martes, 6 de octubre de 2020

La carcoma de la envidia

 Cervantes llamó a la envidia “carcoma de todas las virtudes y raíz de infinitos males. Todos los vicios —añadía— tienen un no sé qué deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabia”.

     La envidia no es la admiración que sentimos hacia algunas personas, ni la codicia por los bienes ajenos, ni el desear tener las dotes o cualidades de otro. Es otra cosa.

     La envidia es entristecerse por el bien ajeno. Es quizá uno de los vicios más estériles y que más cuesta comprender y, al tiempo, también probablemente de los más extendidos, aunque nadie presuma de ello (de otros vicios sí que presumen muchos).

        La envidia va destruyendo —como una carcoma— al envidioso. No le deja ser feliz, no le deja disfrutar de casi nada, pensando en ese otro que quizá disfrute más. Y el pobre envidioso sufre mientras se ahoga en el entristecimiento más inútil y el más amargo: el provocado por la felicidad ajena.

        El envidioso procura aquietar su dolor disminuyendo en su interior los éxitos de los demás. Cuando ve que otros son más alabados, piensa que la gloria que se tributa a los demás se la están robando a él, e intenta compensarlo despreciando sus cualidades, desprestigiando a quienes sabe que triunfan y sobresalen. A veces por eso los pesimistas son propensos a la envidia.

        Wilde decía que “cualquiera es capaz de compadecer los sufrimientos de un amigo, pero que hace falta un alma verdaderamente noble para alegrarse con los éxitos de un amigo”. La envidia nace de un corazón torcido, y para enderezarlo se precisa de una profunda cirugía, y hecha a tiempo.

Observar lo positivo

        Para superar la envidia, es preciso esforzarse por captar lo que de positivo hay en quienes nos rodean: proponerse seriamente despertar la capacidad de admiración por la gente a la que conocemos.

        Hay muchas cosas que admirar en las personas que nos rodean. Lo que no tiene sentido es entristecerse porque son mejores, entre otras cosas porque entonces estaríamos abocados a una tristeza permanente, pues es evidente que no podemos ser nosotros los mejores en todos los aspectos.

        La envidia lleva también a pensar mal de los demás sin fundamento suficiente, y a interpretar las cosas aparentemente positivas de otras personas siempre en clave de crítica. Así, el envidioso llamará ladrón y sinvergüenza a cualquiera que triunfe en los negocios; o interesado y adulador a aquél que le está tratando con corrección; o, como muestra de envidia más refinada, al hablar de ése que es un deportista brillante, reconocido por todos, dirá: "ese imbécil, ¡qué bien juega!".

        Admirarse de las dotes o cualidades de los demás es un sentimiento natural que los envidiosos ahogan en la estrechez de su corazón.

Alfonso Aguiló

lunes, 5 de octubre de 2020

Vigilia Eucarística nocturna en el Valle de los Caídos para rezar por la comunidad benedictina


En la madrugada del sábado 26 al domingo 27 de septiembre se celebró en la basílica del Valle de los Caídos una Vigilia Eucarística nocturna para, según afirman representantes de DeArco, el grupo convocante, "rezar ante el Santísimo Sacramento para rogar Su protección y ayuda" para la comunidad benedictina, "además de pedir perdón al Señor por todas las ofensas que le hacemos cada día y por la conversión de todas las almas".

La idea nació de un grupo de seis jóvenes universitarias "unidas para defender los valores católicos y la Fe, cuando ésta se ve ofendida o perseguida de una manera directa". El miércoles anterior hicieron público un cartel en el que se invitaba a unirse a ese momento de oración, y en poco más de dos horas estaba cubierto el cupo de quienes podían asistir, dadas las limitaciones de aforo impuestas por las autoridades a consecuencia de la pandemia.

"El objetivo del encuentro", explican desde DeArco, es "acompañar de un modo solemne y muy especial a la Orden Benedictina, que en estos momentos vive en la incertidumbre de no saber qué pasará con ellos y con la Cruz del Valle de los Caídos".

Como es conocido, el Gobierno español ha mostrado su determinación de expulsar a la comunidad, vinculada a la basílica desde su fundación en 1958. La vicepresidenta del ejecutivo, Carmen Calvo, afirmó también que se está "reflexionando" sobre la posibilidad de destruir la Cruz que preside la basílica y el valle, la más grande del mundo.

