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miércoles, 4 de noviembre de 2026

Miércoles de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,12-18):

Ya que siempre habéis obedecido, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. El día de Cristo, eso será una honra para mí, que no he corrido ni me he fatigado en vano. Y, aun en el caso de que mi sangre haya de derramarse, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y asociaos a la mía.

Palabra de Dios


Salmo 26,R/. El Señor es mi luz y mi salvación


Santo Evangelio según san Lucas (14,25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Le seguía una gran multitud de personas. A lo mejor porque habían presenciado un milagro, porque alguien les había hablado de Él, porque esperaban al Mesías, porque les fascinaba su sola presencia… Y seguramente, un buen número, por aquello de ¿dónde va Vicente?


La situación resulta bastante frecuente en nuestros días. Lo hemos visto hace poco en las visitas del Papa León XIV a  España y a Francia pero también lo vemos a diario en eventos deportivos, musicales, marchas solidarias, etc. En demasiadas ocasiones son jóvenes en buena parte ignorantes de ser manipulados por ideologías, medios de comunicación, redes sociales…


Posponer no es anular, es poner detrás. Jesús sabe que esa multitud se quedará solo en unos cuantos y le dirige un mensaje que la pondrá a prueba. Para seguirle en necesario posponer todo lo demás. Incluso lo más sagrado, lo prescrito en la Ley: honrarás a tu padre y a tu madre. Los adultos también, a veces, nos quedamos en la intensidad de un momento, en la alegría de los cantos y la fiesta, en la devoción que emociona… Todo está bien pero “hay que posponer” porque lo esencial es el seguimiento a secas, sin adornos.


Al seguimiento que nos pide Jesús hay que responder con sensatez. ¿Conocemos cual es nuestra fe o repetimos el Credo automáticamente en la Eucaristía? ¿Sabemos que dar testimonio de Cristo requiere valentía, incluso llegando hasta al martirio?


Jesús pone el ejemplo de la construcción. Para construir se necesitan materiales. ¿Tenemos conocimiento, sabiduría, discernimiento…? Y si creemos que es así ¿Se los hemos proporcionado a nuestros hijo, alumnos, sobrinos, nietos?


También el de la lucha. Para  combatir se necesita contar con un ejército más numeroso que el del enemigo. Además bien entrenado. ¿Qué hay de la formación del carácter, del conocimiento propio, de los hábitos virtuosos? Sospecho que muchos padres y abuelos no hemos sabido trasmitir estas cosas o nos hemos retirado por miedo a la presión ambiental.


Dios quiera que todos esos jóvenes, tocados en el corazón en momentos especiales se encuentren con Jesucristo y comprendan cómo tienen que seguirle cargando con su cruz. Dios quiera que los adultos que podemos ayudarles en sus búsquedas no les ocultemos lo recio y difícil del camino.

martes, 3 de noviembre de 2026

Martes de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario. San Martín de Porres, Dominico

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,5-11):

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios


Salmo 21R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea


Santo Evangelio según san Lucas (14,15-24):

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»

Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: «Venid, que ya está preparado.» Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.» El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: «Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.» El criado dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.» Entonces el amo le dijo: «Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.» Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Años más tarde me sorprendió que la pertenencia a la Iglesia impusiera una “cuota de socio” tan modesta. Eran solo cinco los mandamientos y, especialmente los referidos a la Eucaristía, sólo obligaban a acudir a la celebración del domingo y en fiestas importantes y siempre, si queríamos recibir la comunión, debíamos haber sido perdonados de los pecados graves ( llamados mortales) mediante la confesión. En Semana Santa y Pascua este deber se subrayaba especialmente.


En realidad era una información para los que que se iniciaban porque la fe, arraigada en los cristianos desde la primera hora, estimaba la Eucaristía como el centro de la vida cristiana. Sine dominico non possumos dijeron los mártires de Abitene (304 d. C.) que prefirieron morir antes que reunciar a reunirse los domingos para celebrar la fracción del pan.La Eucaristía edifica a la comunidad. No es un acto de piedad estrictamente individual, sino el encuentro del Cuerpo Místico de Cristo. La asistencia a la Misa no es meramente una formalidad para certificar la pertenencia. Es algo medular, constitutivo de la comunidad enviada al mundo para ser luz y sal.


El texto que hoy marca la liturgia, de alguna manera trata de todo esto pero también, y es patente, de la invitación de Jesús al pueblo judío. Este la ignorará y entonces otros serán también invitados y también rechazarán, hasta que el Señor envíe a sus servidores para que lleven a la fiesta a los que se encuentren en caminos y encrucijadas, mendigos, enfermos y tullidos. Toda una humanidad doliente. Benedicto XVI nos recordaba que, en cada Misa, los cristianos somos esos «cojos y ciegos» de los caminos. Nadie se sienta a la mesa de la Eucaristía por derecho propio o por méritos personales; nos sentamos únicamente porque fuimos encontrados en los cruces de la vida y rescatados por la gracia del Anfitrión.


A lo mejor tenemos que revisar cómo vivimos esta invitación, semana a semana quizás día a día. Si cortesmente nos excusamos de asistir o incluso si estamos presentes pero absortos en nuestros intereses, y nuestra asistencia es puro formulismo. Ojalá seamos como los mártires de Abitene.

lunes, 2 de noviembre de 2026

Conmemoración de todos los Fieles Difuntos.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,1-4):

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Palabra de Dios


Salmo 130 R/. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor


Santo Evangelio según san Lucas (14,12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

A veces oímos, en ambientes de no creyentes o bautizados que hace años se  alejaron de la Iglesia, expresiones de amor y estima hacia sus parientes o amigos difuntos como “esté donde esté”, “allá arriba”, “te llevamos en el corazón”… Incluso quienes se tienen por ateos, parecen aferrarse al deseo irrenunciable de mantenerse en la existencia y aun más de que los seres amados vivan.


