sábado, 7 de mayo de 2022

Sábado de la 3ª semana de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,31-42):

En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo. Pedro, que estaba recorriendo el país, bajó también a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla. Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y arregla tu lecho». Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarón, y se convirtieron al Señor. Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacía infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba. Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle: «No tardes en venir a nosotros». Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela mientras estuvo con ellas. Pedro, mandando salir fuera a todos, se arrodilló, se puso a rezar y, volviéndose hacia el cuerpo, dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él, dándole la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

Palabra del Señor

Salmo 115,R/. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Santo Evangelio según san Juan (6,60-69):

En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?». Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Palabra del Señor

Compartimos:

El discurso del Pan de Vida tiene un final en parte amargo: el rechazo por parte de muchos discípulos del lenguaje duro de Jesús, más que un malentendido (por una pretendida antropofagia), que suscita el abandono del seguimiento, debe entenderse como un rechazo de lo que la Eucaristía significa realmente: el mesianismo de cruz que lleva a Jesús (e invita a sus discípulos) a entregar totalmente la propia vida.

Esta amargura, esta sensación de soledad queda atemperada en parte por la fidelidad de los Doce. Es, podríamos decir, y así suena en las palabras de Pedro, una fidelidad triste (“¿a dónde vamos a ir?”, como diciendo, “no nos queda otra”), pero también es una fidelidad decidida: “tú tienes palabras de vida eterna, y sabemos (por experiencia propia) y creemos (nos fiamos) que tú eres el Santo de Dios”. A veces ser fiel es duro, conlleva cierta soledad y tristeza. Tomarse en serio el camino cristiano lleva siempre a esas fidelidades difíciles, a caminar contra corriente, incluso en ambientes “oficialmente” cristianos. Basta pensar en tantos santos, que sufrieron incomprensión y rechazo, aunque el entorno social fuera cristiano. Tanto más ha de ser así cuando el entorno es hostil.

Pero el ambiente adverso no debe hacernos perder la paz interna, personal y comunitaria, dentro de nosotros mismos y dentro de la Iglesia. Sólo desde esa paz que da Cristo presente entre nosotros es posible construir la comunidad creyente, y desde esa misma paz dedicarnos a hacer el bien, a consolar, sanar, dar vida allí donde parece reinar la muerte, dar la vida nueva de la resurrección como, con tanta elocuencia, nos lo narra el texto de los Hechos de los Apóstoles.

viernes, 6 de mayo de 2022

¿Qué es el Rosario? ¿Cómo se reza y qué beneficios tiene para las almas? ¿Puedo ganar indulgencias?

Los católicos siempre han tenido en el rezo del Santo Rosario una de las mejores formas de honrar a la Virgen María. Pero, ¿de dónde viene esta tradición tan arraigada entre los fieles, qué han dicho los Papas sobre su uso y cómo se reza de forma correcta esta plegaria

-¿Qué es el Rosario?


-¿Por qué es importante rezar el Rosario?


-¿Cuál es el origen del Rosario?


- ¿Puedo ganar indulgencias si rezo el Rosario?


-¿Cómo se reza el Rosario?


-¿Qué misterios se reza cada día?


-¿Qué dice la Virgen María sobre el Rosario?


-¿Qué dicen los santos sobre el Rosario?


-¿Qué dicen los Papas sobre el Rosario?


-¿Qué es el Rosario?


-El Rosario es, sin duda, una de las oraciones más apreciadas y utilizadas por los católicos para honrar a la Virgen María. Durante su rezo, que consiste en formular una serie de Padrenuestros y Avemarías, se recuerdan los misterios de la vida, muerte y resurrección de Jesús y la asunción y coronación de la Madre de Dios.

La palabra Rosario, que quiere decir "corona de rosas" ofrecidas a la Virgen, hace referencia no solo a la tradicional oración ya mencionada sino también al característico objeto formado de cuentas que se utiliza para recitar dicha plegaria.

El rezo del Rosario está compuesto, principalmente, de dos elementos: la oración mental y la oración verbal. La parte de la oración mental consiste en la meditación sobre los principales misterios de la vida de Jesús y de María, mientras que la parte verbal se basa en el rezo de los veinte misterios con sus correspondientes oraciones.

-¿Por qué es importante rezar el Rosario?

-El Santo Rosario es una de las herramientas devocionales más utilizadas por los cristianos a lo largo de la historia y su rezo ha sido fomentado en numerosas ocasiones por el Magisterio de la Iglesia, los diferentes Papas e incluso por mensajes de la propia Virgen María.