Al acto del pasado sábado acudieron 80 personas, el máximo permitido, quedando cientos en lista de espera. Se mantuvieron las distancias de seguridad, llevando en todo momento mascarilla y con dispensadores de gel repartidos por el recinto.

Para garantizar el orden y la seguridad contaron con la ayuda de un grupo de voluntarios jóvenes, que colaboraron de principio a fin con estas tareas, además de cumplir con la limpieza y desinfección del lugar una vez acabó el encuentro.

El acto comenzó con una Misa de apertura a las 22:30 h, que celebraron los monjes, y, unidos a ellos, el coro de la Escolanía, que también participó en los cantos. Posteriormente se expuso el Santísimo en la Custodia y allí estuvo presente toda la noche.

Hubo tiempo para rezar en silencio, para rezar cantando y para rezar en alto oraciones dirigidas por los voluntarios, tales como el Ángelus a las 00:00 h, el Rosario meditado, el Vía Crucis, etc. Durante los ratos de silencio también se podía salir al exterior a tomar un poco el aire, y quien quisiera dormir podía hacerlo en una zona que se habilitó para el descanso. Al igual que el comienzo, la Adoración finalizó con una Misa a las 7:00 h de la mañana, poco antes del amanecer.

domingo, 4 de octubre de 2020

CARTA ENCÍCLICA FRATELLI TUTTI

 En la pestaña de Documentos, disponen de la carta.

CARTA ENCÍCLICA FRATELLI TUTTI DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE LA FRATERNIDAD Y LA AMISTAD SOCIAL.

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de hoy (cf. Mt 21,33-43) Jesús, previendo su pasión y muerte, narra la parábola de los viñadores asesinos, para advertir a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo que están por emprender un camino errado. Tienen, en efecto, malas intenciones con él y buscan la manera de eliminarlo.

El relato alegórico describe a un propietario que, después de haber cuidado mucho su viña (cf. v. 33), tiene que ausentarse y se la arrenda a unos labradores. Luego, cuando llega el tiempo de la cosecha envía a algunos siervos a recoger los frutos; pero los viñadores los reciben a palos e incluso matan a algunos. El propietario manda a otros siervos, más numerosos, que, sin embargo reciben el mismo trato (cf. vv. 34-36). El colmo llega cuando el propietario decide enviar a su hijo: los viñadores no le tienen ningún respeto, al contrario, piensan que eliminándolo podrán adueñarse de la viña, y así lo matan también (cf. vv. 37-39).

La imagen de la viña es clara, representa al pueblo que el Señor ha elegido y formado con tanto cuidado; los siervos mandados por el propietario son los profetas, enviados por Dios, mientras que el hijo es una figura de Jesús. Y así como fueron rechazados los profetas, también Cristo fue rechazado y asesinado.

Al final del relato, Jesús pregunta a los jefes del pueblo: «Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» (v. 40). Y ellos, llevados por la lógica del relato, pronuncian su propia condena: el dueño —dicen— castigará severamente a esos malvados y «arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo» (v. 41).

Con esta dura parábola, Jesús pone a sus interlocutores frente a su responsabilidad, y lo hace con extrema claridad. Pero no pensemos que esta advertencia valga solamente para los que rechazaron a Jesús en aquella época. Vale para todos los tiempos, incluido el nuestro. También hoy Dios espera los frutos de su viña de aquellos que ha enviado a trabajar en ella. A todos nosotros.

En cada época, los que tienen autoridad, cualquier autoridad, incluso en la Iglesia, en el pueblo de Dios pueden sentir la tentación de seguir su propio interés en lugar del de Dios. Y Jesús dice que la verdadera autoridad se cumple cuando se presta servicio, está en servir, no en explotar a los demás. La viña es del Señor, no nuestra. La autoridad es un servicio, y como tal debe ser ejercida, para el bien de todos y para la difusión del Evangelio. Es muy feo cuando en la Iglesia se ve que las personas que tienen autoridad buscan el proprio interés.

