martes, 6 de febrero de 2024

Martes de la 5ª Semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (8,22-23.27-30):

En aquellos días, Salomón, en pie ante el altar del Señor, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo: «¡Señor, Dios de Israel! Ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, fiel a la alianza con tus vasallos, si caminan de todo corazón en tu presencia. Aunque, ¿es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que he construido! Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo Señor, Dios mío, escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu siervo. Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo, sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio! Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo, Israel, cuando recen en este sitio; escucha tú, desde tu morada del cielo, y perdona.»

Palabra de Dios

Salmo 83,R/. ¡Qué deseables son tus moradas,Señor de los ejércitos!

 Santo Evangelio según san Marcos (7,1-13):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos (los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre" y "el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte"; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: "Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo", ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús defiende a sus discípulos cuando son acusados por no cumplir determinados ritos. Desobedece preceptos y rituales religiosos que no sirven para nada y son un “culto vacío”. Llama hipócritas a los acusadores fariseos. Desenmascara con tenacidad una religión que se basa en prácticas aparentemente piadosas, pero que en verdad solo sirven de tapadera para la codicia y el engaño. Fariseos y letrados anteponían las normas ceremoniales a los principios del Evangelio.

Jesús pone el ejemplo concreto de la practica establecida por los hombres de la religión que engañaban a la gente para quedarse con el dinero que se debía dedicar a atender a los padres ancianos y desamparados. El cuidado de los padres necesitados “vale” más que dar dinero al templo.

Las tradiciones y las costumbres religiosas son buenas cuando nos ayudan a vivir el mandato el amor a los necesitados. Pero no hay que dar valor absoluto a las tradiciones humanas, la adhesión primera es a Dios. En ocasiones puede ser bueno no acatar alguna tradición que impida avanzar la construcción del Reino de Dios.

lunes, 5 de febrero de 2024

Lunes de la 5ª Semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (8,1-7.9-13):

En aquellos días, Salomón convocó a palacio, en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a los jefes de tribu y a los cabezas de familia de los israelitas, para trasladar el Arca de la Alianza del Señor desde la Ciudad de David (o sea Sión). Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón en el mes de Etanín (el mes séptimo), en la fiesta de los Tabernáculos. Cuando llegaron los ancianos de Israel, los sacerdotes cargaron con el Arca del Señor, y los sacerdotes levitas llevaron la Tienda del Encuentro, más los utensilios del culto que había en la Tienda. El rey Salomón, acompañado de toda la asamblea de Israel reunida con él ante el Arca, sacrificaba una cantidad incalculable de ovejas y bueyes. Los sacerdotes llevaron el Arca de la Alianza del Señor a su sitio, el camarín del templo, al Santísimo, bajo las alas de los querubines, pues los querubines extendían las alas sobre el sitio del Arca y cubrían el Arca y los varales por encima. En el Arca sólo había las dos Tablas de piedra que colocó allí Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó con los israelitas al salir del país de Egipto, y allí se conservan actualmente. Cuando los sacerdotes salieron del Santo, la nube llenó el templo, de forma que los sacerdotes no podían seguir oficiando a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces Salomón dijo: «El Señor quiere habitar en las tinieblas; y yo te he construido un palacio, un sitio donde vivas para siempre».

Palabra de Dios

Salmo 131, R/. Levántate, Señor, ven a tu mansión

 Santo Evangelio según san Marcos (6,53-56):

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Palabra del Señor.

Compartimos:

No se presenta Jesús como el maestro que enseña, sino como el sanador que da vida. La misión Jesús es rehacer al ser humano en todo: dignidad, esperanza, salud, sentido de la vida.


Jesús comienza su acción liberadora, se compromete en sanar los cuerpos y la vida entera. La gente lo reconoce, sabe que puede fiarse de él, no dejan de buscarlo, “colocaban a los enfermos en la plaza” La misión de Jesús no se queda solo en las palabras y la enseñanza, sino que se plasma en gestos concretos de renovación, de sanación.


Aprendamos de la cercanía de Jesús con las personas que sufren, basta que se sientan acompañados y comprendidos, eso tiene poder curativo. La cercanía humana nos da vida. ¿Somos nosotros ese manto que buscan tantos necesitados que pasan a nuestro lado para tocar a Cristo o su rostro? Salgamos a los caminos, seamos accesibles, no intocables.


