Este blog quiere transmitir el don de la gracia, el regalo que Dios me ha concedido en mi vocación de Orante-contemplativa en la Iglesia y en el mundo, de manera que puedo decir con San Pablo: Sierva de Cristo Jesús, enviada por vocación, escogida para el Evangelio de Dios (…) por quien recibimos la gracia (cf. Rm 1,1.5). La vida contemplativa nos capacita para estar en el corazón de las cosas, en las raíces profundas del ser humano.
miércoles, 17 de julio de 2024
500 años del Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad de Palencia
Miércoles de la XV Semana del Tiempo Ordinario
Primera Lectura
Lectura del libro de Isaías (10,5-7.13-16):
Así dice el Señor: «¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrarle a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Él decía: «Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.» ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.»
Palabra de Dios
Salmo 93 R/. El Señor no rechaza a su pueblo
Santo Evangelio según san Mateo (11,25-27):
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
Palabra del Señor
Compartimos:
A esta explosión de alegría y acción de gracias la han llamado algunos “el magníficat de Jesús”, que seguramente en su infancia fue testigo de similares cánticos de alegría por parte de su Madre. Jesús contrapone aquí la humildad (la gente sencilla) a la soberbia (los sabios y entendidos, los que se tienen por tales).
La soberbia fija la mirada sobre uno mismo y le hace pensar que no le debe nada a nadie, que todo lo que tiene es por mérito propio. Esta forma de autoafirmarse comporta una ceguera voluntaria, que no quiere ver lo mucho que debemos a otros, y que se cierra a horizontes más amplios y abiertos. La primera lectura ofrece un buen ejemplo de esa actitud soberbia, cuando el pueblo de Asur, que ha sido un mero instrumento de la providencia divina, se atribuye a sí mismo una fuerza que procede de Dios, y que Asur ha utilizado de manera indebida.
El que adopta la actitud de la humildad no es que se denigre a sí mismo, sino que, aun reconociendo el propio valor, sabe agradecer lo que le debe a otros, sabe reconocer sus límites y, por tanto, es capaz de ver y de ir más allá de ellos. La humildad conlleva una actitud abierta, y los humildes están, en consecuencia, capacitados para abrirse a una sabiduría superior, la que procede del Señor de cielo y tierra. Jesús, al hacerse hombre, se ha puesto del lado de los humildes de la tierra, y se ha convertido para ellos en la fuente de la sabiduría de la vida, que es la sabiduría evangélica, la sabiduría del amor.
lunes, 15 de julio de 2024
Martes 15 del tiempo ordinario, Virgen del Carmen
1ª Lectura (Is 7,1-9):
Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla. Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín». Y se agitó su corazón y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento.
Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, y le dirás: ‘¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina diciendo: Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel’. Así dice el Señor: ‘No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. Si no creéis, no subsistiréis’».
Palabra de Dios
Salmo responsorial: 47 R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre.
Versículo antes del Evangelio (Sal 94,8): Aleluya. Hoy no queráis endurecer vuestros corazones, sino oíd la voz del Señor. Aleluya.
Santo Evangelio (Mt 11,20-24):
En aquel tiempo, Jesús se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti».
Palabra de Dios
Compartimos:
Hoy, Cristo reprende a dos ciudades de Galilea, Corozaín y Betsaida, por su incredulidad: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, (...) se habrían convertido» (Mt 11,21). Jesús mismo da testimonio en favor de las ciudades fenicias, Tiro y Sidón: éstas hubieran hecho penitencia, con gran humildad, de haber experimentado las maravillas del poder divino.
Nadie es feliz recibiendo una buena reprimenda. En efecto, tiene que ser especialmente doloroso ser reprendido por Cristo, Él que nos ama con un corazón infinitamente misericordioso. Simplemente, no hay excusa, no hay inmunidad cuando uno es reprendido por la mismísima Verdad. Recibamos, pues, con humildad y responsabilidad cada día la llamada de Dios a la conversión.
