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lunes, 3 de mayo de 2021

«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1, 30).

María, tú eres consciente del privilegio de que Dios se haya enamorado de ti. Era algo impensable. Te sobresaltaste, pero diste fe a las palabras del arcángel Gabriel.

Siempre que me introduzco en la estancia más íntima de tu vida, me viene a la memoria algo que le escuché personalmente al Papa Benedicto XVI, evocando a San Agustín: “El ángel, "entrando en su presencia", no la llama por su nombre terreno, María, sino por su nombre divino, tal como Dios la ve y la califica desde siempre:  "Llena de gracia (gratia plena)", que en el original griego es κεχαριτωμ?νη "llena de gracia", y la gracia no es más que el amor de Dios; por eso, en definitiva, podríamos traducir esa palabra así:  "amada" por Dios (cf. Lc 1, 28). (Homilía, 25 de marzo, 2006).

Sí, tú fuiste la Amada por Dios, la más amada. Gracias a ti nos ha venido la salvación al mundo. Tú eres el prototipo del nuevo pueblo de Dios, a quien Él trataba como a esposa. Tu mismo Hijo, en resonancia de las alianzas antiguas, te presentó como fruto de la alianza nueva, y te llamó “mujer”. Este nombre se aplicaba a la esposa. En ti se desposó Dios con la humanidad. En ti aconteció la visión del profeta: “Ya no te llamarán abandonada, ni a tu tierra devastada. A ti te llamarán mi favorita, y a tu tierra desposada. Como joven que se casa con su novia así te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el marido con esposa, la encontrará tu Dios contigo” (Is 62).

Y al contemplarte “Amada por Dios” en el contexto del Evangelio, me encuentro con mi propia llamada, la que nace también de una opción divina: “He sido yo quien os he elegido”, dice Jesús a los suyos. “Vosotros sois mis amigos”.

La opción de tu Hijo por mí, y por cada uno, es la única razón de la esperanza, y de caminar, a pesar de todo, hacia adelante, porque no es por mi fuerza y empeño mi seguimiento, sino porque Jesús me ha llamado y me ha declarado su amor.

Es indecible la marca que se queda grabada en el corazón cuando, por gracia, se llega a sentir, aunque solo sea por un instante, el Amor de Dios. ¡Qué sería en tu caso!

Desde la experiencia del amor divino, se comprende tu exultación y tu cántico, al que yo también me uno, por ti y por mí.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Patrocinio de la Virgen María

En esta fiesta damos gracias a Dios por el misterio de María y nos encomendamos a su protección, ya que la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, reina de los apóstoles y madre benevolentísima de nuestra Orden, es para nosotros ejemplo de contemplación de la palabra de Cristo y de docilidad a la propia misión

La Iglesia ha invocado a la Virgen María « con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora » ya que su función maternal perdura sin cesar en la economía de la gracia y « con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. » (LG n. 62)

Como afirma el MO fray Humberto de Romans: «La Virgen María fue una grande ayuda para la fundación de la Orden y se espera que la lleve a buen fin» (Opera, Il, 70.71). Por ello la Orden de Predicadores reconoce desde sus inicios la protección de la Virgen y «no duda en confesarla, la experimenta continuamente y la recomienda a todos —frailes, hermanas y laicos— para que apoyados en su protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador » (LG, n. 62) para llevar a cabo la difícil misión de la salvación de los hombres.

La celebración del patrocinio de María en la Orden se celebró en la liturgia en coincidencia con el aniversario de la bula de fundación de la Orden el 22 de diciembre de 1216, pero ante la debida preferencia de las ferias de Adviento inmediatas a navidad, se propone su celebración en este día del mes de mayo – dedicado a la veneración especial de María- pues también en este día diversos calendarios litúrgicos de otros propios ya celebran diversos títulos de María.

sábado, 4 de mayo de 2019

A LA NIÑA MARÍA


Niña María, Madre y compañera

de nuestra adolescencia en el Colegio,

con el cariño y el amor de siempre

a tus plantas, otro año, nos ponemos

para vivir contigo una jornada

de gozos y suspiros y embelesos,

una jornada de memorias íntimas,

y de vibrantes y álgidos recuerdos. 

