sábado, 6 de julio de 2024

Sábado de la XIII Semana del Tiempo Ordinario. Santa María Goretti, virgen y mártir. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (9,11-15):

Así dice el Señor: «Aquel día, levantaré la tienda caída de David, taparé sus brechas, levantaré sus ruinas como en otros tiempos. Para que posean las primicias de Edom, y de todas las naciones, donde se invocó mi nombre. –oráculo del Señor–. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que el que ara sigue de cerca al segador; el que pisa las uvas, al sembrador; los montes manarán vino, y fluirán los collados. Haré volver los cautivos de Israel, edificarán ciudades destruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán de su vino, cultivarán huertos y comerán de sus frutos. Los plantaré en su campo, y no serán arrancados del campo que yo les di, dice el Señor, tu Dios.»

Palabra de Dios

Salmo 84 R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

Santo Evangelio según san Mateo (9,14-17):

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»

Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Mira que hay gente en la iglesia que vive con el pesimismo como compañero permanente de viaje. Son los que están pensando siempre que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ahora es todo malo. En sus vidas parece que lo que domina es el pecado y que, por lo tanto, hay que estar pidiendo continuamente perdón a Dios. Y tal como piden perdón no parecen estar seguros de que lo vaya a conceder. Hay que hacer muchas penitencias y oraciones para conseguirlo. Tal y como practican su fe, se diría que el cristianismo es una religión triste, que está reñida con cualquier tipo de alegría. Seguro que si pensamos un poco, encontramos personas de este tipo a nuestro alrededor. Todo es penitencia, todo es dolor, todo es como un sufrir permanente. Y viven con la amenaza constante de la condenación. La vida se convierte en una cuesta arriba continua, una pendiente resbaladiza donde amenaza siempre la caída en el pecado.


Pero “¿es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?” Y nosotros sabemos seguro que el Señor resucitó, que su resurrección es esperanza de vida para nosotros. Si algo tenemos claro los que creemos en Jesús es que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo para salvarnos”. Y el amor de Dios es por supuesto más fuerte que cualquiera de nuestros pecados. Ahora ya no estamos solos. Tenemos un compañero de camino, Jesús, que conoce nuestras debilidades, que se hizo uno de nosotros, que nos salva allá donde nosotros no vemos ninguna posibilidad.


De repente, se nos hace claro que el cristiano no puede ser pesimista, que el optimismo, la esperanza y la sonrisa están en su ADN, hasta en el peor de los momentos. Porque creemos en Jesús y él es nuestra esperanza. Nuestra vida ya está en otra dimensión. La gracia está actuando en nosotros, aunque no veamos nada. Conclusión: vamos a tirar por la borda todo lo que huela a pesimismo, tristeza o angustia en nuestra vida. Y vamos a vivir llenos de esperanza, con la sonrisa en el rostro. Porque Dios está con nosotros y no nos va a dejar de su mano. Nunca.

viernes, 5 de julio de 2024

Viernes de la XIII Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (8,4-6.9-12):

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Aquel día –oráculo del Señor– haré ponerse el sol a mediodía, y en pleno día oscureceré la tierra. Cambiaré vuestras fiestas en luto, vuestros cantos en elegía; vestirá de saco toda cintura, quedará calva toda cabeza. Y habrá un llanto como por el hijo único, y será el final como día amargo. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que enviaré hambre a la tierra: no hambre de pan ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor. Irán vacilantes de oriente a occidente, de norte a sur; vagarán buscando la palabra del Señor, y no la encontrarán.

Palabra de Dios

Salmo 118 R/. No sólo de pan vive el hombre,sino de toda palabra que sale de la boca de Dios

 Santo Evangelio según san Mateo (9,9-13):

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»

Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Leo la primera lectura y la vuelvo a releer. Muchos, y algunos de ellos muy católicos, dirían que es un discurso comunista, que son unas palabras intolerables. Pero la verdad es que es el profeta Amós el que las escribe. No sólo eso: por estar en la Biblia, consideramos estas palabras del profeta como inspiradas por Dios. Es una defensa apasionada del pobre y un ataque/amenaza para los que los oprimen, para los que abusan de ellos y se benefician de su situación. Me hace recordar una frase de Mafalda, la genial niñita argentina de las tiras cómicas de Quino, cuando decía que “nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás.


