martes, 7 de julio de 2026

Martes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (8,4-7.11.13):

Así dice el Señor: «Se nombraron reyes en Israel sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación. Con su plata y su oro se hicieron ídolos para su perdición. Hiede tu novillo, Samaria, ardo de ira contra él. ¿Cuándo lograréis la inocencia? Un escultor lo hizo, no es dios, se hace añicos el novillo de Samaria. Siembran viento y cosechan tempestades; las mieses no echan espiga ni dan grano, y, si lo dieran, extraños lo devorarían. Porque Efraín multiplicó sus altares para pecar, para pecar le sirvieron sus altares. Aunque les dé multitud de leyes, las consideran como de un extraño. Aunque inmolen víctimas en mi honor y coman la carne, al Señor no le agradan. Tiene presente sus culpas y castigará sus pecados: tendrán que volver a Egipto.»

Palabra de Dios


Salmo 113R/. Israel confía en el Señor


Santo Evangelio según san Mateo (9,32-38):

En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»

En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.»

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»

Palabra del Señor


Compartimos

La superación de toda idolatría se da en Jesús, que nos muestra el verdadero rostro de Dios Padre, nos libera de nuestros demonios y nos enseña el profundo humanismo de la fe en el Dios de Israel, que es el Dios y el Padre de todos. Pero su presencia humana, que desafía nuestra fe, encierra un peligro tan grande, si no mayor, que el de la idolatría. Si ésta significa adorar a Dios en lo que son solo sus criaturas, este otro peligro, más radical, consiste en atribuir carácter diabólico a la acción de Dios. Si la idolatría es un fe errada, la acusación de los fariseos contra Jesús es no sólo una falta de fe sino una verdadera mala fe, que considera imposible su acción liberadora en la concreción de nuestra vida. Pero estas objeciones (esta mala fe) no puede frenar la acción de Jesús, que nos mira con misericordia, se apiada de nuestras dolencias, y nos llama a implicarnos en la acción divina de aliviarlas, de sanar, curar y hacer presente en nuestro mundo la salvación. La exhortación de Jesús a orar para que el Señor envíe obreros a la mies es en sí misma una llamada a convertirnos en esos obreros, a dejar nuestras idolatría y mala fe, para unirnos a Él y a su misión.

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