San Pablo, en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos dice cómo ser buenos obreros en la viña del Señor: todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. (cf. Flp 4,8). Lo repito: todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Es la actitud de la autoridad y también la de cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros, en lo que le toca, tiene una cierta autoridad. Nos convertiremos así en una Iglesia cada vez más rica en frutos de santidad, daremos gloria al Padre que nos ama con infinita ternura, al Hijo que sigue dándonos la salvación, al Espíritu que abre nuestros corazones y nos impulsa hacia la plenitud del bien.

Nos dirigimos ahora a María Santísima, espiritualmente unidos a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para la Súplica, y en octubre renovamos nuestro compromiso de rezar el santo Rosario.

Después del Ángelus

Ayer fui a Asís para firmar la nueva encíclica, Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social. Se la ofrecí a Dios en la tumba de San Francisco, en quien me inspiré como en la anterior Laudato si'. Los signos de los tiempos muestran claramente que la fraternidad humana y el cuidado de la creación son el único camino hacia el desarrollo integral y la paz como ya indicaron los santos papas Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Hoy a vosotros que estáis en la plaza y también allí, fuera (de) la plaza tengo la alegría de regalaros la nueva encíclica en la edición extraordinaria de L'Osservatore Romano y con esta edición se reanuda la publicación diaria impresa de L'Osservatore Romano. ¡Qué San Francisco acompañe el camino de la fraternidad en la Iglesia entre los creyentes de todas las religiones y entre todos los pueblos!

Hoy termina el Tiempo de la Creación iniciado el pasado 1 de septiembre, durante el cual celebramos un Jubileo por la Tierra, junto con nuestros hermanos y hermanas de las diferentes Iglesias cristianas.

Saludo a los representantes del Movimiento católico mundial por el clima, a los diversos círculos Laudato si' y a las asociaciones de referencia comprometidas en los temas de la ecología integral. Me alegro de las iniciativas que se están llevando a cabo hoy en diferentes lugares, en particular en la zona del Delta del Po. El 4 de octubre de hace cien años nacía en Escocia la obra Stella maris para ayudar a la gente del mar. En este aniversario tan importante, animo a los capellanes y voluntarios a testimoniar con alegría la presencia de la Iglesia en los puertos entre los marineros, los pescadores y sus familias.

Hoy en Bolonia se beatifica a Don Olinto Marella, presbítero de la diócesis de Chioggia, pastor según el corazón de Cristo, padre de los pobres, defensor de los débiles. ¡Qué su extraordinario testimonio sea un modelo para tantos sacerdotes llamados a ser humildes y valientes servidores del pueblo de Dios!. Ahora un aplauso para el nuevo beato

Saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países, veo tantas banderas allí. Familias, grupos parroquiales, asociaciones y fieles. En particular, saludo a las familias y amigos de los guardias suizos que han venido a asistir hoy al juramento de los nuevos reclutas. Son buenos estos jóvenes, la Guardia Suiza hace una trayectoria de vida al servicio de la Iglesia, del Sumo Pontífice. Son buenos chicos que vienen aquí durante dos, tres y cuatro años o más. Pido un caluroso aplauso para la Guardia Suiza.

¡Y os deseo a todos un buen domingo! Por favor, no os olvidéis de rezar por mí, buen almuerzo y hasta pronto.

viernes, 2 de octubre de 2020

Domingo XXVII ( Ciclo A) del tiempo ordinario

Evangelio (Mt 21,33-43): En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’.

»Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

PALABRA DE DIOS

COMPARTIMOS:

Hoy contemplamos el misterio del rechazo de Dios en general, y de Cristo en particular. Sorprende la reiterada resistencia de los hombres ante el amor de Dios.

Pero la parábola hoy se refiere más específicamente al rechazo que los judíos tuvieron con Cristo: «Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron» (Mt 21,37-39). No es fácil entender esto: es porque Cristo vino a redimir al mundo entero, y los judíos esperan a su “mesías” particular que les dé a ellos el dominio de todo el mundo…

Cuando estuve en Tierra Santa me dieron un prospecto turístico de Israel donde están los judíos más famosos de la historia: desde Moisés, Gedeón y Josué hasta Ben Gurión, que fue el realizador del Estado de Israel. Sin embargo, en ese prospecto no está Jesucristo. Y Jesús ha sido el judío más conocido de la historia: hoy se le conoce en el mundo entero, y ya hace dos mil años que murió…

A los grandes personajes, al cabo del tiempo, se les admira, pero no se les ama. Hoy nadie ama a Cervantes o a Miguel Ángel. Sin embargo, Jesús es el más amado de la historia. Hombres y mujeres dan la vida por amor a Él. Unos de golpe en el martirio, y otros “gota a gota”, viviendo sólo para Él. Son miles y miles en el mundo entero.