Cuando amamos profundamente a alguien, nuestro deseo de protegerlo, perpetuarlo y estar con esa persona es infinito. El filósofo Maurice Blondel ve en ese deseo el síntoma de que el ser humano está constitucionalmente abierto a una resolución que supera los límites de la naturaleza física.


Los que creemos en Cristo encontramos en el pasaje de Juan, que nos propone la liturgia de hoy, una certeza que rebasa todo lo que podemos imaginar acerca de la vida eterna. Él nos ha preparado un “lugar”. Por supuesto el término lugar es en las palabras de Jesús una especie de metáfora. ¿Cómo hacernos entender algo que se dará fuera de nuestro espacio y nuestro tiempo en la tierra?.


En palabras de C.S. Lewis: «El Cielo es el destino natural del alma creada por Dios: Nuestro lugar en el Cielo parecerá estar hecho exclusivamente para cada uno de nosotros porque fuimos creados para ocuparlo; fuimos creados para ello puntada a puntada, como el guante para la mano”. Son muchas moradas preparadas por Cristo Resucitado para cada uno de los que creemos en Él y tratamos de seguirle día a día.


Tendremos el cielo prometido si de verdad creemos. Y ello nos llevará a considerar con una mirada diferente todo lo que nos acontece en esta vida: sinsabores, fracasos, incomprensiones, enfermedad, soledad, miedo, triunfos, placeres, aficiones, tareas pesadas, sufrimiento… Como escribió San Pablo “todo lo tengo en nada”. Tal vez porque, como relata en Corintios, 2: Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre… que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Lecturas de Todos los Santos

 Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (7,2-4.9-14):

Yo, Juan, vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes había encomendado causar daño a la tierra y al mar: «No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios.»

Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.»

Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: «Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén.»

Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas quiénes son y de dónde han venido?»

Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.»

Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero.»

Palabra de Dios


Salmo 23,R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,1-3):

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purificará a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios


 Santo Evangelio según san Mateo (5,1-12):

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Solemnidad de Todos los Santos. Santo significa, como sabemos, dichoso, feliz. Bienaventurado, en definitiva.


Santos ha habido muchos. Unos dos mil, según las estadísticas oficiales. (Sin contar los santos de la puerta de al lado, que decía el Papa Francisco.) Los ha habido de todas las condiciones y oficios:


– hombres del mar, como algunos de los primeros discípulos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan);

– gentes del campo (como san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza);

– educadores (san José de Calasanz, san Juan Bautista de la Salle, san Juan Bosco, etc.);

– sanitarios, personas dedicadas al mundo de la salud (Santa Luisa Marillac, la Madre Sacramento, san Juan de Dios, san Camilo de Lelis);

– pensadores (san Agustín, san Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino);

– poetas (san Juan de la Cruz);

– madres de familia (santa Isabel de Hungría);

– reyes y reinas (san Fernando el Católico, san Luis rey de Francia, santa Isabel de Portugal).


Es que Dios anda entre los remos, entre los aperos de labranza, entre los pupitres, entre las camas del hospital, entre los libros, entre los pucheros y hasta entre las leyes y el protocolo de palacio.


2. Los ha habido de distinta condición psicológica, de distinto temperamento:


– unos más extrovertidos, otros más introvertidos;

– unos más emprendedores, otros con menos capacidad de iniciativa;

– unos más enérgicos («coléricos»), otros más sosegados, más pacíficos;

– unos más atrevidos, otros más tímidos;

– unos con un cociente intelectual muy elevado, otros con unas dotes normales;

– unos más nerviosos, otros más flemáticos.


La gracia de Dios se amolda a todos y es capaz de ir modelando cada personalidad y de sacar primores de lo común y corriente. Como un buen artista sabe tallar toda clase de maderas. Y los santos han sido personas abiertas a la gracia. Son la gracia de Dios encarnada en nuestra historia, en nuestra vida humana. Han dado cuerpo real e histórico a la gracia de Dios. Un ejemplo para todos nosotros.


3. Pero a todos les es común una cosa: han encarnado el espíritu de las bienaventuranzas.


– Han sido buscadores diligentes de la voluntad de Dios y se han mostrado dóciles a ella, aunque les resultara costosa: «no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»;

– no han sido violentos, pero tampoco simplemente pasivos: han tratado de vencer el mal a fuerza de bien;

– han tenido un corazón sensible a los sufrimientos y necesidades de los demás, han dejado que resonaran en ellos sus sufrimientos y dolores; no les han cerrado las puertas; han visto las necesidades de sus congéneres, y han intentado darle respuesta cristiana;

– han sido mujeres y hombres de una profunda religiosidad interior, no de meras formas;

– han sido servidores de la paz: han tendido puentes, han trabajado por la reconciliación.


Los santos supieron vivir en esa actitud de olvido de sí mismos y de salida de sí mismos. Lo cierto es que ellos mismos, los santos, han sido personas que no han vivido adormiladas, sino bien despiertas. Y tampoco aquí se trata simplemente de que algunos de ellos tuvieran un don especial, el don de vigilia, que les permitía estar casi todo el día despiertos. Según dicen los entendidos, los mismos éxtasis que algunos tenían les servían de sueño, cumplían las mismas funciones de descanso que el sueño. Es de suponer que esto les permitía vivir unas jornadas más intensas.


Pero no es ese estado de vigilia el que mejor define a los santos. Son personas despiertas en otro sentido. Tenían el oído despierto para escuchar la palabra de Dios y para escuchar el clamor de las personas necesitadas; tenían la mirada despierta. Han vivido como hijos de la luz. Han sabido iluminar a todos aquellos que tenían cerca.


