad y que se entregaron a la misión desarrollada por Santo Domingo.

Lunes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,32–5,8):

Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Por otra parte, de inmoralidad, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de santos. Y nada de chabacanerías, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de sitio. Lo vuestro es alabar a Dios. Meteos bien esto en la cabeza: nadie que se da a la inmoralidad, a la indecencia o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con argumentos especiosos; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos; porque en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz.

Palabra de Dios


Salmo 1 R/ Seamos imitadores de Dios, como hijos queridos


 Santo Evangelio según san Lucas (13,10-17):

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.

Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»

Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Palabra del Señor


Compartimos:

 Vemos a Jesús realizar una acción que proclama su mesianismo. Y ante ella el jefe de la sinagoga se indigna e increpa a la gente para que no vengan a curarse en sábado: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado» (Lc 13,14).


Me gustaría que nos centráramos en la actitud de este personaje. Siempre me ha sorprendido cómo, ante un milagro evidente, alguien sea capaz de cerrarse de tal modo que lo que ha visto no le afecta lo más mínimo. Es como si no hubiera visto lo que acaba de ocurrir y lo que ello significa. La razón está en la vivencia equivocada de las mediaciones que tenían muchos judíos en aquel tiempo. Por distintos motivos —antropológicos, culturales, designio divino— es inevitable que entre Dios y el hombre haya unas mediaciones. El problema es que algunos judíos hacen de la mediación un absoluto. De manera que la mediación no les pone en comunicación con Dios, sino que se quedan en la propia mediación. Olvidan el sentido último y se quedan en el medio. De este modo, Dios no puede comunicarles sus gracias, sus dones, su amor y, por lo tanto su experiencia religiosa no enriquecerá su vida.


Todo ello les conduce a una vivencia rigorista de la religión, a encerrar su dios en unos medios. Se hacen un dios a medida y no le dejan entrar en sus vidas. En su religiosidad creen que todo está solucionado si cumplen con unas normas. Se comprende así la reacción de Jesús: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?» (Lc 13,15). Jesús descubre el sinsentido de esa equivocada vivencia del sabath.


Esta palabra de Dios nos debería ayudar a examinar nuestra vivencia religiosa y descubrir si realmente las mediaciones que utilizamos nos ponen en comunicación con Dios y con la vida. Sólo desde la correcta vivencia de las mediaciones podemos entender la frase de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras».

domingo, 25 de octubre de 2026

ÁNGELUS DEL PAPA LEÓN XIV

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!


En el Evangelio de hoy (cf. Mt 22,34-40) el Señor nos conduce una vez más al corazón de nuestra fe. Un doctor de la Ley, para poner a prueba a Jesús, le pregunta: «¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» (v. 36). El Maestro responde citando un pasaje del Deuteronomio: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (v. 37; cf. Dt 6,5). Cristo indica como elemento central de la relación con Dios la dimensión del amor. No es suficiente saber que Dios existe, que es único o que es omnipotente; el Señor nos pide una relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios.


En el encuentro con Él, el mandamiento del amor no es una obligación ni una imposición. No se puede amar “por mandato”. El amor a Dios es la exigencia propia del deseo del hombre, que halla su cumplimiento en la comunión con Él. Por eso, nuestro amor puede ser auténtico cuando es respuesta a su amor, que siempre nos precede. De allí la necesidad de una totalidad que involucre a toda la persona: corazón, alma y mente.


Al primer mandamiento, el Señor une un segundo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22,39). Esta regla de vida surge de una misma fuente; por eso, dice Jesús, es semejante a la primera. De la relación íntima con Dios somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y al prójimo con la misma mirada de Cristo, según su perspectiva. De este modo, se vence el egoísmo y también el amor por uno mismo se hace caridad; nuestra existencia se dirige hacia el otro y se hace don para quien está a nuestro lado.


Santa Teresa del Niño Jesús lo comprendió bien: “Solo el amor —escribía— puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio” (cf. Obras completas, Manuscrito B, 3v°, Burgos 2006, 261). Sin él, en efecto, nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana.


Queridos amigos, no podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas. Y no podemos amar realmente a nuestro prójimo sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús.


Pidamos al Señor la gracia de un corazón nuevo, capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento. Que interceda por nosotros la Virgen María, en cuyo corazón inmaculado no hay más que amor.


Queridos hermanos y hermanas:


Sigo con preocupación la grave situación humanitaria en Yemen, particularmente en la ciudad de Taiz, donde la población sufre a causa de la falta de alimentos, de agua y de atención médica. Dirijo un llamamiento urgente para que cesen las hostilidades y se garantice al pueblo yemenita y a todos los pueblos de la región poder vivir en paz.


Aseguro mi oración por quienes han fallecido o han resultado heridos el pasado viernes en el atentado terrorista contra los fieles de la iglesia ortodoxa de St. George ad Hamoud, en Jordania. Expreso mi cercanía a esa comunidad y a todo el país, que se distingue por la convivencia pacífica y el respeto entre las diferentes religiones.


Seguimos rezando juntos por la paz. Pasado mañana, 27 de octubre, unámonos espiritualmente a los representantes de las Iglesias y a los líderes religiosos que se reunirán en Asís en el 40 aniversario del Encuentro convocado por san Juan Pablo II. Hoy más que nunca es evidente que las guerras, además de sembrar muerte y destrucción, empobrecen y dañan al mundo. ¡Que el Señor inspire decisiones de diálogo y de paz!