Y Jesús es el que más ha influido en la historia. Valores hoy aceptados en todas partes, son de origen cristiano. No sólo eso, sino que además se constata que hoy hay un acercamiento a Jesucristo, también entre judíos (“nuestros hermanos mayores en la fe”, como dijera San Juan Pablo II). Pidamos a Dios particularmente por la conversión de los judíos, pues este pueblo, de grandes valores, convertido al catolicismo, puede ser un gran beneficio para la humanidad entera.

Fray Luis de Granada y los misterios del Rosario


La exposición sintética de fray Luis de Granada (1586)

En las obras del gran predicador y escritor dominico español fray Luis de Granada se encuentran reiteradas alusiones a la vida de Cristo y, a la par, de María. De ellas compuso el dominico italiano fray Andrea Gianetti su obra para ayudar a meditar los misterios del Rosario, en 1573, como hemos visto, y esto lo conocía el padre Granada. No llegó fray Luis a escribir una completa Vita Christi,como hubiera deseado. Pero sí escribió, precisamente en este mismo año, 1573, las Meditaciones de la vida de Cristo,que en la última edición de sus Obras Completas ocupael tomo VIII: “Adiciones: 2. Meditaciones de la vida de Cristo” (Madrid, 1995), que también ofrece los capítulos que el propio padre Granada añadió en 1586 (pp.261-298). El último de los capítulos se titula “De cuán excelente sea la devoción del rosario de Nuestra Señora y de los quince misterios que contiene”.

    Es sumamente importante tener en cuenta el testimonio que nos ofrece el santo y sabio predicador de Granada, porque en él expresa la experiencia que, como dominico, vivía en su comunidad –desde Santa Cruz la Real de Granada hasta Santo Domingo de Lisboa- con el rezo del Rosario. Lo mismo que predicaban él y sus hermanos dominicos en la España del Siglo de Oro, ofreciendo en el Rosario una aplicación pastoral y espiritual de los misterios de la salvación a la vida cristiana. Como podrá comprobarse, el método del rezo del Rosario, que en el siglo XVI tenía la Orden de Predicadores, es el mismo que se rezaba hasta principios del siglo XXI: el mismo que Santa María Bernarda Soubirous rezó ante la Virgen en Lourdes en el siglo XIX, y los beatos Francisco y Jacinta, con su prima sor Lucía, recitaron ante la Virgen en Fátima en el siglo XX. El Rosario que María recomendó a la humanidad en Lourdes y Fátima fue ampliado a veinte misterios por Juan Pablo II el 16 de octubre de 2002.

            He aquí lo que escribía fría Luis de Granada en 1586:

            “Pues en este libro (Meditaciones de la vida de Cristo) se ha tratado hasta aquí de los principales misterios de la vida de nuestro Salvador, es ahora de saber que, entre otros muchos frutos para que sirve esta doctrina, uno de ellos es saber por aquí la historia de los misterios del Rosario: y por esto me pareció dar aquí brevemente la razón por la cual esta devoción es tan universal y tan celebrada en la Iglesia cristiana, y declarar cuáles sean los misterios que comprende, para que con mayor estudio y diligencia los devotos de nuestra Señora se apliquen a ella.

             “Es, pues, ahora de saber que el principio de toda nuestra bienaventuranza consiste en el conocimiento de Dios. Mas a este soberano Señor no podemos en esta vida conocer en sí mismo sino en sus obras, y entre éstas las más excelentes fueron las de la sagrada humanidad. De donde se sigue que éste es el medio más excelente que hay para venir en conocimiento de la soberana deidad, por medio de la sagrada humanidad. Y así no es otra cosa la devoción del Rosario, si se aplica como conviene, sino meditación de los principales misterios de la vida de nuestros Salvador y de su santísima Madre, los cuales andan juntos, porque en todos ellos entrevino la Virgen nuestra Señora como su Hijo bendito, mayormente en los de su santa niñez.