Considerándola como una oración que resume perfectamente la enseñanza del Evangelio, la Iglesia siempre ha defendido el rezo del Santo Rosario, especialmente en momentos de crisis, guerras o grandes persecuciones, además de estimarla como una de las principales armas que tienen los cristianos para luchar contra las tentaciones, la enfermedad, el sufrimiento, o la desesperanza.

Fueron las memorias del monje dominico Alan de la Roche, en el siglo XV, el codificador más importante del rezo del Rosario, las que recogerían una serie de beneficios que concede la Virgen a todos aquellos que lo recen. En la lista, revelada personalmente por María al religioso francés, entre otras cosas, se promete especial protección para todos los que cumplan con la plegaria, así como hacerlos dignos de la Vida Eterna y concederles todo lo que pidan mediante su rezo.

-¿Cuál es el origen del Rosario?

-Es muy probable que la idea del Rosario se remonte a los albores de la propia Iglesia. El uso de cordones de oración anudados era ya algo habitual en el cristianismo de los Padres del Desierto, en los siglos III y IV. Estos monjes solían utilizarlos para rezar la conocida Oración de Jesús. Otro momento importante para comprender la posterior llegada del Rosario fue la propagación entre los fieles de la devoción a las oraciones marianas. Algo que se disparó a raíz del primer Concilio de Éfeso, en el 431, y que toma un impulso definitivo con la aparición del Avemaría algunos siglos después.

La difusión del Rosario por Europa corrió ciertamente a cargo de la Orden de Predicadores. En este sentido, la tradición católica celebra la entrega en 1214 del Santo Rosario por parte de la misma Virgen María a Santo Domingo de Guzmán, como arma especialmente poderosa para la conversión de herejes y pecadores.

Un momento de la historia de la Iglesia, y de la propia Europa, en el que se pudo percibir el protagonismo del Rosario fue, sin duda, la Batalla de Lepanto en 1571. Se dice que mientras transcurría la contienda, el Papa Pío V recitaba en Roma el Santo Rosario. Durante uno de los rezos, el Papa salió de su capilla y, por aparente inspiración, anunció que la Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Como este importante hito había tenido lugar el primer domingo de octubre, la victoria fue atribuida a la Virgen del Rosario. Tras la batalla, la Cristiandad, sobre todo los países del sur de Europa, adoptó en masa el rezo del Rosario.

-¿Puedo ganar indulgencias si rezo el Rosario?

-El Manual de Indulgencias de la Iglesia Católica indica que se concede indulgencia plenaria al fiel que "recite devotamente el Rosario mariano en una iglesia u oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una reunión de fieles y en general, cuando varios se reúnen para un fin honesto".  Así mismo, la indulgencia plena se obtiene cuando el fiel "se una devotamente a la recitación de esa misma devoción cuando es hecha por el Sumo Pontífice y es difundida por medio de un instrumento televisivo o radiofónico. En otras circunstancias la indulgencia será parcial". 

La indulgencia plenaria se puede ganar una vez al día, excepto en peligro de muerte, y se puede obtener para un difunto. Para recibirla se debe cumplir con una serie de requisitos: confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Papa. Además, es indispensable que se recen las cinco decenas del Rosario sin interrupción, que las oraciones sean recitadas y los misterios meditados, y en el caso de tratarse de un Rosario público, los misterios deberán ser anunciados.

Sobre los rosarios bendecidos, el Papa Pablo VI estableció que "el fiel que emplea con devoción un objeto de piedad (crucifijo, cruz, Rosario, escapulario o medalla), bendecido debidamente por cualquier sacerdote, gana una indulgencia parcial". Además, "si hubiese sido bendecido por el Sumo Pontífice o por cualquier Obispo, el fiel, empleando devotamente dicho objeto, puede ganar también una indulgencia plenaria en la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, añadiendo alguna fórmula legítima de profesión de fe".

-¿Cómo se reza el Rosario?

-Señal de la cruz

Rezo del Credo de los apóstoles o el acto de contrición 

-Anuncio del primer misterio.

Rezo del Padrenuestro

Rezo de diez Avemarías, Gloria.

Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de piedad, amor y misericordia. Defiéndenos del enemigo y ampáranos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

-Anuncio del segundo misterio.

Rezo del Padrenuestro. 

Rezo de diez Avemarías, Gloria y Jaculatoria. 