No quiero demonizar la riqueza ni a los ricos. Pero todos, a poco que abramos los ojos sobre la realidad, sabemos que en mucha de la riqueza que hay en nuestro mundo hay también mucho de injusticia. Que a los de abajo les cuesta mucho subir y que otros nacen con privilegios y los mantienen toda su vida.


En el texto de Amós, Dios se posiciona del lado de los pobres, de los que sufren la injusticia. La razón es bien sencilla: ellos también son hijos e hijas suyos. Ellos merecen, como todos, un puesto a la mesa en justicia e igualdad, en fraternidad. Eso es el Reino.


En este contexto entendemos mejor el texto evangélico. Jesús no duda en acercarse a los publicanos y pecadores. Son algunos de los que abusan del pueblo. Come con ellos. Hace presente entre ellos la misericordia de Dios. El objetivo es que se conviertan y vivan, que comprendan la mucha injusticia con que actúan contra los pobres. El objetivo es que se pasen con armas y bagajes al servicio del Reino. O lo que es lo mismo, al servicio de los más pobres y necesitados, de los excluidos. Porque integrarlos, echarles una mano, es ya construir el reino y la fraternidad. ¿Y qué más quiere Dios que ver a todos sus hijos reunidos en torno a la mesa de la fraternidad y la justicia?


Ahora nos toca a nosotros pensar en lo que hacemos y tomar partido por los pobres, darles la mano e integrarlos en la mesa común. Eso es construir el reino. Eso es hacer la voluntad de Dios.

jueves, 4 de julio de 2024

Jueves de la XIII Semana del Tiempo Ordinario. Santa Isabel de Portugal

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (7,10-17):

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: «Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro.»»

Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»

Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.» Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: «No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac.» Pues bien, así dice el Señor: «Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro.»»

Palabra de Dios

Salmo 18 R/. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

 Santo Evangelio según san Mateo (9,1-8):

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.»

Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.»

Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados están perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.»

Dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.»» Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor

Compartimos:

Debe ser una tendencia natural en las personas lo de buscar explicaciones para lo que a primera vista nos resulta inexplicable. Y generalmente encontramos explicaciones que ponen la causa/culpa en el otro. Los judíos, que no entendían mucho de medicina –como casi nadie en la época–, pensaban que muchas enfermedades venían causadas por la vida pecadora del enfermo. Así unían la enfermedad y el pecado. La enfermedad se convertía en el castigo de Dios, en la consecuencia del pecado.


Jesús separa las dos cosas. Perdona al enfermo y también le cura. Perdona al enfermo porque todos estamos necesitados de perdón, de misericordia. Los letrados, especialistas de la religión, se escandalizaron. Ellos creían que solo Dios tenía el poder de perdonar. No se daban cuenta de que las palabras de perdón, curativas, sanadoras, son el regalo que Dios nos ha hecho a todos. Todos las podemos pronunciar. Todos, en eso, podemos y debemos ser como Dios. Así, con esa argamasa hecha de perdón y misericordia, es como se construye el Reino. Y todos necesitamos esas palabras.


Jesús también cura al paralítico. Pero casi me atrevería a decir que es lo de menos. Sanada el alma, todos somos más capaces de asumir nuestras parálisis, nuestras dolencias físicas. Son parte de la existencia y de nuestras limitaciones. La enfermedad es un hecho físico externo. Casi seguro que todos de una forma u otra pasaremos por ella. Lo importante es tener el alma sana para lidiar con la enfermedad, con la limitación.


Termina el texto diciendo que la gente alababa a Dios por haber dado a los hombres esa potestad. Vieron que Jesús había perdonado y curado. Nosotros no siempre podemos curar pero sí podemos siempre perdonar. No hacen falta grandes estudios para aprender a perdonar. Casi me atrevería a decir que es el gran ministerio del cristiano: perdonar siempre, ser portador del ministerio de la reconciliación. Pues a ver si lo ejercitamos más, hoy y todos los días de nuestra vida.

miércoles, 3 de julio de 2024

Santo Tomás, apóstol


Primera Lectura

Lectura de la carta a los Efesios (2,19-22):

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo 116 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Santo Evangelio según san Juan (20,24-29):

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Palabra del Señor

Compartimos:

A veces convertimos la historia de una persona en un solo hecho. Eso es lo que le define. Ya casi da lo mismo lo que luego haga de bueno o de malo. Aquel hecho marca lo que es. Es como un molde del que la persona no puede salir. Si lo que hizo en aquel momento fue bueno, pues ya será bueno para siempre. Y si lo que hizo fue malo, ya malo para siempre y para todo lo que haga. Es decir, “coge fama y échate a dormir.”


