miércoles, 4 de noviembre de 2026

Miércoles de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,12-18):

Ya que siempre habéis obedecido, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. El día de Cristo, eso será una honra para mí, que no he corrido ni me he fatigado en vano. Y, aun en el caso de que mi sangre haya de derramarse, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y asociaos a la mía.

Palabra de Dios


Salmo 26,R/. El Señor es mi luz y mi salvación


Santo Evangelio según san Lucas (14,25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Le seguía una gran multitud de personas. A lo mejor porque habían presenciado un milagro, porque alguien les había hablado de Él, porque esperaban al Mesías, porque les fascinaba su sola presencia… Y seguramente, un buen número, por aquello de ¿dónde va Vicente?


La situación resulta bastante frecuente en nuestros días. Lo hemos visto hace poco en las visitas del Papa León XIV a  España y a Francia pero también lo vemos a diario en eventos deportivos, musicales, marchas solidarias, etc. En demasiadas ocasiones son jóvenes en buena parte ignorantes de ser manipulados por ideologías, medios de comunicación, redes sociales…


Posponer no es anular, es poner detrás. Jesús sabe que esa multitud se quedará solo en unos cuantos y le dirige un mensaje que la pondrá a prueba. Para seguirle en necesario posponer todo lo demás. Incluso lo más sagrado, lo prescrito en la Ley: honrarás a tu padre y a tu madre. Los adultos también, a veces, nos quedamos en la intensidad de un momento, en la alegría de los cantos y la fiesta, en la devoción que emociona… Todo está bien pero “hay que posponer” porque lo esencial es el seguimiento a secas, sin adornos.


Al seguimiento que nos pide Jesús hay que responder con sensatez. ¿Conocemos cual es nuestra fe o repetimos el Credo automáticamente en la Eucaristía? ¿Sabemos que dar testimonio de Cristo requiere valentía, incluso llegando hasta al martirio?


Jesús pone el ejemplo de la construcción. Para construir se necesitan materiales. ¿Tenemos conocimiento, sabiduría, discernimiento…? Y si creemos que es así ¿Se los hemos proporcionado a nuestros hijo, alumnos, sobrinos, nietos?


También el de la lucha. Para  combatir se necesita contar con un ejército más numeroso que el del enemigo. Además bien entrenado. ¿Qué hay de la formación del carácter, del conocimiento propio, de los hábitos virtuosos? Sospecho que muchos padres y abuelos no hemos sabido trasmitir estas cosas o nos hemos retirado por miedo a la presión ambiental.


Dios quiera que todos esos jóvenes, tocados en el corazón en momentos especiales se encuentren con Jesucristo y comprendan cómo tienen que seguirle cargando con su cruz. Dios quiera que los adultos que podemos ayudarles en sus búsquedas no les ocultemos lo recio y difícil del camino.

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