lunes, 7 de octubre de 2024

Lunes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario, Bienaventurada Virgen María del Rosario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (1,6-12):

Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, lo que pasa es que algunos os turban para volver del revés el Evangelio de Cristo. Pues bien, si alguien os predica un evangelio distinto del que os hemos predicado –seamos nosotros mismos o un ángel del cielo–, ¡sea maldito! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea maldito! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo. Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Palabra de Dios

Salmo 110,R/. El Señor recuerda siempre su alianza

 Santo Evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»

Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor

Compartimos:

A lo largo de esta semana iremos leyendo los fragmentos principales de la Carta de San Pablo a los Gálatas. Pablo, hoy, sale al paso de un problema: la situación de desconcierto creada por los que han predicado «otro» evangelio distinto del de Jesucristo. Este es un problema de siempre. Surge cada vez que nuestra predicación (o nuestro criterio, o nuestro punto de vista) nace más de nuestra particular manera de entender a Dios y de vivir la fe o de una mera proyección psicológica, que realmente de las fuentes comunes de revelación de Dios. A menudo, lo que consideramos evangélico no es más que un fruto de nuestra necesidad de imponernos a otros, o de ser aceptados, o de nuestras ideas, o de justificar nuestra mediocridad. Cada vez que enarbolamos frases rotundas como: «Esta clarísimo en el evangelio que» o «Hay que cortar por lo sano» es como para echarse a temblar solemos estar más frente a nuestra particular interpretación del Evangelio que del Evangelio mismo. Y es que el Evangelio suele tener un tono exigente, pero al mismo tiempo es profundamente liberador. Apela a la inteligencia de las personas («¿Qué os parece?) y también a su libertad («Si quieres»). Jesús tiene toda la fuerza del mundo para «imponer» el evangelio por decreto ley, porque sí, porque yo soy el que mando, y, sin embargo, procede por la vía de la seducción. Lo comprobamos en el evangelio de hoy. Más que la parábola del buen samaritano en sí misma podemos fijar nuestra atención en las preguntas que Jesús hace al Maestro de la Ley: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Y también dos recomendaciones: «Haz esto y tendrás la vida», «Anda, haz tú lo mismo».


Jesús no cuenta la parábola para humillar al maestro de la ley, sino para conectar con lo mejor de este hombre, para abrirle un horizonte más amplio, para hacerle ver la buena noticia, con la que «tendrá vida».


¡De qué manera tan distinta sonaría el evangelio en nosotros si surgiese de este modo y no como un arma arrojadiza al servicio de nuestros intereses, por nobles que aparezcan, sino como un instrumento de liberación, una manifestación del amor de Dios que quiere llegar al corazón de cada uno, que quiere “que todos los hombres de salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Nunca desde la imposición o el acorralamiento, sino desde la libertad y es descubrimiento personal.

domingo, 6 de octubre de 2024

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (2,18-24):

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»

Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.

El hombre dijo: «Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

Palabra de Dios

Salmo 127,R/. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (2,9-11):

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al gula de su salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avengüenza de llamarlos hermanos.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (10,2-16):

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»

Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»

Contestaron: «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»

Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios «los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.» De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»

Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor

Compartimos:

En todas las épocas ha habido dificultades en el matrimonio. Se ve que no es una cosa nueva. En tiempos de Moisés, en tiempos de Jesús y hoy en día. No es fácil construir un proyecto de vida en común, con una persona, y para toda la vida. Además, las leyes civiles, hasta hace pocos años, no garantizaban la igualdad entre el hombre y la mujer. Había grandes diferencias entre los sexos.


Pues las lecturas de hoy nos hablan del proyecto de Dios para el matrimonio. En esa unión no hay diferencias, los dos se complementan, la mujer es semejante al hombre, y se le da como ayuda. Estas dos palabras, “semejante” y “ayuda” nos explican cómo Dios entiende a la mujer. Siendo iguales, ambos dan continuidad a la obra del Señor, y sin la mujer quedaría incompleto el hombre. Juntos están en el paraíso.


El problema empieza cuando en la relación el egoísmo vence al amor, y se ve al otro como una cosa. Poco a poco se pierde la comunicación, y las decisiones se dejan de tomar conjuntamente. Incluso, en ocasiones, se hace daño al otro, física o psicológicamente, y ambos vuelven a estar sólos, sin compañía, se hacen desgraciados el uno al otro. Surgen las aventuras extramatrimoniales y cada vez se alejan más y más del plan de Dios.


