sábado, 17 de octubre de 2026

Sábado de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario, San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,15-23):

Yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios


Salmo 8,2-R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos


 Santo Evangelio según san Lucas (12,8-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El texto evangélico de hoy casa perfectamente con el santo del que la iglesia hace memoria en este día. San Ignacio de Antioquía fue un obispo del siglo II, que fue juzgado y condenado a ser devorado por las fieras en tiempo del emperador Trajano. Fue un mártir de la fe. No sabemos mucho de su vida ni de su ministerio. Pero sí conocemos las cartas que escribió a lo largo del camino (era obispo de Antioquía de Siria y las autoridades romanas que le condenaron le llevaron a Roma para ser ejecutado allí. Durante ese largo camino tuvo tiempo para escribir esas cartas que hoy son un testimonio precioso de alguien que entregó su vida al Evangelio y al Reino en aquellos primeros tiempos del cristianismo.


Hay algunos textos de esas cartas que, aunque hayan sido repetidos muchas veces a lo largo de la historia de la Iglesia, sigue valiendo la pena tener presentes. En una de esas cartas escrita a la iglesia de Roma, plenamente consciente de lo que le esperaba al llegar a su destino, dice que se dirige allí “para ser trigo de Dios, molido por los dientes de las fieras y convertido en puro pan de Cristo”.


Solamente esta frase da para meditar y pensar que no hay razón para tener miedo cuando nos ponemos de parte de Jesús y de su Reino. Nos ayuda a descubrir que la Eucaristía es mucho más que un momento de relación íntima con Jesús que viene a nosotros en el pan consagrado. La Eucaristía se convierte en el centro de la vida cristiana. Mucho más allá de su celebración ritual, la vida del cristiano se tiene que hacer Eucaristía, trigo de Dios, molido por los avatares de la vida que se entrega totalmente y que así llega a ser pan de Cristo para los hermanos.


Ignacio iba tranquilo en su camino hacia Roma (en aquel tiempo un viaje largo de varios meses como mínimo). Por el camino salían a recibirlo y verlo las comunidades cristianas de los lugares por donde pasaba. Era para ellos un testigo de la fe. Porque todo el que entrega su vida, de la forma que sea, al servicio del Evangelio, de los hermanos, es testigo de Evangelio en nuestro mundo. Si abrimos los ojos y los oídos seguro que veremos a otros testigos que hace de su vida Eucaristía, entrega total al servicio del Reino.

viernes, 16 de octubre de 2026

Viernes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario. Santa Eduviges, religiosa. Santa Margarita María de Alacoque, virgen

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,11-14):

Por medio de Cristo hemos heredado también nosotros, los israelitas. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios


Salmo 32,R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad


Santo Evangelio según san Lucas (12,1-7):

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:

«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»

Palabra del Señor


Compartimos:

La comparación nos habla en primer lugar de la confianza infinita que tenía Jesús en su Padre del Cielo. Si éste no se olvida de los gorriones, que valen tan poco, cómo se va a olvi-dar de nosotros. ¡Hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados! Y, por supuesto, no hay comparación entre los gorriones y nosotros.


Dos veces se repite en el texto evangélico de hoy la frase “no tengáis miedo”. No tener miedo tiene una relación inmediata con la confianza. El que se siente seguro, el que no tiene miedo, es que confía. Algunos confían en sus propias fuerzas. Pero está demostrado que está confianza no puede ser nunca total. Nuestras fuerzas son limitadas y, a menudo, nos toca enfrentarnos con situaciones y conflictos que nos superan. Aquí hablamos de una con-fianza mayor, de una confianza que está depositada en el que esto todopoderoso y a la vez es padre de misericordia. Cuando nos ponemos en sus manos, entonces sí que nos senti-mos seguros. Porque es Dios mismo el que está con nosotros.


Jesús supo llevar esa confianza hasta el final. Hasta el momento en que parecía que to-do, absolutamente todo, se ponía en su contra. Hasta gritar en la cruz primero “Dios mío, por qué me has abandonado” y luego, en el trance de la muerte, en la ceguera total, terminar su vida gritando: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.(Lc 23,46).


Pidamos al Señor que nos ayude a confiar hasta el final, a pesar de los pesares, a pesar de las apariencias. Y que así seamos capaces de superar el miedo que, a veces, nos ate-naza y nos impide seguir caminando y trabajando al servicio del Reino.

jueves, 15 de octubre de 2026

Jueves de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario,Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.

 Primera Lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,1-10):

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús, que residen en Éfeso. Os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Palabra de Dios


Salmo 97,R/. El Señor da a conocer su victoria


Santo Evangelio según san Lucas (11,47-54):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán»; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»

Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy es la fiesta de santa Teresa de Jesús y el Evangelio, allá donde se lean las lecturas de la memoria, nos trae aquellas palabras de Jesús: “Te doy gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla…” Santa Teresa fue una mujer sencilla. Sencilla pe-ro con arranque y redaños. Paso un tiempo de su vida pensando cómo quería servir a Dios. Pero cuando llegó a una decisión, se lanzó, dejó atrás todo lo demás de la vida y puso rumbo a su norte. Con Jesús y por Jesús.


