jueves, 9 de enero de 2020

Muere la Infanta Pilar de Borbón y Borbón-Dos Sicilias

No ha podido superar el cáncer de colon que padecía desde hace algunos años. Hoy, a los 83 años, la tía del Rey ha muerto en Madrid donde vivía desde que en 1967 se casó con Luis Gómez-Acebo, de quien enviudó en 1991. Infanta de España desde su nacimiento en Cannes, donde se encontraba exiliada su familia, llegó al mundo el 3o de julio de 1936, dos semanas después del inicio de la Guerra Civil. Fue la primera hija de Juan de Borbón, a la sazón heredero al trono que ostentaba Alfonso XIII, y de María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias, emparentada con la familia real.

Su infancia y adolescencia transcurrió en el exilio, primero en Francia, luego en Italia (donde dos años después que ella nació su hermano Juan Carlos, y más tarde Margarita y Alfonso) y finalmente en Portugal, donde se instalaron los Condes de Barcelona y sus cuatro hijos. En Estoril cursó el bachillerato y también enfermería lo que la llevaría a trabajar como voluntaria en hospitales públicos. En Estoril también tuvo lugar la tragedia que marcaría la vida de toda su familia: la trágica muerte de su hermano Alfonso, a los 14 años, como consecuencia del disparo accidental de una pistola que manejaba su hermano Juan Carlos.

Los reyes eméritos Don Juan Carlos y Doña Sofía, junto a las infantas Pilar y Margarita
El conde de Barcelona quiso casar a su hija mayor con el rey Balduino de Bélgica como correspondía su rango, pero ella prefirió a Luis Gómez-Acebo, miembro de una familia de la aristocracia económica (su abuelo fundó el Banco Español de Crédito) a quien conoció en casa del rey Simeón de Bulgaria casado con una prima de Luis. Tuvieron cinco hijos: Simoneta, Juan, Bruno, Beltrán y Fernando quienes con los años le dieron once nietos.

miércoles, 8 de enero de 2020

Lope y el amor de Dios,De lo humano y lo divino

José María Marco, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, es bien conocido por sus biografías de Manuel Azaña, Giner de los Ríos y Antonio Maura o el muy reciente Diez razones para amar España. Coincide este último libro con la publicación de El verdadero amante. Lope de Vega y el amor (Ediciones Insólitas, 2019), en el que propone una lectura del conjunto de la obra de Lope tomando el amor como motor de la misma. Además, relaciona los textos con los aspectos biográficos de su autor, mostrando cómo su literatura es un cuerpo que crece y evoluciona a la par que las emociones amorosas construyen su vida. Son reveladoras las muchas páginas que Marco dedica al estudio del amor religioso en Lope.

En ocasiones se ha entendido que la ordenación de Lope de Vega como sacerdote en 1614 suponía el redescubrimiento de la fe tras una crisis religiosa, pero Marco lo relaciona más con «el arrepentimiento y la voluntad de contrición» que con la recuperación de una fe jamás perdida. Lo que sí había experimentado era una crisis tras varias desgracias, como la muerte de su hijo Carlos Félix y en seguida la de su esposa, y Marco ve las Rimas sacras (1614) en ese contexto. Con el apoyo en figuras como David, san Agustín o san Ignacio, muestra «al alma torturada por el impulso erótico y las consecuencias de este en la vida personal y familiar», si bien es santa María Magdalena quien le permite simbolizar «su peregrinación de la grosería del pecado al abrazo de la belleza eterna de Dios». Las lágrimas surgen al comprender el poeta «cómo su condición humana le impide llegar a la presencia del Señor» porque aspira a un amor imposible, pero que Dios mismo lo hace posible al humanizarse en Cristo y querer «vivir desde dentro, íntimamente, la gravedad de la existencia de su criatura y los dilemas, las dudas y los sufrimientos a los que se enfrenta». De ahí que la Pasión y la Muerte de Cristo conformen el grueso de las Rimas sacras y, por tanto, la exposición del amor de Dios por unos hijos que se arrepienten de su frialdad inicial: «¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?».