Otros problemas para alcanzar la felicidad son la simple convivencia o las relaciones prematrimoniales, en las que no se da el compromiso pleno y definitivo, la entrega “para toda la vida, con una persona”, de la que nos habla el libro del Génesis. Si se habla de verdadero amor, hace falta un compromiso mayor que la simple atracción pasajera. Por eso la Iglesia recuerda estas cosas, en la preparación al matrimonio.


Comenzamos la lectura de la Carta a los Hebreos. La escucharemos hasta el final del año litúrgico. Durante mucho tiempo, se atribuyó al apóstol san Pablo, aunque ahora los autores han descartado su autoría. Más que una carta, parece una homilía destinada a que los oyentes se mantuvieran firmes en su fe, en la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, que se hizo nuestro hermano, que se solidarizó con nuestros problemas y debilidades, y que sabe lo que es sufrir. La obediencia a la voluntad del Padre le llevó a la muerte, y una muerte de cruz. No le fue fácil seguir el camino trazado por el Padre, como tampoco lo es para nosotros.


Las preguntas a Jesús tienen como finalidad tenderle una trampa, poniéndole entre la espada de la Ley de Moisés y la pared del amor de Dios. Lo que le dicen los fariseos, lo que la gente entendía era que el divorcio estaba permitido. Los motivos para ese paso, con el transcurso del tiempo, habían llegado a ser muy variados, desde la infidelidad, hasta una comida mal preparada.


El acta de repudio que prescribió Moisés permitía a las mujeres tener una segunda oportunidad, para que no las acusaran de adulterio, si se unían a otro hombre. La pena por adulterio, ya sabemos, era la muerte por lapidación. Una ligera mejora en el estatus de las esposas. Lo que hace Jesús es romper con la concepción de su pueblo, negando cualquier posibilidad de divorcio, porque queda fuera del plan de Dios. El repudio lo han introducido los hombres, y destruye la unidad querida por el Creador.


Jesús vuelve a presentar a sus contemporáneos el plan original de Dios, que excluía el divorcio. El amor de los esposos, que está en el origen del matrimonio, supone entrega mutua, sacrificio por el otro, ser fecundos y formar una familia. Ese es el plan primigenio de Dios, que ha prometido estar junto a los que empiezan ese camino, acompañando, ayudando a sobrellevar las dificultades, para que sean un espejo del amor divino y puedan ser fieles y felices.


La pregunta que muchos se hacen es: “¿cómo hacer hoy para que ese proyecto de vida no se rompa, por la infidelidad, por la rutina, por la indiferencia?” Es muy importante recordar los valores que deben trabajarse cada día en la pareja: la fidelidad, el cuidado diario del afecto y la convivencia, la escucha, el perdón… Todo ello ayuda a andar juntos el camino. Y no nos olvidemos de la oración en común, para sentir el apoyo de Dios en las crisis y dificultades. Entre todas las oraciones, debe ocupar un lugar especial la Eucaristía. Es precisamente en la Eucaristía donde recordamos este misterio de amor del amor de Dios, y en ella es donde los esposos deberían alimentar su vocación al amor.


Termina el Evangelio hablando de los niños. Y de la necesidad de ser como niños, para entrar en el Reino de los Cielos. No se trata de ser infantiles, sino, quizá, de tener la capacidad de los niños de aprender permanentemente. Ser capaces de sentir la curiosidad para seguir haciendo preguntas, interesarse por ver todo con otra mirada y poder alegrarse con las cosas pequeñas. Y olvidar rápido las ofensas, y perdonar. Estas son las cosas que los niños pueden enseñarnos, y que nos permiten acercarnos más a Dios. No pensar que lo sabemos todo, que conocemos todo de los otros – incluido el cónyuge – y dejar que Dios sea Dios. Con sus ritmos, con sus tiempos, pero confiando. Como un niño en los brazos de su madre. Ojalá podamos vivir así. Todos saldremos ganando.

sábado, 5 de octubre de 2024

Témporas de Acción de Gracias y de Petición

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (8,7-18):

Habló Moisés al pueblo, diciendo: «Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y veneros que manan en el monte y la llanura, tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares y de miel, tierra en que no comerás tasado el pan, en que no carecerás de nada, tierra que lleva hierro en sus rocas, y de cuyos montes sacarás cobre, entonces comerás hasta hartarte, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado. Pero cuidado, no te olvides del Señor, tu Dios, siendo infiel a los preceptos, mandatos y decretos que yo te mando hoy. No sea que, cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres, para afligirte y probarte, y para hacerte el bien al final. Y no digas: «Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas.» Acuérdate del Señor, tu Dios: que es él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas, y así mantiene la promesa que hizo a tus padres, como lo hace hoy.»

