domingo, 6 de septiembre de 2020

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Plaza de San Pedro 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cf. Mt 18, 15-20) está tomado del cuarto discurso de Jesús en el relato de Mateo, conocido como discurso "comunitario" o "eclesial". El pasaje de hoy habla de la corrección fraterna, y nos invita a reflexionar sobre la doble dimensión de la existencia cristiana: aquélla comunitaria, que exige la protección de la comunión, es decir de la Iglesia, y aquélla personal, que requiere la atención y el respeto de cada conciencia individual.

Para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación. Y siempre la pedagogía de Jesús es pedagogía de la recuperación; Él siempre busca recuperar, salvar. Y esta pedagogía de la recuperación está articulada en tres pasajes. Primero dice: "Repréndelo entre tú y él solo" (v. 15), es decir, no pongas su pecado delante de todos. Se trata de ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho. Cuántas veces hemos tenido esta experiencia: Alguno viene y nos dice: “Escucha, en esto te has equivocado. Tu deberías cambiar un poco en esto”. Tal vez al inicio nos da rabia, pero después lo agradecemos porque es un gesto de fraternidad, de comunión, de ayuda, de recuperación.

Y no es fácil poner en práctica esta enseñanza de Jesús, por varias razones. Existe el temor de que el hermano o la hermana reaccionen mal; a veces no hay suficiente confianza con él o ella... Y otros motivos. Pero cada vez que hemos hecho esto, hemos sentido que era justo el camino del Señor.

Sin embargo, puede suceder que, a pesar de mis buenas intenciones, la primera intervención fracase. En este caso está bien no desistir y decir: “Que se las arregle, yo me lavo las manos”. No, esto no es cristiano. No hay que desistir, sino recurrir al apoyo de algún otro hermano o hermana. Jesús dice:" Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos" (v. 16). Este es un precepto de la Ley de Moisés (cf. Dt 19,15). Aunque parezca contra el acusado, en realidad servía para protegerlo de falsos acusadores. Pero Jesús va más allá: los dos testigos son pedidos no para acusar y juzgar, sino para ayudar. “Pongámonos de acuerdo, tú y yo, vayamos a hablar con éste, con ésta que se está equivocando, que está quedando mal. Pero vayamos a hablarle como hermanos”. Este es el comportamiento de la recuperación que Jesús quiere de nosotros. De hecho, Jesús considera que también puede fracasar este acercamiento —el segundo acercamiento— con testigos, a diferencia de la Ley de Moisés, para la cual el testimonio de dos o tres era suficiente para la condena.

De hecho, incluso el amor de dos o tres hermanos puede ser insuficiente, porque aquél o aquélla son testarudos. En este caso, añade Jesús, “díselo a la comunidad" (v. 17), es decir, a la Iglesia. En algunas situaciones toda la comunidad está involucrada. Hay cosas que no pueden dejar indiferentes a los otros hermanos: se necesita un amor mayor para recuperar al hermano. Pero, a veces, incluso esto puede no ser suficiente. Y Jesús dice: " "Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el pagano y el publicano" (ibid.). Esta expresión, aparentemente tan despectiva, en realidad nos invita a poner a nuestro hermano de nuevo en las manos de Dios: sólo el Padre podrá mostrar un amor más grande que el de todos los hermanos juntos. Esta enseñanza de Jesús nos ayuda tanto, porque —pensemos en un ejemplo—, cuando nosotros vemos un error, un defecto, una equivocación, en tal hermano o hermana, habitualmente la primera cosa que hacemos es ir a contárselo a los demás, a chismorrear. Y los chismes cierran el corazón a la comunidad, cierran a la unidad de la Iglesia. El gran chismoso es el diablo, que siempre está diciendo cosas feas de los demás, porque él es el mentiroso que busca dividir a la Iglesia, de alejar a los hermanos y de no hacer comunidad. Por favor, hermanos y hermanas, hagamos un esfuerzo para no chismorrear. ¡El chismorreo es una peste más fea que el Covid! Hagamos un esfuerzo: nada de chismes. Es el amor de Jesús, que acogió a publicanos y paganos, escandalizando a las personas rígidas de la época. Por lo tanto, no se trata de una condena sin apelación, sino del reconocimiento de que a veces nuestros intentos humanos pueden fracasar, y que sólo estando ante Dios puede poner a nuestro hermano ante su propia conciencia y la responsabilidad de sus actos. Si la cosa no resulta, silencio y oración por el hermano y por la hermana que se equivocan, pero nunca el chismorreo.

