miércoles, 17 de diciembre de 2025

Evangelio de la Feria de Adviento (17 de diciembre)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (49,1-2.8-10):

En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:

«Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel:

A ti, Judá, te alabarán tus hermanos,

pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos,

se postrarán ante ti los hijos de tu padre.

Judá es un león agazapado,

has vuelto de hacer presa, hijo mío;

se agacha y se tumba como león

o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?

No se apartará de Judá el cetro,

ni el bastón de mando de entre sus rodillas,

hasta que venga aquel a quien está reservado,

y le rindan homenaje los pueblos».

Palabra de Dios


Salmo 71,R/. En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.


Santo Evangelio según san Mateo (1,1-17):

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

Palabra del Señor

Compartimos:

En muchos libros de memorias o autobiografías por lo general el autor se refiere con cierta  extensión a sus padres o a un ámbito familiar más o menos amplio. A veces hasta escribe relatos de cuatro generaciones atrás. Es difícil hablar de uno mismo sin esas referencias que dan sentido, nos conectan con una identidad compartida, unas raíces y una cultura que nos hacen parte de una historia común. La historia familiar ayuda a entender por qué ciertos patrones de conducta, valores o actitudes son parte fundamental de lo que uno es.


Casi a las puertas de la celebración de la Navidad, la lectura del Evangelio de Mateo ofrece la lista de antepasados de Jesús comenzando por Abraham. No es una lista aburrida. En el tiempo de Jesús estas listas, escritas o recitadas significaban mucho para las familias y para el orden social. Tenían valor legal (trasmisión de patrimonio, validez de los  vínculos, conexión con los origenes de la estirpe, antepasados ilustres). Esos nombres de algún modo certifican que en Jesús se cumplen las profecías mesiánicas de la Sagrada Escritura: Él es el prometido al pueblo elegido, el descendiente del rey David de la tribu de Judá, el Mesías anunciado y descrito por los profetas, el cumplimiento del plan de Redención de Dios.


Un plan que no es exclusivo para los israelitas sino que está abierto a todos los pueblos y además significativamente Mateo lo resalta mediante el nombre de algunas mujeres (algo muy poco frecuente porque los derechos se trasmitían de padre a hijo primogénito sin nombrar a la madre). Ellas son, sin embargo protagonistas de algunas historias de las Escrituras. Como los varones, no todas son ejemplares… Y, al final, en un sorprendente giro estilístico, María. José es descendiente de David pero tras su nombre Mateo no escribe el repetido “engendró” sólo le aplica el valor legal de padre. La fórmula es: “José, el esposo de María de la cual Nació Jesús el llamado Cristo”.


Cada uno de los que creemos en Jesucristo pertenecemos a esa genealogía, somos pueblo de reyes, hijos en el Hijo. Y a cada ser humano se le ofrece el acceso de manera que todos pueden formar parte del puebo de Dios. Somos hijos, y si hijos, herederos con Cristo, dirá el judío Pablo. La lectura de hoy es una hermosa ocasión de acción de gracias, de alabanza y de alegría porque somos hijos de Dios. Dios hecho carne por amor a toda la humanidad.

martes, 16 de diciembre de 2025

Evangelio del Martes de la III Semana de Adviento

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Sofonías (3,1-2.9-13):

Esto dice el Señor:

«¡Ay de la ciudad rebelde,

impura, tiránica!

No ha escuchado la llamada,

no ha aceptado la lección,

no ha confiado en el Señor,

no ha recurrido a su Dios.

Entonces purificaré

labios de los pueblos

para que invoquen todos ellos

el nombre del Señor

y todos lo sirvan a una.

Desde las orillas de los ríos de Cus

mis adoradores, los deportados,

traerán mi ofrenda.

Aquel día, ya no te avergonzarás

de las acciones con que me ofendiste,

pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia,

y dejarás de engreírte en mi santa montaña.

Dejaré en ti un resto,

un pueblo humilde y pobre

que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,

ni mentirá ni habrá engaño en su boca.

Pastarán y descansarán,

y no habrá quien los inquiete».

Palabra de Dios


Salmo 33,R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.


Santo Evangelio según san Mateo (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.

¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».

Contestaron:

«El primero».

