miércoles, 23 de octubre de 2024

Miércoles de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario. San Juan de Capistrano, presbítero

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,2-12):

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, del que os he escrito arriba brevemente. Leedlo y veréis cómo comprendo yo el misterio de Cristo, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la promesa de Jesucristo, por el Evangelio, del cual yo soy ministro por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder. A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.

Palabra de Dios

Salmo Is 12,R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador

Santo Evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

Compartimos:

En el evangelio de hoy Lucas nos presenta una fuerte llamada a la responsabilidad y a la fidelidad en nuestra vida cristiana. Jesús nos invita a estar siempre preparados, vigilantes, porque no sabemos cuándo vendrá el Hijo del hombre. La comparación con el dueño de casa que, si supiera cuándo viene el ladrón, se mantendría alerta, nos hace conscientes de la importancia de vivir cada día con la expectativa de la venida de Cristo.


Pedro pregunta si esta enseñanza es solo para los discípulos o para todos, y Jesús responde con la parábola del administrador fiel. Aquí, el Señor subraya que aquellos a quienes se les ha confiado una misión, como en el caso de los discípulos, tienen una mayor responsabilidad de ser fieles y diligentes en su servicio. El administrador que cumple su deber con dedicación y lealtad será bendecido, mientras que el que abusa de su autoridad y vive de forma desordenada será castigado severamente.


Este pasaje nos recuerda que no podemos caer en la trampa de la comodidad o la indiferencia, pensando que “el Señor tarda en llegar”. Como cristianos, todos tenemos una responsabilidad que cumplir en nuestro entorno, sea en la familia, el trabajo, la comunidad o la iglesia. Se nos ha confiado el cuidado de los demás y la misión de ser testigos del Evangelio. Jesús nos advierte que cuanto más conocimiento y más dones hemos recibido, más se espera de nosotros. Esta es una llamada a tomar en serio nuestra vocación y a vivir de acuerdo con lo que sabemos que es justo y verdadero.


Es un llamado a la coherencia: si sabemos lo que el Señor quiere de nosotros, debemos actuar en consecuencia. No basta con tener buenas intenciones; nuestras acciones deben reflejar nuestra fe y nuestro compromiso con Dios. Al final, seremos juzgados no solo por lo que hemos hecho, sino también por lo que hemos dejado de hacer con los dones y oportunidades que Dios nos ha dado.


Este evangelio nos invita a una revisión profunda sobre la responsabilidad personal y la vigilancia. Seamos como el administrador fiel, que trabaja con diligencia y amor, sabiendo que un día el Señor vendrá, y será una gran alegría ser encontrados cumpliendo su voluntad.

martes, 22 de octubre de 2024

Martes de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,12-22):

Antes no teníais un Mesías, erais extranjeros a la ciudadanía de Israel y ajenos a las instituciones portadoras de la promesa. En el mundo no teníais ni esperanza ni Dios. Ahora, en cambio, estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu. Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo. Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo 84,R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

 Santo Evangelio según san Lucas (12,35-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

El evangelio de este día nos invita a vivir en una constante actitud de vigilancia y preparación, como discípulos-misioneros que esperan activamente la llegada del Señor. Jesús utiliza la imagen de los criados que esperan a su señor para ilustrar cómo debe ser nuestra disposición: con la cintura ceñida y las lámparas encendidas, listos para actuar en cualquier momento.


La enseñanza clave es estar siempre preparados, no solo para el regreso final de Jesús, sino también para los momentos en que Dios nos llama en nuestra vida diaria. Vivir en vela significa mantenernos atentos a los signos de su presencia en cada circunstancia, ser fieles en nuestras responsabilidades y estar abiertos a los llamados que nos hace el Señor a través de las personas y las situaciones que enfrentamos.


La recompensa que Jesús promete a quienes se mantienen vigilantes es sorprendente: el mismo Señor se ceñirá y servirá a sus siervos. Esta imagen es un símbolo profundo del amor y la humildad de Dios, quien no solo nos llama a estar preparados, sino que nos promete una recompensa de inmensa cercanía con Él.


