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jueves, 17 de marzo de 2022

San José, padre que acoge

Cuando san José se encontró con el embarazo de María no tenía toda la información, pero las apariencias orientaban en una determinada dirección. A la vista de las apariencias, José toma la decisión menos lesiva para María. Pues la ley le obligaba a denunciar el adulterio de su mujer y eso conducía a María inexorablemente a la muerte por lapidación, tal como dice el libro del Deuteronomio (22,21). Pues bien, a pesar de todo “José acogió a María sin poner condiciones previas… La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley” (Francisco). Evidentemente, una decisión como esta solo se explica si José amaba a María y se fiaba totalmente de ella. Amar es decirle a otro: “te creo a ti”, a pesar de que todos me dicen otra cosa de ti.

“La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge” (Francisco). No se trata de una acogida fruto de la resignación, sino de la fortaleza, esa fortaleza que es un don del Espíritu Santo y nos da fuerza para enfrentarnos a situaciones inesperadas y difíciles sin ira y sin rencor. Este camino que nos muestra José, dice el Papa, nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27), es «padre de los huérfanos y defensor de las viudas» (Sal 68,6) y nos ordena amar al extranjero. Añade Francisco con mucha finura: “Deseo imaginar que Jesús tomó de las actitudes de José el ejemplo para la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso”.

Esta figura de José que acoge tiene hoy una gran actualidad. Son muchas las personas e instituciones que, ante la tragedia de los millones de personas que salen de Ucrania a causa de la guerra, adoptan una actitud acogedora, bien poniendo a disposición de esas personas viviendas, o bien entregando alimentos y, sobre todo, dinero, para que las instituciones serias y de fiar puedan ayudarles. José también se vio obligado a salir de su tierra, emigrando a Egipto, para salvar a su mujer y a su hijo, cuando Herodes pretendía matarlos. ¡Ojalá que a todas esas personas que se ven forzadas a dejar Ucrania les pase como a José que, cuando desapareció el peligro, pudo regresar a su tierra!

Desde otra perspectiva la figura de José, padre que acoge, resulta muy actual. Frente a aquellos que dan importancia a la sangre y creen que esos son los vínculos fundamentales, hoy se tiende a dar importancia a otros vínculos que estarían representados (no sólo ni principalmente, pero también) en la adopción. Más aún, José es figura de la paternidad que ensalza Jesús. Pues para Jesús lo importante no es la carne o la sangre, sino la acogida. Es padre el que acoge y recibe con amor a su hijo. Lo que une no es la sangre, lo que une es el amor. Esos son los lazos más fuertes, los más irrompibles. Cuando dos se aman, ¡qué importa la raza, el color, la edad, qué importa si uno es indio o es español! José amaba a María y a Jesús. No porque llevaban su sangre, sino porque les acogió.

jueves, 18 de marzo de 2021

San José, la sombra luminosa

San José, un hombre enamorado que daba seguridad y reflejos de luz a todo el pueblo. Un hombre sencillo que, ante las circunstancias tan dolorosas como misteriosas que se le presentaron, prefirió "creer, amar y perdonar" fiándose del Señor y poniéndose a su servicio dejando que condujese su vida.

San José, una antorcha que iluminaba toda relación humana y que, luchando en la oscuridad de las tinieblas, iba forjando su fe con una espera paciente en la respuesta de Dios.

San José, un hombre espiritual, un maestro de oración, que escuchaba y seguía la voluntad del Padre por encima de todo. Un hombre fiel que cuidaba a sus grandes amores: Jesús y María. Un contemplativo en la acción práctica  de cada día, enseñando con palabras y obras.

Modelo de trabajo, con una dedicación intensa haciendo extraordinarias las tareas ordinarias con una alegre ejemplaridad en el cumplimiento de su deber. San José, fue protector y adalid de la Sagrada Familia, buscando siempre la confianza y la apertura a los demás en el olvido de sí mismo, desplegándose en los pequeños detalles familiares y en las labores cotidianas.

Ejemplar educador, partía siempre de una experiencia profunda de oración que se hace vida, con un equilibrio interior, de discreción y silencio lleno del Espíritu de Dios y de entrega diaria, como una sombra que ilumina y protege. Dios actúa siempre a través de eventos y personas, y eligió al hombre prudente y sencillo como una pieza fundamental para llevar a cabo una bella historia de salvación y amor.  