Jesús les dijo:

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Palabra del Señor


Compartimos:

El Evangelio de hoy continúa el capítulo 21 de Mateo. La discusión con los “jefes” del pueblo, los “perfectos y cumplidores de la Ley” (pero solo de boquilla) precipitó la decisión que llevaba fraguándose un tiempo y que llevó al desenlace de la Cruz. Parece raro que estas lecturas aparezcan al principio del Adviento, cuando se empiezan a iluminar la calles y en las iglesias lucen las coronas que anuncian el nacimiento. Lo que pasa es que el Niño de Belén, manso y humilde de corazón, nació para eso, para ofrecer su vida para la salvación de los que acogen con alegría humilde su ser de criaturas dependientes, necesitadas de perdón y salvación.


El hijo de la parábola que rechaza la petición del padre pero enseguida rectifica y pone manos a la obra representa a publicanos y prostitutas: lo peor de lo peor. Pero son ellos los que siguieron a Juan y creyeron en el anuncio de la llegada de Cristo. El que asiente y pone buena cara, pero no hace nada, es un hipócrita. Los ancianos y sabios a quien Jesús pone frente a su dureza de corazón son de esa clase. No acogen a  Jesús y no lo reconocen como Mesías del mismo modo que rechazaron el anuncio del Bautista. Tanto el precursor como el Salvador no encajaban en su modo de vida. Representaban el riesgo de perder su posición social, su poder  sus privilegios y su comodidad.


A mi me sorprende que Jesús no los amenace con la condenación eterna: solo dice que no serán los primeros en el reino. Y en el fondo, creo que me alegro. Porque en muchas ocasiones actúo como el hijo que afirma una cosa y hace otra, pero la paciencia del Señor conmigo no se acaba nunca.


¿Qué hacer? Algo que aquellos “sabios” no hicieron: creer en Jesucristo. Y decir como el padre del niño epiléptico: Señor, yo creo, pero aumenta mi fe. Haz que piense como Tú quieres que piense, hable como Tú quieres que hable, actúe como Tú quieres que actúe.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Evangelio del Lunes de la III Semana de Adviento

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números (24,2-7.15-17a):

En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos:

«Oráculo de Balaán, hijo de Beor,

oráculo del hombre de ojos perfectos;

oráculo del que escucha palabras de Dios,

que contempla visiones del Poderoso,

que cae y se le abren los ojos:

¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob,

y tus moradas, Israel!

Como vegas dilatadas,

como jardines junto al río,

como áloes que plantó el Señor

o cedros junto a la corriente;

el agua fluye de sus cubos,

y con el agua se multiplica su simiente.

Su rey es más alto que Agag,

y descuella su reinado».

Y entonó sus versos:

«Oráculo de Balaán, hijo de Beor,

oráculo del hombre de ojos perfectos;

oráculo del que escucha palabras de Dios

y conoce los planes del Altísimo,

que contempla visiones del Poderoso,

que cae en éxtasis, y se le abren los ojos:

Lo veo, pero no es ahora,

lo contemplo, pero no será pronto:

Avanza una estrella de Jacob,

y surge un cetro de Israel».

Palabra de Dios


Salmo 24,R/. Señor, instrúyeme en tus sendas


 Santo Evangelio según san Mateo (21,23-27):

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:

«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».

Jesús les replicó:

«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».

Ellos se pusieron a deliberar:

«Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».

Y respondieron a Jesús:

«No sabemos».

Él, por su parte, les dijo:

«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor


Compartimos:

En los los pasajes evangélicos proclamados en la Misa encontramos, con cierta frecuencia, la alabanza que Jesús hace al Padre por la fe de los sencillos y los pobres que aceptan su palabra, es decir que le aceptan a Él como el Mesías y Señor. En la lectura de hoy lo que escuchamos es una respuesta ácida y mordaz a quienes le interrogan acerca de sus autoridad. Una respuesta que desconcierta a sus interlocutores porque desvela su soberbia e hipocresía. Se creen con autoridad porque se tienen por superiores y sabios. Y por supuesto lo son. Digamos que son la “clase alta” entre los judíos. Sacerdotes del Templo, rabinos y escribas conocen la Ley Sagrada y también los enredos políticos y los resortes del poder… Pero no son capaces de explicar dónde se sitúan y porqué en relación con el Bautista decapitado por Herodes. Demasiado comprometida la respuesta.


Tanto a favor de Jesucristo, que los conoce mejor de lo que cada uno se conoce a sí mismo y silencio inmediato de los inquisidores. La verdad es que Jesús ha jugado con ventaja en el duelo dialéctico, como no puede ser de otra manera.


