martes, 12 de febrero de 2019

La «niña del Napalm», premiada por su vida entregada a la paz: «Esas bombas me llevaron a Cristo»

La imagen de una niña de 9 años llorando que corre desnuda abrasada por Napalm dio la vuelta al mundo en 1972, en plena guerra de Vietnam, convirtiéndose con los años en una de las imágenes más icónicas y representativas de la guerra.

La conocida como “Niña del Napalm” se llama Kim Phuc Phan y en la actualidad es una activista por la paz que ayuda a construir escuelas, dispensarios y orfanatos, y cuya labor acaba de ser reconocida esta semana con el Premio Dresde de la Paz.

Una vida dedicada a la paz

Las heridas de aquella bomba siguen bien visibles en su cuerpo casi medio siglo después. De hecho, todavía tienen que seguir tratándose, y tampoco puede escapar de aquella fotografía asumiendo que siempre será aquella niña. “Cuando estoy sola intento evitar esa imagen, pero sé que me permite trabajar por la paz, y me quedo con eso”, ha asegurado Kim Phuc a la agencia alemana DPA tras conocerse este galardón.

Aquellas bombas marcarían su vida para siempre. Provocaron un gran dolor y sufrimiento, pero también confiesa que acabaron llevándola a Cristo. “Siempre llevaré las cicatrices de ese día, y esa imagen servirá como un recordatorio del mal indescriptible que la humanidad es capaz de provocar. Esa imagen marcó mi vida. Pero al final me dio una misión, una causa. Hoy doy gracias a Dios por esa foto. Hoy, doy gracias a Dios por todo, incluso por ese camino. Especialmente por ese camino”, cuenta esta vietnamita en Christianity Today.

Explicaba que "mirando hacia atrás en las últimas cinco décadas, me doy cuenta de que esas mismas bombas que causaron tanto sufrimiento también trajeron una gran curación. Esas bombas me llevaron a Cristo",

Pero no siempre lo vivió así sino que fue una conversión siendo ya adulta donde gracias a unos Evangelios medio escondidos en una biblioteca de la ya comunista Saigon vio cómo Cristo también había sufrido por la humanidad y por hacer el bien convirtiéndose así en el gran referente de su vida.

Convertida en un símbolo comunista

En aquel bombardeo perdió a toda su familia, durante años las heridas produjeron en ella un dolor terrible. Y cuando en 1982 soñó con estudiar Medicina el régimen comunista de Vietnam se enteró de que ella era aquella niña de la foto. Querían convertirla en un símbolo del gobierno.

“Por desgracia los agentes del gobierno se enteraron de que yo era la niñita de la foto y vinieron a buscarme para hacerme trabajar con ellos y utilizarme como símbolo. Yo no quería y les supliqué: ‘¡Déjenme estudiar! Es lo único que deseo’. Entonces, me prohibieron inmediatamente que siguiera estudiando. […] Tenía la impresión de haber sido siempre una víctima. A mis 19 años había perdido toda esperanza y sólo deseaba morir”.  Por fin, y tras muchos ruegos, en 1986 el gobierno permitió a Kim trasladarse a Cuba para estudiar medicina. Ahí conoció a Bui Huy Toan, otro estudiante vietnamita. Se casaron en 1992 y pasaron su luna de miel en Moscú. En el vuelo de regreso a la isla caribeña, la pareja huyó cuando su avión aterrizó en Gander (Terranova) para repostar combustible.

Pero mientras se producía todo esto ella experimentó esta conversión que cambió radicalmente su vida y le permitió perdonar a aquellos que bombardearon su pueblo. Kim Phuc fue criada en el Cao Dai, una religión sincrética nacida en Vietnam a principios del siglo XX. Tras aquel bombardeo rezó durante años a esos dioses, pero nunca se sintió escuchada ni encontró la paz que buscaba. 

El encuentro con un Nuevo Testamento

En su corazón sólo había ira, amargura y resentimiento por el terrible sufrimiento y dolor que sufría cada día. Pero entonces, en 1982 en un rincón de la biblioteca central de Saigon vio los libros de religión. Había obras sobre el budismo, el hinduismo, el islam o el cao dai. Pero también había una copia del Nuevo Testamento. Lo empezó a ojear y entonces no pudo dejar de leerlo.

Kim recibiendo el premio por la paz en la ciudad de Dresde, completamente destruida durante la II Guerra Mundial

“Una hora más tarde me había abierto paso a través de los Evangelios, y al menos dos temas se habían vuelto muy claros para mí”, aseguraba Kim Phuc Phan.

El primer punto era la diferencia que había entre Jesús y la fe en la que la habían educado de niña, cuando la dijeron que había muchos dioses y numerosos caminos hacia la santidad, y que todo dependía del esfuerzo de cada uno. Sin embargo, Jesús se presentaba como “el camino, la verdad y la vida”. “Parecía –explicaba ella- que todo su ministerio señalaba una especie de afirmación directa: ‘soy la forma en la que llegas a Dios: no hay otro camino que yo’”.