Esa apertura y disponibilidad son un ejemplo para todos nosotros. Nos recuerdan que todos tenemos la “obligación” de buscar la santidad, como ya subrayó el Concilio Vaticano II. La vocación a la santidad, puesto que surge del Bautismo, forma parte de la condición misma de todo fiel cristiano. Ha sido uno de los méritos de la eclesiología del Vaticano II el señalar los elementos que son comunes a todos los fieles, como base para una ulterior consideración de la jerarquía de funciones en el Pueblo de Dios. Y en eso estamos los cristianos del siglo XXI.


Hoy además estamos a caballo entre la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los Difuntos. Es un buen día para recordar a aquellos que nos han dejado ya, y que desde el cielo nos contemplan y oran por nosotros. Están rogando siempre, para que vayamos a disfrutar de la paz que ellos ya tienen. No les defraudemos. Vivamos como los santos, para que podamos, un día, encontrarnos con nuestros difuntos en el Reino de los Cielos.

sábado, 31 de octubre de 2026

Sábado de la XXX Semana del Tiempo Ordinario. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,18b-26):

De la manera que sea, con segundas intenciones o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro; y me seguiré alegrando, porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y al Espíritu de Jesucristo que me socorre. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso saldré derrotado; al contrario, ahora, como siempre, Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en este dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para que avancéis alegres en la fe, de modo que el orgullo que sentís por mí en Jesucristo rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

Palabra de Dios


Salmo 41 R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo.


Santo Evangelio según san Lucas (14,1.7-11):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.» Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.» Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor


Compartimos:

No es fácil imaginar la situación a la que se refiere Pablo, cuando dice que hay quienes anuncian el evangelio por rivalidad y con mala intención. Aunque parezca contradictorio hacer el bien con mala intención, en realidad es algo que puede suceder y sucede con frecuencia. Un caso es la hipocresía de la que hacían gala los fariseos (y Pablo, que procedía de ahí, se ve que lo conocía bien). Pero de modo más cercano, podemos encontrar actitudes semejantes, en las que todos podemos caer, como cuando se hacen cosas buenas (una buena predicación, una brillante ponencia, una alabanza, un favor, una buena acción social, y así un largo etc.) para quedar bien, adquirir prestigio, atraerse el aplauso, o conseguir cualesquiera otros premios, prebendas o privilegios. En filosofía se distingue lo correcto (lo que debe ser objetivamente) de lo bueno (el valor moral de la acción). Y se dice que el ser humano se hace moralmente bueno cuando hace lo que debe pero por un buen motivo, esto es, con recta intención. Y esto es posible cuando uno, olvidándose en cierto modo de sí, mira solo al bien que ha de realizar y lo hace por amor del bien mismo y no por la ventaja que podría reportarle. Cuando se actúa así, se está dispuesto a hacer el bien incluso si, como sucede con frecuencia, esto conlleva desventajas u otras consecuencias negativas.


Se puede tener la impresión de que Jesús en el Evangelio de hoy nos propone actuar con cálculo y astucia: hacer gala de humildad, pero con la intención escondida de ser recompensado de algún modo. En realidad, la crítica inicial a los que buscaban con ansiedad los primeros puestos excluye tal interpretación, porque, de ser cierta, entraría en contradicción consigo mismo: se trataría de una mera estrategia para conseguir lo que se empieza censurando. Jesús critica una autoexaltación puramente exterior, expresada en esos “primeros puestos” que son pura fachada. El contexto de la comida nos invita a entender las palabras de Jesús en relación con el Reino de Dios, tantas veces comparado con un banquete. La verdadera humildad, que es “andar en verdad” (santa Teresa de Jesús), no significa desprecio de sí ni falta de autoestima, sino la conciencia de la propia limitación, sabiendo que nuestro propio valor es, primero, algo recibido como pura gracia, y, además, independiente del reconocimiento exterior, que no debe buscarse, y, si se da, debe simplemente agradecerse. Y, por fin, el reconocimiento que debemos desear, es el de Aquel que no puede engañarnos, porque nos conoce de verdad y por dentro: es el reconocimiento de Dios, que nos exaltará (en el Reino de los cielos), si nos humillamos en este mundo, no porque nos despreciemos, sino porque nos sabemos inclinar ante nuestros hermanos en actitud de servicio, como hizo María, su humilde sierva, en la que el Señor hizo obras grandes; como Jesús, que se hizo esclavo de sus discípulos al lavarles los pies, y de todo la humanidad, al lavar nuestros pecados sometiéndose a la muerte, y una muerte de esclavo, una muerte de cruz, y por eso Dios lo levantó y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”.

viernes, 30 de octubre de 2026

Viernes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,1-11):

Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos que residen en Filipos, con sus obispos y diáconos. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios cada vez que os menciono; siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo dentro, porque, tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís la gracia que me ha tocado. Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús. Y ésta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios


Salmo 110 R/. Grandes son las obras del Señor


Santo Evangelio según san Lucas (14,1-6):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?»

Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.

Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?»

Y se quedaron sin respuesta.

Palabra del Señor


Compartimos:

A veces hay descubrimientos filosóficos que ya, con mucha antelación, encontramos en el Evangelio o, como en este caso, en los escritos paulinos. El filósofo Max Scheler consideraba que el amor es como una luz que nos abre al conocimiento de valores presentes en la persona amada, y que una mirada carente de amor es incapaz de descubrir. Scheler, que reconocía su deuda con la teoría del amor de san Agustín y, por tanto, con lo mejor de la tradición cristiana, bien se podría haber inspirado en este texto, en el que Pablo desea para los filipenses que su amor crezca en sensibilidad y penetración para apreciar los valores (“lo mejor” o “las cosas mejores” en el texto original). Contra lo que se suele pensar, el amor no es un sentimiento irracional y caótico, sino un movimiento que brota del libre centro personal, que coopera con la razón y la voluntad (conoce, decide y pasa a la acción) y da la vida humana equibrio, dirección y sentido.


