viernes, 28 de agosto de 2026

Viernes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario, San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,17-25):

No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo, judíos o griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios


Salmo  32 R/. La misericordia del Señor llena la tierra


 Santo Evangelio según san Mateo (25,1-13):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Palabra del Señor


Compartimos:

cuando Jesús cuenta una parábola, una historia a la gente o a sus discípulos no quiere sacar la moraleja de todas las cosas que dice, sino que apenas quiere subrayar un elemento, una idea. En este caso, podríamos resumir esa idea en un “hay que estar a lo que se está” y no despistarnos con otras cosas. Porque las que no estuvieron a lo que tenían que estar (estar preparadas para el momento en que llegase el novio) se quedaron fuera. Así de simple. No se trata de que fuesen condenadas al infierno ni nada parecido. La parábola nos llama a estar atentos porque, como dice al final, “no sabemos el día ni la hora.”


La parábola tiene fácil aplicación a nuestras vidas. Si estamos a seguir a Jesús no estamos con otras veinte mil cosas en la cabeza. Si estamos a servir a nuestros hermanos (que son para nosotros siempre la imagen viva de Jesús – el novio), no estamos a otros negocios. Lo urgente es lo importante. Y la urgencia, para el cristiano, la marca siempre, siempre, la necesidad del hermano, y en especial, la del hermano necesitado.


Jesús nos invita a estar atentos, a no vivir despistados, a no estar centrados en nuestro ombligo, sino a mirar alrededor y descubrir continuamente donde nos está llamando el novio, Jesús. No vaya a ser que llegue y seamos nosotros los que estemos mirando para otro lado. Y le dejemos pasar.

jueves, 27 de agosto de 2026

Jueves de la XXI Semana del Tiempo Ordinario. Santa Mónica

Primera Lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,1-9):

Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Palabra de Dios


Salmo 144,R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey


 Santo Evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús, con gran sentido común, nos avisa a todos en el texto evangélico de hoy. “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.” La verdad es que el futuro no lo controlamos. De ninguna manera. Ni el futuro lejano. Ni el futuro cercano. Lo que tenemos es este presente, este ahora, en el que estamos, con el tiempo –segundos, minutos, horas…– que se nos va escapando como la arena de la playa se nos va cayendo de entre los dedos de la mano donde intentamos retenerla.


Es ahora y no mañana cuando tenemos que vivir en cristiano. Es ahora y no mañana cuando tenemos que perdonar, que ser misericordiosos, que trabajar por la justicia y la fraternidad. Es ahora y no mañana cuando tenemos que dar la mano al hermano o hermana necesitado y compartir lo que tenemos. Sobre todo, porque no sabemos si tendremos un mañana. Pero, más importante, para no desperdiciar este presente que tenemos, para no tirar por la borda este ahora que es lo único que tenemos.


A la hora que menos pensemos llegará el Hijo del Hombre y nos preguntará qué hemos hecho con nuestra vida. Y no valdrá de nada decir que en nuestra programación lo de vivir el Evangelio lo teníamos planificado para mañana. Porque ya será tarde.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Miércoles de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,6-10.16-18):

En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros. Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Palabra de Dios


Salmo 127,R/. Dichosos los que temen al Señor


Santo Evangelio según san Mateo (23,27-32):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús nos invita en el texto evangélico de hoy a ser un poco humildes y reconocer lo que realmente somos, con nuestras miserias, pequeñas o grandes, con nuestras limitaciones. Basta, quizá, con que echemos una mirada a nuestro pasado. ¿Quién puede decir que lo ha hecho todo bien? ¿Quién puede decir que está limpio de pecado? ¿Quién puede decir que no ha metido la pata nunca? El que escribe esto no puede responder afirmativamente a ninguna de estas preguntas. O bien, ¿quién es el que puede decir que, si yo hubiese estado allí, en aquel momento, yo habría hecho o yo habría dicho. Es fácil ver lo que habría que haber hecho o dicho a toro pasado. Pero, en realidad, no sabemos, no tenemos ni idea, de lo que habríamos hecho o dicho si hubiéramos estado delante del toro, en medio de alguna situación complicada. Hay muchas posibilidades de que nos hubiera vencido el temar y hubiésemos actuado cobardemente. Y si pensamos de otra manera, que yo hubiese… vale más que nos acordemos de Pedro y sus tres negaciones cuando le preguntaron en el momento en que estaban juzgando a Jesús si no era uno de los suyos.


