sábado, 28 de febrero de 2026

Sábado de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (26,16-19):

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.

Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos.

Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».

Palabra de Dios


Salmo 118,R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor


Santo Evangelio según san Mateo (5,43-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Palabra del Señor

Compartimos:

Pasajes del Evangelio como el de hoy representan una subida del listón tan alta que nos parece imposible. Pero el tono no recuerda lo de la exageración retórica. Es una perfección superior que exige a sus seguidores y sobrepasa lo común entre publica-nos y gentiles.

A ver, Señor, ¿cómo me pides que ame al que me daña, me persigue, me maltrata, es injusto o tóxico (utilizando un vocablo muy usado en estos tiempos)? ¿Qué amor o benevolencia voy a tener con el malvado, el enemigo, el que corrompe, el que mata a mis hermanos? ¿Quién va a hacer eso?


Creo hay quien, por la gracia de Dios, entre los cristianos, sí ha hecho esto en todos los tiempos, desde el inicio. Tal vez desde el “Padre perdónalos” que escuchó María al pie de la Cruz. Y en nuestro tiempo muchísimos. No es cosa solo del s. XX, marcado por las dos guerras mundiales. Es cosa de ahora mismo. La persecución a los cristianos ha alcanzado niveles sin precedentes en este siglo. Según el informe Lista Mundial de la Per-secución 2026 (que analiza datos de 2025) elaborado por Puertas Abiertas más de 388 millo-nes de cristianos sufren niveles altos, muy altos o extremos de persecución y discrimina-ción. Entre 2024 y 2025, 4.849 han sido asesinados por su fe. De entre ellos, la mayoría mu-rieron perdonando a sus verdugos…


No es tan difícil, creo, excusar las pequeñas impertinencias o actitudes de los más cercanos que nos fastidian, pero es difícil no maldecir y no expresar un punto de odio hacia determina-dos políticos o poderosos que gobiernan y determinan nuestro destino con maldad y mentira.

Tal vez, para seguir el consejo de Jesús, para ser perfectos como el Padre será aconsejable rezar por todos aquellos a quienes consideramos enemigos o verdugos. Y pedir, como los mártires, no odiar y también desear que se conviertan y sean perdonados. A lo mejor es este un modo de amar que nos acerca a la perfección de nuestro Padre.

viernes, 27 de febrero de 2026

Viernes de la I Semana de Cuaresma. San Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (18,21-28):

Esto dice el Señor Dios:

«Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva?

Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.

Insistis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Palabra de Dios


Salmo 129,R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?


Santo Evangelio según san Mateo (5,20-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

Palabra del Señor


Compartimos:

Para la mentalidad de los oyentes de la época y el lugar en el que se situa el sermón, el paradigma de la justicia y el cumplimiento riguroso de las normas eran el fariseo y el escriba, y Jesús comienza por pedirles una justicia superior. Una hipérbole de lo imposible. Pero Jesús no pide imposibles, pide centrarse en la intención del corazón y no en los ritos y normas, o mejor dicho pasar de la norma ritual al corazón, a la intención con que se cumplen las normas.


Cuando dice que llamar necio al hermano merece nada menos que el fuego del infierno, utiliza la hipérbole para hacernos ver que la raíz del desprecio al prójimo, la cosificación del otro, es la misma para el insulto que para el asesinato y eso, cuya maldad a veces ni siquiera percibimos, es lo que hay que erradicar.


Así, examinando cada afirmación de condena, hay que poner en el pasaje el contexto. Si aquellos oyentes se disponían a ofrecer un sacrificio en el Templo, era impensable detenerse para arreglarse con el enemistado. El acto religioso más sagrado para la Iglesia Católica es la Misa… Seguramente nunca llegaremos a captar la hondura y profundidad de lo que celebramos en cada Misa. Bien, pues para Dios lo más urgente, lo previo, es la reconciliación. Por eso “antes de celebrar estos sagrados misterios reconozcamos humildemente nuestros pecados”.


Jesús es misericordioso, la misericordia misma de Dios llevada al extremo. Sin embargo nos pedirá cuentas hasta del último céntimo. Cuidemos y estemos despiertos para comprender en que consiste, para cada uno, ese último céntimo.

jueves, 26 de febrero de 2026

Lecturas del Jueves de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura del libro de Ester (14,1.3-5.12-14):

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.

Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:

«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.

Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.

Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».

Palabra de Dios


Salmo 137,R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor


Santo Evangelio según san Mateo (7,7-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor


Compartimos:

 Aunque el texto indica que Jesús hablaba para sus discípulos, no puedo dejar de imaginarme a una multitud como la del sermón de la montaña riéndose a carcajadas, especialmente a las mujeres. Creo que la reacción de mi madre fue la misma que experimentarían miles de madres y padres normales. Porque, aunque desgraciadamente a diario conocemos atrocidades perpetradas sobre niños, sabemos que la inmensa mayoría de padres y madres quieren dar lo mejor a sus hijos.


Y es que así son las cosas: Aquel que nos creó a su imagen imprimió en nuestra naturaleza el vínculo emocional más fuerte que existe. El deseo de cuidar y proteger a un hijo es universal, en todas las épocas y en todas las culturas. Jesús certifica que el amor de los padres es el ejemplo más cercano en la Tierra para entender cómo es Dios.


Nosotros somos “malos”, imperfectos, cometemos errores aún queriendo lo mejor para nuestros hijos, pero también capaces de un amor incondicional y protector, Dios es bueno sin límites… precisamente por eso a veces niega lo que pedimos porque sabe que, aunque parezca «pan», para nosotros sería una «piedra». Y entonces no nos da exactamente lo que queremos sino lo que de verdad es justo y necesario. Para pedir así, aceptando por principio la respuesta aunque no se acomode exactamente a nuestro deseo, la única condición es que nuestra plega-ria sea confiada, del mismo modo que un niño se fía de sus padres.


El mensaje de Jesús invita a ampliar ese instinto de protección y cuidado abriéndolo a todos los seres humanos. Este mismo instinto de cuidado y respeto que tenemos para los hijos se extiende en el versículo 12: “tratad a los demás como queráis que os traten a vosotros”. El instinto protector se convierte en norma ética para todas las relaciones humanas.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Miércoles de la I Semana de Cuaresma

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Jonás (3,1-10):

EL Señor dirigió la palabra a Jonás:

«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:

«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó de su trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros:

«Que hombres y animales, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua. Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia. ¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá!».

Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

Palabra de Dios


Salmo 50,R/. Un corazón quebrantado y humillado,tú, Dios mío, no lo desprecias


Santo Evangelio según san Lucas (11,29-32):

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús,

y él se puso a decirles:

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Palabra del Señor


Compartimos:

Siempre que leo este pasaje me viene a la memoria una frase de Jesús que parece opuesta a lo que hoy escuchamos: aquí hay uno que es más que Salomón y aquí hay uno que es más que Jonás, y lo leído en Mt. 11, 29: aprended de Mi que soy manso y humilde de corazón. Esta contradicción la resuelve Santa Teresa con su sentencia categórica en “Las moradas”: la humildad es la verdad.

Jesús, que dice de sí mismo ser Camino, Verdad y Vida, no se muestra como un monomaníaco de ideas delirantes ni en esa expresión ni en otras que aparecen en los relatos evangélicos. Se muestra como quien es: Dios hecho hombre. Un hombre perfectísimo, el más hermoso de los hombres, el esperado por las naciones, el redentor y salvador.


Entre la multitud que le sigue, escribas y fariseos exigen a Jesús una prueba milagrosa, irre-futable como condición para creer en sus palabras. Él se niega porque conoce su obstinación y su rechazo. Sencillamente no quieren cambiar, no quieren convertirse. Sobre todo, Dios no se deja instrumentalizar: no dará la gracia de la conversión a quien la pide con hipocresía. El único signo es Jonás: un profeta bastante remiso y nada entusiasta de la misión pero al que los ninivitas creyereron y se conviertieron. Ellos juzgarán la dureza de corazón de esta genera-ción perversa. Como la reina de Saba, que también los juzgará porque llegó uno mayor que Salomón.


