lunes, 6 de septiembre de 2021

Lunes de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,24–2,3):

Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos Dios ha querido dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo: ésta es mi tarea, en la que lucho denonadamente con la fuerza poderosa que él me da. Quiero que tengáis noticia del empeñado combate que sostengo por vosotros y los de Laodicea, y por todos los que no me conocen personalmente. Busco que tengan ánimos y estén compactos en el amor mutuo, para conseguir la plena convicción que da el comprender, y que capten el misterio de Dios. Este misterio es Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer.

Palabra de Dios

Salmo 61, R/. De Dios viene mi salvación y mi gloria

Evangelio según san Lucas (6,6-11):

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.

Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: «Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?» Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.» Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor

Compartimos:

¿Cómo es posible que el corazón del hombre sea tan duro?¿Qué le lleva a esa sequía de sentimientos? Y, encima, dicen que lo hacen en nombre de Dios. No podemos poner el bien de Dios al margen del bien del hombre: “Tuve hambre y me disteis de comer”, “Lo que hicisteis con mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis”. Conjugamos bien el culto a Dios y el amor a los demás.

Es cierto. Vivimos en comunidad, en sociedad, y hemos de tener en cuenta unas normas, unas reglas de juego. Pero sin descender nunca a esas minucias que ahogan la vida de la gente. Como es un clérigo el que esto escribe, y como relajo de vacaciones, recuerda aquella moral aprendida: celebrando misa se podían cometer diez pecados mortales; por ejemplo, si no te ponías una prenda litúrgica. A esto podías añadir tantos pecados mortales como horas del Oficio Divino omitías. Y así de lo demás. Preguntémonos con frecuencia: ¿Somos nosotros tan raquíticos de espíritu que nos dominen, como a los fariseos, mil naderías y bagatelas?

Como en Jesús, en sus seguidores no caben más razones que las palabras y los hechos que alivian el dolor de la gente. A veces, buscamos razones especiosas cuando nos cuesta salir al encuentro del que sufre. Son terribles frases como estas, frecuentes en la conversación: “Él se lo ha buscado”, “Dios castiga y sin palo”, “En el pecado lleva la penitencia”. Y no digamos si, como en el evangelio, sacamos a relucir razones religiosas y cúlticas.  Resuena aquí la voz bíblica: “Misericordia quiero, y no sacrificio”.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Ángelus del Santo Padre francisco

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El evangelio de la liturgia de hoy presenta a Jesús que sana a una persona sorda y muda. En la historia, llama la atención la forma en que el Señor realiza esta prodigiosa señal. Y lo hace así: se lleva al sordomudo a un lado, se tapa los oídos con los dedos y se toca la lengua con saliva, luego mira hacia el cielo, suspira y dice: " Effatà ", es decir, "¡Ábrete!" ( véase Mc7,33-34). En otras curaciones, por enfermedades igualmente graves, como parálisis o lepra, Jesús no realiza muchos gestos. ¿Por qué hace todo esto ahora, a pesar de que sólo se le pide que ponga la mano sobre la persona enferma (cf. v. 32)? ¿Por qué hace estos gestos? Quizás porque la condición de esa persona tiene un valor simbólico particular. Ser sordo y mudo es una enfermedad, pero también es un símbolo. Y este símbolo tiene algo que decirnos a todos. ¿De qué se trata? Se trata de sordera . Ese hombre no podía hablar porque no podía oír. De hecho, para curar la causa de su malestar, Jesús primero coloca sus dedos en sus oídos, luego en su boca, pero primero en sus oídos.