Por eso, conviene que trabajemos un poco más la humildad. Conviene que seamos muy conscientes de lo que somos, de lo poquita cosa que somos. Conviene que tengamos presente nuestro pasado, nuestras meteduras de pata. No se trata de regodearnos en la culpabilidad para estar eternamente pidiendo perdón a Dios. Sino para ser conscientes, muy conscientes, de su misericordia, de su amor, de su paciencia con nosotros. Y gozarnos en él, que es nuestra vida.


Y conviene también que no juzguemos a los demás. Y si los juzgamos, que sea siempre con la misma misericordia que Dios tiene con nosotros: una misericordia y una compresión infinita, edificada sobre el amor y el cariño. Y nunca con la dureza y la fuerza del que pone la ley, nuestra ley, por encima de las personas. Porque Dios no hace eso nunca.

martes, 25 de agosto de 2026

Martes de la XXI Semana del Tiempo Ordinario. San José de Calasanz, presbítero. San Luis de Francia

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,1-3a.14-17):

Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima. Que nadie en modo alguno os desoriente. Dios os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta. Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerzas para toda clase de palabras y de obras buenas.

Palabra de Dios


Salmo 95,R/. Llega el Señor a regir la tierra


Santo Evangelio según san Mateo (23,23-26):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Cuando nos sentimos enfermos, vamos al médico. Lo más común es que haga un diagnóstico de lo que tenemos y nos recete una serie de medicinas. “Tómese de esto una al desayuno, otra a la comida y otra a la cena y en cuatro días estará bien”. Cuando el médico nos dice algo así, nos resulta fácil seguir sus indicaciones. Pero si el médico nos dice que lo que tenemos que hacer es cambiar nuestro estilo de vida, de alimentación, que tenemos que hacer más ejercicio, etc., eso nos resulta mucho más complicado.


Pues algo así nos pasa en nuestra relación con Dios. Cuando la ritualizamos, nos resulta fácil sentirnos bien: tenemos que ir a misa todos los domingos (da un poco lo mismo cómo sea nuestra participación/atención), tenemos que confesarnos periódicamente, tenemos que rezar unas oraciones todos los días… Y cumpliendo esas normas, ya cumplimos con Dios. Ya nos podemos sentir bien y justificados. Y, de paso, podemos mirar mal a los que no cumplen esas normas.


Pero la verdad es que Jesús nos llama a mucho más que a cumplir unas normas. Casi podríamos decir que las normas le importan poco a Jesús. Lo que le importa es lo otro: la actitud del corazón, la misericordia dirigida sin límite a nuestros hermanos y hermanas, la capacidad de acogida, de generar fraternidad y perdón y justicia y amor. Todo eso es mucho más difícil que cumplir unas normas.


Por eso a veces nos pasa que filtramos el mosquito (buscamos cumplir con detalle las normas) pero nos tragamos el camello (nos olvidamos de amar sin límites, de trabajar por la fraternidad y la justicia). Pues eso, que no seamos como los escribas y fariseos hipócritas.

lunes, 24 de agosto de 2026

EN DIÁLOGO CON DIOS PADRE

 Los problemas de mis amigos, de tus hijos, me superan y, ante mí, aparece el «Siervo sufriente en la Historia».