-Anuncio del tercer misterio.

Rezo del Padrenuestro.

Rezo de diez Avemarías, Gloria y Jaculatoria.

-Anuncio del cuarto misterio

Rezo del Padrenuestro. 

Rezo de diez Avemarías, Gloria y Jaculatoria. 

-Anuncio del quinto misterio.

Rezo del Padrenuestro.

Rezo de diez Avemarías, Gloria y Jaculatoria.

-Una vez terminados los cinco misterios (5 Padrenuestros, 50 Avemarías y 5 Glorias) se recitan las letanías:

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, 

ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, 

Dios, Espíritu Santo, 

Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María, 

ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios,

Santa Virgen de las Vírgenes,

Madre de Cristo, 

Madre de la Iglesia, 

Madre de la misericordia, 

Madre de la divina gracia, 

Madre de la esperanza, 

Madre purísima, 

Madre castísima, 

Madre siempre virgen,

Madre inmaculada, 

Madre amable, 

Madre admirable, 

Madre del buen consejo, 

Madre del Creador, 

Madre del Salvador, 

Virgen prudentísima, 

Virgen digna de veneración, 

Virgen digna de alabanza, 

Virgen poderosa, 

Virgen clemente, 

Virgen fiel, 

Espejo de justicia, 

Trono de la sabiduría, 

Causa de nuestra alegría, 

Vaso espiritual, 

Vaso digno de honor, 

Vaso de insigne devoción, 

Rosa mística, 

Torre de David, 

Torre de marfil, 

Casa de oro, 

Arca de la Alianza, 

Puerta del cielo, 

Estrella de la mañana, 

Salud de los enfermos, 

Refugio de los pecadores, 

Consuelo de los migrantes,

Consoladora de los afligidos, 

Auxilio de los cristianos, 

Reina de los Ángeles, 

Reina de los Patriarcas, 

Reina de los Profetas, 

Reina de los Apóstoles, 

Reina de los Mártires, 

Reina de los Confesores, 

Reina de las Vírgenes, 

Reina de todos los Santos, 

Reina concebida sin pecado original, 

Reina asunta a los Cielos, 

Reina del Santísimo Rosario, 

Reina de la familia, 

Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 

perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 

escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 

ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 

Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN. 

Te rogamos nos concedas, 

Señor Dios nuestro, 

gozar de continua salud de alma y cuerpo, 

y por la gloriosa intercesión 

de la bienaventurada siempre Virgen María, 

vernos libres de las tristezas de la vida presente 

y disfrutar de las alegrías eternas. 

Por Cristo nuestro Señor. 

Amén.

-Posteriormente se realiza una oración por las intenciones del Papa (un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria), una Salve y se concluye con la jaculatoria final que cierra el Rosario: "Ave María Purísima. Sin pecado concebida".

Viernes de la 3ª semana de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,1-20):

En aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres. Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Dijo él: «¿Quién eres, Señor?». Respondió: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer». Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber. Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «Ananías». Respondió él: «Aquí estoy, Señor». El Señor le dijo: «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista». Ananías contestó: «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre». El Señor le dijo: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre». Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo». Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Palabra de Dios

Salmo 116 R/. Ir al mundo entero y proclamad el Evangelio

 Santo Evangelio según san Juan (6,52-59):

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor

Compartimos:

Allí donde actúa el Espíritu de Jesús, decíamos ayer, florece hasta el desierto. La muerte de Esteban, una tragedia a los ojos humanos, y la persecución posterior que desencadena, vistas con ojos de fe, resultan caminos de la Providencia que acaban dando sus frutos. Ni más ni menos que, Saulo, uno de los principales protagonistas de la persecución es tocado por el Espíritu, se encuentra inesperadamente con Jesús, y se convierte en Pablo, el gran Apóstol de los gentiles. La conversión de Pablo es toda una invitación a no perder la esperanza, no sólo en Dios, claro está, sino también en los hombres: el más encarnizado enemigo de Dios, de la fe, de la Iglesia, puede encontrarse con Cristo, cambiar radicalmente. Estas conversiones son mucho más frecuentes de lo que parece. Aquí en Rusia hemos tenido ocasión de conocer a no pocas personas, educadas en un ateísmo radical y personalmente asumido, que, después, de diversas maneras, han hecho un “camino de Damasco” y se han convertido en creyentes (católicos, ortodoxos) activos, pequeños Pablos de Tarso, instrumentos escogidos de Dios.