Que la Virgen María nos ayude a hacer de la corrección fraterna un hábito saludable, para que en nuestras comunidades se puedan establecer siempre nuevas relaciones fraternas, basadas en el perdón mutuo y, sobre todo, en la fuerza invencible de la misericordia de Dios.

 Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países: familias, grupos parroquiales y asociaciones.

En particular, saludo a los seminaristas del Pontificio Colegio Norteamericano de Roma y a los del Seminario Mayor de Liubliana (Eslovenia). Saludo a los adolescentes de Cernusco sul Naviglio y a los de Chiuso y de Maggianico —con los pañuelos amarillos—, que se preparan para la profesión de fe. Los exhorto a todos a aferrarse cada vez más a Jesús, Piedra Angular y Buen Pastor.

Saludo a las mujeres deportistas afectadas por esclerosis múltiple, que han recorrido la Vía Francigena desde Siena hasta Roma; y a los muchachos de Santo Stefano Lodigiano, que han venido en bicicleta por una iniciativa benéfica. Ambos grupos han sido valientes; continúen adelante con alegría y confianza.

Saludo también a los fieles de otros países; veo que hay polacos, libaneses, franceses, mexicanos. ¡Los saludo a todos! También a ustedes, valientes, de la Inmaculada: ¡Adelante!

A todos les deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

¿Qué es ser inteligente?

¿Qué es ser inteligente?

Todos habremos oído alguna vez el clásico comentario, normalmente poco objetivo y casi siempre acompañado de una discreta muestra de orgullo, que la madre del adolescente perezoso, apesadumbrada ante sus deficientes resultados académicos, suele acabar haciendo a su profesor: "sabe usted, si el chico es muy inteligente...; lo que pasa es que es un poco vago..."

        Cuando oigo comentarios de ese estilo, siempre pienso que, en el fondo, no es así. Que esos chicos no son inteligentes.

        Pienso, como Shakespeare, que fuertes razones hacen fuertes acciones. Que ser inteligente, en el sentido más propio de la palabra, proporciona una lucidez que siempre conduce a un refuerzo de la voluntad.

       No niego que ese chico pueda tener un alto coeficiente de capacidad especulativa del tipo que sea. Pero eso no es ser inteligente. Ser inteligente es algo más que multiplicar muy deprisa, gozar de una elevada capacidad de abstracción o de una buena visión en el espacio, o cosas semejantes. Obtener una puntuación elevada en un test, del tipo que sea, es algo que, por sí sólo, arregla muy pocas cosas en la vida.

       Entre otras cosas, porque si ese chico fuera realmente tan inteligente, como asegura su madre, es seguro que se habría dado cuenta de que, así, con esa pereza y esa falta de voluntad, no va a hacer nada en su vida. Habría visto que si no se esfuerza decididamente por fortalecer su voluntad, toda su supuesta inteligencia quedará absolutamente improductiva. Habría comprendido que lleva camino de ser uno más de los muchos talentos malogrados por usar poco la cabeza. Y hace tiempo que se habría ocupado de cambiar.

     De todas formas, aun admitiendo que ese tipo de personas fueran inteligentes, debieran darse cuenta de que el valor real del hombre no depende de la fuerza de su entendimiento, sino más bien de su voluntad. Que la persona desprovista de voluntad no logra otra cosa que amargarse ante la lamentable esterilidad en que quedan sumidas sus propias dotes intelectuales.

        Quizá las personas más desgraciadas sean las grandes inteligencia huérfanas de voluntad.

