sábado, 14 de febrero de 2026

Lecturas del VI Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (15,16-21):

SI quieres, guardarás los mandamientos

y permanecerás fiel a su voluntad.

Él te ha puesto delante fuego y agua,

extiende tu mano a lo que quieras.

Ante los hombres está la vida y la muerte,

y a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor,

fuerte es su poder y lo ve todo.

Sus ojos miran a los que le temen,

y conoce todas las obras del hombre.

A nadie obligó a ser impío,

y a nadie dio permiso para pecar.

Palabra de Dios


Salmo 118,R./ Dichoso el que camina en la voluntad del Señor


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,6-10):

Hermanos: Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Palabra de Dios


Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:

no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy, Jesús nos dice «No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). ¿Qué es la Ley? ¿Qué son los Profetas? Por Ley y Profetas, se entienden dos conjuntos diferentes de libros del Antiguo Testamento. La Ley se refiere a los escritos atribuidos a Moisés; los Profetas, como el propio nombre lo indica, son los escritos de los profetas y los libros sapienciales.


En el Evangelio de hoy, Jesús hace referencia a aquello que consideramos el resumen del código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios. Según el pensamiento de Jesús, la Ley no consiste en principios meramente externos. No. La Ley no es una imposición venida de fuera. Todo lo contrario. En verdad, la Ley de Dios corresponde al ideal de perfección que está radicado en el corazón de cada hombre. Esta es la razón por la cual el cumplidor de los mandamientos no solamente se siente realizado en sus aspiraciones humanas, sino también alcanza la perfección del cristianismo, o, en las palabras de Jesús, alcanza la perfección del reino de Dios: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19).


«Pues yo os digo» (Mt 5,22). El cumplimiento de la ley no se resume en la letra, visto que “la letra mata, pero el espíritu vivifica” (2Cor 3,6). Es en este sentido que Jesús empeña su autoridad para interpretar la Ley según su espíritu más auténtico. En la interpretación de Jesús, la Ley es ampliada hasta las últimas consecuencias: el respeto por la vida está unido a la erradicación del odio, de la venganza y de la ofensa; la castidad del cuerpo pasa por la fidelidad y por la indisolubilidad, la verdad de la palabra dada pasa por el respeto a los pactos. Al cumplir la Ley, Jesús «manifiesta con plenitud el hombre al propio hombre, y a la vez le muestra con claridad su altísima vocación» (Concilio Vaticano II).


El ejemplo de Jesús nos invita a aquella perfección de la vida cristiana que realiza en acciones lo que se predica con palabras.

Lecturas de Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (12,26-32;13,33-34):

En aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros: «Todavía puede volver el reino a la casa de David. Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor, terminarán poniéndose de parte de su señor, Roboán, rey de Judá; me matarán y volverán a unirse a Roboán, rey de Judá.»

Después de aconsejarse, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente: «¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto!»

Luego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan. Esto incitó a pecar a Israel, porque unos iban a Betel y otros a Dan. También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe, que no pertenecía a la tribu de Leví. Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar que había levantado en Betel, a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido. Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba lo consagraba sacerdote de los altozanos. Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.

Palabra de Dios


Salmo 105, R/. Acuérdate de mí, Señor,por amor a tu pueblo


 Evangelio según san Marcos (8,1-10):

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulas y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres dias conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»

Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aqui, en despoblado, para que se queden satisfechos?»

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»

Ellos contestaron: «Siete.»

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy día se habla mucho de empatía, pero menos de compasión. Parece que la gente acepta menos la compasión, por creer que es un sentimiento que mira desde la superioridad a quienes sufren. Pero no es así. Me ha contado el Chat GPT que la compasión va un paso más allá de la empatía, aunque se parece. La empatía es buena en cuanto que se refiere a comprender el sentimiento del otro. Pero la compasión implica eso y además el deseo de ayudar. Es una manera de amor activo.


Hoy se celebran los santos Cirilo y Metodio, que llevaron su compasión a entregarse con alma, vida y corazón a la tarea de que todos pudieren comprender la palabra de Dios mediante las traducciones a sus lenguajes y la lectura en su propio alfabeto. Una manera silenciosamente sacrificada y generosa. Hace un poco más de ruido san Valentín, por la comercialización que se ha dado a este buen hombre que ejercitaba su compasión bendiciendo los matrimonios de cristianos perseguidos y a punto de ser martirizados. No tiene mucho que ver con las flores, los bombones, y las mil manifestaciones más o menos aceptables de este día.


