jueves, 13 de marzo de 2025

Jueves de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura del libro de Ester (14,1.3-5.12-14):

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.

Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:

«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.

Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.

Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».

Palabra de Dios

Salmo 137,R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Santo Evangelio según san Mateo (7,7-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy, Jesús nos habla de la necesidad y del poder de la oración. No podemos entender la vida cristiana sin relación con Dios, y en esta relación, la oración ocupa un lugar central. Mientras vivimos en este mundo, los cristianos nos encontramos en un camino de peregrinaje, pero la oración nos acerca a Dios, nos abre las puertas de su amor inmenso y nos anticipa ya las delicias del cielo. Por esto, la vida cristiana es una continua petición y búsqueda: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7,7), nos dice Jesús.


Al mismo tiempo, la oración va transformando el corazón de piedra en un corazón de carne: «Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!» (Mt 7,11). El mejor resumen que podemos pedir a Dios se encuentra en el Padrenuestro: «Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo» (cf. Mt 6,10). Por tanto, no podemos pedir en la oración cualquier cosa, sino aquello que sea realmente un bien. Nadie desea un daño para sí mismo; por esto, tampoco no lo podemos querer para los demás.


Hay quien se queja de que Dios no le escucha, porque no ve los resultados de manera inmediata o porque piensa que Dios no le ama. En casos así, no nos vendrá mal recordar este consejo de san Jerónimo: «Es cierto que Dios da a quien se lo pide, que quien busca encuentra, y a quien llama le abren: se ve claramente que aquel que no ha recibido, que no ha encontrado, ni tampoco le han abierto, es porque no ha pedido bien, no ha buscado bien, ni ha llamado bien a la puerta». Pidamos, pues, en primer lugar a Dios que haga bondadoso nuestro corazón como el de Jesucristo.

miércoles, 12 de marzo de 2025

Miércoles de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Jonás (3,1-10):

EL Señor dirigió la palabra a Jonás:

«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:

«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó de su trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros:

«Que hombres y animales, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua. Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia. ¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá!».

Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

Palabra de Dios

Salmo 50,R/. Un corazón quebrantado y humillado,tú, Dios mío, no lo desprecias

Santo Evangelio según san Lucas (11,29-32):

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús,

y él se puso a decirles:

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Palabra del Señor

Compartimos:

Aunque la secularización de la sociedad es un proceso que se inició en la llamada edad moderna, a principios del siglo pasado en algunos países europeos se agudizó un sentimiento o un estado de opinión profundamente anticlerical que se reflejaba en leyes encaminadas a suprimir el poder y la influencia social de la Iglesia Católica. En España, como sabemos, fue especialmente violento, llegando hasta al exterminio físico. Se trataba de crear una sociedad laica en la que la religión se limitara al ámbito privado y se hiciera invisible en la vida pública. El Crucifijo, que presidía muchas aulas en las escuelas de la Iglesia pero también tradicionalmente en cualquier institución, fue prohibido… En ese ambiente, un sacerdote muy vinculado a movimientos católicos de docentes, ante la supresión obligada del crucifijo, hizo una propuesta a los maestros: “Sed vosotros crucifijos vivientes”. Es decir: comportáos de tal manera que seais un signo, una señal viviente de la presencia de Cristo.


En las lecturas de hoy encontramos el tema de las señales: Jesús aparece decepcionado ante la ceguera de unas gentes que le piden señales como si su sola presencia, su mensaje y sus acciones no fueran evidentes. Y les reprocha citando a Jonás: no tendrán mas señal que la de Jonás cuya palabra llevó a los ninivitas a la conversión y el arrepentimiento. La  señal de Jonás es su descenso al abismo -la profundidad del mar y el vientre de la ballena- propiciado por él mismo al asumir su culpa, y su reparición tres días después. Jesús tomará sobre sí la culpa y descenderá a los infiernos para resucitar al tercer día. Y esa es la señal.


No pidamos otra. Ciertamente a lo largo de los siglos, desde su origen, en la Iglesia se han dado milagros y portentos asombrosos… Señales de la existencia y el poder de Dios. Pero lo esencial para nuestra fe es la redención y liberación del pecado y de la muerte que se nos ha dado en Cristo.


