domingo, 11 de octubre de 2026

 Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (25,6-10a):

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios


Salmo 22,R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,12-14.19-20):

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.» Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús nos muestra al rey (el Padre), invitando —por medio de sus “siervos” (los profetas)— al banquete de la alianza de su Hijo con la humanidad (la salvación). Primero lo hizo con Israel, «pero no quisieron venir» (Mt 22,3). Ante la negativa, el Padre no deja de insistir: «Mirad mi banquete está preparado, (...) y todo está a punto; venid a la boda» (Mt 22,4). Pero ese desaire, de escarnio y muerte de los siervos, suscita el envío de tropas, la muerte de aquellos homicidas y la quema de “su” ciudad (cf. Mt 22,6-7): Jerusalén.


Así es que, otros “siervos” (los apóstoles) —fueron enviados a ir por «los cruces de los caminos» (Mt 22,9): «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas...», dirá más tarde el Señor Jesús en Mt 28,19— y así fuimos invitados nosotros, el resto de la humanidad, es decir, «todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales» (Mt 22,10): la Iglesia.


Aun así, la cuestión no es sólo estar en la sala de bodas por la invitación, sino que tiene mucho que ver también con la dignidad con la que se está (el «traje de boda», cf. Mt 22,12). San Jerónimo comentó al respecto: «Los vestidos de fiesta son los preceptos del Señor y las obras cumplidas según la Ley y el Evangelio que son las vestiduras del hombre nuevo». Es decir, las obras de la caridad con las que se debe acompañar a la fe.


Conocemos que la Madre Teresa de Calcuta, salía todas las noches a las calles de Calcuta a recoger moribundos para darles, con amor, un buen morir: limpios, bien arropados y, si era posible, bautizados. Cierta vez comentó: «No tengo miedo de morir, porque cuando esté delante del Padre, habrá tantos pobres que le entregué con el traje de bodas que sabrán defenderme». ¡Bienaventurada ella! —Aprendamos la lección nosotros.

sábado, 10 de octubre de 2026

Sábado de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario. Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (3,22-29):

La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase. Así, la ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estarnos sometidos al pedagogo, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis vestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Palabra de Dios


Salmo 104,R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente


Santo Evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»


Palabra del Señor


Compartimos:

Los uniformes igualan. En lugares donde niños o jóvenes sufren desigualdades sociales, el uniforme colegial de alguna manera los protege. Para miembros de cuerpos de seguridad, músicos, oficiales de diversos grupos, deportistas, el uniforme es señal de identidad. Mientras se viste el uniforme, uno debe comportarse de una cierta manera, que no desprestigie el cuerpo al que representa. Es una especie de coraza y de seguridad social.


Esto es lo que viene a decir Pablo a los gálatas hoy. Revestidos de Cristo, ya no hay judíos ni gentiles, ni esclavos ni libres. Nos han puesto un uniforme, que ya no se puede quitar… “El Señor se acuerda de su alianza eternamente…” porque el revestirse de Cristo es compromiso, alianza, identidad imborrable… Bautismo y Confirmación, que, como nos decían en la catequesis, “imprimen carácter”. Es decir, una protección y una identidad indelebles.


La sorprendente declaración de Jesús hoy de que “benditos, más bien, los que escuchan la Palabra”, es una confirmación de esto. Quienes escuchan la Palabra y la observan, se han revestido de Cristo. Se han puesto ese uniforme de gracia y bondad, de protección e identidad, que los hace benditos. Escuchar y obedecer tienen muy parecida etimología. Escuchar es superado en sentido por obedecer, que significa “escuchar hacia adelante”, es decir, poner en práctica. Los “uniformados” por el Bautismo en Cristo y la Confirmación en el Espíritu, obedecen. Es decir, escuchan la Palabra y la cumplen, la observan. ¿Es María más o menos bendita? María escuchó y, de hecho, revistió físicamente a Jesús en su seno. Y a su vez, fue revestida por esa Palabra que escuchó en su corazón y que creyó. Por esa doble acción de dar a luz y revestirse, se puede decir que es la más bendita. Pero todos llevamos el mismo uniforme. Hay que mantener, sin embargo, la voluntad de vestirlo todos los días, a toda hora y dignamente. Y para eso, hay que ob-edire, es decir, escuchar cada día la Palabra y observarla. De otra manera, pondríamos en peligro nuestro uniforme y, de alguna manera, nos saldríamos de la comunidad de los salvados.

viernes, 9 de octubre de 2026

Viernes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario. San Juan Leonardi, presbítero.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (3,7-14):

Comprended de una vez que hijos de Abrahán son los hombres de fe. Además, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia: «Por ti serán benditas todas las naciones.» Así que son los hombres de fe los que reciben la bendición con Abrahán, el fiel. En cambio, los que se apoyan en la observancia de la ley tienen encima una maldición, porque dice la Escritura: «Maldito el que no cumple todo lo escrito en el libro de la ley.» Que en base a la ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque lo que está dicho es que «el justo vivirá por su fe», y la ley no arranca de la fe, sino que «el que la cumple vivirá por ella.» Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol.» Esto sucedió para que, por medio de Jesucristo, la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles, y por la fe recibiéramos el Espíritu prometido.