En segundo lugar, a Kim le llamó poderosamente la atención todo lo que Jesús había sufrido. Se habían burlado de él, torturado y luego asesinado. “¿Por qué soportaría estas cosas, me preguntaba, si de hecho era Dios?”.

El día que decidió que quería ser cristiana

Este Jesús le cautivó. “Cuanto más leía, más creía que realmente era quien decía ser, que había hecho lo que decía que había hecho y que, lo más importante para mí, realmente haría todo lo que había prometido”, aseguraba esta activista vietnamita.

Entonces comprendió que era el cristianismo el que podía ayudarla a entender su dolor y también a aceptar sus cicatrices. Esto se materializó en las navidades de 1982 cuando acudió a una pequeña iglesia de Saigón. Escuchando al pastor se fue dando cuenta de que algo en su interior estaba cambiando.

“Desesperadamente necesitaba la paz, el amor y la alegría. Tenía mucho odio en mi corazón, mucha amargura. Quería dejar de lado todo mi dolor y continuar con la vida en lugar de aferrarme a las fantasías de la muerte. Yo quería a este Jesús”, recordaba Kim.

La gracia de poder amar al enemigo

Aquella Navidad literalmente Jesús nació en su corazón y halló la paz que tanto tiempo llevaba buscando. “Ha transcurrido casi medio siglo desde que me encontré corriendo, asustada, desnuda y con dolor por ese camino en Vietnam. Nunca olvidaré los horrores de ese día: las bombas, el fuego, los chillidos, el miedo. Tampoco olvidaré los años de prueba y tormento que siguieron. Pero cuando pienso en lo lejos que he llegado, la libertad y la paz que proviene de la fe en Jesús, me doy cuenta de que no hay nada más grande o más poderoso que el amor de nuestro bendito Salvador”, confesaba.

Esto le ha hecho perdonar e incluso abrazar a los pilotos estadounidenses que lanzaron las bombas que la hirieron a ella y mataron a su familia. Esta fe le ha permitido rezar por sus enemigos y no maldecirlos, para poder amarlos de verdad. Por eso asegura, que hoy puede dar gracias a Dios por esa foto.

lunes, 11 de febrero de 2019

Manos Unidas cumple 60 años y celebra su campaña el 10 de febrero

Manos Unidas cumple 60 AÑOS y lanza la campaña “CREEMOS EN LA IGUALDAD Y EN LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS”

Coincidiendo con su 60 aniversario, la Organización refuerza su denuncia sobre la situación de la mujer en los países empobrecidos en los que trabaja e inicia un periodo de tres años en el que reivindicará el cumplimiento de los Derechos Humanos en todo el mundo.

En los próximos días, más de 36 misioneros y responsables de proyectos financiados por Manos Unidas en algunos de los países más pobres del planeta, recorrerán España compartiendo su testimonio en 55 de las 72 Delegaciones que tiene la Institución.

Uno de los ejemplos más claros del trabajo desarrollado en el empoderamiento de la mujer es la Fundación MAQUITA Cushunchic, socio local de Manos Unidas en Ecuador. Con motivo del lanzamiento de esta campaña, la Organización trae a España a la misionera leonesa María Jesús Pérez, Directora Ejecutiva de MAQUITA, que viene acompañada de Martha Beatriz Roldán, una joven mujer indígena ecuatoriana, beneficiaria de los proyectos de desarrollo ejecutados y protagonista del éxito del trabajo conjunto realizado en las últimas décadas.

Manos Unidas cumple 60 años de lucha contra el hambre y desde mañana 29 de enero y hasta el domingo 10 de febrero, día en el que se celebrará su Jornada Nacional,[1] presentará, a través de numerosos eventos en toda España, su Campaña número 60 bajo el lema “Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas”.

Con esta Campaña, la Organización inicia un nuevo periodo de tres años en los que centrará su labor en la defensa de los Derechos Humanos como instrumento y estrategia de trabajo en el apoyo y acompañamiento a las personas más desfavorecidas del planeta.

En los próximos años, Manos Unidas seguirá teniendo como objetivo acabar con la pobreza y el hambre en el mundo, pero este primer año del Trienio “Promoviendo los Derechos con Hechos” (2019-2021) quiere centrarse en la denuncia de una pobreza muy concreta: la de la mujer. Así, como muestra su cartel en blanco y negro, la ONG nos invita a que fijemos nuestra mirada en las mujeres de otros países y con tres negaciones provocadoras (ni independiente, ni segura, ni con voz), nos invita a reflexionar sobre si existe una igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres en todos los lugares del mundo.

Para presentar esta Campaña tan especial y mostrar el resultado que, a largo plazo, producen los proyectos de desarrollo que realiza la Organización, Manos Unidas trae a España a la misionera leonesa María Jesús Pérez, Directora Ejecutiva de la Fundación MAQUITA Cushunchic, una de las organizaciones más importantes con las que trabaja Manos Unidas en Ecuador y que está especializada en empoderamiento de la mujer, Economía Social y Solidaria y Comercio Justo. Con ella viene Martha Beatriz Roldán, una joven mujer indígena ecuatoriana, ejemplo vivo del éxito de los proyectos realizados en los últimos 24 años de trabajo conjunto.