Primera reflexión: sin duda el Señor conoce nuestras inquietudes y nuestras preguntas aún antes de que las formulemos. Seguramente, alguna vez le hemos pedido explicaciones… Él no nos rechaza, nos entiende de sobra ¿Quién como Jesús conoce el interior de los corazones? Hemos rezado muchas veces esa oración de comienzo sorprendente: “Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío…” Este Dios al que adoramos, Creador y Padre ha venido a nuestra carne y se ha hecho hombre.


Y segunda reflexión: ante lo que no entendemos la única condición para que Dios nos devuelva la paz y nos de fuerza es la actitud humilde y confiada. Esa actitud humilde con la que aceptamos su autoridad, su poder y su bondad redentora es la condición para que acojamos su respuesta, su aparente silencio, el sufrimiento que experimentamos a veces y la esperanza de conocerlo y ver su rostro resplandeciente de poder y de amor, contemplándolo indefenso en Belén, en su vida culminada en la Cruz y, especialmente (lo que hiciéreis con uno de estos conmigo lo hacéis) en todo aquel que sufre a nuestro lado.

domingo, 14 de diciembre de 2025

ÁNGELUS PAPA LEÓN XIV

Plaza de San Pedro

III Domingo de Adviento, 14 de diciembre de 2025

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!


El Evangelio de hoy nos hace visitar en la prisión a Juan el Bautista, que se encuentra encarcelado a causa de su predicación (cf. Mt 14,3-5). Sin embargo, él no pierde la esperanza, convirtiéndose para nosotros en un signo de que la profecía, aunque esté encadenada, sigue siendo una voz libre en busca de la verdad y la justicia.


Desde la cárcel, Juan el Bautista oye hablar «de las obras de Cristo» (Mt 11,2), que son diferentes a las que él esperaba. Entonces envía a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?» (v. 3). Quienes buscan la verdad y la justicia, quienes esperan la libertad y la paz, interrogan a Jesús. ¿Es Él realmente el Mesías, es decir, el Salvador prometido por Dios a través de los profetas?


La respuesta de Jesús dirige la mirada hacia aquellos a quienes Él ha amado y servido. Son ellos: los últimos, los pobres, los enfermos, quienes hablan por Él. Cristo anuncia quién es a través de lo que hace. Y lo que hace es un signo de salvación para todos nosotros. En efecto, cuando se encuentra a Jesús, la vida carente de luz, de palabra y de sabor recupera su sentido. Los ciegos ven, los mudos hablan, los sordos oyen. La imagen de Dios, desfigurada por la lepra, recobra su integridad y su salud. Hasta los muertos, totalmente insensibles, vuelven a la vida (cf. v. 5). Este es el Evangelio de Jesús, la buena nueva anunciada a los pobres. Cuando Dios viene al mundo, se ve.


La palabra de Jesús nos libera de la prisión del desánimo y el sufrimiento, toda profecía encuentra en Él el cumplimiento esperado. Es Cristo, de hecho, quien abre los ojos del hombre a la gloria de Dios. Él da la palabra a los oprimidos, a quienes la violencia y el odio les han quitado la voz; Él vence la ideología, que nos hace sordos a la verdad; Él cura las apariencias que deforman el cuerpo.


De este modo, el Verbo de la vida nos redime del mal, que lleva el corazón a la muerte. Por eso, como discípulos del Señor, en este tiempo de Adviento estamos llamados a unir la espera del Salvador a la atención de lo que Dios hace en el mundo. Sólo así podremos experimentar la alegría de la libertad que encuentra a su Salvador: «Gaudete in Domino semper – Alégrense siempre en el Señor» (Flp 4,4). Con esta invitación se abre la Santa Misa de hoy, tercer domingo de Adviento, llamado por eso domingo Gaudete. Alegrémonos, pues, porque Jesús es nuestra esperanza, sobre todo en la hora de la prueba, cuando la vida parece perder sentido y todo se ve más oscuro, nos faltan las palabras y nos cuesta escuchar al prójimo.


Que la Virgen María, modelo de espera, de atención y de alegría, nos ayude a imitar la obra de su Hijo, compartiendo con los pobres el pan y el Evangelio.