Palabra de Dios

Salmo 1Cro 29,R/. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):

El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es corno si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Mateo (7,7-11):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

Palabra del Señor

Compartimos:

Las témporas, en la Iglesia católica, son los breves ciclos litúrgicos, correspondientes al final e inicio de las cuatro estaciones del año. En su origen, su finalidad era dedicar un tiempo a dar gracias a Dios por los beneficios recibidos de la tierra y a pedirle su bendición sobre las siembras para que produjeran cosechas abundantes.


De alguna manera, con las lecturas de hoy prolongamos lo considerado ayer en torno a San Francisco de Asís en su relación con la naturaleza y el Creador. La primera lectura tomada del libro del Éxodo nos exhorta a no olvidar que todo cuanto tenemos procede de Dios. “Te pedimos que tu luz -leemos en la Oración colecta- nos haga descubrir que has sido tu y no nuestro poder, quien nos ha dado fuerza para crear las riquezas de la tierra”.


Es una oración sencilla. Fácil de decir por los sensatos si son humildes. La verdad es que nadie puede garantizarse una buena cosecha: acecha la lluvia o su falta, las plagas, los incendios… Como no existe el negocio que no pueda fracasar. Nadie está a salvo de que sus esfuerzos, su tiempo y sus capacidades no aseguren totalmente la prosperidad de su empresa. Por eso es una necedad recrearse en el triunfo si se da y atribuírselo totalmente. Claro que si se puede apreciar con justicia el trabajo realizado con rectitud y alegrase dando gracias a Dios que lo hace posible. Los talentos (fuerza, inteligencia, aptitud, habilidad, conocimiento) podemos adquirirlos o desarrollarlos y crear riqueza y bienestar con ellos. Y está muy bien alegrarse, dando gracias a Dios, claro está.


Hace no demasiado tiempo, resultaba natural decir “gracias a Dios”, “si Dios quiere” “Dios lo quiera”. Ahora esas expresiones se oyen rara vez fuera de los ambientes cristianos aunque en España aún hay una mayoría de población bautizada… Digámoslo sin miedo en todo tiempo y lugar. En alguna parte he leído lo siguiente: el peor momento del ateo es aquel en que se siente  agradecido y no encuentra a quien dar gracias. Siguiendo la misma lógica, nuestro mejor momento es el de dar gracias a Quien sabemos nos ama y de Quien procede todo bien.

viernes, 4 de octubre de 2024

Viernes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario, San Francisco de Asís, religioso

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (38,1.12-21;40,3-5):

El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados, para que la transforme como arcilla bajo el sello y la tiña como la ropa; para que les niegue la luz a los malvados y se quiebre el brazo sublevado? ¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? ¿Te han enseñado las puertas de la muerte o has visto los portales de las sombras? ¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo. ¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa? Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años.»

Job respondió al Señor: «Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada.»

Palabra de Dios

Salmo 138 R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Santo Evangelio según san Lucas (10,13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Las lecturas propias de hoy parecen especialmente vinculadas al de Asís. En Gálatas: “llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús”; en el Salmo responsorial: “No hay bien para mi fuera de ti”, en el Evangelio: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”.


Siempre se ha venerado en la Iglesia. Quizá la popularidad del santo de Asís ha ido en aumento en nuestro tiempo. Patrón de Italia, fue también declarado “Patrón de la Ecología” por Juan Pablo II, Su Cántico de las criaturas pone de manifiesto una profunda reconciliación entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte, entre el universo y Dios.


Su historia es muy conocida, se ha contado mucho, también en cine. De todo lo que he leído me parece fascinante lo escrito por G. K. Chesterton. Ofrezco como materia de reflexión unas pocas pinceladas de su original y profunda biografía de San Francisco de Asís.