Siguió siendo una mujer sencilla. No tenía muchos estudios. Su conocimiento de Jesús era el de la experiencia diaria, el de la oración, el del encuentro con la Palabra. Y también el del encuentro con sus hermanas en la vida cotidiana. Quizá por eso terminó pensando aquello de que “entre los pucheros anda el Señor”, insinuando que no es lo más importante en la vida del cristiano el dedicarse muchas horas a la oración y el sacrificio. Que preparar la comida y limpiar y trabajar es también una forma de construir el reino y la fraternidad.


Teresa dedicó muchas horas a la oración, pero no se metió en una cueva. La aventura de fundar monasterios la llevó de aquí para allá. No dudó en lanzarse a los caminos. Era lo que entendía que tenía que hacer. Y lo hizo. Sin miedo. Sencilla pero valiente.


Sencilla pero valiente para enfrentarse a doctores y jerarquías de todo tipo. Llevaba en su corazón su fidelidad, su rectitud, su honestidad en seguimiento y escucha de Jesús.


Sencilla para darse cuenta de que el Evangelio es algo realmente sencillo. Sería bueno que hoy siguiésemos teniendo presente una de sus frases: “De devociones absurdas y san-tos amargados, líbranos, Señor.” Para recordarnos que sólo lo que contribuye a la fraternidad, al reino, a la justicia, es bueno. Y que Dios no quiere sacrificios absurdos para compensarse nadie sabe qué imaginarias ofensas. Como si rezar muchos rosarios de rodillas, por ejemplo, le compensase a Dios de algo. Lo que alegra a Dios, lo que es su voluntad, es que hermanos y hermanas vivan como tales.


Todo eso lo entendió y lo hizo vida Teresa de Ávila. Tanto que terminó llamándose Teresa de Jesús. Hoy todavía tenemos que seguir aprendiendo mucho de ella.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Santa Teresa de Jesús


Teresa de Cepeda y Ahumada
Su obra literaria fue considerada la cumbre del misticismo católico. 

Alma, buscarte has de mí

Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.

De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en mí.

Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.

Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a Mí,
No andes de aquí para allí,
sino, si hallarme quisieres,
a mí buscarme has en ti.

Porque tú eres mi aposento,
eres mi casa y morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.

Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme

y a mí buscarme has en ti. 

Miércoles de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (5,18-25):

Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio,

el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley.

Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios


Salmo 1,1-R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida


Santo Evangelio según san Lucas (11,42-46):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!»

Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»

Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!»

Palabra del Señor


Compartimos:

El cambio que nos propone Jesús en la relación con Dios es tan radical que nos cuesta terminar de entenderlo y más todavía asimilarlo en nuestras vidas, en la forma concreta de comportarnos. La tendencia humana ha sido siempre la de relacionarnos con Dios a través de diversas formas de culto. La religión tenía así una dirección vertical. Adorar era levantar la mirada hacia lo alto. Y hacer todo lo posible para que Dios estuviese contento con noso-tros. Entonces venían los sacerdotes y entendidos que nos hablaban de las normas y leyes que había que cumplir. Desde visitar una vez al año tal santuario pasando por no comer de-terminados alimentos o rezar todos los días una serie de oraciones. Hasta se llegó al extremo, en algunas culturas, de ofrecer sacrificios de animales, y hasta de personas, para lograr el favor de Dios o, al menos, aplacar su ira (parece como si Dios estuviese siempre enfada-do con nosotros).


Jesús plantea las cosas de otra manera. Para empezar, no hay que mirar arriba porque es Dios el que se abaja y se pone a nuestra altura. Relacionarse con Dios ya tiene poco que ver con cumplir una serie de normas, elaboradas por los sacerdotes y especialistas, que fuesen la voluntad de Dios. Dios ya no está preocupado por si vamos ocho veces a la iglesia o rezamos tantas oraciones o no. Ahora su presencia ya no está en un edificio. Todo eso puede estar bien si nos lleva a lo fundamental: Dios se hace presente en el hermano. Y, de una manera especial, en el hermano o hermana pobre, marginado, separado, enfermo, abandonado. Ahí, en la cercanía con este hermano es donde se realiza de verdad la adora-ción a Dios. Si pagamos el diezmo, si hacemos las reverencias mandadas, etc. es muy poco importante.