Dios confió en José, el humilde carpintero, porque conocía el fondo de su ser, su valentía para afrontar el reto de formar una familia modelo, amando y respetando. En él, el silencio se vuelve obediencia porque la obediencia exige, ante todo, escucha y, San José, hace silencio para poder escuchar el querer de Dios, su voluntad de Amor. Pero, como muchas veces no es fácil discernir ese querer, incluso en el silencio, él siempre cuida de ser fiel; pues, principio es de sabiduría, que de lo que no se entiende, mejor es callar.

Dios nos ayudará a hacer que nuestra familia sea como la suya: un nuevo Nazaret.  Es allí, en su silenciosa fidelidad, donde San José se sabe en las manos de Dios y cuidado por ellas. De ahí que su fidelidad se transforme en cuidadora de todo lo que, como él, está puesto en esas manos de amor.

De este modo, San José se convierte en fiel custodio a quien se le confía

la misión de cuidar de Jesús, que como ningún otro estará puesto en las manos del Padre. El camino de San José es pues otro modo de caminar hacia la Pascua, de transitar desde el silencio. Desde un silencio obediente a lo que en el propio corazón se escucha. Desde un silencio cuidado, que se cuida y se busca con el deseo de aprender lo que la Palabra enseña en su camino. Pues cuando la Palabra con mayúscula se hace carne, la carne debe aprender a hacer un Silencio con mayúscula. 

El camino de San José es el camino de un silencio que, gustando su fidelidad, busca recrearla, oxigenarla, y hacerla nueva. Es el camino de un silencio que respeta. Que no se apresura a llenarse de juicios y pensamientos en los que el misterio del otro es un dato ya conocido. Es el camino de un silencio que no es mutismo, que no se cierra a la palabra, sino tan sólo se abstiene de ella a fin de hacerla más fecunda todavía.

Pidámosle que nos enseñe a trabajar como él: sin prisa, pero sin pausa, con ejemplaridad confiada, alegre en el cumplimiento de cada día. Gran Patriarca, cuida a nuestras familias, como lo hiciste con María y Jesús.

Sor María Pilar Cano, O.P

lunes, 19 de marzo de 2018

San José, modelo de padre y esposo!

San José es quien tuvo el privilegio de ser esposo de María, de criar al Hijo de Dios y de ser la cabeza de la Sagrada Familia. Es patrón de la Iglesia Universal, de una infinidad de comunidades religiosas y de la buena muerte.

La fiesta del santo más cercano a Jesús y María se celebra habitualmente el 19 de marzo. En este año, por caer la fecha en el tercer Domingo de Cuaresma, la celebración litúrgica de la Solemnidad es trasladada al día siguiente, el 20 de marzo.

"José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1, 20-21), le dijo el ángel  en sueños al “justo” San José.

San José es conocido como el “Santo del silencio” porque no se conoce palabra pronunciada por él, pero sí sus obras, su fe y amor que influenciaron en Jesús y en su santo matrimonio.

Cuenta la tradición que doce jóvenes pretendían casarse con María y que cada uno llevaba un bastón de madera muy seca en la mano. De pronto, cuando la Virgen debía escoger entre todos ellos, el bastón de José milagrosamente floreció. Por eso se le pinta con un bastón florecido.
Junto a María, San José también tuvo que sufrir que no los quisieran recibir en Belén, que el amor de su vida diera a la luz en un establo y el tener que huir a Egipto, como si fueran delincuentes, para que Herodes no mate al niño. Pero supo afrontar todo esto confiando en la Providencia de Dios.

Con su oficio de carpintero no pudo comprar los mejores regalos para su hijo Jesús o que recibiera la mejor educación, pero el tiempo que le dedicó para atenderlo y enseñarle su profesión fueron más que suficiente para que el Señor conociera el cariño de un papá, que también es capaz de dejarlo todo por ir en busca del hijo extraviado.

Se conoce a San José como Patrono de la buena muerte porque tuvo la dicha de morir acompañado y consolado de Jesús y María. Fue declarado Patrono de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX en 1847.

Una de las que más propagó la devoción a San José fue Santa Teresa de Ávila, que fue curada por intercesión del papá de Jesús en la tierra de una terrible enfermedad que la tenía casi paralizada y que era considerada incurable. La Santa le rezó con fe a San José y obtuvo la curación. Luego solía repetir:

"Otros santos parece que tienen especial poder para solucionar ciertos problemas. Pero a San José le ha concedido Dios un gran poder para ayudar en todo".

Hacia el final de su vida, la Santa carmelita resaltó: “durante 40 años, cada año en la fiesta de San José le he pedido alguna gracia o favor especial, y no me ha fallado ni una sola vez. Yo les digo a los que me escuchan que hagan el ensayo de rezar con fe a este gran santo, y verán que grandes frutos van a conseguir".