lunes, 18 de noviembre de 2024

La Familia Dominicana elige a su primer presidente laico en una asamblea histórica

Nombramiento de José Vicente Vila como nuevo presidente del Consejo Nacional de Familia Dominicana


  El pasado 12 de noviembre de 2024, el Consejo Nacional de Familia Dominicana celebró la segunda sesión anual, tanto online como presencial. Esta asamblea reúne a los superiores mayores de las provincias y congregaciones de frailes y hermanas, prioras federales de las monjas, al presidente provincial de las fraternidades laicales y al coordinador nacional del Movimiento Juvenil Dominicano. Durante esta reunión, los asistentes revisaron y evaluaron las actividades recientes a nivel de la Familia Dominicana y discutieron proyectos futuros que impulsarán la misión de la familia en los próximos meses.


  Uno de los puntos destacados de la reunión fue la intervención de fray Xabi Gómez, quien próximamente asumirá el cargo de obispo de Sant Feliu de Llobregat. Fray Xabi, hasta ahora coordinador del Observatorio de Derechos Humanos Samba Martine, agradeció el apoyo brindado por todos los miembros del consejo nacional a este importante proyecto. Asimismo, alentó a los superiores mayores a motivar a los miembros de sus respectivas congregaciones a participar en esta labor en favor de los derechos humanos, subrayando la necesidad de voluntarios para asegurar la continuidad de esta misión.


  El momento culminante de la sesión llegó con la elección del nuevo presidente del consejo nacional de la Familia Dominicana, responsabilidad que recayó unánimemente en José Vicente Vila, actual presidente de las fraternidades laicales de España. Su aceptación fue recibida con agradecimiento por parte de los miembros del consejo, quienes valoraron profundamente su disponibilidad y compromiso con la misión de la Familia Dominicana.

 La Familia Dominicana también expresó su gratitud por el servicio de la presidenta saliente, la Hna. Ana Belén Verísmo, de la Congregación de la Anunciata, quien desempeñó este papel con dedicación y entrega, acompañada en numerosos momentos por la Hna. Ildete de Magalháes Leite, que actuó como su delegada.


  Este nombramiento representa un acontecimiento histórico para la Familia Dominicana, siendo la primera vez que un laico asume la presidencia de su consejo nacional. La elección de un laico para liderar este organismo responde al llamado del reciente Sínodo sobre la sinodalidad, en el cual el Papa Francisco ha enfatizado la relevancia de los laicos en la toma de decisiones de la Iglesia, subrayando su papel como actores principales en la misión evangelizadora. En este contexto, el nombramiento de José Vicente Vila no solo marca un cambio histórico dentro de la Familia Dominicana, sino que también refleja el compromiso de la Orden con los principios de sinodalidad y colaboración en igualdad de roles.


  Los miembros del consejo nacional manifestaron su respaldo y confianza en José Vicente, convencidos de que su liderazgo será representativo de todos los sectores que componen la Familia Dominicana en España. Con este nuevo presidente, se fortalece el espíritu de unidad y de participación laical en el camino hacia una Iglesia más inclusiva y comprometida.


Hna. Marcela Zamora, MDR

Secretaria de la Familia Dominicana de España

Lunes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Comienzo del libro del Apocalipsis (1,1-4;2,1-5a):

Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, el cual fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca.

Juan a las siete iglesias de Asia:

«Gracia y paz a vosotros

de parte del que es, el que era y ha de venir;

de parte de los siete Espíritus que están ante su Trono».

Escuché al Señor que me decía:

Escribe al ángel de la Iglesia en Éfeso:

«Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras».

Palabra de Dios

Salmo 1,R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

 Santo Evangelio según san Lucas (18,35-43):

Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:

«Pasa Jesús el Nazareno».

Entonces empezó a gritar:

«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».

Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:

«Hijo de David, ten compasión de mí!».

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.

Cuando estuvo cerca, le preguntó:

«¿Qué quieres que haga por ti?».

Él dijo:

«Señor, que recobre la vista».

Jesús le dijo:

«Recobra la vista, tu fe te ha salvado».

Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor

Compartimos:

En la actualidad las basílicas de san Pedro y de san Pablo en Roma son dos edificios insignes de la ciudad. Su presencia nos recuerda a estos dos personajes que tanta influencia tuvieron en aquellos primeros días de la Iglesia. Pero la verdad es que ninguno de los dos frecuentó mucho los templos ni las basílicas ni las iglesias. Los dos anduvieron mucho por los caminos. Viajaron de un lado para otro. Hablaban con las gentes con que se encontraban de su experiencia de Jesús. De cómo les había cambiado la vida. De la esperanza que les había comunicado. De cómo esa esperanza se convertía en amor fraterno, en cuidado de unos por otros. De cómo las diferencias entre personas que tanto nos gusta acentuar se rompen, se quiebran y desaparecen. Ya no hay judío ni gentil, ni griego ni romano, ni hombre ni mujer, ni libre ni esclavo. Todos somos hijos en el Hijo. Sin excepción. Era un mensaje sencillo pero revolucionario al mismo tiempo. Rompía los moldes de la sociedad de su tiempo. Pero lo hacía sin armas, sin violencia. Lo hacía con la fuerza del amor. Ahí nos queda como testimonio el capítulo 13 de la primera carta de Pablo a los Corintios.


Es terrible, cuando echamos una mirada a nuestra historia, lo que hemos hecho con ese mensaje tan sencillo y tan lleno de Dios. Ciertamente hemos construido iglesias, basílicas y catedrales. Tenemos un culto solemne lleno de ritos, incienso a veces, y salmos y cánticos. Pero esa historia está también llena de sangre, de esclavitud, de violencia entre los hermanos. La fe ha servido a veces no para hermanar sino para marcar diferencias y distancias. La fe ha bendecido ejércitos que han creado muerte y destrucción. En nombre de la fe se han hecho barbaridades sin nombre.


Pero no hay que desesperar. Estamos a tiempo, como siempre lo hemos estado, de retomar aquel mensaje sencillo, breve, práctico, vital: Dios es amor. Nosotros somos hermanos. Y obrar en consecuencia. A lo largo de estos veinte siglos siempre ha habido personas que se han dejado llenar por un Dios así entendido. Jesús les ha llegado al corazón y han obrado en consecuencia. Unámonos a esa historia y dejemos de lado la violencia que rompe la fraternidad. Esa es la mejor manera de celebrar la fiesta de Pedro y de Pablo.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Lecturas XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Daniel (12,1-3):

En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todo los que se encuentren inscritos en el Libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horno eterno. Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Palabra de Dios

Salmo 15,R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (10,11-14.18):

Ciertamente, todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar los pecados. Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies. En efecto, mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados. Ahora bien, donde hay remisión de estas cosas, ya no hay más oblación por el pecado.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (13,24-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy recordamos cómo, al comienzo del año litúrgico, la Iglesia nos preparaba para la primera llegada de Cristo que nos trae la salvación. A dos semanas del final del año, nos prepara para la segunda venida, aquella en la que se pronunciará la última y definitiva palabra sobre cada uno de nosotros.


Ante el Evangelio de hoy podemos pensar que “largo me lo fiais”, pero «Él está cerca» (Mc 13,29). Y, sin embargo, resulta molesto —¡hasta incorrecto!— en nuestra sociedad aludir a la muerte. Sin embargo, no podemos hablar de resurrección sin pensar que hemos de morir. El fin del mundo se origina para cada uno de nosotros el día que fallezcamos, momento en el que terminará el tiempo que se nos habrá dado para optar. El Evangelio es siempre una Buena Noticia y el Dios de Cristo es Dios de Vida: ¿por qué ese miedo?; ¿acaso por nuestra falta de esperanza?


Ante la inmediatez de ese juicio hemos de saber convertirnos en jueces severos, no de los demás, sino de nosotros mismos. No caer en la trampa de la autojustificación, del relativismo o del “yo no lo veo así”... Jesucristo se nos da a través de la Iglesia y, con Él, los medios y recursos para que ese juicio universal no sea el día de nuestra condenación, sino un espectáculo muy interesante, en el que por fin, se harán públicas las verdades más ocultas de los conflictos que tanto han atormentado a los hombres.


