miércoles, 30 de septiembre de 2026

El Papa a las monjas contemplativas: El silencio es un acto de la voluntad

La Comisión Internacional de Monjas Contemplativas Dominicas fueron recibidas en audiencia por León XIV, quien les exhortó a fortalecer el valor del silencio en la vida claustral en “un mundo marcado por la velocidad”.

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano


“Fe y llamada pueden orientar también este encuentro nuestro”, expresó el Papa León XIV al recibir la mañana de este 30 de septiembre la Comisión Internacional de Monjas Contemplativas Dominicas para afirmar “que la vocación contemplativa, en el espíritu dominico y en la Iglesia entera, no se ubica en los márgenes de la misión, sino que es su corazón latente”.


El Pontífice manifestó su agrado al recibirlas “al poco tiempo del reconocimiento de las virtudes heroicas de la sierva de Dios Sor María Petra Giordano, monja profesa de la Orden de Predicadores, que ha hecho de la fe y de la vocación los puntos fijos de su vida consagrada”.


También recordó el Papa los aportes de la espiritualidad dominicana que orientan la vocación religiosa contemplativa, como los escritos de Jordán de Sajonia que describió “a las monjas de las primeras comunidades femeninas, dedicándose principalmente a la oración contemplativa y al estudio, acompañaron con la penitencia la predicación de los hermanos, participando del mismo carisma”.


Y santo Tomás de Aquino que “retoma la intuición de santo Domingo, según la cual cada palabra de anuncio, para que sea verdadera, debe tener su origen en el silencio, la escucha, la oración y una profunda relación con Dios”.


El silencio y la oración

Así el Papa exhorta a las monjas a que sus encuentros “sean siempre, en primer lugar, momentos de encuentro común con el Señor: en la oración, en la escucha recíproca, en la corrección fraterna y en la reconciliación”. Con énfasis especial en “el silencio” como valor fundamental de la vida claustral.


“Hacer silencio es un acto de la voluntad, que implica toda la persona y que ayuda a vivir relaciones sólidas, porque están animadas por la Palabra de Dios. Es crear espacios de libertad y de verdad, en los cuales custodiar la atención, volviéndose sensibles a la voz de quien “no cuenta”, y madurando sabiduría y generosidad”, dijo.


Escuchar la voz del Espíritu

Reiteró el Santo Padre que el valor del silencio, “es particularmente importante en un mundo marcado por la velocidad, en el cual todo tiene que ser inmediatamente visible y cada vacío es llenado con rapidez”.


Finalmente, el Papa las invitó a escuchar “qué pide el Espíritu, hoy, a la vida contemplativa dominica, siendo conscientes de que, antes que gestiones que realizar, hay una llamada a la que responder, un fuego que arde y que no se puede dejar morir, como decía santa Catalina de Siena”.


“Su servicio a la Iglesia es precioso: continúenlo con confianza, en la comunión y con discernimiento, unidas pero sin uniformarse, fieles a la tradición y abiertas a la novedad, contemplativas porque son capaces de llevar al mundo delante de Dios”, concluyó León XIV.

Miércoles de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia.

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (9,1-12.14-16):

Respondió Job a sus amigos: «Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no puedo verlo, pasa rozándome, y no lo siento; si coge una presa, ¿quién se la quitará?; ¿quién le reclamará: «Qué estás haciendo»? Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él. Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.»

Palabra de Dios


Salmo 87 R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor


Santo Evangelio según san Lucas (9,57-62):

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.»

Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

A otro le dijo: «Sígueme.»

Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»

Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.»

Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Palabra del Señor


Compartimos:

 Una forma de decir que nos espera Dios, justo más allá de donde estamos tanto física como mentalmente. Dios está en el futuro. El problema es que el futuro, nuestro futuro, es siempre incierto. No tenemos más que el presente y la memoria del pasado, que poco a poco se va difuminando. Pero del futuro, del mañana, no tenemos nada. Todo es posible. Hasta cosas que nunca imaginamos. El futuro nos puede cambiar nuestra forma de pensar y, por supuesto, de vivir. Seguro que somos de los que alguna vez hemos dicho o pensado que “esto es la primera vez que me pasa” o “esto no me había pasado nunca”. Pues bien, Dios está en el futuro. Y tenemos que estar abiertos a esa sorpresa, al cambio que nos puede suponer. Abiertos a que Dios nos saque de nuestras casillas, de los lugares comunes y familiares en que nos sentimos cómodos y seguros.