Este evangelio nos motiva a no vivir en la pasividad o en la comodidad, en la distracción o la superficialidad, sino a tener una fe activa y despierta. La vida cristiana es una espera activa, un llamado a estar listos para responder al amor de Dios en cualquier momento en fidelidad creativa. Estar en vela implica tener una actitud constante de oración, de servicio y de disponibilidad, porque no sabemos el día ni la hora en que el Señor tocará a nuestra puerta.


Dichosos aquellos que viven con el corazón despierto, atentos a los pequeños llamados de cada día, porque recibirán la mayor recompensa: la presencia cercana y amorosa de Dios que se inclina para servirnos y darnos su vida.

lunes, 21 de octubre de 2024

Lunes de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,1-10):

Hubo un tiempo en que estabais muertos por vuestros delitos y pecados, cuando seguíais la corriente del mundo presente, bajo el jefe que manda en esta zona inferior, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios. Antes procedíamos nosotros también así; siguiendo los deseos de la carne, obedeciendo los impulsos de la carne y de la imaginación; y, naturalmente, estábamos destinados a la reprobación, como los demás. Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis salvados–, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Palabra de Dios

Salmo 99,R/. El Señor nos hizo y somos suyos

Santo Evangelio según san Lucas (12,13-21):

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»

Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»

Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: «¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.» Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.» Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre nuestra relación con Dios, su gracia y la forma en que valoramos las cosas en la vida. En la carta a los Efesios, San Pablo nos recuerda que, antes de conocer a Cristo, estábamos muertos espiritualmente, atrapados en los deseos egoístas y en las corrientes de este mundo. Sin embargo, Dios, en su infinita misericordia, nos ha dado nueva vida en Cristo. Esta salvación no es algo que hayamos ganado por nuestras obras, sino que es un regalo puro de su amor y gracia. Nos ha resucitado con Cristo y nos ha dado un propósito: vivir para hacer el bien, realizando la misión que Dios ha preparado para cada uno de nosotros.


Esta realidad nos invita a reconocer que somos obra de Dios, creados para un propósito más grande que nosotros mismos. No podemos presumir de nuestras acciones, porque todo lo que somos y hacemos viene de la gracia de Dios. Todo es don. Este regalo inmenso no solo nos salva, sino que también nos impulsa a responder en gratuidad a tanto bien recibido, siendo instrumentos de su amor en el mundo. Así, nuestras vidas deben reflejar esa gracia que hemos recibido, viviendo con gratitud y dedicación al servicio de los demás.


El evangelio de hoy refuerza esta enseñanza con una advertencia contra la codicia y el apego a las riquezas. Jesús nos presenta la parábola del hombre rico que acumulaba bienes sin preocuparse por lo que verdaderamente importaba. Este hombre pensaba que su seguridad y felicidad dependían de sus posesiones materiales, pero Dios le recuerda que la vida no depende de lo que se tiene. Al final, todo lo que acumulamos aquí en la tierra no tiene valor si no somos ricos ante Dios, es decir, si no cultivamos una vida centrada en el amor, la generosidad y la justicia.


Esta advertenci es actual para nosotros hoy. Muchas veces, como el hombre de la parábola, ponemos nuestra confianza en lo que poseemos o en nuestras propias capacidades, creyendo que esas cosas nos darán seguridad. Pero Jesús nos llama a mirar más allá de lo material, a poner nuestra confianza en Dios y a vivir de manera que nuestras acciones reflejen esa confianza. La verdadera riqueza no se encuentra en los bienes acumulados, sino en una vida vivida según la voluntad de Dios, en servicio a los demás y en comunión con Él.