Asimismo, para compartir el trabajo que la ONG promueve en 59 de los países de los más empobrecidos del planeta, más de 36 misioneros y expertos en desarrollo y lucha contra el hambre y la pobreza, recorrerán 55 de las 72 Delegaciones de Manos Unidas.

Por último, a lo largo de todo este año 2019, Manos Unidas realizará en toda España numerosos eventos y actos conmemorativos para recordar que, después de 60 años, por desgracia sigue siendo necesario luchar contra el hambre y hacerlo con el mismo espíritu de las fundadoras de la ONG.

domingo, 10 de febrero de 2019

Un historiador judío desmiente la leyenda negra sobre los cruzados y el Reino Latino de Jerusalén

Un destinatario habitual de las leyendas negras anticatólicas son las Cruzadas, en particular la primera de ellas, que logró instaurar durante dos siglos un Reino Latino en Jerusalén. Se acusa a los cruzados de empobrecer culturalmente ese periodo, pero un historiador de la segunda mayor universidad israelí lo desmiente, como recoge el boletín de noticias de la Fundación Tierra Santa:

El 15 de julio de 1099, la Primera Cruzada logró su objetivo y conquistó Jerusalén, sellando el nacimiento del Reino Latino que duró doscientos años, hasta su destrucción por Saladino en 1187, y la caída definitiva en 1291 de su reconstrucción en torno a San Juan de Acre.

Algunos historiadores presentan esos dos siglos como un periodo puramente militar y comercial, del que habría estado ausente toda obra cultural relevante.

Jonathan Rubin, profesor en el Departamento de estudios y arqueología de la Tierra de Israel en la Universidad Bar-Ilan, la segunda más importante del país, opina todo lo contrario. En 2018 publicó un libro al respecto en la editorial de la Universidad de Cambridge: Learning in a Crusader City: Intellectual Activity and Intercultural Exchanges in Acre, 1191-1291 [La enseñanza en una ciudad cruzada. Actividad intelectual e intercambios culturales en Acre, 1191-1291].

En él explica que el reino de los cruzados estuvo abierto a la actividad cultural de los cristianos orientales y de los musulmanes, al mismo tiempo que llegaban hasta ellos las corrientes de pensamiento de los siglos XII y XIII en Europa. En Acre, ciudad que es su objeto de estudio principal, había un significativo número de personas dedicadas a la enseñanza y varios centros de estudio, donde se trabajaba en la traducción de obras, en el estudio del islam, en la jurisprudencia y en el diálogo teológico con los cristianos orientales.

Dos pruebas evidentes

Asimismo, en un reciente artículo en Aeon cita dos ejemplos concretos para mostrar hasta qué punto es errónea la idea de que la población procedente de Europa que se instaló en Tierra Santa no estaba interesada en el cultivo y la transmisión del saber.

En 1281, Juan de Antioquía entregó un hermoso códice a un caballero hospitalario llamado Guillermo de San Esteban, con las dos traducciones que le había pedido de sendos textos de la antigua Roma: De inventione, de Cicerón, y la Rethorica ad Herennium, de autor anónimo. “Es un paso significativo en la historia de la lengua francesa”, explica Rubin, porque “en aquella época las traducciones del latín al francés eran raras e innovadoras, y nunca antes se había traducido al francés un texto latino completo de retórica”, al que además Juan de Antioquía añadió “uno de los más tempranos tratados de lógica en lengua vernácula”.

El segundo ejemplo es la Notitia de Machometo [Información sobre Mahoma], un tratado compuesto en Acre en 1271 por el dominico Guillermo de Trípoli, dedicado a Teobaldo Visconti, un importante eclesiástico que había llegado a Acre como peregrino y que se enteró allí de que había sido elegido Papa: Gregorio X, quien ocuparía el pontificado hasta su muerte en 1276.

Fray Guillermo afirma que ha escrito la obra al conocer el interés de su destinatario por el islam. El texto es “un impresionante estudio sobre la historia, las costumbres y la teología islámicas, e incluye numerosos pasajes del Corán en una traducción latina en su mayor parte exacta, así como una considerable información que en aquella época era muy difícil que llegase a la Cristiandad latina, como por ejemplo una explicación precisa de las oraciones musulmanas”. Ruin destaca que fray Guillermo no habría podido redactar su trabajo sin haber consultado muchos textos que ya no existen. Al caer el Reino de Jerusalén, los musulmanes arrasaron los archivos, bibliotecas y templos cristianos donde se conservaban casi todos ellos.