También notamos que Cristo no se anda con rodeos. Él situó a su audiencia frente a frente ante la verdad. Debemos examinarnos sobre cómo hablamos de Cristo a los demás. A menudo, también nosotros tenemos que luchar contra nuestros respetos humanos para poner a nuestros amigos frente a las verdades eternas, tales como la muerte y el juicio. El Papa Francisco, conscientemente, describió a san Pablo como un “alborotador”: «El Señor siempre quiere que vayamos más lejos... Que no nos refugiemos en una vida tranquila ni en las estructuras caducas (…). Y Pablo, molestaba predicando al Señor. Pero él iba hacia adelante, porque tenía dentro de sí aquella actitud cristiana que es el celo apostólico. No era un “hombre de compromiso”». ¡No rehuyamos nuestro deber de caridad!
Quizá, como yo, encontrarás iluminadoras estas palabras de san Josemaría Escrivá: «(…) Se trata de hablar en sabio, en cristiano, pero de modo asequible a todos». No podemos dormirnos en los laureles —acomodarnos— para ser entendidos por muchos, sino que debemos pedir la gracia de ser humildes instrumentos del Espíritu Santo, con el fin de situar de lleno a cada hombre y a cada mujer ante la Verdad divina.
lunes de la XV Semana del Tiempo Ordinario
Primera Lectura
Lectura del libro de Isaías (1,10-17):
Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.»
Palabra de Dios
Salmo 49 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Santo Evangelio según san Mateo (10,34–11,1):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Palabra del Señor
Compartimos:
En realidad, Jesús nos apremia a tomar una decisión radical y sin compromisos. Y una decisión así puede provocar conflictos y rechazos, incluso entre los más cercanos. Aun así, viene a decirnos, no debemos temer ni echarnos atrás.
La decisión, claro está, concierne a su propia persona: se trata de elegirlo a él como criterio, guía y sentido de nuestra vida. Y si ello implica entrar en conflicto con el padre o la madre, o los hermanos, o los cónyuges… debemos estar dispuestos a ello. Incluso si esa elección entra en conflicto con la propia vida, que puede ser objeto de persecución a causa de la fe. También en este caso debemos mantenernos firmes.
Y no porque Cristo y su seguimiento sean incompatibles con nuestra vida y con estas relaciones familiares, tan íntimas y esenciales, sino porque éstas y aquélla están afectadas por el pecado y necesitan ser purificadas y salvadas, y sólo Cristo puede hacerlo. Por eso, la elección de Cristo no es “contra” aquellos con los que podríamos entrar en conflicto, sino precisamente a favor de ellos: eligiendo a Cristo aprendemos a amarlos con un amor más puro y perfecto, del mismo modo que estar dispuesto a perder la vida por Cristo y por amor de los hermanos, significa encontrarla en plenitud.
Además, como nos dice Jesús continuando con su enseñanza, el amor de Dios que elegimos al decidirnos por él, no se deja vencer en generosidad. Es un amor abierto y difusivo y aquellos que han hecho esa elección se convierten en heraldos del mismo, de la gracia y la salvación, de modo que los mínimos gestos en favor de Cristo, en la persona de sus discípulos, no queda sin recompensa. La gracia de Dios es contagiosa en extremo, y el mínimo contacto con ella tiene consecuencias positivas. Esto debería llevarnos al testimonio de fe y a las obras del amor sin reticencias, porque, según las palabras de Jesús, con ello mismo ya estamos difundiendo la salvación.
Sólo haciendo esta elección de Cristo sin compromisos, que nos lava y nos purifica, podremos ofrecer a Dios sacrificios que no sean el mero ritualismo huero que critica el profeta Isaías.
Jesús nos exhorta hoy a la radicalidad, a la valentía, a la fortaleza en el seguimiento, pero también a la generosidad de un corazón agradecido, que trata de compartir con todos, cercanos y lejanos, el amor que Dios ha derramado con abundancia y sin límites sobre nosotros en su Hijo Jesucristo.
domingo, 14 de julio de 2024
ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO
Plaza de San Pedro
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Hoy el Evangelio nos habla de Jesús que envía a sus discípulos a la misión (cf. Mc 6,7-13). Los envía “de dos en dos” y recomienda una cosa importante: que lleven con ellos solo lo necesario.
