Mostrando entradas con la etiqueta OP.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta OP.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de junio de 2023

Fr. Manuel Uña Fernández, OP. "Mi corazón, el día 10 de junio, arriba a los 88 años de edad, rebosando gratitud"

Parábola del bonsái

Sigo caminando por esta calle de “sentido único” que es la vida, y me doy cuenta que mi corazón,el día 10 de junio, arriba a los 88 años de edad, rebosando gratitud.

Es éste un cumpleaños singular: por primera vez, en tres décadas, lo celebro en mi tierra, al amparo de la Virgen del Camino, donde me encuentro desde hace dos meses, junto a otros hermanos, ancianos como yo.

En esta hora me siento feliz, al igual que fui feliz en el Nuevo Mundo, compartiendo con las personas que han confiado en mí, dándome cuenta, una vez más, que lo nuestro es integrar. ¡Cuánto bien me habéis hecho todos! Los de allá y los de acá.

En septiembre, con billete de ida y vuelta, viajé desde La Habana hasta Madrid, como cada año. Al salir de San Juan de Letrán pensé que regresaría a los dos meses, pero tuvimos que cancelar lo programado.

Los dominicos, cuando fueron a América consigo llevaron sus libros; yo, regresé sin ellos, pero con la gratitud en el alma como equipaje.

"Ahora, me encuentro estrenando una nueva etapa, con un ritmo diferente, disfrutando el tiempo extra que Dios me concede, y en mi memoria renace el recuerdo de un Bonsái que quedó en la oficina que solía utilizar"

Ahora, me encuentro estrenando una nueva etapa, con un ritmo diferente, disfrutando el tiempo extra que Dios me concede, y en mi memoria renace el recuerdo de un Bonsái que quedó en la oficina que solía utilizar.

En mis cumpleaños anteriores les compartí la parábola del bastón y de la puerta. Y en esta ocasión, deseo regalarles precisamente la parábola del Bonsái. Les cuento su historia: este pequeño árbol, elaborado con imaginación artesanal, fue obsequio de una alumna del Centro Fr. Bartolomé de las Casas, en vísperas de su graduación, hace aproximadamente 20 años.

Con dicho gesto quería expresar su gratitud por haber experimentado el “microclima de Letrán”, aludiendo al respeto y los valores que se cultivan allí y que le hacían sentirse como a la sombra de un árbol, resguardada del intenso calor del verano.

El Centro es hijo del Aula Fr. Bartolomé de las Casas y surgió como un sueño compartido con mis hermanos en la comunidad de Letrán, el año 1998.

No puedo dejar de mencionar a mi fiel amigo y gran gestor Nelson la Serna, pieza clave de estos proyectos; a la profesora Nancy Sotelo, tan competente e incondicional colaboradora; a Fr. Jesús Espeja, OP. que se ofreció para quedarse por 4 años al frente, cuando tuve que ausentarme en el año 2000; a Fernando Acosta y Rosita Granda, por su labor oculta y eficaz en la secretaría.

Paso a paso, respetando el paso de todos, Letrán se convirtió en la “Casa Cuba”, en el buen sitio donde las diferencias no fueron obstáculo para el cultivo de los más genuinos valores humanos.

"No tengan prisa, el tiempo de dar frutos llega después de aprender a ser personas, primero hay que crecer hacia abajo y hacia dentro. Caminando se tarda más, pero se llega más lejos"

El bonsái nos recuerda el valor de lo pequeño. Todo árbol comienza siendo un brote insignificante, pero cargado de vida y futuro. Vienen a mi memoria los postulantes, con los que compartí durante el último año en La Habana: Lázaro Yoerlis, Amed Enrique y Frisky. A ellos les digo que no tengan prisa, el tiempo de dar frutos llega después de aprender a ser personas, primero hay que crecer hacia abajo y hacia dentro. Caminando se tarda más, pero se llega más lejos.

Por favor, ¡no cierren la puerta! Necesité traerme el bastón que me ayuda a caminar, les dejo de recuerdo un Bonsái. ¡Es signo de lo germinal! De lo que ha ido brotando sin forzar nada, acogiendo, escuchando, acompañando, respetando. El bien crece por sí mismo.

