lunes, 2 de noviembre de 2026

Conmemoración de todos los Fieles Difuntos.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,1-4):

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Palabra de Dios


Salmo 130 R/. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor


Santo Evangelio según san Lucas (14,12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

A veces oímos, en ambientes de no creyentes o bautizados que hace años se  alejaron de la Iglesia, expresiones de amor y estima hacia sus parientes o amigos difuntos como “esté donde esté”, “allá arriba”, “te llevamos en el corazón”… Incluso quienes se tienen por ateos, parecen aferrarse al deseo irrenunciable de mantenerse en la existencia y aun más de que los seres amados vivan.


Cuando amamos profundamente a alguien, nuestro deseo de protegerlo, perpetuarlo y estar con esa persona es infinito. El filósofo Maurice Blondel ve en ese deseo el síntoma de que el ser humano está constitucionalmente abierto a una resolución que supera los límites de la naturaleza física.


Los que creemos en Cristo encontramos en el pasaje de Juan, que nos propone la liturgia de hoy, una certeza que rebasa todo lo que podemos imaginar acerca de la vida eterna. Él nos ha preparado un “lugar”. Por supuesto el término lugar es en las palabras de Jesús una especie de metáfora. ¿Cómo hacernos entender algo que se dará fuera de nuestro espacio y nuestro tiempo en la tierra?.


En palabras de C.S. Lewis: «El Cielo es el destino natural del alma creada por Dios: Nuestro lugar en el Cielo parecerá estar hecho exclusivamente para cada uno de nosotros porque fuimos creados para ocuparlo; fuimos creados para ello puntada a puntada, como el guante para la mano”. Son muchas moradas preparadas por Cristo Resucitado para cada uno de los que creemos en Él y tratamos de seguirle día a día.


Tendremos el cielo prometido si de verdad creemos. Y ello nos llevará a considerar con una mirada diferente todo lo que nos acontece en esta vida: sinsabores, fracasos, incomprensiones, enfermedad, soledad, miedo, triunfos, placeres, aficiones, tareas pesadas, sufrimiento… Como escribió San Pablo “todo lo tengo en nada”. Tal vez porque, como relata en Corintios, 2: Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre… que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

domingo, 1 de noviembre de 2026

ÁNGELUS DEL PAPA LEÓN XIV

 SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz domingo!


La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a experimentar la alegría de esa innumerable familia de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida un don a Dios y al prójimo y que, en los diferentes caminos de santificación, anhelaron «el océano del amor infinito», según una bella expresión del Papa Benedicto XVI (Carta enc. Spe salvi, 12).


La liturgia de la Palabra de esta fiesta los describe como una «muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Hoy, de hecho, celebramos a todos los santos: a aquellos que la Iglesia ha reconocido como tales y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce. Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 5,1-12), se trata de pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios. Tienen rostros surcados por las lágrimas, pero consolados en la oración. Son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre. Hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia. Dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia. Desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios. Constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre. Perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad.


Es totalmente cierto que resulta imposible “contar” la multitud de estos hermanos y hermanas, y no solo en términos numéricos: la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo, porque así es el bien que todos los santos han difundido a su alrededor en el mundo. Al contemplarlos con admiración, nos preguntamos: estas personas, con la gracia de Dios, ¿qué hicieron? Esencialmente, gestos y decisiones de amor, que superan los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal que a veces parece prevalecer. Los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene; es más —como enseña Jesús—, que ya está entre nosotros (cf. Lc 17,20-21). Además, esta multitud bienaventurada abarca los más variados orígenes, culturas y situaciones de vida: la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos. Este es el mensaje lleno de esperanza de la fiesta de hoy: Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso.


Que la Virgen María, bienaventurada por haber creído en la palabra del Señor, acompañe nuestros pasos en el camino de la santidad, para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en los hechos más importantes como en los más sencillos de la vida cotidiana.


Querido hermanos y hermanas:


ayer, en Savannah, Georgia, en los Estados Unidos de América, fueron beatificados Pedro de Corpa y cuatro compañeros, religiosos de la Orden de los Frailes Menores, asesinados por odio a la fe en 1597. Originarios de España, respondieron con generosidad a la llamada del Señor para evangelizar a las poblaciones de América, llegando incluso a dar la vida. Invoquemos la intercesión de estos mártires en favor de todos los misioneros del Evangelio.


