miércoles, 20 de octubre de 2021

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO

 

Aula Pablo VI

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En estos días estamos hablando de la libertad de la fe, escuchando la Carta a los Gálatas. Pero me ha venido a la mente lo que Jesús decía sobre la espontaneidad y la libertad de los niños, cuando este niño ha tenido la libertad de acercarse y moverse como si estuviera en su casa... Y Jesús nos dice: “También vosotros, si no hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos”. La valentía de acercarse al Señor, de estar abiertos al Señor, de no tener miedo del Señor: yo doy las gracias a este niño por la lección que nos ha dado a todos nosotros. Y que el Señor lo ayude en su limitación, en su crecimiento porque ha dado este testimonio que le ha venido del corazón. Los niños no tienen un traductor automático del corazón a la vida: el corazón va adelante.

El apóstol Pablo, con su Carta a los Gálatas, poco a poco nos introduce en la gran novedad de la fe, lentamente. Es realmente una gran novedad, porque no renueva solo algún aspecto de la vida, sino que nos lleva dentro de esa “vida nueva” que hemos recibido con el Bautismo. Allí se ha derramado sobre nosotros el don más grande, el de ser hijos de Dios. Renacidos en Cristo, hemos pasado de una religiosidad hecha de preceptos a la fe viva, que tiene su centro en la comunión con Dios y con los hermanos, es decir, en la caridad. Hemos pasado de la esclavitud del miedo y del pecado a la libertad de los hijos de Dios. Otra vez la palabra libertad.

Hoy trataremos de entender mejor cuál es para el apóstol el corazón de esta libertad. Pablo afirma que la libertad está lejos de ser «un pretexto para la carne» (Gal 5,13): la libertad no es un vivir libertino, según la carne o según el instinto, los deseos individuales y los propios impulsos egoístas; al contrario, la libertad de Jesús nos conduce a estar —escribe el apóstol— «al servicio los unos de los otros» (ibid.). ¿Pero esto es esclavitud? Pues sí, la libertad en Cristo tiene alguna “esclavitud”, alguna dimensión que nos lleva al servicio, a vivir para los otros. La verdadera libertad, en otras palabras, se expresa plenamente en la caridad. Una vez más nos encontramos delante de la paradoja del Evangelio: somos libres en el servir, no en el hacer lo que queremos. Somos libres en el servir, y ahí viene la libertad; nos encontramos plenamente en la medida en que nos donamos. Nos encontramos plenamente a nosotros en la medida en que nos donamos, tenemos la valentía de donarnos; poseemos la vida si la perdemos (cfr. Mc 8,35). Esto es Evangelio puro.

¿Pero cómo se explica esta paradoja? La respuesta del apóstol es tan sencilla como comprometedora: «mediante el amor» (Gal 5,13). No hay libertad sin amor. La libertad egoísta del hacer lo que quiero no es libertad, porque vuelve sobre sí misma, no es fecunda. Es el amor de Cristo que nos ha liberado y también es el amor que nos libera de la peor esclavitud, la del nuestro yo; por eso la libertad crece con el amor. Pero atención: no con el amor intimístico, con el amor de telenovela, no con la pasión que busca simplemente lo que nos apetece y nos gusta, sino con el amor que vemos en Cristo, la caridad: este es el amor verdaderamente libre y liberador. Es el amor que brilla en el servicio gratuito, modelado sobre el de Jesús, que lava los pies a sus discípulos y dice: «Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Jn 13,15). Servir los unos a los otros.

Para Pablo la libertad no es “hacer lo que me apetece y me gusta”. Este tipo de libertad, sin un fin y sin referencias, sería una libertad vacía, una libertad de circo: no funciona. Y de hecho deja el vacío dentro: cuántas veces, después de haber seguido solo el instinto, nos damos cuenta de quedar con un gran vacío dentro y haber usado mal el tesoro de nuestra libertad, la belleza de poder elegir el verdadero bien para nosotros y para los otros. Solo esta libertad es plena, concreta, y nos inserta en la vida real de cada día. La verdadera libertad nos libera siempre, sin embargo cuando buscamos esa libertad de “lo que me gusta y no me gusta”, al final permanecemos vacíos.