Detengámonos un momento en esta imagen: los discípulos son enviados juntos y deben llevar con ellos solo lo necesario.
El Evangelio no se anuncia solos, no: se anuncia juntos, como una comunidad, y para hacer esto es importante saber custodiar la sobriedad: saber ser sobrios en el uso de las cosas, compartiendo los recursos, las capacidades y los dones, y prescindiendo de lo superfluo. ¿Para qué? Para ser libres: lo superfluo te convierte en esclavo. Y también para que todos tengan lo necesario para vivir de manera digna y para contribuir activamente a la misión; y también ser sobrios en los pensamientos, ser sobrios en los sentimientos, abandonando los prejuicios, abandonando las rigideces que, como un equipaje inútil lastran y entorpecen el camino, favoreciendo, en cambio, la confrontación y la escucha, para hacer así más eficaz el propio testimonio.
Pensemos, por ejemplo, lo que sucede en nuestras familias o en nuestras comunidades, cuando nos conformamos con lo necesario, incluso con poco, con la ayuda de Dios, somos capaces de avanzar y de llevarnos bien, compartiendo lo que hay, renunciando todos a algo y apoyándonos mutuamente (cf. Hch 4,32-35). Y esto es ya un anuncio misionero, antes e incluso más que las palabras, porque encarna la belleza del mensaje de Jesús en la concreción de la vida. Una familia o una comunidad que viven de esta forma, de hecho, crean a su alrededor un ambiente rico de amor, en el que es más fácil abrirse a la fe y a la novedad del Evangelio y del que sale mejor, se sale más serenos.
Si, por el contrario, cada uno va por su cuenta, si lo que cuentan son solo las cosas – que nunca son suficientes –, si no nos escuchamos, si prevalecen el individualismo y la envidia – la envidia es una cosa mortal, ¡un veneno! – el aire se vuelve pesado, la vida, difícil y los encuentros se convierten más en una ocasión de inquietud, de tristeza y de desaliento que en una ocasión de alegría (cf. Mt 19,22).
Queridos hermanos y hermanas, comunión y sobriedad son valores importantes para nuestra vida cristiana: comunión, armonía entre nosotros y sobriedad son valores importantes, valores indispensables para una Iglesia que sea verdaderamente misionera, a todos los niveles.
Podemos preguntarnos, entonces: ¿Yo siento el gusto de anunciar el Evangelio, de llevar, allí donde vivo, la alegría y la luz que proceden del encuentro con el Señor? Y para hacerlo, ¿me esfuerzo por caminar junto a los demás, compartiendo con ellos ideas y capacidades, con la mente abierta, con el corazón generoso? Y finalmente: ¿Sé cultivar un estilo de vida sobrio, un estilo de vida atento a las necesidades de los hermanos? Son preguntas que nos vendrá bien hacernos.
Que María, Reina de los Apóstoles, nos ayude a ser verdaderos discípulos misioneros, en la comunión y en la sobriedad de vida. En la comunión, en la armonía entre nosotros y en la sobriedad de vida.
Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo a vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países, en particular saludo a los participantes del Congreso Internacional de los laicos de la Orden de San Agustín; saludo a las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazareth, que celebran su Capítulo General; saludo a los jóvenes de la parroquia de Luson (Alto Adigio), que han recorrido la vía Francigena; al Consejo de los Jóvenes del Mediterráneo, que se inspiran en el mensaje del Venerable Giorgio La Pira; a los jóvenes participantes en el Curso internacional para formadores del Regnum Christi.
Envío mi saludo a los fieles polacos reunidos en el Santuario de la Virgen Negra de Częstochowa, con ocasión del peregrinaje anual de la familia de Radio María.
En el Domingo del Mar recemos por quienes trabajan en el sector marítimo y por quienes cuidan de ellos.
Que la Madre de Dios, que pasado mañana celebraremos como Beata Virgen del Monte Carmelo, conceda consuelo y obtenga la paz para todas las poblaciones que están oprimidas por el horror de la guerra. Por favor, no olvidemos a la martirizada Ucrania, a Palestina, Israel, Myanmar.
Saludo a los muchachos de la Inmaculada.
Os deseo a todos un feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.
