domingo, 18 de junio de 2023

Domingo 11º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (19,2-6a):

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinai. y acamparon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mi. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa."»

Palabra de Dios

Salmo 99,R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,6-11):

Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Mateo (9,36–10,8):

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»

Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judás Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

Palabra del Señor

Compartimos:

   También Jesús anda mirando a las gentes. Se deja impresionar, afectar, cuestionar por lo que vive la muchedumbre.  No es una mirada para acusar, reprochar o escandalizarse. Es una mirada para comprender: Quiere captar su mundo interior, lo que sienten, lo que sufren, lo que necesitan, lo que esperan.  Una mirada «compasiva», que le toca en lo más hondo de su corazón. De algún modo, hace suyo lo que le llega. No quiere imaginar ni deducir, ni tiene ideas previas. Jesús escucha, se interesa, pregunta y trata de comprender. No sabemos si aquella gente era buena, si su vida estaba moralmente en regla, si eran o no pecadores... Podemos  suponer que habría de todo. Pero parece que tienen algo en común: es gente que sufre. Ésta es la primera percepción de Jesús. Y Jesús se «compadece» de ellos, es decir, participa de su sufrimiento y decide (como hizo Dios con Israel) hacer algo por ellos, en su favor.


            Andaban extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor. Pero pastores tenían, y en abundancia. Todo el gremio de sacerdotes, con su milimétrico cuidado del culto del templo, los letrados y fariseos, bien formados, con la doctrina clara, precisa y minuciosa, como para resolver todas las situaciones que pudieran plantearse y marcar lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral. Expertos en casuística (aunque no en personas), se consideraban portavoces cualificados de la voluntad de Dios. 

             Cuando más adelante Jesús llama a los cansados y agobiados y les habla de su yugo llevadero y su carga ligera probablemente se refiera a que estos pastores y su forma de tratar al rebaño son la causa de ese agobio y cansancio, de ese estar extenuados y abandonados. Aquellas gentes no necesitan pastores que multipliquen las normas, que excluyan a los que no cumplen la voluntad de Dios, que lo regulen todo y que parezca que la Alianza (1ª lectura) - un pacto de amor y entrega por el que Dios se había convertido en libertador de un pueblo para hacer de ellos un pueblo de sacerdotes y una nación santa- consiste en un código de obligaciones y prohibiciones que no les hacía ni más felices, ni más hermanos ni más libres. Aquellos pastores andaban escasos de misericordia y desentendidos de los sufrimientos del pueblo, sin presentarles alternativas ni ayudarles a salir de su penosa situación.

sábado, 17 de junio de 2023

Sábado de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

 Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,14-21):

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo-, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no habla pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Palabra de Dios

Salmo 102R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Santo Evangelio según san Mateo (5,33-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor." Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Como a la sombra de la solemnidad del Corazón de Jesús, la Iglesia coloca el recuerdo (la memoria obligatoria) del Corazón inmaculado de María. Sí, realmente, es obligado recordar y contemplar el Corazón de María tras haber considerado el significado del Corazón de Jesús. Porque, si el Verbo se hizo carne, y recibió así un corazón de carne, María es la carne del Verbo, aquella de la que el Verbo del Eterno Padre tomó su carne mortal. Dice el Evangelio de Juan, y lo repetimos al rezar el Ángelus, “el Verbo se hizo carne”. Pero es que esa carne humana y mortal en la que se encarnó el Verbo eterno de Dios es una carne concreta, personal, con rostro y con nombre: la carne de María. De ahí que, en ella, podemos también decir que “la carne se hizo Verbo”.


