martes, 14 de julio de 2026

Martes de la XV semana del Tiempo Ordinario o San Camilo de Lelis

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (7,1-9):

Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla.

Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín.» Y se agitó su corazón y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento.

Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, y le dirás: «¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina diciendo: «Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel.» Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. Si no creéis, no subsistiréis.»»

Palabra de Dios


Salmo 47 R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre


 Santo Evangelio según san Mateo (11,20-24):

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Cristo reprende a dos ciudades de Galilea, Corozaín y Betsaida, por su incredulidad: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, (...) se habrían convertido» (Mt 11,21). Jesús mismo da testimonio en favor de las ciudades fenicias, Tiro y Sidón: éstas hubieran hecho penitencia, con gran humildad, de haber experimentado las maravillas del poder divino.


Nadie es feliz recibiendo una buena reprimenda. En efecto, tiene que ser especialmente doloroso ser reprendido por Cristo, Él que nos ama con un corazón infinitamente misericordioso. Simplemente, no hay excusa, no hay inmunidad cuando uno es reprendido por la mismísima Verdad. Recibamos, pues, con humildad y responsabilidad cada día la llamada de Dios a la conversión.


También notamos que Cristo no se anda con rodeos. Él situó a su audiencia frente a frente ante la verdad. Debemos examinarnos sobre cómo hablamos de Cristo a los demás. A menudo, también nosotros tenemos que luchar contra nuestros respetos humanos para poner a nuestros amigos frente a las verdades eternas, tales como la muerte y el juicio. El Papa Francisco, conscientemente, describió a san Pablo como un “alborotador”: «El Señor siempre quiere que vayamos más lejos... Que no nos refugiemos en una vida tranquila ni en las estructuras caducas (…). Y Pablo, molestaba predicando al Señor. Pero él iba hacia adelante, porque tenía dentro de sí aquella actitud cristiana que es el celo apostólico. No era un “hombre de compromiso”». ¡No rehuyamos nuestro deber de caridad!


Quizá, como yo, encontrarás iluminadoras estas palabras de san Josemaría Escrivá: «(…) Se trata de hablar en sabio, en cristiano, pero de modo asequible a todos». No podemos dormirnos en los laureles —acomodarnos— para ser entendidos por muchos, sino que debemos pedir la gracia de ser humildes instrumentos del Espíritu Santo, con el fin de situar de lleno a cada hombre y a cada mujer ante la Verdad divina.

lunes, 13 de julio de 2026

Lunes de la XV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (1,10-17):

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.»

Palabra de Dios


Salmo 49 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (10,34–11,1):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Palabra del Señor


Compartimos:

 Jesús nos ofrece hoy una mezcla explosiva de recomendaciones; es como uno de esos banquetes de moda donde los platos son pequeñas "tapas" para saborear. Se trata de consejos profundos y duros de digerir, destinados a sus discípulos en el centro de su proceso de formación y preparación misionera (cf. Mt 11,1). Para gustarlos, debemos contemplar el texto en bloques separados.


Jesús empieza dando a conocer el efecto de su enseñanza. Más allá de los efectos positivos, evidentes en la actuación del Señor, el Evangelio evoca los contratiempos y los efectos secundarios de la predicación: «Enemigos de cada cual serán los que conviven con él» (Mt 10,36). Ésta es la paradoja de vivir la fe: la posibilidad de enfrentarnos, incluso con los más próximos, cuando no entendemos quién es Jesús, el Señor, y no lo percibimos como el Maestro de la comunión.


En un segundo momento, Jesús nos pide ocupar el grado máximo en la escala del amor: «quien ama a su padre o a su madre más que a mí…» (Mt 10,37), «quien ama a sus hijos más que a mí…» (Mt 10,37). Así, nos propone dejarnos acompañar por Él como presencia de Dios, puesto que «quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado» (Mt 10,40). El efecto de vivir acompañados por el Señor, acogido en nuestra casa, es gozar de la recompensa de los profetas y los justos, porque hemos recibido a un profeta y un justo.