Palabra de Dios


Salmo 110,R/. El Señor recuerda siempre su alianza


Santo Evangelio según san Lucas (11,15-26):

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí.” Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»


Palabra del Señor

Compartimos:

Los mexicanos tienen una expresión muy aguda para el triunfo: “Ya la hice”. Es decir, yo, como se oía antes a menudo: “Ni robo, ni mato…” Ya la hice. Ya alcancé la salvación, como aquel que dice. O, yo creo en Dios y las cosas son entre Dios y yo. Y como ya no hay referente, puedo sentarme cómodamente a verlas venir.


Y entonces uno se vuelve tibio. Bíblicamente, la tibieza no es algo neutro e inofensivo… es causa de maldición. “Maldito quien no persevera”… dice la carta a los gálatas. El problema es que el que no come, acaba muriendo. Quien no se acerca a la Eucaristía acaba muriendo de hambre y ni siquiera se da cuenta de que tenía hambre. Abre la puerta a siete maneras de morir. No perseverar, según Cristo, es invitar al mal— a siete males. Sin darse uno cuenta, se puede uno poner al borde del abismo. Descuidarse, acomodarse, vivir sin la tensión del Padre nuestro que pide cada día que venga el Reino, dejar la Eucaristía, dejar de orar y dejar las buenas obras, es dejar que pasen los siete males, es decir, los pecados capitales: dejarse llevar por la envidia, la pereza, la gula, la ira, lujuria, la avaricia y la soberbia. Lo vemos todos los días y por todas partes y lo vemos en el pensamiento dominante de la relatividad: “lo que te haga feliz”.


En realidad, el primero que había entrado y que deja paso a los demás es la soberbia: “Ya la hice”. Y como ya la hice, lo que me place a mí, centro del mundo, es todo válido. Lo malo es que, a la larga, eso “válido” no satisface; siempre tengo que buscar algo más. La tibieza para con las cosas de Dios me lleva cada vez más lejos de la felicidad auténtica que es estar con Dios. Es la misma necedad a la que se refería ayer Pablo… habiendo comenzado por espíritu… habiendo comenzado por la verdad de Dios, agarrarse a la piedra y la serpiente, que son más fáciles de conseguir que el pan auténtico. Para conseguir el pan de cada día, todo padre y toda madre saben que tienen que trabajar cada día. Para que el Reino venga, todo cristiano sabe que tiene que luchar por lo justo y lo verdadero cada día. Para santificar el Nombre, todos sabemos que tenemos que vaciarnos del propio nombre.


Hay una maldición sobre el que no persevera, pero no es un castigo de un Dios severo e inmisericorde. Es la invitación que hacemos a los siete males. “Ya la hice…” ¿En serio?

jueves, 8 de octubre de 2026

Jueves de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (3,1-5):

¡Insensatos gálatas! ¿Quién os ha embrujado? ¡Y pensar que ante vuestros ojos presentamos la figura de Jesucristo en la cruz! Contestadme a una sola pregunta: ¿recibisteis el Espíritu por observar la ley o por haber respondido a la fe? ¿Tan estúpidos sois? ¡Empezasteis por el espíritu para terminar con la carne! ¡Tantas magníficas experiencias en vano! Si es que han sido en vano. Vamos a ver: Cuando Dios os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿por qué lo hace? ¿Porque observáis la ley o porque respondéis a la fe?

Palabra de Dios


Salmo Lc 1,69 R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,porque ha visitado a su pueblo


Santo Evangelio según san Lucas (11,5-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Palabra del Señor


Compartimos:

Es muy fácil ceder a la tentación de lo que parece más fácil. Pero también es total necedad. A ningún atleta se le ocurriría sentarse a mirar cómo pasa la carrera porque, al fin y al cabo, su equipo le va a pagar (aunque sea menos). A los políticos se les puede ocurrir, ciertamente, empezar por el bien del pueblo y terminar por el bien del propio bolsillo. Pero en el fondo, se conoce el sabor amargo del fracaso y la mentira. No puede haber ahí felicidad. Pablo se lo dice a los gálatas: ¿tan necios sois, que, habiendo comenzado por espíritu, acabáis por carne? ¿Os vais a conformar con un premio pasajero, prácticamente inútil y fracasado?