Todos tenemos oídos, pero muchas veces somos incapaces de escuchar. ¿Porque? Hermanos y hermanas, hay de hecho una sordera interior, que hoy podemos pedirle a Jesús que toque y sane. Y esa sordera interior es peor que la física, porque es la sordera del corazón. Llevados por las prisas, por mil cosas para decir y hacer, no encontramos tiempo para detenernos y escuchar a quienes nos hablan. Corremos el riesgo de volvernos impermeables a todo y de no dar espacio a los que necesitan escuchar: estoy pensando en los niños, los jóvenes, los ancianos, muchos que no necesitan tanto palabras y sermones, sino escuchar. Preguntémonos: ¿cómo es mi escucha? Me dejo tocar por la vida de las personas, ¿sé dedicar tiempo a los que me rodean para que me escuchen? Esto es para todos nosotros, pero de manera especial para los sacerdotes, para los sacerdotes. El sacerdote debe escuchar a la gente, no apresurarse, escuchar…, y ver cómo puede ayudar, pero después de escuchar. Y todos nosotros: primero escuchemos, luego respondamos. Pensemos en la vida familiar: ¡cuántas veces hablas sin escuchar primero, repitiendo tus propios estribillos que siempre son los mismos! Incapaz de escuchar siempre decimos las mismas cosas, o no dejamos que el otro deje de hablar, de expresarse, y lo interrumpimos. El renacimiento de un diálogo pasa muchas veces no de las palabras, sino del silencio, de no estancarse, de volver a empezar con paciencia a escuchar al otro, a escuchar sus esfuerzos, a lo que lleva dentro. La curación del corazón comienza con la escucha. Escuchar. Y esto cura el corazón. "Pero padre, hay gente aburrida que siempre dice las mismas cosas ...". Escúchalos. Y luego, cuando terminen de hablar, di tu palabra, pero escucha todo. La curación del corazón comienza con la escucha. Escuchar. Y esto cura el corazón. "Pero padre, hay gente aburrida que siempre dice las mismas cosas ...". Escúchalos. Y luego, cuando terminen de hablar, di tu palabra, pero escucha todo. La curación del corazón comienza con la escucha. Escuchar. Y esto cura el corazón. "Pero padre, hay gente aburrida que siempre dice las mismas cosas ...". Escúchalos. Y luego, cuando terminen de hablar, di tu palabra, pero escucha todo.

Y lo mismo ocurre con el Señor. Hacemos bien en inundarlo con solicitudes, pero es mejor que lo escuchemos primero. Jesús lo pregunta. En el Evangelio, cuando se le pregunta cuál es el primer mandamiento, responde: " Escucha , Israel". Luego añade el primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón [...] ya tu prójimo como a ti mismo" ( Mc 12, 28-31). Pero antes que nada: " Escucha, Israel".Escucha, tú. ¿Nos acordamos de escuchar al Señor? Somos cristianos pero quizás, entre las miles de palabras que escuchamos todos los días, no encontremos unos segundos para hacer resonar en nosotros algunas palabras del Evangelio. Jesús es la Palabra: si no nos detenemos a escucharlo, pasa. Si no nos detenemos a escuchar a Jesús, continúa. San Agustín decía: “Temo al Señor cuando pasa”. Y el miedo era dejarlo pasar sin escucharlo. Pero si dedicamos tiempo al evangelio, encontraremos un secreto para nuestra salud espiritual. Aquí está la medicina: cada día un poco de silencio y escucha, unas palabras menos inútiles y unas pocas palabras más Palabra de Dios. Siempre con el Evangelio en el bolsillo, lo que ayuda mucho. Escuchamos hoy, como el día del Bautismo, que nos dirige esa palabra de Jesús: “ Effatà, abrir "! Abre tus oídos. Jesús, deseo abrirme a tu Palabra; Jesús, me abro a tu escucha; Jesús, sana mi corazón del cierre, sana mi corazón de la prisa, sana mi corazón de la impaciencia.

Que la Virgen María, abierta a la escucha de la Palabra, que se hizo carne en ella, nos ayude cada día a escuchar a su Hijo en el Evangelio y a nuestros hermanos y hermanas con un corazón dócil, con un corazón paciente y con un corazón atento.

Después del Ángelus

Ayer, en Catamarca (Argentina), fue beatificado Mamerto Esquiú, fraile menor y obispo de Córdoba. ¡Al final, un bendito argentino! Fue un fervoroso heraldo de la Palabra de Dios, para la edificación de la comunidad eclesial y también de la comunidad civil. Que su ejemplo nos ayude a unir siempre la oración y el apostolado, y a servir a la paz y a la fraternidad. ¡Un aplauso al nuevo Beato!

En estos momentos de agitación en los que los afganos buscan refugio, rezo por los más vulnerables entre ellos. Rezo para que muchos países acojan y protejan a quienes buscan una nueva vida. También rezo para que los desplazados internos tengan la asistencia y protección necesarias. Que los jóvenes afganos reciban educación, un bien esencial para el desarrollo humano. Y que todos los afganos, tanto en casa como en tránsito y en los países de acogida, vivan con dignidad, en paz y fraternidad con sus vecinos.

Les aseguro mis oraciones por el pueblo de los Estados Unidos de América azotado en los últimos días por un fuerte huracán. Que el Señor reciba las almas de los muertos y apoye a los que sufren esta calamidad.