La recomendación del Maestro acaba valorando los pequeños gestos de ayuda y apoyo a quienes viven acompañados por el Señor, a sus discípulos, que somos todos los cristianos. «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo...» (Mt 10,42). De este consejo nace una responsabilidad: respecto al prójimo, debemos ser conscientes de que quien vive con el Señor, sea quien sea, ha de ser tratado como le trataríamos a Él. Dice san Juan Crisóstomo: «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacerían de él una infinidad de bienes».

domingo, 12 de julio de 2026

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (55,10-11):

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Palabra de Dios


Salmo 64,R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,18-23):

Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (13,1-23):

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hay muchas situaciones que nos hacen preguntarnos: ¿dónde está nuestro Dios? ¿Por qué suceden estas cosas?


Estas grandes preguntas siguen pendientes. Y es necesario plantearlas de nuevo. Solo así creceremos en la fe. Este domingo nos ayudará a profundizar en nuestra fe y en nuestra confianza. No basta repetir automáticamente frases tópicas como «sus caminos no son nuestros caminos». Es importante reconocer que «creer» es un riesgo, una aventura, un jugárselo todo para ganarlo todo. Comprender lo incomprensible… ¡Eso es la fe!


Fe como la que muestra el profeta Isaías. ¡Qué confianza tan admirable en la Palabra de Dios! Él cree – sin la menor duda – en su eficacia. Se sabía «servidor de la Palabra». Claro que tenía la experiencia de gente que se oponía a su ministerio, que no creía en su mensaje. Como nos puede pasar a nosotros.  Sin embargo, tenía la convicción profunda de que la Palabra de Dios es más fuerte que cualquier oposición a ella. La imagen de la lluvia y de la nieve es muy elocuente. En su ciclo, llevan consigo la fecundidad. Así también la Palabra de Dios, de forma suave.


Meditar todos los días la Palabra de Dios, dejar que penetre en el corazón, en un grupo social, es la mejor terapia, la semilla de la alegría, de la paz, de la serenidad.


Tener fe es un don, un gran don. Permite ver la realidad de otra forma, desde otra dimensión. La fe abre las puertas a la esperanza. A pesar de todo.Es posible que, en nuestro camino, nos hayamos encontrado con gente de todo tipo, a los que les une el no ser creyente. Tengo un amigo ingeniero, culto, con ganas de creer, pero que no cree. Él reconoce no tener el don que permite ver las cosas de otra manera. Se pregunta por la existencia de Dios en medio de un mundo tan desajustado, tan injusto como el nuestro. ¿Cómo puede un Dios «bueno» permitir tanto mal, tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta injusticia?


Estas conversaciones me ayudan a preguntarme en qué consiste el don de mi fe. ¿Será que soy más listo que otros? También a mí me duele el sufrimiento, la injusticia, la muerte salvaje. Creo que no es cuestión de inteligencia, sino de gracia. Por gracias de Dios, estoy habitado por una misteriosa convicción. El Abbá, el Dios Padre, lo sabe todo, lo conoce todo, lo conduce todo. El testimonio de muchos santos nos dice, como Pablo en esta lectura:  Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.


¿Por qué la Palabra de Dios germina en unas personas y no en otras? Porque hay cerrazón, hay corazones poco abiertos a la novedad, cerebros enormemente cerrados al nuevo conocimiento. Pasa igual con los creyentes. Hay algunos que se llaman creyentes, pero que están cerrados, no tienen nada nuevo que aprender, ningún conocimiento con el que enriquecerse. Están cerrados a la Verdad «por culpa de sus dogmas».


El ejemplo del campo es muy claro. El campo no miente, da lo que tiene. Si no está arado y preparado contra las malas hierbas, la cosecha es mínima. Y resulta que la vida es un campo. La vida no miente. La vida da lo que se da. Si damos mucho, lo multiplica y da maravillas. Si le damos poco, discutido, regateado, la cosecha es baja y la vida baja de tono. Nos quejamos, pero muchas veces sabemos de dónde viene la carencia.


