
Evidentemente, si lo que celebramos es una pelea, no hay nada que celebrar. Pero si celebramos que la pelea puede superarse y buscamos comprender las circunstancias históricas y doctrinales que la provocaron, para aprender a no repetirla, para que si hoy se dieran dificultades encontrar caminos para resolverlas de otra manera, entonces es bueno recordar el pasado y celebrar los caminos que han conducido a un presente de concordia y colaboración. La Declaración Conjunta es un buen ejemplo de a dónde pueden conducir esos caminos de estudio crítico del pasado, de comprensión y de colaboración. El Papa Francisco ha reconocido que “hoy luteranos y católicos estamos de acuerdo sobre la Doctrina de la justificación”. Más aún, que “sobre este punto tan importante Lutero no estaba equivocado”.
Lo que nos une es más que lo que nos separa. Si seguimos acentuando lo que nos separa no podremos avanzar. Lo que nos separa, nos aleja cada vez más. Ahora bien, poner el acento en lo esencial, compartido por unos y por otros, que es confesar a Cristo, a través de quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores, puede ser compatible con distintas teologías y espiritualidades. De ahí la importancia que, en el diálogo ecuménico, cobra el principio de la “jerarquía de verdades”, que no solo se aplica a las “verdades de la fe”, sino también a las explicaciones doctrinales.
Martín Gelabert Ballester, OP
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