viernes, 18 de octubre de 2024

Lecturas del San Lucas, evangelista

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,9-17a):

Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso. El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.

Palabra de Dios

Salmo 144,R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Santo Evangelio según san Lucas (10,1-9):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»»

Palabra del Señor

Compartimos:

En algunas traducciones, el salmo responsorial de hoy dice: tus amigos expresan la gloria de tu reino. Aunque las palabras no sean idénticas en todas las traducciones, el sentido es el mismo. La función de los amigos (amigos fuertes de Dios y profetas de los que habla el libro de Isaías) es manifestar la gloria, es decir, la presencia y la luz de Dios. Se cuenta que al preguntarle una vez a un niño quiénes eran los santos, mirando a las vidrieras de una catedral, aseguró: “los santos son los que dejan pasar la luz”. Santos son los que no opacan con su vida o con su anti-testimonio la presencia de Cristo.


Lucas era uno de esos santos. En todo su Evangelio, deja pasar la luz de la alegría y la misericordia de la Buena Noticia de Cristo.


Pero no es que sea todo un camino de rosas. El Evangelio, que de nuevo relata el envío de los 72 de dos en dos avisa de que tal envío es “como corderos en medio de lobos”. Se los envía a un mundo hostil… quizá no más hostil que el que nos rodea hoy día, sembrando misericordia, pero dejando pasar la luz de la verdad. Se los envía a curar todo lo que anda enfermo y torcido. Y algo así es lo que se nos pide hoy a nosotros: que seamos santos dejando pasar la luz en un mundo que parece que cada día nos da una nueva bofetada de fealdad, mentira, oscuridad y corrupción. Y ahí, como corderos, o como las vidrieras, hemos de dejar pasar la luz. Y ese pasar la luz significa dar paz allá donde vayamos (desead la paz sobre la casa); procurar la justicia (el trabajador tiene derecho a su salario); anunciar el reino, que es salvación. Todo eso es expresar la gloria del Reino que es la misión de los amigos de Dios, de todos los santos, de quienes debemos ser todos los cristianos.

jueves, 17 de octubre de 2024

Jueves de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario. San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir

Obispo de Antioquía en el siglo I, Ignacio fue arrestado y condenado a ser arrojado a las fieras. Cuando iba hacia Roma, varias comunidades de cristianos lo recibieron con suma veneración. Él se lo agradeció afectuosamente en cartas escritas durante su viaje; les animó a adherirse firmemente a la fe y a permanecer unidos a la jerarquía “como cuerdas de una lira”. Les pidió a los cristianos no impedir que muriera como mártir, porque “Yo soy trigo de Cristo; que los dientes de los leones me muelan, para así poder ser el pan sin mancha de Cristo”.

También nosotros nos convertimos en el pan de Cristo y nuestra vida debe convertirse en una eucaristía, una ofrenda de acción de gracias con el mismo Jesucristo.


Primera Lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,1-10):

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús, que residen en Éfeso. Os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Palabra de Dios

Salmo 97,R/. El Señor da a conocer su victoria

Santo Evangelio según san Lucas (11,47-54):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán»; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»

Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.

Palabra del Señor

Compartimos:

Parece que poco tienen que ver los dientes de fieras con un pacífico molino de harina. Y ambas cosas, parece ser que tienen poco que ver con la Eucaristía.  Y sin embargo, en el imaginario de los primeros cristianos perseguidos, las cosas estaban enormemente relacionadas. Se atribuye a san Agustín una cita posterior a la vida de san Ignacio: “Contempla lo que eres. Conviértete en lo que recibes”, pero ya en la vida de los primeros cristianos había ese sentido y convicción de entrar, por la Eucaristía, en la propia vida de Cristo y hacerse uno con él, en un mismo cuerpo. El triturar la “propia harina” o, como dice el Evangelio de hoy, que el grano de trigo caiga en tierra y muera, era algo indispensable para la unión con Cristo. Por eso Ignacio dice: “Trigo soy de Cristo y seré triturado por los dientes de las fieras”. Eso era motivo de alegría, porque significaba entrar en la vida de Dios. “Donde estoy yo, ahí estará mi siervo…”


Esto suena muy bonito, pero resulta un ideal algo imposible. Supone la heroicidad de los mártires y no estamos ahí. Pero hay que ir un poco más lejos. Todos, más o menos, tenemos cerca algún “triturador”; puede ser la persona que nos molesta; o una preocupación profunda por un hijo o un familiar; o un vecino impertinente; o un jefe dominante; ¡o incluso un resfriado inoportuno! Todas estas cosas no se pueden calificar precisamente como fieras, ni como molinos que trituran, pero sí representan maneras concretas en las que uno se puede hacer cuerpo de Cristo dejando que el propio trigo se vaya pulverizando. A menudo, por esperar la ocasión heroica, los dientes de las fieras, la grandiosidad del martirio cruento, podemos ir olvidando los pequeños irritantes y trituradoras de la vida diaria. ¿Qué molino nos está haciendo harina? ¿Cómo nos puede eso ayudar a entrar en esa realidad eucarística de ser Cuerpo de Cristo?


