sábado, 30 de septiembre de 2023

Sábado de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la profecía de Zacarías (2,5-9.14-15a):

Alcé la vista y vi a un hombre con un cordel de medir. Pregunté: «¿Adónde vas?» Me contestó: «A medir Jerusalén, para comprobar su anchura y longitud.» Entonces se adelantó el ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, diciéndole: «Corre a decirle a aquel muchacho: "Por la multitud de hombres y ganado que habrá, Jerusalén será ciudad abierta; yo la rodearé como muralla de fuego y mi gloria estará en medio de ella –oráculo del Señor–."» «Alégrate y goza, hija de Sión, que yo vengo a habitar dentro de ti –oráculo del Señor–. Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos, y serán pueblo mío, y habitaré en medio de ti.»

Palabra de Dios

Salmo Jr 31,R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

 Santo Evangelio según san Lucas (9,43b-45):

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Palabra del Señor

Compartimos:

San Jerónimo, el santo que celebramos hoy, vivió en el siglo IV. Dedicó su vida a la Biblia. Más en concreto a hacer el esfuerzo de acercar la Palabra de Dios a la gente normal. Eso significa que tradujo la Biblia entera del hebreo y el griego a la lengua más común de la época: el latín. De hecho, su traducción se llama “Vulgata” por alusión a que está escrita en lengua vulgar, en la lengua del pueblo. Se divulgó muchísimo en toda la Iglesia. Además fue una traducción de calidad. Tanto que en 1546, durante el Concilio de Trento, fue declarada la edición auténtica de la Biblia para la Iglesia católica latina.

¿A qué viene todo esto? De alguna manera, no nos interesa mucho porque el latín ya no es la lengua que habla el pueblo. Hoy los pueblos que formamos la Iglesia Católica hablamos muchas lenguas. Y hay multitud de traducciones de la Biblia en innumerables, casi, lenguas diferentes. Pero creo que hay algo que subrayar del esfuerzo de San Jerónimo por hacer esa traducción al latín de la Biblia, esfuerzo que le llevó la vida entera.

Ese algo a subrayar es que su interés fue acercar la Palabra de Dios al pueblo. De alguna manera San Jerónimo trató de hacer que las personas, los cristianos, pudiesen entablar su diálogo con Dios mismo en su propia lengua, hacer que sus palabras les llegasen al corazón como nos llegan las palabras de la lengua que hemos aprendido desde pequeños. Porque una lengua aprendida es muy difícil que sea así totalmente nuestra. Así que acercar la Palabra a las personas es ya una forma de evangelizar.

Celebrar esta fiesta es también una llamada para todos nosotros que nos recuerda lo importante que debe ser la Palabra de Dios en nuestra vida. Su lectura asidua y atenta, hecha en clima de oración y reflexión, nos va llenando el corazón de razones para ser mejores discípulos de Jesús, para convertirnos nosotros mismos en evangelizadores, en anunciadores de la buena nueva del Reino, con nuestras palabras y nuestras acciones. En la Palabra nos encontramos directamente con Jesús, sin mediaciones. Y su palabra llega a nosotros y nos convierte. ¿Hay alguna manera mejor de usar todos los días cinco o diez minutos que leyendo la Palabra?

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