domingo, 14 de julio de 2024

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús que envía a sus discípulos a la misión (cf. Mc 6,7-13). Los envía “de dos en dos” y recomienda una cosa importante: que lleven con ellos solo lo necesario.

Detengámonos un momento en esta imagen: los discípulos son enviados juntos y deben llevar con ellos solo lo necesario.

El Evangelio no se anuncia solos, no: se anuncia juntos, como una comunidad, y para hacer esto es importante saber custodiar la sobriedad: saber ser sobrios en el uso de las cosas, compartiendo los recursos, las capacidades y los dones, y prescindiendo de lo superfluo. ¿Para qué? Para ser libres: lo superfluo te convierte en esclavo. Y también para que todos tengan lo necesario para vivir de manera digna y para contribuir activamente a la misión; y también ser sobrios en los pensamientos, ser sobrios en los sentimientos, abandonando los prejuicios, abandonando las rigideces que, como un equipaje inútil lastran y entorpecen el camino, favoreciendo, en cambio, la confrontación y la escucha, para hacer así más eficaz el propio testimonio.


Pensemos, por ejemplo, lo que sucede en nuestras familias o en nuestras comunidades, cuando nos conformamos con lo necesario, incluso con poco, con la ayuda de Dios, somos capaces de avanzar y de llevarnos bien, compartiendo lo que hay, renunciando todos a algo y apoyándonos mutuamente (cf. Hch 4,32-35). Y esto es ya un anuncio misionero, antes e incluso más que las palabras, porque encarna la belleza del mensaje de Jesús en la concreción de la vida. Una familia o una comunidad que viven de esta forma, de hecho, crean a su alrededor un ambiente rico de amor, en el que es más fácil abrirse a la fe y a la novedad del Evangelio y del que sale mejor, se sale más serenos.


Si, por el contrario, cada uno va por su cuenta, si lo que cuentan son solo las cosas – que nunca son suficientes –, si no nos escuchamos, si prevalecen el individualismo y la envidia – la envidia es una cosa mortal, ¡un veneno! –  el aire se vuelve pesado, la vida, difícil y los encuentros se convierten más en una ocasión de inquietud, de tristeza y de desaliento que en una ocasión de alegría (cf. Mt 19,22).


Queridos hermanos y hermanas, comunión y sobriedad son valores importantes para nuestra vida cristiana: comunión, armonía entre nosotros y sobriedad son valores importantes, valores indispensables para una Iglesia que sea verdaderamente misionera, a todos los niveles.


Podemos preguntarnos, entonces: ¿Yo siento el gusto de anunciar el Evangelio, de llevar, allí donde vivo, la alegría y la luz que proceden del encuentro con el Señor? Y para hacerlo, ¿me esfuerzo por caminar junto a los demás, compartiendo con ellos ideas y capacidades, con la mente abierta, con el corazón generoso? Y finalmente: ¿Sé cultivar un estilo de vida sobrio, un estilo de vida atento a las necesidades de los hermanos? Son preguntas que nos vendrá bien hacernos.


Que María, Reina de los Apóstoles, nos ayude a ser verdaderos discípulos misioneros, en la comunión y en la sobriedad de vida. En la comunión, en la armonía entre nosotros y en la sobriedad de vida.

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países, en particular saludo a los participantes del Congreso Internacional de los laicos de la Orden de San Agustín;  saludo a las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazareth, que celebran su Capítulo General; saludo a los jóvenes de la parroquia de Luson (Alto Adigio), que han recorrido la vía Francigena; al Consejo de los Jóvenes del Mediterráneo, que se inspiran en el mensaje del Venerable Giorgio La Pira; a los jóvenes participantes en el Curso internacional para formadores del Regnum Christi.

Envío mi saludo a los fieles polacos reunidos en el Santuario de la Virgen Negra de Częstochowa, con ocasión del peregrinaje anual de la familia de Radio María.