Eso la pesa a santo Tomás. Es apóstol. Es de aquellos primeros a los que eligió el señor. De los doce. Los especialmente elegidos. Los que iban a ser los fundamentos de su iglesia. Pero Tomás ha pasado como el hombre de la poca fe. Aquel momento en que se encontró con Cristo resucitado y puso por delante, con total sinceridad, sus dudas, es lo que ha definido su vida y el recuerdo que tenemos de él.


Pensemos que lo mismo nos pasa con Pedro, el líder de los apóstoles. Ha pasado a la historia como el primer papa. Todo son para él honores y glorias. Y hemos dejado de lado sus momentos negros, oscuros, sus dudas… Todo eso parece que no pesa nada en nuestros recuerdos. Sirve a lo más para una breve meditación sobre la fragilidad de la persona. Pero se olvida rápido para centrarnos en que Jesús le eligió para ser la roca, el cimiento firme de la iglesia.


Tendríamos que hacer el esfuerzo por dejar de lado los prejuicios con los que tantas veces encasillamos a las personas. Ni Tomás fue solo el de las dudas ni Pedro el hombre ardiente y lleno de fe líder genial de la primera iglesia. La vida es más compleja y ambigua. Está llena de momentos diversos, de fracasos sonados y genialidades. Tomás fue uno de los doce, siguió a Jesús. Como los demás, en el momento de la cruz, asustado, salió corriendo. Pero luego volvió. Y como los demás predicó el reino. Con sus limitaciones, con sus ambigüedades, fue fiel a su misión. Como nosotros, como todos.


Conclusión: liberémonos de prejuicios y miremos a nuestros hermanos y hermanas, y a nosotros mismos, con los ojos de amor y compasión con que nos mira Dios.

martes, 2 de julio de 2024

Martes de la XIII Semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la profecía de Amós (3,1-8;4,11-12):

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto:

«A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados. ¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado? ¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor? Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos, los profetas. Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí –oráculo del Señor–. Por eso, así te voy a tratar, Israel, y, porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios.»

Palabra de Dios

Salmo 5,R/. Señor, guíame con tu justicia

 Santo Evangelio según san Mateo (8,23-27):

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.

Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»

Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»

Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.

Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor

Compartimos:

El lago era un laguito y los discípulos eran pescadores. Pero también es verdad que incluso hoy en día ese lago con tormenta no es un lugar agradable. Y menos, es de suponer, con las barquitas de la época. Primera observación: los discípulos, aunque acostumbrados al lago, tenían miedo. Y el miedo en el mar es cosa seria. Se decía tradicionalmente que una buena tormenta en el mar era una buena ocasión para aprender a orar. Segunda observación: Jesús era un hombre tranquilo y de buen dormir. Porque en medio de la agitación de la barquilla, dormía tranquilamente. Así que ahí estamos: Jesús dormido y los discípulos aprendiendo a rezar en un curso acelerado. Cada ola era una lección con ejercicios incluidos.


La respuesta de Jesús, cuando le despiertan con sus gritos los discípulos, es inmediata. Primero les increpa a ellos y luego a los vientos y al lago. Y se produce la calma. Y sobreviene la admiración: “¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!”


Es una historia que nos habla del poder de Jesús como alguien que está por encima de la naturaleza. Pero a la vez nos habla de lo que debe ser la fe para nosotros. Fe es confiar en la presencia y la fuerza de Dios. Incluso en el caso de que no actúe como a nosotros nos parece que debería de actuar. Jesús tiene poder para hacer que le obedezcan el viento y el agua. Pero eso no quiere decir que siempre lo ejercite. Lo que sí debemos tener seguro es que siempre está a nuestro lado. Está ahí aunque nos parezca que está dormido. Y con él a nuestro lado las situaciones más complicadas y negativas que nos puedan parecer son siempre ocasión de gracia, de salvación, de vida.


Nuestra vida es como es barca en la que iban los discípulos. También viene Jesús en nuestra barca. A veces la travesía es apacible. A veces las tormentas agitan la barca. Pero siempre Jesús está ahí. A veces la tormenta pasa. A veces la tormenta termina por destrozar la barca. Pero Jesús sigue con nosotros. Eso es tener fe y confiar. Y no ser cobardes.

lunes, 1 de julio de 2024

Esta monja no era católica y la misa le parecía un «espectáculo»... hasta que alguien la arrodilló

La hermana Mary Bethany (María de Betania) es una de las numerosísimas jóvenes monjas que llenan el monasterio de las dominicas de Nashville, uno de los mayores fenómenos vocacionales que hay en estos momentos, y que cada vez atrae a más chicas que quieren entregar su vida a Dios.