En otra carta, la primera a los Corintios, el apóstol responde a quien sostiene una idea equivocada de libertad. «Todo es lícito», dicen estos. «Mas no todo es conveniente», responde Pablo. «Todo es lícito», «mas no todo edifica», responde el apóstol. Y añade: «Que nadie procure su propio interés, sino el de los demás» (1 Cor 10,23-24). Esta es la regla para desenmascarar cualquier libertad egoísta. También a quien está tentado de reducir la libertad solo a los propios gustos, Pablo le pone delante de la exigencia del amor. La libertad guiada por el amor es la única que hace libres a los otros y a nosotros mismos, que sabe escuchar sin imponer, que sabe querer sin forzar, que edifica y no destruye, que no explota a los demás para su propia conveniencia y les hace el bien sin buscar su propio beneficio. En resumen, si la libertad no está al servicio —este es el test— si la libertad no está al servicio del bien corre el riesgo de ser estéril y no dar fruto. Sin embargo, la libertad animada por el amor conduce hacia los pobres, reconociendo en sus rostros el de Cristo. Por eso el servicio de los unos hacia los otros permite a Pablo, escribiendo a los Gálatas, subrayar algo de ninguna manera secundario. Así, hablando de la libertad que le dieron los otros apóstoles para evangelizar, subraya que le aconsejaron solo una cosa: acordarse de los pobres (cfr. Gal 2,10). Esto es interesante. Cuando después de esa lucha ideológica entre Pablo y los apóstoles se pusieron de acuerdo, los apóstoles le dijeron: “Sigue adelante, sigue adelante y no te olvides de los pobres”, es decir que tu libertad de predicador sea una libertad al servicio de los otros, no para ti mismo, para hacer lo que te gusta.

Sabemos sin embargo que una de las concepciones modernas más difundidas sobre la libertad es esta: “mi libertad termina donde empieza la tuya”. ¡Pero aquí falta la relación, el vínculo! Es una visión individualista. Sin embargo, quien ha recibido el don de la liberación obrada por Jesús no puede pensar que la libertad consiste en el estar lejos de los otros, sintiéndoles como molestia, no puede ver el ser humano encaramado en sí mismo, sino siempre incluido en una comunidad. La dimensión social es fundamental para los cristianos, y les consiente mirar al bien común y no al interés privado.

Sobre todo en este momento histórico, necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria, no individualista, de la libertad: la pandemia nos ha enseñado que necesitamos los unos de los otros, pero no basta con saberlo, es necesario elegirlo cada día concretamente, decidir sobre ese camino. Decimos y creemos que los otros no son un obstáculo a mi libertad, sino que son la posibilidad para realizarla plenamente. Porque nuestra libertad nace del amor de Dios y crece en la caridad.

Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Veo que allí están las Ministras de los Enfermos, las hijas de la Madre Torres Acosta. Estas monjitas se pasan las noches cuidando enfermos y duermen un rato de día. Son un ejemplo de lo que es servicio hasta el fin, con abnegación de sí mismas. Sigan por ese camino. Gracias por lo que hacen. Pidamos a Jesús —modelo de caridad y servidor de todos— que nos libere de nuestras esclavitudes y nos ayude a ser auténticamente libres, impulsándonos a amar con gestos concretos de misericordia y caridad. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Queridos hermanos y hermanas:

Seguimos profundizando en el concepto de libertad que san Pablo ofrece a los gálatas. La “vida nueva” en Cristo es una llamada a la libertad, pero, ¿cómo se expresa esa libertad? El Apóstol presenta dos ideas contrapuestas. Por un lado, una falsa concepción de la libertad, que considera que “todo es lícito”, que vive según el instinto, las pulsiones, los deseos egoístas, siguiendo los criterios del “me gusta” o “no me gusta”. Esa es una libertad vacía, y que nos deja vacíos por dentro.

Por el contrario, la verdadera libertad —la libertad en Cristo— no busca el propio interés, sino que está guiada por el amor y se expresa en el servicio a los demás. Somos verdaderamente libres cuando amamos y servimos gratuitamente a quienes nos rodean, de modo particular a los pobres. El amor nos hace libres, nos lleva a elegir y obrar el bien, nos mueve a servir. Por otra parte, no olvidemos que la caridad tiene también una dimensión social, es decir, que no deja a nadie al margen, no es selectiva, sino que busca el bien de todos.