Danos, Señor, la fuerza necesaria para ser, como tú, portadores de vida, de consuelo y sanación. Ayúdanos a tocar la vida con ternura y dejarnos tocar por el dolor del otro.

domingo, 4 de febrero de 2024

ÁNGELUS PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia nos muestra a Jesús en movimiento: efectivamente, acaba de terminar de predicar y, tras salir de la sinagoga, se dirige a casa de Simón Pedro y cura a su suegra; luego, por la tarde, sale de nuevo hacia la puerta de la ciudad, donde encuentra a muchos enfermos y endemoniados y los sana; a la mañana siguiente, se levanta muy pronto y sale para retirarse a rezar; finalmente se pone de nuevo en camino y recorre toda la Galilea (cfr. Mc 1,29-39). Jesús en movimiento.

Detengámonos en este continuo movimiento de Jesús, que nos dice una cosa importante sobre Dios y, al mismo tiempo, nos interpela con algunas preguntas sobre nuestra fe.

Jesús, que sale al encuentro de la humanidad herida, nos manifiesta el Rostro del Padre. Puede que en nuestro interior aún tengamos la idea de un Dios distante, frío, indiferente ante nuestra suerte. El Evangelio, en cambio, nos muestra que Jesús, después de haber enseñado en la sinagoga, sale para que la Palabra que ha predicado pueda alcanzar, tocar y sanar a las personas. De este modo nos revela que Dios no es un amo distante que nos habla desde lo alto; por el contrario, es un Padre lleno de amor que se hace cercano, que visita nuestras casas, que quiere salvar y liberar, sanar todo mal del cuerpo y del espíritu. Dios siempre está cerca de nosotros. La actitud de Dios se puede describir con tres palabras: cercanía, compasión y ternura. Dios se hace cercano para acompañarnos, con ternura, y para perdonarnos. No olviden esto: cercanía, compasión y ternura. Esta es la actitud de Dios.

Este incesante caminar de Jesús nos interpela. Podemos preguntarnos: ¿hemos descubierto el Rostro de Dios como Padre de la misericordia, o más bien anunciamos y creemos en un Dios frío, un Dios distante? ¿La fe nos mueve a ponernos en camino, o es para nosotros un consuelo intimista que nos deja tranquilos? ¿Rezamos solo para sentirnos en paz, o la Palabra que escuchamos y predicamos nos hace salir también a nosotros, como a Jesús, al encuentro de los demás para difundir el consuelo de Dios? Nos hará bien hacernos estas preguntas.

Miremos, entonces, el camino de Jesús, y recordemos que nuestro primer trabajo espiritual es éste: abandonar el Dios que creemos conocer y convertirnos cada día al Dios que Jesús nos presenta en el Evangelio, que es el Padre del amor y el Padre de la compasión. El Padre cercano, compasivo y tierno. Y cuando descubrimos el verdadero Rostro del Padre, nuestra fe madura: ya no nos quedamos como “cristianos de sacristía” o “de salón”, sino que nos sentimos llamados a ser portadores de la esperanza y la sanación de Dios.

Que María Santísima, Mujer en camino, nos ayude a salir de nosotros mismos para anunciar y testimoniar al Señor, que es cercano, compasivo y tierno.

Queridos hermanos y hermanas:

el próximo 10 de febrero, millones de familias celebrarán, en Asia oriental y en otras partes del mundo, el fin del año lunar. Les envío un cordial saludo, con el deseo de que esta fiesta sea una ocasión para vivir relaciones de afecto y gestos de atención que contribuyan a crear una sociedad solidaria y fraterna, en la que toda persona sea reconocida y acogida con su inalienable dignidad. Mientras invoco la bendición del Señor sobre todos, los invito a rezar por la paz que el mundo tanto anhela y que, hoy más que nunca, está en riesgo en muchos lugares. La paz no es responsabilidad de unos pocos, sino de toda la familia humana: ¡cooperemos todos para construirla con gestos de compasión y valentía!

       Y sigamos rezando por las poblaciones que sufren a causa de la guerra, especialmente en Ucrania, Palestina e Israel.

       Hoy se celebra en Italia la Jornada por la Vida, sobre el tema “La fuerza de la vida nos sorprende”. Me uno a los obispos italianos en el deseo de que se superen las visiones ideológicas para redescubrir que toda vida humana, incluso la más afectada por las limitaciones, tiene un valor inmenso y es capaz de donar algo a los demás.

Saludo a los jóvenes que han venido, de numerosos países, a la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata, que se celebrará el 8 de febrero, memoria de Santa Josefina Bakhita, la monja sudanesa que fue esclava cuando era joven. Todavía hoy, muchos hermanos y hermanas son engañados con falsas promesas y luego sometidos a explotación y abusos. Unámonos todos para luchar contra el dramático fenómeno global de la trata de seres humanos.

