lunes, 17 de febrero de 2025

Lunes de la VI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (4,1-15.25):

EL hombre conoció a Eva, su mujer, que concibió y dio a luz a Caín. Y ella dijo:

«He adquirido un hombre con la ayuda del Señor».

Después dio a luz a Abel, su hermano. Abel era pastor de ovejas, y Caín cultivaba el suelo.

Pasado un tiempo, Caín ofreció al Señor dones de los frutos del suelo; también Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas.

El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda; Caín se enfureció y andaba abatido.

El Señor dijo a Caín:

«Por qué te enfureces y andas abatido? ¿No estarías animado si obraras bien?; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta y te codicia, aunque tú podrás dominarlo».

Caín dijo a su hermano Abel:

«Vamos al campo».

Y, cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.

El Señor dijo a Caín:

«Dónde está Abel, tu hermano?».

Respondió Caín:

«No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?».

El Señor le replicó:

«¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde el suelo.

Por eso te maldice ese suelo que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano.

Cuando cultives el suelo, no volverá a darte sus productos. Andarás errante y perdido por la tierra».

Caín contestó al Señor:

«Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Puesto que me expulsas hoy de este suelo, tendré que ocultarme de ti, andar errante y perdido por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará».

El Señor le dijo:

«El que mate a Caín lo pagará siete veces».

Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matase.

Adán conoció otra vez a su mujer, que dio a luz un hijo y lo llamó Set, pues dijo:

«Dios me ha dado otro descendiente en lugar de Abel, asesinado por Caín».

Palabra de Dios

Salmo 49,R/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza

 Santo Evangelio según san Marcos (8,11-13):

EN aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

Jesús dio un profundo suspiro y dijo:

«Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Palabra del Señor

Compartimos:

“¿Dónde está tu hermano?”, le pregunta el Señor a Caín en la primera lectura que hoy meditamos.

Puede parecer una pregunta que nada tiene que ver con nosotros, pero la Palabra de Dios nos llama a romper el individualismo al que estamos abonados en nuestro modo de vivir. Nos olvidamos de que el crecimiento y la felicidad interior no pueden acontecer sin la preocupación y ocupación de los demás, pues no somos sin los otros.


Volviendo a la pregunta inicial, en el relato del Génesis Caín le responde a Dios: “No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?” Si, eres el guardián de tu hermano. Debemos preocuparnos más por ellos, precisamente porque son nuestros hermanos; el otro es importante para ti. El salmo 49 que hoy meditamos, en su última estrofa tiene palabras duras ante esta falta de fraternidad: “Te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre; esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara”.


El Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, publicada hace cinco años, nos hace un recordatorio y llamamiento a cuidar los unos de los otros. Nos dice en el nº 8: “Entre todos. Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante.”


Tiempo para mejorar, para crecer, para desatar, pero pasando por los otros, nunca solos. Es el hilo conductor de nuestra preparación: estar-con. Bastantes soledades vive nuestra sociedad para que nosotros le sumemos nuestras indiferencias, individualidades o egoísmos. Más que nunca necesitamos generar fraternidad.


En el evangelio de hoy, le piden un signo a Jesús. Quieren ver su poder, pero no entienden que su poder no es el de la “dynamis”, fuerza o violencia, sino el de la “exousía”, el de la liberación y sanación, que utiliza no para dominar, sino para curar. Por eso el texto del evangelio nos explica muy bien la reacción de Jesús ante esta petición de fuerza: “dio un profundo suspiro y se marchó”. No hay signo, no habéis entendido nada.


El signo que Jesús quiere es el que hace con nosotros: entregarse hasta el final. Por eso, estante atento para ver dónde está tu hermano, qué necesita de ti, cómo lo puedes ayudar. Será un buen tiempo de crecimiento personal que te llevará más cerca de Dios.

domingo, 16 de febrero de 2025

VI Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (17,5-8):

Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.»