En el Domingo del Mar recemos por quienes trabajan en el sector marítimo y por quienes cuidan de ellos.


Que la Madre de Dios, que pasado mañana celebraremos como Beata Virgen del Monte Carmelo, conceda consuelo y obtenga la paz para todas las poblaciones que están oprimidas por el horror de la guerra. Por favor, no olvidemos a la martirizada Ucrania, a Palestina, Israel, Myanmar.


Saludo a los muchachos de la Inmaculada.


Os deseo a todos un feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

Virgen del Carmen, estrella del mar

La Virgen del Carmen es una de las advocaciones marianas más populares. Considerada reina y patrona de Chile, su patronazgo se extiende a muchas instituciones españolas y americanas. La devoción al escapulario del Carmen está muy extendida. La denominación procede de su veneración en el monte Carmelo, en Tierra Santa. Es llamada Estrella del Mar y es patrona de los marineros. No hay que olvidar que los marineros, durante siglos, han utilizado a las estrellas para guiarse en medio del mar. La relación entre la Virgen del Carmen y la estrella del mar se remonta a una tradición según la que unos ermitaños carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo, en el siglo XIII, para protegerse de la invasión de los musulmanes. Cuando estaban cantando el “Salve Regina”, la Virgen María se les apareció y les prometió ser su Estrella del Mar.

El Papa, en la bula de convocación para el jubileo del año 2025, que ha puesto bajo el signo de la esperanza, afirma que “la esperanza encuentra en la Madre de Dios su testimonio más alto”. Añade Francisco: “No es casual que la piedad popular siga invocando a la Santísima Virgen como Stella maris, un título expresivo de la esperanza cierta de que, en los borrascosos acontecimientos de la vida, la Madre de Dios viene en nuestro auxilio, nos sostiene y nos invita a confiar y a seguir esperando”. Por su parte, Benedicto XVI ofrece, en las últimas páginas de su encíclica dedicada a la esperanza, una preciosa reflexión sobre “María, estrella de la esperanza” que, en cierto modo, podrían servir también para honrar a la Virgen del Carmen. Benedicto XVI ve una estrecha relación entre la esperanza y el saludar a María como estrella del mar (“Ave maris stella”).


“La vida humana es un camino”, dice el Papa. Y se pregunta: “¿hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo?”. Respuesta: “La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que son su “si” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo?; ¿Ella que se convirtió en el arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf Jn 1,14)?”


La fotografía que acompaña el artículo es de la parroquia de la Virgen del Carmen de Porto Cristo (Mallorca). Bajando las escalinatas de la Iglesia se llega directamente al mar. Desde el altar de la Iglesia, presidido por una preciosa imagen de la Virgen del Carmen, el celebrante puede ver el mar.

sábado, 13 de julio de 2024

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Amós (7,12-15):

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»

Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.»»

Palabra de Dios

Salmo 84 R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-14):

Bendito sea Dios, Padre nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (6,7-13):

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor

Compartimos:

También en verano la Liturgia nos sigue iluminando. Porque es un tiempo para el descanso físico, sin descuidar el desarrollo espiritual. Por eso las iglesias no cierran. Y seguimos caminando con Jesús, para seguirle, como los Apóstoles. Aunque estemos en verano, conviene recordar varias cosas relativas a nuestra vida cristiana y a nuestro seguimiento de Jesús. De envío va el mensaje hoy. Y, que no se nos olvide, la Palabra siempre se refiere a nuestra vida.


El ambiente en los tiempos del profeta Amós no era especialmente agradable. En este libro profético, vemos un cuadro bastante pesimista de la situación de Israel. Bajo la apariencia de piedad, la realidad es que el pueblo se ha alejado de Dios. El Señor ha estado enviando avisos, y ¡no habéis vuelto a mí!, oráculo de Yahveh.” (Am 4,11)


El pobre Amós no era profeta. Era un cultivador de higos, al que le llega la llamada en medio de sus actividades. Y ya vimos la semana pasada que su tarea no fue fácil, porque le hicieron poco caso. Pero no dejó de ser señal, de recordar que Dios nunca abandona a sus fieles, aunque éstos lo abandonen a Él.


