miércoles, 13 de agosto de 2025

Miércoles de la XIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (34,1-12):

En aquellos días, Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima del Fasga, que mira a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan, el territorio de Neftall, de Efraín y de Manasés, el de Judá hasta el mar occidental, el Negueb y la comarca del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Soar; y le dijo: «Ésta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: «Se la daré a tu descendencia.» Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella.»

Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dicho el Señor. Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor; y hasta el dia de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba. Moisés murió a la edad de ciento veinte años; no había perdido vista ni había decaído su vigor. Los israelitas lloraron a Moisés en la estepa de Moab treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés. Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos; los israelitas le obedecieron e hicieron lo que el Señor había mandado a Moisés. Pero ya no surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el Faraón, su corte y su país; ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.

Palabra de Dios


Salmo 65,R/. Bendito sea Dios,que me ha devuelto la vida


Santo Evangelio según san Mateo (18,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Palabra del Señor


Compartimos:

El texto evangélico de hoy comienza con una frase de Jesús que me hace temblar. Dice Jesús que “si tu hermano peca…” y sigue con diversas consideraciones sobre lo que hay que hacer. No discuto las consideraciones que hace Jesús. ¡Faltaría más! Pero me hace temblar esa primera fase. La razón es sencilla: ¿Cómo puedo yo estar seguro de que mi hermano ha pecado?


Puedo estar seguro de que ha hecho algo que objetivamente está mal hecho. Pero de ahí a afirmar, a estar seguro, de que ha pecado, con todo lo que significa cometer un pecado, hay mucho trecho. En la moral más tradicional quedaba claro que para cometer un pecado mortal es necesario que haya materia grave (no vale cualquier fruslería), que haya pleno consentimiento o, dicho de otra manera, plena voluntad de hacer lo que se hace, siendo consciente de lo que se hace y que haya pleno conocimiento, que sepa que lo que estoy haciendo es pecado mortal. Si no sé lo que hago o lo hago sin darme cuenta, no hay pecado. Esto que se aplica al pecado mortal, se aplica a cualquier pecado. Tenemos que ser conscientes de lo que hacemos y quererlo hacer para poder decir que hemos cometido un pecado.


Está claro que estas condiciones suceden en la conciencia de cada persona. Por eso, repito, puedo estar seguro de que lo que veo hacer a mi hermano/a es algo grave o leve, es algo que no está bien hacerlo, pero de ahí a afirmar que es un pecado hay mucho camino. Es dar por supuesto que conozco el interior de la persona, sus motivaciones más profundas. Ese es un campo en el que hay que ser muy prudente.


Por eso, hay que ser muy cauteloso a la hora de juzgar a mis hermanos/as. Porque no llegamos nunca a conocer bien el interior de su conciencia, de sus razones, de sus motivaciones. Y ese es el campo donde hay que aplicar la misericordia, la misma misericordia que Dios tiene conmigo y mis muchas limitaciones. Eso no significa que no haya que corregir pero siempre desde la comprensión y la misericordia. Nunca desde el juicio fustigador, duro o crítico.

martes, 12 de agosto de 2025

Martes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (31,1-8):

Moisés dijo estas palabras a los israelitas: «He cumplido ya ciento veinte años, y me encuentro impedido; además, el Señor me ha dicho: «No pasarás ese Jordán.» El Señor, tu Dios, pasará delante de ti. Él destruirá delante de ti esos pueblos, para que te apoderes de ellos. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor. El Señor los tratará como a los reyes amorreos Sijón y Og, y como a sus tierras, que arrasó. Cuando el Señor os los entregue, haréis con ellos lo que yo os he ordenado. ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza a tu lado, no te dejará ni te abandonará.»

Después Moisés llamó a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: «Sé fuerte y valiente, porque tú has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu Dios, prometió dar a tus padres; y tú les repartirás la heredad. El Señor avanzará ante ti. Él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes.»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial Dt 32,R/. La porción del Señor fue su pueblo

Santo Evangelio según san Mateo (18,1-5.10.12-14):

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Lo del reino de los cielos es otra cosa. Nada que ver con nuestra forma habitual de pensar. Nada que ver con nuestros miedos. Es que la misma pregunta de los discípulos ya dice mucho sobre la forma de pensar de los que hacen la pregunta. En realidad, a poco que nos pongamos en la perspectiva de Jesús, la pregunta es ridícula. La pregunta se hace desde nuestro mundo, desde esta forma de pensar anquilosada que nos ha llevado a lo largo de la historia a un conflicto tras otro, que nos hace pensar siempre en las relaciones entre las personas situando a unas arriba y a otras abajo. En la perspectiva del reino, la pregunta es simplemente ridícula, sin sentido.