Ella nunca imaginó que acabaría siendo monja, sobre todo porque ni siquiera era católica. Cuando era una adulta joven se bautizó, confirmó y recibió la Eucaristía durante una Vigilia Pascual. Se había enamorado de casualidad de un Dios al que apenas conocía y en el santuario de la Medalla Milagrosa de París tuvo la certeza de que estaba claramente llamada a ser católica.


“Mi camino hacia el convento está íntimamente ligado a mi camino hacia la Iglesia Católica”, cuenta en la web de las dominicas de Nashville.


Hasta la Educación Secundaria no era consciente de la existencia de Dios. Ella misma relata que “una maestra de teatro en la escuela de artes escénicas a la que asistí fue la primera que compartió conmigo las verdades más básicas de nuestra fe. Muy rápidamente me enamoré perdidamente de Dios y cuando se lo dije a ella, recuerdo claramente que un día me preguntó: ‘¿no te irás a convertir en monja, verdad?’. Me apresuré a responder: "¡Ni siquiera soy católica!".


La conversión en la Medalla Milagrosa de París


Tras acabar Secundaria pudo realizar un programa de intercambio de una escuela de danza y viajó a Inglaterra durante seis semanas. Fue ya casi al final de su estancia allí donde un amigo le invitó a misa por primera vez. Desde su perspectiva artística, pero sin conocimiento alguno de la fe y la liturgia, asegura que quedó impresionada y lo veía como un “espectáculo” fabuloso por las “coreografías, vestuario y canciones fascinantes”. De hecho, quería ir a misa una y otra vez así que antes de volver a su casa fue a todas las Eucaristías que pudo.


Pero la verdadera conversión de la Hermana María de Betania se produjo en el santuario parisino de la Medalla Milagrosa. Era 1999, se celebraba la fiesta de los santos Pedro y Pablo, estaba sentada en el último banco y los fieles volvían a sus asientos tras comulgar.


Como hacía cada vez que iba a misa ella se queda sentada disfrutando del “espectáculo”. Pero algo ocurrió ese día. “Un completo desconocido que estaba arrodillado junto a mí, me sonrió, tomó mi brazo con su mano y suavemente me puso de rodillas también”, recuerda.


De este modo, la ahora monja señala que “en el instante en el que mis rodillas tocaron el reclinatorio de repente me di cuenta de toda la verdad, que esto no era sólo un ‘espectáculo’ y que el hombre clavado en la cruz ante mí no sólo había extendido sus brazos para ‘aquellos católicos’ sino también para mí”.


Igualmente, la Hermana María de Betania asegura que en ese instante “también supe que la estatua de la mujer con sus brazos extendidos hacia mí, a quien los católicos llamaban María, fue la que me llevó a su Hijo. Sobre todo, supe que Jesús estaba realmente en la pequeña ‘caja’ de oro y que sólo una cosa me impedía recibir a Dios dentro de mí: el bautismo”.


Así que así fue como el 22 de abril del año 2000 en la Vigilia Pascual, “una noche gloriosa que nunca olvidaré”, entró a formar parte de la Iglesia y recibió a Jesús por primera vez.


Del bautismo a la vocación


“Desde la primera vez que me plantearon la cuestión de la vocación religiosa, el deseo de entregar mi vida a Dios como religiosa fue creciendo. Después de mi bautismo, mi corazón estaba verdaderamente lleno de gratitud y supe que nunca podría devolverle el gozo que me había dado en mi fe. También estaba segura de que solo Él podía satisfacer mi corazón. No podía imaginar un novio más perfecto”, explica.

Gracias a un amigo sacerdote conoció a las hermanas dominicas de Nashville. Estaba convencida de entregar su vida a Dios, pero quería elegir bien dónde.