Es lo que veo también aquí, en la Residencia donde me encuentro. La Orden ha pensado en quienes han regalado su juventud y muchos años de su vida en la misión y en el servicio. Cuántos detalles de cuidado y de amor recibimos; al final lo que queda es la ternura, y éste es el arte que modela toda obra bella y acabada. Lo mejor de esta casa es lo humano.

Hoy, contemplando las vastas llanuras de Castilla, me vuelvo al Señor, y le agradezco tanta vida buena que me ha regalado. Todo es gracia, y gracia es escuchar esta llamada interior a detenerme en lo positivo, en la novedad que nos trae cada amanecer.

De este modo no permito que el “viejo” entre en mí, trayendo la nostalgia, el desencanto, la rutina, la falta de ilusión, en palabras de Clint Eastwood. Es agradable envejecer permaneciendo abiertos a lo nuevo y activos para sembrar el bien. Hasta el final.

Muchas gracias por la presencia de cada uno de vosotros en mi camino. Sois mi mejor regalo. Como el bonsái, disfrutemos sintiéndonos pequeños, aunque seamos mayores, para celebrar juntos la gran dicha de vivir y nuestra fraternidad.

Fr. Manuel Uña Fernández, OP.

En el día de mis 88 años.

domingo, 9 de diciembre de 2018

BEATO PIER GIORGIO FRASSATI, OP.

“Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando...”

“Cada día comprendo mejor la gracia de ser católico. Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando... Incluso a través de cada desilusión tenemos que recordar que somos los únicos que poseemos la verdad”.

Quizá sean pocos los que se atrevan a escribir hoy día, con grandes letras, el párrafo anterior. Escribirlo no sólo con las palabras, sino, sobre todo, con la vida. Como lo hizo un joven decidido e intrépido que se llamaba Pier Giorgio Frassati.

Pier Giorgio había nacido el 6 de abril de 1901 de una rica familia de Turín. Su padre, Alfredo, era el fundador del periódico La Stampa, en el que se divulgaban ideas liberales, no ciertamente favorables a la Iglesia. Alfredo llegó a ser embajador de Italia ante Alemania, lo cual permitió a la familia el vivir y establecer amistades en el mundo alemán.

Pier Giorgio recibió en casa una educación correcta, pero sin una fe vivida. Al iniciar la adolescencia sintió una fuerte necesidad de zambullirse en el Evangelio, de ser un cristiano al cien por ciento. Por eso fue miembro de un gran número de asociaciones católicas: tenía un gran anhelo de conocer más su fe, de crecer en la vida de oración, de vivir en un sincero compromiso por los demás, sea en la asistencia social, sea en el enseñar y dar testimonio de sus convicciones cristianas.

Cuando llega a la Universidad, percibe un ambiente hostil contra todo lo que huela a católico. Pier Giorgio no duda en promover actividades espirituales entre los universitarios. A veces a riesgo de más de algún choque violento con grupos intolerantes (esos que presumían de “liberales”, de “libertadores comunistas”, o de “patriotas” en las filas del fascismo).

En el panel de anuncios de la universidad de Turín pone un día, entre las muchas hojas y folletos que hablan de fiestas y diversiones, un cartel para invitar a los estudiantes a la adoración nocturna. Los “anticlericales” deciden intervenir para arrancar la “provocación” de Pier Giorgio. Al llegar, se encuentran allí delante al joven, que defiende enérgicamente su derecho a expresar las propias convicciones. Al final el panel queda completamente destruido, y el anuncio de Pier Giorgio acaba hecho pedazos...

Además del trabajo con los jóvenes universitarios, Pier Giorgio quiere dedicarse a los más necesitados, a los pobres, a los enfermos. Encuentra también tiempo para acompañar a un sacerdote dominico que da catequesis a los niños de un barrio obrero para defenderle ante los insultos y agresiones de algunos comunistas amenazadores, y no pocas veces se llega a los golpes...

Cuando el fascismo llega a su apogeo, Pier Giorgio intuye el carácter anticatólico (y antihumano) de la nueva ideología, y no duda en enfrentarse con los nuevos enemigos. Se irrita especialmente cuando ve cómo algunos católicos muestran su simpatía hacia los fascistas. Su fama de enemigo del nuevo poder llega a ser conocida. Hasta tal punto, que un domingo, cuando Pier Giorgio come en casa con su madre, un escuadrón de fascistas entra para destrozarlo todo. Nuestro joven aparece en el vestíbulo de ingreso, arranca un bastón a uno de los agresores y, con el bastón en mano, pone en fuga a los fascistas.

