Primera Lectura
Lectura de la profecía de Miqueas (2,1-5):
¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.
Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso. Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: «Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.» Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»
Palabra de Dios
Salmo 9,22R/. No te olvides de los humildes, Señor
Santo Evangelio según san Mateo (12,14-21):
En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»
Palabra del Señor
Compartimos:
Normalmente vemos que el mal siempre recibe la mayor atención en titulares de periódicos y medios de comunicación. Aunque se trame en el secreto del engaño, luego sale a la luz estruendosamente. Jesús les dice a los que reciben sus acciones sanadoras que no lo digan a nadie… Tanto el mal como el bien… ¿en silencio? Y parece contradictorio porque en otros muchos pasajes se urge a los seguidores de Jesús a proclamar la Buena Noticia, a gritar lo que se ha oído en secreto, a poner la luz sobre el celemín….
Los biblistas hablan del “secreto mesiánico” que, aunque sigue siendo muy misterioso, algunos interpretan como una prudencia de Jesús de no confundir su misión con milagros externos. Que sus acciones no se queden para los demás en fenómenos externos y extraordinarios, sino que se vaya comprendiendo poco a poco que el Mesías viene a traer una sanación total y, especialmente, una liberación del pecado. Que viene, en realidad, a restaurar la justicia de las relaciones entre Dios, la creación y los seres humanos. Se trata de ir entrando en la intimidad y la relación personal con el Cristo vivo. La reconciliación que se proclama en la antífona antes del Evangelio de hoy. Lo bueno de la orden del secreto mesiánico es que los receptores de favores en general no obedecen la orden de Jesús, sino que anuncian una y otra vez los milagros que ha obrado Jesús. Parece que la orden, en lugar de prevenir, anima a salir gritando. Porque es de justicia que se conozca el bien y la luz.
Como dice el salmo, Dios no olvida a los pobres. El enviado, el ungido, no va a eliminar ninguna cosa buena, por pequeña que sea…hasta que se cumpla la justicia. Hasta que se acabe con ese mal urdido en silencio pero tan escandaloso. Como el Señor no olvida a los pobres, ni deja a ninguna cosa buena sin aliento de vida, su acción, urdida en el secreto del corazón de Dios, tiene que salir a la calle, ser conocida y proclamada.
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