La Iglesia anuncia que tenemos un salvador, Cristo, el Señor. ¡Menos miedos y más coherencia en nuestro actuar con lo que creemos! «Cuando lleguemos a la presencia de Dios, se nos preguntarán dos cosas: si estábamos en la Iglesia y si trabajábamos en la Iglesia; todo lo demás no tiene valor» (San J.H. Newman). La Iglesia no sólo nos enseña una forma de morir, sino una forma de vivir para poder resucitar. Porque lo que predica no es su mensaje, sino el de Aquél cuya palabra es fuente de vida. Sólo desde esta esperanza afrontaremos con serenidad el juicio de Dios.

sábado, 16 de noviembre de 2024

Sábado de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario. Santa Gertrudis, virgen. Santa Margarita de Escocia. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la tercera carta del apóstol san Juan (5-8):

Querido amigo Gayo, te portas con plena lealtad en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños. Ellos han hablado de tu caridad ante la comunidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje como Dios se merece; ellos se pusieron en camino para trabajar por él sin aceptar nada de los gentiles. Por eso debemos nosotros sostener a hombres como éstos, cooperando así en la propagación de la verdad.

Palabra de Dios

Salmo 111,R/. Dichoso quien teme al Señor

Santo Evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.» Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor

Compartimos:

Si no es por gusto, es por cansancio y pesadez. La viuda insistente recibe lo que pide porque no se cansa de ser una pesada. Porque es inasequible al desaliento. Porque tiene la valentía (o la necesidad imperiosa y razonable de comer) necesaria para mantenerse firme en su petición. Pero si pensara que su petición no iba a tener ningún resultado, se iría a su casa y se buscaría la vida por otro lado. Porque, al fin y al cabo, las viudas sin protección varonil ocupaban un status social bastante bajo. Es decir, que se la podía desdeñar y echar a un lado sin mayor problema.


El punto de la lectura no parece ser alabar la pesadez de la viuda que aburre al juez injusto, sino más bien cuestionar la falta de paz, paciencia, perseverancia y confianza en Dios de quienes queremos creernos “menos pesados” y abandonamos nuestra petición cuando no vemos resultados inmediatos. ¿Por qué darle menos confianza a Dios que es bueno que a un juez injusto que al final cede? ¿Por qué restarle poder a un Dios mucho más poderoso que un juez humano? ¿Por qué van los infinitamente dignos hijos de Dios a desistir fácilmente? Quizá porque no sintamos esa necesidad perentoria de Dios de la viuda. O quizá porque pensemos que no tenemos el status necesario como para pedir.


Decía un amigo mío una vez que si queríamos pedirle a Dios algo deberíamos invitar al más pecador a orar. Porque Dios, al ver a alguien que apenas se acerca, se conmovería y le concedería lo que pide. Y nosotros no somos menos: ni menos pecadores ni menos dignos.


La confianza es rocosa. No se deja asustar; no se deja intimidar; se mantiene firme porque conoce la sed y el hambre y no se marchará hasta quedar satisfecho. Pero también sabe que, a diferencia del juez que dará lo que se pide sin más, Dios solo dará lo bueno; no un capricho, ni algo que no vaya a hacer bien, sino lo que de verdad satisfaga el hambre más profunda.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Viernes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario. San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Juan (4-9):

Señora elegida: Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio. Ahora tengo algo que pedirte, señora. No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta. Es que han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo. Estad en guardia, para que recibáis el pleno salario y no perdáis vuestro trabajo. Todo el que se propasa y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios; quien permanece en la doctrina posee al Padre y al Hijo.

Palabra de Dios

Salmo 118,R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

 Santo Evangelio según san Lucas (17,26-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.»

Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?»

Él contestó: «Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy se celebra la memoria de san Alberto Magno y esta celebración tiene lecturas propias. Pero, mirándolo bien, tanto la correspondiente al Tiempo Ordinario como la propia de san Alberto, parecen hablar de lo mismo. Y es algo tan sorprendente como atemorizante. Es la criba que hará Dios en los últimos tiempos. Se habla de pescado podrido o no comestible que será arrojado al mar desde las redes; y se habla de las personas que serán arrebatadas.