El evangelio insiste con comparaciones exageradas y aparentemente absurdas. ¿Daría un padre una piedra en lugar de pan? Claro, una piedra se puede conseguir a la puerta de casa; para el pan hay que esforzarse… Lo que puede resultar más fácil acaba siendo absurdo y, ciertamente, no lo mejor que puede dar alguien. ¿Tan necios sois? La reducción al absurdo puede ser un argumento potente. Es más fácil ceder a los caprichos de los hijos que darles la disciplina, el control y el orden que necesitarían y que es mejor a largo plazo y más beneficioso para su crecimiento.


Como Dios no es absurdo, nos dice Jesús, siempre da lo mejor. Pero somos nosotros quienes a veces somos absurdos. Pedimos la piedra y la llamamos pan y cuando recibimos lo que de verdad necesitábamos, nos parece que nuestra oración no ha sido escuchada. Una dificultad en el trabajo, un fracaso en una relación, una preocupación por un ser querido quizá no se resuelva como habríamos deseado, pero, si sabemos mirar más dentro, podemos ver la gracia del don mejor que se nos ha dado; el crecimiento en fortaleza, el impulso a servir, la luz de nuestro propio camino, la resurrección que está del otro lado de esta muerte. Lo contrario es la necedad de los gálatas, o el absurdo de llamar pescado a una serpiente, o huevo a un escorpión. Nadie como nuestro Padre sabe lo que necesitamos y lo que es bueno para nosotros.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Miércoles de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario. Nuestra Señora del Rosario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (2,1-2.7-14):

Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación. Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos. Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos; el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos me capacita a mí para la mía entre los gentiles. Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad, de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos. Una sola cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres, esto lo he tomado muy a pecho. Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible. Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión. Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el mismo Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación. Ahora que cuando yo vi que su conducta no cuadraba con la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?»

Palabra de Dios


Salmo 116,R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio


Santo Evangelio según san Lucas (11,1-4):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Palabra del Señor


Compartimos:

Jesús les dice a sus discípulos: Cuando oréis, decid, Padrenuestro… Y con eso, ¿Ya está conseguido el perdón y la salvación?


El asunto es que rezar el Padrenuestro consciente y sinceramente, compromete tremendamente y cambia la vida. Santificar el Nombre del Señor es reconocer el señorío de Cristo que se vació a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte… Y eso mismo es lo que se pide a sus seguidores, que no pueden ser mayores que su maestro.


Pedir que venga el Reino es anhelar y trabajar por la justicia, la paz y la vida que es el reinado de Dios. Que se haga su voluntad significa aceptar con la misma alegría y decisión lo que trae la vida y seguir escuchando para ver el camino, que no es siempre fácil. Que se nos dé el pan de cada día supone un abandono en la Providencia y un reconocimiento de que dependemos totalmente de Él y no de nuestras propias fuerzas. El buscar el perdón y extender el perdón exige una humildad y claridad fuertísimas y también pide una generosidad que reconoce cuánto hemos sido perdonados para así poder extender el perdón. Pedir no caer en la tentación y ser librados del mal es caminar vigilantes y de la mano de Dios.


Es todo un programa de vida. Ciertamente, no es una penitencia fácil.


Hoy celebramos también la memoria de Nuestra Señora del Rosario, auxilio de los cristianos en todos sus “lepantos” diarios. El ritmo de la oración “ruega por nosotros”, da fuerza y apoyo para todo momento del día. Es poner las exigencias que vienen de rezar bien el Padrenuestro en manos de la suave y misericordiosa Madre. Es muy bueno y obligatorio cumplir la penitencia. Pero no es “poca cosa”.

martes, 6 de octubre de 2026

Martes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario. San Bruno, presbítero

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol Pablo a los Gálatas (1,13-24):

Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor. Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo. Fui después a Siria y a Cilicia. Las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente; sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, y alababan a Dios por causa mía.