En estos días se han llevado a cabo acciones humanitarias en favor de la población civil en la ciudad de Oleshky. Espero que la colaboración entre las partes, que hizo posible este necesario gesto de humanidad necesario, aumente la voluntad de diálogo y dé lugar a nuevas iniciativas de paz concretas. Encomendamos a María, Reina de la Paz y de todos los Santos, a todos aquellos que sufren a causa de la guerra en todo el mundo.


Desde ayer hasta el 13 de noviembre se celebran en Dakar, capital de Senegal, los Juegos Olímpico Juveniles, para atletas de los 15 a los 18 años. Es el primer evento olímpico organizado en el continente africano. Además de las competencias, estos Juegos incluyen encuentros educativos y culturales para promover los valores olímpicos y la comprensión entre los jóvenes de todo el mundo. ¡Aquí, una vez más, vemos un rayo de esperanza en el mundo del deporte! Saludo cordialmente y bendigo de corazón a todos los participantes.


Del 8 al 15 de noviembre tendrá lugar en Roma la Misión con los pobres, promovida por los Frailes Menores. Felicito a los hijos de san Francisco que, con esta iniciativa, ponen a los pobres en el centro, como lo hicieron el Señor Jesús y san Francisco de Asís. Agradezco también a las instituciones civiles y a las fuerzas del orden que han ofrecido su plena colaboración.


Y ahora los saludos a todos ustedes, romanos y peregrinos provenientes de varios países.


Acojo con alegría a los fieles siro-malabares con sus Pastores. Queridos amigos, con ustedes doy gracias al Señor por el crecimiento de sus comunidades en toda Europa.


Saludo al grupo “Capiteo” de Borbiago di Mira, en la provincia de Venecia; así como a los que participan en la “Carrera de los Santos”, que las Misiones Don Bosco han organizado también este año, en Roma, para promover el deporte como experiencia educativa.


Mañana por la tarde, en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, celebraré la Misa en el Cementero del Verano. En estos días sintámonos unidos en la comunión de los santos a la inmensa familia de los hermanos y hermanas que nos han precedido en la peregrinación terrena, y recemos por los difuntos, especialmente por aquellos a quienes nadie recuerda.


¡Gracias a todos y que pasen una feliz fiesta!

Lecturas de Todos los Santos

 Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (7,2-4.9-14):

Yo, Juan, vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes había encomendado causar daño a la tierra y al mar: «No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios.»

Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.»

Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: «Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén.»

Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas quiénes son y de dónde han venido?»

Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.»

Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero.»

Palabra de Dios


Salmo 23,R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,1-3):

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purificará a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios


 Santo Evangelio según san Mateo (5,1-12):

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Solemnidad de Todos los Santos. Santo significa, como sabemos, dichoso, feliz. Bienaventurado, en definitiva.


Santos ha habido muchos. Unos dos mil, según las estadísticas oficiales. (Sin contar los santos de la puerta de al lado, que decía el Papa Francisco.) Los ha habido de todas las condiciones y oficios:


– hombres del mar, como algunos de los primeros discípulos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan);

– gentes del campo (como san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza);

– educadores (san José de Calasanz, san Juan Bautista de la Salle, san Juan Bosco, etc.);

– sanitarios, personas dedicadas al mundo de la salud (Santa Luisa Marillac, la Madre Sacramento, san Juan de Dios, san Camilo de Lelis);

– pensadores (san Agustín, san Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino);

– poetas (san Juan de la Cruz);

– madres de familia (santa Isabel de Hungría);

– reyes y reinas (san Fernando el Católico, san Luis rey de Francia, santa Isabel de Portugal).


Es que Dios anda entre los remos, entre los aperos de labranza, entre los pupitres, entre las camas del hospital, entre los libros, entre los pucheros y hasta entre las leyes y el protocolo de palacio.


2. Los ha habido de distinta condición psicológica, de distinto temperamento:


– unos más extrovertidos, otros más introvertidos;

– unos más emprendedores, otros con menos capacidad de iniciativa;

– unos más enérgicos («coléricos»), otros más sosegados, más pacíficos;

– unos más atrevidos, otros más tímidos;

– unos con un cociente intelectual muy elevado, otros con unas dotes normales;

– unos más nerviosos, otros más flemáticos.


La gracia de Dios se amolda a todos y es capaz de ir modelando cada personalidad y de sacar primores de lo común y corriente. Como un buen artista sabe tallar toda clase de maderas. Y los santos han sido personas abiertas a la gracia. Son la gracia de Dios encarnada en nuestra historia, en nuestra vida humana. Han dado cuerpo real e histórico a la gracia de Dios. Un ejemplo para todos nosotros.