Esta transformación no es cosa, simplemente, de propósitos morales. Es preciso dejar que Cristo habite en nosotros, y nosotros en él, en una existencia eucarística. La Eucaristía debería producir ese milagro de la encarnación personal de la Palabra que tan bien realizó Pablo: “es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). Y si, por la comunión Eucarística, Cristo vive en nosotros, bien podríamos convertirnos nosotros, por nuestro modo de vida, en esa voz que llama a una vida nueva a los que se declaran nuestros enemigos, para que, como Pablo, pasen de la ceguera a la luz de la fe en Cristo.

jueves, 5 de mayo de 2022

Oración a la Virgen Maria

 Te saludamos Reina de virginal pureza, María, Madre de mi Señor Jesucristo,

 vergel hermosísimo de los deleites del Paraíso del Cielo,

 rosa cándida y olorosa sin espina de original pecado;te bendecimos

 y alabamos, pues eres engrandecida del mismo Dios, Hija del Padre,

 Madre del Hijo y Esposa y Templo del Espíritu Santo; 

suplícamos todos tus hijos, nos concedas y alcances 

de tu precioso Hijo, de tal manera vivir esta vida que cuando

 de ella parta, vaya a gozar de la eterna, donde en cuerpo

 y alma vives y reinas por todos los siglos son fin.

 Amén.

Jueves de la 3ª semana de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,26-40):

En aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo: «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto». Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza». Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?». Contestó: «Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?». E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este: «Como cordero fue llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra». El eunuco preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?». Felipe se puso a hablarle y, tomando píe de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría. Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Palabra de Dios

Salmo 65,R/. Aclamad al Señor, tierra entera

 Santo Evangelio según san Juan (6,44-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Palabra del Señor

Compartimos:

La obra de la evangelización es asunto del Espíritu Santo o, como dice Jesús, del Padre y su Providencia: “nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre…” Pero esa obra se realiza por la mediación humana que empieza en la encarnación del Verbo, en Cristo, y se prologa por medio de su cuerpo que es la Iglesia. En nuestro testimonio cristiano tenemos que sabernos instrumentos de esa Providencia del Padre, de esa guía del Espíritu Santo y, definitiva, del ministerio del mismo Cristo, del que nos alimentamos en la Eucaristía (en la doble mesa de la Palabra y el Pan y el Vino). Y como los caminos de Dios no son los de los hombres (cf. Is 55, 8) la obra de la evangelización transcurre por caminos paradójicos y, humanamente, no siempre comprensibles desde criterios de éxito y eficacia. El ángel del Señor (el Espíritu Santo) envía a Felipe a un lugar desierto y a un hombre sin futuro (un eunuco). He aquí un buen ejemplo de ese anuncio del evangelio por extraños caminos, en apariencia infecundos, incapaces de dar fruto. No es infrecuente escuchar críticas a la inutilidad de ciertas vocaciones y de ciertas misiones. ¿Qué hacen los monjes y monjas de clausura, ahí, encerrados, orando, cuando hay tantas cosas que hacer, tantas necesidades que atender? ¿Qué pintan esos misioneros en territorios musulmanes, en los que ni siquiera pueden anunciar el evangelio? También los que trabajan en lugares como Rusia hemos escuchado esos reproches: ¿qué hacen en “territorio ortodoxo”, donde apenas hay católicos, cuando en nuestros viejos países, que alguna vez fueron cristianos, hay tanto que hacer y tan pocas vocaciones? Es el ángel del Señor el que envía a Felipe al camino de Gaza, que, le dice, está desierto. Y Felipe no pregunta: “¿a qué?”; simplemente, va. Y conversa con un eunuco, un hombre-desierto, sin futuro. Pero es que donde actúa el Espíritu del Señor y hay hombres que lo secundan el desierto se convierte en un jardín (cf. Is 53, 3) y los eunucos, excluidos por la Ley de la asamblea del Señor (cf. Dt 23, 2), engendran vida: “No diga el eunuco: soy un árbol seco. Pues así dice el Señor: respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello que me agrada y mantienen mi alianza, yo he de darles en mi templo y en mis muros un monumento y nombre mejor que hijos e hijas; nombre eterno les daré que no será borrado” (Is 56, 3-5).

miércoles, 4 de mayo de 2022

Oración a María, Madre de la Iglesia

 Oh, María,

tú resplandeces siempre en nuestro camino

como signo de salvación y esperanza.