      Por eso se equivocan radicalmente los padres que se enorgullecen tanto del talento de sus hijos y en cambio apenas hacen nada por que sean personas esforzadas y trabajadoras. Igual que esos hijos presuntuosos que hacen tanta ostentación de su pereza como de su gran inteligencia, y suelen luego acabar en situaciones personales lamentables. O como aquellos profesores que sólo juzgan los conocimientos, como si la enseñanza no fuera más que una gasolinera donde se administran conocimientos a los alumnos y se comprueba posteriormente su nivel de llenado.

     Por otra parte, la voluntad es una potencialidad humana que crece con su ejercicio continuado, cuando se va entrenando en direcciones determinadas. Esta consolidación de la voluntad admite una sencilla comparación con la fortaleza física: unos tienen de natural más fuerza de voluntad que otros, pero lo decisivo es la educación que se reciba y el entrenamiento que uno haga.

Alfonso Aguiló

sábado, 5 de septiembre de 2020

Tres centros educativos utilizarán espacios parroquiales y de Cáritas en Bilbao

Dos ikastolas, Iparagirre y Artxandape, y un centro de Formación Profesional y alumnos con necesidades especiales, Otxarkoaga. Son los tres centros educativos que utilizarán espacios de parroquias y de Cáritas en Bilbao. La titularidad de los tres pertenece a la diócesis , y para que todo esto se haga realidad, los responsables de los centros educativos y del obispado se pusieron en marcha. El objetivo, buscar soluciones para que este curso sea presencial. «Vimos que la no presencialidad hacía más visible todavía la brecha generada en educación por los alumnos de estatus socioeconómico más vulnerable», explica Nerea Begoña, la responsable de los centros educativos diocesanos.

Así, se pusieron manos a la obra para encontrar soluciones que permitieran llevar a cabo los desdobles. «Había que tener en cuenta las orientaciones de Salud, como el tema del distanciamiento social o el número de alumnos en clase, que no cubríamos, y los espacios comunes», apunta Begoña. Para la ikastola Iparagirre, la parroquia del Pilar ha cedido sus espacios, en el que habrá niños del nivel de Infantil. «Llevamos todo el verano trabajando, con el servicio de prevención y mirando los espacios», añade Begoña.

En cuanto a la ikastola Artxandape, se han habilitado los espacios del edificio de la parroquia de san Miguel, que se cerró en el año 2017. En total, más de 600 metros cuadrados de espacio para que se puedan llevar a cabo los desdobles, en este caso de Secundaria. Y el centro formatio Otxarkoaga ha contado con la colaboración de Cáritas, que les ha cedido un local. Este es uno de los centros con una realidad de atención a alumnado más vulnerable: algunos de ellos menores extranjeros tutelados por el Estado, otros con necesidades educativas especiales.

Además, otro de los centros educativos de titularidad diocesana, San Félix, en la localidad de Ortuella, ha contado en este caso con la cesión de espacios para este curso un centro cultural cedido por la administración pública, con gran capacidad de espacio.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Viernes XXII del tiempo ordinario

Evangelio (Lc 5,33-39): En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».

PALABRA DE DIOS

COMPARTIMOS:

Hoy, en nuestra reflexión sobre el Evangelio, vemos la trampa que hacen los fariseos y los maestros de la Ley, cuando tergiversan una cuestión importante: sencillamente, ellos contraponen el ayunar y rezar de los discípulos de Juan y de los fariseos al comer y beber de los discípulos de Jesús.

Jesucristo nos dice que en la vida hay un tiempo para ayunar y rezar, y que hay un tiempo de comer y beber. Eso es: la misma persona que reza y ayuna es la que come y bebe. Lo vemos en la vida cotidiana: contemplamos la alegría sencilla de una familia, quizá de nuestra propia familia. Y vemos que, en otro momento, la tribulación visita aquella familia. Los sujetos son los mismos, pero cada cosa a su tiempo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán...» (Lc 5,34).

