sábado, 19 de octubre de 2024

El Papa dispensa a Timothy Radcliffe de vestir con los atuendos cardenalicios

El religioso dominico, Timothy Radcliffe, que será creado cardenal el próximo 7 de diciembre, seguirá vistiendo como hasta ahora y no lo hará con distintivos propios del rango del cardenal.


El ex superior de la Dominicos Timothy Radcliffe será una de las voces más ultraprogresistas dentro del Colegio Cardenalicio. Tendrá voz y voto hasta el próximo mes de agosto cuando cumpla 80 y pase a englobar la lista de cardenales no electores en un futuro Cónclave.


Ahora, el dominico y predicador sinodal, ha desvelado en una entrevista con la BBC que solicitó al Papa la renuncia formal a vestir como un cardenal. Radcliffe suplicó al Papa Francisco poder seguir vistiendo de blanco como hasta ahora fruto de su vocación religiosa de la Orden de los Predicadores.

En la citada entrevista con la cadena inglesa difundida el domingo, el dominico inglés afirmó que había preguntado al Pontífice si podía liberarse de la «elaborada túnica cardenalicia». El Papa, según Radcliffe, le dijo ese mismo día que tenía “plena comprensión” de su situación y que lo “liberaría de usar ropa tan elaborada”.

Lecturas del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (53,10-11):

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios

Salmo 32,R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,como lo esperamos de ti.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,14-16):

Puesto que tenemos un sumo sacerdote extraordinario, que ha penetrado en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, permanezcamos firmes en la fe que profesamos. Pues no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, ya que fue probado en todo a semejanza nuestra, a excepción del pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (10,35-45):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»

Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús de Nazaret tuvo poca suerte e, incluso, fue, como muchos de nosotros, desde el punto de vista humano, no muy exitoso. Jesús y sus apóstoles subían a Jerusalén, donde se iba a confirmar su imponente fracaso ante los importantes de su nación. Y entonces se le acercan los Zebedeos, que, en principio, parecían de los más listos del grupo, para pedirle que los nombrara “presidente y vicepresidente” de su futuro gobierno. No se habían enterado, en absoluto, de cuál era la misión de Jesús. Y mucho menos de cómo iba a realizarse. Luego más tarde, y pasado el tiempo terrible de la Pasión y Muerte del Salvador, cuando, ya resucitado, se dispone a subir al Padre, hay quien le pregunta si es entonces cuando va a liberar a Israel de la ocupación romana. Y ése que preguntaba, había tenido a su lado, a un ser extraordinario, cuarenta días y había querido enseñarles, desde la gloria de su cuerpo resucitado, su auténtica misión, la que le había encargado el Padre y por la que, en acto de obediencia suprema, había muerto en medio de un enorme tormento.


Podríamos decir, entonces, que Jesús fracasó con los apóstoles y fracasó con su propio pueblo, que tras admirarle y querer hacerle rey porque les daba pan gratis, luego lo ultrajaron y lo mataron como al peor de los criminales. Parece que nadie le entendió. Y si leemos con atención los Evangelios pues sabemos que repitió muchas veces su auténtico mensaje a los discípulos, y a todos aquellos que le quisieron oír. Les pidió varias veces – como en esta ocasión – que fueran servidores y que no buscaran ser servidos. Les avisó que Él no tenía donde reposar la cabeza. No tenía el menor sentido aplicar la fuerza – cosa que los políticos saben hacer muy bien – al contrario, les aconsejo que pusieran la otra mejilla, ante la primera bofetada y que dieran el manto a quien les pidiera la capa. Les lavó los pies y les pidió, en definitiva, amor entre ellos. Pero todo el mundo seguía pensando en términos políticos, en posición de poder y más poder. Incluso, también los de Emaús cuando refieren lo ocurrido en Jerusalén esos días de la Pasión, hablan del no reconocimiento de las autoridades hacia Jesús y no de su misión, ni de su doctrina. Reconocen su fuerza como profeta, pero no su entrega y su amor por todos.