Queridos hermanos y hermanas:

Ayer en Jaén, España, fueron beatificados el sacerdote Emanuel Izquierdo y cincuenta y ocho compañeros, junto con el sacerdote Antonio Montañés Chiquero y sesenta y cuatro compañeros, asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa de los años 1936-38. Y también ayer, en París, fueron beatificados Raymond Cayré, sacerdote; Gérard-Martin Cendrier, de la Orden de los Frailes Menores; Roger Vallé, seminarista; Jean Mestre, laico; y cuarenta y seis compañeros, asesinados por odio a la fe en los años 1944-45 durante la ocupación nazi. Alabamos al Señor por estos mártires, valientes testigos del Evangelio, perseguidos y asesinados por haber permanecido junto a su gente y fieles a la Iglesia.


Sigo con viva preocupación la reanudación de los enfrentamientos en la parte oriental de la República Democrática del Congo. Al mismo tiempo que expreso mi cercanía a la población, exhorto a las partes en conflicto a que cesen toda forma de violencia y busquen un diálogo constructivo, en el respeto de los procesos de paz en curso.


Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de otras partes del mundo, en particular a los fieles de Belo Horizonte, Zagreb, Split y Copenhague; así como a los procedentes de Corea del Sur, Tanzania y Eslovaquia. Saludo a los grupos venidos de Mestre, Biancavilla y Bussi sul Tirino; a los exalumnos de la Asociación Mornese Italia, a la Orquesta Filarmónica Pugliese, a la Fundación Oasi Nazareth de Corato, a los jóvenes del Oratorio Salesiano de Alcamo y a los confirmandos de la Parroquia San Pío de Pietrelcina en Roma.


Les deseo a todos un feliz domingo.

III Domingo de Adviento «Gaudete» (Ciclo A)

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (35,1-6a.10):

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Palabra de Dios


Salmo 145,R/. Ven, Señor, a salvarnos


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (5,7-10):

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (11,2-11):

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy, como el domingo anterior, la Iglesia nos presenta la figura de Juan el Bautista. Él tenía muchos discípulos y una doctrina clara y diferenciada: para los publicanos, para los soldados, para los fariseos y saduceos... Su empeño es preparar la vida pública del Mesías. Primero envió a Juan y Andrés, hoy envía a otros a que le conozcan. Van con una pregunta: «Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» (Mt 11,3). Bien sabía Juan quién era Jesús. Él mismo lo testimonia: «Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo’» (Jn 1,33). Jesús contesta con hechos: los ciegos ven y los cojos andan...


Juan era de carácter firme en su modo de vivir y en mantenerse en la Verdad, lo cual le costó su encarcelamiento y martirio. Aún en la cárcel habla eficazmente con Herodes. Juan nos enseña a compaginar la firmeza de carácter con la humildad: «No soy digno de desatarle las sandalias» (Jn 1,27); «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30); se alegra de que Jesucristo bautice más que él, pues se considera sólo “amigo del esposo” (cf. Jn 3,26).


En una palabra: Juan nos enseña a tomar en serio nuestra misión en la tierra: ser cristianos coherentes, que se saben y actúan como hijos de Dios. Debemos preguntarnos: —¿Cómo se prepararían María y José para el nacimiento de Jesucristo? ¿Cómo preparó Juan las enseñanzas de Jesús? ¿Cómo nos preparamos nosotros para conmemorarlo y para la segunda venida del Señor al final de los tiempos? Pues, como decía san Cirilo de Jerusalén: «Nosotros anunciamos la venida de Cristo, no sólo la primera, sino también la segunda, mucho más gloriosa que aquélla. Pues aquélla estuvo impregnada por el sufrimiento, pero la segunda traerá la diadema de la divina gloria».

sábado, 13 de diciembre de 2025

Sábado 2 de Adviento, Santa Lucía, virgen y mártir

1ª Lectura (Eclo 48,1-4.9-11):

 En aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego, sus palabras quemaban como antorcha. Él hizo venir sobre ellos hambre, y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor cerró los cielos y también hizo caer fuego tres veces. ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos! ¿Quién puede gloriarse de ser como tú? Fuiste arrebatado en un torbellino ardiente, en un carro de caballos de fuego; tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros, para aplacar la ira antes de que estallara, para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob. Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor.

Palabra de Dios


Salmo responsorial: 79 R/. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.


Versículo antes del Evangelio (Lc 3,4.6): Aleluya. Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas, y todos los hombres verán al Salvador. Aleluya.