Que estas lecturas nos animen a alejarnos de la codicia y a vivir más plenamente la gracia que hemos recibido. Que, reconociendo que nuestra salvación es un don de Dios, podamos responder con corazones generosos, buscando ser verdaderamente ricos ante Dios, a través de nuestras buenas obras y nuestro compromiso con el Reino.

domingo, 20 de octubre de 2024

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Antes de concluir esta celebración eucarística, os doy las gracias a todos vosotros, que habéis venido a honrar a los nuevos santos. Saludo a los cardenales, los obispos, los sacerdotes, las personas consagradas, en particular a los Frailes Menores y a los fieles maronitas, a los Misioneros y las Misioneras de la Consolata, las Pequeñas Hermanas de la Santa Familia y las Oblatas del Espíritu Santo, como también los otros grupos de peregrinos venidos de varios lugares. Un saludo deferente dirijo al presidente de la República Italiana, a las otras delegaciones oficiales y a las autoridades civiles.


Saludo al numeroso grupo de peregrinos ugandeses, con el vicepresidente del país, que han venido con ocasión de los sesenta años de la canonización de los mártires de Uganda.


El testimonio de san Giuseppe Allamano nos recuerda la atención necesaria hacia las poblaciones más frágiles y más vulnerables. Pienso en particular en el pueblo Yanomami, en la selva amazónica brasileña, entre cuyos miembros tuvo lugar precisamente el milagro vinculado a la canonización de hoy. Hago un llamamiento a las autoridades políticas y civiles, para que aseguren la protección de estos pueblos y de sus derechos fundamentales y contra todo tipo de explotación de su dignidad y de sus territorios.


Hoy celebramos la Jornada Misionera Mundial, cuyo tema – “Id e invitad a todos al banquete” (cfr Mt 22,9) – nos recuerda que el anuncio misionero es llevar a todos la invitación al encuentro festivo con el Señor, que nos ama y que nos quiere partícipes de su alegría conyugal. Como nos enseñan los nuevos santos: «todo cristiano está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en todos los ambientes» (Mensaje para la XCVIII Jornada misionera mundial, 25 de enero 2024). Sostengamos, con nuestra oración y con nuestra ayuda, a todos los misioneros que, a menudo con gran sacrificio, llevan el anuncio luminoso del Evangelio a cada lugar de la tierra.


Y seguimos rezando por las poblaciones que sufren a causa de la guerra – la atormentada Palestina, Israel, Líbano, la atormentada Ucrania, Sudán, Myanmar y todas las demás – e invocamos para todos el don de la paz.


La Virgen María nos ayude a ser, como Ella y como los santos, valientes y felices testigos del Evangelio.

sábado, 19 de octubre de 2024

El Papa dispensa a Timothy Radcliffe de vestir con los atuendos cardenalicios

El religioso dominico, Timothy Radcliffe, que será creado cardenal el próximo 7 de diciembre, seguirá vistiendo como hasta ahora y no lo hará con distintivos propios del rango del cardenal.


El ex superior de la Dominicos Timothy Radcliffe será una de las voces más ultraprogresistas dentro del Colegio Cardenalicio. Tendrá voz y voto hasta el próximo mes de agosto cuando cumpla 80 y pase a englobar la lista de cardenales no electores en un futuro Cónclave.


Ahora, el dominico y predicador sinodal, ha desvelado en una entrevista con la BBC que solicitó al Papa la renuncia formal a vestir como un cardenal. Radcliffe suplicó al Papa Francisco poder seguir vistiendo de blanco como hasta ahora fruto de su vocación religiosa de la Orden de los Predicadores.

En la citada entrevista con la cadena inglesa difundida el domingo, el dominico inglés afirmó que había preguntado al Pontífice si podía liberarse de la «elaborada túnica cardenalicia». El Papa, según Radcliffe, le dijo ese mismo día que tenía “plena comprensión” de su situación y que lo “liberaría de usar ropa tan elaborada”.

Lecturas del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (53,10-11):

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios

Salmo 32,R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,como lo esperamos de ti.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,14-16):

Puesto que tenemos un sumo sacerdote extraordinario, que ha penetrado en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, permanezcamos firmes en la fe que profesamos. Pues no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, ya que fue probado en todo a semejanza nuestra, a excepción del pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (10,35-45):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»

Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»

Contestaron: «Lo somos.»

Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús de Nazaret tuvo poca suerte e, incluso, fue, como muchos de nosotros, desde el punto de vista humano, no muy exitoso. Jesús y sus apóstoles subían a Jerusalén, donde se iba a confirmar su imponente fracaso ante los importantes de su nación. Y entonces se le acercan los Zebedeos, que, en principio, parecían de los más listos del grupo, para pedirle que los nombrara “presidente y vicepresidente” de su futuro gobierno. No se habían enterado, en absoluto, de cuál era la misión de Jesús. Y mucho menos de cómo iba a realizarse. Luego más tarde, y pasado el tiempo terrible de la Pasión y Muerte del Salvador, cuando, ya resucitado, se dispone a subir al Padre, hay quien le pregunta si es entonces cuando va a liberar a Israel de la ocupación romana. Y ése que preguntaba, había tenido a su lado, a un ser extraordinario, cuarenta días y había querido enseñarles, desde la gloria de su cuerpo resucitado, su auténtica misión, la que le había encargado el Padre y por la que, en acto de obediencia suprema, había muerto en medio de un enorme tormento.


Podríamos decir, entonces, que Jesús fracasó con los apóstoles y fracasó con su propio pueblo, que tras admirarle y querer hacerle rey porque les daba pan gratis, luego lo ultrajaron y lo mataron como al peor de los criminales. Parece que nadie le entendió. Y si leemos con atención los Evangelios pues sabemos que repitió muchas veces su auténtico mensaje a los discípulos, y a todos aquellos que le quisieron oír. Les pidió varias veces – como en esta ocasión – que fueran servidores y que no buscaran ser servidos. Les avisó que Él no tenía donde reposar la cabeza. No tenía el menor sentido aplicar la fuerza – cosa que los políticos saben hacer muy bien – al contrario, les aconsejo que pusieran la otra mejilla, ante la primera bofetada y que dieran el manto a quien les pidiera la capa. Les lavó los pies y les pidió, en definitiva, amor entre ellos. Pero todo el mundo seguía pensando en términos políticos, en posición de poder y más poder. Incluso, también los de Emaús cuando refieren lo ocurrido en Jerusalén esos días de la Pasión, hablan del no reconocimiento de las autoridades hacia Jesús y no de su misión, ni de su doctrina. Reconocen su fuerza como profeta, pero no su entrega y su amor por todos.


Jesús amaba la vida. Y conoció las alegrías del vivir. No era un profesional del ascetismo, ni un hipocondríaco. Se le llegó incluso a acusar de ser demasiado aficionado a comer y a beber. Jesús era también un líder nato. Tenía una extraordinaria capacidad de arrastre. Los Evangelios ponen de relieve en distintos lugares su «autoridad»: hablaba y actuaba como quien tiene autoridad. Podía haber sido un «triunfador». ¿Por qué, enton­ces, eso de servir? ¿Por qué una máxima así? Porque Jesús afrontaba la vida desde otras claves. La experi­mentaba como un don que había recibido, no para malgastarlo, no para retener­lo, no para apuntarse triunfos demasiado terrestres, sino para compar­tirlo y entregarlo. Lo más suyo era algo comunal, don para la multitud. Hizo su apuesta con toda lucidez. Y es desde ahí, desde esa su experiencia base de la vida como un don plenamen­te gratuito, desde donde invitaba a los discípulos a que fueran servidores.


Es verdad que todo cambió con la llegada del Espíritu Santo y que, incluso, Jesús se tuvo que aparecer a Pablo de Tarso y así buscar un refuerzo al grupo de los Doce. Entonces, Jesús ¿fracasó verdaderamente? No. En realidad, fracasaron sus coetáneos que no supieron ver quien era Jesús de Nazaret y la felicidad que les traía de parte de Dios Padre.