Como contrapunto, Marco estudia el misterio de la Encarnación en Pastores de Belén (1612), novela pastoril a lo divino en la que los pastores no celebran el amor profano, como era propio del género, sino el amor de Dios, cantado aquí mediante la poesía pura que se ofrece desnuda a un Niño también desnudo e indefenso. No faltan acercamientos al muy franciscano Isidro (1599) o a los Soliloquios amorosos de un alma a Dios (1626), que hacen de El verdadero amante una delicia para amantes de Lope y de la literatura religiosa.

martes, 7 de enero de 2020

San Raimundo de Peñafort, patrono de los juristas católicos

“Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos”, escribió una vez San Raimundo de Peñafort, santo dominico que humildemente ocupó cargos importantes, escribió libros que se hicieron famosos y hasta viajó por el mar en una barca hecha con su túnica. Es patrono de los juristas católicos y su fiesta se celebra cada 7 de enero.

Raimundo, cuyo nombre significa “buen consejo”, nació por el año 1175 en Peñafort, cerca de Barcelona en España. Poseía una inteligencia extraordinaria y a los 20 años fue profesor de filosofía en Barcelona.

A los 30 años estudió en la Universidad de Bolognia, Italia, con la finalidad de perfeccionar su conocimiento de derecho civil y canónico. Luego se doctoró y trabajó como docente. Más adelante sirvió como archidiácono de la Diócesis de Barcelona.

En 1222 ingresó a la Orden de Predicadores (Dominicos). El Santo pidió que le impusieran penitencias severas y oficios humillantes. Él consideraba que el orgullo era un peligro para el alma. Sin embargo, los superiores le encomendaron la labor de investigar cómo responder a las  difíciles preguntas sobre moral que los fieles presentaban.

Como resultado se obtuvo el libro “Summa de casibus paenitentialibus”, la primera obra en su género y que se volvió muy famosa, sirviendo de gran provecho para confesores y moralistas.

Trabajaba arduamente en la predicación, instrucción y confesión. En 1230 el Papa Gregorio IX lo llamó a Roma y lo nombró su confesor. Además le encomendó reunir el Corpus canónico de los decretos de los Pontífices y concilios que no estuvieran ya en la colección que Graciano había hecho en 1150.

De esta labor se publicó su famoso libro, en 5 volúmenes, titulado “Decretales”. Esta compilación fue considerada como la mejor colección de derecho canónico hasta la compilación del “Codex Juris Canonici” en 1917.

A pesar de las súplicas del Santo, el Papa lo nombró Obispo de Tarragona, pero poco después San Raimundo enfermó gravemente y el Pontífice lo liberó, pidiéndole que propusiera un candidato apto para el cargo.

Regresó a Barcelona, su tierra natal, para recuperarse de la enfermedad y tanto la Santa Sede como el rey le encomendaron trabajos importantes. De los escritos de San Raimundo destacó la “Summa casuum”, sobre la administración genuina y provechosa del Sacramento de la Penitencia.

En 1238 los diputados del Capítulo General de la Orden Dominica fueron a Barcelona para anunciarle a San Raimundo que había sido elegido como superior general. Por obediencia, el Santo aceptó y visitó a pie todas las casas de la Orden, inculcando el amor a la vida entregada en regularidad, al estudio y los misterios espirituales.

Más adelante obtuvo que se aprobara una medida que aceptara la dimisión voluntaria del superior cuando éste tuviera razones justas. De esta manera pudo renunciar al cargo fundamentándose en su edad, al haber cumplido 65 años.

Los siguientes años los empleó en la evangelización, esclareciendo la doctrina ante herejías y buscando la conversión de todos, incluidos judíos y musulmanes.

Cierta ocasión se encontraba acompañando al rey Jaime a Mayorca, un soberano mujeriego que había prometido enmendarse, pero que no cumplió su promesa. En vista de ello, San Raimundo pidió licencia para ir a Barcelona, pero el rey se lo negó y amenazó de muerte a quien se atreviera a sacarlo de la isla.

Ante esto, el Santo dijo: "Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del cielo nos dará los medios para ello". Luego se fue al mar, extendió su túnica sobre el agua, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela, hizo la señal de la cruz y subió sobre la “barca”.