En los próximos días es el Año Nuevo judío, Rosh Hashaná . Y luego las dos fiestas de Yom Kippur y Sukkot . Extiendo mis más sinceros deseos a todos los hermanos y hermanas de la religión judía: que el nuevo año sea rico en frutos de paz y bueno para todos los que caminan fielmente en la Ley del Señor.

El próximo domingo iré a Budapest para la conclusión del Congreso Eucarístico Internacional. Mi peregrinación continuará , después de la Misa, durante unos días en Eslovaquia, y finalizará el miércoles siguiente con la gran celebración popular de la Virgen de los Dolores, Patrona de ese país. Serán, pues, días marcados por la adoración y la oración.en el corazón de Europa. Al saludar con afecto a los que han preparado este Camino -y les doy las gracias-, y a los que me esperan y a quienes yo mismo deseo encontrar, pido a todos que me acompañen con la oración, y encomiendo las visitas que haré a la intercesión. de tantos heroicos confesores de fe, que dieron testimonio del Evangelio en aquellos lugares en medio de hostilidad y persecución. Que ayuden a Europa a testimoniar aún hoy, no tanto de palabra, pero sobre todo con hechos, con obras de misericordia y acogida, del buen anuncio del Señor que nos ama y nos salva. ¡Gracias!

¡Y ahora os dirijo mi saludo, queridos romanos y peregrinos! En particular, ofrezco mis mejores deseos a la Legión de María, que celebra sus cien años: ¡Dios los bendiga y la Virgen los guarde! Saludo a los jóvenes de la Opera della Chiesa, a los jóvenes de Faenza y a los de Castenedolo que recibieron la Confirmación y Primera Comunión, al grupo de Arta Terme ya los fieles polacos y lituanos acompañados de sus amigos de Abruzzo.

Hoy es el recuerdo de Santa Teresa de Calcuta, para toda la Madre Teresa. ¡Un gran aplauso! Dirijo mi saludo a todas las Misioneras de la Caridad, comprometidas en todo el mundo en un servicio muchas veces heroico, pienso en particular en las Hermanas del "Don de María", aquí en el Vaticano.

Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no olvides orar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!

sábado, 4 de septiembre de 2021

Domingo 23º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Lectura del libro de Isaías (35,4-7a):

Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantar. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

Palabra de Dios

Salmo 145, R/. Alaba, alma mía, al Señor

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago (2,1-5):

No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estáte ahí de pie o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

Palabra de Dios

Evangelio según san Marcos (7,31-37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Los evangelistas nos describen a menudo a Jesús en movimiento, caminando, recorriendo todos los lugares donde los hombres puedan necesitarle.  El caso es que hoy se ha metido por territorios paganos. Y allí le salen al paso, presentándole un sordo con dificultades para hablar. 

         Una persona sorda o con dificultades auditivas a menudo sufre el «aislamiento» de su entorno, le cuesta más enterarse de lo que pasa, le resulta más difícil dar respuestas, y encuentra mayores dificultades para aprender a hablar.

          En los profetas la sordera y la ceguera son símbolos de la resistencia o el rechazo ante el mensaje de Dios; se refieren a la persona seducida por voces engañosas. Por tanto, a este personaje sin nombre podemos tomarlo como representante de aquellos que -dentro y fuera del pueblo de Dios- no son capaces de prestar oído/obediencia a Dios. Como también de los que están «desconectados» de los demás, y de los que no tienen voz.

Más allá de la sordera física, existe otra sordera de la que la humanidad, más que curada, tiene que ser salvada: “es la sordera del espíritu, que levanta barreras cada vez más altas a la voz de Dios y del prójimo, especialmente al grito de socorro de los últimos y de los que sufren, y que encierra al hombre en un profundo y corrosivo egoísmo”. (Benedicto XVI, Nov 2009). 

           Isaías anunciaba hoy que «Dios en persona» vendría a despegar los ojos del ciego, que abriría los oídos del sordo y cantaría la lengua del mudo.  Esto nos ayuda a comprender mejor la escena del Evangelio y a situarnos de modo que esta historia... nos diga algo a cada uno. Veamos: 

               • No es extraño que nos volvamos sordos a nuestra propia voz interior. Esa voz que nos «dice» que nuestro estilo de vida realmente no nos gusta, que nos hemos dejado manejar por otros, que nos estamos volviendo muy superficiales o vulgares. Esa voz del corazón/conciencia que nos reprocha habernos puesto en el centro del mundo, haciendo caso sólo a lo que nos interesa y a los que nos interesan, volviéndonos sordos a lo que pudiera complicarnos la vida. Son esos sentimientos que nos dicen cómo somos de verdad, qué nos duele y por qué, lo que debiéramos corregir o cambiar, a qué se debe que nos sintamos incómodos, violentos, malhumorados, irritables, cansados o deprimidos... 