Jonás, es un personaje que, como muchísimos del Antiguo Testamento, prefigura al Mesías esperado por Israel. Seguramente uno de los mencionados por Jesús resucitado en su encuen-tro con los discípulos de Emaús. Así se ha interpretado también la referencia al “signo de Jo-nás” establecido por una comparación simbólica: Jonás desapareció durante tres días y tres noches en el vientre de un gran pez, Jesús anunció que estaría tres días y tres noches en el corazón de la tierra. Por supuesto la asociación no aparece en el pasaje que se lee en la Misa de hoy, pero es bastante clara desde el inicio de la predicación apostólica. A nosotros, los dis-cípulos de hoy el símbolo nos remite a la clave de nuestra profesión de fe: por nosotros murió y resucitó para hacernos partícipes de su gloria. Claro que estaremos en su gloria si hemos acogido su palabra con una confianza total en Quien es la Verdad.

martes, 24 de febrero de 2026

Lecturas del Martes de la I Semana de Cuaresma

 Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (55,10-11):

Esto dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que cumplirá mi deseo

y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios


Salmo 33,R/. El Señor libra de sus angustias a los justos


Santo Evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,

danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor


Compartimos:

He preguntado a la inteligencia artificial el número de Padrenuestros que se recita diariamente en el mundo. Me dice que puede estimarse entre 1.500 y 2.500 millones. También me dice que donde más se reza es en África, especialmente en Nigeria y Uganda. Sigue la lista con Hispanoamérica y Estados Unidos. Europa va bastante por debajo… Y así, muchos datos más que indican que es la oración que bate todos los récords.


En lo alto del Monte de los Olivos, en Jerusalén, se alza la Iglesia del Paternoster y en el claustro y espacios anejos, la oración está grabada en azulejos en 140 idiomas… El lugar, dice la tradición, es precisamente dónde los discípulos pidieron al Maestro que les enseñara a orar.

Es seguro que, además de recitado, supera en comentarios a cualquier otro texto de cualquier género y de cualquier creencia. Así que ¿qué puedo escribir yo que no haya sido escrito mejor por cientos de autores (creyentes o no) y cientos de santos, desde Gregorio de Nisa hasta Carlo Acutis?…


Bueno, me limitaré a recomendar el comentario de San Agustín, que define la oración como “itinererio de la felicidad”, con un subrayado en el “nosotros”, desde la primera frase. Dios es nuestro Padre y esto nos hace hermanos por gracia. Al rezar, aunque lo hagamos solos y no en grupo, el Padre nuestro nos sitúa en la comunidad de fe, pero también en la comunidad humana, como hermanos, hijos del Padre Creador, hermanos de Jesús el Hijo y corazones que pueden ser habitados por el Espíritu Santo. Que pidamos la gracia de decirlo, no mecánicamente, sino “acariciando” amorosa y agradecidamente cada palabra.

domingo, 22 de febrero de 2026

Lunes de la I Semana de Cuaresma. San Policarpo, obispo y mártir

Primera Lectura

Lectura del libro del Levítico (19,1-2.11-18):

EL Señor habló así a Moisés:

«Di a la comunidad de los hijos de Israel:

“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.

No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.

No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.

No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.

No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.

No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.

No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».

Palabra de Dios


Salmo 18,R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida


Santo Evangelio según san Mateo (25,31-46):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a yerme”.

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

Y el rey les dirá:

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

Entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.

Él les replicará:

“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.

Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor


Compartimos:

Salta a la vista la relación estrechísima entre las lecturas de hoy del Levítico y del Evangelio de Mateo. Digamos que las dos se refieren al núcleo esencial de la existencia cristiana. Hablan del amor… O mejor del Amor que incide en toda nuestra vida y santifica, nos hace santos.

La primera lectura, después de describir las conductas que hay que erradicar, siempre precedidas de un “No” rotundo, concluye con una afirmación: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” y la razón para hacerlo es que quien habla es el Señor. Y como nos dirá Juan en su Evangelio “Dios es amor” y nos ha creado a su imagen.


Casi tres milenios después el mandato sigue vigente, solo que hemos enredado tanto con las palabras que es posible que el término se haya distanciado o extraviado demasiado de su sentido primero. Hace unos años, creo, se estrenó una película cuyo título era Por qué lo llamamos amor si queremos decir sexo. Cambiando la última palabra hagamos el ejercicio de preguntarnos por las segundas intenciones que tenemos a veces cuando actuamos supuestamente por amor. Las respuestas pueden ser variadas: para reforzar nuestra autoestima, para ser admirados, para sentirnos buenas personas, para que nos aplaudan, para alardear discretamente de alguna superioridad moral, para sentirnos dentro del grupo de los “buenos”, para contarnos entre los elegidos…


La segunda lectura nos da la clave para amar al prójimo con un corazón limpio. Jesús anuncia su venida en su gloria cuando separará a los que hicieron el bien de los que no lo hicieron, con una fórmula luminosa: Él es la medida porque cada vez que hicimos algo bueno por el prójimo lo hicimos por Él.