Todo tiene su momento; bajo el cielo hay un tiempo para cada cosa: «Un tiempo de rasgar y un tiempo de coser» (Qo 3,7). Estas palabras dichas por un sabio del Antiguo Testamento, no precisamente de los más optimistas, casi coinciden con la sencilla parábola del vestido remendado. Y seguramente coinciden de alguna manera con nuestra propia experiencia. La equivocación es que en el tiempo de coser, rasguemos; y que durante el tiempo de rasgar, cosamos. Es entonces cuando nada sale bien.

Nosotros sabemos que como Jesucristo, por la pasión y muerte, llegaremos a la gloria de la Resurrección, y todo otro camino no es el camino de Dios. Precisamente, Simón Pedro es amonestado cuando quiere alejar al Señor del único camino: «¡Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» (Mt 16,23). Si podemos gozar de unos momentos de paz y de alegría, aprovechémoslos. Seguramente ya nos vendrán momentos de duro ayuno. La única diferencia es que, afortunadamente, siempre tendremos al novio con nosotros. Y es esto lo que no sabían los fariseos y, quizá por eso, en el Evangelio casi siempre se nos presentan como personas malhumoradas. Admirando la suave ironía del Señor que se trasluce en el Evangelio de hoy, sobre todo, procuremos no ser personas malhumoradas.


Pensaba ser pastor episcopaliano... pero le atraía al catolicismo el celibato sacerdotal


Brian Schumacher tiene 32 años y es seminarista novato, de los mayores de su clase en el seminario Mount Angel en Oregón. De hecho, hasta 2018 ni siquiera era católico.

Ya entonces quería ser sacerdote, pero su diócesis (Salt Lake City, la famosa ciudad de los mormones) pide que los conversos esperen dos años tras su entrada en la fe católica antes de ir al seminario.

Con un título en Literatura, Schumacher ha trabajado varios años como productor televisivo, especialmente en el canal FOX 13, con las noticias de las cinco de la tarde. Pero eso no le llenaba: siempre sintió que necesitaba servir a Dios de otra forma. Y hay una Buenísima Noticia que anunciar, que es el Evangelio.

Brian fue bautizado como episcopaliano (los anglicanos de EEUU), aunque gran parte de su formación y crianza fue como luterano. Después, volvió a tantear el episcopalianismo, pero no le acaba de llenar. Sentía que algo faltaba. Siendo protestante, dos veces se planteó la posibilidad de hacerse pastor o ministro, pero no llegaba a dar los pasos necesarios. "Me daba miedo y no hacía nada", explica en su testimonio en el Intermountain Catholic, la revista de la diócesis de Salt Lake City.

Sin embargo, cuando se hizo católico en 2018, sus miedos se disiparon y adquirió una voluntad firme. "Realmente, se volvió muy tangible y pensé: ‘Esta es la Iglesia en la que puedo ser sacerdote’’.

Atracción por el celibato: enfocarse en Cristo

Siendo episcopaliano, una cosa le atraía ya del catolicismo era el celibato sacerdotal. "Siendo célibes, los sacerdotes se pueden enfocar completamente a servir a Dios y a atender las necesidades de los fieles", comenta Schumacher. “Con una familia, uno tiene cada pie en un mundo. Si uno tiene una familia, necesita invertir mucha energía en ella, como ha de ser, pero es difícil si tienes a la vez tu familia y atiendes al rebaño en la Iglesia".

En septiembre del 2017, siendo aún protestante, Schumacher entró por primera vez en la hermosa catedral católica de la Magdalena, en Salt Lake City, y “me di cuenta de que Dios verdaderamente estaba presente,” señala. (Hay misa en español allí cada sábado a las 7 de la tarde y cada domingo a las 3).

Una primera confesión "sobrenatural"

En una entrevista en abril en el National Catholic Register, Brian Schumacher hablaba de cómo fue su primera confesión en 2018, que define como "el primer momento sobrenatural" en su vida.

"Un sentimiento increíble de gozo y euforia vino sobre mí. En un sentido académico, toda la vida que conocía quedó olvidada, pero esta vez, por primera vez, sentí ese perdón. Me sentí más ligero, más luminoso. No podía dejar de sonreír y todas mis preocupaciones y ansiedades se habían ido. No fue un momento fugaz de felicidad, se habían desvanecido y no volverían". Dice que esa sensación "se me ha quedado para siempre" y que "a través de la confesión, el gozo entró en mi vida. Es un gozo que puede sufrir tristeza, inseguridad y ansiedad, pero nunca será barrido por ellas".