"No fue un desierto intelectual"

Ambos ejemplos muestran, señala Rubin, que en la época cruzada de Jerusalén se estudiaban a fondo el islam y la lengua árabe, y que había un contacto habitual entre quienes vivían allí gran parte o toda su vida, y quienes pasaban en Tierra Santa solamente unos meses o años, regresando luego a la Cristiandad occidental, donde la Notitia de fray Guillermo de Trípoli fue copiada varias veces. Por eso es necesario, dice, estudiar exhaustivamente las fuentes de estos y otros trabajos, porque permiten comprender el rico entorno cultural en el que fueron producidas: “Es evidente que el Reino de Jerusalén tenía mecanismos de preservación y transmisión de conocimiento de la cultura oriental adquirida por las generaciones anteriores”.

Además, Juan de Antioquía y Guillermo de Trípoli habían nacido en el Oriente Latino, como sus propios nombres sugieren, y allí habían recibido su educación: “Ambos escribieron durante el Reino de Jerusalén y produjeron obras innovadoras y originales incluso en comparación con la cultura europea de su tiempo. No podrían haberlo conseguido sin un entorno apropiado”.

Así que, concluye Rubien, puede afirmarse que “el Reino de Jerusalén no fue un desierto intelectual. Aunque tenía sus limitaciones, y aunque puede parecernos decepcionante, con razón, que no aprovechase su teórico potencial para crear un puente cultural entre Oriente y Occidente, merece atención como parte de la historia de las Cruzadas y, más ampliamente, de las relaciones entre Oriente y Occidente en la Edad Media”.

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Lc 5, 1-11) nos ofrece, en el relato de Lucas, el llamado de San Pedro. Su nombre, lo sabemos, era Simone, y él era un pescador. Jesús, en la orilla del lago de Galilea, lo ve mientras está instalando las redes, junto con otros pescadores. Lo encuentra fatigado y decepcionado, porque esa noche no habían pescado nada. Y Jesús lo sorprende con un gesto inesperado: se sube a su bote y le pide que se aleje un poco del suelo porque quiere hablar con la gente de allí, había mucha gente. Entonces Jesús se sienta en el bote de Simón y enseña a la multitud reunida a lo largo de la orilla. Pero sus palabras también reabren el corazón de Simone para confiar. Entonces Jesús, con otro "movimiento" sorprendente, le dice: "Quítate las redes de pesca" (v. 4).

Simone responde con una objeción: «Maestro, luchamos toda la noche y no tomamos nada ...». Y, como experto pescador, podría haber agregado: "Si no tomáramos nada por la noche, mucho menos lo tomaríamos por el día". En cambio, inspirado por la presencia de Jesús e iluminado por su Palabra, dice: "... pero en tu palabra lanzaré las redes" (v. 5). Es la respuesta de la fe, que nosotros también estamos llamados a dar; Es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, sobre todo a aquellos que tienen deberes de responsabilidad en la Iglesia. Y la obediencia confiada de Pedro genera un resultado prodigioso: "Lo hicieron y tomaron una gran cantidad de peces" (v. 6).

Es un melocotón milagroso, un signo del poder de la palabra de Jesús: cuando nos colocamos generosamente a su servicio, Él hace grandes cosas en nosotros. Así actúa con cada uno de nosotros: nos pide que le demos la bienvenida en el bote de nuestra vida, que comencemos de nuevo con él y saquemos un nuevo mar, que se revela lleno de sorpresas. Su invitación a salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo, a ser testigos de la bondad y la misericordia, le da un nuevo significado a nuestra existencia, que a menudo corre el riesgo de volverse plana sobre sí misma. A veces, podemos sentirnos sorprendidos y vacilantes ante el llamado que nos hace el Maestro Divino, y nos sentimos tentados a rechazarlo debido a nuestra insuficiencia. Incluso Pedro, después de esa increíble pesca, le dijo a Jesús: "Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador" (versículo 8). Esta humilde oración es hermosa: "Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador". Pero lo dijo de rodillas ante Aquel que ahora reconoce como "Señor". Y Jesús lo alienta diciendo: "No temas; de ahora en adelante serás un pescador de hombres "(v. 10), porque Dios, si confiamos en Él, nos libra de nuestro pecado y nos abre un nuevo horizonte: colaborar en su misión.

El mayor milagro realizado por Jesús para Simón y los demás pescadores decepcionados y cansados, no es tanto la red llena de peces, como haberlos ayudado a no caer en la víctima de la decepción y el desaliento ante las derrotas. Los abrió para convertirse en proclamadores y testigos de su palabra y del reino de Dios. Y la respuesta de los discípulos fue rápida y total: "Tire de los botes a tierra, déjelos todo y sígalo" (v. 11). Que la Santísima Virgen, modelo de pronta adhesión a la voluntad de Dios, nos ayude a sentir el llamado de la llamada del Señor y nos ponga a disposición para colaborar con él para difundir su palabra de salvación en todas partes.

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Hace dos días, el quinto "Día mundial contra la trata de personas" tuvo lugar en el memorial litúrgico de Santa Josefina Bakhita. El lema de este año es "Juntos contra la línea" [Square aplaude] - ¡Otra vez! [repetir] "Juntos contra la trata"! No olvides esto. Invita a unir fuerzas para ganar este desafío. Agradezco a todos los que luchan en este frente, especialmente a muchos religiosos. Llamo especialmente a los gobiernos para que se resuelvan las causas de esta plaga y se proteja a las víctimas. Pero todos podemos y debemos colaborar denunciando los casos de explotación y esclavitud de hombres, mujeres y niños. La oración es la fuerza que sostiene nuestro compromiso común. Por eso los invito a que reciten la oración conmigo.en Santa Giuseppina Bakhita, que se distribuyó en Piazza. Oremos juntos.