Jesús amaba la vida. Y conoció las alegrías del vivir. No era un profesional del ascetismo, ni un hipocondríaco. Se le llegó incluso a acusar de ser demasiado aficionado a comer y a beber. Jesús era también un líder nato. Tenía una extraordinaria capacidad de arrastre. Los Evangelios ponen de relieve en distintos lugares su «autoridad»: hablaba y actuaba como quien tiene autoridad. Podía haber sido un «triunfador». ¿Por qué, enton­ces, eso de servir? ¿Por qué una máxima así? Porque Jesús afrontaba la vida desde otras claves. La experi­mentaba como un don que había recibido, no para malgastarlo, no para retener­lo, no para apuntarse triunfos demasiado terrestres, sino para compar­tirlo y entregarlo. Lo más suyo era algo comunal, don para la multitud. Hizo su apuesta con toda lucidez. Y es desde ahí, desde esa su experiencia base de la vida como un don plenamen­te gratuito, desde donde invitaba a los discípulos a que fueran servidores.


Es verdad que todo cambió con la llegada del Espíritu Santo y que, incluso, Jesús se tuvo que aparecer a Pablo de Tarso y así buscar un refuerzo al grupo de los Doce. Entonces, Jesús ¿fracasó verdaderamente? No. En realidad, fracasaron sus coetáneos que no supieron ver quien era Jesús de Nazaret y la felicidad que les traía de parte de Dios Padre.


En la segunda lectura se nos da a conocer una vertiente concreta de la vida de Jesús. No fue un camino fácil y despejado. Jesús conoció, como todos conocemos, las dificulta­des, los malos ratos, las pruebas. Es uno de los rasgos de su solidari­dad con noso­tros. Por eso nos comprende desde dentro, porque él ha vivido nuestra misma vida en todas sus vertientes. Lo único que lo distingue, le hace único, es que mantuvo siempre su comunión con Dios, que no la rompió jamás. Pero conoce nuestros desfalleci­mientos, nuestras tentaciones, nuestros malos momentos o nuestras malas temporadas. Sí, también Él tuvo malos ratos. En los Evangelios sólo nos quedan algunos apuntes relativos a las tentaciones del desierto y a las pruebas y angustia de los momentos finales. Pero basta con esas muestras para que reconozcamos a Jesús como uno de los nuestros, probado en todo exactamente como nosotros. Y aquí es donde recibimos una segunda invitación: cuando lo pasamos mal, cuando experimentamos las heridas del vivir, podemos acercarnos a Él con toda confianza, seguros de que nos va a comprender.


Y acabamos este repaso con la primera lectura. ¿Fue una vida malograda la de Jesús? Cuando la miramos con los ojos con que el profeta Isaías contem­plaba al Siervo de Yahvé nos damos cuenta de que no fue uno de esos triunfado­res que arrasan por todas partes, pero reconocemos también que su vida fue a la postre una victoria, una limpia victoria. La última palabra no la tienen los trabajos, ni los rechazos, ni la angustia mortal, ni la muerte violenta: no la tienen los poderes malos de este mundo. La última palabra la tiene el Dios de la vida. Aquí también recibimos una invitación: la de cobrar concien­cia de que le pertenecemos.


En la Eucaristía se hace presente el gesto de entrega de Jesús. Acojá­moslo, para que podamos vivir en actitud de servicio. Le invocaremos como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: hagámoslo llenos de confianza. Aclamaremos su victoria sobre la muerte, el último enemigo.


No está mal, pues, pedir al Padre que sepamos escuchar a Jesús y que le entendamos. Tenemos completa su historia y su misión en los Evangelios. No podemos hacernos los sordos o los desmemoriados. Sabemos lo que Él quiere. No le dejemos fracasar, por favor, ahora, otra vez

Sábado de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,15-23):

Yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios

Salmo 8,R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

 Santo Evangelio según san Lucas (12,8-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Es famosa y significativa la película El Discurso del Rey porque, de alguna manera, nos hace empatizar con quien no está totalmente capacitado para una función y, así y todo, debe llevarla a cabo. Sentimos con el pobre Jorge, porque nos hemos visto en alguna situación (en nuestra propia escala) de la que no sabíamos cómo salir. El rey tenía que hablar porque no hacerlo podría llevar a su país a la catástrofe.