Oremos también por los fallecidos y los heridos víctimas de los devastadores incendios que han afectado el centro de Chile.

       Saludo a todos los que han venido de Roma, de Italia y de muchas partes del mundo. Saludo especialmente a los consagrados y consagradas de más de 60 países que participan en el encuentro "Peregrinos de esperanza por el camino de la paz", promovido por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Saludo a los estudiantes de Badajoz (España) y a los de la Escuela salesiana "Sévigné" de Marsella; también a los fieles polacos de Varsovia y de otras ciudades; y a los grupos de San Benedetto del Tronto, Ostra y Cingoli. ¡Y veo ahí banderas japonesas! Saludo a los japoneses. Veo también banderas polacas: saludo a los polacos, y a todos ustedes, y también a los jóvenes de la Inmaculada.

       Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

sábado, 3 de febrero de 2024

Domingo 5º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Primera lectura

Lectura del libro de Job (7,1-4.6-7):

Habló Job, diciendo: «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.

Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»

Palabra de Dios

Salmo 146,R/. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,16-19.22-23):

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Palabra de Dios

 Santo Evangelio según san Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»

Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las ald

eas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy, contemplamos a Jesús en Cafarnaúm, el centro de su ministerio, y más en concreto en casa de Simón Pedro: «Cuando salió de la sinagoga se fue (...) a casa de Simón y Andrés» (Mc 1,29). Allí encuentra a su familia, la de aquellos que escuchan la Palabra y la cumplen (cf. Lc 8,21). La suegra de Pedro está enferma en cama y Él, con un gesto que va más allá de la anécdota, le da la mano, la levanta de su postración y la devuelve al servicio.


Se acerca a los pobres-sufrientes que le llevan y los cura solamente alargando la mano; sólo con un breve contacto con Él, que es fuente de vida, quedan liberados-salvados.


Todos buscan a Cristo, algunos de una manera expresa y esforzada, otros quizá sin ser conscientes de ello, ya que «nuestro corazón está inquieto y no encuentra descanso hasta reposar en Él» (San Agustín).


Pero, así como nosotros le buscamos porque necesitamos que nos libere del mal y del Maligno, Él se nos acerca para hacer posible aquello que nunca podríamos conseguir nosotros solos. Él se ha hecho débil para ganarnos a nosotros débiles, «se ha hecho todo para todos para ganar al menos algunos» (1Cor 9,22).


Hay una mano alargada hacia nosotros que yacemos agobiados por tantos males; basta con abrir la nuestra y nos encontraremos en pie y renovados para el servicio. Podemos “abrir” la mano mediante la oración, tomando ejemplo del Señor: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35).


Además, la Eucaristía de cada domingo es el encuentro con el Señor que viene a levantarnos del pecado de la rutina y del desánimo para hacer de nosotros testigos vivos de un encuentro que nos renueva constantemente, y que nos hace libres de verdad con Jesucristo.


Sábado de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (3,4-15):

En aquellos días, Salomón fue a Gabaón a ofrecer allí sacrificios, pues allí estaba la ermita principal. En aquel altar ofreció Salomón mil holocaustos.

En Gabaón el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que quieras.»

Respondió Salomón: «Tú le hiciste una gran promesa a tu siervo, mi padre David, porque caminó en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón; y le has cumplido esa gran promesa, dándole un hijo que se siente en su trono: es lo que sucede hoy. Pues bien, Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»

Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Y te daré también lo que no has pedido: riquezas y fama, mayores que las de rey alguno.»

Palabra de Dios

Salmo 118,R/. Enséñame, Señor, tus leyes

 Santo Evangelio según san Marcos (6,30-34):

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Palabra del Señor

Compartimos:

En los días de labor del llamado “tiempo ordinario” vamos leyendo de continuo diversos libros bíblicos, excepto cuando alguna fiesta especial, como sucedió ayer, nos obliga a interrumpir para luego reanudar. Desde que pasó el tiempo de Navidad venimos leyendo los libros de Samuel y de los Reyes, cuatro libros que en realidad son uno; se detienen sobre todo en las figuras de David y Salomón. Y la lectura evangélica la venimos tomando de Marcos. Frecuentemente poco o nada tienen que ver entre sí la primera lectura y el evangelio; pero hoy contienen una interesante coincidencia: la llamada a detenerse, escuchar y contemplar, para luego poder dar.