Tenemos que aprender a ver al Señor en el hambriento, el enfermo, el necesitado, el pobre. Y para aprender con verdad a verlo, necesitamos de su gracia. Resumiendo: actuemos por amor y con amor en defensa y para hacer el bien a quienes necesitan nuestra ayuda, teniendo impresa en el corazón la imagen de Jesucristo, el Señor.

ÁNGELUS DEL PAPA LEÓN XIV

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!


Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo (cf. Mt 4,1-11). Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas.


La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.


Es verdad, se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder (cf. Mt 4,3-8). Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.


Por eso, san Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor» (Const. ap. Paenitemini, 17 febrero 1966, I). De hecho, la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros.


En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz” (cf. Sermón 206,3).


A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal.   


Queridos hermanos y hermanas:


Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos: ¡cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! En verdad, toda guerra es una herida infligida a la familia humana: deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones.


La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz.


Invito a todos a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz.


Y ahora dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Roma, peregrinos italianos y de diversos países.


Bendigo de corazón a las Hermanas Obreras de Jesús, en el centenario de la fundación de su Instituto. Saludo a la Escuela de San José Calasanz de Prievidza, en Eslovaquia, y renuevo mi apoyo a las asociaciones que se comprometen a afrontar juntas las enfermedades raras.


Saludo al grupo del Apostolado de la Oración de Biella, a los fieles de Nicosia, de Castelfranco Veneto y del Decanato de Melegnano; a los confirmandos de Boltiere, a los jóvenes de la Comunidad pastoral Santa María Magdalena de Milán y a los scouts de Tarquinia.


Les deseo a todos un buen domingo y un buen camino cuaresmal.

sábado, 21 de febrero de 2026

Domingo 1 (Ciclo A) de Cuaresma

 1ª Lectura (Gén 2,7-9; 3,1-7):

 El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.


La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: ‘No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis’». La serpiente replicó a la mujer: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».


Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios


Salmo responsorial: 50 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.


2ª Lectura (Rom 5,12-19):

 Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron. Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos. Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos. Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Palabra de Dios


Versículo antes del Evangelio (Mt 4,4):

 No de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


Santo Evangelio (Mt 4,1-11):

 En aquel tiempo, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Mas Él respondió: «Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’».


Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le dijo: «También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’».


Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras». Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto’». Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

Palabra de Dios

Compartimos:

 El Evangelio nos lleva al desierto: «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4,1). No es un paseo espiritual; es el lugar donde se desenmascaran nuestras dependencias. El tentador empieza por lo básico: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes» (Mt 4,3). La propuesta parece razonable: resolver la necesidad ya. Pero Jesús responde con una libertad que nace de la confianza: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).


La segunda tentación es más sutil: buscar a Dios como espectáculo, obligándolo a probarse. También a nosotros nos tienta una “fe de pruebas”: si me respondes, creo; si no, me cierro. Jesús no negocia con el Padre ni manipula lo sagrado.


Y, cuando llega la tercera tentación (poder, control, éxito…), el Señor corta de raíz: «Apártate, Satanás» (Mt 4,10), y fija el centro de la vida: «Al Señor tu Dios adorarás y sólo a Él darás culto». Esta frase es medicina para una cultura que nos empuja a vivir para el aplauso, el consumo y la autosuficiencia.


Esta Cuaresma no es para soportar cuarenta días, sino para aprender la libertad de Jesús. Ayuna para que tu corazón deje de obedecer a lo inmediato. Reza para escuchar la Palabra que te sostiene. Y, si te descubres intranquilo, recuerda a san Agustín: «Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti». Como ha dicho el Papa León XIV: «Dios nos quiere, Dios los ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá!».


El Evangelio termina con una promesa: «Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían» (Mt 4,11). Caminemos sin miedo: el desierto no es la última palabra; es el camino hacia una adoración más pura que nos hace libres.