Virgen del Carmen, estrella del mar
La Virgen del Carmen es una de las advocaciones marianas más populares. Considerada reina y patrona de Chile, su patronazgo se extiende a muchas instituciones españolas y americanas. La devoción al escapulario del Carmen está muy extendida. La denominación procede de su veneración en el monte Carmelo, en Tierra Santa. Es llamada Estrella del Mar y es patrona de los marineros. No hay que olvidar que los marineros, durante siglos, han utilizado a las estrellas para guiarse en medio del mar. La relación entre la Virgen del Carmen y la estrella del mar se remonta a una tradición según la que unos ermitaños carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo, en el siglo XIII, para protegerse de la invasión de los musulmanes. Cuando estaban cantando el “Salve Regina”, la Virgen María se les apareció y les prometió ser su Estrella del Mar.
El Papa, en la bula de convocación para el jubileo del año 2025, que ha puesto bajo el signo de la esperanza, afirma que “la esperanza encuentra en la Madre de Dios su testimonio más alto”. Añade Francisco: “No es casual que la piedad popular siga invocando a la Santísima Virgen como Stella maris, un título expresivo de la esperanza cierta de que, en los borrascosos acontecimientos de la vida, la Madre de Dios viene en nuestro auxilio, nos sostiene y nos invita a confiar y a seguir esperando”. Por su parte, Benedicto XVI ofrece, en las últimas páginas de su encíclica dedicada a la esperanza, una preciosa reflexión sobre “María, estrella de la esperanza” que, en cierto modo, podrían servir también para honrar a la Virgen del Carmen. Benedicto XVI ve una estrecha relación entre la esperanza y el saludar a María como estrella del mar (“Ave maris stella”).
“La vida humana es un camino”, dice el Papa. Y se pregunta: “¿hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo?”. Respuesta: “La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que son su “si” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo?; ¿Ella que se convirtió en el arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf Jn 1,14)?”
La fotografía que acompaña el artículo es de la parroquia de la Virgen del Carmen de Porto Cristo (Mallorca). Bajando las escalinatas de la Iglesia se llega directamente al mar. Desde el altar de la Iglesia, presidido por una preciosa imagen de la Virgen del Carmen, el celebrante puede ver el mar.
sábado, 13 de julio de 2024
XV Domingo del Tiempo Ordinario
Primera Lectura
Lectura de la profecía de Amós (7,12-15):
En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»
Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.»»
Palabra de Dios
Salmo 84 R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-14):
Bendito sea Dios, Padre nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios
Santo Evangelio según san Marcos (6,7-13):
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Palabra del Señor
Compartimos:
También en verano la Liturgia nos sigue iluminando. Porque es un tiempo para el descanso físico, sin descuidar el desarrollo espiritual. Por eso las iglesias no cierran. Y seguimos caminando con Jesús, para seguirle, como los Apóstoles. Aunque estemos en verano, conviene recordar varias cosas relativas a nuestra vida cristiana y a nuestro seguimiento de Jesús. De envío va el mensaje hoy. Y, que no se nos olvide, la Palabra siempre se refiere a nuestra vida.
El ambiente en los tiempos del profeta Amós no era especialmente agradable. En este libro profético, vemos un cuadro bastante pesimista de la situación de Israel. Bajo la apariencia de piedad, la realidad es que el pueblo se ha alejado de Dios. El Señor ha estado enviando avisos, y ¡no habéis vuelto a mí!, oráculo de Yahveh.” (Am 4,11)
El pobre Amós no era profeta. Era un cultivador de higos, al que le llega la llamada en medio de sus actividades. Y ya vimos la semana pasada que su tarea no fue fácil, porque le hicieron poco caso. Pero no dejó de ser señal, de recordar que Dios nunca abandona a sus fieles, aunque éstos lo abandonen a Él.
También hoy el ambiente es poco propicio. No “está de moda” hablar de Dios, confesar la fe e incluso llevar distintivos religiosos. Y, también hoy, hay muchos “profetas”, gente sencilla, que sigue diciendo lo que está bien y lo que está mal, y llevando el anuncio del Reino por todo el mundo.
