Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,1-6):
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
Palabra de Dios
Salmo 23,R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Santo Evangelio según san Lucas (12,54-59):
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»
Palabra del Señor
Compartimos:
Hoy la Iglesia hace memoria de San Pío de Pietrelcina (1887-1968), ordenado sacerdote en 1910, vivió desde 1916 hasta su muerte en el convento San Giovanni Rotondo. Fue canonizado en 2002 por Juan Pablo II. Resulta que la lectura del Evangelio nos presenta el envío de los doce a curar enfermos y proclamar el reino de Dios. Parece que, en las formas, no tienen mucho que ver los apostolados de San Pío y los de los doce. Pero en algo se asemejan y es en la simplicidad o austeridad extrema. A San Pío se atribuyen muchos hechos milagrosos y conversiones en todo el mundo aunque él permaneció en el convento durante la mayor parte de su vida practicando la pobreza franciscana. A los doce, Jesús los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos. Con un programa sencillo, como pobres, sin preparativos, sin provisiones, sin bastón, ni alforja…
Diócesis, parroquias, grupos, congregaciones, comunidades, asociaciones de laicos, fieles… La Iglesia toda tiene la misma misión: id y predicad. Solo que el mundo es mucho más complicado y ya no basta con caminar por los pueblos sin alforjas… La prudencia aconseja otra cosa (mas bien muchas más cosas) y allá vamos cargados con prolijos planes pastorales: programaciones, comisiones, reuniones, presentaciones, encuestas y documentos…
También hay que saber además de la doctrina algo de sociología, psicología. Todo cuesta dinero así que habrá que buscar subvenciones y donativos. Un poco de “marketing”. En definitiva se dedica más tiempo a planificar y a adquirir “recursos” que a evangelizar, cuando no son las mismas estructuras las que ralentizan cualquier plan con sus comisiones de estudio, de revisión y de puesta en marcha…
Como Iglesia no vamos tan mal en el deber de caridad: consagrados y laicos son muchos los que aportan dinero o su tiempo y sus capacidades para servir al prójimo. Pero proclamar el Reino, hablar de Dios, ser luz y sal en nuestras relaciones de trabajo, con la gente que vemos a diario, con los miembros de nuestra familia… Esos son los caminos para los que se necesitan muy pocos programas y ningún bastón, ni alforja. Solo una fe firme y valerosa, alimentada en el encuentro con Cristo y el deseo ardiente de curar y de que todos lo reconozcan como Salvador.
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