Sábado después de Ceniza. San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (58,9b-14):

Esto dice el Señor:

«Cuando alejes de ti la opresión,

el dedo acusador y la calumnia,

cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo

y sacies al alma afligida,

brillará tu luz en las tinieblas,

tu oscuridad como el mediodía.

El Señor te guiará siempre,

hartará tu alma en tierra abrasada,

dará vigor a tus huesos.

Serás un huerto bien regado,

un manantial de aguas que no engañan.

Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas,

volverás a levantar los cimientos de otros tiempos;

te llamarán “reparador de brechas”,

“restaurador de senderos”,

para hacer habitable el país.

Si detienes tus pasos el sábado,

para no hacer negocios en mi día santo,

y llamas al sábado “mi delicia”

y lo consagras a la gloria del Señor;

si lo honras, evitando viajes,

dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,

entonces encontrarás tu delicia en el Señor.

Te conduciré sobre las alturas del país

y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.

Ha hablado la boca del Señor».

Palabra de Dios


Salmo 85,R/. Enséñame, Señor, tu camino,para que siga tu verdad


Santo Evangelio según san Lucas (5,27-32):

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

«Sígueme».

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:

«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les respondió:

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor


Compartimos:

¿Cuál es la actitud de Jesús ante el pecado? A veces, a causa de la confrontación con los fariseos y los escribas, que se consideraban justos, podemos tener la impresión que Jesús acogía a los pecadores sin más, en su condición de pecadores, y sin más exigencias. Pero esto no es así. Dios odia el pecado, pero ama al pecador. Porque el pecado nos mengua, nos limita y puede llegar a destruirnos. El amor al pecador significa llamar a la conversión. Y la conversión no es sólo la voluntad de renunciar al mal, como suena la fuerte llamada de Isaías, sino ponerse en el camino del bien. De ahí que Jesús no se acerque a Leví y le suelte un discurso moralizante, haciéndole ver el mal que está haciendo, para que deje ese estilo de vida, sino que lo llama directamente al seguimiento, a convertirse en un apóstol, en un enviado de la buena noticia del Evangelio. Jesús no sólo venda las heridas, sino que, como buen médico, restablece la salud; no se limita a denunciar el mal, sino que llama a un ideal de Bien absoluto. En la respuesta de Jesús a los fariseos y escribas suena también esa misma llamada. El mal de estos pretendidos justos es más grave, porque está escondido bajo una capa de aparente virtud. Pero también a ellos se dirige la llamada a la conversión y la oferta de curación.


Nosotros somos en ocasiones como Leví, sentados en nuestra mesa de impuestos, en nuestro pequeño mundo de intereses pequeños, a veces mezquinos, con sus inquinas y sus malas costumbres, pero que se han convertido en nuestra cotidianidad. Y a esa mesa se acerca Jesús para que demos un paso, para que iniciemos un camino. Y no debemos buscar la excusa de que, en realidad, nosotros ya estamos convertidos y ya hemos respondido a la llamada, pues llevamos un vida pasablemente cristiana. Si es así, podemos vernos en los escribas y fariseos, y escuchar la incómoda crítica de Jesús: no nos creamos justos, porque también los que se consideran así están necesitados de conversión, tal vez más que los que cometen pecados patentes, también a esos (a nosotros) les dice Jesús “sígueme”.


Y no olvidemos que la respuesta a la llamada es el preludio de una gran fiesta.

viernes, 20 de febrero de 2026

Lecturas del Viernes después de Ceniza

Primera Lectura

Lectura del libro de lsaías (58,1-9a):

Esto dice el Señor Dios:

«Grita a pleno pulmón, no te contengas;

alza la voz como una trompeta,

denuncia a mi pueblo sus delitos,

a la casa de Jacob sus pecados.

Consultan mi oráculo a diario,

desean conocer mi voluntad.

Como si fuera un pueblo que practica la justicia

y no descuida el mandato de su Dios,

me piden sentencias justas,

quieren acercarse a Dios.

“¿Para qué ayunar, si no haces caso;

mortificarnos, si no te enteras?”

En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios

y apremiáis a vuestros servidores;

ayunáis para querellas y litigios,

y herís con furibundos puñetazos.

No ayunéis de este modo,

si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.

¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:

inclinar la cabeza como un junco,

acostarse sobre saco y ceniza?

¿A eso llamáis ayuno,

día agradable al Señor?