3. Pero a todos les es común una cosa: han encarnado el espíritu de las bienaventuranzas.


– Han sido buscadores diligentes de la voluntad de Dios y se han mostrado dóciles a ella, aunque les resultara costosa: «no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»;

– no han sido violentos, pero tampoco simplemente pasivos: han tratado de vencer el mal a fuerza de bien;

– han tenido un corazón sensible a los sufrimientos y necesidades de los demás, han dejado que resonaran en ellos sus sufrimientos y dolores; no les han cerrado las puertas; han visto las necesidades de sus congéneres, y han intentado darle respuesta cristiana;

– han sido mujeres y hombres de una profunda religiosidad interior, no de meras formas;

– han sido servidores de la paz: han tendido puentes, han trabajado por la reconciliación.


Los santos supieron vivir en esa actitud de olvido de sí mismos y de salida de sí mismos. Lo cierto es que ellos mismos, los santos, han sido personas que no han vivido adormiladas, sino bien despiertas. Y tampoco aquí se trata simplemente de que algunos de ellos tuvieran un don especial, el don de vigilia, que les permitía estar casi todo el día despiertos. Según dicen los entendidos, los mismos éxtasis que algunos tenían les servían de sueño, cumplían las mismas funciones de descanso que el sueño. Es de suponer que esto les permitía vivir unas jornadas más intensas.


Pero no es ese estado de vigilia el que mejor define a los santos. Son personas despiertas en otro sentido. Tenían el oído despierto para escuchar la palabra de Dios y para escuchar el clamor de las personas necesitadas; tenían la mirada despierta. Han vivido como hijos de la luz. Han sabido iluminar a todos aquellos que tenían cerca.


Esa apertura y disponibilidad son un ejemplo para todos nosotros. Nos recuerdan que todos tenemos la “obligación” de buscar la santidad, como ya subrayó el Concilio Vaticano II. La vocación a la santidad, puesto que surge del Bautismo, forma parte de la condición misma de todo fiel cristiano. Ha sido uno de los méritos de la eclesiología del Vaticano II el señalar los elementos que son comunes a todos los fieles, como base para una ulterior consideración de la jerarquía de funciones en el Pueblo de Dios. Y en eso estamos los cristianos del siglo XXI.


Hoy además estamos a caballo entre la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los Difuntos. Es un buen día para recordar a aquellos que nos han dejado ya, y que desde el cielo nos contemplan y oran por nosotros. Están rogando siempre, para que vayamos a disfrutar de la paz que ellos ya tienen. No les defraudemos. Vivamos como los santos, para que podamos, un día, encontrarnos con nuestros difuntos en el Reino de los Cielos.

sábado, 31 de octubre de 2026

Sábado de la XXX Semana del Tiempo Ordinario. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,18b-26):

De la manera que sea, con segundas intenciones o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro; y me seguiré alegrando, porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y al Espíritu de Jesucristo que me socorre. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso saldré derrotado; al contrario, ahora, como siempre, Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en este dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para que avancéis alegres en la fe, de modo que el orgullo que sentís por mí en Jesucristo rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

Palabra de Dios


Salmo 41 R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo.


Santo Evangelio según san Lucas (14,1.7-11):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.» Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.» Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor


Compartimos:

No es fácil imaginar la situación a la que se refiere Pablo, cuando dice que hay quienes anuncian el evangelio por rivalidad y con mala intención. Aunque parezca contradictorio hacer el bien con mala intención, en realidad es algo que puede suceder y sucede con frecuencia. Un caso es la hipocresía de la que hacían gala los fariseos (y Pablo, que procedía de ahí, se ve que lo conocía bien). Pero de modo más cercano, podemos encontrar actitudes semejantes, en las que todos podemos caer, como cuando se hacen cosas buenas (una buena predicación, una brillante ponencia, una alabanza, un favor, una buena acción social, y así un largo etc.) para quedar bien, adquirir prestigio, atraerse el aplauso, o conseguir cualesquiera otros premios, prebendas o privilegios. En filosofía se distingue lo correcto (lo que debe ser objetivamente) de lo bueno (el valor moral de la acción). Y se dice que el ser humano se hace moralmente bueno cuando hace lo que debe pero por un buen motivo, esto es, con recta intención. Y esto es posible cuando uno, olvidándose en cierto modo de sí, mira solo al bien que ha de realizar y lo hace por amor del bien mismo y no por la ventaja que podría reportarle. Cuando se actúa así, se está dispuesto a hacer el bien incluso si, como sucede con frecuencia, esto conlleva desventajas u otras consecuencias negativas.