En el Evangelio de hoy se nos habla de la compasión primigenia, que nace de la observación de los sentimientos y necesidades de otros. Jesús se compadeció porque la gente lo había seguido durante tres días y no tenían qué comer. Es una compasión que se adelanta, además, a las consecuencias del sufrimiento presente: si regresan a sus casas, se desmayarán por el camino… Y eso lo llama a la acción. Cirilo y Metodio ofrecen la compasión de la Palabra, Valentín la de la relación y el acompañamiento mutuo. Jesús ofrece la más profunda: el alimento que permite que no desmayemos en el camino; el alimento que es Él mismo, porque nada más puede saciar el hambre. No entrega pan y peces, sino a sí mismo.


Habiendo sentido que los cirilos, metodios y valentines de este mundo se han compadecido de nosotros, recibimos ahora la compasión del mismo Jesús, que entrega su Cuerpo. Lo único que nos salva. Se nos invita a todos ahora a esa misma compasión. A compadecernos de la necesidad de verdad, de palabra, de relación y de acompañamiento de todos. Sobre todo, a compadecernos del hambre más profunda que solo se sacia con el Pan de Dios. Esta es nuestra misión como discípulos misioneros.

viernes, 13 de febrero de 2026

Lecturas del Viernes de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (11,29-32;12,19):

Un día, salió Jeroboán de Jerusalén, y el profeta Ajías, de Siló, envuelto en un manto nuevo, se lo encontró en el camino; estaban los dos solos, en descampado.

Ajías agarró su manto nuevo, lo rasgó en doce trozos y dijo a Jeroboán: «Cógete diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: «Voy a arrancarle el reino a Salomón y voy a darte a ti diez tribus; lo restante será para él, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel.»»

Así fue como se independizó Israel de la casa de David hasta hoy.

Palabra de Dios


Salmo 80,R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz

Evangelio según san Marcos (7,31-37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.

Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

En los cuentos y en juegos de magia se usa a veces el “abracadabra”, o el “ábrete Sésamo” como algo que da acceso a tesoros o a rutas necesarias. El Effetá de Jesús es algo parecido, pero mucho más profundo. El Effetá no da acceso a los tesoros escondidos de los cuentos de aventuras, ni da paso a rutas que pueden llevar al triunfo. Pero sí abre a tesoros mucho más importantes: Da acceso a la voz de Dios con su insondable tesoro de amor, misericordia y verdad. Y, al abrir los labios derriba el miedo a hablar. Abre puertas y caminos. La Verdad que es Jesucristo, abre a los inmensos tesoros de la libertad, de la escucha de la Palabra, y del seguimiento


Seguramente todos habremos experimentado alguna vez el deseo de no oír, “hacer oídos sordos” o bien a tonterías, o a críticas, o a verdades algo dolorosas que no querríamos reconocer. Y también seguramente habremos vivido el temor a hablar, a decir una verdad, a defender algo contra la injusticia, o simplemente a decir algo que, siendo verdad, pueda molestar a alguien. Nos podemos hacer los sordos ante cosas que quisiéramos no haber oído. O ante evidencias que nos obligarían a cambiar de opinión. A veces, los sordos dicen que no les importa estar sordos “¡total, para lo que hay que oír!”. Algunas personas aseguran que prefieren no leer la prensa ni escuchar noticias: están hartos de las corrupciones, catástrofes, guerras. No escuchar todo eso hace la vida quizá más cómoda. Quizá también más encerrada y menos humana.  Nos hacemos sordos, ciegos y mudos ante cosas que es mucho más cómodo esconder o sobre las que no pronunciarse. Lo que hace el Effetá de Jesús, con toda la gracia de escuchar y el tesoro de acceder a la sabiduría de Dios, es también desafiante: obliga a escuchar la llamada a cambios en la vida, y a la acción de luchar contra el mal. No es nada cómodo.


