sábado, 25 de marzo de 2023

Domingo 5º de Cuaresma - Ciclo A

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,12-14):

Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo 129,R/. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,8-11):

Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45):

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.» Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?» Le contestaron: «Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: «Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.» Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor

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Señor: tu amigo está enfermo

¿Llegan a ti, Señor, nuestros avisos?

¿O se pierden, acaso, entre las nubes?

¿No se te parte el corazón al escuchar los recados que te enviamos muchas veces:

«Señor, tu amigo Lázaro está enfermo»?


Pero por alguna razón que se me escapa

te entretienes, te retrasas, dejas pasar el tiempo...

y cuando Lázaro más te necesita... ¡no estás, no tienes prisa, das largas...!


«Lázaro» es el nombre de muchos niños

-decías que son tus favoritos, y que hay que ser como ellos-

niños que se compran y venden como si fueran mascotas,

que se mueren de hambre, rebuscando entre basureros demasiado rebuscados,

o de enfermedades perfectamente curables...


Otros, en cambio, aunque tienen sus necesidades cubiertas,

y no les falta ninguna «cosa», tienen todo tipo de chismes...

pero están necesitados de un poco de atención,  de ternura, de compañía...

Si tú hubieras estado aquí habrías ido hacia ellos para acariciarlos,

bendecirlos y ayudarles a que fueran lo que son: niños,

y nos habrías repetido aquella misma orden que diste a tus discípulos:

«Dadles vosotros de comer».


Hay muchas Martas y Marías que lloran la ausencia de aquellos a los que tanto amaban,

y que les fueron demasiado pronto, llevándose con ellos un buen pedazo de sus corazones.

Si hubieras estado allí para curarles con alguno de tus milagros...

Pero no estabas. No llegaste a tiempo. Estabas ocupado en otras cosas.


Te necesitan muchos jóvenes Lázaros que se han dejado enredar y atar

por las vendas y sudarios de gentes sin escrúpulos que les engañan

vendiéndoles la felicidad a precio de pastilla o de botellón,

encerrándoles en oscuros sepulcros de los que no son capaces de salir...


Te enviaron recado los «Lázaros» que sobreviven, a duras penas,

en esos países envueltos en violencias y guerras interminables,

explotados a veces, ignorados otras, por parte de los poderosos...

Si hubieras estado aquí y te hubieran escuchado aquello

de que los que trabajan por la paz serán llamados hijos de Dios. 


Muchos «Lázaros», acompañados de sus hermanas, mujeres, hijos...

sienten que les arrancan la vida

porque han tenido que huir de sus tierras -sin papeles-

buscando simplemente sobrevivir en tierras extrañas,

indefensos, oprimidos, sin voz, sin derechos,

con muchas lágrimas y recuerdos,

que han puesto su confianza y su deseo de justicia sólo en ti.

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