Pero tenemos testimonios de esto mismo todavía más antiguos. Es decir, que parece una experiencia bastante universal de inseguridad y falta de confianza en la propia capacidad. Moisés era tartamudo; Jeremías aduce que es un niño y no sabe hablar; David era el más pequeño de los hermanos y es llamado a ser rey; Amós, Nehemías…. Y luego los discípulos de Jesús, algunos hombres toscos y poco ilustrados. En todas partes está la figura del profeta renuente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado siendo profetas renuentes nosotros mismos? No hay ninguna certeza (y en algunos casos hay la absoluta certeza de imposibilidad) de que se pueda llevar a cabo. Y aquí se nos dice hoy que, por encima de todo problema real o imaginado de autoestima, hay que poner una confianza que casi no tiene nada que ver con nosotros: “Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir»


No os preocupéis de eso. Pero, por el otro lado hay una severa advertencia: el no hablar, el no dar testimonio, el no reconocer a Cristo puede tener consecuencias incluso más graves. No os preocupéis de qué decir, preocupaos, más bien, de no decir nada. Preocupaos si un miedo paralizante os lleva al silencio… con el resultado catastrófico personal de no ser reconocidos por Cristo y el resultado catastrófico para los demás de no escuchar la palabra de Verdad y redención porque nosotros no la hemos pronunciado. No os preocupéis. Preocupaos. Y mucho.

viernes, 18 de octubre de 2024

Lecturas del San Lucas, evangelista

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,9-17a):

Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso. El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.

Palabra de Dios

Salmo 144,R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Santo Evangelio según san Lucas (10,1-9):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»»

Palabra del Señor

Compartimos:

En algunas traducciones, el salmo responsorial de hoy dice: tus amigos expresan la gloria de tu reino. Aunque las palabras no sean idénticas en todas las traducciones, el sentido es el mismo. La función de los amigos (amigos fuertes de Dios y profetas de los que habla el libro de Isaías) es manifestar la gloria, es decir, la presencia y la luz de Dios. Se cuenta que al preguntarle una vez a un niño quiénes eran los santos, mirando a las vidrieras de una catedral, aseguró: “los santos son los que dejan pasar la luz”. Santos son los que no opacan con su vida o con su anti-testimonio la presencia de Cristo.


Lucas era uno de esos santos. En todo su Evangelio, deja pasar la luz de la alegría y la misericordia de la Buena Noticia de Cristo.


Pero no es que sea todo un camino de rosas. El Evangelio, que de nuevo relata el envío de los 72 de dos en dos avisa de que tal envío es “como corderos en medio de lobos”. Se los envía a un mundo hostil… quizá no más hostil que el que nos rodea hoy día, sembrando misericordia, pero dejando pasar la luz de la verdad. Se los envía a curar todo lo que anda enfermo y torcido. Y algo así es lo que se nos pide hoy a nosotros: que seamos santos dejando pasar la luz en un mundo que parece que cada día nos da una nueva bofetada de fealdad, mentira, oscuridad y corrupción. Y ahí, como corderos, o como las vidrieras, hemos de dejar pasar la luz. Y ese pasar la luz significa dar paz allá donde vayamos (desead la paz sobre la casa); procurar la justicia (el trabajador tiene derecho a su salario); anunciar el reino, que es salvación. Todo eso es expresar la gloria del Reino que es la misión de los amigos de Dios, de todos los santos, de quienes debemos ser todos los cristianos.

jueves, 17 de octubre de 2024

Jueves de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario. San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir

Obispo de Antioquía en el siglo I, Ignacio fue arrestado y condenado a ser arrojado a las fieras. Cuando iba hacia Roma, varias comunidades de cristianos lo recibieron con suma veneración. Él se lo agradeció afectuosamente en cartas escritas durante su viaje; les animó a adherirse firmemente a la fe y a permanecer unidos a la jerarquía “como cuerdas de una lira”. Les pidió a los cristianos no impedir que muriera como mártir, porque “Yo soy trigo de Cristo; que los dientes de los leones me muelan, para así poder ser el pan sin mancha de Cristo”.

También nosotros nos convertimos en el pan de Cristo y nuestra vida debe convertirse en una eucaristía, una ofrenda de acción de gracias con el mismo Jesucristo.


Primera Lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,1-10):

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús, que residen en Éfeso. Os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Palabra de Dios

Salmo 97,R/. El Señor da a conocer su victoria

Santo Evangelio según san Lucas (11,47-54):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán»; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»

Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.