Miércoles de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,12-18):

Que el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal, ni seáis súbditos de los deseos del cuerpo. No pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos para la injusticia; ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia. Porque el pecado no os dominará: ya no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia. Pues, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que, al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia? Pero, gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados y, liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.

Palabra de Dios

Salmo 123,R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Cristo nos presenta la vida como una misión: «estar al frente de la servidumbre para darle a tiempo su ración». Venimos a la tierra para algo, y ese algo es tan importante que de él depende la felicidad eterna nuestra y de otras personas; o dicho de otro modo, la felicidad de otros será nuestra felicidad.

En el cristianismo no rige eso del «come y bebe que la vida es breve», ni el «vivir a tope», entendido como aprovechar cada instante para conseguir más placer y más bienestar egoísta.

La característica del administrador “fiel y prudente” es que sabe que los bienes no son suyos, no es tacaño ni rígido, sabe hacer que alcance para todos la comida. Éste recibirá la “bienaventuranza” de su Señor y se le concederán funciones de mayor responsabilidad en la comunidad.

Las características del administrador “infiel”: primero se descuida en la vigilancia, se da buena vida, se aprovecha de las circunstancias; luego, ya no sabe dirigir la comunidad, se pone agresivo y se olvida de los demás. Primero se olvida de sí mismo y luego de los demás. El castigo es todavía mayor.

martes, 19 de octubre de 2021

Oración y súplica


 Salva al hombre, Padre. Ponlo de pie y hazle saber que es imagen tuya.

Ayúdale a luchar contra todo lo que esclaviza y a buscar todo aquello que libera.

Tú sabes. Padre, que todavía hoy unos hombres

siguen cargando de cadenas a otros hombres.

Alimenta la rebeldía de quienes viven privados de sus derechos, 

pero que no se rebelen por rencor, sino por necesidad de plenitud.

A los que tiranizan con brutalidad

y a cuantos gobiernan con arrogancia

hazles descubrir la falsedad y el error en que viven,

para que se hagan hermanos de todos

y servidores de los más pequeños.

AMÉN

Martes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12.15b.17-19.20b-21):

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, as! también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.

Palabra de Dios

Salmo 39,R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tú voluntad

 Evangelio según san Lucas (12,35-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Esta llamada a la vigilancia se funda en el hecho de que la hora del retorno de Jesús es imprevisible. Un elemento constitutivo de esta espera vigilante es la actitud de servicio, especialmente para aquellos a quienes se ha confiado el cuidado de la comunidad. El amo valora tanto la vigilancia de sus criados que “se ceñirá las ropas de servicio, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles”, reconociendo así que no sólo son dignos de confianza sino que se han convertido en su familia por su fidelidad.

Hoy día la “vigilancia” tiene especiales connotaciones sociales a las que no se refiere el texto del evangelio, pero que vale la pena tener en cuenta. De hecho las “cámaras de vigilancia” están a la orden del día para disuadir a ladrones y estafadores y cualquier contravención de la ley en el tráfico y en cualquier otra actividad social.

Ya nadie duda de que todos estamos vigilados, observados y fichados. En el paseo, en el mercado, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en el aparcamiento, en las carreteras... alguien nos está mirando por el ojo de las nuevas cerraduras digitales. Cada uso del ordenador, de Internet o de la tarjeta de crédito deja huellas imborrables que delatan nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestras inclinaciones. Evidentemente no nos sentimos cómodos con tanto control.

En antiguos catecismos se presentaban estampas con el “ojo escrutador” de Dios que nos controlaba: “mira que te mira Dios, mira que te está mirando”, decía el versito.

Jesús no nos habla así del Padre. El santo temor de Dios no depende de cámaras de vigilancia sino que brota de un amor tierno y filial y expresa una confianza absoluta en la misericordia del Padre.

lunes, 18 de octubre de 2021

Oración a San Lucas

 San Lucas, escucha y remedia nuestros desesperados problemas,

intercede por los que lo han perdido todo,

ancianos  que son abandonados,los niños maltratados,

danos tu auxilio y protección, enséñanos a amar al Señor,

a la Santísima Virgen María y a su amado hijo;

ayúdanos a hacer siempre el bien a nuestros hermanos, como tú lo hiciste.