Se puede tener la impresión de que Jesús en el Evangelio de hoy nos propone actuar con cálculo y astucia: hacer gala de humildad, pero con la intención escondida de ser recompensado de algún modo. En realidad, la crítica inicial a los que buscaban con ansiedad los primeros puestos excluye tal interpretación, porque, de ser cierta, entraría en contradicción consigo mismo: se trataría de una mera estrategia para conseguir lo que se empieza censurando. Jesús critica una autoexaltación puramente exterior, expresada en esos “primeros puestos” que son pura fachada. El contexto de la comida nos invita a entender las palabras de Jesús en relación con el Reino de Dios, tantas veces comparado con un banquete. La verdadera humildad, que es “andar en verdad” (santa Teresa de Jesús), no significa desprecio de sí ni falta de autoestima, sino la conciencia de la propia limitación, sabiendo que nuestro propio valor es, primero, algo recibido como pura gracia, y, además, independiente del reconocimiento exterior, que no debe buscarse, y, si se da, debe simplemente agradecerse. Y, por fin, el reconocimiento que debemos desear, es el de Aquel que no puede engañarnos, porque nos conoce de verdad y por dentro: es el reconocimiento de Dios, que nos exaltará (en el Reino de los cielos), si nos humillamos en este mundo, no porque nos despreciemos, sino porque nos sabemos inclinar ante nuestros hermanos en actitud de servicio, como hizo María, su humilde sierva, en la que el Señor hizo obras grandes; como Jesús, que se hizo esclavo de sus discípulos al lavarles los pies, y de todo la humanidad, al lavar nuestros pecados sometiéndose a la muerte, y una muerte de esclavo, una muerte de cruz, y por eso Dios lo levantó y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”.

viernes, 30 de octubre de 2026

Viernes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,1-11):

Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos que residen en Filipos, con sus obispos y diáconos. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios cada vez que os menciono; siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo dentro, porque, tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís la gracia que me ha tocado. Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús. Y ésta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios


Salmo 110 R/. Grandes son las obras del Señor


Santo Evangelio según san Lucas (14,1-6):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?»

Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.

Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?»

Y se quedaron sin respuesta.

Palabra del Señor


Compartimos:

A veces hay descubrimientos filosóficos que ya, con mucha antelación, encontramos en el Evangelio o, como en este caso, en los escritos paulinos. El filósofo Max Scheler consideraba que el amor es como una luz que nos abre al conocimiento de valores presentes en la persona amada, y que una mirada carente de amor es incapaz de descubrir. Scheler, que reconocía su deuda con la teoría del amor de san Agustín y, por tanto, con lo mejor de la tradición cristiana, bien se podría haber inspirado en este texto, en el que Pablo desea para los filipenses que su amor crezca en sensibilidad y penetración para apreciar los valores (“lo mejor” o “las cosas mejores” en el texto original). Contra lo que se suele pensar, el amor no es un sentimiento irracional y caótico, sino un movimiento que brota del libre centro personal, que coopera con la razón y la voluntad (conoce, decide y pasa a la acción) y da la vida humana equibrio, dirección y sentido.


La gran diferencia entre una mirada animada por el amor y otra carente de él se echa de ver con claridad en el texto evangélico que acabamos de escuchar. La mirada de Jesús guiada por el amor “ve” el sufrimiento, ve a la persona concreta, se compadece y actúa para remediar la necesidad: reconoce lo que es y lo que puede llegar a ser, y actúa para que así sea. En cambio, la ausencia de amor ciega para esos valores superiores, los de la persona concreta, su dignidad y valor, y se queda sólo en un cierto orden establecido, en un legalismo que da seguridad, pero cierra a la relación. Lo notable del caso es que el verdadero amor no sólo responde a la necesidad del que sufre, sino que también denuncia la insensibilidad del que no ama. Esa denuncia es, en realidad, una llamada a abrir los ojos, a cambiar de actitud, a adentrarse por el camino de la misericordia y el amor activo. Que respondamos a esa llamada o no (como sucede tristemente con los farieos de hoy) depende ya de cada uno de nosotros.

jueves, 29 de octubre de 2026

Francisco González, misionero dominico

 «El Domund hace visible que alguien se está ocupando de las gentes sobre el terreno»

El obispo vallisoletano Francisco González es misionero en la Amazonía de Perú donde lleva entregado tres décadas desde donde agradece el espíritu para continuar con su labor y la del resto de 121 religiosos ayudando por el mundo

Sacerdote pero misionero. Vallisoletano pero misionero. Monseñor Francisco González (20 de julio de 1952) siente su vida como una auténtica misión. Y desde la Amazonía de Perú ofrece su testimonio en la celebración del centenario de la jornada mundial del Domund. Aunque más que un testimonio es una experiencia debido a que lleva de tarea misionera más de tres décadas de su vida en el año, además, en que cumple medio siglo dedicado al sacerdocio.