El reino de los cielos es una reino hecho de fraternidad e igualdad. Solo hay un padre, uno que está por encima y ese es Dios. Los demás somos todos iguales, todos hermanos y hermanas, todos a la misma altura. Todos sentados a la misma mesa. La pregunta por quién es el más importante en el reino demuestra claramente los discípulos no habían entendido nada. Pero nada de nada. Y viendo como iba a seguir la historia, está claro que les costó entenderlo y que hoy mismo nos sigue costando entenderlo.


El reino es reino de igualdad y fraternidad, es una familia, la familia de los hijos e hijas de Dios. Y, por eso, es un reino de justicia. Y, por eso, la prueba, la auténtica prueba de que nos movemos en esa dimensión del reino consiste en que los últimos sean los primeros. Los más débiles, los más pobres, los más ineptos, los niños, los ancianos, los enfermos, los que sufren, los más débiles, todos estos que son los últimos en nuestro mundo, son los primeros en el reino. Cuando los tratamos como los primeros, cuando los servimos y atendemos, entonces es cuando el reino se está haciendo presente en medio de nosotros. Porque el Padre no quiere que se pierda ni uno de los más pequeños. Porque todos son sus hijos queridos.

lunes, 11 de agosto de 2025

Lunes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (10,12-22):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien. Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita; con todo, sólo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz; que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido. Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te pegarás a él, en su nombre jurarás. Él será tu alabanza, él será tu Dios, pues él hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.»

Palabra de Dios

Salmo 147,R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

 Santo Evangelio según san Mateo (17,22-27):

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.

Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»

Contestó: «Sí.»

Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»

Contestó: «A los extraños.»

Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Palabra del Señor

Compartimos:

El texto evangélico de hoy tiene dos partes que parecen muy diferentes y sin conexión. En la primera Jesús de camino con sus discípulos les explica una vez más lo que va a ser su futuro inmediato. Al Hijo del hombre, a él mismo, le van a entregar en manos de los hombres y lo van a matar. Probablemente la mención final de la resurrección es un añadido posterior. O, en caso de que sean palabras de Jesús, lo más probable es que los discípulos no entendieran lo que Jesús quería decir. Era una novedad demasiado novedosa para que entrase en sus mentes. Por eso se entiende que se pusieran muy tristes. Del futuro de Jesús dependía su futuro. Y si Jesús moría, ellos se habían equivocado de líder y de profeta.


En la segunda se nos plantea un tema muy diferente: el pago de los impuestos. Actualmente en la mayoría de los países todos los ciudadanos están obligados al pago de los impuestos. Ni el rey ni el presidente de la república está exento. Pero no era así en tiempo de Jesús. De hecho, los ciudadanos romanos estaban exentos del pago de impuestos. Sólo los habitantes de las naciones dominadas, conquistadas, colonizadas, controladas por los romanos pagaban impuestos. A eso es lo que se refiere Jesús cuando dice que los reyes del mundo no cobran impuestos a sus hijos, sólo a los extraños. Jesús que se siente ciudadano del reino, hijo de Dios, entiende que él no debería pagar. En el reino no hay impuestos y todos son hijos e hijas. En el reino no hay extraños. Pero ya se da cuenta Jesús de que el reino todavía no es una realidad. El reino está viniendo. Ya está pero no se ha cumplido definitivamente. Por eso termina pagando.


En el fondo estas dos partes están muy unidas. Jesús se mueve, por así decir, en otra dimensión. No pertenece ya a este mundo. El es ciudadano del reino de Dios. Por eso y nada más que por eso los hijos de los hombres lo van a matar. Porque no quieren aceptar esa nueva realidad que es el reino. Y por eso, aunque en el reino no hay impuestos, todavía hay que pagarlos. Pero no será así en el reino. Claro que para llegar al reino hay que pasar por la Pasión/Pascua. Quizá entonces los discípulos entenderán lo que significa eso de que “resucitará al tercer día.”

sábado, 9 de agosto de 2025

Domingo 19 (Ciclo C) del tiempo ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (18,6-9):

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.