Por eso, también del Corazón de María tenemos los cristianos mucho que aprender. Del Corazón manso y humilde de Jesús recibimos la revelación de la sabiduría del amor. Del Corazón de María aprendemos a aceptar y asimilar esa sabiduría. Porque ese aprendizaje no es cosa fácil. No todo está claro desde el principio. No nos creamos tan listos: no todo lo entendemos de una vez y a la primera. La sabiduría del amor va al centro de nuestro ser, a sus estratos más profundos, y esto exige un proceso que no está exento de dificultades, de incertezas y de angustias. En nuestro caso, porque, además, existen determinadas resistencias y cerrazones. Somos con frecuencia como el hijo aquél que decía “Sí, voy”, pero después no iba (cf. Mt 21, 2-32): profesamos la fe con ortodoxia, pero no siempre nos lo creemos del todo, y, desde luego, muchas veces no actuamos en consecuencia. Para llegar a entender de verdad, de corazón y no sólo teóricamente, se requiere paciencia y perseverancia. Y en esto María es para nosotros maestra de vida cristiana. En ella no había resistencia alguna, su “fiat” es completo e incondicional. Pero también ella tiene que hacer ese proceso de fe en el que no todo está claro de entrada. También ella pierde de vista a Jesús, siente la angustia de una búsqueda que no da fruto inmediato (los tres días de búsqueda nos hablan, de hecho, de los tres días que van de la muerte a la resurrección), también ella escucha de Jesús cosas que no le resultan claras… Pero, en vez de hacer lo que solemos hacer nosotros, “interpretar” según nuestro leal saber y entender, tratando de domar la Palabra, María “conservaba todo en su corazón”, dejando con paciencia y confianza, con fe verdadera, que la Palabra madurara, que penetrara hasta esas profundidades del alma en las que sólo es posible una comprensión a su tiempo y completa. Así es el corazón humilde, el corazón abierto, el corazón que ama, el corazón de madre, el Corazón Inmaculado de María. Si hemos de imitar a Jesús, el manso y humilde de corazón, ¿no habremos de imitar también a aquella de la que ese corazón tomó su carne?


viernes, 16 de junio de 2023

Sagrado Corazón de Jesús

 Lectura del libro del Deuteronomio (7,6-11):

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.»

Palabra de Dios

Salmo 102,R/. La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-16):

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús ha acercado el amor incondicional de Dios, y nos ha hecho accesible, por medio de su corazón de carne, el corazón de Dios. No es un Dios lejano y terrible, ante el que debamos sentirnos temerosos e indignos, sino un Dios Padre que se preocupa por nosotros, y que suscita en nosotros confianza y amor. Esto es lo que podemos experimentar al acercarnos a Jesús con un espíritu sencillo: la revelación de una sabiduría que no es cuestión de erudición, sino la sabiduría del amor. El amor, es verdad, es exigente y a veces nos pesa: “amor meus pondus meum” (mi amor es mi peso), decía San Agustín. Pero es, también, lo que da sentido y orientación a nuestra vida. Por eso añadía: “eo feror, quocumque feror” (por él soy llevado adondequiera que me lleven), porque el ser humano tiende al objeto de su amor, por más que esfuerzos que le exija. Por eso dice Jesús que su yugo es llevadero y su carga es ligera. Y tanto más si consideramos que el peso del amor verdadero lo ha tomado Jesús sobre sí mismo al dar su vida por nosotros.


La sabiduría del amor que Jesús ha revelado es exigente, cierto, pero sobre todo nos da confianza, nos relaja, nos da alivio y respiro. En Cristo, en su corazón manso y humilde, encontramos el perfecto equilibrio entre la autoestima y la humildad: autoestima, porque somos amados sin condiciones, lo que significa que, en el fondo de nuestro ser, somos buenos y valiosos; pero también humildad, porque sabemos que no somos perfectos, que tenemos que reconocer con humildad nuestros límites, nuestros pecados. Pero esto último no es una humillación que nos destruye, sino la certeza de que podemos mejorar, de que hay en nosotros posibilidades no exploradas. Y nuestra gran posibilidad, si aprendemos de Jesús, es el amor: saber que cuando tratamos de amar, Dios mismo está obrando en nosotros y que Él permanece con nosotros.

jueves, 15 de junio de 2023

Breve Historia sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

 Remitirse a la historia de la devoción al Sagrado Corazón, es iniciar desde el momento de Jesús en la Cruz, donde su corazón fue traspasado por la lanza de un soldado romano, brotando sangre y agua, hecho relacionado con la institución de la iglesia y los sacramentos. El amor divino llega con la entrega total de su ser por la humanidad. Algunos autores afirman que la devoción al Corazón de Jesús es de origen medieval. La Iglesia reconoce signos en las catacumbas de San Calixto que se remite su origen en la Cruz.

