miércoles, 19 de junio de 2024

Miércoles de la XI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (2,1.6-14):

Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Elíseo se marcharon de Guilgal.

Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Elíseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán.»

Eliseo respondió: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.»

Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y así pasaron ambos a pie enjuto.

Mientras pasaban el río, dijo Elías a Elíseo: «Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado.»

Eliseo pidió: «Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu.»

Elías comentó: «¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás.»

Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino.

Eliseo lo miraba y gritaba: «¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel! »

Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: «¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?»

Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.

Palabra de Dios

Salmo 30,R/. Sed fuertes y valientes de corazón,los que esperáis en el Señor

Santo Evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor

Compartimos:

El evangelio de hoy comienza diciendo: “Cuidad de no practicar”. Jesús nos da una llamada de atención para que comprendamos bien la enseñanza que nos va a hacer. Se trata de la auténtica manera de vivir la fe y para ello parte de la observación del comportamiento de sus compatriotas, quienes tenían una forma muy peculiar de relacionarse con Dios.


La limosna, la oración y el ayuno eran tres obras de piedad de los judíos que las cumplían escrupulosamente. Pero las hacían para ser vistos por los demás y así ganar prestigio entre la gente. Podríamos decir que eran medios de autopromoción personal ante Dios y la comunidad.


Jesús invita a sus discípulos a hacer el bien no para ser vistos, alabados, aplaudidos y condecorados por los demás, sino por Dios, que es el que nos juzga y recompensa. En nuestra relación con Dios hay dos formas de piedad: la auténtica (nos movemos por el amor y la entrega a Dios como razones profundas de nuestra piedad) y la falsa (obramos por hipocresía y usando la máscara de la apariencia). En la primera es un acto de agradecimiento a Dios de quien lo recibimos todo gratuitamente y siempre; en la segunda nos buscamos a nosotros mismos fomentando nuestro ego y sus apetencias.


Somos conscientes de que cuando hacemos algo bueno nace casi instintivamente en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esa buena acción  para tener una satisfacción personal. Por eso Jesús nos invita a hacer las cosas sin ninguna ostentación y confiar únicamente en la recompensa del Padre “que ve en los secreto”.


Jesús nos propone el camino del obrar siempre con gratuidad y del servicio escondido y humilde, convencidos de que la mejor recompensa no es el triunfo y el reconocimiento humano,  sino que la recompensa es la alegría interior, la paz de la conciencia y la satisfacción del obrar correcto. Ciertamente es un camino, pues no se pasa fácilmente de la satisfacción del ego a la alegría interior y al hacer las cosas solo para la gloria de Dios y el bien de su Reino.


La piedad, que es la relación filial con el Padre Dios, tiene que ser auténtica y verdadera; tiene que nacer de un corazón noble y bueno que ha descubierto que ser hijo de Dios es la mayor grandeza y dignidad y que vivir como hijo es dar toda la gloria, honor y alabanza al Padre de quien todo procede. De ahí la insistencia de Jesús en que descubramos que Dios es Padre y que nosotros somos sus hijos amados y elegidos. Este descubrimiento nos hará libres y auténticos, sinceros y transparentes, agradecidos y espontáneos en nuestra relación con Dios Padre. Jesús lo expresa así: “vivir en la verdad”. No podemos usar las cosas de Dios para nuestra satisfacción egoísta y mundana.


Una vez más la invitación de Jesús “cuidad de no practicar” es una llamada al corazón para mirar cuáles son los móviles en nuestro comportamiento como cristianos y ver si nos dejamos seducir por los criterios del mundo (“la mundanidad” de que nos habla el Papa Francisco). La tentación es muy sutil y engañosa.

martes, 18 de junio de 2024

Martes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (21,17-29):

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la vivía de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: «Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’ Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»

Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»

Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. También ha hablado el Señor contra Jezabel: «Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.» A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»

Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Sefior reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas. En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.

El Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»

Palabra de Dios

Salmo 50,R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Evangelio según san Mateo (5,43-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús nos propone hoy algo muy difícil, pero no imposible de conseguir: el amor cristiano debe llegar hasta el perdón a los enemigos como Jesús lo hizo en la Cruz. Todos los días lo decimos en el Padrenuestro “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Son enemigos quienes nos ponen dificultades, nos ponen a prueba, aquellos que no nos quieren, aquellos a quienes no les caemos bien, aquellos que no hablan tal como nosotros lo hacemos, y tanto la gente de dentro como de fuera de nuestra familia y amigos. Incluso Jesús nos pide que recemos por nuestros enemigos, por aquellos que nos quieren destruir, para que Dios los bendiga. Esta es la “lógica difícil” de Jesús que perdonó no solo a los que le mataban “perdónalos, Padre, no saben lo que hacen”, sino que también pidió perdón por ellos.


La verdadera media de nuestro compromiso y nuestra fe se revela en nuestra capacidad para amar a aquellos que se oponen a nosotros, a aquellos que nos desafían. Este amor incondicional no es un sentimiento pasajero, sino una decisión consciente de buscar el bien, incluso cuando enfrentamos hostilidades o indiferencia, pues el verdadero amor no pide nada a cambio, el verdadero amor se da aunque sea pisoteado. Ya decimos que el amor nos asemeja a Dios que ama sin distinciones ni preferencias. Dos llaves abren el corazón de Dios: el amor y el perdón; dos llaves abren el corazón del hombre: el amor y el perdón.


Los cristianos estamos llamados a ser “puentes” de reconciliación y paz, y “fuente” de amor incondicional en la vida diaria con la bondad y la comprensión hacia aquellos con quienes podemos tener diferencias en el trabajo, la familia, la comunidad. Al vivir así nos acercamos más a la perfección a la que estamos llamados, pues reflejamos la bondad y misericordia que se nos ha manifestado a nosotros mismos.


Esta enseñanza de Jesús es revolucionaria y  contracultural, puesto que nos invita a mirar más allá de nuestras propias limitaciones y prejuicios para vivir un amor que no conoce fronteras.


¿Podemos llegar a amar a nuestros enemigos? ¿Cómo? Te indico un camino que tiene esos pasos.


–llénate del Espíritu Santo, de su amor, que es de Dios. El amor es un don de Dios que hay que pedir;


-perdona: si no perdonas nunca madurarás como creyente, pues hay que morir para vivir;


–controla tus pensamientos, para que no te vuelvan a contaminar y caigas en la amargura y retrocedas en tu camino;


–compadécete: la compasión hacia quien te ofendió, porque no sabe lo que hizo;


–bendice a quien te maldiga: “bendecid, sí, no maldigáis”, es decir sé amable y amigable;


–ora por tus enemigos y adversarios: “haz el bien a los que te aborrecen”.


Son pautas para hacer un buen camino hacia la plena reconciliación y paz interior.

lunes, 17 de junio de 2024

Lunes de la XI Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (21,1-16):

Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña pegando al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Ajab le propuso: «Dame la viña para hacerme yo una huerta, porque está al lado, pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pago en dinero.»

Nabot respondió: «¡Dios me libre de cederte la heredad de mis padres!»

Ajab marchó a casa malhumorado y enfurecido por la respuesta de Nabot, el de Yezrael, aquello de: «No te cederé la heredad de mis padres.»

Se tumbó en la cama, volvió la cara y no quiso probar alimento.

Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: «¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar alimento?»

Él contestó: «Es que hablé a Nabot, el de Yezrael, y le propuse: «Véndeme la viña o, si prefieres, te la cambio por otra.» Y me dice: «No te doy mi viña.»»

Entonces Jezabel dijo: «¿Y eres tú el que manda en Israel? ¡Arriba! A comer, que te sentará bien. ¡Yo te daré la viña de Nabot, el de Yezrael!»

Escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y notables de la ciudad, paisanos de Nabot. Las cartas decían: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot en primera fila. Sentad en frente a dos canallas que declaren contra él: «Has maldecido a Dios y al rey.» Lo sacáis afuera y lo apedreáis hasta que muera.»

Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron tal como les decía Jezabel, según estaba escrito en las cartas que habían recibido.

Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en primera fila; llegaron dos canallas, se le sentaron enfrente y testificaron contra Nabot públicamente: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey.»

Lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió.

Entonces informaron a Jezabel: «Nabot ha muerto apedreado.»

En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: «Hala, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto.»

En cuanto oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael.

Palabra de Dios

Salmo 5,R/. Atiende a mis gemidos, Señor

Santo Evangelio según san Mateo (5,38-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Palabra del Señor

Compartimos:

En estos capítulos del evangelio de San Mateo (5-7) Jesús nos propone una nueva forma de vida, una manera distinta de vivir el amor que nos pide perdonar y olvidar. Ya no sirve el devolver en justicia, sino que Jesús nos pide el perdón total que excluye la venganza y el rencor, el odio y la violencia. Es el amor cristiano que se manifiesta de forma especial en la misericordia, como la expresión sublime de la santidad a la que Dios nos llama: “sed santos como yo soy santo”.


Jesús cambió las cosas y puso el perdón en el centro de la vida cristiana. Jesús enseña a sus discípulos a no devolver mal por mal, sino a responder al mal con la bondad, que se alejen de la mentalidad del “ojo por ojo, diente por diente” y superen el mal con el bien. Es fácil decir esto pero hacerlo… aunque ciertamente no es imposible.


Jesús pide a sus seguidores, a sus discípulos, que deben morir al yo en cada situación del día a día y en nuestras relaciones personales con los demás.  Morir al yo significa:


-morir a los deseos de venganza y autodefensa, y dejar a Dios que juzgue rectamente en toda situación, pues Él lo ve todo y por eso que no se afanen por vengarse y defenderse  a sí mismos, pues a su tiempo verán  lo que Dios hace.


-morir a la soberbia y al orgullo: la tentación de rebelarse  contra la autoridad divina y desobedecer a la Ley de Dios, al sentimiento de superioridad que lleva a menospreciar no solo a los demás, sino a actuar con soberbia menospreciando la autoridad divina.


-morir al egoísmo: sentimiento de poseer y no ceder por ningún motivo a lo que pienso que es mío (ejemplo la viña de Nabot que Ajab se apropia, 1ª lectura). Jesús nos enseña a prestar atención a las necesidades que podamos apoyar en un momento concreto dando generosamente según nuestras posibilidades.


El que sigue preocupado de sí mismo, de su imagen y reputación, de responder inmediatamente a ofensas y agravios, de estar siempre a la defensiva… no puede poner por obra estas enseñanzas de Jesús.  Para avanzar por este camino  hay que estar unido a Jesús y tener experiencia, muchas veces, de haber sido perdonado y limpiado de todos los pecados. Solo quien es perdonado, aprende a perdonar y a comprender los errores y debilidades de los demás.

domingo, 16 de junio de 2024

Devoción de la más antigua patrona de la villa de Madrid

 Un viaje a la devoción de la más antigua patrona de la villa de Madrid

Para celebrar los 500 años de custodia de la Virgen de Atocha, los dominicos organizan visitas guiadas al convento y a la basílica que muestran su lado más desconocido
«Esto no es una visita teatralizada; soy el prior del convento». Con simpatía, aludiendo a su hábito de dominico, comenzó el padre Iván Calvo la visita el pasado lunes a la basílica de Nuestra Señora de Atocha para el grupo de 20 personas que lograron plaza; afortunados ellos porque la lista de espera era de 100. La actividad se enmarca en las celebraciones del 500 aniversario de la presencia en la basílica de la orden de los dominicos. Algunos de los presentes —mujeres en su mayoría— no habían entrado nunca; otros, solo a rezar. Había quien conocía algo de la historia de la Virgen, pero nada comparado con la profusión de datos históricos y relatos espirituales que el prior va trasladando a lo largo de la hora y media larga que dura el recorrido por el recinto.

