jueves, 28 de noviembre de 2019

Ciudad Juárez, la violenta sala de espera a EE. UU.


La Casa del Migrante de Ciudad Juárez se ha convertido en el hogar de 50 niños y sus padres durante los meses que esperan a que les digan si pueden entrar en Estados Unidos… o hasta que se rinden y se van

Al presentar nuestra campaña de Navidad para los niños migrantes entre Estados Unidos y México, os hablamos de los niños mexicanos y sobre todo centroamericanos que llegan a la ciudad de El Paso, en Texas (EE. UU.). Pero parte de las cartas llegarán a Ciudad Juárez, la localidad que está justo al lado mexicano de la frontera.

Ivonne trabaja en la Casa del Migrante en esta localidad. «Antes la gente llegaba a nuestro centro, estaba unos días y luego intentaban cruzar la frontera». Pero en Estados Unidos se aprobó hace un año una ley que dice que los inmigrantes que pidan asilo en este país tienen que esperar en México hasta que se juzgue su caso. «Ahora, se quedan aquí cuatro o cinco meses hasta que les toca».

Los últimos años, a Ciudad Juárez llegaron muchos inmigrantes centroamericanos, de países como Guatemala, Honduras y El Salvador. «Hubo que abrir más albergues –cuenta Ivonne–. Llegó a haber 80 o 100 personas durmiendo en uno para 20». Desde enero, con la ley nueva, la Policía estadounidense devolvió a seis lugares de México, entre ellos Ciudad Juárez, a 70.000 personas para que esperaran allí a su juicio. Entre ellos había 13.000 niños y 400 bebés. Como llegaban muchos y los obligaban a quedarse, la gente se acumulaban.

Muchas de esas familias tenían que «vivir en las calles», explicaba hace poco la ONG de defensa de la infancia Save the Children. En la calle, en uno de los sitios más violentos del mundo. El año pasado, fue la quinta ciudad del mundo con más asesinatos: 86 por cada 10.000 habitantes. Es como si en Madrid se asesinara a más de 2.500 personas en un año. Niños y mayores –añadía Save the Children– «han sido víctimas de asaltos, violaciones y secuestros».

«Llegan con problemas serios»

Ahora, la situación es un poco menos mala. El Gobierno de Estados Unidos está siendo muy estricto, y «la gente se ha dado cuenta de que no se va a aceptar su solicitud», cuenta Ivonne. Así que pasan un tiempo en la Casa del Migrante «y deciden volver a su país». Un país del que se habían ido huyendo de la violencia y de la pobreza. «Ya no hay familias viviendo en la calle, y los albergues tampoco están tan llenos. Algunas personas sí se quedan durmiendo en los puentes de la frontera, para que no les quiten el puesto en la fila».

Ahora, en la Casa del Migrante «viven unas 190 personas –nos dice Ivonne–. De ellas, 50 son niños que viajan con su padre o su madre». Como pasan meses enteros allí, «tenemos una escuelita» e «intentamos que estén ocupados el resto del tiempo, con manualidades, un taller de música…». «Las psicólogas dicen que es lo mejor para ellos, porque llegan con problemas serios. Muchos han visto cómo mataban a su otro padre o a algún familiar. No podemos pedirles directamente que nos lo cuenten, porque les hace daño. Las actividades les ayudan a manifestar lo que les ha pasado y lo que sienten». Ivonne también cree que les puede ayudar recibir vuestras felicitaciones de Navidad: «Es una buena opción para que ellos vean que otras personas conocen su situación y que no están solos».

María Martínez López

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