A menudo Jesús quería imponer el “secreto mesiánico”… que los curados no proclamasen, no dijesen nada. Pero siempre hay testigos. Y el propio favorecido sale gritando y alabando a Dios. Es imposible callar cuando se ha oído. Todo lo hizo bien.

jueves, 12 de febrero de 2026

Lecturas del Jueves de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (11,4-13):

Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor como el corazón de David, su padre. Salomónón siguió a Astarté, diosa de los fenicios, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David. Entonces construyó una ermita a Camós, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses. El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden.

Entonces el Señor le dijo: «Por haberle portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida.»

Palabra de Dios


Salmo 105,R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo


Santo Evangelio según san Marcos (7,24-30):

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»

Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor


Compartimos:

Pero, en estos dos relatos de hoy, ¿quién sale ganando? Salomón tenía el favor de Dios. Había pedido sabiduría y se le había concedido. Tenía riquezas, cortesanos, y todo lo que pudiera desear. Y sin embargo, las riquezas lo estaban separando de Dios, que debería ser su único tesoro. Por contraste, a la mujer la empujan unas migajas caídas al suelo… empujan a su corazón a acercarse a Dios. Y, paradójicamente, ella no tenía el favor de Dios. O no se suponía que lo tuviera, por ser extranjera.


En una visión conjunta de estas dos lecturas, parece que la riqueza aparta, mientras que las migajas acercan. No se trata solamente de riquezas o migajas materiales. Se trata de toda una actitud de corazón. Es la autosuficiencia contrastada con la humildad y la valentía del reconocimiento de la propia realidad. Es la autosuficiencia que lleva a creer que uno lo puede todo frente a la fe en el único Dios. “Grande es tu fe”, le dice Jesús a la mujer después de una conversación irónica por la que Él quiere demostrar a sus discípulos que la salvación es para todos los pueblos. Jesús presenta un reto y ella le responde con la verdad. Lo dijo santa Teresa siglos más tarde: “la humildad es la verdad”. La mujer no se arredra porque intuye, muy agudamente, el juego de Jesús. Y tiene la fuerza y la audacia de la fe. Salomón hubiera aducido que él era el rey, que tenía derecho a todo. La mujer solo trae el “derecho de los perrillos a la mesa de su señor”. Es una preciosa declaración de reconocimiento del poder del Señor y de la propia dependencia.


Salomón deja que su corazón se aparte y se aferre a sus riquezas y posición y, como resultado, pierde su identidad. La mujer deja que su corazón se aferre a lo único importante, porque una migaja de eso es más grande que toda riqueza y recibe así una nueva identidad como parte del Pueblo de Dios. Es recibida y reconocida. En cambio, Salomón, a quien tanta sabiduría se le había concedido, ha entrado en el reino de los necios.

miércoles, 11 de febrero de 2026

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA LEON XIV

Aula Pablo VI

Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II - I. Constitución dogmática Dei Verbum 5. La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!


En la catequesis de hoy nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la Constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto. La Iglesia es el lugar proprio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.


El Vaticano II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia». Además, «siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe» (Dei Verbum, 21).


La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), en la que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).


Por tanto, la Escritura encuentra en la comunidad eclesial el ámbito en el que desarrollar su propia tarea y alcanzar su fin: dar a conocer a Cristo y abrir al diálogo con Dios. «La ignorancia de la Escritura – de hecho – es ignorancia de Cristo» [1]. Esta célebre frase de san Jerónimo nos recuerda la finalidad última de la lectura y la meditación de la Escritura: conocer a Cristo y, a través de Él, entrar en relación con Dios; relación que puede ser entendida como una conversación, un diálogo. Y la Constitución Dei Verbum nos presenta la Revelación precisamente como un diálogo en el que Dios habla a los hombres como a amigos (cfr. DV, 2). Esto sucede cuando leemos la Biblia con una actitud interior de oración: entonces Dios viene a nuestro encuentro y entra en conversación con nosotros.


La Sagrada Escritura, confiada a la Iglesia y custodiada y explicada por ella, desempeña un papel activo: con su eficacia y potencia, sostiene y fortalece la comunidad cristiana. Todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, sobre todo en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos. El amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas. El trabajo de los exégetas y de cuantos practican las ciencias bíblicas es muy valioso; y en la Teología, que tiene su fundamento y su alma en la Palabra de Dios, la Escritura ha de ocupar el puesto central.


