martes, 2 de noviembre de 2021

Oración a San Martín de Porres

 Quiero sentir tu poderosa intercesión. Tú, que viviste sólo para Dios y para tus hermanos, que tan solícito fuiste en socorrer a los necesitados, escucha a quienes admiramos tus virtudes.

Confiamos en tu poderoso valimiento para que, intercediendo ante el Dios de bondad, nos sean perdonados nuestros pecados y me vea libre de males y desgracias.

Alcánzanos tu espíritu de caridad y servicio para que amorosamente pueda entregarnos a Dios a nuestros hermanos y a hacer el bien.

Padre celestial, por los méritos de tu fiel siervo San Martín, ayúdanos  en nuestros problemas y no permitas que quede confundida nuestra esperanza.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

El humilde fraile, San Martin de Porres

 San Martin fue un fraile dominico. En la orden se forjó como un verdadero discípulo del Señor, hombre orante, su deseo era ser el más humilde, un donado.

Se consideraba un buen hermano y respetaron su elección de permanecer como un humilde dominico al servicio de los pobres más pobres. Por su gran espiritualidad los superiores de la orden le dan sus votos perpetuos. El dejó los estudios de medicina y peluquería y se dedicó a su vocación de cuidar a los necesitados y especialmente a los enfermos. 

 Tenía gran fama por ser un enfermero que no sólo cuidaba bien sino que por medio  de su buen cuidado y sus oraciones muchos de sus pacientes se sanaban. 

 El era muy amigo de santa Rosa de Lima y juntos oraban y ayunaban para que los que estaban enfermos pudieran recibir milagros de sanación. También se dice que san Martín se abstenía de comer carne como parte de su decisión de vivir una vida austera imitando a su Dueño Absoluto. 

San Martín de Porres es una inspiración no sólo por sus prácticas espirituales sino que, como Cristo, vivió una vida con muchos obstáculos supo vencerlos con la gracia de su AMIGO JESÚS.

 San Martin hijo de madre soltera, mulato, sufrió
la discriminación que el aprovechó para darle un sentido santificador para sí y para los demás.


Martes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Macabeos (6,18-31):

En aquellos días, a Eleazar, uno de los principales escribas, hombre de edad avanzada y semblante muy digno, le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida. Los que presidían aquel sacrificio ilegal, viejos amigos de Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera, haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración.

Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la Ley santa dada por Dios, respondió todo seguido: «iEnviadme al sepulcro! Que no es digno de mi edad ese engaño. Van a creer muchos jóvenes que Eleazar, a los noventa años, ha apostatado, y, si miento por un poco de vida que me queda, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso seria manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no escaparía de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable Ley.» Dicho esto, se dirigió en seguida al suplicio. Los que lo llevaban, poco antes deferentes con él, se endurecieron, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar.

Él, a punto de morir a fuerza de golpes, dijo entre suspiros: «Bien sabe el Señor, que posee la santa sabiduría, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y los sufro con gusto en mi alma por respeto a él.» Así terminó su vida, dejando, no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.

Palabra de Dios

Salmo 3,R/. El Señor me sostiene

Evangelio según san Lucas (19,1-10):

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Lo verdaderamente impresionante de nuestro relato es el proceso de conversión. Jesús se autoinvitó a casa del despreciado; y parece que comió con él y sus compinches. El gesto impresionó y dio lugar a las normales habladurías… quizás a dudas sobre la identidad profética de Jesús. El “hombre de Dios” que se conocía en el judaísmo solía evitar el contacto con gente de esa clase.

No menos llamativo resulta el hecho de que Jesús no hace a Zaqueo el más mínimo reproche. Esto debió de contrastar con las advertencias y los menosprecios que el adinerado recaudador había recibido de “la gente bien”, de “los cumplidores”,…

La experiencia de Zaqueo resultó inenarrable: el “profeta” no le había evitado, sino que se había hecho su compañero de techo y de mesa, en aquella sociedad en la que compartir la comida significaba compartir la vida. Para Zaqueo fue una experiencia de gracia abrumadora, eficaz y transformante; su sensibilidad cambió radicalmente, no se reconocía a sí mismo,… y comenzó a replanificar la vida.

Jesús no le había pedido nada; pero su contacto había dado origen a una criatura nueva. Los predicadores de antaño amenazaron demasiado con el infierno, aterraron, y la excomunión de los “pecadores” –jurídica o de hecho- llevó a muchos al endurecimiento en sus desviaciones. Jesús cosechó frecuentemente mejores éxitos por el camino del amor, de la acogida, de la oferta de vida. Jesús nunca humilló a un pecador.