Conclusión: los sacerdotes y entendidos deberían tener mucho cuidado en no dedicar su vida a elaborar normas y más normas sino en animarnos y activarnos a vivir la misericordia y la compasión con el hermano. Lo demás es perder el tiempo. Puede estar bien pero no deja de ser accesorio.

martes, 13 de octubre de 2026

Martes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (5,1-6):

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Mirad lo que os digo yo, Pablo: si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: el que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscáis la justificación por la ley habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia. Para nosotros, la esperanza de la justificación que aguardamos es obra del Espiritu, por medio de la fe, pues, en Cristo Jesús, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.

Palabra de Dios


Salmo 118,R/. Señor, que me alcance tu favor


Santo Evangelio según san Lucas (11,37-41):

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Las formas son importantes. Las formas son cultura, son tradiciones, son respeto. Las formas determinan la forma de relacionarse las personas. Las formas, la educación, hacen que personas que piensan diferente, que tienen experiencias diferentes, que provienen de mundos diferentes y que sienten muy diferente, puedan hablar, dialogar y llegar a entenderse. Las formas son buenas y necesarias. La violencia, las guerras, son momentos en los que se pierden las formas y nunca han traído nada bueno ni han ayudado a mejorar la convivencia ni el entendimiento entre las personas.


Pero también hay veces en que las formas se convierten en expresiones hueras y vacías, hipocresía pura. Son puras formas, pero no hay nada detrás de ellas. No son expresión de una manera pacífica y dialogante de relacionarse. Son solo tradiciones sin sentido, que se convierten en obligaciones.


También las formas en nuestra relación con Dios se pueden terminar convirtiendo en formas vacías, sin contenido. Puede ser que entremos en una Iglesia y, por pura costumbre, tomemos un poco de agua bendita para hacer con ella la señal de la cruz en nuestro pecho. O que nos arrodillemos ante el sagrario. Pero tenemos la mente en otras cosas. Vamos a la iglesia y cumplimos con las formas. A veces hasta llegamos a pensar que nuestra relación con Dios es apenas una especie de comercio: yo cumplo con esas formas (voy a misa los domingos…) y a cambio Dios me concede su gracia, su salvación. De alguna manera lo de cumplir con esas formas es el precio que pago.


Pero la relación con Dios está basada en la gratuidad y en la autenticidad. No puede ser de otra manera. No vale, vamos al Evangelio, lavarse las manos y tener manchado el corazón. No vale saludar atentamente al hermano y dejar que por dentro nos corroa el odio y la ira. El profeta Jesús a veces no respeta las formas para recordarnos que las formas no son nada si no son expresión de lo que llevamos y vivimos en el corazón.

lunes, 12 de octubre de 2026

Lunes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario. Bienaventurada Virgen MARIA DEL PILAR

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4,22-24.26-27.31–5,1):

En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios. Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas. Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí. La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.» Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre. Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.

Palabra de Dios


Salmo 112,R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre


Santo Evangelio según san Lucas (11,29-32):

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Palabra del Señor


Compartimos:

por signos solemos entender actuaciones espectaculares de Dios, grandes milagros, imposibles desde el punto de vista de la ciencia, pero que Dios puede hacer porque se puede saltar a la torera las leyes de la física que él mismo ha creado. ¡Para eso es Todopoderoso! Y ahí nos quedamos esperando que el sol se apague y se vuelva a encender o que llueva pero sin caer agua o que vengan las lluvias que llevan tiempo sin caer y que pueden salvar la cosecha. O, bajando a un nivel más cercano, que se cure el cáncer de mi familiar o que mi hijo encuentre trabajo o que la sentencia del tribunal sea favorable. Siempre intentando que Dios nos resuelva los problemas. Los pequeños y los grandes, los de la vida diaria y los del sentido de nuestra vida. Porque, si vemos a Dios que es capaz de parar el sol en el cielo, ya nos ahorramos todo eso de creer que tantas veces nos cuesta.


Pero la verdad es que nuestro Dios no es precisamente como le imaginamos en nuestras pobres mentes. Nuestro Dios, a saber por qué, prefiere los signos pequeños, casi escondidos. Son esos signos que hay que aguzar la vista y que hay que mirar con el corazón. Para ver lo que está oculto. Los signos que hace nuestro Dios no son invasivos. No arrasan. Simplemente están ahí, presentes, sin hacer mucho ruido. A veces hasta da la impresión de que no significan nada o que significan lo contrario.


Así hasta llegar a ver la presencia de Dios encarnado en el niño recién nacido en una cuadra sucia y maloliente. O en el hombre que recorre los caminos polvorientos de Palestina acercándose a los más pobres, a los enfermos, a los marginados, a los oficialmente pecadores. O en el crucificado, la negación de la vida, el signo de la exclusión total, el monumento a la muerte.


Hay que abrir los ojos y el corazón para ver no lo que queremos ver sino lo que está realmente ante nuestros ojos. Y a Dios, al Abbá de Jesús, no lo encontraremos en los grandes milagros sino en lo humilde y más pobre y abandonado de nuestro mundo.