 En este sentido, muchos Padres de la Iglesia, ya manifestaban una gran devoción por el Sagrado Corazón, tales como: San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Agustín, entre otros, quienes en sus textos hacían mención a la Sagrada Llaga del costado de Jesús, y a la Sangre y Agua que emergieron de su corazón y, por el cual hoy se reciben los sacramentos.

 Posteriormente, se hallaron referencias a las llagas del Señor. Sin fijar una devoción concreta, varios personajes habrían hecho mención al Corazón y las llagas de Cristo: San Buenaventura, San Bernardo de Claraval, Santa Clara, Santa Gertrudis, Beato Enrique Suso, San Francisco de Sales, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila y San Pedro Canisio.

 La difusión y la propagación del culto público al Corazón de Jesús tiene estrecha relación con las revelaciones místicas que comenzó a experimentar Santa Margarita María Alacoque. Iniciando su divulgación en algunos círculos francés. En las primeras décadas del siglo XVIII, empieza a acogerse en el pueblo cristiano la “devoción” a través de diversas congregaciones o cofradías precisamente relacionadas con el Sagrado Corazón.

 Santa Margarita tenía como objetivo principal la aprobación pontificia del culto público al Corazón de Jesús, no obstante, fue solo hasta el pontificado del Papa Clemente XIII en el año 1765 que se logró dicha aprobación. Es de resaltar que en año 1917, en las apariciones de Fátima, el ángel y la Virgen; enseñaron a los niños a rezar y responder a los designios de los Corazones de Jesús y María.

 A partir de Fátima, la devoción a los corazones de Jesús y María se extendió como fuego ardiente. Finalmente, el origen más importante de la devoción, en la forma en que se conoce actualmente, es sin duda, Santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación de Santa María, a quien Jesús se le apareció. Aquí, Jesús le dijo que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían gracias y favores divinos.

Jueves de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,15–4,1.3-6):

Hasta hoy, cada vez que los israelitas leen los libros de Moisés, un velo cubre sus mentes; pero, cuando se vuelvan hacia el Señor, se quitará el velo. El Señor del que se habla es el Espíritu; y donde hay Espíritu del Señor hay libertad. Y nosotros todos, que llevamos la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; asi es como actúa el Señor, que es Espíritu. Por eso, encargados de este ministerio por misericordia de Dios, no nos acobardamos. Si nuestro Evangelio sigue velado, es para los que van a la perdición, o sea, para los incrédulos: el dios de este mundo ha obcecado su mente para que no distingan el fulgor del glorioso Evangelio de Cristo, imagen de Dios. Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, predicamos que Cristo es Señor, y nosotros siervos vuestros por Jesús. El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla» ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo.

Palabra de Dios

Salmo 84,R/. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra

Santo Evangelio según san Mateo (5,20-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Palabra del Señor

Compartimos:

El defecto principal de los fariseos (del fariseísmo que puede afectarnos a todos) consiste en creerse mejores que los demás por méritos propios, por un cumplimiento puntilloso de la ley, que lleva aparejado el desprecio y la condena de los “pecadores” (que siempre son los otros). Jesús nos explica cómo entiende este “ser mejor”: se trata de aceptar la plenitud de la ley de la que nos hablaba ayer, y que consiste en el mandamiento del amor. Pero, precisamente, cuando tratamos de poner en práctica el mandamiento del amor, descubrimos nuestra debilidad, nuestra imperfección, nuestros muchos defectos. “Ser mejores” no consiste en ponerse por encima de los demás (juzgándolos, condenándolos), sino, al contrario, en renunciar a juzgar a nadie, excepto a sí mismo, en reconocer humildemente la propia limitación, lo que nos lleva casi por necesidad a adoptar un espíritu de reconciliación, que no solo perdona, sino que también sabe pedir perdón. “Ser mejor” no consiste en ponerse por encima, sino por debajo: haciéndose servidor de la paz, el perdón y la reconciliación, que es lo mismo que decir, servidor de los hermanos.