Todo comienza en la puerta, donde se conservan dos escudos en piedra, uno de los dominicos y otro con el oso y el madroño, emblema de los madrileños, únicos restos que quedan de la basílica del siglo XVII. Muchos han sido los avatares de este espacio desde que en la época de la ocupación musulmana Gracián Ramírez, principal de Madrid, empezará a construir una ermita en esta zona llena de atochas —planta humilde y sencilla— en honor a la Virgen María. El primer documento escrito en el que se alude a la Virgen de Atocha data del siglo XII, aunque una de las leyendas la sitúa en los comienzos del cristianismo: dicen que fue tallada por el mismísimo Nicodemo, policromada por san Lucas y traída a la península por los discípulos de san Pedro.

Sea como fuere, en 1523 los dominicos llegan a la primitiva ermita y fundan un convento con capacidad para más de 100 frailes y un hospital de peregrinos, lo que da idea de la extendidísima devoción que ya se le profesaba a la Virgen de Atocha, considerada la «primera y más antigua patrona de esta imperial villa de Madrid», dice el prior. La Casa Real se implica, se construye un gran templo y en 1602 los dominicos otorgan al rey de España (y así, hasta hoy), la propiedad del recinto para que lo tome bajo su protección. Felipe III y Felipe IV fueron los más devotos; se cuenta que este último tenía llaves de la iglesia y acudía casi a diario a ponerse a los pies de la Virgen.

En la visita se ve también la pila donde fue bautizado santo Domingo de Guzmán, que es la que se utiliza para cristianar a todos los hijos de reyes —incluidas la actual Princesa de Asturias y la infanta Sofía—, y el camarín de la Virgen. Aquí se conserva un manto bordado con las ropas que llevaba Isabel II cuando fue atacada por el cura Merino, que le intentó clavar un estilete en el abdomen. Resultó ilesa, lo que atribuyó a la intervención milagrosa de la Virgen de Atocha, y por eso le regaló lo que llevaba ese día, incluidas las joyas que lucía, topacios y diamantes del Brasil, con las que se hicieron corona y rostrillo para la Virgen y coronita para el Niño. Allí está el ramo de novia de la reina Letizia, porque es tradición que los reyes acudan el día de la boda a que la Virgen los bendiga y a presentar a sus niños cuando nacen. Concluye el recorrido en el camarín de la Virgen. «El valor que tiene es todo el bien que ha podido hacer a la gente que ha pasado ante ella», afirma el padre Iván. E invita a rezarle, «el que quiera», que esto es libre, aunque los dominicos ven aquí una oportunidad de acercarse a la fe.

Los grupos de junio ya están completos, pero visto el éxito de convocatoria las visitas se retomarán en septiembre. Ángeles, una participante, lo tiene claro: «Voy a volver».

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

 Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio de la liturgia nos habla del Reino de Dios a través de la imagen de la semilla (cf. Mc 4,26-34). Varias veces Jesús usa esta similitud (cf. Mt 13,1-23; Mc 4,1-20; Lc 8,4-15), y hoy lo hace invitándonos a reflexionar en particular sobre una actitud importante vinculada con la imagen de la semilla y la actitud es la espera confiada.

En efecto, en la siembra, por buena y abundante que sea la simiente que esparce el agricultor y por bien que prepare la tierra, las plantas no brotan inmediatamente: ¡hace falta tiempo y hace falta paciencia! Por ello, es necesario que después de sembrar este sepa esperar con confianza, para permitir a las semillas que se abran en el momento preciso y a los brotes que germinen en la tierra y crezcan, lo suficientemente fuertes como para asegurar, al final, una cosecha abundante (cf. vv. 28-29). Debajo de la tierra ya se está produciendo el milagro (cf. v. 27), hay un enorme desarrollo, pero es invisible, se necesita paciencia y, mientras tanto, es necesario seguir cuidando las tierras labrantías, regarlas y mantenerlas limpias, a pesar de que en la superficie parezca que no sucede nada.