Milagrosamente la “nave” llegó a Barcelona y San Raimundo fue recibido con aclamaciones por la gente que lo vio llegar. El Santo, sin inmutarse, recogió su túnica, que estaba seca, la puso en sus hombros y se fue a su monasterio. En el sitio que desembarcó se construyeron una capilla y una torre.

Durante su última enfermedad fue visitado por los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón. San Raimundo partió a la Casa del Padre el 6 de enero de 1275 con 100 años de edad. Sus restos mortales reposan en la catedral de Barcelona, España.

lunes, 6 de enero de 2020

Oración, Maternidad de María


La maternidad de María se ha hecho realidad,
en su regazo acoge al Hijo de Dios.

Con dulzura su manto tiende revelando la grandeza que reposa ahora en su pecho.
La mirada tranquila, acogedora, nos transmite paz y serenidad.

Danos, María, un corazón agradecido que sepa siempre ver a Dios,
danos el amor de una madre que por su hijo todo dá.
Danos un alma de niño cuyos ojos nos anuncian la presencia continua de Dios.
Acógenos en tu manto, danos tu protección.

Madre nuestra, Madre de la humanidad,
camina a nuestro lado sembrando siempre la verdad.
Llévanos de la mano y danos tu bendición.

Medicina y ética

    Uno de los principales campos de trabajo de la bioética (no el único) es el de la medicina.

        Al hablar de medicina a algunos nos viene a la mente diversas imágenes: el médico de familia (donde todavía exista), el cirujano, el dentista, el pediatra, el farmacéutico. Recordamos a aquel doctor que nos libró de la bronquitis, o al que nos operó de un cáncer de piel, o al que nos aconsejó una alimentación más equilibrada.

        Todos, más o menos, tenemos nuestra pequeña historia médica, y agradecemos a tantos alumnos de Hipócrates (o de las modernas escuelas) sus atenciones y sus aciertos. También, alguna vez, les perdonamos sus errores, si fueron sin culpa y con la mejor voluntad del mundo...

        Al hacer este recuerdo agradecido podemos caer en un error: creer que el protagonista de la medicina es el médico. La verdad es un poco más complicada, pues el médico es sólo un “servidor”, una persona que pone toda su ciencia y su buena voluntad (esperamos) para que el enfermo se cure o, al menos, esté muy bien atendido.

        En otras palabras, el verdadero protagonista de la medicina es el enfermo con su enfermedad. Esto no significa que el médico sea una especie de esclavo que hace todo lo que pida su paciente, sobre todo cuando éste exige algo injusto o contra las reglas de la ética. El protagonismo y la libertad del paciente terminan allí donde también el médico tiene que respetar unas reglas éticas que valen para todo ser humano.

        La medicina es un actuar de un hombre libre sobre otro hombre libre. Por lo mismo, necesita una ética propia, se desarrolla según principios de comportamiento. Esta ética es recogida, normalmente, en documentos que reciben el nombre de “códigos deontológicos” (o códigos éticos).

        Existen códigos de deontología médica que sirven para un país, y otros que tienen un valor internacional. Podemos ver, por ejemplo, algunas partes de un código reciente:

        “* La Medicina es una profesión al servicio del ser humano y de la salud pública, debiendo ser ejercida en el respeto de la vida y de la persona, sin discriminación de ninguna naturaleza.

        * El médico debe prestar su concurso a la acción llevada a cabo por las autoridades competentes en vista de proteger la salud y el medio ambiente.

        * El médico debe ejercer la Medicina con diligencia, honra y dignidad.

        * El médico, al encontrarse en presencia de un enfermo o de un herido en peligro, debe prestarle su asistencia asegurándose que reciba los cuidados de que disponga en el lugar y en el momento.

        * El médico debe tratar con la misma conciencia a todos sus enfermos, cualesquiera que sea su condición, su nacionalidad, su credo religioso, su reputación o cualquier sentimiento que le inspire”.

        Desde luego, el hecho de que exista un “Código deontológico” no garantiza automáticamente que el médico actúe siempre bien.

  Fernando Pascual, L.C.