Por Jesucristo nuestro Señor.


Amén.

Lunes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario,San Lucas, evangelista

1ª Lectura (2Tim 4,9-17a): Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso. El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.

Salmo responsorial: 144 R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Versículo antes del Evangelio (Jn 15,16): Aleluya. Yo os he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca. Aleluya.

Evangelio (Lc 10,1-9): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’».

Palabra de Dios

Compartimos:

Hoy, en la fiesta de san Lucas —el Evangelista de la mansedumbre de Cristo—, la Iglesia proclama este Evangelio en el que se presentan las características centrales del apóstol de Cristo.

El apóstol es, en primer lugar, el que ha sido llamado por el Señor, designado por Él mismo, con vistas a ser enviado en su nombre: ¡es Jesús quien llama a quien quiere para confiarle una misión concreta! «El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» (Lc 10,1).

El apóstol, pues, por haber sido llamado por el Señor, es, además, aquel que depende totalmente de Él. «No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino» (Lc 10,4). Esta prohibición de Jesús a sus discípulos indica, sobre todo, que ellos han de dejar en sus manos aquello que es más esencial para vivir: el Señor, que viste los lirios de los campos y da alimento a los pájaros, quiere que su discípulo busque, en primer lugar, el Reino del cielo y no, en cambio, «qué comer ni qué beber, y [que] no estéis inquietos. [Porque] por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso» (Lc 12,29-30).

El mejor testimonio que nos puede ofrecer la fiesta de un Evangelista, de uno que ha narrado el anuncio de la Buena Nueva, es el de hacernos más conscientes de la dimensión apostólico-evangelizadora de nuestra vida cristiana.

domingo, 17 de octubre de 2021

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la liturgia de hoy ( Mc10: 35-45) cuenta que dos discípulos, Santiago y Juan, le piden al Señor que se siente a su lado un día en gloria, como si fueran "primeros ministros", algo así. Pero los otros discípulos los escuchan y se indignan. En este punto Jesús, con paciencia, les ofrece una gran enseñanza: la verdadera gloria no se obtiene al elevarse por encima de los demás, sino viviendo el mismo bautismo que pronto recibirá en Jerusalén, es decir, la cruz. ¿Qué significa esto? La palabra "bautismo" significa "inmersión": con su Pasión, Jesús se sumergió en la muerte, ofreciendo su vida para salvarnos. Su gloria, la gloria de Dios, es por tanto amor que se convierte en servicio, no poder que aspira a dominar. No poder que aspira a la dominación, ¡no! Es el amor el que se convierte en servicio. Por tanto, Jesús concluye diciendo a sus seguidores y también a nosotros:Mc 10,43). Para llegar a ser grande, tendrá que seguir el camino del servicio, para servir a los demás.

Nos enfrentamos a dos lógicas distintas: los discípulos quieren emerger y Jesús quiere sumergirse . Detengámonos en estos dos verbos. El primero es emerger . Expresa esa mentalidad mundana por la que siempre estamos tentados: vivir todas las cosas, incluso las relaciones, alimentar nuestra ambición, subir los peldaños del éxito, llegar a lugares importantes. La búsqueda de prestigio personal puede convertirse en una enfermedad del espíritu, incluso disfrazándose de buenas intenciones; por ejemplo cuando, detrás del bien que hacemos y predicamos, en realidad estamos buscándonos sólo a nosotros mismos y a nuestra afirmación, es decir, avanzamos, trepamos… Y eso lo vemos también en la Iglesia. Cuántas veces, los cristianos, que deberíamos ser los sirvientes, tratamos de trepar, de avanzar. Por lo tanto, siempre debemos verificar las verdaderas intenciones del corazón, preguntarnos: “¿Por qué estoy llevando a cabo este trabajo, esta responsabilidad? ¿Ofrecer un servicio o hacerse notar, elogiar y felicitar? ”. A esta lógica mundana, Jesús contrasta la suya: en lugar de elevarse por encima de los demás, desciende del pedestal para servirlos; en lugar de emerger por encima de los demás, sumérjase en la vida de los demás. Veía en el programa “A su imagen” que Caritas sirve para que a nadie le falte la comida: preocupándose por el hambre de los demás, preocupándose por las necesidades de los demás. Hay muchas, muchas personas necesitadas hoy y más después de la pandemia. Mire e inclínese en el servicio, y no intente escalar para su propia gloria.