Palabra de Dios

Salmo 1,R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,12.16-20):

Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas (6,17.20-26):

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacian vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra del Señor

Compartimos:

oy, tiempo de inclemencia y desasosiego, también Jesús nos llama para decirnos que siente «compasión de esta gente» (Mc 8,2). Hoy, con la paz en crisis, puede abundar el miedo, la apatía, el recurso a la banalidad y a la evasión: «No tienen qué comer».


¿A quién llama el Señor? Dice el texto: «A sus discípulos» (Mc 8,1), es decir, me llama a mí, para no despedirlos en ayunas, para darles algo. Jesús se ha compadecido —esta vez en tierra de paganos— porque también tienen hambre.


¡Ah!, y nosotros —refugiados en nuestro pequeño mundo— decimos que nada podemos hacer. «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?» (Mc 8,4). ¿De dónde sacaremos una palabra de esperanza cierta y firme, sabiendo que el Señor estará con nosotros cada día hasta el fin de los tiempos? ¿Cómo decir a los creyentes y a los incrédulos que la violencia y la muerte no son solución?


Hoy, el Señor nos pregunta, simplemente, cuántos panes tenemos. Los que sean, ésos necesita. El texto dice «siete», símbolo para paganos, como doce era símbolo para el pueblo judío. El Señor quiere llegar a todos —por eso la Iglesia se quiere reconocer a sí misma desde su catolicidad— y pide tu ayuda. Dale tu oración: ¡es un pan! Dale tu Eucaristía vivida: ¡es otro pan! Dale tu decisión por la reconciliación con los tuyos, con los que te han ofendido: ¡es otro pan! Dale tu reconciliación sacramental con la Iglesia: ¡es otro pan! Dale tu pequeño sacrificio, tu ayuno, tu solidaridad: ¡es otro pan! Dale tu amor a su Palabra, que te da consuelo y fuerza: ¡es otro pan! Dale, en fin, lo que Él te pida, aunque creas que sólo es un poco de pan.


Como nos dice san Gregorio de Nisa, «el que parte su pan con los pobres se constituye en parte de aquél que, por nosotros, quiso ser pobre. Pobre fue el Señor, no temas la pobreza».

sábado, 15 de febrero de 2025

Sábado de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (3,9-24):

El Señor Dios llamó al hombre y le dijo:

«Dónde estás?».

Él contestó:

«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó:

«Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió:

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer:

«¿Qué has hecho?».

La mujer respondió:

«La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente:

«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

A la mujer le dijo:

«Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará».

A Adán le dijo:

«Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió.

Y el Señor Dios dijo:

«He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre».

El Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado.

Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.

Palabra de Dios

Salmo 89,R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Santo Evangelio San Marcos (8,1-10):

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».

Le replicaron sus discípulos:

«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».

Él les preguntó:

«¿Cuántos panes tenéis?».

Ellos contestaron:

«Siete».

Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor

Compartimos:

Leía el otro día que aproximadamente un tercio de la humanidad tiene a día de hoy problemas para mantener un nivel básico de nutrición. Es decir, se mueven justo en el límite. Cada día es una lucha por conseguir el pan o el arroz necesarios para mantenerse. Cada día sienten la inseguridad de lo que puede suceder mañana. Una parte de este tercio es que realmente no llega al mínimo y experimenta la desnutrición con todas sus consecuencias para la salud.


Frente a ese tercio está el otro tercio que lo que tienen (me atrevería a decir “tenemos”, aunque no estoy ni mucho menos seguro de que todos los lectores estén en este grupo) son problemas de exceso de alimentación. En este grupo la comida se ha convertido en un arte. Pero, como contrapartida, proliferan los problemas de obesidad, diabetes, colesterol y otros que son provocados por una ingesta excesiva. Para más inri, en esa parte del mundo donde vive este tercio se despilfarran y tiran a la basura cantidades enormes de alimentos.