También el Reino de Dios es así. El Señor deposita en nosotros las semillas de su Palabra y de su gracia, semillas buenas y abundantes, y después, sin dejar de acompañarnos, espera con paciencia. El Señor sigue cuidándonos, con la confianza de un Padre, pero nos da tiempo – el Señor es paciente –   para que las semillas se abran, crezcan y se desarrollen hasta dar fruto de buenas obras. Y esto porque quiere que en su campo no se pierda nada, que todo llegue a la plena maduración; quiere que todos nosotros podamos crecer como espigas cargadas de grano.

No solo. Haciendo así, el Señor nos da un ejemplo: nos enseña también a nosotros a sembrar con confianza el Evangelio allí donde estemos y después a esperar que la semilla plantada crezca y dé fruto en nosotros y en los demás, sin desanimarnos y sin dejar de apoyarnos y ayudarnos unos a otros, incluso allí donde, a pesar de los esfuerzos, nos parece que no se ven resultados inmediatos. A menudo, de hecho, también entre nosotros, más allá de las apariencias, el milagro está ya en marcha y a su debido tiempo dará frutos abundantes.

Por ello, podemos preguntarnos: ¿Yo dejo sembrar en mí la Palabra? ¿A su vez, siembro con confianza la Palabra de Dios en los ambientes en los que vivo? ¿Soy paciente a la hora de esperar, o me desanimo porque no veo inmediatamente los resultados? Y, ¿sé confiar todo serenamente al Señor, al tiempo que doy lo mejor de mí para anunciar el Evangelio?

Que la Virgen María, que acogió e hizo crecer en su interior la semilla de la Palabra, nos ayude a ser sembradores generosos y confiados del Evangelio.

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Cracovia fue beatificado Michele Rapacz, sacerdote y mártir, pastor según el corazón de Cristo, fiel y generoso testigo del Evangelio que experimentó tanto la persecución nazista como la soviética, y respondió con el ofrecimiento de su vida. ¡Un aplauso para el nuevo beato!

Continúan llegando noticias dolorosas de enfrentamientos y masacres que se han producido en la parte oriental de la República Democrática del Congo. Dirijo mi llamamiento a las Autoridades nacionales y a la Comunidad internacional, para que se haga todo lo posible para detener la violencia y por la salvaguardia de la vida de los civiles. Entre las víctimas, muchos son cristianos asesinados in odium fidei. Son mártires. Su sacrificio es una semilla que germina y da fruto y nos enseña a testimoniar el Evangelio con valentía y coherencia.

No dejemos de rezar por la paz en Ucrania, en Tierra Santa, en Sudán, Myanmar y en todos los lugares en los que se sufre por la guerra.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos. En particular, saludo a los fieles procedentes de Líbano, Egipto y España; a los estudiantes de la “London Oratory School”; a los de la diócesis de Opole en Polonia y a los de Budapest-Albertfalva; a los participantes del Fórum Europeo de los Laicos, sobre el tema “Fe, arte y sinodalidad”; y al grupo de madres de la comunidad católica congoleña de Roma. ¡Estas madres cantan bien! Me gustaría escucharos cantar otra vez.

Saludo a los fieles de Carini, Catania, Siracusa y Messina; a los muchachos de la Comunión y de la Confirmación de Mestrino, a los confirmandos de Castelsardo (Sassari), de Bolgare (Bérgamo) y de Camin (Padua); y finalmente, un pensamiento de gratitud para los donantes de sangre, que acaban de celebrar su Jornada nacional.

Os saludo a todos vosotros y deseo a todos un feliz domingo. por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

Domingo 11 (B) del tiempo ordinario

Primera Lectura

Lectura del Profeta Ezequiel (17,22-24):

Esto dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.»