Podemos quejarnos de la vida, pero, ¿qué le hemos dado? ¿Hemos dado amor, trabajo, entusiasmo, paz?, ¿nos hemos arriesgado?, ¿nos hemos lanzado?, ¿nos hemos sacrificado?, ¿nos hemos fiado?, ¿nos hemos comprometido?, ¿nos hemos quedado a medias en todo? La vida no miente, la vida da lo que ponemos en ella. Mucho si mucho, y poco si ponemos poco. Hay que arriesgarse. Hay que fiarse. Como se fía el campesino de los cielos y la tierra, de las estaciones y de la lluvia, de la bondad de la simiente y de la fuerza vital de la savia que sube por los tallos. Como se fía el campesino del campo. El campo no miente. La vida tampoco. Déjate llevar, y la mies de tus cosechas hablará por ti.


Jesús nos enseña hoy el arte de ver y comprender. Es bueno dejarse fecundar por lo nuevo; tener una tierra en la que toda buena semilla pueda germinar. Jesús no es un sembrador tacaño. Esparce mucha semilla, incluso por zonas donde es difícil que pudiera germinar. Y espera la respuesta. De ti depende dar fruto, mucho o poco.

sábado, 11 de julio de 2026

Sigrid Undset, laica dominica y premio Nobel, camino de los altares

El obispo de Oslo prepara la apertura del proceso de beatificación de la escritora noruega, premio Nobel de Literatura en 1928 y miembro de la entonces Tercera Orden Dominicana


La diócesis católica de Oslo ha iniciado los preparativos para abrir en otoño la causa de beatificación de Sigrid Undset, escritora noruega, premio Nobel de Literatura y laica dominica. El obispo de Oslo, Fredrik Hansen, anunció la iniciativa el 8 de julio durante la misa de Santa Sunniva, celebrada en las ruinas del monasterio benedictino de la isla de Selja.


«Es mucho más que una autora y premio Nobel. Para nosotros es un modelo de fe cristiana y de búsqueda de la santidad», afirmó el obispo al explicar los motivos que han llevado a poner en marcha el proceso.


Hansen destacó la preocupación constante y concreta de Undset por los pobres, su entrega al cuidado de su hija y su compromiso con la dignidad y la santidad de la vida. También recordó la influencia que sus libros han ejercido sobre numerosos creyentes y su contribución a dar a conocer la tradición cristiana y los santos medievales de Noruega.


Miembro de la rama laical de la Orden de Predicadores

Sigrid Undset fue recibida en 1928 en la Tercera Orden Dominicana, nombre con el que entonces se conocía la rama laical de la Orden de Predicadores, hoy organizada como Fraternidades Laicales de Santo Domingo. 


Undset encontró en la espiritualidad dominicana una forma de vivir su fe sin abandonar su vocación como escritora. Tras su entrada en la Iglesia católica, defendió públicamente la fe, la cultura cristiana y la herencia espiritual de la Edad Media a través de sus novelas, ensayos, conferencias e intervenciones en el debate público.


Había sido recibida en la Iglesia católica el 1 de noviembre de 1924, después de varios años de estudio de la fe católica y del cristianismo medieval. Su conversión tuvo una amplia repercusión en una sociedad noruega mayoritariamente protestante y marcada entonces por fuertes prejuicios contra el catolicismo.

Una de las grandes escritoras del siglo XX

Nacida en 1882 en Kalundborg, Dinamarca, Sigrid Undset creció en Noruega, donde su padre, el arqueólogo Ingvald Undset, despertó en ella el interés por la historia y la Edad Media. Debutó como novelista en 1907 y alcanzó reconocimiento internacional gracias a Kristin Lavransdatter, trilogía publicada entre 1920 y 1922 que recrea la vida en la Escandinavia medieval.


En 1928 recibió el Premio Nobel de Literatura por la fuerza de sus descripciones de la vida del norte de Europa durante la Edad Media. Su obra aborda cuestiones como la libertad, el pecado, el amor, la maternidad, el sufrimiento, la penitencia y la relación del ser humano con Dios, sin eludir la complejidad de la existencia.