Lo que la Iglesia desea ardientemente es que la Palabra de Dios pueda alcanzar a todos sus miembros y nutrir su camino de fe. Pero la Palabra de Dios también empuja a la Iglesia más allá de sí misma, la abre continuamente a la misión hacia todos. De hecho, vivimos rodeados de multitud de palabras; sin embargo, ¡cuántas de ellas son palabras vacías! A veces escuchamos también palabras sabias pero que no tocan nuestro destino último. En cambio, la Palabra de Dios sacia nuestra sed de sentido y de verdad sobre nuestra vida. Es la única Palabra siempre nueva: revelándonos el misterio de Dios es inexhaurible, no cesa nunca de ofrecer sus riquezas.


Queridos, viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su potencia. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne. Todas las Escrituras anuncian su Persona y su presencia que salva, para todos nosotros y para toda la humanidad. Abramos, entonces, el corazón y la mente para acoger este don, siguiendo a María, Madre de la Iglesia.


[1] S. Jerónimo,  Comm. in Is., Prol.:  PL 24, 17 B.


Saludos 


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Me uno espiritualmente a cuantos hoy se reúnen en Chiclayo, Perú, para celebrar solemnemente la Jornada Mundial del Enfermo y confío a todos, especialmente a los enfermos y a sus familiares, a la protección maternal de la Santísima Virgen María. Bajo su amparo también encomiendo a las víctimas y a todos los afectados por las graves inundaciones en Colombia, mientras exhorto a toda la comunidad a sostener con la caridad y la oración a las familias damnificadas. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


Queridos hermanos y hermanas:


La Constitución dogmática Dei Verbum reflexiona sobre el vínculo profundo que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia. La Biblia tiene su origen en el Pueblo de Dios, y a él va dirigida; esto significa que su fuerza y su significado se manifiestan plenamente en la vida y en la fe de la comunidad cristiana.


La Iglesia anhela que todos sus miembros conozcan la Palabra de Dios y se alimenten de ella, para que se encuentren con Cristo y puedan dialogar con Él. Pero, además, la Palabra de Dios impulsa a la comunidad eclesial a salir más allá de sí misma y a ser misioneros de la Buena Noticia hasta los confines de la tierra.


En la Iglesia se aprende que Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne, nuestro Salvador. Por eso, todos los fieles están llamados a acercarse con amor y familiaridad a las Sagradas Escrituras, especialmente en la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos.

Miércoles de la V Semana del Tiempo Ordinario. Nuestra Señora de Lourdes

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (10,1-10):

En aquellos días, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver.

Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, toda la corte sentada a la mesa, los camareros con sus uniformes sirviendo, las bebidas, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada y dijo al rey: «¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!»

La reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Saba regaló al rey Salomón.

Palabra de Dios


Salmo 36,R/. La boca del justo expone la sabiduría


Santo Evangelio según san Marcos (7,14-23):

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»

Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Las historias de la reina de Saba, llegando con todo su lujo y esplendor a la corte de Salmón, están llenas de color… Pero, al leer hoy el relato en Reyes, nos damos cuenta de que la reina tenía su pizca de humildad… reconoce el bien y la sabiduría en Salomón, y por eso le hace regalos para honrarle, no para ayudarle ni halagarle.