        Se trata de una sordera «voluntaria» e interesada, para la que echamos mano de ruidos,  actividades, palabrería,  superficialidad, viviendo pendientes de las vidas ajenas, y con escaso tiempo para la reflexión. Pero así ¿qué palabras verdaderas y con sentido podremos decir? ¿Cómo vamos a relacionarnos de corazón a corazón?...  Esto nos pasa porque somos «cobardes de corazón» como decía hoy el profeta. Y por ese camino nos vamos volviendo unos «extraños» para nosotros mismos, y acabamos en «tierra extranjera».

Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,21-23):

Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia. La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. En el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui nombrado su ministro.

Palabra de Dios

Salmo 53, R/. Dios es mi auxilio

Evangelio según san Lucas (6,1-5):

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.Unos fariseos les preguntaron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»Jesús les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.» Y añadió: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Palabra del Señor

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Jesús es, a la vez, “Señor del sábado” y exquisito cumplidor de la ley del sábado: acude puntualmente, cada sábado,  a la sinagoga, para orar y escuchar la Palabra. Cuántas veces comienza la narración de los milagros con la expresión “al salir Jesús de la sinagoga”. El sábado era para los judíos el día más importante, día de descanso, de culto, de festejo popular. Pero llegaron los intransigentes, exageradores en extremo de la ley, que se enfadan porque los discípulos cometían el gran pecado de tomar unas espigas del camino para matar el hambre. Jesús les responde desde el mismo campo de los intolerantes: pero si el mismo David y los suyos comieron panes sagrados, reservados a los sacerdotes, en un momento de necesidad.

Cuidemos el sábado, respetemos la ley, conservemos la tradición. Pero huyamos de las exageraciones particulares que maltratan al hombre para el que fue constituido el sábado. No nos inventemos leyes y normas (con nombres de orden, de religión, de seguridad, de “la verdad”, etc.) que deterioran la imagen de Dios en los hombres. Que la norma no devore al hombre.

En general, para la vida cotidiana de la familia, del trabajo, de la comunidad eclesial, no seamos fáciles en dar vueltas a las minucias, sin importancia. Nuestro diccionario llama a estos con términos muy expresivos: quisquillosos, puntillosos, meticulosos, nimios, picajosos, chinches, tiquismiquis, etc., etc. No lo olvidemos: ir en contra del hombre es ir contra Dios (aunque digamos que “defendemos a Dios”).

Pero, sobre todo, celebremos bien el domingo. Vivimos bien la Eucaristía del domingo: en comunidad, la Palabra de Dios nos habla, Cristo muerto y resucitado se hace presente y lo sentimos, nos sentamos a la mesa del vino nuevo, oramos, en comunión, por todos, y salimos nuevos. Así, solo así, lejos de toda nimiedad, con grandeza de corazón, alabaremos -libres, más libres- a Dios y amaremos de verdad a todos.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Viernes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,15-20):

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

Salmo,99 R/. Entrad en la presencia del Señor con vítores

Evangelio según san Lucas (5,33-39):

En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los escribas: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber.»Jesús les contestó: «¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.» Y añadió esta parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: "Está bueno el añejo."»

Palabra del Señor

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Seguir a Jesús es aceptarlo como es, íntegramente. No basta con un remiendo, aunque sea de tela nueva, en un traje viejo. La acogida es total, en el nuevo comportamiento moral. Esto significa pensar como Jesús, sentir como Jesús, amar como Jesús, sufrir como Jesús. Sigo a Jesús, y pienso que la misericordia es lo primero; siento como Jesús, y me gozo de tener un Padre en el cielo, que me ama; amo como Jesús, y sé que tengo que perdonar al enemigo; sufro como Jesús, y sé que amar me lleva a entregar la vida por los demás, hasta la muerte.

Resulta que este Jesús a quien sigo es el novio; lo dice él mismo. El que es el camino, la verdad y la vida; el que es el pan de vida, el pastor bueno y la luz del mundo se define también como el novio. Y esto nos convoca a la alegría, a festejar, a la fiesta.  Bien podemos preguntarnos, ¿ofrecemos los hombres y mujeres de la Iglesia un estilo alegre y feliz? ¿Se nota que el novio está con nosotros? ¿Nos creemos eso de la Buena Noticia o que el Señor nos invitó a disfrutar de las cosas que él creó para  solaz de sus hijos? Cómo nos animan a alegrarnos con el novio el magisterio de la EvangeliiGaudium, de la Gaudium et Spes, de la Gaudete in Domino. No hace falta señalar que, siendo la fuente de la alegría el mismo Jesús, esposo en la boda, esta alegría no es algo frívolo sino muy espiritual, fruto del Espíritu.