Nosotros nos encomendamos a ti, salud de los enfermos,

que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús

manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos,

sabes lo que necesitamos

y estamos seguros de que proveerás para que,

como en Caná de Galilea,

pueda regresar la alegría y la fiesta

después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,

a conformarnos a la voluntad del Padre

y a hacer lo que nos dirá Jesús,

que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos.

y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos,

a través de la Cruz,

al gozo de la Resurrección.

Bajo tu protección nos acogemos,

santa Madre de Dios;

no deseches las súplicas

que te dirigimos en nuestras necesidades;

antes bien, líbranos siempre de todo peligro,

oh, Virgen gloriosa y bendita.

Amén

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Catequesis sobre la vejez 8. Eleazar, la coherencia de la fe de, herencia del honor

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En el camino de estas catequesis sobre la vejez, hoy encontramos un personaje bíblico —un anciano— de nombre Eleazar, que vivió en los tiempos de la persecución de Antíoco Epífanes. Es una bonita figura. Su figura nos entrega un testimonio de la relación especial que existe entre la fidelidad de la vejez y el honor de la fe. ¡Es un valiente! Quisiera hablar precisamente del honor de la fe, no solo de la coherencia, del anuncio, de la resistencia de la fe. El honor de la fe se encuentra periódicamente bajo la presión, incluso violenta, de la cultura de los dominadores, que intenta envilecerla tratándola como un hallazgo arqueológico, o vieja superstición, terquedad anacrónica, etc.

La historia bíblica —hemos escuchado un pequeño pasaje, pero es bonito leerlo todo— narra el episodio de los judíos obligados por un decreto del rey a comer carnes sacrificadas a los ídolos. Cuando es el turno de Eleazar, que era un anciano de noventa años muy estimado por todos y con autoridad, los oficiales del rey le aconsejan que haga una simulación, es decir que finja comer la carne sin hacerlo realmente. Hipocresía religiosa, hay tanta hipocresía religiosa, hipocresía clerical. Estos le dicen: “Pero haz un poco el hipócrita, nadie se dará cuenta”. Así Eleazar se habría salvado, y —decían aquellos— en nombre de la amistad habría aceptado su gesto de compasión y de afecto. Después de todo —insistían— se trataba de un gesto mínimo, fingir comer pero no comer, un gesto insignificante.

Es poca cosa, pero la respuesta tranquila y firme de Eleazar se basa en un argumento que nos llama la atención. El punto central es este: deshonrar la fe en la vejez, para ganar unos cuantos días, no es comparable con la herencia que esta debe dejar a los jóvenes, a enteras generaciones futuras. ¡Qué bueno este Eleazar! Un anciano que ha vivido en la coherencia de la propia fe durante toda la vida, y ahora se adapta a fingir el repudio, condena a la nueva generación a pensar que toda la fe haya sido una ficción, una cubierta exterior que se puede abandonar pensando que se puede conservar en la propia intimidad. Y no es así, dice Eleazar. Tal comportamiento no honra la fe, ni siquiera frente a Dios. Y el efecto de esta banalización exterior será devastador para la interioridad de los jóvenes. ¡La coherencia de este hombre que piensa en los jóvenes, piensa en la herencia futura, piensa en su pueblo!

Es precisamente la vejez —y esto es bonito para los ancianos— la que aparece aquí como el lugar decisivo, el lugar insustituible de este testimonio. Un anciano que, a causa de su vulnerabilidad, aceptara considerar irrelevante la práctica de la fe, haría creer a los jóvenes que la fe no tiene ninguna relación real con la vida. Les parecería, desde su inicio, como un conjunto de comportamientos que, si es necesario, pueden ser simulados o disimulados, porque ninguno de ellos es tan importante para la vida.