También hoy el ambiente es poco propicio. No “está de moda” hablar de Dios, confesar la fe e incluso llevar distintivos religiosos. Y, también hoy, hay muchos “profetas”, gente sencilla, que sigue diciendo lo que está bien y lo que está mal, y llevando el anuncio del Reino por todo el mundo.


Pablo lo recuerda, de otra manera: “Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos”. Es la Carta a los Efesios, que nos acompañará durante casi dos meses. Somos hijos de Dios, y Él está siempre de nuestro lado. Ese es el gran proyecto de Dios para la familia humana: que seamos la gran familia de los hijos de Dios; que actuemos entre nosotros como hermanos, no como extraños. El que nos ha llamado es fiel, y no nos defraudará.


Para nosotros, es importante recordar esto, porque también a nosotros nos ha elegido Jesús, de manera especial. A cada uno nos trata de forma particularísima y especialísima, sabe lo que pasa por nuestra cabeza y nuestro corazón, y también entiende como somos. Por eso nos llama, nos elige y nos da una tarea, Hay toda una vida por delante, para desarrollarla y alcanzar la felicidad.


Cuando descubrimos lo que Dios quiere de nosotros, viene la segunda parte cumplir con ello. Cristo nos envía, para que llevemos a cabo su voluntad. No estamos donde estampo por pura casualidad. La casualidad es el paso de Dios por nuestra vida. Pensar en el hecho de que el mismo Jesús nos quiere ahí, para hacer lo que hacemos, permite ver todo de otra manera. Nuestra misión no es cosa nuestra, es cosa de Dios. “Hágase en mí según Tu Palabra”, como lema de vida.


Somos elegidos por Dios y somos enviados por Él, como lo fue Jesús. Somos otro Jesús en medio de nuestro mundo. Estamos llamados a anunciar su Buena Noticia con nuestra manera de vivir. Seguramente encontraremos dificultades, rechazos. Quizá tendremos que decir cosas que no caigan bien, denunciar actitudes, injusticias. Quizá nos pase como al profeta Amós y nos digan: “vete a tu casa a predicar allí y métete en tus asuntos”. Amós, que era pastor de ovejas, contestó: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. Y eso es lo que hizo. Y eso es lo que tendremos que hacer también nosotros.


Los discípulos de Jesús salieron a la misión con poco equipaje. No se trata de impresionar con los medios utilizados, o con la fuerza o el poder de las personas que anuncian, sino con el mensaje que intentan transmitir: el Reino de Dios ya está entre nosotros, y los discípulos, testigos de su crecimiento, actuarán con los poderes del mismo Cristo. Como hizo el Bautista, apelan a la conciencia de cada uno, para que todos se conviertan, renuncien a lo que les separa de Dios, y abran los ojos a su Luz. Ese anuncio se hace por medio de personas débiles, como lo somos nosotros, pero respaldadas por la llamada divina.


Es una tarea dura, porque se trata de “proponer”, no de “imponer”. Cada uno es cada uno, y muchos renuncian a la posibilidad de cambiar. Decía la canción: “déjame en paz, que no me quiero salvar, que en el infierno no estoy tan mal”. Muchos siguen pensando así. Pero a nosotros nos corresponde anunciarles el mensaje, para que, por lo menos, tengan la ocasión de cambiar.


Cada vez que rezamos el “Padrenuestro”, cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos recordando que somos todos hermanos. El mismo Dios nos prepara la mesa, comparte su Palabra y nos regala los dones que le presentamos. Y, al final (“Ite, Missa est”) nos envía a ser testigos. Que no se nos olvide nunca que somos cristianos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. No sólo durante el tiempo que dure la Eucaristía. Incluso en verano.