Les saludo a todos ustedes, queridos fieles de Roma y peregrinos de diferentes países.


Doy la bienvenida a los miembros del Centro Académico Romano Fundación, de España; al grupo del Colegio St. Ciaran’s de Ballygawley, en Irlanda, y al de las Escuelas “San Juan Pablo II”, de la Diócesis de Opole, Polonia.


Me alegra recibir a los dirigentes del Ceremonial de algunos ministerios y departamentos gubernamentales italianos.    


Saludo a los miembros de la asociación “Solidaridad en buenas manos”, de Castiglion Fiorentino, y al grupo de coetáneos de Concorezzo que han venido en peregrinación por sus 70 años.


Les deseo a todos un feliz domingo.

XXX Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (22,20-26):

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Palabra de Dios


Salmo 17,2-R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,5c-10):

Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios


Evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor


Compartimos:

En el prefacio, hoy el sacerdote recita lo que la liturgia determina para la  Misa votiva del Sagrado Corazón: Damos gracias por Cristo Jesús que con amor admirable se entregó por nosotros… Y en el Evangelio escuchamos un relato que se repite en otros  y que algunos comentaristas han llamado el “secreto mesiánico”. Jesús ordena a los discípulos que guarden silencio sobre su condición de Mesías. No niega ser realmente el Mesías de las promesas, el esperado por Israel pero no quiere que esto confunda y escandalice cuando sea condenado por el sanedrín y entregado a la muerte.


Se dice al principio que Jesús estaba orando solo y parece que, de pronto, se dirige a los discípulos con dos preguntas: ¿que dice de mí la gente? ¿qué decis vosotros? La gente habla de él como uno de los profetas, Pedro no lo duda: es el Mesías. Entpnces Jesús les manda callar.


Su misión no podía ligarse a un mesianismo político y triunfalista, sino que debía conducirse pacientemente hacia el calvario; porque solo en la total vulnerabilidad de la cruz el secreto se rompe, revelando simultáneamente el escenario de las maquinaciones sociales y políticas pero también el misterio definitivo del amor divino.


Jesús en la oración y en el silencio abraza y asume por completo el fin por el que el Hijo ha adquirido una naturaleza humana. Porque era necesario que ocurriera así para redimir a la humanidad al liberarla del pecado. Para que fuéramos curados en sus llagas y volviéramos a la dignidad de hijos del Padre.


La Cruz nos ha liberado por Jesucristo y abrazando la Cruz podemos ofrecernos como Él por la salvación de todos. Y bien sabemos que en toda vida humana hay una cruz o muchas y podría ser que meditando las palabras de Jesús, en el silencio de la oración personal, aprendiéramos a cargar con ellas sin amargura ni resentimiento. Más bien como ocasión de gracia.

sábado, 24 de octubre de 2026

Sábado de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario. San Antonio María Claret, obispo. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,7-16):

A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.» El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor

Palabra de Dios


Salmo 121,R/. Vamos alegres a la casa del Señor


Santo Evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas.»»

Palabra del Señor


Compartimos:

Las estadísticas son claras. Aumenta en el mundo el número de católicos y cristianos de otras confesiones. Pero disminuye, de modo drámatico, en lo que fue la cristiandad o civilización cristiana de occidente: Europa y América. Disminuyen las vocaciones al sacerdocio o a la vida religiosa, hay menos bautizos y vida sacramental… Especialmente dramático el panorama en países tan arraigados históricamente en la Iglesia católica como Polonia, Irlanda o España.


Pero también se ha producido un fenómeno inesperado. Parece que está de moda, digámoslo así, que personajes de la ciencia, la política, las artes, el cine, el deporte… En fin, gente que se ha hecho famosa en los medios o en distintas plataformas digitales, se declare cristiana, católica de toda la vida o conversa reciente. Imágenes de Jesús, la Virgen o santos (a veces de la iconografía clásica y otras creadas con  inteligencia artificial) se difunden así como mensajes más o menos piadosos, oraciones… muchas noticias acerca de milagros o signos sobrenaturales… Y también la atención a supuestos avisos de la proximidad del fin de los tiempos.


Está de moda, sin duda, la curiosidad y, seguramente, el deseo de encontrar sentido en un mundo desquiciado. Lo de Herodes, creo, fue mera curiosidad. Dice el Evangelio de hoy que Herodes se enteró de lo que pasaba con Jesús y tenía ganas de verlo. A lo mejor, alguno que lea esto tiene en la mente, como yo, las imágenes cinematográfica de Herodes frente a Jesús cuando Pilatos lo envió a él  para evitarse problemas. Herodes, que al parecer no lo había visto hasta ese momento, se decepciona. Jesús no dice nada y no “produce un milagro” para complacer su curiosidad. Herodes era un mal tipo. Nos dice el texto de Lucas que confiesa sin temor que mandó decapitar a Juan. Cualquiera sabe, porque solo Dios conoce lo más íntimo de nuestro corazón. Solo cabe pedir al Señor que las conversiones, el amor a Jesús y esas manifestaciones de fe sean verdaderas y muestren al mundo no solo la sed sino la realidad de que hay sentido y esperanza. Que no sean curiosidad ni una moda pasajera.