Somos muchos en la Iglesia los que tenemos algún ministerio, alguna encomienda: desde los ordenados obispos o presbíteros, hasta los catequistas, o los padres y abuelos de familia con unos niños o adolescentes que orientar. A veces hasta la inclusión en un grupo de amigos puede ser un “discreto púlpito” donde transmitir criterios, creencias, sensibilidad… En la época de Salomón no vigía la “separación de poderes” formulada mucho después por Montesquieu; el rey tenía que hacerlo todo. Y Salomón –¡sabio de antemano!- comprendió que lo que más necesitaba era aprender, y aprender no solo intelectualmente, sino con el corazón: necesitaba “un corazón dócil”, un corazón que se dejase guiar. El siervo de Yahvé tenía el encargo de “decir al abatido una palabra de aliento”, y para ello el Señor le despertaba el oído cada mañana, “para que escuche como los iniciados” (Is 50,4). ¿Cuánto tiempo dedicamos a la escucha, a ejercitar la “docilidad de corazón” los que estamos llamados a ofrecer alguna palabra de orientación?

Jesús hace ese mismo ejercicio con sus colaboradores. Según la secuencia de Marcos, después de haber realizado ellos un viaje misionero deben recogerse en “un sitio tranquilo y apartado”, no solo para descansar, sino para “hacer acopio”, para no volverse testigos vacíos. Jesús lo hizo muchas veces; según Mc 3,35, tras una jornada agotadora en Cafarnaúm, predicando y curando sufrientes, “muy temprano salió y marchó a un lugar desierto y allí oraba”. En el pasaje de hoy, Jesús hace el intento de retirarse un poco, pero solo tuvo de tranquilidad la travesía del lago, pues eran tantos los que iban y venían…

Se cuenta del cardenal Lercaro, muy conocido en la época del Vaticano II y fallecido en 1976, que, predicando ejercicios espirituales a un grupo numeroso de sacerdotes, les decía que debían hacer al menos dos horas diarias de oración. Uno de los participantes le puso como objeción que estaba al cargo de cuatro parroquias y no disponía de tanto tiempo; como demostración fue exponiendo la actividad (catequesis a diversos grupos y niveles, establecimientos de caridad, etc…). Al hacerse a la idea de tal volumen de trabajo, el cardenal le respondió: “evidentemente Usted no puede hacer dos horas diarias de oración, Usted necesita por lo menos cuatro”. Salomón habría dicho: para afrontar más problemas en el pueblo y ayudarlo en su solución, necesito imperiosamente dedicar mucho tiempo a la “docilidad de corazón”.

viernes, 2 de febrero de 2024

Presentación del Señor

Primera lectura

Lectura del libro de Malaquías (3,1-4):

Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Palabra de Dios

Salmo 23 R/. El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (2,14-18):

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas (2,22-40):

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor

Compartimos:

La lección general es que los seguidores de Jesús están llamados a llevar adelante lo iniciado por él, ya que él no llegó ni llega a todo. Ya cuando, al inicio de su actividad junto al lago, llamó a Simón y Andrés al seguimiento (Mc 1,16s), les anunció que iban a ser pescadores de hombres; ahora comienza a serlo. Pedagógicamente Marcos muestra que, para realizar la misión, hay que aprender de Jesús misionero. Por eso le ha presentado predicando la esperanza (parábolas del crecimiento, cap. 4), aliviando los males del mundo y abriéndolo a un futuro mejor, liberando a los oprimidos por el mal, llámese Satanás o enfermedad y muerte (milagros del cap. 5).

Los discípulos pudieron quedar un poco pasmados cuando los llamó “para ser pescadores de hombres” (1,17), o para anunciar y ejercer autoridad sobre los demonios” (3,14s); ¡ellos! ¡pobrecillos! Pero ahora ya no tienen excusa, pues han visto y oído cómo lo hace Jesús.

Se ha observado certeramente que Jesús no solo enseñó en parábolas sino que actuó en parábolas; muchas de sus acciones están cargadas de simbolismo. El envío de los Doce significa que Jesús está creando el nuevo Israel, el pueblo de las doce tribus, y que se atiene a la profecía de Is 2,2, donde hay un orden en el establecimiento de la salvación: primero “estará firme el monte de la casa del Señor”, y, seguidamente, “hacia él confluirán pueblos numerosos”. Para nosotros significa que la Iglesia debe vivir una fidelidad y una felicidad que suscite la emulación del mundo. Y Jesús los envía de dos en dos, enseñando con ellos que en la Iglesia hay que trabajar juntos y que ese es el modo de dar credibilidad al mensaje: “por la palabra de dos o tres testigos…” (Deut 19,15).