Parece mentira que después de tantos años y de una producción de alimentos que bastaría y sobraría para alimentar adecuadamente a toda la humanidad, todavía estemos así. Incapaces de distribuir lo que tenemos para que llegue a todos.


Jesús, en el evangelio de hoy, da de comer a mucha gente. No quiere que nadie desfallezca. No preparan una comida especial. No es un banquete. Simplemente toman lo que tienen y lo comparten. Hasta sobró, como siempre que se comparte la comida.


Dar de comer sigue siendo el mejor signo del reino. No es casualidad que el rito fundamental de los cristianos sea la eucaristía, que no es más que una comida convertida en sacramento. Dios mismo se hace alimento para todos. Por eso, en realidad, siempre que compartimos la mesa, que damos de comer, celebramos de algún modo la eucaristía, alimentamos e incrementamos la vida, damos esperanza. La comida en común nos habla del reino, de fraternidad, de justicia. Pero nuestras eucaristías no serán reales del todo hasta que todos, sin excepción, se puedan sentar a la mesa.

viernes, 14 de febrero de 2025

Viernes de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,46-49):

En aquellos días, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: «Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra.»»

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.

Palabra de Dios

Salmo 116 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Santo Evangelio según san Lucas (10,1-9):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»»

Palabra del Señor

Compartimos:

Los cristianos debemos ser portadores de paz. Eso es lo primero que dice Jesús a los discípulos. La segunda instrucción es que deben curar a los enfermos. Y la tercera, ¡solo la tercera!, anunciar la cercanía del reino de Dios.


Jesús no es un ingenuo, que se crea que todo el monte es orégano y que la vida es siempre fácil y primaveral. Es consciente de que manda a sus discípulos como “corderos en medio de lobos”. Todos sabemos lo que les pasa a los corderos que se pierden en una manada de lobos. Terminan despellejados, muertos de forma violenta y abandonados. Pero aún así les pide que salgan a los caminos sin siquiera ningún tipo de equipaje ni reservas. No hay que llevar “talega, ni alforja, ni sandalias”.


Lo que propone Jesús es todo un programa o estilo de vida para sus discípulos. No lo entendieron mucho. La prueba está en que el mismo Pedro termina sacando la espada en el momento en que van a apresar a Jesús en el huerto de Getsemaní (Jn 18,10-11). Y basta con mirar a la historia de la iglesia católica (y a la historia de las demás iglesias cristianas) para ver que hemos seguido sacando la espada, hemos hecho guerras, hemos matado en nombre de la fe. Siendo realistas y honestos, no hemos sido precisamente hombres y mujeres de paz a lo largo de la historia.


Pero como dice el proverbio “nunca es tarde si la dicha es buena”. Estamos a tiempo de asumir en nuestras vidas estas instrucciones básicas que da Jesús a sus discípulos y convertirnos en hombres y mujeres de paz. Algo hemos adelantado cuando parte de nuestros ejércitos están cumpliendo misiones de paz en diversas partes del mundo bajo el mandato de Naciones Unidas.


Pero no basta con eso. Tenemos que ser hombres y mujeres de paz en nuestro mundo cercano. En nuestras familias, con nuestros amigos y conocidos, en el trabajo. Cuando hablamos de política y de los políticos. A veces me maravillo de las palabras de violencia que pronuncian hermanos nuestros que son de “misa diaria”. Palabras de paz. Gestos de paz. Paciencia de paz. Siempre. Aunque vengan los lobos y nos amanecen.

jueves, 13 de febrero de 2025

Jueves de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (2,18-25):

EL Señor Dios se dijo:

«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».

Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.

Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.

Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.

Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.

Adán dijo:

«Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será mujer ,, porque ha salido del varón».

Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Los dos estaban desnudos, Adán y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

Palabra de Dios

Salmo 127,R/. Dichosos los que temen al Señor

 Santo Evangelio según san Marcos (7,24-30):

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.

Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.

La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

Él le dijo:

«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella replicó:

«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

Él le contestó:

«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».

Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor

Compartimos:

La tendencia a excluir a los otros, a los que son diferentes da la impresión de que ha estado presente siempre en el corazón de las personas. La diferencia se termina viendo como amenaza a nuestra forma de vivir. El que habla diferente, el que tiene unas costumbres diferentes, el que es de otra religión, el que es de otra raza o color, el que… y podríamos seguir estableciendo las muchas diferencias que hay entre las personas.


Las fronteras marcan muchas veces esos territorios en los que nos sentimos seguros. Más allá está lo desconocido. Ellos, los otros, son la causa de nuestros males: del desempleo, de la criminalidad, de la crisis económica, de que no funcionen las cosas en mi país. Para ser sinceros, muchas veces los políticos excitan estos temores para ocultar los propios fallos y hasta para unir al pueblo. Entienden que no hay nada mejor que tener un enemigo común.


Pero el evangelio es para todos, sin excepción, sin fronteras. No puede ser de otra manera porque el amor de Dios o es universal o no es amor ni es nada. El Evangelio de hoy muestra cómo al mismo Jesús le costó un poco salir de sus fronteras, de su mundo judío. Aquella mujer era pagana, era de otro pueblo, de otra tierra. No era judía. Pero el sufrimiento, el dolor, la enfermedad es la misma a todos los lados de las fronteras. Y Jesús no podía permanecer ajeno a ese dolor, aunque hablase otra lengua o fuese de otro pueblo. Y no permaneció ajeno.


Hoy que vivimos un momento en que se pretenden acentuar las fronteras y las diferencias, los cristianos teníamos que ser ejemplos de manos abiertas, de capacidad de acoger al diferente y compartir con él lo que tenemos. Frente a los que criminalizan y excluyen a los diferentes, a los inmigrantes en especial, nosotros deberíamos hacer de nuestras iglesias y comunidades lugares de acogida fraternal, sin pensar en diferencias de religiones, de ideologías, de razas, de nada. Sólo así daremos testimonio del amor de Dios que siempre para todos, que no excluye a nadie, que abraza a todos.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Miércoles de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (2,4b-9.15-17):

El día en que el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, Porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo; pero un manantial salía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo.

Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia Oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.

El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir».

Palabra de Dios

Salmo 103,R/ Bendice, alma mía, al Señor

Segunda Lectura

Santo Evangelio según san Marcos (7,14-23):

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina». (Con esto declaraba puros todos los alimentos).

Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra del Señor

Compartimos:

Todas las religiones conocidas han lidiado con este tema de la pureza/impureza. Es normal. Desde nuestro punto de vista humano y limitado, Dios es el todopoderoso, ser superior a todos lo imaginable, el santísimo y el puro. Es puro porque en él no tiene nada de presencia de cualquier cosa que sea mala o sucia.


Como consecuencia lógica, para acercarse a él es condición necesaria la pureza. El hombre se tiene que despojar, liberar, de todo lo que pueda ser impuro o sucio, de todo lo que sea pecado en cualquiera de sus formas. Porque la presencia de Dios aborrece lo impuro. Cualquier cosa que sea impura o sucia repele a Dios, no se puede acercar ni mezclar con la divinidad. La impureza y Dios son como el agua y el aceite no se pueden mezclar.


A partir de ahí, todas las religiones se han esforzado por determinar y clasificar todo lo que puede hacer impura a la persona. Han terminado haciendo siempre listas larguísimas de pecados y de cosas que hacen impuros a hombres y mujeres. Y, paso necesario siguiente, han establecido las formas y rituales como la persona puede recuperar la pureza. Así estamos y así funciona muchas veces nuestra mente.