La gran diferencia entre una mirada animada por el amor y otra carente de él se echa de ver con claridad en el texto evangélico que acabamos de escuchar. La mirada de Jesús guiada por el amor “ve” el sufrimiento, ve a la persona concreta, se compadece y actúa para remediar la necesidad: reconoce lo que es y lo que puede llegar a ser, y actúa para que así sea. En cambio, la ausencia de amor ciega para esos valores superiores, los de la persona concreta, su dignidad y valor, y se queda sólo en un cierto orden establecido, en un legalismo que da seguridad, pero cierra a la relación. Lo notable del caso es que el verdadero amor no sólo responde a la necesidad del que sufre, sino que también denuncia la insensibilidad del que no ama. Esa denuncia es, en realidad, una llamada a abrir los ojos, a cambiar de actitud, a adentrarse por el camino de la misericordia y el amor activo. Que respondamos a esa llamada o no (como sucede tristemente con los farieos de hoy) depende ya de cada uno de nosotros.

jueves, 29 de octubre de 2026

Francisco González, misionero dominico

 «El Domund hace visible que alguien se está ocupando de las gentes sobre el terreno»

El obispo vallisoletano Francisco González es misionero en la Amazonía de Perú donde lleva entregado tres décadas desde donde agradece el espíritu para continuar con su labor y la del resto de 121 religiosos ayudando por el mundo

Sacerdote pero misionero. Vallisoletano pero misionero. Monseñor Francisco González (20 de julio de 1952) siente su vida como una auténtica misión. Y desde la Amazonía de Perú ofrece su testimonio en la celebración del centenario de la jornada mundial del Domund. Aunque más que un testimonio es una experiencia debido a que lleva de tarea misionera más de tres décadas de su vida en el año, además, en que cumple medio siglo dedicado al sacerdocio.


Obispo emérito del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado ha explicado a través de un vídeo difundido por el Arzobispado de Valladolid haberse sentido «amenazado» y «denunciado». Natural de Castronuño, este religioso de la orden de los Padres Dominicos echa la vista atrás al mostrarse agradecido con otro religioso de su compañía al que conoció en Medina del Campo, donde vivió su infancia y juventud, «que nos metió el gusanillo de las misiones a varios amigos». Una circunstancia, por cierto, que reconoce les ha permitido vivir «una vida bien plena como misioneros».


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Este vallisoletano anima a colaborar de esta campaña que este año lleva el lema de 'Uno en Cristo, unidos en la misión'. Una jornada con la que la Iglesia Católica quiere «avivar el espíritu misionero» llamando a todos los cristianos «a ejercer su responsabilidad en la misión ad gentes a través del testimonio, la oración y la donación». En este sentido, Francisco González considera que «el Domund ofrece una mirada con alegría y con gozo» al hacer visible «que alguien se está ocupando de las gentes sobre el terreno».


Un día a día, como revela, con sus dificultades pero que realmente significa para él «toda esa acumulación de personas y de mensajes de todos aquellos que son misioneros desde su propia familia, desde el hogar, desde su trabajo, que pueden orar y colaborar de la manera que sea». Alegrándose y recordando el bien y la capacidad de la Iglesia «para hacer llegar toda nuestra impronta, nuestra oración y nuestro apoyo económico a aquellos que acercan a Dios a aquellos que, quizá, no lo tienen, y que tenemos que apoyar, elevar y hacer que el Dios de la vida se haga realmente vida en ellos».

Jueves de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (6,10-20):

Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas que Dios os da, para poder resistir a las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, autoridades y poderes que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. Estad firmes, repito: abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar el Evangelio de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios, insistiendo y pidiendo en la oración. Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu. Tened vigilias en que oréis con constancia por todos los santos. Pedid también por mí, para que Dios abra mi boca y me conceda palabras que anuncien sin temor el misterio contenido en el Evangelio, del que soy embajador en cadenas. Pedid que tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios


Salmo 143 R/. Bendito el Señor, mi Roca


Santo Evangelio según san Lucas (13,31-35):

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»

Él contestó: «ld a decirle a ese zorro: «Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término.» Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: «Bendito el que viene en nombre del Señor.»»

Palabra del Señor


Compartimos:

podemos admirar la firmeza de Jesús en el cumplimiento de la misión que le ha encomendado el Padre del cielo. Él no se va a detener por nada: «Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana» (Lc 13,32). Con esta actitud, el Señor marcó la pauta de conducta que a lo largo de los siglos seguirían los mensajeros del Evangelio ante las persecuciones: no doblegarse ante el poder temporal. San Agustín dice que, en tiempo de persecuciones, los pastores no deben abandonar a los fieles: ni a los que sufrirán el martirio ni a los que sobrevivirán, como el Buen Pastor, que al ver venir al lobo, no abandona el rebaño, sino que lo defiende. Pero visto el fervor con que todos los pastores de la Iglesia se disponían a derramar su sangre, indica que lo mejor será echar a suertes quiénes de los clérigos se entregarán al martirio y quiénes se pondrán a salvo para luego cuidarse de los supervivientes.


En nuestra época, con desgraciada frecuencia, nos llegan noticias de persecuciones religiosas, violencias tribales o revueltas étnicas en países del Tercer Mundo. Las embajadas occidentales aconsejan a sus conciudadanos que abandonen la región y repatríen su personal. Los únicos que permanecen son los misioneros y las organizaciones de voluntarios, porque les parecería una traición abandonar a los “suyos” en momentos difíciles.


«¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa» (Lc 13,34-35). Este lamento del Señor produce en nosotros, los cristianos del siglo XXI, una tristeza especial, debida al sangrante conflicto entre judíos y palestinos. Para nosotros, esa región del Próximo Oriente es la Tierra Santa, la tierra de Jesús y de María. Y el clamor por la paz en todos los países debe ser más intenso y sentido por la paz en Israel y Palestina.

miércoles, 28 de octubre de 2026

 Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,19-22):

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios


Salmo 18,R/. A toda la tierra alcanza su pregón


 Santo Evangelio según san Lucas (6,12-19):

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor


Compartimos:

Las fiestas de los santos fijan su mirada en algún personaje histórico y reparan en el modo en que Cristo Jesús y su evangelio han influido y transformado su vida. No se trata de exaltar al héroe que se ha hecho a sí mismo, sino la gracia de Dios que ha producido efectos de bondad y santidad en la persona que la acoge. Pero, ¿qué decir cuando de los santos que celebramos no sabemos casi nada? Es lo que sucede hoy con los apóstoles Simón y Judas. De ellos solo sabemos que eran miembros del grupo de los doce, y apenas nada más. Y las escasas informaciones sobre ellos ni siquiera son coincidentes. Así, Lucas dice de Simón, que era “zelota”, militante antirromano, mientras que Mateo y Marcos lo llaman simplemente “cananeo”. Respecto de Judas, incluso hay discrepancias sobre su nombre, pues Mateo y Marcos llaman Tadeo, al que Lucas designa como Judas, “el de Santiago” (el de Jacob, en el original), que tampoco dice mucho, pues Jacob era un nombre muy frecuente entre los judíos. De Judas, eso sí, tenemos el testimonio de que le preguntó a Jesús por qué se manifestaba solo a ellos y no al mundo, y la tradición le atribuye la autoría de una breve carta del Nuevo Testamento.


Esta escasez de datos nos permite, sin embargo, centrarnos en algunos rasgos esenciales de la vocación apostólica y en la influencia que tiene en nosotros. La primera, sin duda, es la relación personal con Cristo. Por eso es importante que, pese a la escasez de datos, sepamos que Jesús los llama por el nombre. Y además lo hace después de pasarse un noche en oración. Una decisión tan importante no puede tomarse a la ligera. Dios no nos toma a la ligera, no nos trata “a bulto”, en general. Antes de llamarnos por el nombre, cualquiera que sea nuestra vocación, se lo piensa bien, medita. Es difícil imaginarse algo así en Dios, pero Jesús, imagen visible del Padre, nos lo muestra con claridad. En segundo lugar, vemos que la llamada de los doce no es una segregación, un privilegio que pone a los elegidos a parte o por encima. Al contrario, tras el nombramiento Jesús se acerca a las gentes, las multitudes (discípulos y pueblo, sin limitaciones) lo rodean, lo escuchan, son curados por Él. Es claro que el encuentro con la humanidad, sin distinciones, es parte esencial de la vocación apostólica, que participa de esa fuerza curativa de Jesús. Es la fuerza del amor de Dios, que convierte a los extraños y forasteros en conciudadanos, en miembros de la familia de Dios Padre, en hermanos en Cristo.


Todos participamos de la vocación apostólica, aunque no seamos apóstoles, porque todos estamos edificados sobre el cimiento de los apóstoles. Y eso significa sabernos llamados por Jesús por el nombre (tras una noche en oración), incorporarnos a la familia de Dios y ser constructores de fraternidad, de ese templo hecho de piedras vivas al que todo ser humano, sin distinción, está llamado a integrarse.

martes, 27 de octubre de 2026

Martes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,21-33):

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios


Salmo 18,R/. Dichosos los que temen al Señor


Santo Evangelio según san Lucas (13,18-21):

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»

Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El texto de la carta a los Efesios sería (y es) repudiado por el feminismo contemporáneo. Chirría a nuestros oídos, imbuidos de la exigencia de igualdad, eso del sometimiento. Y más, en el caso de que se conmine a la esposa a someterse a su marido y, encima, “en todo”. El feminismo contemporáneo es un movimiento que tiene su primer impulso en una justa reivindicación de la igualdad de derechos de la mujer, y que tiene sus raíces últimas en la convicción cristiana de la condición personal del ser humano, que no admite discriminaciones que ofenden la dignidad personal de varones y mujeres. Pero, en realidad, el sometimiento del que se habla aquí es muy distinto de ese sometimiento indebido basado en prejuicios y en la fuerza. No debemos olvidar las palabras que abren el texto: “Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano.” Es un sometimiento, en primer lugar, mutuo. Y está basado no en la humillación del débil por el fuerte, sino en el “respeto cristiano”, es decir, en el mandamiento del amor. La mujer se somete al marido por amor, como María se somete de buena gana a la voluntad de Dios y se hace libremente servidora, esclava del Señor. Pero es que el marido debe amar a su mujer entregándose a ella y amándola como a su propio cuerpo, que es lo mismo que someterse a ella para servirla con libertad. Cuando María se sometió a la voluntad de Dios y acogió la Palabra, fue esta Palabra la que se sometió a María, haciéndose dependiente de su seno. El amor matrimonial es una expresión privilegiada del misterio del amor de Dios hacia la humanidad, realizado en la encarnación de Cristo y en su prolongación en la Iglesia. En los pequeños y cotidianos gestos del amor conyugal y familiar podemos ver un buen ejemplo de esas pequeñas, casi insignificantes semillas, que crecen y dan cobijo, hogar y protección a muchos, que como fermento en la masa, transforman este mundo para mejor, en el sentido del Reino de Dios.

lunes, 26 de octubre de 2026

Lunes de la XXX Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,32–5,8):

Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Por otra parte, de inmoralidad, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de santos. Y nada de chabacanerías, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de sitio. Lo vuestro es alabar a Dios. Meteos bien esto en la cabeza: nadie que se da a la inmoralidad, a la indecencia o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con argumentos especiosos; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos; porque en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz.

Palabra de Dios


Salmo 1 R/ Seamos imitadores de Dios, como hijos queridos


 Santo Evangelio según san Lucas (13,10-17):

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.

Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»

Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Palabra del Señor


Compartimos:

 Vemos a Jesús realizar una acción que proclama su mesianismo. Y ante ella el jefe de la sinagoga se indigna e increpa a la gente para que no vengan a curarse en sábado: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado» (Lc 13,14).


Me gustaría que nos centráramos en la actitud de este personaje. Siempre me ha sorprendido cómo, ante un milagro evidente, alguien sea capaz de cerrarse de tal modo que lo que ha visto no le afecta lo más mínimo. Es como si no hubiera visto lo que acaba de ocurrir y lo que ello significa. La razón está en la vivencia equivocada de las mediaciones que tenían muchos judíos en aquel tiempo. Por distintos motivos —antropológicos, culturales, designio divino— es inevitable que entre Dios y el hombre haya unas mediaciones. El problema es que algunos judíos hacen de la mediación un absoluto. De manera que la mediación no les pone en comunicación con Dios, sino que se quedan en la propia mediación. Olvidan el sentido último y se quedan en el medio. De este modo, Dios no puede comunicarles sus gracias, sus dones, su amor y, por lo tanto su experiencia religiosa no enriquecerá su vida.


Todo ello les conduce a una vivencia rigorista de la religión, a encerrar su dios en unos medios. Se hacen un dios a medida y no le dejan entrar en sus vidas. En su religiosidad creen que todo está solucionado si cumplen con unas normas. Se comprende así la reacción de Jesús: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?» (Lc 13,15). Jesús descubre el sinsentido de esa equivocada vivencia del sabath.


Esta palabra de Dios nos debería ayudar a examinar nuestra vivencia religiosa y descubrir si realmente las mediaciones que utilizamos nos ponen en comunicación con Dios y con la vida. Sólo desde la correcta vivencia de las mediaciones podemos entender la frase de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras».

domingo, 25 de octubre de 2026

XXX Domingo del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (22,20-26):

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Palabra de Dios


Salmo 17,2-R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,5c-10):

Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios


Evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor


Compartimos:

En el prefacio, hoy el sacerdote recita lo que la liturgia determina para la  Misa votiva del Sagrado Corazón: Damos gracias por Cristo Jesús que con amor admirable se entregó por nosotros… Y en el Evangelio escuchamos un relato que se repite en otros  y que algunos comentaristas han llamado el “secreto mesiánico”. Jesús ordena a los discípulos que guarden silencio sobre su condición de Mesías. No niega ser realmente el Mesías de las promesas, el esperado por Israel pero no quiere que esto confunda y escandalice cuando sea condenado por el sanedrín y entregado a la muerte.


Se dice al principio que Jesús estaba orando solo y parece que, de pronto, se dirige a los discípulos con dos preguntas: ¿que dice de mí la gente? ¿qué decis vosotros? La gente habla de él como uno de los profetas, Pedro no lo duda: es el Mesías. Entpnces Jesús les manda callar.


Su misión no podía ligarse a un mesianismo político y triunfalista, sino que debía conducirse pacientemente hacia el calvario; porque solo en la total vulnerabilidad de la cruz el secreto se rompe, revelando simultáneamente el escenario de las maquinaciones sociales y políticas pero también el misterio definitivo del amor divino.


Jesús en la oración y en el silencio abraza y asume por completo el fin por el que el Hijo ha adquirido una naturaleza humana. Porque era necesario que ocurriera así para redimir a la humanidad al liberarla del pecado. Para que fuéramos curados en sus llagas y volviéramos a la dignidad de hijos del Padre.


La Cruz nos ha liberado por Jesucristo y abrazando la Cruz podemos ofrecernos como Él por la salvación de todos. Y bien sabemos que en toda vida humana hay una cruz o muchas y podría ser que meditando las palabras de Jesús, en el silencio de la oración personal, aprendiéramos a cargar con ellas sin amargura ni resentimiento. Más bien como ocasión de gracia.

sábado, 24 de octubre de 2026

Sábado de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario. San Antonio María Claret, obispo. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,7-16):

A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.» El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor

Palabra de Dios


Salmo 121,R/. Vamos alegres a la casa del Señor


Santo Evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas.»»

Palabra del Señor


Compartimos:

Las estadísticas son claras. Aumenta en el mundo el número de católicos y cristianos de otras confesiones. Pero disminuye, de modo drámatico, en lo que fue la cristiandad o civilización cristiana de occidente: Europa y América. Disminuyen las vocaciones al sacerdocio o a la vida religiosa, hay menos bautizos y vida sacramental… Especialmente dramático el panorama en países tan arraigados históricamente en la Iglesia católica como Polonia, Irlanda o España.


Pero también se ha producido un fenómeno inesperado. Parece que está de moda, digámoslo así, que personajes de la ciencia, la política, las artes, el cine, el deporte… En fin, gente que se ha hecho famosa en los medios o en distintas plataformas digitales, se declare cristiana, católica de toda la vida o conversa reciente. Imágenes de Jesús, la Virgen o santos (a veces de la iconografía clásica y otras creadas con  inteligencia artificial) se difunden así como mensajes más o menos piadosos, oraciones… muchas noticias acerca de milagros o signos sobrenaturales… Y también la atención a supuestos avisos de la proximidad del fin de los tiempos.