Niña María de nuestros clamores,

Niña María de nuestros silencios,

ayúdanos a ser como tú fuiste,

a cumplir de verdad los mandamientos,

a poner las promesas del bautismo

y cuanto nos exige el Evangelio

por encima de vanas fantasías

que, al primer soplo, se las lleva el viento.

Niña María de las esperanzas,

Niña María de los dulces sueños,

que sepamos nadar contra corriente,

que seamos testigos de tu ejemplo,

que nuestras vidas y nuestras acciones

nunca desdigan de tu amor materno

porque sólo contigo y de tu mano

la salvación eterna alcanzaremos.

Mantén siempre, en nosotras, encendida

Poema ante el mes de mayo, el mes de María


la llama de tu gracia y que lleguemos

luchando día y noche, sin descanso,

a las gloriosas puertas de tu reino,

porque las cosas de este mundo pasan

y, como ellas, nosotras pasaremos

y la gracia de Dios es lo que importa,

pues todo lo demás es lo de menos.

Niña María, Niña, no nos dejes

de tus divinas manos ni un momento

porque vivir la fe, como se debe,

es hoy un ejercicio de alto riesgo.

¡De verdad, no nos dejes, que ya sabes

lo mucho que nosotras te queremos!

          fin

sábado, 8 de diciembre de 2018

La revolución de las Inmaculadas de Murillo


Como parte de las conmemoraciones del IV centenario de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), una muestra en el Museo de Bellas Artes de su Sevilla natal exhibe 72 obras del gran pintor de la Purísima y uno de los genios del Barroco español. Comisariada por Ignacio Cano y Valme Muñoz, directora de la pinacoteca, la exposición consta de 55 lienzos, entre ellos tres del propio museo y otros prestados por colecciones privadas e instituciones, españolas y extranjeras, como la Tate Gallery de Londres, el Museo del Prado, el Louvre de París y el MET de Nueva York. Estas piezas se suman a las 17 de la exposición de los Capuchinos.

Lo que Murillo innovó
Murillo cambia el estilo de representar a María triunfante que habían traído pintores anteriores a él como Pacheco o Velázquez. ¿La gran novedad? Viste a María de blanco, con una túnica sencilla e inmaculada, y le da vuelo al manto azul. De la lectura del Apocalipsis toma solo la luna bajo sus pies y, para representar aquello de que iba ‘vestida de sol’, coloca una luz anaranjada tras cada Inmaculada, prescindiendo de la corona de estrellas que sí usaron Pacheco y Velázquez.

Santa Beatriz de Silva, encerrada en el baúl por la Reina
¿En qué se basa esta representación que se hace de la Inmaculada? Para ello tenemos que conocer a Santa Beatriz de Silva (14371492), dama de la corte de Isabel de Portugal (esposa de Juan II de Castilla). La reina, celosa porque creía que su marido miraba a Beatriz con deseo, la encerró durante días en un baúl cerrado a cal y canto. Allí, se le apareció la Virgen para decirle que todo saldría bien, y que cuando saliera fundara una orden (las Concepcionistas). Beatriz contaría que la Virgen se le había aparecido con túnica blanca y manto azul, como luego vestirían las monjas concepcionistas, y como pinta Murillo a la madre de Cristo.

Inmaculada "La Colosal"

Vista de cerca, a los monjes no les gustaba
Una de las primeras Inmaculadas que pintó Murillo fue ‘La Colosal’, que por suerte conservamos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Se hizo para el arco de la iglesia del Convento de San Francisco, que estaba donde hoy se abre la Plaza Nueva. Dice la tradición que cuando Murillo presentó el cuadro, a los franciscanos no le gustó demasiado. Pero Murillo sabía que su cuadro no estaba realizado para ser visto a ras de suelo. Una vez que se colocó a su altura, los monjes cambiaron su visión sobre la obra. No hay que obviar que este lienzo mide tres metros de ancho y casi cuatro y medio de alto. Por algo es ‘La Colosal’. De hecho, su tamaño fue lo que hizo que el napoleónico Mariscal Soult no pudiera llevársela durante la invasión francesa, y se quedara recluida en el Alcázar.