Ser crucifijos vivientes quiere decir vivir como Jesús vivió y tener sus mismos sentimientos, trasmitir su mensaje siendo su imagen en nuestras palabras y obras. Es bueno meditar y contemplar la pasión de Cristo, para configurarnos con Él. La señal de la cruz es el signo de Dios con nosotros que tenemos que dar al mundo.

martes, 11 de marzo de 2025

Martes de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (55,10-11):

Esto dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que cumplirá mi deseo

y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios

Salmo 33,R/. El Señor libra de sus angustias a los justos

Santo Evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,

danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor

Compartimos:

“Es cosa para alabar mucho al Señor cuán subida en perfección es esta oración evangélica, bien como ordenada de tan buen Maestro, y así podemos, hijas, cada una tomarla a su propósito. Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste. Porque hasta aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental y de quietud y unión, que a ser yo para saberlo decir, se podía hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento.” (Sta. Teresa de Jesús. Camino 27,1)


No solo un gran libro sino millares y comentarios y glosas y las luminosas veintiseis páginas del Catecismo de la Iglesia Católica y hasta la aceptable entrada de Wikipedia… Así las cosas ¿Qué comentario podría hacerse desde esta página?


Invito a los lectores a hacer su propio comentario, su propia experiencia de orar con el Padrenuestro tal como lo recogió Mateo: apenas cinco renglones con siete peticiones esenciales. En el Padrenuestro está todo el compendio de la fe, la esperanza y la caridad. Todo lo que creemos, esperamos y amamos. Un solo Señor, y Padre a quien nos dirigimos todos como hermanos, hijos de un mismo Padre, una esperanza puesta en el Reino y en la santidad que alcanzaremos como hijos de Dios, unas relaciones humanas de hermandad, de compartir el pan cotidiano y de perdonar para poder ser perdonados… Y la aspiración y el deseo de que se cumpla la voluntad de Quien nos ha creado para su gloria y nuestra felicidad.


Está bien conocer algunas “técnicas” para prepararnos para orar. Cómo disponernos, centrar la atención, buscar el momento adecuado… Pero a lo mejor basta con una predisposición a renovar cada día el asombro, y la acción de gracias que brotan de la confianza en Jesucristo, de su belleza, bondad y verdad. Él es nuestra alegría.  Podemos rezar con la oración que nos enseñó en momentos felices y en las penas, con angustia o con entusiasmo, dichosos o tristes… Lo sintamos o no Él está. Está siempre.

lunes, 10 de marzo de 2025

Evangelio del Lunes de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura del libro del Levítico (19,1-2.11-18):

EL Señor habló así a Moisés:

«Di a la comunidad de los hijos de Israel:

“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.

No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.

No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.

No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.

No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.

No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.

No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».

Palabra de Dios

Salmo 18,R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

Santo Evangelio según san Mateo (25,31-46):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a yerme”.

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

Y el rey les dirá:

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

Entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.

Él les replicará:

“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor

Compartimos:

Si leemos o escuchamos con atención las lecturas de la Liturgia Eucarística de hoy, encontraremos todo un plan de vida diseñado para los bienaventurados que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra. La lectura del Éxodo explica lo que «No hay que hacer». El Evangelio lo que «Sí hay que hacer». Un programa sencillo en la exposición y tremendamente difícil, bien lo sabemos, en la práctica.


En cuanto a los noes tal vez podamos resumirlos en uno solo: no harás daño a nadie, ni de obra, ni de palabra, ni de pensamiento. Se me antoja que eso de no odiar de corazón es lo más complicado porque somos muy dados a juzgar, condenar y sentenciar. Aquello de odiar el pecado y compadecerse del pecador es muy bonito pero bastante improbable. La repugnancia que provoca el mal es difícilmente separable de quien lo produce. Casi todos los días, en las peticiones o en las plegarias eucarísticas, con distintas fórmulas, hacemos, entre otras,  peticiones por los gobernantes… Yo pido pero me temo que con poca confianza. Desde luego con escasísima confianza en mí misma en lo que se refiere a eso de amar de corazón o más aun de no odiar de corazón. Pero quiero confiar en el Señor para quien nada es imposible.


El Evangelio en cambio proporciona un cambio de perspectiva que impulsa a la acción directa: ya no se trata de evitar hacer daño, sino de hacer el bien y un bien muy concreto como ofrecer pan, agua, vestido, ayuda, compañía, curación… Y si la motivación de los “noes” del Éxodo es el temor porque Dios es el Señor, la motivación del texto de Mateo es el amor, porque Dios mismo es cada uno de los pequeños humanos sufrientes: el hambriento, el encarcelado, el extranjero, el enfermo. Y puede ser que así se aproxime el no odiar de corazón al amar de corazón. La compasión, la comprensión y la acción cristianas brotan del misterio de Cristo, Dios hecho hombre, al mismo tiempo soberano y menesteroso.

domingo, 9 de marzo de 2025

Domingo 1 (Ciclo C) de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (26,4-10):

Dijo Moisés al pueblo: «El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.