Creo que es así como hay que leer el texto evangélico de hoy. Jesús invita a los que se van ofreciendo a seguirle a una aventura de la que no se sabe el final. Les anima a dejar los terrenos conocidos para arriesgarse y arriesgarlo todo al servicio del Reino. Si lo pensamos con serenidad, tampoco es un desafío tan grande. El futuro siempre es desconocido y siempre es arriesgado. Siempre da miedo, crea inseguridad, es incierto. Supone abandonar el pasado, dejar atrás todo aquello con lo que nos sentíamos seguros, eso que hacíamos siempre y afrontar los nuevos retos.


No se trata de despreciar el pasado (olvidar a los padres…) sino de tomar el bagaje imprescindible y empezar a caminar a lo desconocido con el corazón y la mirada puesta en el Reino de Dios. La promesa es encontrarnos con el Padre y con los hermanos. La tarea, enorme, ingente, es preparar la mesa de la fraternidad en la que nadie debe quedar excluido. Y que en el camino sea lo que Dios quiera, porque no llevaremos más equipaje que su misericordia y su amor.

martes, 29 de septiembre de 2026

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios


Salmo 137,R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor


Santo Evangelio según san Juan (1,47-51):

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»

Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»

Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»

Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»

Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Cuando imaginamos a Dios en sus alturas celestiales no podemos menos que imaginarle en su corte celestial, rodeado también de siervos, ángeles en este caso, que le canten aleluya y alaben continuamente. ¡No va a ser Dios menos que los reyes y emperadores de nuestro mundo!


Pero con el Evangelio en la mano y el mensaje del Reino en el corazón, no podemos ni debemos imaginarnos a Dios como uno cualquiera, aunque superior, de los poderosos de este mundo, exigiendo pleitesía y alabanzas de todos los que le rodean. El mensaje de Jesús nos habla de un Dios Padre, el Abbá, preocupado por sus hijos, atento a sus necesidades. Un Dios que no pide adoración sino que reparte perdón, misericordia, reconciliación. Un Dios que cura y sana. Un Dios en el que siempre, siempre, la misericordia triunfa sobre el juicio. Un Dios que no quiere una corte de aduladores sino reunir a todos sus hijos e hijas en torno a la mesa para compartir la comida de la fraternidad.


En esta perspectiva, los ángeles no están tanto al servicio del trono o para hacer más bonita la corte celestial. Ellos también están al servicio del Reino, de la fraternidad, de la justicia. Ángeles tenemos que ser unos con otros, porque todos estamos llamados a cuidar la fraternidad, porque todos estamos llamados al Reino.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Lunes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. San Wenceslao, mártir. Santos Lorenzo Ruiz y compañeros, mártires

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (1,6-22):

Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás.

El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»

Él respondió: «De dar vueltas por la tierra.»

El Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.»

Satanás le respondió: «¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»

El Señor le dijo: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»

Y Satanás se marchó.

Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a ¡os mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»

A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

Palabra de Dios


Salmo 16,R/. Inclina el oído y escucha mis palabras


Santo Evangelio según san Lucas (9,46-50):

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.

Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»

Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»

Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El primero es esa escena en la que los discípulos empiezan a hablar sobre quién es el más importante entre ellos. Jesús no dice nada pero pone un niño delante y proclama solemnemente, desde la perspectiva del Reino, la primacía del más débil. Así de claro. Así de sencillo. Así de “imposible”. Porque dos mil años después, nosotros seguimos teniendo clarísimo que hay jerarquías (hasta de la iglesia se dice que es esencialmente jerárquica), que hay unos que son más importantes que otros. Ese sueño de igualdad radical, de preferencia por los más débiles, de Jesús y del Reino por el que entregó su vida, se ha quedado, incluso en la misma iglesia, en un sueño del que brotan aquí y allá algunas realizaciones en la entrega de personas concretas pero que no se termina de hacer realidad del todo. Sigue siendo una “misión imposible” y pendiente.


Y el segundo es esa separación que marcan los discípulos entre los nuestros y los otros. Ahí van las fronteras, los prejuicios, los límites, las murallas, las cerraduras, los temores frente al otro, las guerras. Otros atavismo que ha marcado la historia de la humanidad y la ha llenado de sangre. Los discípulos no entienden que en el Reino no hay fronteras, que todos somos hermanos y hermanas y que ya va siendo hora de que todos nos pongamos a trabajar por el bien de todos.