Es una vida apasionante: compromiso social, compromiso político, compromiso militante en numerosas organizaciones católicas, especialmente en los grupos de universitarios católicos. Compromiso, como dijimos, entre los más necesitados.

A muchos impresiona ver al hijo de los Frassati por las calles con un carro con los bártulos de gente pobre que busca una casa, o mientras visita a los hijos de los obreros para darles catequesis. En su familia lo tienen por loco. Casi siempre llega tarde, muchas veces sin dinero. No duda en prescindir del tranvía para dar lo ahorrado a quien pueda necesitar una limosna.

Un día invita a uno de sus amigos a un mayor compromiso de caridad, a visitar y atender a los pobres. El amigo le dice que tiene miedo, que no se atreve a entrar en casas miserables, donde todo es suciedad, donde las enfermedades contagiosas dominan por doquier. Pier Giorgio le responde con sencillez y convicción: visitar a los pobres es ¡visitar a Jesús!

Entre los pobres la providencia tenía prevista la llegada de la hora definitiva. Un día de finales de junio de 1925, el peligro se hace realidad. Pier Giorgio contrae, después de una de sus visitas, una poliomielitis fulminante.

Empieza a sentir fuertes dolores de cabeza y pierde el apetito. En su casa, sin embargo, no le hacen mucho caso, pues apenas tiene 24 años y es un joven robusto. Además, la abuela se encuentra muy grave, y todos están volcados sobre ella.

Pier Giorgio siente cómo el mal va avanzando, sin que se le atienda debidamente. Sólo cuando ya se encuentra en una situación dramática, sus padres se dan cuenta y reaccionan. Demasiado tarde. Desesperados, piden un suero especial al instituto Pasteur de París, pero ya no queda nada por hacer.

Con la humildad y el desapego con el cual había vivido se enfrentaba ahora, en plena juventud, a la muerte. O, mejor, al encuentro con aquel Jesús que tanto había amado, por el cual había luchado en la universidad y en la calle, entre los pobres o entre jóvenes de clase media poco activos en su fe.

Por eso no resultó extraño su último gesto. Pidió a su hermana Luciana que tomase de su habitación una caja con inyecciones, y escribió encima de ella la dirección de la persona a la cual había que llevar la medicina.

La muerte llega el 4 de julio de 1925. Los funerales se tienen dos días después. Son una explosión de cariño y afecto hacia un joven que había vivido para los demás. Son también el momento en el cual los padres de Pier Giorgio descubren realmente quién era su hijo, cuánta gente lo quería, lo mucho que había hecho, sencillamente, sin aspavientos, en las largas horas que pasaba fuera de casa.

“Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando...”. La vida de Pier Giorgio fue, realmente, vida. Porque amó su fe, y porque su fe le llevó a amar y a servir a Jesús en sus hermanos.

Pier Giorgio Frassati fue declarado beato por Juan Pablo II el 20 de mayo de 1990. Sobre su personalidad, Benedicto XVI comentaba:

"Joven como vosotros, vivió con gran compromiso su formación cristiana y dio su testimonio de fe, sencillo y eficaz. Fue un muchacho fascinado por la belleza del Evangelio de las Bienaventuranzas, que experimentó toda la alegría de ser amigo de Cristo, de seguirle, de sentirse de manera viva parte de la Iglesia" (a los jóvenes, Turín 2 de mayo de 2010).

miércoles, 18 de abril de 2018

BEATO FRAY JOSÉ LÓPEZ TASCÓN, OP.

Nació en Aviados (León) el 3 de marzo de 1896, bautizado al día siguiente, confirmado el 11 de agosto de 1897; tuvo otro hermano dominico, el P. Manuel; a los doce años ingresó en la escuela apostólica de Corias (Asturias), devoto, formal y estudioso; tomó el hábito el 24 de agosto de 1913 junto con dos futuros maestros generales de la Orden: Manuel Suárez y Aniceto Fernández; profesó el 30 de agosto de 1914 en Padrón (La Coruña), estudió filosofía en Corias y teología en Salamanca, presbítero el 19 de febrero de 1921, hizo estudios complementarios de literatura en la universidad central de Madrid; publicó artículos en revistas científico-literarias; en la década de 1920 enseñó en los colegios de Oviedo y Vergara (Guipúzcoa), hacia 1930 lo asignaron a Madrid, convento de Atocha. Trabajador, amable, reservado, recogido, devoto y estudiosísimo, compañero ideal y afable.