Santa Giuseppina Bakhita, cuando eras niña, te vendieron como esclava y tuviste que enfrentar innumerables dificultades y sufrimientos.

Una vez liberado de tu esclavitud física, encontraste una verdadera redención en el encuentro con Cristo y su Iglesia.

Santa Josefina Bakhita, ayuda a todos aquellos que están atrapados en la esclavitud.

En su nombre, intercede ante el Dios de la misericordia, para que las cadenas de su cautiverio puedan romperse.

Que Dios mismo libere a todos aquellos que han sido amenazados, heridos o maltratados por el tráfico y el tráfico de seres humanos. Brinda alivio a quienes sobreviven a esta esclavitud y les enseña a ver a Jesús como un modelo de fe y esperanza para que puedan curar sus heridas.

Te rogamos que reces e intercedas por todos nosotros: para que no caigamos en la indiferencia, para que abramos los ojos y podamos ver la miseria y las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad y libertad y escuchar su clamor de ayuda. Amén.

Santa Josefina Bakhita, ruega por nosotros.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos! En particular, los fieles de Verona y el grupo "Mendicanti di Sogni" de Schio.

Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor no olvides orar por mi. Buen almuerzo y adiós.

sábado, 9 de febrero de 2019

Cuando dar la mano o mirar a los ojos ayudan en el tratamiento del cáncer

El 30 por ciento de los problemas que tiene un médico en su práctica clínica habitual no son técnicos, sino éticos. Así lo refiere Francisco Javier Barón Duarte, doctor en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela y especialista del Área de Oncología del Hospital Universitario de A Coruña. «Uno que tenemos con mucha frecuencia los oncólogos es el del paciente con un cáncer incurable que ha agotado todas las opciones terapéuticas habituales pero insiste e insiste en un nuevo tratamiento. Nosotros sabemos que lo que pide es fútil y que solo le va a hacer daño, pero ante la insistencia desmedida del paciente lo fácil es darle ese tratamiento. Sin embargo, no es ético».

Otro ejemplo muy típico es lo que Barón Duarte llama «confabulación de silencio», que es cuando la familia de un enfermo de cáncer determina ocultarle el diagnóstico, o la gravedad del mismo, a su pariente enfermo. «Son problemas éticos que no se resuelven con técnica sino con ética», explica el Oncólogo.

Sin embargo, «la formación que recibimos los oncólogos a lo largo de nuestra vida profesional es fundamentalmente técnica. En la residencia, se nos forma muy bien en biología molecular del cáncer, en oncogenes, en técnicas, en tratamientos, pero en comunicación empática, en el concepto de verdad soportable y en competencia ética se nos forma poco y mal», asegura Francisco Javier Barón Duarte. De hecho, «la ética se considera una competencia blanda frente a la competencia técnica que es una competencia dura y valiosa». Y esto ocurre «desde la facultad, donde, salvo contadas excepciones, la bioética está considerada como una de las asignaturas maría».

Herramientas a los profesionales del sector

Para paliar este déficit, la Fundación Pablo VI está desarrollando hasta abril un Curso de Bioética y Oncología «con el que se trata de dar a los oncólogos las herramientas para una atención más humanizada». El curso, coordinado por José Ramón Amor Pan, doctor en Teología Moral –y en el que el propio Barón Duarte es profesor–, ofrece formación a los profesionales del sector para que de esta forma «técnica y bioética se pongan en práctica de forma paralela y de un modo sinérgico y complementario para que la atención al paciente sea integral», explican desde la institución.

Algo que cuesta mucho hacer entender «en un mundo tecno-científico como el nuestro», subraya el doctor en Medicina, es que «ciencia, técnica y humanismo no son dicotómicos sino sinérgicos y complementarios». Es decir, que «cualquier tratamiento de inmunoterapia o ensayo clínico dan más resultado si de forma simultánea se tiene una actitud compasiva, si se tiene una escucha activa, si se sabe dar la mano en el momento oportuno o mirar a los ojos».

De esta forma, en el curso de la Fundación Pablo VI se da pautas a los profesionales del sector para atender, por ejemplo, la parte afectiva y emocional de un enfermo de cáncer o de su familia. «Imagine que a un familiar suyo le diagnostican un cáncer con metástasis incurable. ¿Cómo estaríamos a nivel emocional? Seguramente, devastados. El médico ha de saber transmitir la información con tacto, de forma adecuada y progresiva. Ahí entra en juego el arte de la medicina, que como todo arte se entrena», concluye el doctor en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela y especialista del Área de Oncología del Hospital Universitario de A Coruña.