Todos debemos continuar dejando signos, señales del Reino de Dios. No a todos se les ha dado el poder de expulsar demonios y curar enfermos, pero todos podemos ayudar a los que tenemos cerca a superar sus miedos, a librarse de supersticiones y falsas imágenes de Dios, a vivir su fe de modo más libre. Y todos podemos servir a los enfermos, acompañarlos, escucharlos y llevarlos un poco de consuelo. Así seremos testigos, servidores de la vida. Para que el mundo a nuestro alrededor sea un poco mejor.


Anunciamos al Dios de la vida, al Dios del amor, que ama la vida y no odia nada de lo que ha creado, como nos recuerda el viejo libro de la Sabiduría. Lo hemos de anunciar con nuestras palabras; lo hemos de anunciar sobre todo con nuestra forma de vivir.

Sábado de la XIV Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (6,1-8):

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.» Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»

Palabra de Dios

Salmo 92 R/. El Señor reina, vestido de majestad

Santo Evangelio según san Mateo (10,24-33):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Hay lugares donde predicadores ambulantes, a quienes muy pocos escuchan y, quienes lo hacen se sonríen a veces tolerante y otras burlonamente, van con altavoces anunciando la perdición total si uno no se convierte. No parece que Jesús se refiera a esta práctica cuando dice que hay que anunciar desde las azoteas, y que nada quedará oculto para siempre. Porque la perdición total está en pensar que uno puede ser más que el maestro. La perdición total está en no creer en el poder de Dios y confiar en el propio. Lo que más bien parece asegurar Jesús es esa victoria aparentemente increíble e imposible del discípulo que no puede ser mayor que su maestro y que, por tanto, acabará en la cruz. Por lo tanto, el miedo parece inevitable.


Pero, con ese inconfundible estilo de paradojas y contrastes, Jesús les asegura que no hay que tener miedo. Pero no dice que las cosas vayan a ser fáciles. Únicamente que hay una fuerza mayor, la del tres veces Santo de la primera lectura que envía incluso a lo que es débil, inepto, indigno. Porque asegura que esa debilidad es más importante que el pájaro al que Dios protege; que es tan valiosa a los ojos de Dios que tiene hasta el último cabello contado. ¿A quién enviaremos a dar nuestro mensaje? Pues precisamente a ese que no puede, que se siente indigno ante la santidad, que siente, no ya miedo, sino un auténtico pavor natural ante la cruz, pero que tiene la absoluta certeza de la resurrección. Diremos que es difícil una fe así ante las evidencias. La fe, dicen algunos es ver las evidencias y no negarlas, sino asegurar la evidencia mayor que es la fuerza del amor de Dios. Asegurar la fuerza de la resurrección.


“Por eso, lo que os digo en lo secreto, anunciadlo desde los tejados”. Lo que ha dicho en lo secreto es que, al final, todo se sabrá; la verdad triunfará; la vida vencerá. Lo que hay que anunciar no es la perdición, sino la seguridad de la salvación. Eso sí, haciéndose menor que el maestro, que es, sí, convertirse, aceptar mucho dolor y seguir, a pesar de todo, proclamando Santo, Santo, Santo, en la seguridad de que estamos totalmente protegidos y salvados. Desde las azoteas. Es decir, venciendo el miedo a dar testimonio público.

viernes, 12 de julio de 2024

Viernes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (14,2-10):

Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: «Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano.» Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»