Palabra del Señor

Compartimos:

Parece que poco tienen que ver los dientes de fieras con un pacífico molino de harina. Y ambas cosas, parece ser que tienen poco que ver con la Eucaristía.  Y sin embargo, en el imaginario de los primeros cristianos perseguidos, las cosas estaban enormemente relacionadas. Se atribuye a san Agustín una cita posterior a la vida de san Ignacio: “Contempla lo que eres. Conviértete en lo que recibes”, pero ya en la vida de los primeros cristianos había ese sentido y convicción de entrar, por la Eucaristía, en la propia vida de Cristo y hacerse uno con él, en un mismo cuerpo. El triturar la “propia harina” o, como dice el Evangelio de hoy, que el grano de trigo caiga en tierra y muera, era algo indispensable para la unión con Cristo. Por eso Ignacio dice: “Trigo soy de Cristo y seré triturado por los dientes de las fieras”. Eso era motivo de alegría, porque significaba entrar en la vida de Dios. “Donde estoy yo, ahí estará mi siervo…”


Esto suena muy bonito, pero resulta un ideal algo imposible. Supone la heroicidad de los mártires y no estamos ahí. Pero hay que ir un poco más lejos. Todos, más o menos, tenemos cerca algún “triturador”; puede ser la persona que nos molesta; o una preocupación profunda por un hijo o un familiar; o un vecino impertinente; o un jefe dominante; ¡o incluso un resfriado inoportuno! Todas estas cosas no se pueden calificar precisamente como fieras, ni como molinos que trituran, pero sí representan maneras concretas en las que uno se puede hacer cuerpo de Cristo dejando que el propio trigo se vaya pulverizando. A menudo, por esperar la ocasión heroica, los dientes de las fieras, la grandiosidad del martirio cruento, podemos ir olvidando los pequeños irritantes y trituradoras de la vida diaria. ¿Qué molino nos está haciendo harina? ¿Cómo nos puede eso ayudar a entrar en esa realidad eucarística de ser Cuerpo de Cristo?


Y por otro lado, está la advertencia. Si el grano de trigo no muere, se queda siendo meramente un grano de trigo. Y eso niega totalmente el destino de una identidad mucho más excelsa: ser cuerpo de Cristo.

miércoles, 16 de octubre de 2024

Miércoles de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario. Santa Eduviges, religiosa.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (5,18-25):

Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio,

el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley.

Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo 1,1R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

 Santo Evangelio según san Lucas (11,42-46):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!»

Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»

Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!»

Palabra del Señor

Compartimos:

La vida humana nunca está libre de cargas. Algunas son más pesadas que otras. Algunas vienen dadas por el curso natural de acontecimientos, y otras vienen impuestas por quienes quisieran ser más, gobernar, dominar. Las lecturas del Evangelio de hoy, tanto la del día del tiempo ordinario como la de santa Margarita hablan de cargas de distintas maneras. En Lucas, las cargas las ponen los maestros de la Ley, que imponen cargas y normas absurdas sobre el pueblo, pero que no mueven un dedo por ayudar a llevarlas. En Mateo, la carga la pone el propio Jesús. Pero es una carga suave, ligera. Es un “yugo”. Y en el yugo se enlazan dos cabezas; de manera que la carga se lleva entre dos. Y en este caso, la otra cabeza es la del propio Cristo. “Mi yugo es suave”, dice. Pero hay que aprender de él. Las cargas de los maestros de la Ley no se pueden llevar porque están impuestas desde la prepotencia y la soberbia.


Pero, en la otra parte del yugo que nos presenta Jesús está su cabeza que es mansa, al contrario de la que impone cargas.


Es de suponer que, si uno de los bueyes que llevan el yugo es terco, insolente, rebelde e independiente, y el otro es suave y manso, las cosas se van a poner difíciles. No se va a poder caminar ni avanzar. El Señor tirará para el lado de su sabiduría y bondad y verdad, y el otro hacia su gusto, comodidad y sentimiento. Querrá hacer su propia voluntad en lugar de la de Dios, y eso dificultará enormemente la tarea. Además, si se lleva la carga a regañadientes, sin contar con la ayuda, con insolencia y rebeldía, el cansancio de la faena va a ser mayor, por la energía empleada en la pelea… Pero el Señor invita a descansar, a caminar en la misma dirección con él, sabiendo que él lleva la mitad de la carga y que, por lo tanto, es suave. Y entonces viene ese alivio prometido.

martes, 15 de octubre de 2024

Martes 28 del tiempo ordinario, Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

1ª Lectura (Gál 5,1-6):

 Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Mirad lo que os digo yo, Pablo: si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: el que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscáis la justificación por la ley habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia. Para nosotros, la esperanza de la justificación que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, en Cristo Jesús, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.

Salmo responsorial: 118 R/. Señor, que me alcance tu favor.

Versículo antes del Evangelio (Heb 4,12): Aleluya. La palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Aleluya.

Santo Evangelio (Lc 11,37-41):

 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».

Palabra de Dios

Compartimos:

Hoy, el evangelista sitúa a Jesús en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc 11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús, como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.


Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.


Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.