“Los santos viven en la eternidad y en el tiempo, participan de Dios y de la historia, pero la intemporalidad de San Francisco es más evidente porque su lenguaje, que es el del amor y del corazón, llega a lo más profundo del ser humano. La santidad es la plenitud en el amor, pero en la unión con el Amor hay moradas y creemos que el hombre Francisco llegó a la más cercana”. “… no hay contradicción entre el poeta que junta flores al sol y soporta una vigilia helada en la nieve, entre quien alaba toda belleza terrena y corporal y se niega a tomar bocado…”. “Amaba y reverenciaba a los hombres corrientes y a las cosas de todos los días; ciertamente nos cabe decir que envió al mundo hombres no comunes y extraordinarios solamente para animar a todos a ser hombres comunes y corrientes”. “La diferencia entre Cristo y san Francisco es la que se da entre el Creador y la criatura, y por cierto no ha existido criatura alguna con mayor conciencia de tan colosal contraste como el mismo san Francisco. Pero, admitida esta verdad, es cabalmente cierto y de brutal importancia decir que Cristo fue el dechado que Francisco se propuso imitar, […] y, por encima de todo, que, comparando a Francisco con nosotros fue cuanto menos una aproximación muy sublime a su Maestro y, con todo y ser intermediario y reflejo, un espléndido y aún así misericordioso espejo de Cristo”.


Pidamos la gracia de querer imitar a Jesucristo con el fervor y alegría de Francisco… siendo seres humanos comunes y corrientes.

jueves, 3 de octubre de 2024

Jueves de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario. San Francisco de Borja, presbítero

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (19,21-27):

Job dijo: «¡Piedad, piedad de mí, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios! Por qué me perseguís como Dios y no os hartáis de escarnecerme? ¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre; con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo verán. ¡Desfallezco de ansias en mi pecho!»

Palabra de Dios

Salmo 27,R/. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida

 Santo Evangelio según san Lucas (10, 1-12):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.» Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Recordamos hoy a San Francisco de Borja; en la Oración Colecta se dice: […] al celebrar la fiesta […] enséñanos a comprender que nada hay en el mundo comparable a la alegría de gastar la vida en tu servicio. Y la lectura del evangelio de Lucas es el relato de la misión de los 72.


Puede ser que parroquias, fieles comunes e institutos y diversas asociaciones católicas, a veces, nos sintamos abrumados por los numerosísimos documentos (vaticanos, diocesanos, parroquiales etc.) con planes de pastoral, estrategias para la evangelización, programas… Dedicamos tanto esfuerzo en todos esos “previos” que no nos queda ánimo para llevarlos a la práctica. Los más críticos quizá afirmarían que sería mejor olvidarse de “tanto papel” y ponerse manos a la obra de una vez.


Pero no consideremos estos “papeles” como inútiles, en buena medida los necesitamos y cuanto más compleja y difícil la situación social, con mayor motivo. Jesús, leemos en Lucas, no envió a los setenta y dos sin más: les proporcionó una “guía” con instrucciones para el caso. Guía que proporciona algunas pistas… En primer lugar los envía de dos en dos lo que significa que el centro del anuncio es Cristo mismo, no la capacidad de liderazgo, elocuencia o persuasión del que anuncia. Y que es Cristo el que mueve a la comunidad, la incipiente Iglesia: los dos la representan.


Hay que ir ligero de equipaje no sea que carguemos con tantas cosas, materiales o de otra índole, que dificulten y retarden la marcha.


Un aviso sorprendente que incluso parece algo mal educado: no saludéis a nadie por el camino. Pero en aquel contexto histórico, geográfico y cultural tiene una explicación. El saludo no consistía meramente en un “buenos días” sino en una parada dilatada de hasta varias jornadas.


Quedaos en donde os reciban y adaptaos a lo que hay. Es decir, aceptar y acoger su cultura, sus costumbres, sus normas no escritas… aunque la fe en Jesucristo que prediquéis los lleven a cambiar en según que aspectos…


Donde os reciban, curad a los enfermos. Es decir, el anuncio de la salvación tiene que acompañarse con bondad y entrega. Si decimos que Dios nos ha dado el mandato de amar, hay que ser consecuentes.


Y sed firmes y tenaces en la proclamación. Si os rechazan, tal vez por la sospecha de que queréis aprovecharos de ellos, demostrad que no os vais a llevar ni el polvo adherido a vuestros pies y dejad claro el anuncio del Reino que ha llegado para todos en Jesucristo.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Miércoles de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario.Los Santos Ángeles Custodios

 Primera Lectura

Lectura del libro de Job (9,1-12.14-16):

Respondió Job a sus amigos: «Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no puedo verlo, pasa rozándome, y no lo siento; si coge una presa, ¿quién se la quitará?; ¿quién le reclamará: «Qué estás haciendo»? Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él. Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.»