En la Pascua de 2018 entró en la Iglesia Católica plenamente. Preguntó sobre la posibilidad de hacerse sacerdote, pero le explicaron que un converso debe esperar al menos 2 años. Lo hizo, acudió como feligrés a la parroquia de la Asunción, y ahora ya ha podido entrar al seminario.

Con el apoyo de su familia

Dice que su familia siempre ha apoyado sus decisiones aunque cuando se hizo católico y dijo que quería ser seminarista "nos tomó una conversación un poco más larga, especialmente con la parte del celibato. Ellos temían que yo me sentiría solo, pero al final me apoyaron, y ahora son quienes más me apoyan”.

Haber estado en el mundo, trabajando como productor y periodista, cree que le da una perspectiva valiosa. "Me permitió madurar en formas que necesitaba madurar antes de ingresar al seminario. Creo que realmente ahora estoy en el lugar y en el tiempo correcto y Dios me quería aquí y tal vez él tuvo que mantenerme pacientemente durante varios años para que así yo pudiese aprender paciencia y otras virtudes”, considera.

Perfeccionar la relación con Cristo

"Quiero asegurarme que mi relación con Cristo es firme y fuerte para que así siempre sepa yo que Él está ahí, y que siempre está de mi lado, por decirlo de alguna manera, a través de los tiempos duros y no tan duros”, explica. "La idea total de ser un sacerdote es para mí la meta de perfeccionar mi relación con Cristo y a través del sacerdocio lo puedo hacer”.

Para los que están considerando una posible vocación sacerdotal tiene un mensaje: "No tengas miedo; puede que te rechacen o que veas que no es lo tuyo, pero si sientes la llamada, ¡síguela!"

miércoles, 2 de septiembre de 2020

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO


Catequesis - “Curar el mundo”: 5. La solidaridad y la virtud de la fe

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de tantos meses retomamos nuestro encuentro cara a cara y no pantalla a pantalla. Cara a cara. ¡Esto es bonito! La pandemia actual ha puesto de relieve nuestra interdependencia: todos estamos vinculados, los unos con los otros, tanto en el bien como en el mal. Por eso, para salir mejores de esta crisis, debemos hacerlo juntos. Juntos, no solos, juntos. Solos no, ¡porque no se puede! O se hace juntos o no se hace. Debemos hacerlo juntos, todos, en la solidaridad. Hoy quisiera subrayar esta palabra: solidaridad. 

Como familia humana tenemos el origen común en Dios; vivimos en una casa común, el planeta-jardín, la tierra en la que Dios nos ha puesto; y tenemos un destino común en Cristo. Pero cuando olvidamos todo esto, nuestra interdependencia se convierte en dependencia de unos hacia otros — perdemos esta armonía de interdependencia en la solidaridad —, aumentando la desigualdad y la marginación; se debilita el tejido social y se deteriora el ambiente. Siempre es lo mismo que actuar.

Por tanto, el principio de solidaridad es hoy más necesario que nunca, como ha enseñado Juan Pablo II (cfr. Enc. Sollicitudo rei socialis, 38-40). De una forma interconectada, experimentamos qué significa vivir en la misma “aldea global”. Es bonita esta expresión: el gran mundo no es otra cosa que una aldea global, porque todo está interconectado. Pero no siempre transformamos esta interdependencia en solidaridad. Hay un largo camino entre la interdependencia y la solidaridad. Los egoísmos — individuales, nacionales y de los grupos de poder — y las rigideces ideológicas alimentan, al contrario,  «estructuras de pecado» (ibid., 36).

«La palabra “solidaridad” está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 188). Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros —esto está bien hacerlo, pero es más—: se trata de justicia (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1938-1940). La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita respeto por los rostros y la tierra.