El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado.» Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.»

Palabra de Dios

Salmo 90,R/. Está conmigo, Señor, en la tribulación

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (10,8-13):

La Escritura dice: «La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.» Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: «Nadie que cree en él quedará defraudado.» Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.»

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas (4,1-13):

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.»

Jesús le contestó: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre».

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi, todo será tuyo.»

Jesús le contestó: «Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».

Jesús le contestó: Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy, Jesús, «lleno de Espíritu Santo» (Lc 4,1), se adentra en el desierto, lejos de los hombres, para experimentar de forma inmediata y sensible su dependencia absoluta del Padre. Jesús se siente agredido por el hambre y este momento de desfallecimiento es aprovechado por el Maligno, que lo tienta con la intención de destruir el núcleo mismo de la identidad de Jesús como Hijo de Dios: su adhesión sustancial e incondicional al Padre. Con los ojos puestos en Cristo, vencedor del mal, los cristianos hoy nos sentimos estimulados a adentrarnos en el camino de la Cuaresma. Nos empuja a ello el deseo de autenticidad: ser plenamente aquello que somos, discípulos de Jesús y, con Él, hijos de Dios. Por esto queremos profundizar en nuestra adhesión honda a Jesucristo y a su programa de vida que es el Evangelio: «No sólo de pan vive el hombre» (Lc 4,4).


Como Jesús en el desierto, armados con la sabiduría de la Escritura, nos sentimos llamados a proclamar en nuestro mundo consumista que el hombre está diseñado a escala divina y que sólo puede colmar su hambre de felicidad cuando abre de par en par las puertas de su vida a Jesucristo Redentor del hombre. Esto comporta vencer multitud de tentaciones que quieren empequeñecer nuestra vocación humano-divina. Con el ejemplo y con la fuerza de Jesús tentado en el desierto, desenmascaremos las muchas mentiras sobre el hombre que nos son dichas sistemáticamente desde los medios de comunicación social y desde el medio ambiente pagano donde vivimos.


San Benito dedica el capítulo 49 de su Regla a “La observancia cuaresmal” y exhorta a «borrar en estos días santos las negligencias de otros tiempos (...), dándonos a la oración con lágrimas, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia (...), a ofrecer a Dios alguna cosa por propia voluntad con el fin de dar gozo al Espíritu Santo (...) y a esperar con deseo espiritual la Santa Pascua».

sábado, 8 de marzo de 2025

Sábado después de Ceniza

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (58,9b-14):

Esto dice el Señor:

«Cuando alejes de ti la opresión,

el dedo acusador y la calumnia,

cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo

y sacies al alma afligida,

brillará tu luz en las tinieblas,

tu oscuridad como el mediodía.

El Señor te guiará siempre,

hartará tu alma en tierra abrasada,

dará vigor a tus huesos.

Serás un huerto bien regado,

un manantial de aguas que no engañan.

Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas,

volverás a levantar los cimientos de otros tiempos;

te llamarán “reparador de brechas”,

“restaurador de senderos”,

para hacer habitable el país.

Si detienes tus pasos el sábado,

para no hacer negocios en mi día santo,

y llamas al sábado “mi delicia”

y lo consagras a la gloria del Señor;

si lo honras, evitando viajes,

dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,

entonces encontrarás tu delicia en el Señor.

Te conduciré sobre las alturas del país

y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.

Ha hablado la boca del Señor».

Palabra de Dios


Salmo 85,R/. Enséñame, Señor, tu camino,para que siga tu verdad

Santo Evangelio según san Lucas (5,27-32):

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

«Sígueme».

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:

«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les respondió:

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor

Compartimos:

 Hoy vemos cómo avanza la Cuaresma y la intensidad de la conversión a la que el Señor nos llama. La figura del apóstol y evangelista Mateo es muy representativa de quienes podemos llegar a pensar que, por causa de nuestro historial, o por los pecados personales o situaciones complicadas, es difícil que el Señor se fije en nosotros para colaborar con Él.


Pues bien, Jesucristo, para sacarnos toda duda nos pone como primer evangelista el cobrador de impuestos Leví, a quien le dice sin más: «Sígueme» (Lc 5,27). Con él hace exactamente lo contrario de lo que una mentalidad “prudente” pudiera considerar si quisiéramos aparentar ser “políticamente correctos”. Leví —en cambio— venía de un mundo donde padecía el rechazo de todos sus compatriotas, ya que se le consideraba, sólo por el hecho de ser publicano, colaboracionista de los romanos y, posiblemente, defraudador por las “comisiones”, el que ahogaba a los pobres para cobrarles los impuestos, en fin, un pecador público.