Palabra de Dios

Salmo 50 Mi boca proclamará tu alabanza, Señor

 Santo Evangelio según san Mateo (10,16-23):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús recomienda a sus seguidores que, si en un lugar los persiguen, escapen a otra aldea. Si en un lugar el mensaje del evangelio de Cristo no es bien recibido o aceptado, o incluso si es perseguido, hay que salir de ahí. Sin embargo, todos los mártires de los primeros tiempos del cristianismo, como más tarde todos los mártires de todos los tiempos, no escaparon de sus patrias respectivas. Y, en nuestra sociedad moderna, ¿qué podría significar escapar a otra aldea? Si mi fe es perseguida, ridiculizada o negada aquí; si mis convicciones son fuertemente atacadas por el sistema político y social, ¿a qué aldea podría escapar para ponerme a salvo de la persecución? ¿Qué podría ocurrir al escapar a otra aldea? Creo que algunas veces es posible escapar a otra aldea sin reconocer conscientemente la persecución. Simplemente, se pasa a la aldea del perseguidor por protección personal, o por lo que antes se llamaba “respeto humano”. Pero, al hacer eso, pudiera ocurrir que en esa huida se perdiera la identidad. Es decir, pasar a la “aldea” del perseguidor, al mundo de sus ideas y convicciones, podría significar diluir la propia aldea de las propias ideas, convicciones y fe. Confundirse con el “paisaje” dominante podría mantener intacta la reputación política, social y personal. Podría lograr aceptación en círculos sociales. Podría incluso evitar engorrosas discusiones en círculos familiares o de amigos. Pero, poco a poco, iría creando una tensión interior entre el ser más íntimo y la apariencia “aldeana”, que sería más fácil solventar adoptando sin más las creencias y modos prevalentes. Es decir, perderse.


Lo que Jesús recomienda no es el asentamiento en otra aldea, sino el “sacudirse el polvo de las sandalias”. Por si algo se hubiera pegado a los pies (o incluso a la túnica), hacer esa criba, ese discernimiento: verlo todo, quedarse con lo bueno, que diría san Pablo más tarde. Reconocer lo que es polvo es quedarse con lo que es verdadero. Para hacer eso, no bastaría con aferrarse a fórmulas; es necesario discernir, es decir contrastar la realidad con la Palabra de Dios, la doctrina y la tradición ancestral de la Iglesia. Sacudir el polvo de la mentira, abandonar la aldea que no recibe esa verdad, y quedarse en la propia.

jueves, 11 de julio de 2024

Jueves de la XIV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (11,1-4.8c-9):

Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.»

Palabra de Dios

Salmo 79 R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve

 Santo Evangelio según san Mateo (10,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo.»

Palabra del Señor

Compartimos:

“Porque tú lo vales”; “No nos merecemos esto”; “Te lo mereces”…  Son frases muy comunes y aceptadas, pero terriblemente irritantes. ¿Qué se merece o qué se vale si no es por lo que se ha recibido? Las buenas acciones no acumulan merecimientos, sino que son más bien respuesta a lo recibido. ¿De dónde viene el tiempo, el talento, las cualidades? Ciertamente, no se han adquirido, ni se ha trabajado para conseguirlas.  Dios no da dones como premio a la bondad, sino como acicate a ella. No se ama porque se sea bueno, sino que uno se hace bueno al amar. Por eso, el “lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”, no es una llamada a una generosidad heroica, sino más bien una recomendación meramente retórica. ¡Claro! ¿Qué otra cosa se podría hacer con lo recibido gratis? Gratis y gracia tienen la misma raíz y se trata de don. Desgracia es estar fuera de ese don. Así que se podría considerar desgracia el no entregar lo recibido; el no hacer circular el don.


