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jueves, 1 de agosto de 2024

Beata Juana de Aza

La beata Juana de Aza fue la madre de santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. Proveniente de una familia noble, ella y su familia se llegaron a caracterizar por la ejemplaridad de sus virtudes y profunda vida cristiana.

Síntesis biográfica

  Juana nació en la villa de Aza hacia el año 1140. Heredó de su familia el señorío de Caleruega tras contraer matrimonio con Félix de Guzmán. Fruto de ese matrimonio nacieron tres hijos: Antonio (venerable), Manés (beato) y Domingo (santo y fundador de la Orden de Predicadores). De ella se afirma en la obra Vida de santo Domingo de 1272 que era una mujer «honesta, casta, intachable, prudente y muy compasiva con los pobres y afligidos, brillando por su virtud y buena fama».

  Los hijos de Félix y Juana fueron educados en las virtudes de su madre. Todos los días las puertas del Torreón de los Guzmanes se abrían para repartir alivios y afectos a los pobres, transeúntes y peregrinos. Las vocaciones de sus hijos nacieron de la educación cristiana y vida ejemplar que les fue brindada en su hogar.

  La especial devoción de Juana de Aza por el monasterio benedictino de Silos y su santo fundador Domingo, es el origen del nombre de su hijo menor. Tras su muerte entre los años 1202 y 1205, se desarrolló una especial devoción hacia esta santa mujer en todas las localidades cercanas. El pueblo admira y recuerda sus virtudes de compasión, misericordia y generosidad con los más necesitados.

¿Qué nos dice hoy?

  Juana de Aza y su familia nos recuerdan el valor del amor, la educación y la convivencia familiar. La familia ocupa un lugar esencial e insustituible en la sociedad. El testimonio de vida de los Guzmanes nos ayuda discernir cuáles son aquellos valores esenciales que, a pesar de las transformaciones culturales, siempre desempeñarán un valor importante en la vida de las personas.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Beato Francisco de Posadas, O.P

En la segunda mitad del siglo XVII y comienzos del XVIII la predicación del Beato Francisco de Posadas llegó a toda Andalucía. Fraile humilde, austero y penitente, nos ofrece en la Carta del Esposo este texto sobre la oración:

“La oración es comida que sustenta, conversación que regala, trato que entretiene y sueño dulce donde el alma descansa. ¿Pues cómo no la tenéis? ¿Cuál estáis sin oración? Díganlo vuestras obras que salen disparatadas como las del que no come ni duerme...

Dice el Señor: ¿Cómo os trato Yo en la oración? ¿Acaso no os oigo? ¿No os regalo? ¿No os enternezco? ¿No os perdono?... ¿No inflamo vuestras voluntades? ¿No regalo vuestras memorias? ¿No endulzo vuestras almas? ¿No purifico vuestras conciencias?... Pues, ¿por qué no me tratáis?... Ea, venid y tratadme, que soy como las flores, que cuanto más se tratan y manosean os sueltan mayor fragancia.

Si queréis sentir mis olores, venid y tratadme, no me dejéis de la mano, y veréis cómo camináis al olor de mis fragancias, como lo hacen las esposas...

Orad, que si sois malos, Yo os haré buenos; si tibios, os pondré fervorosos; si imperfectos, hallaréis la perfección...Orad, orad y conoceréis lo que soy para vosotros”.

sábado, 18 de septiembre de 2021

San Juan Macías, O.P

San Juan Macías nace en Ribera de Fresno (Badajoz) el año 1585. Huérfano a los cuatro años, desde muy niño fue dedicado al oficio de pastor. Su vida esta marcada por una primera educación familia de especial devoción a la Virgen María, particularmente mediante el rezo del Rosario. Las largas horas cuidando ovejas le permiten adquirir hábitos contemplativos. Piensa mucho en el texto del Apocalipsis: "vi un cielo nuevo y una tierra nueva" y lo identifica con las Américas, hacía poco descubiertas. Emigra a América del Sur. En una nave mercante llega a Cartagena de Indias (Colombia) y más tarde a Lima. Allí pide el hábito de hermano cooperador, en el convento de Santa María Magdalena, en 1622, cuando contaba treinta y siete años. Su vida se distingue por una gran pobreza, humildad y caridad, es una persona sencilla y siempre abierta al cambio de vida. Aprende de los acontecimientos y de la lectura de la Palabra de Dios. Su oración es muy profunda: en ella la Virgen María y San Juan Evangelista le ayudan a encontrarse permanentemente con Cristo. Es un hermano muy respetuoso de los consensos comunitarios e incansable trabajador.

Fue portero del convento durante veinticinco años. Desde ese puesto ejercita una increíble obra de beneficencia material y espiritual con limosnas y con el rosario ofrecido por los pecados propios por los demás y en sufragio por las almas del purgatorio. Tuvo también mucho influjo en la ciudad con sus consejos. Aquella portería de la Magdalena se convierte en lugar de comunión y participación de pobres y enfermos. Allí Juan Macías ora con ellos, les imparte catequesis y les ayuda en sus necesidades. Su acción va más allá del recito conventual. Es capaz de amaestrar un borriquillo que con él pide limosna. Más de una vez, sin guía alguna, se dirige a las casas de los necesitados llevándoles alimento. Contemporáneo de San Martín de Porres y Rosa de Lima, es también evangelio viviente del Señor Jesús. También como San Martín, sufre con valentía injurias y calumnias por su caridad heroica con los necesitados.

San Juan Macías murió en Lima el 15 de septiembre de 1645. Su cuerpo se venera en la basílica del Rosario. Fue beatificado por Gregorio XVI en 1813 y canonizado por Pablo VI el 28 de septiembre de 1975.