Obispo emérito del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado ha explicado a través de un vídeo difundido por el Arzobispado de Valladolid haberse sentido «amenazado» y «denunciado». Natural de Castronuño, este religioso de la orden de los Padres Dominicos echa la vista atrás al mostrarse agradecido con otro religioso de su compañía al que conoció en Medina del Campo, donde vivió su infancia y juventud, «que nos metió el gusanillo de las misiones a varios amigos». Una circunstancia, por cierto, que reconoce les ha permitido vivir «una vida bien plena como misioneros».


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Este vallisoletano anima a colaborar de esta campaña que este año lleva el lema de 'Uno en Cristo, unidos en la misión'. Una jornada con la que la Iglesia Católica quiere «avivar el espíritu misionero» llamando a todos los cristianos «a ejercer su responsabilidad en la misión ad gentes a través del testimonio, la oración y la donación». En este sentido, Francisco González considera que «el Domund ofrece una mirada con alegría y con gozo» al hacer visible «que alguien se está ocupando de las gentes sobre el terreno».


Un día a día, como revela, con sus dificultades pero que realmente significa para él «toda esa acumulación de personas y de mensajes de todos aquellos que son misioneros desde su propia familia, desde el hogar, desde su trabajo, que pueden orar y colaborar de la manera que sea». Alegrándose y recordando el bien y la capacidad de la Iglesia «para hacer llegar toda nuestra impronta, nuestra oración y nuestro apoyo económico a aquellos que acercan a Dios a aquellos que, quizá, no lo tienen, y que tenemos que apoyar, elevar y hacer que el Dios de la vida se haga realmente vida en ellos».

Jueves de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (6,10-20):

Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas que Dios os da, para poder resistir a las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, autoridades y poderes que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. Estad firmes, repito: abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar el Evangelio de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios, insistiendo y pidiendo en la oración. Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu. Tened vigilias en que oréis con constancia por todos los santos. Pedid también por mí, para que Dios abra mi boca y me conceda palabras que anuncien sin temor el misterio contenido en el Evangelio, del que soy embajador en cadenas. Pedid que tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios


Salmo 143 R/. Bendito el Señor, mi Roca


Santo Evangelio según san Lucas (13,31-35):

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»

Él contestó: «ld a decirle a ese zorro: «Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término.» Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: «Bendito el que viene en nombre del Señor.»»

Palabra del Señor


Compartimos:

podemos admirar la firmeza de Jesús en el cumplimiento de la misión que le ha encomendado el Padre del cielo. Él no se va a detener por nada: «Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana» (Lc 13,32). Con esta actitud, el Señor marcó la pauta de conducta que a lo largo de los siglos seguirían los mensajeros del Evangelio ante las persecuciones: no doblegarse ante el poder temporal. San Agustín dice que, en tiempo de persecuciones, los pastores no deben abandonar a los fieles: ni a los que sufrirán el martirio ni a los que sobrevivirán, como el Buen Pastor, que al ver venir al lobo, no abandona el rebaño, sino que lo defiende. Pero visto el fervor con que todos los pastores de la Iglesia se disponían a derramar su sangre, indica que lo mejor será echar a suertes quiénes de los clérigos se entregarán al martirio y quiénes se pondrán a salvo para luego cuidarse de los supervivientes.


En nuestra época, con desgraciada frecuencia, nos llegan noticias de persecuciones religiosas, violencias tribales o revueltas étnicas en países del Tercer Mundo. Las embajadas occidentales aconsejan a sus conciudadanos que abandonen la región y repatríen su personal. Los únicos que permanecen son los misioneros y las organizaciones de voluntarios, porque les parecería una traición abandonar a los “suyos” en momentos difíciles.


«¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa» (Lc 13,34-35). Este lamento del Señor produce en nosotros, los cristianos del siglo XXI, una tristeza especial, debida al sangrante conflicto entre judíos y palestinos. Para nosotros, esa región del Próximo Oriente es la Tierra Santa, la tierra de Jesús y de María. Y el clamor por la paz en todos los países debe ser más intenso y sentido por la paz en Israel y Palestina.