El evangelista Lucas ha querido dejar claro a su comunidad que al excluido se le recupera por el camino de la gracia y comprensión. Y ya de paso, según su tendencia habitual, se reafirma en que el que es “tocado” por la cercanía de Jesús cae en la cuenta de que hay injusticias que remediar y pobres en que pensar: La nueva conducta de Zaqueo es la demostración de haber adquirido ese nuevo sentido, esa nueva sensibilidad. 

Conmemoración de los fieles difuntos

Lectura del libro de las Lamentaciones (3,17-26):

Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión: antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios

Salmo 129,R/. Desde lo hondo a ti grito, Señor

Evangelio según san Juan (14,1-6):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.»

Palabra del Señor

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Más allá de nuestra manera personal de evocar a los seres queridos que ya han muerto, ¿cuál es el sentido cristiano de este día? ¿Qué luz nos viene de la Palabra de Dios? Creo que podríamos vivirlo como un día de acción de gracias y de petición.

Damos gracias a Dios por los hombres y mujeres que ha puesto en nuestro camino y que nos han ayudado a ser lo que somos. Cada persona muerta es un germen de vida. Con el paso del tiempo tomamos conciencia de lo que tal vez no comprendimos cuando se estaba produciendo: tantos detalles de amor, de cercanía. La gratitud es el fruto maduro de la gracia. Al mismo tiempo, le pedimos a Dios por nuestros hermanos y hermanas. ¿Qué podemos pedir? En este terreno, tan propicio a las elucubraciones o a las opiniones personales, yo siempre he preferido dejarme guiar por la liturgia. Me parece que la súplica más simple y profunda es pedirle a Dios que "así como (nuestros hermanos y hermanas) han compartido ya la muerte de Cristo, compartan también con él la gloria de la resurrección". Le pedimos que se haga realidad en ellos el sueño de Dios, que Él, por tanto, purifique, perdone, complete las existencias de nuestros seres queridos y de todos los que han muerto en la esperanza de la resurrección.

Me conmueven las palabras de Jesús en el evangelio de Juan: "Voy a prepararos un lugar". No es que nosotros tengamos que asegurarnos nuestro "retiro celestial" a base de cotizar a un extraño sistema de "seguridad social celeste". Para cada ser humano Jesús ha preparado un lugar junto a Dios. La muerte no es, por tanto, el ocaso de la vida, sino la puerta de acceso al encuentro definitivo con Dios, a la vida plena.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Oración por nuestros difuntos

 Concede, Señor, la felicidad de la gloria eterna
 a  nuestros difuntos, a quienes has llamado de este
 mundo cuando el vigor de la juventud embellecía
 su vida corporal; muestra para con él (ella) tu
 misericordia y acógelo(a) entre tus santos en el 
canto eterno de tu alabanza.
 Por Jesucristo nuestro Señor.
 Amén.

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos Todos los Santos y en la Liturgia resuena el mensaje "programático" de Jesús, que son las Bienaventuranzas (cf. Mt 5, 1-12a). Nos muestran el camino que conduce al Reino de Dios y la felicidad: el camino de la humildad, la compasión, la mansedumbre, la justicia y la paz. Ser santo es caminar por este camino. Centrémonos ahora en dos aspectos de este estilo de vida. Dos aspectos típicos de este estilo de vida de santidad: la alegría y la profecía .

Alegría . Jesús comienza con la palabra "Bendito" ( Mt5.3). Es el principal anuncio, el de una felicidad sin precedentes. La bienaventuranza, la santidad no es un programa de vida compuesto únicamente de esfuerzos y renuncias, sino sobre todo el gozoso descubrimiento de ser hijos amados por Dios, y esto os llena de alegría. No es una conquista humana, es un don que recibimos: somos santos porque Dios, que es el Santo, viene a habitar nuestra vida. Él es quien nos da la santidad. ¡Por esto somos bendecidos! La alegría del cristiano, entonces, no es la emoción de un momento o un simple optimismo humano, sino la certeza de poder afrontar cada situación bajo la mirada amorosa de Dios, con el coraje y la fuerza que emanan de él. en medio de muchas tribulaciones, experimentaron este gozo y lo presenciaron. Sin alegría, la fe se convierte en un ejercicio riguroso y opresivo, y corre el riesgo de enfermarse de tristeza. Tomemos esta palabra: enfermar de tristeza. Un Padre del desierto solía decir que la tristeza es "un gusano del corazón", que corroe la vida (cf. Evagrio Pontico,Los ocho espíritus de maldad , XI). Preguntémonos esto: ¿somos cristianos alegres? ¿Soy un cristiano alegre o no? ¿Transmitimos alegría o somos personas aburridas y tristes con rostro fúnebre? ¡Recordemos que no hay santidad sin alegría !