A los que se consideraban perfectos no se les podía pasar por la cabeza que Jesús no solamente le llamara a seguirlo, sino ni tan sólo a sentarse en la misma mesa.


Pero con esta actitud de escogerlo, Nuestro Señor Jesucristo nos dice que más bien es este tipo de gente de quien le gusta servirse para extender su Reino; ha escogido a los malvados, a los pecadores, a los que no se creen justos: «Para confundir a los fuertes, ha escogido a los que son débiles a los ojos del mundo» (1Cor 1,27). Son éstos los que necesitan al médico, y sobre todo, ellos son los que entenderán que los otros lo necesiten.


Hemos de huir, pues, de pensar que Dios quiere expedientes limpios e inmaculados para servirle. Este expediente sólo lo preparó para Nuestra Madre. Pero para nosotros, sujetos de la salvación de Dios y protagonistas de la Cuaresma, Dios quiere un corazón contrito y humillado. Precisamente, «Dios te ha escogido débil para darte su propio poder» (San Agustín). Éste es el tipo de gente que, como dice el salmista, Dios no menosprecia.

viernes, 7 de marzo de 2025

Viernes después de Ceniza

Primera Lectura

Lectura del libro de lsaías (58,1-9a):

Esto dice el Señor Dios:

«Grita a pleno pulmón, no te contengas;

alza la voz como una trompeta,

denuncia a mi pueblo sus delitos,

a la casa de Jacob sus pecados.

Consultan mi oráculo a diario,

desean conocer mi voluntad.

Como si fuera un pueblo que practica la justicia

y no descuida el mandato de su Dios,

me piden sentencias justas,

quieren acercarse a Dios.

“¿Para qué ayunar, si no haces caso;

mortificarnos, si no te enteras?”

En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios

y apremiáis a vuestros servidores;

ayunáis para querellas y litigios,

y herís con furibundos puñetazos.

No ayunéis de este modo,

si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.

¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:

inclinar la cabeza como un junco,

acostarse sobre saco y ceniza?

¿A eso llamáis ayuno,

día agradable al Señor?

Este es el ayuno que yo quiero:

soltar las cadenas injustas,

desatar las correas del yugo,

liberar a los oprimidos,

quebrar todos los yugos,

partir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

cubrir a quien ves desnudo

y no desentenderte de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz como la aurora,

enseguida se curarán tus heridas,

ante ti marchará la justicia,

detrás de ti la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor y te responderá;

pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”».

Palabra de Dios

Salmo 50,R/. Un corazón quebrantado y humillado,tú, Dios mío, no lo desprecias

Santo Evangelio según san Mateo (9,14-15):

En aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:

«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».

Jesús les dijo:

«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy, primer viernes de Cuaresma, habiendo vivido el ayuno y la abstinencia del Miércoles de Ceniza, hemos procurado ofrecer el ayuno y el rezo del Santo Rosario por la paz, que tanto urge en nuestro mundo. Nosotros estamos dispuestos a tener cuidado de este ejercicio cuaresmal que la Iglesia, Madre y Maestra, nos pide que observemos, y a recordar que el mismo Señor dijo: «Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán» (Mt 9,15). Tenemos el deseo de vivirlo no sólo como el cumplimiento de un precepto al que estamos obligados, sino —sobre todo— procurando llegar a encontrar el espíritu que nos conduce a vivir esta práctica cuaresmal y que nos ayudará en nuestro progreso espiritual.


Buscando este sentido profundo, nos podemos preguntar: ¿cuál es el verdadero ayuno? Ya el profeta Isaías, en la primera lectura de hoy, comenta cuál es el ayuno que Dios aprecia: «Partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor» (Is 58,7-8). A Dios le gusta y espera de nosotros todo aquello que nos lleva al amor auténtico con nuestros hermanos.


Cada año, el Santo Padre Juan Pablo II nos escribía un mensaje de Cuaresma. En uno de estos mensajes, bajo el lema «Hace más feliz dar que recibir» (Hch 20,35), sus palabras nos ayudaron a descubrir esta misma dimensión caritativa del ayuno, que nos dispone —desde lo profundo de nuestro corazón— a prepararnos para la Pascua con un esfuerzo para identificarnos, cada vez más, con el amor de Cristo que le ha llevado hasta dar la vida en la Cruz. En definitiva, «lo que todo cristiano ha de hacer en cualquier tiempo, ahora hay que hacerlo con más solicitud y con más devoción» (San León Magno, papa).