Tu pueblo esperaba la salvación de los justos

y la perdición de los enemigos,

pues con lo que castigaste a los adversarios,

nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.

Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina:

que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

Palabra de Dios

Salmo 32,R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (11,1-2.8-19):

Hermanos:

La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.

Por ella son recordados los antiguos.

Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.

Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».

Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Lucas (12,32-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo:

«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

Y el Señor dijo:

«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose 

í. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

Palabra del Señor

Compartimos:

El Evangelio nos recuerda y nos exige que estemos en actitud de vigilia «porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre» (Lc 12,40). Hay que vigilar siempre, debemos vivir en tensión, “desinstalados”, somos peregrinos en un mundo que pasa, nuestra verdadera patria la tenemos en el cielo. Hacia allí se dirige nuestra vida; queramos o no, nuestra existencia terrenal es proyecto de cara al encuentro definitivo con el Señor, y en este encuentro «a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más» (Lc 12,48). ¿No es, acaso, éste el momento culminante de nuestra vida? ¡Vivamos la vida de manera inteligente, démonos cuenta de cuál es el verdadero tesoro! No vayamos tras los tesoros de este mundo, como tanta gente hace. ¡No tengamos su mentalidad!


Según la mentalidad del mundo: ¡tanto tienes, tanto vales! Las personas son valoradas por el dinero que poseen, por su clase y categoría social, por su prestigio, por su poder. ¡Todo eso, a los ojos de Dios, no vale nada! Supón que hoy te descubren una enfermedad incurable, y que te dan como máximo un mes de vida,... ¿qué harás con tu dinero?, ¿de qué te servirán tu poder, tu prestigio, tu clase social? ¡No te servirá para nada! ¿Te das cuenta de que todo eso que el mundo tanto valora, en el momento de la verdad, no vale nada? Y, entonces, echas una mirada hacia atrás, a tu entorno, y los valores cambian totalmente: la relación con las personas que te rodean, el amor, aquella mirada de paz y de comprensión, pasan a ser verdaderos valores, auténticos tesoros que tú —tras los dioses de este mundo— siempre habías menospreciado.


¡Ten la inteligencia evangélica para discernir cuál es el verdadero tesoro! Que las riquezas de tu corazón no sean los dioses de este mundo, sino el amor, la verdadera paz, la sabiduría y todos los dones que Dios concede a sus hijos predilectos.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (6,4-13):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales. Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres –a Abrahán, Isaac y Jacob– que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte. Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás.»

Palabra de Dios


Salmo 17,R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza


Santo Evangelio según san Mateo (17,14-20):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»

Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»

Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»

Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor

Compartimos;

Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Es patrona de Europa pero es una santa que nos puede iluminar el camino a todos los que transitamos por esta vida, a veces tan complicada.


Teresa Benedicta, así llamada cuando se hizo monja carmelita de clausura, se llamaba Edith Stein. Nació a finales del siglo XIX en el seno de una familia judía en Breslau, entonces ciudad de Prusia, hoy perteneciente a Polonia. Educada como judía, pasó por el ateísmo. Se centró en sus estudios de filosofía. Fue la primera mujer en presentar su tesis doctoral en la Alemania de aquel tiempo. Pero lo más importante no son sus logros académicos, que fueron muchos, sino que fue una buscadora incansable de la verdad, siempre teniendo presente el valor de las personas más allá de su raza u orígenes.


Después de un proceso personal largo y riguroso, terminó bautizándose como católica y ejerciendo como laica activa en la formación de profesores y maestros católicos. Cuando llegan los nazis al gobierno de Alemania y le prohíben enseñar por sus orígenes judíos, decide ingresar en un monasterio carmelita de clausura. Hasta allí llega la policía política del régimen nazi. Es detenida y trasladada a un campo de concentración donde es gaseada junto con muchos otros. Asumió así el destino de tantos otros y entregó su vida en aquella locura de exterminio que fueron los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial.