Está de moda, sin duda, la curiosidad y, seguramente, el deseo de encontrar sentido en un mundo desquiciado. Lo de Herodes, creo, fue mera curiosidad. Dice el Evangelio de hoy que Herodes se enteró de lo que pasaba con Jesús y tenía ganas de verlo. A lo mejor, alguno que lea esto tiene en la mente, como yo, las imágenes cinematográfica de Herodes frente a Jesús cuando Pilatos lo envió a él  para evitarse problemas. Herodes, que al parecer no lo había visto hasta ese momento, se decepciona. Jesús no dice nada y no “produce un milagro” para complacer su curiosidad. Herodes era un mal tipo. Nos dice el texto de Lucas que confiesa sin temor que mandó decapitar a Juan. Cualquiera sabe, porque solo Dios conoce lo más íntimo de nuestro corazón. Solo cabe pedir al Señor que las conversiones, el amor a Jesús y esas manifestaciones de fe sean verdaderas y muestren al mundo no solo la sed sino la realidad de que hay sentido y esperanza. Que no sean curiosidad ni una moda pasajera.

viernes, 23 de octubre de 2026

Viernes de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,1-6):

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Palabra de Dios


Salmo 23,R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor


Santo Evangelio según san Lucas (12,54-59):

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy la Iglesia hace memoria de San Pío de Pietrelcina (1887-1968), ordenado sacerdote en 1910, vivió desde 1916 hasta su muerte en el convento San Giovanni Rotondo. Fue canonizado en 2002 por Juan Pablo II. Resulta que la lectura del Evangelio nos presenta el envío de los doce a curar enfermos y proclamar el reino de Dios. Parece que, en las formas,  no tienen mucho que ver los apostolados de San Pío y los de los doce. Pero en algo se asemejan y es en la simplicidad o austeridad extrema. A San Pío se atribuyen muchos hechos milagrosos y conversiones en todo el mundo aunque él permaneció en el convento durante la mayor parte de su vida practicando la pobreza franciscana.  A los doce, Jesús los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos. Con un programa sencillo, como pobres, sin preparativos, sin provisiones, sin bastón, ni alforja…


Diócesis, parroquias, grupos, congregaciones, comunidades, asociaciones de laicos, fieles… La Iglesia toda tiene la misma misión: id y predicad. Solo que el mundo es mucho más complicado y ya no basta con caminar por los pueblos sin alforjas… La prudencia aconseja otra cosa (mas bien muchas más cosas) y allá vamos cargados con prolijos planes pastorales: programaciones, comisiones, reuniones, presentaciones, encuestas y documentos…


También hay que saber además de la doctrina algo de sociología, psicología. Todo cuesta dinero así que habrá que buscar subvenciones y donativos. Un poco de “marketing”. En definitiva se dedica más tiempo a planificar y a adquirir “recursos” que a evangelizar, cuando no son las mismas estructuras las que ralentizan cualquier plan con sus comisiones de estudio, de revisión y de puesta en marcha…


Como Iglesia no vamos tan mal en el deber de caridad: consagrados y laicos son muchos los que aportan dinero o su tiempo y sus capacidades para servir al prójimo. Pero proclamar el Reino, hablar de Dios, ser luz y sal en nuestras relaciones de trabajo, con la gente que vemos a diario, con los miembros de nuestra familia… Esos son los caminos para los que se necesitan muy pocos programas y ningún bastón, ni alforja. Solo una fe firme y valerosa, alimentada en el encuentro con Cristo y el deseo ardiente de curar y de que todos lo reconozcan como Salvador.

jueves, 22 de octubre de 2026

Jueves de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,14-21):

Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios


Salmo 32,R/. La misericordia del Señor llena la tierra


Santo Evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Seguimos con el capítulo 12 del Evangelio de Lucas, con esa invitación a velar, a estar preparados. Hoy el tono sube, prometiendo “guerra”. El Señor declara: «Voy a traer fuego al mundo». Suena a un desafío, quizás incluso a una amenaza si no la leemos con los ojos adecuados. Pero si paramos a pensar en la historia del Reino de Dios, veremos que esta frase no es un grito de guerra, sino una descripción de la realidad de la vida cristiana. Jesús avisa, porque no quiere que la gente le siga engañada. Por eso habla de la familia, que es el primer lugar donde un seguidor de Cristo puede encontrar dificultades. Cuántos jóvenes, al plantearse la vocación a la vida religiosa, se enfrentan a la oposición familiar, por ejemplo. Yo conozco a alguno.


«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!». Estas palabras de Jesús pueden sorprendernos. Estamos acostumbrados a escucharlo hablar de paz, perdón, misericordia y reconciliación. ¿Cómo entender entonces este lenguaje sobre el fuego y la división? El Evangelio de hoy nos recuerda que el mensaje de Jesús no deja indiferente. Encontrarse verdaderamente con Él transforma la vida y, precisamente por eso, puede provocar decisiones, preguntas e incluso conflictos.


El fuego es una imagen poderosa. Ilumina en la oscuridad, calienta, purifica y transforma. Una pequeña llama puede crecer hasta convertirse en un fuego capaz de cambiar todo lo que encuentra. Algo parecido sucede cuando el Evangelio entra en nuestra vida. Puede comenzar con una palabra escuchada, una experiencia de perdón, una pregunta o un encuentro personal con Cristo. Pero, cuando esa palabra llega al corazón, puede cambiar nuestra manera de mirar a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Jesús no ha venido simplemente a añadir algunas prácticas religiosas a nuestra vida. Ha venido a renovarnos desde dentro. Por eso sus palabras pueden resultar exigentes. El Evangelio no nos pide solamente admirar a Jesús, sino confiar en Él y permitir que su presencia transforme nuestras decisiones, prioridades y relaciones.


A continuación, Jesús habla de un bautismo que todavía debe recibir y afirma: «¡Qué angustia hasta que se cumpla!». Está hablando de su pasión y de su muerte. El fuego de su misión pasa por la entrega de su propia vida. Jesús no anuncia un camino fácil ni pretende conquistar a las personas mediante la fuerza. Su camino será el del amor llevado hasta el extremo. La cruz nos ayuda a comprender qué clase de fuego trae Cristo. No es el fuego de la violencia, sino el fuego del amor que se entrega. No destruye personas; quema aquello que nos impide amar: el egoísmo, la indiferencia, la mentira, el resentimiento y la injusticia. Allí donde Cristo es acogido, algo comienza a cambiar.