José Calderero de Aldecoa

Domingo V (Ciclo C) del tiempo ordinario

Evangelio (Lc 5,1-11): En una ocasión, Jesús estaba a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre Él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 

Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
PALABRA DE DIOS

COMPARTIMOS:

Hoy, el Evangelio nos ofrece el diálogo, sencillo y profundo a la vez, entre Jesús y Simón Pedro, diálogo que podríamos hacer nuestro: en medio de las aguas tempestuosas de este mundo, nos esforzamos por nadar contra corriente, buscando la buena pesca de un anuncio del Evangelio que obtenga una respuesta fructuosa...

Y es entonces cuando nos cae encima, indefectiblemente, la dura realidad; nuestras fuerzas no son suficientes. Necesitamos alguna cosa más: la confianza en la Palabra de aquel que nos ha prometido que nunca nos dejará solos. «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5). Esta respuesta de Pedro la podemos entender en relación con las palabras de María en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Y es en el cumplimiento confiado de la voluntad del Señor cuando nuestro trabajo resulta provechoso.

Y todo, a pesar de nuestra limitación de pecadores: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). San Ireneo de Lyón descubre un aspecto pedagógico en el pecado: quien es consciente de su naturaleza pecadora es capaz de reconocer su condición de criatura, y este reconocimiento nos pone ante la evidencia de un Creador que nos supera.

Solamente quien, como Pedro, ha sabido aceptar su limitación, está en condiciones de aceptar que los frutos de su trabajo apostólico no son suyos, sino de Aquel de quien se ha servido como de un instrumento. El Señor llama a los Apóstoles a ser pescadores de hombres, pero el verdadero pescador es Él: el buen discípulo no es más que la red que recoge la pesca, y esta red solamente es efectiva si actúa como lo hicieron los Apóstoles: dejándolo todo y siguiendo al Señor (cf. Lc 5,11).

jueves, 7 de febrero de 2019

Un sacerdote de Nicaragua, ahora en España: «He visto cosas que nunca pensé que vería en mi vida»

Cientos de muertos y heridos, otros tantos desaparecidos, decenas de detenciones arbitrarias y miles de personas que han dejado el país. Esta es la situación que vive Nicaragua en este momento desde que comenzaron las protestas contra el presidente Ortega tras su deriva dictatorial y la furibunda represión realizada por el gobierno contra la población.

Ante una situación límite, la Iglesia en el país se ha puesto del lado del pueblo, al igual que ha ocurrido en Venezuela, y pese a las amenazas y agresiones contra los propios obispos y sacerdotes se han mantenido firmes. La imagen del cardenal Brenes portando el Santísimo y recorriendo las calles para evitar una matanza por parte de Ortega dio la vuelta al mundo. En esta famosa fotografía sale detrás del arzobispo de Managua el sacerdote Juan José Ortiz.

Este religioso ha sido testigo de la violencia extrema y ha sufrido en sus carnes las amenazas y las calumnias. En este momento se encuentra en España ampliando sus estudios gracias a una beca de CARF (Centro Académico Romano Fundación), que ayuda a sacerdotes de países en persecución o pobres.

En esta entrevista con Religión en Libertad, el padre Ortiz habla de su vocación, de la difícil situación de su país y del papel que está desempeñando la Iglesia:

- ¿Cómo fue su infancia?

- Soy el tercero de cuatro hermanos los cuales fuimos criados solamente por nuestra madre. En este sentido, no puedo dejar de agradecer a mi madre porque ha hecho un extraordinario trabajo como “padre” y como “madre”. Es una mujer ejemplar a la que yo admiro muchísimo por su esfuerzo para sacar a sus hijos adelante.

- ¿Creció usted en una familia cristiana?

- Sí nací en una familia cristiana (quizá no la más perfecta), pero debo reconocer que en ella aprendí los valores cristianos y sobre todo una gran devoción a la Santísima Virgen María que ha marcado y acompañado mi vocación hasta el día de hoy. En general podría decir que fui un niño piadoso. Claro que en la adolescencia hay sus momentos de locuras y errores, pero siempre procuré no ser motivo de preocupación para mi madre y mi familia ya que tenía siempre presente los sacrificios que hacían por mí. 

- ¿Cuál era la situación del país en aquellos años?

- Bueno, mi niñez se desarrolló en dos momentos históricos importantes de Nicaragua. Yo nací en el año 1987. Era una época difícil de la cual no tengo recuerdos (por mi corta edad en ese entonces). Se trataba del final de los duros años ochenta –según lo que cuentan mis familiares de mayor edad-; años en que el país estaba gobernado por el régimen izquierdista del Frente Sandinista que había derrocado a la dictadura somocista en el año 1979. Un proyecto ideológico y político que para esas fechas se vino deteriorando, lo que generó la denominada “contra” cuya oposición generó otra terrible guerra (además de la que derrocó al dictador Somoza). Eran años muy duros: pobreza, racionamiento, muchas muertes, familias divididas. Siempre escuché de mi familia y de muchos nicaragüenses en general llamarle la “terrible década de los ochentas”.