Las obras que devolvió Pétain a Franco
La Inmaculada llamada ‘de los Venerables’ –y mal llamada ‘de Soult’ por su expoliador– regresó a España en 1940, pero nadie desde nuestro país la había reclamado. ¿Cómo podía ser? En aquella época, Francia estaba siendo invadida por las tropas nazis, y un gobierno colaboracionista dirigido por el Mariscal Pétain se había establecido en Vichy traicionando a la república francesa. Pétain quería el apoyo de la España de Franco, y por ello se propuso como estrategia un intercambio de cuadros entre el Prado y el Louvre.

Un día de diciembre, avisaron a los encargados del Patrimonio de España que fueran a la localidad francesa de Port Bou. Para agilizar el acuerdo, Pétain mandaba a Franco la Inmaculada de los Venerables a España. Debió llegar en tren, pero las lluvias lo impidieron, por lo que fue cargada en un camión sin escolta en el que llegó hasta el lugar de la cita. Un día antes del día de la Inmaculada, el cuadro llegaba en un vagón de tren precintado a Madrid. Por cierto, un año más tarde Pétain mandaría a España otra obra maestra expoliada: la Dama de Elche.

La hija sorda y monja de Murillo
Corre desde siempre la tradición de que Murillo tomó para algunas de sus Inmaculadas rostros conocidos. Pero dentro de esas teorías, debemos detenernos en la similar faz que tienen las llamadas ‘de Walpole’ (Hermitage de San Petersburgo) y ‘del Coro o niña’ (Museo de Bellas Artes).

Aunque puede resultar a simple vista sensato decir que ambas tienen el mismo rostro, Santiago Montoto se atrevía en los años 20 a decir que ambas tuvieron como modelo a la hija de Murillo, Francisca María. La última de sus hijas, que dicen que era sorda de nacimiento, entró en el convento de Madre de Dios como monja, y decían que la añoranza del pintor de su hija fue lo que propició que le pusiera su rostro a estas dos representaciones de la Inmaculada Concepción.

jueves, 6 de diciembre de 2018

EL ORIGEN DE LA SOLEMNIDAD DE LA VIRGEN INMACULADA

La antigua fiesta de la Concepción de María (Concepción de Santa Ana), que tuvo su origen en los monasterios de Palestina a final del siglo VII, y la moderna fiesta de la Inmaculada Concepción no son idénticas en su origen, aunque la fiesta de la Concepción de Santa Ana se convirtió con el paso del tiempo en la de la Inmaculada Concepción.

Para determinar el origen de esta fiesta debemos tener en cuenta los documentos genuinos que poseemos. El más antiguo es el canon de la fiesta, compuesto por San Andrés de Creta, quien escribió su himno litúrgico en la segunda mitad del siglo VII. En la Iglesia Oriental la solemnidad emergió de comunidades monásticas, entró en las catedrales, fue glorificada por los predicadores y poetas, y eventualmente fue fijada fiesta en el calendario de Basilio II, con la aprobación de la Iglesia y del Estado.  
   
En la Iglesia Occidental la fiesta aparece cuando en el Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando. El definitivo y fiable conocimiento de la fiesta en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old Minster, Winchester, datado hacia el año 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito entre 1035 y 1056. Esto demuestra que la fiesta era reconocida por la autoridad y observada por los monjes sajones con considerable solemnidad.

Después de la invasión normanda en 1066, el recién llegado clero normando abolió la fiesta en algunos monasterios de Inglaterra donde había sido establecida por los monjes anglosajones. Pero hacia fines del siglo XI, a través de los esfuerzos de Anselmo el Joven, fue retomada en numerosos establecimientos anglo-normandos. Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual manifiesta que era celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la Europa Occidental.

Por un Decreto de 28 de Febrero de 1476, Sixto IV adoptó por fin la fiesta para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad. Para poner fin a toda ulterior cavilación, Alejandro VII promulgó el 8 de Diciembre de 1661 la famosa constitución «Sollicitudo omnium Ecclesiarum» en la que declaró que la inmunidad de María del pecado original en el primer momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo eran objeto de fe.

Desde el tiempo de Alejandro VII hasta antes de la definición final, no hubo dudas por parte de los teólogos de que el privilegio estaba entre las verdades reveladas por Dios. Finalmente Pío IX, rodeado por una espléndida multitud de cardenales y obispos, promulgó el dogma el 8 de Diciembre de 1854.