Jesús intentó esa “misión imposible” de romper esos atavismos y abrir un futuro nuevo para la humanidad. A ver si nosotros logramos ser como Tom Cruise y hacer que esta historia tenga un final feliz.

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (18,25-28):

Así dice el Señor: «Comentáis: «No es justo el proceder del Señor». Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»

Palabra de Dios


Salmo 24,R/. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,1-11):

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»

Contestaron: «El primero.»

Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy, contemplamos al padre y dueño de la viña pidiendo a sus dos hijos: «Hijo, vete hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,29). Uno dice “sí”, y no va. El otro dice “no”, y va. Ninguno de los dos mantiene la palabra dada.


Seguramente, el que dice “sí” y se queda en casa no pretende engañar a su padre. Será simplemente pereza, no sólo “pereza de hacer”, sino también de reflexionar. Su lema: “A mí, ¿qué me importa lo que dije ayer?”.


Al del “no”, sí que le importa lo que dijo ayer. Le remuerde aquel desaire con su padre. Del dolor arranca la valentía de rectificar. Corrige la palabra falsa con el hecho certero. “Errare, humanum est?”. Sí, pero más humano aún —y más concorde con la verdad interior grabada en nosotros— es rectificar. Aunque cuesta, porque significa humillarse, aplastar la soberbia y la vanidad. Alguna vez habremos vivido momentos así: corregir una decisión precipitada, un juicio temerario, una valoración injusta... Luego, un suspiro de alivio: —Gracias, Señor!


«En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios» (Mt 21,31). San Juan Crisóstomo resalta la maestría psicológica del Señor ante esos “sumos sacerdotes”: «No les echa en cara directamente: ‘¿Por qué no habéis creído a Juan?’, sino que antes bien les confronta —lo que resulta mucho más punzante— con los publicanos y prostitutas. Así les reprocha con la fuerza patente de los hechos la malicia de un comportamiento marcado por respetos humanos y vanagloria».


Metidos ya en la escena, quizá echemos de menos la presencia de un tercer hijo, dado a las medias tintas, en cuyo talante nos sería más fácil reconocernos y pedir perdón, avergonzados. Nos lo inventamos —con permiso del Señor— y le oímos contestar al padre, con voz apagada: ‘Puede que sí, puede que no…’. Y hay quien dice haber oído el final: ‘Lo más probable es que a lo mejor quién sabe…’.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Viaje apostólico a Francia



Visita de Estado del papa León XIV a Francia en imágenes:

Emmanuel Macron ha dado la bienvenida al Pontífice en el Salón de Invierno del palacio presidencial con toda solemnidad.

 

La fe nos transforma

Señor, nos creemos autónomos y autosuficientes.

Transfórmanos en seres humanos

de encuentro y de donación.


Señor, nos creemos que somos más y mejor

por los objetos o experiencias que consumimos.

Transfórmanos en personas sobrias

que saben descubrir que mucho de lo más esencial de la vida

son dones compartidos.


Señor, nos creemos que somos excelentes

porque producimos y rendimos con mucha eficacia económica.

Transfórmanos en seres humanos

capaces de descubrir la dignidad y la cualidad de las personas

en su mero ser seres humanos.


Señor, muchas veces vemos a los demás

como rivales en la lucha por la vida.

Transfórmanos en personas

que buscan la cooperación, la ayuda, la solidaridad

sea cual sea el proceso o el contexto donde se viva.


Señor, muchas veces vivimos deprisa, ansiosos, ávidos.

Transfórmanos en seres humanos

que viven los procesos con paciencia, con confianza, con sabiduría.


Señor, muchas veces nos centramos

en la búsqueda del placer y la evitación del sufrimiento.

Transfórmanos en personas

que viven su capacidad de afrontar

las dificultades de la entrega,

del compromiso de los vínculos,

de la ayuda desinteresada a los demás.


Señor, muchas veces vivimos pendientes

del reconocimiento y de la admiración desde instancias externas.

Transfórmanos en seres humanos

que se alimentan de la experiencia espiritual

y viven con humildad la vida de creyentes que les toca vivir.


Señor,

que pasemos

del tener compulsivo al ser humilde,

del producir a cuidar la vida de los necesitados,

del competir como lobos para dominar a cooperar como hermanos,

del consumir a la sobriedad consciente

del vivir aceleradamente ávidos a profundizar buscando las fuentes de la alegría y de la paz,

del ir por la vida asustados y encerrados en nosotros mismos

a vivir abiertos a los demás, a la creación y a la vida santa que nos espera.