La Epifanía del Señor

Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.
PALABRA DE DIOS

COMPARTIMOS:

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada

domingo, 5 de enero de 2020

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este segundo domingo de Navidad, las lecturas bíblicas nos ayudan a ampliar nuestra mirada, a tener una conciencia plena del significado del nacimiento de Jesús.

El Evangelio, con el Prólogo de San Juan, nos muestra la sorprendente novedad: la Palabra eterna, el Hijo de Dios, "se hizo carne" (v. 14). ¡No solo vino a vivir entre la gente, sino que se convirtió en una de las personas, uno de nosotros! Después de este evento, para guiar nuestra vida, ya no tenemos solo una ley, una institución, sino una Persona, una Persona divina, Jesús, que nos dirige la vida, nos hace seguir el camino porque Él lo hizo primero.

San Pablo bendice a Dios por su plan amoroso hecho en Jesucristo (véase Efesios 1 : 3-6.15-18). En este diseño, cada uno de nosotros encuentra su propia vocación fundamental. Que es Así dice Pablo: estamos predestinados a ser hijos de Dios a través de la obra de Jesucristo. El Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos hombres, hijos de Dios, por eso el Hijo eterno se hizo carne: para presentarnos en su relación filial con el Padre.

Por lo tanto, hermanos y hermanas, mientras continuamos contemplando el signo admirable de la escena de la Natividad, la liturgia de hoy nos dice que el Evangelio de Cristo no es un cuento de hadas, no es un mito, una historia edificante, no. El Evangelio de Cristo es la revelación completa del plan de Dios, del plan de Dios para el hombre y el mundo. Es un mensaje simple y grandioso, que nos lleva a preguntarnos: ¿qué proyecto concreto ha puesto el Señor en mí, aún actualizando su nacimiento entre nosotros?

Es el apóstol Pablo quien sugiere la respuesta: "[Dios] nos ha elegido [...] para ser santos e inmaculados delante de él en caridad" (v. 4). Aquí está el significado de la Navidad. Si el Señor continúa viniendo entre nosotros, si continúa dándonos el don de su Palabra, es porque cada uno de nosotros puede responder a este llamado: ser santos en el amor. La santidad es de Dios, es comunión con él, transparencia de su infinita bondad. La santidad guarda el regalo que Dios nos ha dado. Solo esto: custodia de la propina. Esto es ser un santo. Por lo tanto, quien acepta la santidad como un don de la gracia no puede dejar de traducirla en acciones concretas en la vida cotidiana. Este regalo, esta gracia que Dios me ha dado, lo traduzco en acciones concretas en la vida cotidiana, en reuniones con otros. Esta caridad, esta misericordia hacia los demás, reflejo del amor de Dios, al mismo tiempo purifica nuestro corazón y nos dispone al perdón, haciéndonos "impecables" día tras día. Pero no inmaculado en el sentido de que elimino una mancha: inmaculado en el sentido de que Dios entra en nosotros, el don, la gratuidad de Dios entra en nosotros y lo guardamos y se lo damos a otros.

Que la Virgen María nos ayude a acoger con alegría y gratitud el plan divino de amor hecho en Jesucristo.

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas :

En muchas partes del mundo hay un terrible aire de tensión. La guerra solo trae muerte y destrucción. Pido a todas las partes que mantengan encendida la llama del diálogo y el autocontrol y que eviten la sombra de la enemistad. Oremos en silencio para que el Señor nos dé esta gracia.

Les saludo cordialmente, peregrinos de Italia y otros países. Saludo a las familias, asociaciones, grupos parroquiales, en particular a los niños de la Confirmación de Mozzo y Almè. ¡Tienen una buena señal! -, diócesis de Bérgamo, y el grupo de la "Fraterna Domus".

En este primer domingo del año, renuevo mis mejores deseos de serenidad y paz en el Señor. En momentos felices y difíciles, confiemos a él, ¡quién es nuestra esperanza! También recuerdo el compromiso que hicimos el día de Año Nuevo , el Día de la Paz : "La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica". Con la gracia de Dios, podemos ponerlo en práctica.

Te deseo un buen domingo. Y por favor no olvides rezar por mí. Ten un buen almuerzo y nos vemos mañana para la solemnidad de la Epifanía .