Quizá haya muchas personas que desearían aprovechar estas lecturas para “demostrar” que Dios no es el Padre amoroso, sino un ser cruel; y quizá haya otras que también las tomen para asegurar que Dios es juez y no va a dejar pasar impune el mal que se haya hecho en esta vida. Si bien esta última interpretación esté más cerca de la verdad, hay también un hecho incontestable. ¿Cómo va a ser que en la venida se lleven a unos y se deje a otros? ¿Cómo se hará esta distinción? La respuesta parece enigmática, pero también encierra un desafío y una advertencia: las aves de rapiña van al cadáver. La culpa de que haya un cadáver no es de Dios, lógicamente, sino de quien ha matado en sí el amor, la verdad, la justicia. De quien ha rechazado el agua de la vida y se ha convertido en cadáver ambulante. O, de quienes, desafortunadamente, se han dejado engañar, como advierte san Pablo en la primera lectura. Alaba el Apóstol a quienes se han mantenido en la verdad y el amor. Esos serán quienes al final sean llevados al cielo; los que no serán arrojados al mar como pescado podrido.


Más allá de las “fake news” tan prevalentes en este mundo, está el engaño sutil, el que va enredando, pudriendo y matando sin que las personas se den cuenta. Porque luego se sorprenden: ¿quién, cómo será arrebatado? Las aves de rapiña reconocen el cadáver. Reconocen a quienes se han dejado llevar por ideologías, costumbres y corrientes del mundo que poco tienen que ver con la verdad, la justicia y el amor del reino de Dios.

jueves, 14 de noviembre de 2024

Biografía de San Alberto Magno

  Alberto nació en Lauingen, junto al Danubio (diócesis de Augsburgo). Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de Padua, donde conoció al beato Jordán de Sajonia. Ingresó en la Orden de Predicadores en 1223, realizando estudios eclesiásticos en Colonia y París.


  Fray Alberto desarrolla durante toda su vida su vocación docente, comenzando en el convento de Colonia. Enseñó también en París, Hildesheim, Friburgo de Brisgovia, Ratisbona, Estrasburgo, y de nuevo en Colonia, donde hacia 1244 tiene como discípulo a santo Tomás de Aquino.


¿Qué título obtuvo San Alberto Magno?

Más tarde regresa a París, donde imparte exitosas lecciones de alcance europeo. Tras conseguir el título de maestro en teología (1246), continúa en París, en una de las cátedras dominicanas, y de nuevo en Colonia, donde regenta el nuevo Estudio General (facultad teológica privada).

Fresco de San Alberto Magno en Treviso (Italia)Fresco de San Alberto Magno en el Seminario de Treviso (Italia) 


¿Por qué destacó Alberto Magno?

  Desempeñó una gran labor de escritor: su ingente obra abarcaba todas las áreas del conocimiento hasta entonces cultivadas. San Alberto destacó como filósofo y teólogo, con la novedad de inspirarse no sólo en autores cristianos, sino también musulmanes y paganos; pero aún más en su faceta de naturalista (estudioso de la naturaleza), sobre todo por el método de la observación y experimentación, que aplicó incluso al mismo Aristóteles. Tampoco debemos olvidar sus sublimes escritos místicos.


  Tras ser elegido provincial de Alemania en 1254, el pontífice Alejandro IV llegó a nombrarlo obispo de Ratisbona, lo cual no fue del todo de su agrado. Sin embargo, terminó cosechando un éxito pastoral brillante.


¿Cuándo murió?

  San Alberto Magno muere el 15 de noviembre de 1280. Su cuerpo descansa en el sepulcro de la iglesia de San Andrés de Colonia. Gregorio XV lo beatificó en 1622, en 1931 Pío XI lo canonizó y lo declaró doctor de la Iglesia, y finalmente Pío XII lo nombró patrono de los que cultivan las ciencias naturales.