Me consuela, Padre, hablar contigo, vivir tu Misterio, ensalzar tu nombre, confiar en tu Palabra y amar tu verdad.
Sé que a ellos les llegará tu Paz y que todos oirán con gozo en sus corazones.

«Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré».

Tu Hijo querido se inmoló suavemente, con todo el corazón de Hijo, para que todos los hombres tuviéramos libertad, un sentido nuevo y armónico de las cosas.

Déjanos adentrarnos en tu Espíritu misericordioso y hacer llegar tu Palabra de vida, de fraternidad, de interioridad y de comunión. Llévanos a todos por este camino de liberación, hasta sumergirnos en Ti.

Mi conciencia está tocada por un nuevo deseo de ser tu hija querida, de alabarte, de adorarte con todas las energías de mi existencia, que Tú impulsas cada amanecer; de servirte con mayor radicalidad y austeridad.

Me apasiona el ardor del corazón al contar a los hombres y mujeres tu maravillosa grandeza de Padre, toda la actividad creadora que hay en el ser humano, en mí, en las cosas que haces nacer, florecer y vivir con entusiasmo y alegría.

Sor María del Pilar Cano, OP.

 

Lecturas de San Bartolomé, apóstol

Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14):

El ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.»

Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Palabra de Dios


Salmo 144,R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado


Santo Evangelio según san Juan (1,45-51):

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»

Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»

Felipe le contestó: «Ven y verás.»

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»

Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»

Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»

Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»

Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Compartimos

Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. Es uno de esos apóstoles que se han quedado un poco en la zona gris del grupo, de los que no sobresalen. Ni siquiera el nombre lo tenemos claro porque damos por supuesto que el Bartolomé de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) es el que aparece con el nombre de Natanael en el evangelio de Juan, ya que en este no aparece ningún Bartolomé entre los apóstoles. Esto no es un problema. La mayoría de los cristianos estamos en ese grupo de los grises. Nuestro nombre no va a pasar a la historia. Pero eso no significa que no hayamos sido fieles discípulos de Jesús, que su presencia arrolladora no nos haya deslumbrado y dejado marca en nuestras vidas. Con nuestras limitaciones, con nuestras miserias, pero ahí estamos, fieles y leales.


Quizá porque ha habido algún momento en nuestras vidas como el que nos narra el texto evangélico de hoy: el primer encuentro de Natanael con Jesús. Es un relato un poco confuso. Da la impresión de que Natanael estaba buscando algo. Así se entiende que Felipe le señale a Jesús como la posible respuesta a las inquietudes de Natanael. Sus inquietudes no significan que esté dispuesto a creer al primer predicador que se le pase por delante. Parece que los orígenes de Jesús no le convencían de entrada.


Pero se produce el encuentro y la impresión que nos deja el relato es que Natanael queda deslumbrado. Algo le llega de tal modo al corazón y a la mente, que no puede más que reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Y a partir de ahí, entendemos que todo cambió en la vida de Natanael. No digo que se le fueran todas las preguntas y las dudas. No digo que fuese el mejor de los apóstoles. También él salió corriendo en el momento de la cruz. Pro volvió y fue fiel. Y dedicó su vida a anunciar el reino y a hablar de Jesús.


Quizá sería bueno que dedicásemos un momento a revivir aquel primer encuentro o primeros encuentros con Jesús. Aquel que nos llevó a ir más allá de pensar en el pecado o en la salvación para descubrir que vale la pena tratar de seguir a Jesús, de actuar como él, de hacer presente el amor de Dios en nuestro mundo.

domingo, 23 de agosto de 2026

ÁNGELUS DEL PAPA LEON XIV

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!


El Evangelio de este domingo (Mt 16,13-20) plantea una pregunta que nos interpela a cada uno en el camino de nuestra fe: ¿quién es realmente Jesús para mí?