La segunda etapa de mi niñez se desarrolló en los años noventa. En 1990 se logra establecer la democracia en Nicaragua con el triunfo (a través de elecciones democráticas) de doña Violeta Barrios de Chamorro, quien realizó una gestión grandiosa para restablecer la paz en el país. Recuerdo que una de las cosas que más me impresionó fue ver la quema y destrucción por parte de la presidenta Barrios de Chamorro de miles de armas que se utilizaron en la guerra fratricida que tanto hizo sufrir a mi pueblo en la década anterior. En general los años noventa fueron años de bastante tranquilidad y bienestar en el país. 16 años de gobiernos democráticos (1990-2006), aunque no todos fueron los mejores ya que por actos de corrupción poco a poco el modelo democrático se vino deteriorando hasta llegar a la crisis de abril del año 2018 que ha hecho de nuevo sufrir mucho al pueblo de Nicaragua y en donde la Iglesia se ha dedicado a ser –como dice el Papa Francisco- “hospital” y “tienda de campaña” para los hermanos de nuestra patria que se han visto afectados por la misma.

- ¿Cómo fue su llamada al sacerdocio?

- Mi proceso vocacional fue paulatino. Anteriormente te decía que era un niño piadoso. Siempre sentí gran atracción por las cosas sagradas, las cosas de Dios. Tengo hermosos recuerdos de infancia como por ejemplo, jugar a ser sacerdote y que celebraba la santa misa. En mi país está muy arraigada la piedad popular en manifestaciones hermosas como las procesiones; de niño jugaba a las procesiones también. Aunque a mi madre no le gustaba y a veces me reprendía siempre gusté de las cosas de Dios. También en algún momento soñé con ser arquitecto. Con el tiempo fui creciendo y realicé mis estudios de primaria y secundaria y ya a punto de concluir mi bachillerato vino a mí esta cuestión: “¿Qué voy a hacer de mi vida?”. Era una voz interior que me interpelaba y que en el fondo también me daba la respuesta: servirle a Jesús.

El padre Juan José Ortiz, junto al cardenal Brenes, arzobispo de Managua

En esos momentos de confrontación interior nombran a un nuevo párroco en la parroquia de mi barrio en Managua. Recuerdo que me impresionó verlo vestir su sotana, sentarse al confesionario todos los días, celebrar la Eucaristía con piedad y con cuidado de todos sus detalles. Esto me atrajo mucho. Cuando me di cuenta ya estaba muy insertado en varios grupos de mi parroquia (fui monaguillo, misionero, caballero del santísimo, catequista), hasta que una tarde, lo recuerdo muy bien, decidí acercarme a mi párroco y decirle que quería entrar al seminario. Cuando entré a su oficina me dijo: “Te estaba esperando” algo que me impactó y me dejó sin palabras. Y al final de nuestra conversación también me dijo: “Sea lo que sea que pase en tu proceso vocacional, ya sabes que siempre cuentas con el apoyo de tu parroquia”. Debo confesar que mi párroco y mi parroquia nunca me han dejado solo, ni como seminarista, ni en los años que llevo de ordenado. Doy gracias infinitas a Dios por eso.

- Actualmente está en España, ¿Cómo ha vivido la situación que vive su país? 

- Aun me considero como un “recién llegado” a estas queridas tierras españolas. En mis primeros tres meses, tengo que admitirlo, me sentí muy impotente por la situación de mi país. En efecto, me tocó vivir los meses más crudos de la crisis (de abril a agosto). Vi cosas que nunca pensé que vería en mi vida. Asesinatos, ciudades reprimidas, familias divididas, censura, un éxodo masivo de nicaragüenses fuera del país por miedo a la crisis socio-política, intimidación de parte de las fuerzas armadas (policía nacional) contra todo aquel que manifestara su descontento contra el gobierno sandinista y participara en una protesta, etc.

El padre Ortiz, justo detrás del cardenal en las marchas con el Santísimo con las que la Iglesia marchó para evitar la violencia de Ortega y sus seguidores

La Iglesia católica en Nicaragua (desde los obispos hasta los sacerdotes) nos comportamos en esos meses como verdaderos profetas: desde los púlpitos denunciábamos; en las calles éramos agentes de consuelo y misericordia para todos aquellos que eran víctimas de la violencia. Esto generó odio, contra la Iglesia y tuvimos que pagar consecuencias, como la agresión que algunos obispos y sacerdotes recibimos por parte de fanáticos del gobierno de Daniel Ortega aquella triste mañana del 10 de julio de 2018, en la Basílica de San Sebastián en la ciudad de Diriamba del departamento de Carazo. Fuimos víctimas de una terrible emboscada en donde nos insultaron y nos golpearon por ofrecer nuestra cercanía a aquella ciudad que dos días antes había sido brutalmente reprimida.