Santo  Evangelio (Mt 17,10-13):

 Bajando Jesús del monte con ellos, sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Respondió Él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

Palabra de Dios

Compartiendo

Jesús conversa con los discípulos cuando baja de la montaña, donde han vivido la Transfiguración. El Señor no ha acogido la propuesta de Pedro de quedarse, y baja respondiendo a las preguntas de los discípulos. Éstos, que acaban de participar brevemente de la gloria de Dios, están sorprendidos y no entienden que ya haya llegado el Mesías sin que antes haya venido el profeta Elías a prepararlo todo.


Resulta que la preparación ya ha sido realizada. «Os digo, sin embargo, Elías vino ya» (Mt 17,12): Juan Bautista ha preparado el camino. Pero los hombres del mundo no reconocen a los hombres de Dios, ni los profetas del mundo reconocen a los profetas de Dios, ni los prepotentes de la Tierra reconocen la divinidad de Jesucristo.


Es necesaria una mirada nueva y un corazón nuevo para reconocer los caminos de Dios y para responder con generosidad y alegría a la llamada exigente de sus enviados. No todos están dispuestos a entenderlo y, menos, a vivirlo. Es más, nuestras vidas y nuestros proyectos pueden estar oponiéndose a la voluntad del Señor. Una oposición que puede convertirse, incluso, en lucha y rechazo de nuestro Padre del Cielo.


Necesitamos descubrir el intenso amor que guía los designios de Dios hacia nosotros y, si somos consecuentes con la fe y la moral que Jesús nos revela, no han de extrañarnos los malos tratos, las difamaciones y las persecuciones. Ya que estar en el buen camino no nos evita las dificultades de la vida y Él, a pesar del sufrimiento, nos enseña a continuar.


A la Madre de Jesús, Reina de los Apóstoles, le pedimos que interceda para que a nadie le falten amigos que, como los profetas, le anuncien la Buena Nueva de la salvación que nos trae el nacimiento de Jesucristo. Tenemos la misión, tú y yo, de que esta Navidad sea vivida más cristianamente por las personas que encontraremos en nuestro camino.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Evangelio del Viernes de la II Semana de Adviento

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (48,17-19):

Esto dice el Señor, tu libertador,

el Santo de Israel:

«Yo, el Señor, tu Dios,

te instruyo por tu bien,

te marco el camino a seguir.

Si hubieras atendido a mis mandatos,

tu bienestar sería como un río,

tu justicia como las olas del mar,

tu descendencia como la arena,

como sus granos, el fruto de tus entrañas;

tu nombre no habría sido aniquilado,

ni eliminado de mi presencia».

Palabra de Dios


Salmo 1,R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.


Santo Evangelio según san Mateo (11,16-19):

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«¿A quién compararé esta generación?

Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.

Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras».

Palabra del Señor

Compartimos:

Hay personas que son especialistas en mirar para otro lado y hacer que nada va con ellos. Como decía un amigo mío cuando hacía lo propio: “Eso no es de mi negociado”. Y se iba tan tranquilo. A lo suyo. A lo que le importaba.


El Reino es exactamente lo contrario. Lo de los demás nos afecta, nos importa. Y nuestra preocupación es universal. Porque todos son mis hermanos y hermanas. No podemos sentirnos bien del todo si mis hermanos lo están pasando mal. Y sus alegrías sin también las mías. Es así como comenzaba la constitución pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”. No puede ser de otro modo para los que nos confesamos seguidores de Jesús. Su mensaje nos abrió a la fraternidad del Reino y ahí nos encontramos con el otro no como un enemigo sino como un hermano. Imposible sentirnos indiferentes. Imposible decir que “eso no es de mi negociado”, que lo suyo no me afecta.


Los niños de que habla el texto evangélico de hoy se quejan de que no les hacen caso. Les rodea la indiferencia de los que pasan. Ni bailan ni se lamentan. Van cada uno a lo suyo. Lo de los otros no interesa. En todo caso, se encuentran fácilmente justificaciones para seguir yendo cada uno a lo suyo. Si alguien nos invita a abrir los ojos y encontrarnos con los hermanos, diremos que está loco o que no es coherente en su vida. Cualquier razón es buena para seguir yendo a lo suyo.


Los seguidores de Jesús no somos así, no podemos ser así. Jesús nos ha ayudado a abrir los ojos para que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias” de los que nos rodean se hagan nuestras, nos lleguen al corazón, nos conmuevan y nos hagan actuar en consecuencia. Esa es la sabiduría verdadera. Esa es la sabiduría que nos ayuda a construir el Reino de Dios de que nos habló Jesús.