La fe católica marcó profundamente su vida y su producción literaria. Undset se convirtió en una de las voces católicas más reconocidas de Noruega y participó activamente en las discusiones de su tiempo sobre religión, historia, cultura, educación y sociedad.


Comprometida contra el nazismo

Undset se posicionó con firmeza contra el nazismo antes de la ocupación alemana de Noruega. Tras la invasión del país en 1940, huyó a Estados Unidos, donde trabajó en favor de la libertad de Noruega y denunció el régimen nazi mediante conferencias, artículos y otras iniciativas públicas.


Regresó a su país al finalizar la Segunda Guerra Mundial y murió el 10 de junio de 1949 en Lillehammer, a los 67 años. Su trayectoria como escritora, conversa, laica dominica y defensora de la dignidad humana constituye ahora el objeto de la causa promovida por la diócesis de Oslo.

La apertura formal de la causa

Antes de anunciar la iniciativa, el obispo Fredrik Hansen examinó la vida de Undset y la existencia de signos de devoción y fama de santidad. Posteriormente presentó la propuesta a la Conferencia Episcopal Nórdica y a especialistas en la vida y la obra de la escritora.


La apertura formal de la causa está prevista para el próximo otoño. A partir de ese momento, Sigrid Undset recibirá el título de sierva de Dios y comenzará la fase diocesana, en la que serán estudiados su vida, sus escritos, sus virtudes y su fama de santidad.


Si posteriormente se reconoce que vivió las virtudes cristianas en grado heroico, podrá ser declarada venerable. Para su beatificación sería necesario, normalmente, el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión y, para una eventual canonización, la aprobación de un segundo milagro.

Lecturas de San Benito, abad

Primera Lectura

Lectura del libro de los Proverbios 2,1-9:

Hijo mío, si aceptas mis palabras y conservas mis consejos, prestando oído a la sensatez y prestando atención a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor y alcanzarás el conocimiento de Dios. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia. Él atesora acierto para los hombres rectos, es escudo para el de conducta intachable, custodia la senda del deber, la rectitud y los buenos senderos. Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la rectitud y toda obra buena.

Palabra de Dios


Salmo 33,R/. Bendigo al Señor en todo momento


Santo Evangelio según san Mateo 19,27-29:

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»

Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»

También ellos experimentaron esa forma de temor de Dios ante Jesús y a causa de sus pecados, como leemos en Lucas 5,8: “apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”. Y también ellos sintieron la fuerza del perdón purificador, como el ascua aplicada a los labios Isaías (“ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”). Esa purificación los habilita para la misión: “Aquí estoy, mándame”; “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5,10)


Pero la misión, como nos advertía Jesús en estos días, está erizada de dificultadas y oposiciones. Jesús hace esta advertencia recordando que él mismo se ha encontrado con ellas, y aquí, evidentemente, debemos entender una profecía de la cruz. Y esta certeza, iluminada por la resurrección, da confianza y despeja el temor. No tememos a las dificultades, ni siquiera a las amenazas de muerte. Y, si el único temor que debemos conservar es el temor de Dios, resulta que éste no es terror sagrado ni miedo, sino, precisamente confianza, porque este Dios del que depende nuestro cuerpo y nuestra alma, que, según las palabras de Jesús, puede destruirlos con el fuego, es, en realidad un Padre que se preocupa de nosotros, con mayor cuidado que el que muestra hacia todas sus criaturas, hasta las más insignificantes, con un amor maternal, como el de esas madres que cuentan los cabellos de sus hijos para despiojarlos (para purificarlos). Así pues, purificados con el fuego del amor de Dios, liberados de todo temor, podemos confesar nuestra fe en su Hijo, ponernos de su parte ante los hombres, sabiendo que él se pone de parte nuestra ante su Padre del cielo. No está de más la advertencia final de Jesús, que es una llamada a la responsabilidad: si Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales (Ef 1, 3), habilitándonos para la misión, no podemos caer en la contradicción de negarlo ante lo hombres, sea con nuestro silencio, sea con el mal ejemplo de una vida contraria al Evangelio.