El espíritu de reconciliación es fruto del Espíritu del Señor, del que nos habla Pablo, el que nos abre la mente y el corazón a la comprensión de las Escrituras, el Espíritu de libertad para amar, el Espíritu que nos da valor para testimoniar sin temor nuestra fe, haciendo visible ante el mundo el Evangelio de Jesucristo.

miércoles, 14 de junio de 2023

Fr. Manuel Uña Fernández, OP. "Mi corazón, el día 10 de junio, arriba a los 88 años de edad, rebosando gratitud"

Parábola del bonsái

Sigo caminando por esta calle de “sentido único” que es la vida, y me doy cuenta que mi corazón,el día 10 de junio, arriba a los 88 años de edad, rebosando gratitud.

Es éste un cumpleaños singular: por primera vez, en tres décadas, lo celebro en mi tierra, al amparo de la Virgen del Camino, donde me encuentro desde hace dos meses, junto a otros hermanos, ancianos como yo.

En esta hora me siento feliz, al igual que fui feliz en el Nuevo Mundo, compartiendo con las personas que han confiado en mí, dándome cuenta, una vez más, que lo nuestro es integrar. ¡Cuánto bien me habéis hecho todos! Los de allá y los de acá.

En septiembre, con billete de ida y vuelta, viajé desde La Habana hasta Madrid, como cada año. Al salir de San Juan de Letrán pensé que regresaría a los dos meses, pero tuvimos que cancelar lo programado.

Los dominicos, cuando fueron a América consigo llevaron sus libros; yo, regresé sin ellos, pero con la gratitud en el alma como equipaje.

"Ahora, me encuentro estrenando una nueva etapa, con un ritmo diferente, disfrutando el tiempo extra que Dios me concede, y en mi memoria renace el recuerdo de un Bonsái que quedó en la oficina que solía utilizar"

Ahora, me encuentro estrenando una nueva etapa, con un ritmo diferente, disfrutando el tiempo extra que Dios me concede, y en mi memoria renace el recuerdo de un Bonsái que quedó en la oficina que solía utilizar.

En mis cumpleaños anteriores les compartí la parábola del bastón y de la puerta. Y en esta ocasión, deseo regalarles precisamente la parábola del Bonsái. Les cuento su historia: este pequeño árbol, elaborado con imaginación artesanal, fue obsequio de una alumna del Centro Fr. Bartolomé de las Casas, en vísperas de su graduación, hace aproximadamente 20 años.

Con dicho gesto quería expresar su gratitud por haber experimentado el “microclima de Letrán”, aludiendo al respeto y los valores que se cultivan allí y que le hacían sentirse como a la sombra de un árbol, resguardada del intenso calor del verano.

El Centro es hijo del Aula Fr. Bartolomé de las Casas y surgió como un sueño compartido con mis hermanos en la comunidad de Letrán, el año 1998.

No puedo dejar de mencionar a mi fiel amigo y gran gestor Nelson la Serna, pieza clave de estos proyectos; a la profesora Nancy Sotelo, tan competente e incondicional colaboradora; a Fr. Jesús Espeja, OP. que se ofreció para quedarse por 4 años al frente, cuando tuve que ausentarme en el año 2000; a Fernando Acosta y Rosita Granda, por su labor oculta y eficaz en la secretaría.

Paso a paso, respetando el paso de todos, Letrán se convirtió en la “Casa Cuba”, en el buen sitio donde las diferencias no fueron obstáculo para el cultivo de los más genuinos valores humanos.