Palabra de Dios

Salmo 91,R/. Es bueno darte gracias, Señor

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (5,6-10):

Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Marcos (4,26-34):

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»

Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»


Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy, Jesús nos ofrece dos imágenes de gran intensidad espiritual: la parábola del crecimiento de la semilla y la parábola del grano de mostaza. Son imágenes de la vida ordinaria que resultaban familiares a los hombres y mujeres que le escuchan, acostumbrados como estaban a sembrar, regar y cosechar. Jesús utiliza algo que les era conocido —la agricultura— para ilustrarles sobre algo que no les era tan conocido: el Reino de Dios.


Efectivamente, el Señor les revela algo de su reino espiritual. En la primera parábola les dice: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra» (Mc 4,26). E introduce la segunda diciendo: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios (…)? Es como un grano de mostaza» (Mc 4,30).


La mayor parte de nosotros tenemos ya poco en común con los hombres y mujeres del tiempo de Jesús y, sin embargo, estas parábolas siguen resonando en nuestras mentes modernas, porque detrás del sembrar la semilla, del regar y cosechar, intuimos lo que Jesús nos está diciendo: Dios ha injertado algo divino en nuestros corazones humanos.


¿Qué es el Reino de Dios? «Es Jesús mismo», nos recuerda Benedicto XVI. Y nuestra alma «es el lugar esencial donde se encuentra el Reino de Dios». ¡Dios quiere vivir y crecer en nuestro interior! Busquemos la sabiduría de Dios y obedezcamos sus insinuaciones interiores; si lo hacemos, entonces nuestra vida adquirirá una fuerza e intensidad difíciles de imaginar.


Si correspondemos pacientemente a su gracia, su vida divina crecerá en nuestra alma como la semilla crece en el campo, tal como el místico medieval Meister Eckhart expresó bellamente: «La semilla de Dios está en nosotros. Si el agricultor es inteligente y trabajador, crecerá para ser Dios, cuya semilla es; sus frutos serán de la naturaleza de Dios. La semilla de la pera se vuelve árbol de pera; la semilla de la nuez, árbol de nuez; la semilla de Dios se vuelve Dios».

sábado, 15 de junio de 2024

Sábado de la X Semana del Tiempo Ordinario.

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (19,19-21):

En aquellos días, Elías se marchó del monte y encontró a Elíseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.

Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: «Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.»

Elías le dijo: «Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?»

Elíseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios

Salmo 15,R/. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Santo Evangelio según san Mateo (5,33-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor.» Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir «sí» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Puede ocurrir, y de hecho ocurre que a veces nuestro sí no lo sea del todo. Que juguemos con cierta ambigüedad al afirmar algo o comprometernos. En su comentario a estas palabras del Señor, San Agustín previene: “tú que eres hombre y te engañas en muchas cosas, con frecuencia presentas a la verdad como testigo de tu falsedad”.


Lo que Jesús nos pide es que a nuestras falsedades y engaños, en muchas ocasiones autoengaños, no añadamos la ofensa de poner como testigo el santo nombre de Dios. El nos promete que conoceremos la verdad, que él mismo es la Verdad. Si “andamos en verdad” como pedía Santa Teresa a sus monjas, bastará con el sí y el no.


“No tomarás el nombre de Dios en vano”: en el Decálogo que Dios entregó a Moisés, este mandamiento es el segundo. Y lo cierto es que no se respeta, ni siquiera en ambientes de gente que cree. De gente, como nosotros que recita a diario “santificado sea tu nombre” en el Padrenuestro. Pero si el nombre, en el sentido bíblico es la verdad íntima de las cosas y sobre todo de las personas, tomar el nombre de Dios quiere decir asumir su realidad, entrar en una relación fuerte, en una relación estrecha con Él. El nombre del Señor es santo debe y guardarse en la memoria en un silencio de adoración amorosa. Sólo puede ser dicho para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo. Tomarlo en vano, frívolamente o lo que es peor, con la pretensión de utilizarlo para nuestros fines, incluso los que nos parecen buenos, es necedad y ofensa.


Si al empezar el día o a lo largo de él, hacemos la señal de la cruz y decimos “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” que sea con reverencia y amor, conscientes de lo que decimos y porqué lo decimos.