Hoy celebramos la memoria (en Europa, fiesta) de san Benito, uno que con toda su vida se puso de parte de Cristo ante los hombres y ayudó a muchos a hacer lo mismo.

viernes, 10 de julio de 2026

Viernes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (14,2-10):

Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: «Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano.» Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»

Palabra de Dios


Salmo 50 R/. Mi boca proclamará tu alabanza, Señor


Santo Evangelio según san Mateo (10,16-23):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Dios reacciona al pecado con el perdón y la misericordia, como con tanta fuerza lo expresa el profeta Oseas. Los mismos que han sido enviados lo saben por experiencia propia, puesto que son (somos) pecadores perdonados, heridos que han sido sanados.


Pero, repetimos, esa confianza basada en el amor inmerecido, como, de nuevo, dice Oseas, no es ingenua. De ahí la exigencia de ser prudentes como serpientes, puesto que los portadores de la buena noticia serán entregados, acusados, azotados, martirizados hasta la muerte, y en ocasiones por los más cercanos. Pero para que la prudencia propia de las serpientes no resulte antievangélica, es necesario completarla con la sencillez de las palomas. Y esto significa ser capaces de convertir toda circunstancia adversa en ocasión para el testimonio y el anuncio del evangelio, en los que actúa el Espíritu Santo. Esto es lo que nos enseña Jesús no sólo con sus palabras, sino con su ejemplo de vida, cuando ha hecho de la cruz (símbolo de sufrimiento e injusticia) el supremo testimonio de amor y causa de nuestra salvación.


La perseverancia en el bien es la garantía de esa salvación para sí, pero también para los demás, porque es la presencia constante de ese testimonio evangélico que puede, finalmente, mover los corazones, acoger el amor inmerecido y el perdón de la iniquidad, y curar los extravíos que alejan al ser humano de Dios y de sus hermanos.

jueves, 9 de julio de 2026

Jueves de la XIV Semana del Tiempo Ordinario. Santos Agustín Zhao Rong, presbítero, y compañeros, mártires

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (11,1-4.8c-9):

Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.»

Palabra de Dios


Salmo 79 R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve


 Santo Evangelio según san Mateo (10,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Ya decíamos ayer que esa misión no es sino el acto de justicia de transmitir a los demás lo que hemos recibido de Dios. Pero llama la atención la parquedad del contenido del mensaje: la cercanía del reino de Dios. En cambio, Jesús insiste y pone el énfasis en las actitudes que han de asumir los enviados, y en las acciones que deben realizar. De este modo, recuerda que no se trata de una misión de propaganda o de conquista. Se trata de hacer visible de modo práctico el amor entrañable de Dios que con tanta pasión supo expresar el profeta Oseas. Un amor entrañable es un amor materno, que va más allá de la estricta justicia y se deja llevar por la sobreabundancia del corazón. Por eso es tan importante dar prioridad a las actitudes y las acciones que a las palabras (al discurso, el “relato” como gusta de decirse hoy). Y es que el contenido, la cercanía del reino, no es otro que la misma persona de Jesús, que viene y al que los discípulos abren camino: la misión de los apóstoles, como la misión de la Iglesia hoy, debe ser una preparación para el encuentro personal con Jesús, que es, como decía la mujer samaritana, el que nos los enseñará todo (cf. Jn 4, 25).


Ahora bien, el amor entrañable de Dios, la positividad del mensaje y su expresión en las acciones curativas, liberadoras y dadoras de vida con que los discípulos preparan el encuentro con Cristo no le quita un ápice de seriedad: rechazar el anuncio significa rechazar a Cristo, y rechazarlo a él no es rechazar una doctrina más o menos opinable, sino la salvación que Jesús ha venido a traernos, al mismo Dios que nos salva. Y esto es una seria advertencia no solo para los receptores del mensaje, sino también para sus portadores, que si no reflejan coherentemente en su vida el Evangelio que anuncian, pueden dificultar y hasta impedir su acogida.