Sin embargo, este Evangelio también habla claramente de división: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división». Estas palabras necesitan ser comprendidas con cuidado. Jesús es quien anuncia la paz y reconcilia a la humanidad con Dios. Pero la paz cristiana no significa evitar cualquier conflicto a cualquier precio. A veces, vivir según la verdad puede generar oposición. Jesús sabe que su mensaje provocará decisiones. Habrá quienes lo acepten y quienes lo rechacen. Y esa decisión puede afectar incluso a las relaciones más cercanas: «Estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre…». No significa que Jesús desee la división de las familias. Al contrario, el Evangelio llama al amor, al perdón, al diálogo y a la unidad. Lo que señala es una realidad humana: cuando una persona decide vivir seriamente según el Evangelio, no todos necesariamente comprenderán o compartirán esa opción.


Esto puede suceder también hoy. Seguir a Cristo no significa buscar enfrentamientos. El cristiano no está llamado a provocar conflictos ni a sentirse superior a quienes piensan de otra manera. Pero tampoco puede convertir la paz en una excusa para renunciar a sus convicciones. La verdadera paz necesita verdad, libertad y justicia. Por eso necesitamos discernimiento. Hay conflictos que nacen del Evangelio y otros que nacen de nuestro orgullo. No toda oposición significa que estamos siendo fieles a Cristo. A veces somos nosotros quienes generamos tensiones por nuestra impaciencia, nuestra dureza o nuestra incapacidad para escuchar.


El fuego de Jesús comienza por nuestro propio corazón. Antes de preguntarnos quién está en contra de nuestra fe, quizá conviene preguntarnos si nosotros estamos dejando que Cristo transforme aquello que necesita cambiar en nuestra propia vida. El Evangelio de hoy nos invita también a recuperar el valor de una fe que no sea simplemente una costumbre. Podemos haber recibido la fe desde pequeños y, sin embargo, necesitar volver a descubrirla personalmente. Podemos participar en la vida de la Iglesia y, al mismo tiempo, mantener zonas de nuestra existencia en las que todavía no hemos permitido que entre el Evangelio.


Jesús desea encender un fuego. Y ese fuego necesita ser alimentado. Lo hacemos mediante la oración, la Palabra de Dios, los sacramentos, la comunidad cristiana y el servicio a los demás. Pero también mediante decisiones concretas: reconciliarnos con alguien, renunciar a una actitud egoísta, defender a quien es tratado injustamente, dedicar tiempo a quien nos necesita o responder con generosidad cuando Dios nos llama.


Quizá el Evangelio de hoy nos ayude a comprender que la fe no consiste solamente en creer unas verdades, sino en permitir que Cristo transforme nuestra manera de vivir. El fuego del Evangelio puede ser incómodo. Puede hacernos salir de nuestras seguridades y llevarnos a tomar decisiones que no todos comprenderán. Pero también puede devolver calor a un corazón cansado, luz a quien camina en la oscuridad y esperanza a quien siente que su vida ha perdido dirección.


Jesús no busca dividir por dividir. Quiere despertar una respuesta libre y sincera. Su deseo es que el fuego del amor de Dios llegue a todos los rincones de nuestra existencia. Por eso podemos terminar con algunas preguntas: ¿Qué parte de mi vida necesita hoy ser encendida por el fuego del Evangelio? ¿Hay alguna decisión que estoy evitando por miedo a lo que puedan pensar los demás? ¿Sé defender mis convicciones con firmeza, pero también con respeto y caridad? Y quizá la pregunta más profunda sea esta: Si Cristo quiere encender hoy su fuego en mi corazón, ¿estoy dispuesto a dejar que transforme mi vida?  La respuesta cambiará todo en tu vida diaria y te ayudará (o no) a llegar a la vida eterna.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Miércoles de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,2-12):

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, del que os he escrito arriba brevemente. Leedlo y veréis cómo comprendo yo el misterio de Cristo, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la promesa de Jesucristo, por el Evangelio, del cual yo soy ministro por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder. A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.

Palabra de Dios


Salmo Is 12,R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador


Santo Evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Viene a ser el fenómeno una especie de mentidero, algo menos peligroso que los que antaño se daban en espacios públicos, en patios de vecinos, en fuentes y plazas.  Menos peligroso porque limitaba el riesgo de violencia física, pero capaz de hacer mucho daño en la fama y el crédito del prójimo. Es en esos espacios virtuales donde se ha popularizado el término “zasca” . Zasca es la respuesta que pone en evidencia o en ridículo al oponente. El término será novedoso, pero la realidad es tan antigua como el lenguaje. La réplica ingeniosa, el sarcasmo, la ironía… existen en el comportamiento humano desde el origen del lenguaje.


En el texto evangélico de hoy, Jesús propina un zasca, naturalmente a los fariseos tan aficionados a escandalizarse por situaciones que no se ajustaban a su idea de lo que se  puede o no se puede hacer según sus rígidos y legalistas criterios.  Pero también es una invitación a cambiar el corazón.


En realidad no invita a cambiar de criterio. Lo que está bien, está bien: publicanos y pecadores son “enfermos”…  que pueden ser curados. Lo que hace es invitar a los que le critican,  a cambiar el corazón: quiere misericordia y quiere humildad para aquellos y los de ahora que, a lo mejor, nos consideramos guardianes de la ley y jueces de los demás. Y ¿quién, si se pone ante Dios, no será capaz de reconocer sus enfermedad y lo necesitado que está de curación?


Misericordia, la misericordia que pide Jesús, me parece, es reconocer en el otro al semejante tan necesitado de curación como uno mismo. Y la respuesta, que Mateo consigna con tanto detalle porque él mismo fue protagonista principal, a nosotros también puede llenarnos de alegría. ¡Que gozo saber que Jesucristo ha venido a curarnos!