Pero la realidad es que en Jesús toda esta forma de pensar pierde su sentido. Jesús, Dios con nosotros, se acerca a los impuros, a los pecadores, se mezcla con ellos. Deja claro que él ha venido a salvar a los pecadores. Más aún, se hace impuro él mismo, al menos según lo que eran las normas judías de la pureza. Desde el momento en que nace en un pesebre, en que es adorado por los pastores, gentes impuras por excelencia, en que se mezcla con los pecadores y come con ellos. En Jesús Dios se acerca a los impuros y les tiende una mano salvadora, hecha de amor gratuito e incondicional.


Y deja claro que más allá de todas las reglas rituales de la pureza, puros inventos humanos, lo que hace impuras a las personas es el mal que tantas veces sale de su corazón. ¿Quién es puro desde este punto de vista? Nadie. Por eso, él ha venido a salvarnos, a sanarnos, a reconciliarnos, a darnos una nueva oportunidad a todos. Sin excluir a nadie. Porque todos somos impuros.

martes, 11 de febrero de 2025

Martes de la V Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (1,20–2,4a):

DIJO Dios: «Bullan las aguas de seres vivientes, y vuelen los pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo».

Y creó Dios los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan y que las aguas fueron produciendo según sus especies, y las aves aladas según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Luego los bendijo Dios, diciendo:

«Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra».

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

Dijo Dios:

«Produzca la tierra seres vivientes según sus especies: ganados, reptiles y fieras según sus especies».

Y así fue.

E hizo Dios las fieras según sus especies, los ganados según sus especies y los reptiles según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios:

«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.

Dios los bendijo; y les dijo Dios:

«Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».

Y dijo Dios:

«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».

Y así fue.

Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo.

Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho.

Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó.

Esta es la historia del cielo y de la tierra cuando fueron creados.

Palabra de Dios

Salmo 8 R/. Señor, dueño nuestro,¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Santo Evangelio según san Marcos (7,1-13):

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Y los fariseo y los escribas le preguntaron:

«Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».

Él les contestó:

«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:

“Este pueblo me honra con los labios,

pero su corazón está lejos de mí.

El culto que me dan está vacío,

porque la doctrina que enseñan

son preceptos humanos”.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Y añadió:

«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Palabra del Señor

Compartimos:

Debe ser un problema de perspectiva. Incluso me atrevería a decir que de agudeza visual. La capacidad que tienen algunas personas de confundir lo fundamental con lo accesorio. Voy a poner un ejemplo extremo. Conocí a una persona que iba de parroquia en parroquia para oír misa y, de paso, denunciar al obispo de su diócesis cada vez que el sacerdote celebrante pronunciaba mal una palabra u omitía alguna parte mínima de la plegaria eucarística o del prefacio. Ni se le pasaba a esta persona valorar si en la parroquia había una comunidad cristiana viva, si los que participaban en la misa participaban de verdad o apenas estaba como estatuas de sal, etc. Todo eso parece que no tenía ninguna importancia frente a esas omisiones mínimas o a si había dos o tres velas en el altar o si… Este puede ser un caso extremo, es verdad. Pero he conocido a personas para las que comulgar en la mano o en la boca es la diferencia entre ser cristiano o ser un blasfemo.


Hay que apostar por centrarnos en lo que es verdaderamente importante más allá del cumplimiento de las normas. Porque las normas se puede cumplir pero a veces sin que haya nada de vida detrás. Y todo se queda en un puro “cumplo y miento”. En un cumplimiento externo que no significa nada ni implica a la persona.


Seguir a Jesús, ser cristiano, es mucho más que cumplir las normas del código de derecho canónico o las de la liturgia o las de los mandamientos de la iglesia. Es una cuestión de relación personal con Jesús, de vivir el amor fraterno, que es lo que caracteriza al Reino, que es lo que verdaderamente nos acerca a Dios, nos hace como Dios.


A los que se fijan solo en las normas, Jesús les llama con toda claridad hipócritas y les recuerda lo que dijo el profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13). Que no caigamos nosotros en la hipocresía ni nos engañemos a nosotros mismos pensando que cumplimos las normas y que eso ya es suficiente. Sólo en el amor nos encontraremos con Dios.