    Con gran aceptación de lo que Dios dispusiese, no se alteraba por las circunstancias que atravesaban y se avecinaban; el 20 de julio, tras el asalto al convento de Atocha, en la calle de Granada, lo hirieron gravemente en la región epigástrica con salida de bala por la región lumbar; sus palabras fueron éstas: «Dios os perdone como yo os perdono». Herido y sangrando, acompañó al resto de religiosos que condujeron al cuartelillo de Abtao y a la dirección general de seguridad para encerrarlos en el calabozo, allí se desangraba y perdía el conocimiento hasta que, personal de la Cruz Roja, lo condujo al día siguiente, 21 de julio, a un hospital, situado en la calle Navas de Tolosa, donde dio muestras de resignación y aceptación del sufrimiento; lo atendió una dominica de la Anunciata, hermana Dolores Robinat, y le administró los sacramentos el P. Nicanor Menéndez, O.P.; quedó transformado y lleno de paz, alegría y fortaleza. Murió, a los 40 años de edad, el 25 de julio de 1936 ofreciendo su vida por Dios, por la paz en España y la conversión de sus perseguidores, y rezando repetidamente la Salve y la antífona O, spem miram, a Santo Domingo.

domingo, 4 de marzo de 2018

BEATO LUCIO MARTÍNEZ MANCEBO, OP Y BEATO. TIRSO MANRIQUE MELERO,OP.

BEATO LUCIO MARTÍNEZ MANCEBO


Fraile sencillo pero de personalidad recia y temperamento vigoroso, que demostró al hacer frente a los estudios eclesiásticos, que le costaron mucho. Su tenacidad y espíritu religioso le permitieron alcanzar el grado de Lector. Ejerció como professor, y en 1936 era Maestro de Novicios y Subprior en el Convento de Calanda (Teruel).

Alejado el Convento de grandes ciudades, era peligroso en caso de conflicto. Al llegar la persecución, el P. Lucio se preocupó de que los jóvenes saliesen del Convento y buscasen acogida fuera de Calanda, mirando a Zaragoza. Al despedirlos con su bendición les aconsejó que de llegar el caso de dar la vida por la fe, lo asumiesen con valentía.

Él con algunos religiosos quedaron en el Convento que al ser asaltado, tuvieron que refugiarse en casas particulares. Al amenazar de muerte a los que tenían frailes en la casa, salieron a la calle donde fueron apresados, y dos días después fusilados. Subidos al camión que los llevaba al lugar del martirio, inició con voz poderosa el rezo del Rosario hasta el lugar del suplicio, en el que manifestaron su perdón a todos, consumando el sacrificio de su vida al grito de ¡Viva Cristo Rey!


 BEATO TIRSO MANRIQUE MELERO,OP.

En todas sus empresas dio gracias a Dios (Eco 47,9)
Humanamente se le podía considerar buen pedagogo, pastoralmente fue un predicador apóstol de la doctrina social de la Iglesia. Excelente compañero en la vida comunitaria, dotado de gracia especial para la convivencia. Espiritualmente era de profunda piedad y vigoroso sentido ascético.

Se le veía a veces un tanto abatido ante el futuro que intuía conflictivo. Era un fondo de humildad y conciencia de pequeñez que le hacía sentirse poca cosa en momentos difíciles. No le importaba morir, pero le preocupaba el no estar a la altura de las circunstancias.
Sin embargo hizo frente a momentos duros. Fue rechazado en varias casas, ya que la presencia de un fraile resultaba peligrosa. Saboreó la amargura de quienes se lo habían ofrecido todo y a la hora de la verdad, se lo negaron todo. No le quedó más refugio que sentarse en un banco de la plaza de Calanda y esperar. Poco después era apresado y conducido donde estaban los demás. Aquella misma noche fueron fusilados.