En la segunda lectura se nos da a conocer una vertiente concreta de la vida de Jesús. No fue un camino fácil y despejado. Jesús conoció, como todos conocemos, las dificulta­des, los malos ratos, las pruebas. Es uno de los rasgos de su solidari­dad con noso­tros. Por eso nos comprende desde dentro, porque él ha vivido nuestra misma vida en todas sus vertientes. Lo único que lo distingue, le hace único, es que mantuvo siempre su comunión con Dios, que no la rompió jamás. Pero conoce nuestros desfalleci­mientos, nuestras tentaciones, nuestros malos momentos o nuestras malas temporadas. Sí, también Él tuvo malos ratos. En los Evangelios sólo nos quedan algunos apuntes relativos a las tentaciones del desierto y a las pruebas y angustia de los momentos finales. Pero basta con esas muestras para que reconozcamos a Jesús como uno de los nuestros, probado en todo exactamente como nosotros. Y aquí es donde recibimos una segunda invitación: cuando lo pasamos mal, cuando experimentamos las heridas del vivir, podemos acercarnos a Él con toda confianza, seguros de que nos va a comprender.


Y acabamos este repaso con la primera lectura. ¿Fue una vida malograda la de Jesús? Cuando la miramos con los ojos con que el profeta Isaías contem­plaba al Siervo de Yahvé nos damos cuenta de que no fue uno de esos triunfado­res que arrasan por todas partes, pero reconocemos también que su vida fue a la postre una victoria, una limpia victoria. La última palabra no la tienen los trabajos, ni los rechazos, ni la angustia mortal, ni la muerte violenta: no la tienen los poderes malos de este mundo. La última palabra la tiene el Dios de la vida. Aquí también recibimos una invitación: la de cobrar concien­cia de que le pertenecemos.


En la Eucaristía se hace presente el gesto de entrega de Jesús. Acojá­moslo, para que podamos vivir en actitud de servicio. Le invocaremos como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: hagámoslo llenos de confianza. Aclamaremos su victoria sobre la muerte, el último enemigo.


No está mal, pues, pedir al Padre que sepamos escuchar a Jesús y que le entendamos. Tenemos completa su historia y su misión en los Evangelios. No podemos hacernos los sordos o los desmemoriados. Sabemos lo que Él quiere. No le dejemos fracasar, por favor, ahora, otra vez

Sábado de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,15-23):

Yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios

Salmo 8,R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

 Santo Evangelio según san Lucas (12,8-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Es famosa y significativa la película El Discurso del Rey porque, de alguna manera, nos hace empatizar con quien no está totalmente capacitado para una función y, así y todo, debe llevarla a cabo. Sentimos con el pobre Jorge, porque nos hemos visto en alguna situación (en nuestra propia escala) de la que no sabíamos cómo salir. El rey tenía que hablar porque no hacerlo podría llevar a su país a la catástrofe.


Pero tenemos testimonios de esto mismo todavía más antiguos. Es decir, que parece una experiencia bastante universal de inseguridad y falta de confianza en la propia capacidad. Moisés era tartamudo; Jeremías aduce que es un niño y no sabe hablar; David era el más pequeño de los hermanos y es llamado a ser rey; Amós, Nehemías…. Y luego los discípulos de Jesús, algunos hombres toscos y poco ilustrados. En todas partes está la figura del profeta renuente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado siendo profetas renuentes nosotros mismos? No hay ninguna certeza (y en algunos casos hay la absoluta certeza de imposibilidad) de que se pueda llevar a cabo. Y aquí se nos dice hoy que, por encima de todo problema real o imaginado de autoestima, hay que poner una confianza que casi no tiene nada que ver con nosotros: “Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir»


No os preocupéis de eso. Pero, por el otro lado hay una severa advertencia: el no hablar, el no dar testimonio, el no reconocer a Cristo puede tener consecuencias incluso más graves. No os preocupéis de qué decir, preocupaos, más bien, de no decir nada. Preocupaos si un miedo paralizante os lleva al silencio… con el resultado catastrófico personal de no ser reconocidos por Cristo y el resultado catastrófico para los demás de no escuchar la palabra de Verdad y redención porque nosotros no la hemos pronunciado. No os preocupéis. Preocupaos. Y mucho.