Primera Lectura
Lectura del libro de los Proverbios (30,5-9):
La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mí falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.
Palabra de Dios
Salmo 118,R/. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor
Santo Evangelio según san Lucas (9,1-6):
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
Palabra del Señor
Compartimos:
Hoy la Iglesia hace memoria de San Pío de Pietrelcina (1887-1968), ordenado sacerdote en 1910, vivió desde 1916 hasta su muerte en el convento San Giovanni Rotondo. Fue canonizado en 2002 por Juan Pablo II. Resulta que la lectura del Evangelio nos presenta el envío de los doce a curar enfermos y proclamar el reino de Dios. Parece que, en las formas, no tienen mucho que ver los apostolados de San Pío y los de los doce. Pero en algo se asemejan y es en la simplicidad o austeridad extrema. A San Pío se atribuyen muchos hechos milagrosos y conversiones en todo el mundo aunque él permaneció en el convento durante la mayor parte de su vida practicando la pobreza franciscana. A los doce, Jesús los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos. Con un programa sencillo, como pobres, sin preparativos, sin provisiones, sin bastón, ni alforja…
Diócesis, parroquias, grupos, congregaciones, comunidades, asociaciones de laicos, fieles… La Iglesia toda tiene la misma misión: id y predicad. Solo que el mundo es mucho más complicado y ya no basta con caminar por los pueblos sin alforjas… La prudencia aconseja otra cosa (mas bien muchas más cosas) y allá vamos cargados con prolijos planes pastorales: programaciones, comisiones, reuniones, presentaciones, encuestas y documentos…
También hay que saber además de la doctrina algo de sociología, psicología. Todo cuesta dinero así que habrá que buscar subvenciones y donativos. Un poco de “marketing”. En definitiva se dedica más tiempo a planificar y a adquirir “recursos” que a evangelizar, cuando no son las mismas estructuras las que ralentizan cualquier plan con sus comisiones de estudio, de revisión y de puesta en marcha…
Como Iglesia no vamos tan mal en el deber de caridad: consagrados y laicos son muchos los que aportan dinero o su tiempo y sus capacidades para servir al prójimo. Pero proclamar el Reino, hablar de Dios, ser luz y sal en nuestras relaciones de trabajo, con la gente que vemos a diario, con los miembros de nuestra familia… Esos son los caminos para los que se necesitan muy pocos programas y ningún bastón, ni alforja. Solo una fe firme y valerosa, alimentada en el encuentro con Cristo y el deseo ardiente de curar y de que todos lo reconozcan como Salvador.
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