"No tengan prisa, el tiempo de dar frutos llega después de aprender a ser personas, primero hay que crecer hacia abajo y hacia dentro. Caminando se tarda más, pero se llega más lejos"

El bonsái nos recuerda el valor de lo pequeño. Todo árbol comienza siendo un brote insignificante, pero cargado de vida y futuro. Vienen a mi memoria los postulantes, con los que compartí durante el último año en La Habana: Lázaro Yoerlis, Amed Enrique y Frisky. A ellos les digo que no tengan prisa, el tiempo de dar frutos llega después de aprender a ser personas, primero hay que crecer hacia abajo y hacia dentro. Caminando se tarda más, pero se llega más lejos.

Por favor, ¡no cierren la puerta! Necesité traerme el bastón que me ayuda a caminar, les dejo de recuerdo un Bonsái. ¡Es signo de lo germinal! De lo que ha ido brotando sin forzar nada, acogiendo, escuchando, acompañando, respetando. El bien crece por sí mismo.

Es lo que veo también aquí, en la Residencia donde me encuentro. La Orden ha pensado en quienes han regalado su juventud y muchos años de su vida en la misión y en el servicio. Cuántos detalles de cuidado y de amor recibimos; al final lo que queda es la ternura, y éste es el arte que modela toda obra bella y acabada. Lo mejor de esta casa es lo humano.

Hoy, contemplando las vastas llanuras de Castilla, me vuelvo al Señor, y le agradezco tanta vida buena que me ha regalado. Todo es gracia, y gracia es escuchar esta llamada interior a detenerme en lo positivo, en la novedad que nos trae cada amanecer.

De este modo no permito que el “viejo” entre en mí, trayendo la nostalgia, el desencanto, la rutina, la falta de ilusión, en palabras de Clint Eastwood. Es agradable envejecer permaneciendo abiertos a lo nuevo y activos para sembrar el bien. Hasta el final.

Muchas gracias por la presencia de cada uno de vosotros en mi camino. Sois mi mejor regalo. Como el bonsái, disfrutemos sintiéndonos pequeños, aunque seamos mayores, para celebrar juntos la gran dicha de vivir y nuestra fraternidad.

Fr. Manuel Uña Fernández, OP.

En el día de mis 88 años.

Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,4-11):

Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo. No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida. Aquel ministerio de muerte –letras grabadas en piedra– se inauguró con gloria; tanto que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su rostro, caduco y todo como era. Pues con cuánta mayor razón el ministerio del Espíritu resplandecerá de gloria. Si el ministerio de la condena se hizo con resplandor, cuánto más resplandecerá el ministerio del perdón. El resplandor aquel ya no es resplandor, eclipsado por esta gloria incomparable. Si lo caduco tuvo su resplandor, figuraos cuál será el de lo permanente.

Palabra de Dios

Salmo 98,R/. Santo eres, Señor, Dios nuestro

Santo Evangelio según san Mateo (5,17-19):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Pablo nos da la clave para esquivar la tentación señalada, sin negar por ello la excelencia de la vida cristiana: “No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios”. Y esa capacidad se nos ha dado cuando hemos recibido el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, por el que no nos limitamos a “cumplir” unas normas, sino que vivimos (tratamos de vivir) según el espíritu del Evangelio, de las Bienaventuranzas.

Puede parecer que hay hoy una contradicción entre las palabra de Pablo, que subraya las diferencias entre la antigua ley mosaica y la nueva ley, y las palabras de Jesús, que, lejos de marcar las diferencias, señala la continuidad entre las dos alianzas. En realidad, no hay contradicción alguna, porque la diferencia se da en la misma continuidad: Jesús no ha dejado la antigua ley como estaba, sino que la ha llevado a su plenitud. Los mandamientos de la ley mosaica encuentran su perfección en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo; lo simbolizado por los antiguos ritos y sacrificios se ha realizado de una vez y para siempre en la Cruz de Jesucristo. Mandamientos y sacrificios quedan unificados por el Amor que Dios nos ha manifestado en Cristo, del que hacemos memoria viva en la Eucaristía.

Y si Jesús nos llama a cumplir hasta el mínimo precepto de la ley, no lo hace por un legalismo estrecho y farisaico, sino porque el verdadero amor no actúa “en general”, sino que está atento con delicadeza a los más mínimos detalles y momentos de la vida.