¡Virgen de Consolación!...
Al volver la Primavera,
regalarte yo quisiera,
las rosas de mi pasión.
Más los recios vendavales
de los años que pasaron,
me secaron mis rosales...
¡Y sólo espinas dejaron!...
Donde ayer, dulce contento
esenciaba mi destino,
sin rosas está el camino
del amor y el sentimiento.
Cansado de padecer,
en mi triste ancianidad,
sólo te puedo ofrecer
la Flor de mi soledad.
¡Flor del alma, en lozanía
por ser, cual ésta, inmortal!...
¡Flor del único rosal
que perfuma mi poesía.
Ella, me anima a vivir.
Ella, me invita a soñar.
Y me inspira al escribir
y me conforta al rezar.
Cuando remonte mi vuelo,
con mi postrer oración
quiero dártela en el Cielo,
¡Virgen de Consolación!...
De Manuel García Romero

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