Es del máximo interés la instrucción sobre el atuendo de los enviados-testigos. Lo único que pueden llevar es bastón, que en el mundo antiguo significaba autoridad; los enviados de Jesús llevan su misma autoridad. Según Lc 9,3; 10,4 y Mt 10,10, en cambio, a los misioneros se les prohíbe llevar bastón, para subrayar su indefensión en caso de ataque y así ser inermes mensajeros de la paz mesiánica. Mc insiste especialmente en su autoridad, de modo que, con su mensaje no se puede jugar, sino que se le debe prestar asentimiento, con la máxima seriedad; quien no lo acoja queda excluido del pueblo de la salvación mesiánica, con el cual no tendrán en común ni siquiera el polvo del calzado.

Las sandalias son un calzado inconsistente, no apto para una huida rápida en caso de persecución, bien distintas de los coturnos de los militares romanos; y el vestir solo la túnica interior significa pobreza extrema, muy en sintonía con la carencia de pan, alforjas y dinero. Malamente podrían ser mensajeros del Dios de la paz y del Dios providente quienes fuesen provisto de todo y preparados para la lucha. Solo los desprovistos e indefensos pueden ser testigos de que Dios establece su Reino, con la paz mesiánica y el amor providente como distintivo.

Marcos redondea la escena mostrando que los Doce obedecieron el mandato de Jesús actuando como él: llamaron a la conversión y aliviaron cuanto sufrimiento encontraron en el pueblo. Es la Iglesia obediente a Jesús, modelo de toda Iglesia futura.

jueves, 1 de febrero de 2024

Jueves de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (2,1-4.10-12):

Estando ya próximo a morir, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón: «Yo emprendo el viaje de todos. ¡Ánimo, sé un hombre! Guarda las consignas del Señor, tu Dios, caminando por sus sendas, guardando sus preceptos, mandatos, decretos y normas, como están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todas tus empresas, dondequiera que vayas; para que el Señor cumpla la promesa que me hizo: "Si tus hijos saben comportarse, caminando sinceramente en mi presencia, con todo el corazón y con toda el alma, no te faltará un descendiente en el trono de Israel."»

David fue a reunirse con sus antepasados y lo enterraron en la Ciudad de David. Reinó en Israel cuarenta años: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Salomón le sucedió en el trono, y su reino se consolidó.

Palabra de Dios

Salmo 1Cro 29,R/. Tú eres Señor del universo

Santo Evangelio según san Marcos (6,7-13):

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor

Compartimos:

oy, el Evangelio relata la primera de las misiones apostólicas. Cristo envía a los Doce a predicar, a curar todo tipo de enfermos y a preparar los caminos de la salvación definitiva. Ésta es la misión de la Iglesia, y también la de cada cristiano. El Concilio Vaticano II afirmó que «la vocación cristiana implica como tal la vocación al apostolado. Ningún miembro tiene una función pasiva. Por tanto, quien no se esforzara por el crecimiento del cuerpo sería, por ello mismo, inútil para toda la Iglesia como también para sí mismo»

El mundo actual necesita —como decía Gustave Thibon— un “suplemento de alma” para poderlo regenerar. Sólo Cristo con su doctrina es medicina para las enfermedades de todo el mundo. Éste tiene sus crisis. No se trata solamente de una parcial crisis moral, o de valores humanos: es una crisis de todo el conjunto. Y el término más preciso para definirla es el de una “crisis de alma”.

Los cristianos con la gracia y la doctrina de Jesús, nos encontramos en medio de las estructuras temporales para vivificarlas y ordenarlas hacia el Creador: «Que el mundo, por la predicación de la Iglesia, escuchando pueda creer, creyendo pueda esperar, y esperando pueda amar» (san Agustín). El cristiano no puede huir de este mundo. Tal como escribía Bernanos: «Nos has lanzado en medio de la masa, en medio de la multitud como levadura; reconquistaremos, palmo a palmo, el universo que el pecado nos ha arrebatado; Señor, te lo devolveremos tal como lo recibimos aquella primera mañana de los días, en todo su orden y en toda su santidad».

Uno de los secretos está en amar al mundo con toda el alma y vivir con amor la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles y a todos nosotros. Con palabras de san Josemaría, «el apostolado es amor de Dios, que se desborda, con entrega de uno mismo a los otros (...). Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior». Éste ha de ser nuestro testimonio cotidiano en medio de los hombres y a lo largo de todas las épocas.