¿Qué cualidades se le atribuyen?

Maestro y Doctor Universal: Fue dedicado a la enseñanza y se destacó como maestro universal, enseñando en diversas ciudades de Europa y dejando un legado en la educación.

Escritor fecundo y polifacético: San Alberto Magno desplegó una extensa labor como escritor, abordando desde la mineralogía hasta cuestiones místicas, y sus obras completas abarcan 40 volúmenes.

Defensor de la razón: Reivindicó la autoridad de la razón humana en el ámbito de las realidades mundanas, siendo considerado por algunos como uno de los fundadores de la filosofía moderna.

Naturalista: Realizó importantes contribuciones en el ámbito científico, destacándose en diversas ciencias naturales y promoviendo la observación y experimentación como método.

Pacificador: Demostró cualidades de gobierno al ser elegido provincial de la extensa provincia de Alemania y posteriormente obispo de Ratisbona. Como obispo contribuyó a la reconciliación y paz entre nobles, desempeñando un papel importante en situaciones conflictivas.

¿Qué nos aporta san Alberto Magno?

  San Alberto Magno es válido para todo tiempo y lugar. En él tenemos un modelo de científico creyente: no concebía conflicto alguno entre ciencia y religión. En general, todos los elementos de su vida nos muestran esta eterna novedad: aunaba en su persona al teólogo y al místico (teoría y experiencia de Dios), al obispo y al fraile (gobierno y vida comunitaria), al sabio y al santo (sabiduría y humildad). San Alberto, sin ninguna duda, aparece ante nosotros como una figura verdaderamente universal.

Jueves de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (7-20):

Me alegró y animó mucho tu caridad, hermano, porque tú has aliviado los sufrimientos de los santos. Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para mandarte lo que conviene hacer, prefiero rogártelo apelando a tu caridad, yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús. Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad. Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Si en algo te ha perjudicado y te debe algo, ponlo en mi cuenta; yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño y letra, para no hablar de que tú me debes tu propia persona. Por Dios, hermano, a ver si me das esta satisfacción en el Señor; alivia mi ansiedad, por amor a Cristo.

Palabra de Dios

Salmo 145,R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

 Santo Evangelio según san Lucas (17,20-25):

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: «El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»

Dijo a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»

Palabra del Señor

Compartimos:

El “ama y haz lo que quieras” de san Agustín podría ser interpretado como carta blanca para hacer lo que a uno le da la gana.  Pero mirando un poco mejor, parece que no hay nada más lejos de la realidad. Hacer lo que se quiere desde el amor trata siempre de poner al otro por delante, de entregarse a la persona amada, de sacrificarse por ella, de evitar todo lo que pueda molestarle. Nunca hace lo que da la gana por comodidad o gusto propio, sino lo que indica el amor.


Buscamos el reino de Dios y a veces parece que hasta lo encontramos. Pero, ¿en qué consiste un reino? Un reino es un lugar donde hay un reinante; un reinante que marca sus reglas, que determina la vida de sus súbditos. En el caso del reino de Dios, hay una regla única, que es el amor. Pero luego vienen las características de tal reino de amor: vida, verdad, justicia, paz, gracia, amor. Dejar que Dios reine, precisa, entonces, una serie de acciones difíciles y totalmente contrarias a “hacer lo que a uno le da la gana”. Porque hacer la paz puede querer decir entregar algo propio, dejar atrás la competitividad, a la agresión, al deseo de control. Hacer la justicia puede querer decir renunciar a algún privilegio para que otros puedan llegar a la medida de su necesidad y dignidad. Defender la verdad puede significar acarrearse el desprecio o la persecución de otros. Amar es bastante sacrificado. Nada que ver con hacer lo que a uno le da la gana.


No hace falta buscar aquí o allá, aunque a veces, en las acciones de verdad, justicia y paz de otros nos encontramos con el reino. Porque dice Jesús que el reino está entre nosotros. Las semillas de verdad, de justicia, de paz sí están en personas que aman y hacen el bien. Pero antes de que el reino “reine” plenamente, como Jesús “antes tendremos que padecer mucho”.