Este es el ayuno que yo quiero:

soltar las cadenas injustas,

desatar las correas del yugo,

liberar a los oprimidos,

quebrar todos los yugos,

partir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

cubrir a quien ves desnudo

y no desentenderte de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz como la aurora,

enseguida se curarán tus heridas,

ante ti marchará la justicia,

detrás de ti la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor y te responderá;

pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”».

Palabra de Dios


Salmo 50,R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias


Santo Evangelio según san Mateo (9,14-15):

EN aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:

«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».

Jesús les dijo:

«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor

Compartimos:

Muchos identifican el tiempo de Cuaresma con el ayuno, hasta el punto de que en la tradición oriental este tiempo se llama también “el gran ayuno”. Pero el ayuno como tal es algo relativo y secundario, aunque también sea una práctica religiosa venerable. No es extraño que, al comienzo de la Cuaresma, ya el miércoles, Jesús no nos diga que debamos ayunar (y orar y dar limosna), sino cómo debemos hacerlo para que esas prácticas realicen su verdadero sentido, y cómo no, para que no se conviertan en un ejercicio de hipocresía. Isaías fustiga con dureza esa hipocresía, que se cree con derecho de exigir a Dios, en virtud de prácticas acompañadas de actitudes inmorales. Como vemos en el Evangelio de hoy, Jesús relativiza el ayuno, que tanto practicaban los fariseos y los discípulos de Juan, haciéndoles ver algo esencial que se escapaba a sus interlocutores. El ayuno es una privación voluntaria como preparación de algo que se espera. Y Jesús afirma que si sus discípulos no ayunan es porque aquello, o mejor, Aquel al que esperaban ya ha llegado. Se han inaugurado los tiempos mesiánicos, y, por tanto, no es tiempo de renuncias, sino de escucha. Más que renunciar al alimento, es necesario aceptar a Jesús, escuchar su palabra, hacer de ella la norma de nuestra vida. Jesús, el esposo, está entre nosotros, y no debemos distraernos en otras prácticas, por muy sagradas que sean. Es necesario primero prestar atención a lo fundamental, como nos lo recuerda también Isaías: practicar la justicia, oponerse a la injusticia, estar atentos a las necesidades de los que sufren. Y es entonces, cuando nos dedicamos a practicar las obras de la justicia y la misericordia, cuando el ayuno vuelve a aparecer con todo su sentido. Vivir de acuerdo con la Palabra de Jesús significa, con frecuencia, renunciar a algo (alimento, tiempo, dinero, medios…) a lo que tengo derecho, para hacer el bien. Y esa identificación con el Jesús que sufre significa aceptar su cruz, que es a lo que alude Jesús cuando alude al esposo que será arrebatado.


jueves, 19 de febrero de 2026

Lecturas del Jueves después de Ceniza

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.

Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.

Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

Palabra de Dios


Salmo 1 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor


Santo Evangelio según san Lucas (9,22-25):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».

Entonces decía a todos:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor


Compartimos:

La alternativa que propone Moisés es un lúcido resumen de la vida misma. Los dos caminos que presenta al pueblo de Israel, recomendándole elegir el de la vida, el bien y la bendición, y rechazar con decisión el de la muerte, que es el del mal y la maldición, representan la encrucijada en la que nos encontramos siempre. En principio, la elección parece clara. ¿Quién quiere la muerte o la maldición? Todos estamos habitados por un deseo casi instintivo de vida y de bendición. Y como es el bien lo que conduce a ellas, la cosa es evidente.


Pero sabemos que, en la práctica, la elección no es tan sencilla. En primer lugar, porque ese camino que lleva a la vida y la bendición no es un camino directo. Con frecuencia la consecución de bienes que satisfacen nuestras necesidades reales nos inclina a tomar decisiones o realizar acciones que nosotros mismos reconocemos como incorrectas. Son situaciones de conflicto moral (y religioso) que nos ponen a prueba. Pero es que, además, el mal se disfraza muchas veces de bien, bajo los ropajes de lo “permitido”, del “derecho” que creo tener, y de muchas otras formas, de modo que nos parece que actuar así no sólo es un mal menor para la consecución de un cierto bien, sino que es precisamente lo que debemos hacer. Pero las malas consecuencias de esas decisiones equivocadas siempre acaban llegando, a veces ya en esta vida, o, si no es así, en ese tribunal de Dios ante el que todos deberemos comparecer.