“Conduje hasta el convento y decidí ‘entrevistar’ a las Hermanas con preguntas diseñadas para ayudarme a evaluar si su comunidad era una buena opción para mí. Les expliqué que estaba buscando tres cosas en la congregación a la que sentía que Dios me estaba llamando a unirme: un amor profundo por la Eucaristía con el Santo Sacrificio de la Misa como fuente y cumbre del día; una verdadera devoción a María manifestada llevando el rosario y rezando juntos el rosario todos los días como comunidad; y un amor por nuestro Santo Padre y un gran deseo de difundir la gran noticia de nuestra fe católica al mundo entero, particularmente a los jóvenes. Cuando las Hermanas me escucharon decir estas tres cosas, sonrieron y dijeron: ‘Tenemos esas tres’. ¡Solo entonces accedí a sentarme y escuchar más!”, relata María de Betania.


Finalmente en 2003 ingresó en este convento y en 2010 profesó sus votos perpetuos. Por ello, afirma convencida que “la mejor decisión que he tomado en mi vida ha sido convertirme en católica. La segunda fue ingresar en el convento”.


“Todos los días, cuando me pongo el santo hábito de Santo Domingo Dios me sigue asombrando por el amor tan tierno que tiene por cada uno de nosotros. ¡Él verdaderamente ha derramado su bondad sobre mí y estoy llena de gozo sabiendo que soy totalmente suya”, concluye.

l Lunes de la XIII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (2,6-10.13-16):

Así dice el Señor: «A Israel, por tres delitos y por el cuarto, no le perdonaré: porque venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias; revuelcan en el polvo al desvalido y tuercen el proceso del indigente. Padre e hijo van juntos a una mujer, profanando mi santo nombre; se acuestan sobre ropas dejadas en fianza, junto a cualquier altar, beben vino de multas en el templo de su Dios. Yo destruí a los amorreos al llegar ellos; eran altos como cedros, fuertes como encinas; destruí arriba el fruto, abajo la raíz. Yo os saqué de Egipto, os conduje por el desierto cuarenta años, para que conquistarais el país amorreo. Pues mirad, yo os aplastaré en el suelo, como un carro cargado de gavillas; el más veloz no logrará huir, el más fuerte no sacará fuerzas, el soldado no salvará la vida; el arquero no resistirá, el más ágil no se salvará, el jinete no salvará la vida; el más valiente entre los soldados huirá desnudo aquel día.» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo 49 R/. Atención, los que olvidáis a Dios

 Santo Evangelio según san Mateo (8,18-22):

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.»

Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»

Otro, que era discípulo, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»

Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

El texto evangélico de hoy señala una cuestión que es realmente importante para la vida del cristiano. El letrado, un hombre de estudios, que se acerca a Jesús y le dice: “Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas” da en el clavo y nos dice algo muy importante para nosotros. No dice: “Señor, déjame ir contigo y aprender de tu sabiduría”. Eso era lo que hacían los estudiantes en aquellos tiempos. No había universidades ni escuelas. Los que se querían dedicar al estudio iban a vivir con el maestro y éste de una manera informal les iba enseñando. Cuando llegaban a un cierto nivel, se podían establecer por sí mismos y dedicarse ellos también a la enseñanza. Pero el letrado de hoy quiere “seguir” a Jesús. No es lo mismo que aprender. Quizá había descubierto que lo de ser cristiano no consiste en aprenderse de memoria el catecismo ni hacer estudios universitarios de teología ni leer libros gordos escritos por autores alemanes y llenos de citas a pie de página. Lo nuestro consiste en seguir a Jesús por las sendas del Reino, de la fraternidad y de la justicia, en la conciencia firme de que todos somos hijos de Dios y hermanos unos de otros.


Es posible que ese seguimiento no nos saque de nuestra casa ni de nuestro barrio pero seguro que nos sacará de nuestras casillas, de nuestras inercias, de nuestro siempre se ha hecho así y nos llevará a una forma nueva de ver la realidad y las personas que nos encontremos, marcada por el amor, la compasión y la misericordia.


Lo del discípulo al que Jesús le dice “Deja que los muertos entierren a sus muertos” no quiere decir que no haya que atender a los padres. Más bien, tenemos que entenderlo en la línea de que tenemos que dejar atrás, sin nostalgias, nuestro antiguo estilo de vida (las “casillas”, las “inercias”, los “siempre se ha hecho así” a los que me refería antes) y entrar en la nueva familia del Reino. Tiene que haber un corte en nuestra vida para entrar en la dimensión del Reino. No para amar menos sino para amar más. A nuestros padres y a los que no son de nuestra sangre (¿de verdad que hay alguien que no sea de nuestra “sangre”? es que nos encanta poner barreras y fronteras), a los lejanos y a los cercanos. Porque todos somos hijos de Dios y ciudadanos del Reino.