Pablo lo recuerda, de otra manera: “Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos”. Es la Carta a los Efesios, que nos acompañará durante casi dos meses. Somos hijos de Dios, y Él está siempre de nuestro lado. Ese es el gran proyecto de Dios para la familia humana: que seamos la gran familia de los hijos de Dios; que actuemos entre nosotros como hermanos, no como extraños. El que nos ha llamado es fiel, y no nos defraudará.
Para nosotros, es importante recordar esto, porque también a nosotros nos ha elegido Jesús, de manera especial. A cada uno nos trata de forma particularísima y especialísima, sabe lo que pasa por nuestra cabeza y nuestro corazón, y también entiende como somos. Por eso nos llama, nos elige y nos da una tarea, Hay toda una vida por delante, para desarrollarla y alcanzar la felicidad.
Cuando descubrimos lo que Dios quiere de nosotros, viene la segunda parte cumplir con ello. Cristo nos envía, para que llevemos a cabo su voluntad. No estamos donde estampo por pura casualidad. La casualidad es el paso de Dios por nuestra vida. Pensar en el hecho de que el mismo Jesús nos quiere ahí, para hacer lo que hacemos, permite ver todo de otra manera. Nuestra misión no es cosa nuestra, es cosa de Dios. “Hágase en mí según Tu Palabra”, como lema de vida.
Somos elegidos por Dios y somos enviados por Él, como lo fue Jesús. Somos otro Jesús en medio de nuestro mundo. Estamos llamados a anunciar su Buena Noticia con nuestra manera de vivir. Seguramente encontraremos dificultades, rechazos. Quizá tendremos que decir cosas que no caigan bien, denunciar actitudes, injusticias. Quizá nos pase como al profeta Amós y nos digan: “vete a tu casa a predicar allí y métete en tus asuntos”. Amós, que era pastor de ovejas, contestó: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. Y eso es lo que hizo. Y eso es lo que tendremos que hacer también nosotros.
Los discípulos de Jesús salieron a la misión con poco equipaje. No se trata de impresionar con los medios utilizados, o con la fuerza o el poder de las personas que anuncian, sino con el mensaje que intentan transmitir: el Reino de Dios ya está entre nosotros, y los discípulos, testigos de su crecimiento, actuarán con los poderes del mismo Cristo. Como hizo el Bautista, apelan a la conciencia de cada uno, para que todos se conviertan, renuncien a lo que les separa de Dios, y abran los ojos a su Luz. Ese anuncio se hace por medio de personas débiles, como lo somos nosotros, pero respaldadas por la llamada divina.
Es una tarea dura, porque se trata de “proponer”, no de “imponer”. Cada uno es cada uno, y muchos renuncian a la posibilidad de cambiar. Decía la canción: “déjame en paz, que no me quiero salvar, que en el infierno no estoy tan mal”. Muchos siguen pensando así. Pero a nosotros nos corresponde anunciarles el mensaje, para que, por lo menos, tengan la ocasión de cambiar.
Cada vez que rezamos el “Padrenuestro”, cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos recordando que somos todos hermanos. El mismo Dios nos prepara la mesa, comparte su Palabra y nos regala los dones que le presentamos. Y, al final (“Ite, Missa est”) nos envía a ser testigos. Que no se nos olvide nunca que somos cristianos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. No sólo durante el tiempo que dure la Eucaristía. Incluso en verano.
Todos debemos continuar dejando signos, señales del Reino de Dios. No a todos se les ha dado el poder de expulsar demonios y curar enfermos, pero todos podemos ayudar a los que tenemos cerca a superar sus miedos, a librarse de supersticiones y falsas imágenes de Dios, a vivir su fe de modo más libre. Y todos podemos servir a los enfermos, acompañarlos, escucharlos y llevarlos un poco de consuelo. Así seremos testigos, servidores de la vida. Para que el mundo a nuestro alrededor sea un poco mejor.
Anunciamos al Dios de la vida, al Dios del amor, que ama la vida y no odia nada de lo que ha creado, como nos recuerda el viejo libro de la Sabiduría. Lo hemos de anunciar con nuestras palabras; lo hemos de anunciar sobre todo con nuestra forma de vivir.