Palabra de Dios


Salmo 138 R/. Guíame, Señor, por el camino eterno


Santo Evangelio según san Lucas (10, 38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Palabra del Señor


Compartimos:

¿Está Jesús alabando la holgazanería? Claro que parece que la mejor parte es quedarse sentado escuchando y dejando que otros hagan… Y puede que la actitud de Jesús parezca algo injusta. ¡Pobre Marta! Se afanaba para que todo saliera bien… Y eso es muy bueno. Pero, como de costumbre, parece que Jesús va a algo más profundo. Se trata de elegir entre Dios y uno mismo. Se trata de no buscar todo el protagonismo para sí mismo, y de “quedar bien” haciendo mucho. Se trata de dejar aparcada la ansiedad… “tú te preocupas por muchas cosas…” Una sola es necesaria. Se trata de optar por lo más importante y dejar el protagonismo a Dios.


Y hay algo más en todo esto y la clave se nos da en la primera lectura. Los seguidores de Cristo se alegran de que, al fin, Pablo haya escogido la mejor parte. Que le haya llegado la gracia. Marta se resiente de que María haya escogido la mejor parte. Hay que pasar por encima de las comparaciones, el resentimiento y la envidia para alegrarse del bien de otros. María ha escogido lo mejor. Pablo ha escogido lo mejor. Pero la actitud de los de alrededor es muy distinta: entre el agradecimiento y el resentimiento. Alegrarse del bien del otro es principio de salvación, porque es celebrar la obra de Dios.


Por supuesto que Jesús no condena la actividad, que es necesaria. Pero busca el corazón, con pureza de intención y limpio de resentimientos. Dicen los padres de la Iglesia que siempre tiene que haber Martas y Marías: que se trata de buscar las manos de Marta pero el corazón de María. Un corazón no centrado en la preocupación y la ansiedad, sino en la escucha de Cristo. La acción tiene que brotar de la escucha. La escucha debe llevar a la acción. Pero a Dios no es necesario impresionarle con las buenas obras o la mucha actividad: Él conoce el corazón, como dice el Salmo hoy: tú conoces cuando me siento y cuando me levanto… hasta lo más íntimo. Tú sabes si he elegido la mejor parte que eres Tú, aunque al hacerlo tenga que desarrollar mucha actividad, o he elegido la actividad pero por mí mismo, y sin ti.

lunes, 5 de octubre de 2026

Lunes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (1,6-12):

Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo. Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Palabra de Dios


Salmo 110,R/. El Señor recuerda siempre su alianza


Santo Evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»

Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El pasaje del Evangelio de hoy es conocidísimo y ha sido ampliamente citado. Toda la encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco, está centrada en esto. Muchas reflexiones y homilías de padres de la Iglesia insisten en el tema. A menudo, las reflexiones más modernas tienden más a enfatizar la necesaria caridad y el auxilio a las necesidades que deben practicar quienes siguen a Cristo. Ponen, por así decir, la moraleja de la parábola sobre nosotros. Así debemos hacer también nosotros. Nosotros debemos ser el “samaritano”. Ponernos en el lugar del “bueno” que hace por los demás, que se sacrifica, que da lo mejor. Y eso, por supuesto, es necesario y laudable. Pero no es suficiente. Quien pregunta a Jesús quién es su prójimo se ha colocado en el lugar de quien tiene buenas intenciones y quiere cumplir la ley del amor. Quiere alcanzar la vida eterna. Pero no lo puede hacer como superhéroe.


La cosa es que no se puede ser samaritano y alcanzar esa vida eterna si antes no hemos tenido un samaritano personal. Se debe dar vuelta a la pregunta. En lugar de “¿Quién es mi prójimo?”, podemos preguntar “¿Quién ha sido y quién es mi samaritano?” Es decir, ¿cómo y cuándo (y casi todos los días) caigo en la cuneta, a veces por mi propia culpa y otras veces por los golpes y vapuleos de la vida? A veces ni siquiera son golpes enormes o faltas enormes, sino los pequeños golpes, fallos, pecados, insultos, persecuciones, o injusticias sufridas o infligidas en otros, los que nos echan a cunetas esperando a que pase el samaritano. ¿De qué cunetas me saca, cada día, el Samaritano?


Reconocer al Cristo que se disfraza de Samaritano es poder “alcanzar la vida eterna”. ¿Quién nos da lo mejor de la vida: el vino que purifica, el aceite que suaviza y que unge para la batalla? Es quien da su propia Sangre, el Ungido de Dios que viene a ungir y a dar a su Espíritu, el óleo de la salvación.


Y ante todo esto, solo se puede dar la respuesta eucarística que sugiere el salmo: Daré gracias a Dios de todo corazón. Es la participación en la Eucaristía: da gracias, conviértete en lo que recibes. Es decir, reconoce al samaritano que viene a curar tus heridas y a llevarte sobre sus hombros, para convertirte en el samaritano que lleva otros. Recibe el pan partido y repartido para ser pan partido y repartido. Y así se alcanza la vida eterna.