A veces no hay puente aparente entre la primera lectura y el evangelio, pero hoy se puede encontrar. El evangelio nos dice que no es lo que entra (lo externo) en la persona lo que la hace pura o impura, sino lo que sale de ella. La reina de Saba se da cuenta de que lo que honra a Salomón no es su esplendor ni su riqueza, sino un corazón sabio y entregado a Dios. Y el evangelio, en términos más negativos, asegura que lo que mancha a la persona no es lo que entra en ella, sino más bien lo que sale. Es decir, si lo que hay en el corazón es resentimiento, odio, envidia… siempre saldrá todo eso. Y cosas peores. Pero si en el corazón hay bondad, entrega, agradecimiento, serenidad… pues eso saldrá. Y eso se percibe, como lo percibió la reina de Saba. De la abundancia del corazón habla la boca, dice la sabiduría de la Escritura. Y Jesús, en otro lugar, amplía eso: donde está tu tesoro, allá está tu corazón. Es pues, muy conveniente discernir, en primer lugar, cuál es el tesoro. ¿A qué me aferro? ¿Qué es lo más importante para mí? Y quizás una buena pregunta sea también el porqué… ¿Por qué es ese el tesoro mayor que tengo? ¿De qué tipo es tal tesoro—material, afectivo, espiritual…? ¿Durará? ¿Merece la pena? ¿Qué me ocurriría si no lo tengo? Y luego, si el tesoro parece no merecer tanto la pena, quizá sea cosa de buscar un verdadero tesoro. Si el tesoro, como la perla que encuentra el mercader, es tan valioso como para dar la vida por ello… habrá que tomar una decisión.


Se nos propone hoy una profunda reflexión sobre lo que hay dentro. Seguramente no será todo bueno, y habrá muchas cosas que rectificar. Pero seguramente también encontraremos algún tesoro que quizá hayamos estado tratando de ignorar, porque adquirirlo plenamente supondría desechar otras cosas… Algo así como una generosidad que podría pedir heroicidad y sacrificio; o un talento que preferimos no utilizar por comodidad; o una capacidad de servicio que se opone a la tendencia al egoísmo. En el corazón a veces conviven basurillas y tesoros… ¿Qué va a salir de nosotros?

martes, 10 de febrero de 2026

Evangelio y Lecturas de Santa Escolástica, virgen

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (8,22-23.27-30):

En aquellos días, Salomón, en pie ante el altar del Señor, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo: «¡Señor, Dios de Israel! Ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, fiel a la alianza con tus vasallos, si caminan de todo corazón en tu presencia. Aunque, ¿es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que he construido! Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo Señor, Dios mío, escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu siervo. Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo, sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio! Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo, Israel, cuando recen en este sitio; escucha tú, desde tu morada del cielo, y perdona.»

Palabra de Dios


Salmo 83,R/. ¡Qué deseables son tus moradas,Señor de los ejércitos!


 Santo Evangelio según san Marcos (7,1-13):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos (los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.» Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte»; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Santa Escolástica era hermana melliza de san Benito de Nursia. Hijos de una familia noble, fueron enviados a Roma a estudiar, pero la vida de la urbe les pareció muy disipada. El corazón de la ciudad estaba lejos de Dios. Por eso comenzaron sus vidas monásticas en distintos lugares. Ni el lujo de su casa, ni el prestigio de sus estudios, ni la vida alocada de la ciudad les parecía suficiente…. No hay nada de interés fuera de Dios. Escolástica y Benito se visitaban en sus monasterios de vez en cuando y pasaban largas horas hablando de Dios. En la última visita, una tormenta impidió a Benito regresar a su monasterio y pasaron la noche hablando de cosas espirituales. Al día siguiente, Escolástica murió, y a los cuarenta días Benito también.


No hay Dios como tú, parecían decir. Como para los santos hermanos, el ”no hay Dios como tú” que escuchamos en la primera lectura de hoy es todo un programa de vida. Ningún ídolo actual, ya sea dinero, trabajo, posición, prestigio, comodidad, conocimiento o poder se compara con el verdadero Dios. Todas estas cosas pueden preocuparnos y ocuparnos, y a veces es nuestro deber hacerlo. Pero nunca deberían tomar el lugar de Dios porque, además, no llegan a satisfacer plenamente; siempre dejan un hueco que hay que llenar.  Nada satisface como Dios. Todos esos ídolos acaban aburriendo y empujan a buscar otros; y luego otros y otros. Escolástica y Benito encontraron al verdadero Dios.


En el Evangelio se hace una advertencia más exigente: me honran con sus labios, pero su corazón está lejos. El corazón anda con los idolillos mientras que los labios confiesan a Dios. Pero eso no vale. El Señor escucha desde su morada. Y escucha al corazón, no a los labios. El corazón no puede negar lo que está haciendo, por mucho que las palabras digan otra cosa. Ningún ídolo al que pueda estar apegado el corazón puede tomar el lugar del único Dios.