domingo, 20 de noviembre de 2022

Misiones controvertidas

Es triste que algunas misiones de la ONU acaben siendo denostadas en países donde están desplegadas. En 2015, el rector de la Universidad de las Naciones Unidas en Japón, el canadiense David M. Malone, dijo: «El 70 aniversario de la ONU está teñido de descontento por parte de los Estados miembros y de expectativas no cumplidas que se denuncian de diversos modos». Estas decepciones desacreditan los esfuerzos realizados, los sacrificios soportados y los logros registrados en el pasado. 

Por desgracia, estos sucesos son cada vez más frecuentes, lo que lleva a unos y a otros a preguntarse si la ONU es una organización pacificadora o actúa como un «bombero-pirómano». Algunas fuerzas de la ONU, en lugar de despertar la simpatía de las poblaciones a las que deberían proporcionar seguridad, atraen su antipatía. Aunque se podría citar a RDC, muchos países en África las han cuestionado o han pedido su salida inmediata: Angola, Malí, RCA, Sudán del Sur… En otros lugares, aunque la población no haya tenido el valor de cuestionar su presencia debido a los regímenes vigentes o a otras razones, la convivencia ha evolucionado a trompicones. Son muchas las razones que explican este clima envenenado entre el pueblo y los «guardianes de la paz mundial». 

Cuando una institución con vocación universal e igualitaria ha sido privatizada por los poderosos que financian la mayoría de sus misiones en todo el mundo, sus objetivos están sesgados en la base. Estas ayudas no son en absoluto una limosna. Por el contrario, resultan ser inversiones turbias que desangran a los países en guerra. Además, las misiones de la ONU son, en muchos casos, oportunidades para crear zonas de influencia que subyugan y ponen a los países víctimas bajo arresto domiciliario. 

Además, muchos estados envían sus contingentes no necesariamente por razones humanitarias. A menudo, estos son fuentes de ingresos para los países de origen, lo que da lugar a que las fuerzas de paz sirvan a sus naciones en un país extranjero del que se aprovechan. Su calidad, su motivación y los servicios que deberían rendir se transforman en oportunismo empresarial en busca de beneficio a toda costa.

Por tanto, cuando las tropas que constituyen estas misiones, en lugar de garantizar la paz, entran en un conflicto de intereses comerciales, económicos y políticos, su actuación deja de responder a las necesidades que reclamaban su presencia. 

Incluso, algunos de sus miembros se han dedicado a actividades ilícitas que conducen a la traición de su propia misión: comercio de minerales, contrabando de armas y material de guerra con los grupos a los que supues-tamente combaten. No hay que olvidar tampoco los numerosos casos de abusos sexuales por parte de algunos miembros de estos contingentes que la poderosa maquinaria mediática de la ONU siempre consigue encubrir.

Es difícil comprender cómo las fuerzas de la ONU son incapaces de imponer o establecer la paz cuando en muchos casos están en condiciones de hacerlo. Lo que está claro es que, a pesar de que muchas misiones han fracasado en la pacificación de los países en conflicto, todos los miembros de estos contingentes, al final, regresan enriquecidos económicamente. De ahí el nombre de «Lords of the poors» (Señores de los pobres). De hecho, estas misiones tienen presupuestos altísimos debido a los sueldos u honorarios increíblemente elevados y a las inestimables prestaciones de sus agentes. En consecuencia, queda la eterna pregunta: «¿No ha llegado el momento de las reformas profundas que desean muchos países miembros, incluidos los africanos, para que la ONU pueda desempeñar su verdadero papel de pacificadora y estabilizadora en el mundo?».

Lunes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura del libro del Apocalipsis (14,1-3.4b-5):

Yo, Juan, miré y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabados en la frente su nombre y el nombre de su Padre. Oí también como una voz del cielo, como voz de muchas aguas y como voz de un trueno poderoso; y la voz que escuché era como de citaristas que tañían sus citaras.

Estos siguen al Cordero adondequiera que vaya. Estos fueron rescatados como primicias de los hombres para Dios y el Cordero. En su boca no se halló mentira: son intachables.

Palabra de Dios

Salmo 23R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

 Santo Evangelio según san Lucas (21,1-4):

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: «En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor

Jesús conocía los pensamientos de la gente que le rodeaba incluso antes de que ellos pensaran. Vio a los discípulos atrapados en la tormenta, lejos de la montaña donde aún estaba en oración. Sabía que Pedro le negaría, pero que volvería a él mediante el arrepentimiento. Conocía los interrogantes que albergaban sus enemigos para atraparlo. En el evangelio de hoy, ve a la viuda echando dos "moneditas" y sabe que ha echado todo lo que tenía. Jesús, en sentido alegórico, tiene un tercer ojo. La constatación de que nada escapa a los ojos de Dios puede ser consoladora o preocupante, según queramos ser vistos por Dios o escondernos de él, lo que a su vez depende de lo que hagamos con nuestra vida. No sólo ve lo que hacemos, sino que también sabe lo que mueve nuestras acciones. ¿Cómo nos hace sentir?

Oración a Cristo Rey, Sumo Sacerdote

 Señor Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, concédenos tu Espíritu de Amor y Vida que nos una a ti, Sacerdote y Víctima, para que el plan de salvación para todos los pueblos se establezca dentro de nosotros.

Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, concédenos tu Espíritu de Sabiduría y unión, que a todos nos unifique en tu Cuerpo Místico, la Iglesia, para ser tus testigos en el mundo.

Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, tu cruz remedie nuestros males, tu Resurrección nos renueve, tu Espíritu Santo nos santifique, tu Realeza nos glorifique y nos redima tu Sacerdocio, para que podamos unirnos contigo como tu lo estas con el Padre en el Espíritu Santo.


Domingo 34º del Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo - Ciclo C

Lectura del segundo libro de Samuel (5,1-3):

En aquellos días, todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebron y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”». Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.

Palabra de Dios

Salmo 121,R/. Vamos alegres a la casa del Señor.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,12-20):

Hermanos:

Demos gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

Santo Evangelio según san Lucas (23,35-43):

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Palabra del Señor

Compartimos:

Sí, confesemos que Jesús es Rey. “Rey” con mayúscula. Nadie estará nunca a la altura de su realeza. El Reino de Jesús no es de este mundo. Es un Reino en el que se entra por la conversión cristiana. Un Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz. Un Reino que sale de la Sangre y el agua que brotaron del costado de Jesucristo.

El Reino de Dios fue un tema primordial en la predicación del Señor. No cesaba de invitar a todos a entrar en él. Un día, en el Sermón de la montaña, proclamó bienaventurados a los pobres en el espíritu, porque ellos son los que poseerán el Reino.

Orígenes, comentando la sentencia de Jesús «El Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc 17,21), explica que quien suplica que el Reino de Dios venga, lo pide rectamente de aquel Reino de Dios que tiene dentro de él, para que nazca, fructifique y madure. Añade que «el Reino de Dios que hay dentro de nosotros, si avanzamos continuamente, llegará a su plenitud cuando se haya cumplido aquello que dice el Apóstol: que Cristo, una vez sometidos quienes le son enemigos, pondrá el Reino en manos de Dios el Padre, y así Dios será todo en todos». El escritor exhorta a que digamos siempre «Sea santificado tu nombre, venga a nosotros tu Reino».

Vivamos ya ahora el Reino con la santidad, y demos testimonio de él con la caridad que autentifica a la fe y a la esperanza.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Sábado de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura del libro del Apocalipsis (11,4-12):

Me fue dicho a mí, Juan: «Aquí están dos testigos míos, estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño, sale un fuego de su boca y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, es necesario que muera de esa manera. Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no caiga lluvia durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.

Y cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, que se llama espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. Y gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres durante tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en un sepulcro. Y los habitantes de la tierra se alegran por ellos y se regocijan y se enviarán regalos unos a otros, porque los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra». Y después de tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: «Subid aquí». Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos se quedaron mirándolos.

Palabra de Dios

Salmo 143,R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!

Santo Evangelio según san Lucas (20,27-40):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro». Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Compartimos:

En el caso hipotético (que no era hipotético en absoluto, dada la práctica de entonces) que los fariseos llevaron ante Jesús para debatir la cuestión de la resurrección, falta un elemento: ¿Dónde está la voz de la mujer en la historia? Mientras que la ley ordenaba que la mujer se casara con los hermanos del marido muerto uno tras otro, no encontramos ninguna disposición que permita escuchar la voz de la mujer, cómo se sentía ante las sucesivas muertes de sus maridos y si deseaba continuar con la práctica. Es como si ella fuera una entidad muerta ya sin resurrección a la vista. Es necesario aplicar lo que Jesús dice hoy -que Dios es el Dios de los vivos- tanto a la vida después de la muerte como a la vida antes de la muerte, para insuflar vida a los silenciados por la sociedad.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Oremos con la Iglesia Universal

 Oremos, queridos amigos,

por la santa Iglesia de Dios en todo el mundo, para

que Dios Padre todopoderoso la dirija

y la reúna para que podamos adorarlo

en paz y tranquilidad.


Dios todopoderoso y eterno,

has mostrado tu gloria a todas las naciones

en Cristo, tu Hijo.

Guíe el trabajo de su Iglesia.

Ayúdalo a perseverar en la fe,

proclamar tu nombre

y llevar tu salvación a las personas en todas partes.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Amén.

Viernes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura del libro del Apocalipsis (10,8-11):

Yo, Juan, escuché la voz del cielo que se puso a hablarme de nuevo diciendo: «Ve a tomar el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra». Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito. Él me dice: «Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel». Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor. Y me dicen: «Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».

Palabra de Dios

Salmo 118,R/. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

 Santo Evangelio según san Lucas (19,45-48):

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”». Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Palabra del Señor

Compartimos:

Jesús habló, y la gente "se aferró a sus palabras", dice Lucas. A Juan, en sus visiones, se le pidió que tomara y comiera el libro, la "palabra". Y, esto es lo que debemos hacer también nosotros: aferrarnos a la palabra, a tiempo y fuera de tiempo; y alimentarnos de ella como el pan de cada día, día tras día. Dei Verbum, la constitución dogmática sobre la revelación divina del Concilio Vaticano II, termina con un sueño y una oración similares:

"A través de la lectura y el estudio de los libros sagrados 'la palabra de Dios puede difundirse rápidamente y ser glorificada' y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, puede llenar cada vez más el corazón de los hombres. Así como la vida de la Iglesia se fortalece mediante la celebración más frecuente del misterio eucarístico, de manera similar podemos esperar un nuevo estímulo para la vida del Espíritu a partir de una creciente reverencia por la palabra de Dios, que 'dura para siempre'."