Cómo administrador parroquial en una pequeña parroquia de Managua también tuve momentos tensionantes: asedio, espionaje (grababan mis homilías), calumnias en las redes sociales, amenazas, etc. Recuerdo muy bien que en esos meses había mucho miedo. Ya a las 6 de la tarde todos se encerraban en sus casas por miedo a la represión. Cuando llegué a España a finales de agosto del 2018 y pude salir de noche a las calles de Madrid, lloré porque desde hacía meses no lo podía hacer en mi propio país.

Como ves vine con grandes heridas a la “madre patria”. Esta experiencia dolorosa en Nicaragua y ahora esta nueva etapa como estudiante en España, la he visto como un designio misterioso de Dios en mi vida. Actualmente estoy más tranquilo y aunque sé que la situación de mi país aún es muy crítica no pierdo las esperanzas (y sé que mis compatriotas también) de que todo mejorará y seremos un país libre de toda estructura de pecado manifestada en la clase política de la nación. Realmente esto es lo que ha hecho sufrir tanto a mi pueblo en estos últimos 40 años.  

- ¿Cómo ve el pueblo de Nicaragua el papel que está desempeñando la Iglesia?

- La Iglesia está siendo perseguida en mi país porque se le ha tildado de “politiquera”. Se ha intentado ensuciar su imagen. La Iglesia Católica de Nicaragua no tiene ningún interés más que salvaguardar la dignidad y los derechos humanos de todo aquel que sufre en este contexto. La Iglesia es consciente que todo aquello que vaya en detrimento de la dignidad de la persona humana es contrario a la voluntad de Dios, que ha creado al hombre para ser su imagen y semejanza en Cristo. La Iglesia no pretende inmiscuirse en las soluciones ante la grave situación que afronta Nicaragua, simplemente quiere ser una servidora e iluminadora de conciencias desde la profecía para hacer ver todo aquello que está destruyendo al país y para buscar caminos de reconciliación, justicia y paz auténticamente evangélica entre todos los nicaragüenses.

- ¿Viendo la situación de Nicaragua qué puede ofrecer usted a la gente de su país?

- En primer lugar mis oraciones. El poder de la oración hecha con mucha fe es muy grande. Todos los días encomiendo a mi patria. En segundo lugar consuelo y esperanza. Constantemente, a través de las redes sociales, recibo mensajes y trato de infundir respuestas de aliento y optimismo en mis hermanos compatriotas. En último lugar, dando a conocer la situación de mi país por medio de oportunidades como esta. También compartiendo el papel preponderante que la Iglesia está jugando en este momento histórico de Nicaragua, para que no seamos olvidados por el mundo.

- ¿En medio de tanta violencia y odio, ¿ha visto usted en Nicaragua y en su gente algún milagro o hecho que dé esperanza?

- Sí lo he visto. He visto cómo Dios se ha manifestado como Señor del tiempo y de la historia de mi país. Lo que vivimos ahora en Nicaragua, en el fondo, es un despertar a los valores, una auténtica revolución moral ante estructuras de pecado que han venido debilitando nuestra sociedad. Me impresiona mucho el parecido que mi país llegó a tener con la sociedad del tiempo del profeta Amós (siglo VIII a.C.): una sociedad llena de injusticias sociales, de grandes desigualdades y de corrupción a todos los niveles y tristemente en las estructuras gubernamentales. Han surgido nuevos liderazgos, con nuevos ideales en donde la juventud ha tomado una posición determinante. Nuestro pueblo ha sufrido demasiado los embates de una política inmoral que lejos de servir a los más necesitados, se ha servido de ellos.

Hay motivos para tener esperanza. Nuestro gran poeta nicaragüense Rubén Darío escribió esta frase: “Si la patria es pequeña, uno grande la sueña”. Los nicaragüenses no solo soñamos con una patria grande, sino que ya queremos construirla, pero ya no sobre arena movediza, sino sobre piedra solida: una sociedad más justa, más humana que refleje el Reino de Dios en la tierra. Dios quiera no estemos lejos de ver ese día en que la misericordia y el amor de divina triunfarán sobre el odio, la muerte y el egoísmo.

- ¿Por qué está en España ahora?

- He sido enviado por la Arquidiócesis de Managua, para realizar estudios en la licenciatura de Teología Moral y Espiritual en la universidad de Navarra en Pamplona. Esto gracias a las becas que se gestionan por medio de la fundación CARF que ayuda a la formación de sacerdotes que realizan su misión pastoral en las diócesis más pobres del mundo.

- ¿Qué le parece nuestro país, y qué es lo que más le llama la atención?

- España me parece un país hermoso. Con gente muy acogedora, amable, servicial y educada. También me parecen muy cultos. A nivel social me llama la atención el hecho de que su población es bastante pluricultural. También el hecho de que es un país que acoge a muchos extranjeros y generosamente les ofrece oportunidades de trabajo y salud pública. En cuanto a la gastronomía, por su puesto, me encanta la tortilla española, un buen vino y la paella. De la Iglesia, me ha parecido maravilloso llegar a estas tierras de dónde provino la fe cristiana hacia Latinoamérica. También me gusta mucho de España su gran devoción a la Santísima Virgen María manifestado en todas las advocaciones extendidas y veneradas por todo el territorio nacional.