Y por otro lado, está la advertencia. Si el grano de trigo no muere, se queda siendo meramente un grano de trigo. Y eso niega totalmente el destino de una identidad mucho más excelsa: ser cuerpo de Cristo.

miércoles, 16 de octubre de 2024

Miércoles de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario. Santa Eduviges, religiosa.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (5,18-25):

Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio,

el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley.

Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo 1,1R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

 Santo Evangelio según san Lucas (11,42-46):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!»

Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»

Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!»

Palabra del Señor

Compartimos:

La vida humana nunca está libre de cargas. Algunas son más pesadas que otras. Algunas vienen dadas por el curso natural de acontecimientos, y otras vienen impuestas por quienes quisieran ser más, gobernar, dominar. Las lecturas del Evangelio de hoy, tanto la del día del tiempo ordinario como la de santa Margarita hablan de cargas de distintas maneras. En Lucas, las cargas las ponen los maestros de la Ley, que imponen cargas y normas absurdas sobre el pueblo, pero que no mueven un dedo por ayudar a llevarlas. En Mateo, la carga la pone el propio Jesús. Pero es una carga suave, ligera. Es un “yugo”. Y en el yugo se enlazan dos cabezas; de manera que la carga se lleva entre dos. Y en este caso, la otra cabeza es la del propio Cristo. “Mi yugo es suave”, dice. Pero hay que aprender de él. Las cargas de los maestros de la Ley no se pueden llevar porque están impuestas desde la prepotencia y la soberbia.


Pero, en la otra parte del yugo que nos presenta Jesús está su cabeza que es mansa, al contrario de la que impone cargas.


Es de suponer que, si uno de los bueyes que llevan el yugo es terco, insolente, rebelde e independiente, y el otro es suave y manso, las cosas se van a poner difíciles. No se va a poder caminar ni avanzar. El Señor tirará para el lado de su sabiduría y bondad y verdad, y el otro hacia su gusto, comodidad y sentimiento. Querrá hacer su propia voluntad en lugar de la de Dios, y eso dificultará enormemente la tarea. Además, si se lleva la carga a regañadientes, sin contar con la ayuda, con insolencia y rebeldía, el cansancio de la faena va a ser mayor, por la energía empleada en la pelea… Pero el Señor invita a descansar, a caminar en la misma dirección con él, sabiendo que él lleva la mitad de la carga y que, por lo tanto, es suave. Y entonces viene ese alivio prometido.

martes, 15 de octubre de 2024

Martes 28 del tiempo ordinario, Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

1ª Lectura (Gál 5,1-6):

 Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Mirad lo que os digo yo, Pablo: si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: el que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscáis la justificación por la ley habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia. Para nosotros, la esperanza de la justificación que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, en Cristo Jesús, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.

Salmo responsorial: 118 R/. Señor, que me alcance tu favor.

Versículo antes del Evangelio (Heb 4,12): Aleluya. La palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Aleluya.

Santo Evangelio (Lc 11,37-41):

 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».

Palabra de Dios

Compartimos:

Hoy, el evangelista sitúa a Jesús en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc 11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús, como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.


Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.


Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.

domingo, 13 de octubre de 2024

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (7,7-11):

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espiritu de sabiduria. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

Palabra de Dios

Salmo 89,R/. Sácianos de tu misericordia, Señor

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,12-13):

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (10,17-30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Los discípulos se extrañaron de estas palabras.

Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Siempre que se habla de dinero, se despierta el interés y crece la atención. Es un tema importante. Para algunos, es una cuestión de vida o muerte, sobre todo, la ausencia de medios para poder vivir dignamente. Un gran problema en nuestra sociedad.


No es cuestión de obsesionarse, pero no se pueden tomar decisiones a la ligera. Hay que pensar. Hacen falta conocimientos y voluntad. La primera lectura nos habla de la “sabiduría”. Hay cosas que heredamos, como la configuración física, un patrimonio y, en el caso de las monarquías, el poder. Mucha gente, a lo largo de nuestra vida, nos ayuda en el proceso educativo, además de los padres. Maestros, tutores, educadores varios nos van introduciendo en el mundo del conocimiento.