Jesús, que es el camino y la verdad que llevan a la vida, no nos engaña. Nos recuerda que no hay atajos, y que el camino del bien es empinado, y la puerta que lleva a la vida es estrecha. Es el camino de la cruz. Pero, cuidado, este camino no es el del sufrimiento por el sufrimiento, ni es la negación de las alegrías de la vida. Es, sencillamente, el camino del amor. El amor verdadero es esforzado, conoce renuncias, está dispuesto a sufrir por la persona amada. Dar la vida por amor es el mejor modo de ganarla. Porque dándola, damos vida a otros, y perdiéndola (en las grandes y pequeñas renuncias que el amor nos exige) abrimos espacio en nosotros para recibir el gran don del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo Jesús, que no solo nos exhorta, sino que él mismo ha recorrido ese camino, para que nosotros podamos seguirlo.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma de 2026

Publicamos a continuación el texto del mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma de 2026 sobre el tema «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión»:

Mensaje del Santo Padre

Escuchar y ayunar.

La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.


Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.


Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.


Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.


Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.


Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.


San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.


Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]


Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  


Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).


Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.


Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.


Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.


LEÓN XIV PP.

Lecturas del Miércoles de Ceniza

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Joel (2,12-18):

Ahora —oráculo del Señor—,,

convertíos a mí de todo corazón,

con ayunos, llantos y lamentos;

rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,

y convertíos al Señor vuestro Dios,

un Dios compasivo y misericordioso,

lento a la cólera y rico en amor,

que se arrepiente del castigo.

¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá

dejando tras de sí la bendición,

ofrenda y libación

para el Señor, vuestro Dios!

Tocad la trompeta en Sion,

proclamad un ayuno santo,

convocad a la asamblea,

reunid a la gente,

santificad a la comunidad,

llamad a los ancianos;

congregad a los muchachos

y a los niños de pecho;

salga el esposo de la alcoba

y la esposa del tálamo.

Entre el atrio y el altar

lloren los sacerdotes,

servidores del Señor,

y digan:

«Ten compasión de tu pueblo, Señor;

no entregues tu heredad al oprobio

ni a las burlas de los pueblos».

¿Por qué van a decir las gentes:

«Dónde está su Dios»?

Entonces se encendió

el celo de Dios por su tierra

y perdonó a su pueblo.

Palabra de Dios


Salmo 50,R/. Misericordia, Señor: hemos pecado


Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20–6,2):

HERMANOS: Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:

«En el tiempo favorable te escuché,

en el día de la salvación te ayudé».

Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor


Compartimos:

En el comienzo de la Cuaresma todos, de un modo u otro, pensamos o sentimos la necesidad de poner en orden nuestra vida, de realizar un acto de conversión. Aunque ya estamos convertidos, en el sentido de que creemos en Cristo y tratamos de seguirlo, nos damos cuenta de que necesitamos renovar la conversión, pues hay aspectos de nuestra vida que todavía están lejos de la fe que profesamos. Se trata de hacer una especie de ITV del alma.


Nos miramos en un espejo espiritual (la Palabra de Dios, la liturgia) y descubrimos nuestra pobreza, nuestra miseria, nuestros pecados y nuestra resistencia a prescindir de ellos. De ahí los llantos y los lamentos de que nos habla hoy el profeta Joel. De hecho, cuando tomamos conciencia del mal que hemos hecho, lo natural es lamentarse y dolerse por ello.


Pero en el espejo espiritual pronto toma cuerpo otra imagen, distinta de la imagen de nuestra pobreza: es la imagen de la compasión y la misericordia de Dios, que no reacciona con cólera, sino que es rico en amor. Percibimos entonces la infinita distancia entre nuestra pobreza y la riqueza de Dios, que suscita nuestro deseo de Bien, aunque sentimos que no tenemos fuerzas para superar esa distancia.


Pero, siguiendo con la mirada puesta en el espejo, vemos que esa imagen de la misericordia y el amor de Dios tiene un rostro concreto, humano: es el rostro de Cristo, que ha hecho ese camino por nosotros, pero en sentido contrario: no podemos alcanzar a Dios, pero Él nos alcanza y viene a nuestro encuentro en Cristo, que no conoció pecado (¡él es el amor de Dios!), pero se hizo pecado en favor nuestro (¡él es el amor misericordioso!) para justificarnos, para hacernos justicia de Dios en él.