Dos cosas nos pueden hacer pensar ante esta figura. La primera es que fue una mujer que no cejó en su búsqueda de la verdad. Pero no buscaba una verdad abstracta que le sirviese para escribir un libro. Buscaba la verdad que ilumina la vida de la persona, que da sentido a sus quehaceres. La encontró en el Evangelio. Y la segunda es que fue consecuente con esa búsqueda de la verdad. Y consecuente hasta el fin. Cuando encontró la fe, nada se le hizo imposible, como dice Jesús en el Evangelio de hoy.

viernes, 8 de agosto de 2025

Lecturas de la Solemnidad de Santo Domingo de Guzmán:

 Primera lectura

Lectura del profeta Jeremías 1, 4-9

Recibí esta palabra del Señor:

Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno te consagré. Te nombré profeta de los gentiles.

Yo repuse: ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.

El Señor me contestó: No digas: "Soy un muchacho", que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo harás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-.

El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo: Mira: yo pongo mis palabras en tu boca.


Salmo 95, 1-2. 3. 7-8a. 10 R/. Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor


Segunda lectura

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 1-8

Querido hermano:

Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.

Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.

Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mi, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

Palabra de Dios

Santo evangelio según san Mateo 5, 13-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

  Palabra de Dios

Compartimos:

Estas lecturas, seleccionadas para la solemnidad de Santo Domingo de Guzmán, ofrecen un marco para reflexionar sobre su vida y legado, especialmente su compromiso con la predicación de la Palabra de Dios y su entrega a la misión de difundir la fe. La celebración de esta solemnidad, especialmente para los miembros de la Orden Dominica, es una oportunidad para discernir los signos de los tiempos y responder a los retos evangelizadores del presente, inspirados por el ejemplo de Santo Domingo. 

jueves, 7 de agosto de 2025

Fray Leoncio Vallejo: “Como dominicos, no solo estamos llamados a predicar, sino a cuidar, consolar y acompañar”

El vicario del Vicariato Antón Montesinos predica sobre la compasión en los días finales del Capítulo de Cracovia


El pasado 4 de agosto, en el Capítulo General de Priores Provinciales que se celebra en Cracovia, fue fray Leoncio Vallejo Benítez, O.P. —vicario del Vicariato Antón de Montesino (Provincia de Hispania)— quien presidió la eucaristía y pronunció la homilía del día, centrada en el evangelio de la multiplicación de los panes y los peces (Mt 14, 13-21).

En su predicación, fray Leoncio propuso una reflexión sobre la compasión como punto de partida de la misión. “Dadles vosotros de comer”, recordó, subrayando que Jesús se deja mover por la necesidad de quienes le siguen. A partir de ese gesto, invitó a los hermanos a revisar su respuesta ante las necesidades de los demás y a confiar en la providencia, también cuando los recursos son escasos. “Como dominicos, no solo estamos llamados a predicar, sino a cuidar, consolar y acompañar”, afirmó.


El predicador destacó también la importancia de la vida comunitaria y la colaboración fraterna como signos visibles de la presencia de Dios: “Nuestras comunidades deben ser un lugar donde otros puedan encontrar consuelo y esperanza”.

La predicación tuvo lugar en los últimos días del Capítulo, que concluirá este 8 de agosto, solemnidad de santo Domingo de Guzmán. Desde su inicio el 18 de julio, los frailes capitulares han compartido jornadas de trabajo intenso, oración, deliberación y vida fraterna.


Además de las sesiones dedicadas a temas clave como la predicación, el gobierno, la formación o la vida comunitaria, los participantes han disfrutado de tiempos de descanso y fraternidad. Entre las actividades destacadas figuran la visita a los santuarios de Kalwaria Zebrzydowska y de Jasna Góra, un descenso en balsa por el río Dunajec, la visita al campo de concentración de Auschwitz y varios espacios informales de conversación entre hermanos de distintas provincias y culturas.

Las crónicas reflejan un ambiente de escucha, sencillez y corresponsabilidad, donde se han compartido no solo decisiones, sino también sueños, preocupaciones y esperanza para el futuro de la Orden. Como ha quedado claro en estos días, el Capítulo no busca uniformidad, sino una comunión que respete la diversidad y renueve el impulso evangelizador de la familia dominicana.