Que cuando nos sentemos a la Mesa del Señor y bebamos el vino nuevo de la Alianza Nueva, desbordemos de alegría por estar junto a este novio, Jesús, que nos hace tan dichosos.

jueves, 2 de septiembre de 2021

Jueves de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,9-14):

Desde que nos enteramos de vuestra conducta, no dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios

Salmo 97,R/. El Señor da a conocer su victoria

Evangelio según san Lucas (5,1-11):

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.» Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

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Las enseñanzas de Jesús, las llamadas de Jesús y la gracia de Jesús brillan en este evangelio. “Desde la barca, sentado, enseñaba” a la gente, venida para “oír la palabra de Dios”. Porque palabra de Dios era: nacía en Dios y hablaba de Dios. Palabra que decía de misericordia, de perdón, de amor. También junto al lago, aprovecha para tocar el corazón de los que había elegido. Jesús inicia la cosa: “Rema mar adentro”, echad las redes”. Como en tantas escenas bíblicas de vocación, llegará la objeción del llamado: “Si no hemos pescado nada en toda la noche”, si “soy un pecador”, “Apártate de mí”.  Al final, Dios se sale con la suya: “Desde ahora, serás pescador de hombres”. Es que Cristo seduce, y el hombre reconoce que vale la pena seguirlo, aunque haya que dejarlo todo.

Desplegar nuestra vocación de ser pescadores de hombres nada tiene que ver con lavados de cerebro, con dominios de inteligencias y voluntades, con fanatismos proselitistas. (Acaso el término de ir “pescando gente” pudiera parecerlo). Al revés, Jesús nos invita a comunicar fraternamente, a dialogar desde el convencimiento y las razones, a pregonar un mensaje feliz. Ir “mar adentro” es dejar la orilla segura y embarcarse en lo difícil, es llenarse de audacia, de arrojo e intrepidez. (No queda claro eso de repetir mil veces “no tengáis miedo”, y luego vivir a la defensiva, en la tierra firme de lo que hemos hecho siempre). Habrá días de pesca abundante y días de escaso fruto; ni presunciones ni desánimos personales. Sabemos que solo lo hacemos “en tu nombre”, en el nombre de Jesús, no en el nuestro.

¿Y si miramos a Pedro, echándose por tierra, hundido porque se reconoce un pecador, indigno del Maestro? Menos mal que todo acaba bien, lleno de confianza, obedeciendo a la invitación y siguiendo a Jesús. De pecador a pescador de hombres. Los privilegiados, que conocemos toda la historia, nos acordamos que, al final, repetirá Pedro tres veces: “Señor, tú sabes que te amo”. El ser pecadores no nos hunde, no nos abruma una culpabilidad morbosa. Reconocemos nuestros fallos, iniciamos la conversión, una vez más, el Señor nos cambia y nos perdona, nos inspira confianza para emprender el camino del amor. El pecado, sí, es ofensa de Dios, como dice el catecismo. Pero sabemos que Dios queda ofendido porque el pecado daña al hombre, la criatura que Dios tanto ama. Ser infieles a Dios, y darnos cuenta, es ser capaces de abrirnos más fácilmente al perdón y amor de Dios. Pero esto, ¿es conciencia laxa o es Evangelio, sin más?

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Miércoles de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,1-8):

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos que viven en Colosas, hermanos fieles en Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad la gracia de Dios. Fue Epafras quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, fiel ministro de Cristo para con vosotros, el cual nos ha informado de vuestro amor en el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo  51 R/. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás

Evangelio según san Lucas (4,38-44):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.» Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor

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Cambiamos de escenario. Dejamos Nazaret donde Jesús es despreciado por los suyos, y lo encontramos hoy en Cafarnaún, junto al lago. Aquí todo es distinto: solo el asombro llena esta escena. Escuchamos: “Quedaban asombrados”, “Hablaba con autoridad”, “¿Qué tiene su palabra?”, “Comentaban estupefactos”, “Da órdenes a los espíritus inmundos”, “Noticias de él iban llegando a todos los lugares”.  En el centro, la curación de un hombre aquejado por un espíritu inmundo, presente en la sinagoga.