Al comprender la enorme gracia que Dios nos concede en Cristo, sólo podemos responder, en primer lugar, volviendo nuestro rostro a Dios: la justicia de Dios tenemos que practicarla como un homenaje que le rendimos. Pero como el rostro de Dios se manifiesta en el rostro de Cristo, hacemos justicia a Dios dando limosna a los necesitados (de dinero, de atención, de ayuda, de perdón…), en los que vive y sufre el mismo Cristo. Lo hacemos no para justificarnos ante los demás o para obtener recompensa, sino de corazón, por puro amor (el que nosotros hemos recibido de Dios). Y lo mismo con la oración: para descubrir el rostro de Cristo en los demás necesitamos acudir a la fuente que aclara nuestra mirada, y que es el trato personal con Dios. Y como el amor (que es la justicia de Dios) exige algunas renuncias, representadas en el ayuno, realizamos esas renuncias (ayunamos) como un sacrificio agradable a Dios (y en favor de los necesitados) y, por tanto, como un acto de celebración y de fiesta.


Nuestra mirada al espejo espiritual es, a fin de cuentas, una comprobación de nuestro corazón en sus tres relaciones fundamentales: con nosotros mismos (el ayuno), con los demás (la limosna) y con Dios (la oración).

martes, 17 de febrero de 2026

Lecturas del Martes de la VI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (1,12-18):

Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie. A cada uno le viene la tentación cuando su propio deseo lo arrastra y seduce; el deseo concibe y da a luz el pecado, y el pecado, cuando se comete, engendra muerte. Mis queridos hermanos, no os engañéis. Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni periodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.

Palabra de Dios


Salmo 93,R/. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor


 Santo Evangelio según san Marcos (8,14-21):

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían mas que un pan en la barca.

Jesús les recomendó: «Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.»

Ellos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan.»

Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?»

Ellos contestaron: «Doce.»

«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?»

Le respondieron: «Siete.»

Él les dijo: «¿Y no acabáis de entender?»

Palabra del Señor


Compartimos:

Si la tentación es una incitación al mal (una forma de motivación desordenada y engañosa), es evidente que Dios, Bien absoluto y fuente de todo bien, no puede incitar al mal. Sería contradictorio con su propio ser. Ese “no puede” no atenta contra su omnipotencia, que no es un poder arbitrario y caprichoso, sino, al contrario, el poder propio del bien y del amor. Si tenemos en cuenta que el mal, según la doctrina tradicional, es un “no-ser” (una carencia de ser y un defecto de bien), y Dios es creador (de ser, y no destructor que produce no-ser), la cosa resulta más clara. Pero, más allá de la teoría, para nuestra vida práctica, son muy importantes las palabras de Santiago sobra la tentación. Va contra la verdadera imagen de Dios (la del Dios Padre que nos transmite Jesús) pensar que Dios nos pone a prueba con la tentación, o que nos castiga con desgracias, naturales (terremotos o inundaciones) o producto de la maldad humana (como la guerra). De Dios solo podemos esperar bienes. Pero podríamos oponer que el mismo Santiago nos habla de pruebas que hay que pasar para recibir la corona de la gloria. La prueba procede de nuestra condición limitada, que nos hace difícil perseverar en el bien; y, también, del pecado propio y ajeno, que nos aleja de Dios y de nuestra propia verdad. Lo que Dios nos envía es, no la tentación, sino la gracia para perseverar en el bien a pesar de la dificultad, que nos fortalece en la virtud, en el amor y en la relación con Dios. Toda prueba es un reflejo mayor o menor de la Cruz, consecuencia del pecado, que Jesús tomó sobre sí, para quitar el pecado del mundo.


Afirmados y perseverantes en el amor de Dios, adquirimos la plena confianza en su providencia, y alejamos de nuestro espíritu todo temor. Es a lo que llama Jesús a sus discípulos hoy y, en ellos, a todos nosotros. Debemos tratar de evitar toda forma de ambición desordenada, de hipocresía y de dureza de corazón (la levadura de los fariseos) y todo lo demás (el pan cotidiano y el pan de la Eucaristía) se nos dará por añadidura.