Palabra de Dios

Salmo 87 R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

 Santo Evangelio según san Lucas (9,57-62):

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.»

Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

A otro le dijo: «Sígueme.»

Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»

Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.»

Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Las primera y segunda lecturas de la Liturgia de la Palabra de hoy se refieren directamente a los ángeles, también las Antífonas y las plegarias de la Liturgia Eucarística. En el Prefacio de los ángeles leemos: “Siendo ellos dignísimos de todo honor, tú eres inmenso y has de ser reconocido sobre todas las cosas, por Cristo Señor nuestro…”


Pensar que existen lo ángeles y que cada uno de nosotros es custodiado por uno de ellos lleva al asombro y la admiración. Aunque en el credo no se citan, afirmamos que Dios es creador de todo lo visible e invisible. Son invisibles, pero son si bien en ocasiones adquieren una forma humana o sobrehumana. Entonamos el Santo en la Misa uniéndonos a los innumerables coros de ángeles… De San Jerónimo, del que hacíamos memoria el lunes, es esta afirmación: “Grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia”.


La presencia y la acción de los ángeles aparece muchas veces en el Antiguo Testamento y en el Nuevo. Fue testimoniada por una multitud de santos ¿La percibimos en nuestra vida diaria? ¿Somos conscientes y agradecidos por este don de Dios a los hombres? Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: “Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro del mi Padre celestial”.


Es bueno que nos encomendemos a nuestro ángel de la guarda o a los “innumerables coros de ángeles”, pero no nos confundamos: nada tiene que ver la Palabra de Dios acerca de los ángeles con la moda actual en forma de objetos, libros, amuletos y absurdas devociones que osilan entre la idolatría y la superstición.


La creatividad comercial es muy hábil para vender “ángeles” de todos colores y sabores, en todo tipo de materiales y en cualquier formato: adornos, prendedores, pulseras, anillos, aretes… y hasta estampados en camisetas. Ángeles que también protagonizan películas o relatos impregnados de la tendencia “New Age” con su cortejo de astrología, espiritismo, esoterismo, magia, etc. Estas cosas no son cristianas, mantengámonos lejos de ellas. Adoremos a Dios Padre, su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo y demos gracias por su bondad y misericordia.

martes, 1 de octubre de 2024

Martes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Job (3,1-3.11-17.20-23):

Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: «Se ha concebido un varón»! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»

Palabra de Dios

Salmo 87 R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Santo Evangelio según san Lucas (9,51-56):

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»

Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Palabra del Señor

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Como una prolongación de lo meditado ayer, hoy, día en que la Iglesia hace memoria de Santa Teresita, la oración colecta propone: “Oh Dios que preparas tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos seguir confiadamente el camino de santa Teresita del Niño Jesús para que, por su intercesión nos sea revelada tu gloria eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo”.


La primera lectura de hoy continúa con el libro de Job. El pasaje no muestra la famosa paciencia de Job, sino todo lo contrario. Es un amargo discurso y un trágico lamento por haber nacido. Algo muy humano y que en alguna medida experimentamos cuando creemos no poder soportar el fracaso y el sufrimiento físico o moral. José María Cabodevilla publicó, por los años 70, una obra titulada “La impaciencia de Job”. Y el poeta Carlos Pujol, autor de Fragmentos del libro de Job, dice: “Quien no se haya sentido Job en alguna situación no sabe lo que es vivir, porque esa experiencia del dolor insufrible que no se entiende es la clave más honda de lo humano”. Al final, sabemos, Job terminó bien. Y esta confianza en que al final todo estará bien y si no está bien es que no es el final, es la que nos libra de la desesperanza. Como muchos santos, Teresita probó, con su penosísima enfermedad, que es posible aguantar el dolor hasta el extremo, si acogemos la gracia de Dios.


En el la lectura del Evangelio hoy vemos la exasperada e impaciente reacción de Santiago y Juan ante un contratiempo puede que grave, desde luego no mortal, que quieren ¿resolver? con una lluvia de fuego. Algo desproporcionado ¿no? El evangelista dice escuetamente que Jesús les regañó. A mi me parece que la reprensión tuvo un cierto matiz de buen humor.


El seguimiento de Jesucristo implica constancia en la fe, incluso y sobre todo cuando todas las circunstancias parecen adversas, renunciar a la venganza si el mal proviene de un ser humano, tener paciencia y aguardar siempre la salvación que Cristo nos ha ganado. Y comprender, aunque sea misterioso, que la alegría del Señor es nuestra fuerza.