La antigua gnosis heterodoxa, que fue una insidia muy poderosa y muy seductora para el cristianismo de los primeros siglos, teorizaba precisamente sobre esto, es una cosa vieja esta: que la fe es una espiritualidad, no una práctica; una fuerza de la mente, no una forma de vida. La fidelidad y el honor de la fe, según esta herejía, no tienen nada que ver con los comportamientos de la vida, las instituciones de la comunidad, los símbolos del cuerpo. La seducción de esta perspectiva es fuerte, porque interpreta, a su manera, una verdad indiscutible: que la fe nunca se puede reducir a un conjunto de normas alimenticias o de prácticas sociales. La fe es otra cosa. El problema es que la radicalización gnóstica de esta verdad anula el realismo de la fe cristiana, porque la fe cristiana es realista, la fe cristiana no es solamente decir el Credo, sino que es pensar el Credo, es sentir el Credo, es hacer el Credo. Trabajar con las manos. Sin embargo, esta propuesta gnóstica es un “fingir”, lo importante es que tú dentro tengas la espiritualidad y después puedes hacer lo que quieras. Y esto no es cristiano. Es la primera herejía de los gnósticos, que está muy de moda aquí, en este momento, en tantos centros de espiritualidad, etc. Y vacía el testimonio de esta gente, que muestra los signos concretos de Dios en la vida de la comunidad y resiste a las perversiones de la mente a través de los gestos del cuerpo.

La tentación gnóstica que es una de las —digamos la palabra— herejías, una de las desviaciones religiosas de este tiempo, la tentación gnóstica siempre permanece actual. En muchas tendencias de nuestra sociedad y de nuestra cultura, la práctica de la fe sufre una representación negativa, a veces en forma de ironía cultural, a veces con una marginación oculta. La práctica de la fe para estos gnósticos que ya estaban en la época de Jesús, es considerada como una exterioridad inútil e incluso nociva, como un residuo anticuado, como una superstición enmascarada. En resumen, una cosa para los viejos. La presión que esta crítica indiscriminada ejerce en las jóvenes generaciones es fuerte. Cierto, sabemos que la práctica de la fe puede convertirse en una exterioridad sin alma —este es el peligro contrario—, pero en sí misma no lo es en absoluto. Quizá nos corresponde precisamente a nosotros, a los ancianos, una misión muy importante: devolver a la fe su honor, hacerla coherente que es el testimonio de Eleazar, la coherencia hasta el final. La práctica de la fe no es el símbolo de nuestra debilidad, sino más bien el signo de su fuerza. Ya no somos niños. ¡No bromeamos cuando nos pusimos en el camino del Señor!

La fe merece respeto y honor hasta el final: nos ha cambiado la vida, nos ha purificado la mente, nos ha enseñado la adoración de Dios y el amor del prójimo. ¡Es una bendición para todos! Pero toda la fe, no una parte. No cambiaremos la fe por unos cuantos días tranquilos, sino que haremos como Eleazar, coherente hasta el final, hasta el martirio. Demostraremos, con mucha humildad y firmeza, precisamente en nuestra vejez, que creer no es algo “de viejos”, sino que es algo de vida. Creer en el Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas, y Él con gusto nos ayudará.

Queridos hermanos y hermanas ancianos, por no decir viejos —estamos en el mismo grupo— miremos, por favor, a los jóvenes. Ellos nos miran, no olvidemos esto. Me viene a la mente esa película de la postguerra tan bonita: “Los niños nos miran”. Nosotros podemos decir lo mismo con los jóvenes: los jóvenes nos miran y nuestra coherencia puede abriles un camino de vida bellísimo. Sin embargo, una eventual hipocresía hará mucho mal. Recemos los unos por los otros. ¡Qué Dios nos bendiga a todos nosotros ancianos!

Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Veo allí mexicanos, chilenos, argentinos, muchos peregrinos de lengua española, españoles y colombianos. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos fieles y valientes de Cristo, y sobre todo a ser coherentes cuando las dificultades ponen a prueba nuestra fe. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos nuestras catequesis sobre la vejez, y hoy nos acompaña la figura de Eleazar. Nos dice la Biblia que a este noble anciano se le propuso ganar unos días más de vida si traicionaba los preceptos de Dios, pero él rechazó esa posibilidad con firmeza y valentía. Eleazar decidió morir antes que renegar de la fe, dando así ejemplo de fidelidad y de coherencia a las futuras generaciones. Su testimonio nos deja una gran herencia: ser coherentes con la propia fe, es decir, obrar siempre de acuerdo a lo que creemos, hasta el final de nuestros días.

La tentación de separar la fe y la vida podemos encontrarla también hoy, de diferentes maneras, incluso con maneras que parecen mejores espiritualmente. Por ejemplo, vemos que la práctica de la fe muchas veces se presenta de forma negativa, se ridiculiza o se margina, o bien se considera una cosa de “viejos”, algo inútil e incluso nocivo para la propia existencia. Frente a esto, estamos llamados a testimoniar que la fe no es algo reservado a una etapa de la vida, sino una bendición para todos, un don que siempre merece ser respetado y honrado.