             “Y para los que no están ejercitados en esta devoción, advertimos aquí que ella se reparte en quince misterios principales de la vida de nuestro Salvador y de su santa Madre, que son cinco gozosos, y cinco dolorosos, y otros cinco gloriosos.

             “Los cinco primeros gozosos son: la anunciación del ángel a nuestra Señora, la visitación a Santa Isabel, la natividad del Salvador, la adoración de los Reyes Magos, la purificación de nuestra Señora y presentación de su Hijo en el templo, o cuando después de perdido lo halló en el mismo templo.

             “Los cinco dolorosos son: la oración del huerto, los azotes a la columna, la coronación de espinas, el llevar la cruz a cuestas, el ser crucificado en ella, con lo cual se junta el oficio de la sepultura y la soledad de nuestra Señora.

             “Mas los cinco misterios gloriosos son: la resurrección del salvador, con el aparecimiento a la sagrada Virgen y a los discípulos, la subida al cielo, en la cual piadosamente creemos haberse hallado la Virgen Santísima, porque justo era que la que se halló presente a los dolores del monte Calvario, no careciese de la fiesta y gloria del monte Olivote. El tercer misterio glorioso fue la venida del Espíritu Santo, a la cual esta Virgen se halló presente con los discípulos y discípulas de su Hijo. El cuarto fue su gloriosa asunción, y el quinto, la gloria de su coronación.

             “Pues el que quiere cumplir con esta devoción, no se ha de contentar con rezar secamente las Avemarías que el Rosario comprende, sino, rezando con la boca, debe el corazón ir rumiando y meditando estos misterios susodichos, deteniéndose en cada uno con la devoción que el Espíritu Santo le administrare. Para lo cual le servirá todo lo que se ha tratado en este libro acerca de los misterios de la vida del Salvador, porque, habiéndolos primero leído con atención y devoción, ellos le darán motivos y consideraciones para despertar su devoción, humillándose primero, y pidiendo a nuestro Señor le quiera dar el sentimiento entrañable de lo que él en este mundo por nosotros hizo y padeció. Porque él solo es el que da a los humildes y diligentes el verdadero sentimiento de estos misterios.

             “Pues con esta devoción, que pertenece a la gloria del Hijo y de la Madre, alcanzará el hombre la gracia y favor de ambos, para que le sean favorables en todos los negocios y trabajos de esta vida, y mucho más en el postrer trance de la muerte, para que, ayudado en este paso, vaya a gozar y ver esta santa Virgen con su precioso Hijo en el cielo. Al cual sea honra y gloria en todos los siglos de los siglos. Amén.”

jueves, 1 de octubre de 2020

Bienaventuranzas del misionero


Bienaventurado el misionero que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como lo más necesario y absoluto, porque no quedará defraudado.

Bienaventurado el misionero que cada mañana dice «Padre Nuestro», llevando en su corazón todas las razas, pueblos y lenguas, porque no se conformará con una vida mezquina.

Bienaventurado el misionero que mantiene su ideal e ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.


Bienaventurado el misionero con un corazón puro y transparente, que sabe descubrir el amor y la ternura de Dios sin complicaciones, porque Dios siempre se le revelará.

Bienaventurado el misionero que reconoce y acepta sus limitaciones y debilidades y no pretende ser invencible, porque Dios se complace en los humildes.

Bienaventurado el misionero que sabe discernir con sabiduría lo que conviene callar y hablar en cada circunstancia, porque nunca tendrá que arrepentirse de haber ofendido a un hermano.

Bienaventurado el misionero que no puede vivir sin la oración y sin saborear las riquezas de la Palabra de Dios, porque esto dará sentido a su vida.

Bienaventurado el misionero que anuncia la verdad sobre Jesucristo y denuncia las injusticias que oprimen a los hombres, porque será llamado profeta de los signos de los tiempos.

Bienaventurado el misionero que sabe asumir y valorar la cultura de los pueblos, porque habrá entendido el misterio de la Encarnación.

Bienaventurado el misionero que tiene tiempo para hacer felices a los demás, que encuentra tiempo para los amigos, la lectura, el esparcimiento, porque ha comprendido el Mandamiento del Amor y se conoce humano y necesitado.