Pero la sabiduría de la que habla la primera lectura, el poder discernir lo bueno de lo malo, no nos la dan los hombres, es un don de Dios. Esa es la sabiduría que hay que pedir, en la oración, para saber valorar cada cosa en su justa medida, ordenar de forma adecuada nuestra escala de valores, y saber lo que merece la pena y lo que no. La mayoría de las cosas no son malas en sí, pero hay unas más importantes que otras. Y lo principal es nuestra actitud ante ellas. No es un juego, estamos hablando de nuestra salvación.


Es la Palabra de Dios la que nos da las pautas para ese discernimiento. Esa Palabra que es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. Que sale de la boca del Señor, y siempre produce algún efecto, como la lluvia que no cae infructuosamente (Is 55, 10-11). La única condición es estar abierto, dejar que esa Palabra nos cambie, nos afecte, que no abramos el paraguas del “ya lo sé todo” o “esto ya lo he oído muchas veces”. Habría que escucharla como si fuera la primera vez. Con el deseo de esas personas que recorrían muchos kilómetros, gritaban y luchaban contra todas las barreras, para poder acercarse a Jesús.


Quizá, si no cambia nada en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestras comunidades, es porque, aunque la Palabra es viva y eficaz, nuestras palabras no lo son tanto.


Jesús se encontró con muchas personas a lo largo de su vida. A algunos les hizo una invitación muy concreta: “ven y sígueme”. Las respuestas fueron muy diversas. Algunos lo dejaron todo, inmediatamente, y se fueron tras Él. Otros comenzaron el camino del seguimiento, pero, cuando llego el momento de la prueba, lo dejaron. Uno hubo que lo traicionó después de haber sido de su grupo, casi hasta el final. Y hoy el Evangelio nos recuerda la historia de ese joven que no dio el paso adelante, sino que se retiró con pena. El caso es que era una persona buena, “de Misa”, que cumplía la ley. Para sus contemporáneos, la riqueza, además, era señal de la bendición de Dios. Una recompensa por la honradez de su vida.


Es posible que hubiera oído hablar de Cristo, que quisiera conocerlo, y, con esa idea en la cabeza, se encaminó al encuentro del Maestro. Pero a veces hay que tener cuidado con lo que se desea. Se cumplió el sueño, se encontró con el Señor, pero, para su desgracia, al escuchar lo que Cristo le decía, se vino abajo. Todo de lo que estaba orgulloso, su religiosidad, su cumplimiento de las normas, su situación económica… Todo resultó ser insuficiente. Le faltaba lo más importante, poner a Dios en el primer lugar. Ese lugar estaba ocupado por su (gran) patrimonio. ¡Qué pena más grande!


Ese joven, al menos, tenía interés por saber cómo ganarse el Cielo. Cuántos cristianos, hoy en día, se conforman con vivir lo mejor posible, sin complicaciones, preocupados más por los bienes materiales que por los celestiales. No muchos se plantean lo que significa la Vida Eterna.


Al igual que al joven rico, falta mucha generosidad y valor para dar ese paso. Puede que haya miedo al fracaso. El diálogo de Pedro con Jesús: “Nosotros lo hemos dejado todo. ¿Qué recibiremos a cambio?” (Mt 19, 27-30), puede tener que ver con este miedo. No hay confianza en la Providencia divina, como la tuvo la viuda que echó su última moneda en el cepillo del templo. Hay que confiar más en las promesas de Dios que en nuestros temores.


Es la alternativa fundamental de nuestra vida: poner la confianza en Dios o poner la confianza en los bienes materiales. Ahí, de alguna manera, se prueba nuestra fe. Hace falta sentir que Dios es una realidad viviente en la que uno puede descansar su vida. Al final, Dios no se deja vencer en generosidad.


¿Nos hemos preguntado qué quiere Dios de nosotros? ¿Estamos haciendo todo lo que podemos para ser testigos de su reino? Dicho de otra manera, ¿qué me mueve en mi día a día?, ¿qué aspiraciones tengo yo, cristiano del s. XXI? Santa Teresa, cuya memoria celebramos el 15 de octubre, repetía con frecuencia: “¿qué mandáis hacer de mí?”


El mundo en que vivimos nos va aislando poco a poco de Dios, hay muchas obligaciones, familiares y laborales y, muchas veces, no podemos hacer más que ofrecer un poco de nuestro tiempo, de vez en cuando, o de nuestro dinero, sobre todo cuando hay una desgracia o una necesidad concreta.

Lunes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario.

 Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4,22-24.26-27.31–5,1):

En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios. Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas. Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí. La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.» Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre. Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.

Palabra de Dios

Salmo 112,R/. Bendito sea el nombre del Señor por siempre

Santo Evangelio según san Lucas (11,29-32):

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Hay personas que piden “señales” de Dios para estar seguros de que algo es voluntad de Dios o, lo que sería un poco más osado, para probar su presencia o su existencia. Además de un atrevimiento, esto parece un poco ofensivo. ¿Tiene Dios que probar su propia existencia, o su presencia?


Pero, en su misericordia, Dios no deja de enviar signos. La sonrisa de alguien en un momento difícil; una mano amiga cuando más se necesita; un momento familiar de alegría y risa; un diagnóstico médico que hace preguntarse por dónde y cómo seguir viviendo. Un encuentro con alguien que da la palabra adecuada en el momento adecuado. A veces estos pequeños signos pueden pasar desapercibidos.


Por eso hoy, pedagógicamente, se invita a recordar el signo de los signos: el signo de Jonás. El signo al que apuntan todos los signos. ¡Nada menos que una ballena! Por si acaso no se veía bien. Una ballena que, con un surtidor de agua, devuelve al profeta a la vida. Pero el signo de Jonás, a lo que apunta a su vez en realidad es a un signo incluso mayor. Porque, incluso más grande que la ballena, aunque un poco menos “visible” y mucho más glorioso, es el signo de la Cruz y luego el de la tumba de Cristo. Un brotecillo de agua (no un surtidor de ballena) del costado de Cristo da a luz a la Iglesia. Una piedra rodada de una tumba inaugura una vida eterna para quienes acepten a este Señor resucitado. Los tres días de Jonás en el vientre de la ballena, en todo su dramatismo e imposibilidad, se quedan pequeños ante los tres días de la muerte de Jesús en la tumba. ¿Qué más signo nos hace falta que la certeza de vida para siempre? ¿Qué más signo haría falta que los brazos abiertos de Cristo en la Cruz que hablan a gritos de un amor inabarcable y tremendamente misterioso?


Cada día podremos encontrarnos signos innumerables de esperanza y de vida. Todos ellos, por muy pequeños que parezcan, apuntan al signo más grande que la ballena e infinitamente más eficaz que el surtidor de agua del cetáceo. Apuntan al agua y la Sangre que dan vida y vida eterna.

sábado, 12 de octubre de 2024

Bienaventurada Virgen María del Pilar

Primera Lectura

Lectura del primer libro de las Crónicas (15,3-4.15-16;16,1-2):

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonaran cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios

Salmo 26,R/. El Señor me ha coronado,sobre la columna me ha exaltado

Santo Evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor

Compartimos:

En esta fiesta de Nuestra Señora del Pilar en la que homenajeamos a la Madre de Jesús la liturgia nos regala este texto evangélico en el que Jesús homenajea a su madre dando relieve al vínculo de la fe frente al vínculo de la carne y la sangre. Y es que ésta idea racial había sido para Israel una permanente raíz de malentendidos. Se vinculaba tanto la salvación con el hecho de pertenecer al pueblo elegido, que se caía en un nacionalismo religioso excluyente. Jesús anuncia un Dios para todos, sin exclusiones, al que se llega desde la fe, no reivindicando el «pedigree» religioso. El evangelio de Juan -en especial el episodio de la samaritana-, es prototípico al respecto.


Nosotros también podemos caer en ese riesgo. «Al cielo iremos los de siempre», decía una chiste del humorista Mingote, ironizando sobre esa actitud del creyente tradicional que se fía más de la herencia recibida y las costumbres adquiridas que de la auténtica respuesta personal.


Dios no es una ‘póliza de seguros’ que se pueda conseguir a cambio de cumplir ciertos ritos o mantener ciertas conductas. Quien se acerca a Dios así corre el riesgo de manipular hasta lo más sagrado en beneficio propio. Y puede ser que tenga todos los papeles en regla, pero lo más probable es que Dios le diga: «No te conozco». Pues lo que son medios para el encuentro con Dios los ha convertido en arneses y correas para sentirse seguro. Y lo que son vías para recibir la justicia salvadora los han transformado en sistemas para sentirse justo, para autojustificarse.


Este fue el conflicto religioso de fondo con los fariseos: El pasaje del fariseo y el publicano cuando oran en el templo nos indica por donde van las preferencias de Dios.


Por tanto, universalismo sin excluisones, apertura, humildad de corazón, sentirse herederos de un don gratuito. Para que Jesús no tenga que volvernos a decir: «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos…»