El segundo aspecto: profecía . Las Bienaventuranzas están dirigidas a los pobres, los afligidos, los hambrientos de justicia. Es un mensaje en contracorriente. De hecho, el mundo dice que para tener felicidad debes ser rico, poderoso, siempre joven y fuerte, disfrutar de la fama y el éxito. Jesús anula estos criterios y hace un anuncio profético -y esta es la dimensión profética de la santidad-: la verdadera plenitud de vida se alcanza siguiendo a Jesús, practicando su Palabra. Y esto significa otra pobreza, es decir, ser pobre por dentro, vaciarse para dar lugar a Dios. Quien se cree rico, exitoso y seguro, todo lo basa en sí mismo y se cierra a Dios y a sus hermanos, mientras que los que conocen ser pobre y no autosuficiente permanece abierto a Dios y al prójimo. Y encuentra alegría. Las Bienaventuranzas, entonces, sonla profecía de una nueva humanidad , de una nueva forma de vivir: hacerse pequeño y encomendarse a Dios, en lugar de emerger sobre los demás; ser manso, en lugar de intentar imponerse; practicar la misericordia, en lugar de pensar solo en uno mismo; Comprometerse con la justicia y la paz, en lugar de alimentar, incluso con connivencia, injusticia y desigualdad. La santidad es acoger y poner en práctica, con la ayuda de Dios, esta profecía que revoluciona el mundo. Entonces podemos preguntarnos: ¿Testifico de la profecía de Jesús? ¿Expreso el espíritu profético que recibí en el bautismo? ¿O me adapto a las comodidades de la vida y a mi pereza, pensando que todo está bien si me parece bien? ¿Traigo al mundo la alegre novedad de la profecía de Jesús o las quejas habituales sobre lo que está mal? Preguntas que nos vendrá bien plantearnos.

Que la Santísima Virgen nos dé algo de su alma, esa alma bendita que engrandeció gozosamente al Señor, que "derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes" (cf. Lc 1,52).

Queridos hermanos y hermanas,

Os saludo cordialmente a todos vosotros, romanos y peregrinos. Un saludo especial a los participantes en la Carrera de los Santos , organizada por la Fundación “Don Bosco nel Mondo”. Es importante promover el valor educativo del deporte. Gracias también por su iniciativa a favor de los niños de Colombia.

Mañana por la mañana iré al Cementerio Militar Francés de Roma : será una oportunidad para rezar en sufragio por todos los muertos, especialmente por las víctimas de la guerra y la violencia. Al visitar este cementerio, me uno espiritualmente a aquellos que van a orar en las tumbas de sus seres queridos en todas partes del mundo en estos días.

Les deseo a todos una feliz fiesta de los santos, en la compañía espiritual de todos los santos. Por favor, no olvides orar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!

Todos los Santos

Lectura del libro del Apocalipsis (7,2-4.9-14):

Yo, Juan, vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes había encomendado causar daño a la tierra y al mar: «No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios.»

Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.» Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: «Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén.»

Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas quiénes son y de dónde han venido?» Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.» Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero.»

Palabra de Dios

Salmo 23,R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,1-3):

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purificará a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12):

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor

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Los santos y santas anónimos son esos que nos han precedido en la tierra llevando una “vida corriente”, que nos estimulan con su ejemplo y que ahora interceden ante Dios por nosotros.

“¿Será difícil ser santo?”, se preguntan algunas personas. La verdad es que lo difícil, difícil, es que la santidad -de existir- sea reconocida oficialmente. Para eso, debe producirse algún que otro milagro, además de requerir un papeleo interminable y el empleo de no pocos recursos económicos. Así van las cosas de palacio... Pero ser santo o santa -según el caso-, que eso es lo importante, está al alcance de nuestra mano, contando siempre con la gracia de Dios.

Alguien dijo que, para ser santo, no hay que hacer nada extraordinario. Basta con hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. ¡Eso es nada! En el cielo -cuando vayamos- nos encontraremos con mucha gente sencilla que estará rodeada de un halo de santidad esplendoroso porque aquí, en la tierra, realizaron a la perfección sus deberes familiares, cívicos y religiosos sin llamar la atención: padres y madres, abuelos y abuelas, vecinos, colegas de profesión y cientos de miles de seres anónimos, a algunos de los cuales conocimos algún día o nos cruzamos con ellos en la calle, en el metro, o coincidimos con ellos en el ascensor de nuestra casa, etc.

Seamos santos porque santo es el Señor. Eso va por todos.