Del relato evangélico se desprende lo decisiva que es esta pregunta para la experiencia del discipulado. De hecho, a pesar de que los doce apóstoles ya habían compartido gran parte de la vida y del ministerio del Maestro, Jesús no quiso dar por sentado que realmente lo conocieran y que hubieran comprendido el misterio del Reino de Dios. Entonces, tras preguntar qué opinaba la gente sobre Él, les dijo directamente a ellos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (Mt 16,15).


Hermanos y hermanas, este es un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos y para cada uno de nosotros. La fe, en efecto, no se nos da de una vez por todas; al contrario, siempre necesitamos redescubrir el rostro de Cristo y su Evangelio, profundizar en su mensaje y renovar las decisiones de nuestra vida, para que sean coherentes con lo que profesamos, venciendo la tentación de creer que ya lo sabemos todo y de convertir la fe en una mera costumbre.


La pregunta que nos hacemos cada día —quién es Jesús para mí y cuál es el significado de su presencia en mi vida— surge especialmente en la oración y cuando meditamos sobre el Evangelio; pero también cuando nos enfrentamos a las heridas y las necesidades de nuestros hermanos, o en las relaciones y situaciones que más interpelan nuestra conciencia. En definitiva, en el ámbito de nuestra vida podemos comprobar si, para nosotros, el Señor Jesús es sólo un gran personaje de la historia que dijo e hizo cosas importantes, o bien el Cristo de Dios, Aquel que fue enviado para hacernos partícipes del amor del Padre y transformar nuestra vida y el mundo en el que vivimos.


Queridos hermanos, aprendamos a no encerrarnos en nuestras convicciones y certezas religiosas, para permanecer abiertos a una relación auténtica con Cristo. A veces, en lo que respecta a la fe cristiana, nos conformamos con “lo que se dice”, con los tópicos, con lo que nos han transmitido, quizá incluso con buenas intenciones; pero Jesús nos llama a una respuesta personal, a conocerlo de cerca, a dejarnos transformar por la amistad con Él, en un encuentro siempre nuevo que tal vez podría exigirnos recorrer caminos inéditos y tomar decisiones diferentes a las que habíamos imaginado. Esto vale tanto para nuestro camino personal como para el camino de la Iglesia y para las decisiones pastorales, en las que a veces pensamos que basta con seguir como siempre hemos hecho. En cambio, es importante preguntarnos con frecuencia: ¿Quién es el Señor para mí? ¿Lo conozco realmente? ¿Qué me pide hoy su Evangelio? ¿Qué pasos y qué decisiones debería tomar?


Invoquemos a la Virgen María, que en su corazón buscaba la voluntad de Dios a través de su Hijo, para que nos guíe siempre en el camino de la fe.


Queridos hermanos y hermanas:


Recuerdo a menudo en mi oración a la República Democrática del Congo, especialmente por las numerosas víctimas que, desgraciadamente, han sido provocadas por la difusión de la epidemia del ébola. Animo a la comunidad internacional a dar una respuesta con un plan preventivo, que involucre a las comunidades locales, para salvar muchas vidas humanas.


Manifiesto, además, mi cercanía a toda la población de la República Centroafricana, que lamenta las víctimas causadas por el colapso de una mina en Zamboyé. Que el Señor acoja a cuantos han perdido la vida y sostenga el compromiso por la garantía de seguridad y legalidad de los yacimientos mineros.      


Mañana se cumple el décimo aniversario del terremoto que sacudió el Centro de Italia, entre Lacio, Umbría y Las Marcas. Rezo por los difuntos, por sus familias y por todas las comunidades afectadas. Que la fe y la solidaridad continúen sosteniendo las obras de reconstrucción.


Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de distintos países.


Doy la bienvenida, de modo especial, al Coro Primacial de la Catedral de Gniezno, en Polonia; así como a los seminaristas y a los superiores del Pontificio Colegio Norteamericano; y a los jóvenes de Bormio y de la Valfurva.


¡Les deseo a todos un feliz domingo!