La Biblia, desde el principio, nos advierte. Pensemos en el pasaje de la Torre de Babel (cfr. Gen 11, 1-9) que describe lo que sucede cuando tratamos de llegar al cielo —nuestra meta— ignorando el vínculo con la humanidad, con la creación y con el Creador. Es una forma de hablar: esto sucede cada vez que uno quiere subir, subir, sin tener en cuenta a los otros. ¡Yo solo! Pensemos en la torre. Construimos torres y rascacielos, pero destruimos la comunidad. Unificamos edificios y lenguas, pero mortificamos la riqueza cultural. Queremos ser amos de la Tierra, pero arruinamos la biodiversidad y el equilibrio ecológico. Os conté en alguna otra audiencia de esos pescadores de San Benedetto del Tronto que vinieron este año y me dijeron: “Hemos sacado del mar 24 toneladas de basura, de las cuales la mitad era plástico”. ¡Pensad! Estos tienen el espíritu de recoger los peces, sí, pero también la basura y sacarla para limpiar el mar. Pero esta [contaminación] es arruinar la tierra, no tener solidaridad con la tierra que es un don y un equilibrio ecológico.

Recuerdo una historia medieval que describe este “síndrome de Babel”, que es cuando no hay solidaridad. Esta historia medieval dice que, durante la construcción de la torre, cuando un hombre caía  —eran esclavos— y moría nadie decía nada, como mucho: “Pobrecillo, se ha equivocado y ha caído”. Sin embargo, si caía un ladrillo, todos se lamentaban. ¡Y si alguno era culpable, era castigado! ¿Por qué? Porque un ladrillo era caro de hacer, de preparar, de cocer. Se necesitaba tiempo y trabajo para hacer un ladrillo. Un ladrillo valía más que la vida humana. Cada uno de nosotros piense en qué sucede hoy. Lamentablemente también hoy puede suceder algo parecido. Cae la cuota del mercado financiero —lo hemos visto en los periódicos estos días— y la noticia está en todas las agencias. Caen miles de personas por el hambre, la miseria y nadie habla de ello.

Diametralmente opuesto a Babel es Pentecostés (cfr. Hch 2, 1-3), lo hemos escuchado al principio de la audiencia. El Espíritu Santo, descendiendo del alto como viento y fuego, inviste la comunidad cerrada en el cenáculo, la infunde la fuerza de Dios, la impulsa a salir,  a anunciar a todos a Jesús Señor. El Espíritu crea la unidad en la diversidad, crea la armonía. En la historia de la Torre de Babel no hay armonía; había ese ir adelante para ganar. Allí, el hombre era un mero instrumento, mera “fuerza-trabajo”, pero aquí, en Pentecostés, cada uno de nosotros es un instrumento, pero un instrumento comunitario que participa con todo su ser a la edificación de la comunidad. San Francisco de Asís lo sabía bien, y animado por el Espíritu daba a todas las personas, es más, a las criaturas, el nombre de hermano o hermana  (cfr. LS, 11; cfr. San Buenaventura, Legenda maior, VIII, 6: FF 1145). También el hermano lobo, recordemos.

Con Pentecostés, Dios se hace presente e inspira la fe de la comunidad unida en la diversidad y en la solidaridad. Diversidad y solidaridad unidas en armonía, este es el camino. Una diversidad solidaria posee los “anticuerpos” para que la singularidad de cada uno — que es un don, único e irrepetible — no se enferme de individualismo, de egoísmo. La diversidad solidaria posee también los anticuerpos para sanar estructuras y procesos sociales que han degenerado en sistemas de injusticia, en sistemas de opresión (cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 192). Por tanto, la solidaridad hoy es el camino para recorrer hacia un mundo post-pandemia, hacia la sanación de nuestras enfermedades interpersonales y sociales. No hay otra. O vamos adelante con el camino de la solidaridad o las cosas serán peores. Quiero repetirlo: de una crisis no se sale igual que antes. La pandemia es una crisis. De una crisis se sale o mejores o peores. Tenemos que elegir nosotros. Y la solidaridad es precisamente un camino para salir de la crisis mejores, no con cambios superficiales, con una capa de pintura así y todo está bien. No. ¡Mejores!