Aquí está el segundo verbo: sumergirse . Jesús nos pide que nos sumerjamos. ¿Y como bucear? Con compasión, en la vida de aquellos que conocemos. Allí [en ese servicio de Caritas] estábamos viendo el hambre: y nosotros, ¿pensamos con compasión en el hambre de tanta gente? Cuando estamos frente a la comida, que es una gracia de Dios y que podemos comer, hay muchas personas que trabajan y no pueden comer lo suficiente durante todo el mes. ¿Pensamos en esto? Sumérjase en la compasión, tenga compasión. No es una enciclopedia de datos: hay muchos hambrientos ... ¡No! Ellos son personas. ¿Y tengo compasión por la gente? Compasión por la vida de los que nos encontramos, como hizo Jesús conmigo, contigo, con todos nosotros, se acercó con compasión.

Miramos al Señor crucificado, profundamente inmerso en nuestra historia herida, y descubrimos el modo de actuar de Dios, vemos que no se quedó allá arriba en los cielos, mirándonos, sino que se bajó para lavarnos los pies. Dios es amor y el amor es humilde, no sube, sino que desciende abajo, como la lluvia que cae sobre la tierra y da vida. Pero, ¿cómo ir en la misma dirección que Jesús, para pasar de la emergencia a la inmersión, de la mentalidad del prestigio, la mundana, a la del servicio, la cristiana? Requiere compromiso, pero no es suficiente. Solo es difícil, si no imposible, pero tenemos una fuerza dentro de nosotros que nos ayuda. Es el del Bautismo, de esa inmersión en Jesúsque todos hemos recibido por gracia y que nos dirige, nos empuja a seguirlo, no a buscar nuestro propio interés sino a ponernos al servicio. Es una gracia, es un fuego que el Espíritu ha encendido en nosotros y que debe ser alimentado. Hoy le pedimos al Espíritu Santo que renueve en nosotros la gracia del Bautismo, la inmersión en Jesús, en su forma de ser, para ser más siervos, para ser siervos como él lo fue con nosotros.

Y recemos a la Virgen: aunque es la mayor, no trató de salir, pero fue la humilde sierva del Señor, y está completamente inmersa en nuestro servicio, para ayudarnos a encontrarnos con Jesús.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy la Fundación "Ayuda a la Iglesia Necesitada" concede una cita a parroquias, escuelas y familias con la iniciativa "Por la unidad y la paz, un millón de niños rezan el Rosario". Animo esta campaña de oración, que este año de manera particular se encomienda a la intercesión de San José. ¡Gracias a todos los niños y niñas que participan! Muchísimas gracias.

Ayer en Córdoba, España, fueron beatificados el sacerdote Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires: sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos, asesinados por odio a la fe durante la violenta persecución religiosa de los años treinta en España. Que su fidelidad nos dé fuerza a todos, especialmente a los cristianos perseguidos en diferentes partes del mundo, la fuerza para dar testimonio del Evangelio con valentía. ¡Un aplauso a los nuevos beatos!

La semana pasada se llevaron a cabo varios ataques, por ejemplo en Noruega, Afganistán, Inglaterra, que resultaron en numerosos muertos y heridos. Expreso mi cercanía a las familias de las víctimas. Por favor, abandone el camino de la violencia, que siempre es un perdedor, que es una derrota para todos. Recordemos que la violencia engendra violencia.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países. En particular, saludo a las Hermanas "Medee" que celebran su Capítulo General, la Confederación de los Caballeros Pobres de San Bernardo di Chiaravalle, los empresarios africanos reunidos para su encuentro internacional, los fieles de Este, Cavallino y Ca 'Vio (Venecia ), y los chicos de la Confirmación de Galzignano.

Saludo y bendigo a la "Peregrinación ecuménica por la justicia ecológica", formada por cristianos de diferentes confesiones, que salieron de Polonia y se dirigieron a Escocia con motivo de la cumbre climática COP26.

Y a todos ustedes les deseo un feliz domingo. Por favor, no olvides orar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!