Hoy celebramos la memoria de san Benito. Es conocido el “Ora et labora” de su regla, que casi se puede traducir como “Recibe la gracia (en la oración) y entrégala (con el trabajo). Alimentar el don gratuito en la oración y entregarlo con el don de uno mismo. También es conocido el carisma benedictino de la hospitalidad. «Todos los huéspedes que vienen al monasterio deben ser recibidos como Cristo, pues un día dirá: «Fui huésped y me acogisteis» (Mt 25, 35)» (n. 1). Venit hospes, venit Christus. De nuevo: “Dios te ha recibido y al mismo tiempo, ha hecho en ti su morada…” Benito entendió bien esa dinámica de recibir el don de Dios y entregar el don de Dios. Todo, consecuencias lógicas más que merecimientos. La virtud se adquiere practicando el don, haciendo que no muera. Es verdad que la virtud se cultiva, pero es porque no hay que perder el regalo. Pero es regalo, no precio, ni recompensa, ni salario. Lo bello de esto es que, así como los regalos materiales que se re-regalan se pierden, este regalo permanece porque aumenta. No se pierde el regalo: más bien hay que hacer vivir el don dando si es que no se quiere perder el auténtico don, el definitivo, que es la vida eterna con Dios.

miércoles, 10 de julio de 2024

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA REUNIÓN “AI ETHICS FOR PEACE”

("ÉTICA DE LA IA PARA LA PAZ")

Queridos amigos, reciban este saludo con motivo de su reunión titulada “Ética de la IA para la paz”.  La Inteligencia artificial y la paz son dos temas de absoluta importancia, como tuve ocasión de subrayar ante los líderes políticos del G7: “Conviene recordar siempre que la máquina puede, en algunas formas y con estos nuevos medios, elegir por medio de algoritmos. Lo que hace la máquina es una elección técnica entre varias posibilidades y se basa en criterios bien definidos o en inferencias estadísticas. El ser humano, en cambio, no sólo elige, sino que en su corazón es capaz de decidir. La decisión es un elemento que podríamos definir el más estratégico de una elección y requiere una evaluación práctica. A veces, frecuentemente en la difícil tarea de gobernar, también estamos llamados a decidir con consecuencias para muchas personas. Desde siempre la reflexión humana habla a este propósito de sabiduría, la phronesis de la filosofía griega y, al menos en parte, la sabiduría de la Sagrada Escritura. Frente a los prodigios de las máquinas, que parecen saber elegir de manera independiente, debemos tener bien claro que al ser humano le corresponde siempre la decisión, incluso con los tonos dramáticos y urgentes con que a veces ésta se presenta en nuestra vida. Condenaríamos a la humanidad a un futuro sin esperanza si quitáramos a las personas la capacidad de decidir por sí mismas y por sus vidas, condenándolas a depender de las elecciones de las máquinas. Necesitamos garantizar y proteger un espacio de control significativo del ser humano sobre el proceso de elección utilizado por los programas de inteligencia artificial. Está en juego la misma dignidad humana" (Cf. Discurso en el G7, 14 de junio de 2024).


Al elogiar esta iniciativa, les pido que muestren al mundo que unidos exigimos un compromiso efectivo para proteger la dignidad humana en esta nueva época de uso de las máquinas.


El hecho de que se reúnan en Hiroshima para hablar de inteligencia artificial y paz tiene una gran importancia simbólica. Entre los conflictos actuales que sacuden el mundo, lamentablemente, sucede que oímos hablar cada ves más a menudo - además del odio de la guerra - de esta tecnología. Por eso considero que el acontecimiento de Hiroshima reviste una importancia extraordinaria. Es crucial que, unidos como hermanos, podamos recordar al mundo que: “en un drama como el de los conflictos armados, es urgente replantearse el desarrollo y la utilización de dispositivos como las llamadas “armas autónomas letales” para prohibir su uso, empezando desde ya por un compromiso efectivo y concreto para introducir un control humano cada vez mayor y significativo. Ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano" (Cf. Discurso en el G7, 14 de junio de 2024)


Si observamos la complejidad de las cuestiones que tenemos ante nosotros, incluir la riqueza cultural de los pueblos y las religiones en la gobernanza de la inteligencia artificial es una clave estratégica para el éxito de su compromiso con la sabia gestión de la innovación tecnológica.


Mientras les deseo que esta reunión dé frutos de fraternidad y colaboración, rezo para que cada uno de nosotros pueda convertirse en un instrumento de paz para el mundo.