En medio de la crisis, una solidaridad guiada por la fe nos permite traducir el amor de Dios en nuestra cultura globalizada, no construyendo torres o muros —y cuántos muros se están construyendo hoy— que dividen pero después caen, sino tejiendo comunidad y apoyando procesos de crecimiento verdaderamente humano y solidario.  Y para esto ayuda la solidaridad. Hago una pregunta: ¿yo pienso en las necesidades de los otros? Cada uno que responda en su corazón.

En medio de crisis y tempestades, el Señor nos interpela y nos invita a despertar y activar esta solidaridad capaz de dar solidez, apoyo y un sentido a estas horas en las que todo parece naufragar. Que la creatividad del Espíritu Santo pueda animarnos a generar nuevas formas de hospitalidad familiar, de fraternidad fecunda y de solidaridad universal. Gracias.

Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. He visto varias banderas españolas ahí, bienvenidos. Y también latinoamericanas de esta parte, así que no se enojan. Pido al Señor que nos conceda la gracia de una solidaridad guiada por la fe, para que el amor a Dios nos mueva a generar nuevas formas de hospitalidad familiar, de fraternidad fecunda y de acogida a los hermanos más frágiles, especialmente a los descartados por nuestras sociedades globalizadas. Que Dios los bendiga.

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

La pandemia actual ha evidenciado que todos, como miembros de una misma familia humana, estamos conectados en el bien o en el mal, porque tenemos un mismo origen, compartimos la misma casa común y un mismo destino en Cristo. Esta interdependencia nos enseña que sólo siendo solidarios podremos salir adelante, pues de lo contrario surgen desigualdad, egoísmos, injusticia y marginación.   

La solidaridad es una cuestión de justicia, un cambio de mentalidad que nos lleve a pensar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes de parte de unos pocos. Nuestra interdependencia, para que sea solidaria y dé frutos debe fundarse en el respeto a nuestros semejantes y a la creación.

Para no repetir el drama de la Torre de Babel, que generó sólo ruptura y destrucción a todo nivel, el Señor nos invita a radicarnos en el acontecimiento de Pentecostés. Es allí donde Dios se hace presente con la fuerza de su Espíritu Santo, que inspira la fe de la comunidad unida en la diversidad y la solidaridad, y la impulsa a sanar las estructuras y los procesos sociales enfermos de injusticia y de opresión. La solidaridad es, por tanto, el único camino posible hacia un mundo post-pandemia, y el remedio para curar las enfermedades interpersonales y sociales que afligen a nuestro mundo actual.


Un nuevo día

A veces no nos sentimos como quisiéramos sentirnos.

A veces no logramos lo que quisiéramos lograr.

A veces las cosas que suceden no tienen sentido.

A veces la injusticia llega a nuestra vida sin poder hacer que la verdad triunfe.

A veces la vida nos lleva por caminos que están fuera de nuestro control.

A veces nos planteamos nuestro futuro y nos perdemos en el intento de ser felices.

A veces la tristeza se instala en nuestro corazón sin poder salir de ella.

Es en esos momentos cuando debes parar, debes reflexionar y decidir lo que es mejor para tu vida.

La dignidad humana está por encima de cualquier situación, no dejes que nadie la pise, nadie.

No dejes que nadie transforme tu felicidad en tristeza continua, no dejes que nadie se convierta en justiciero de tu vida.

Nadie tiene derecho a hablar sin sentido ni a convertir tu alegría en un oscuro dibujo carente de color.

La verdad antes o después emerge sacando a la luz la verdad más plena.

Cada mañana amanece y nos ofrece la posibilidad de ser feliz.

Eres dueño de tu vida, tu transparencia hablará más que tus palabras, tus gestos dirán lo que realmente eres.

Cada mañana amanece y tienes derecho a ser feliz.

No dejes que nadie ni nada convierta tu vida en una prueba en la que tienes que demostrar tu verdad más profunda.

Dios sabe quien eres y lo que eres. Con Él todo lo tienes.

No dejes que nadie empañe cada amanecer de tu vida.