domingo, 23 de junio de 2019

«Tenemos que ser solidarios hasta que el mundo cambie en la dirección que marca el Evangelio»

«Todo arranca de unos principios evangélicos, por solidaridad con la gente más desfavorecida y por combatir la desigualdad y la exclusión».

Con estas mirada recibe Marcial, voluntario de Cáritas desde hace cinco años, a todos los que se acercan a la mesa que la organización ha instalado en la plaza de Isabel II, un espacio abierto entre los barrios de Sol y Palacio, del distrito centro de Madrid.


El jueves en este lugar, también conocido como plaza de Ópera, aúna un descomunal abanico de razas, personalidades y culturas diferentes. El madrileño, responsable de voluntariado de la Vicaría III, está acompañado de cuatro compañeros que, como él, han reservado en su calendario este día porque así lo ha elegido su corazón… «Tenemos que ser solidarios», repite, con una voz sosegada y llena de cordura, «con esas personas que están en situación de dificultad». Y hacerlo «hasta que el mundo cambie en la dirección que marca el Evangelio».

«Dios me ayuda para colaborar en lo que me pida Cáritas»

A pocos metros de ese crisol de culturas, en la puerta de la iglesia de San Ginés, se encuentra otra mesa informativa, custodiada por Carmen, Julián, Begoña y Pilar. Esta última colabora con Cáritas desde que se prejubiló. Y lo hace llevando a cabo labores administrativas e informáticas en la Vicaría III. «¿Por qué lo haces?», le pregunto, consciente del esfuerzo que supone poner la vida en el corazón de los más necesitados de la tierra. «Siempre he tenido una necesidad de entrega, de hacer algo por los demás», reconoce, «y siempre en el entorno que me da confianza, que es el ámbito religioso católico, que es lo que soy».

A su lado, Carmen, que cuenta, en su haber, con diez años dedicados –en cuerpo y alma– a esta entidad de acción caritativa y social de la Iglesia católica, destaca que, desde que se jubiló, «quería colaborar con Cáritas y hacer un voluntariado». De esta manera, «me encontré con que trabajar sin cobrar era algo fenomenal». Y, desde entonces, aquí sigue… «Pero que yo no estoy solo el día de Caridad, ¿eh?», apunta sonriente, «sino que estoy comprometida todo el año».

Y con la sonrisa de Pilar, la de su compañera Carmen, quien descubre que toda su vida ha sido un regalo de Dios: «Soy afortunada y he recibido mucho; y me mueve una opción religiosa, la fe que tengo y que intento practicar cada día de mi vida». Verdaderamente, «recibo de Dios la ayuda para colaborar en lo que me necesiten y me pida Cáritas». De esta manera, subraya, «me pongo a su disposición y que sea lo que Él quiera».

«Cáritas es la parte caritativa de la Iglesia»

A lo largo de todo el día, Madrid lucirá revestida con 533 mesas de Caridad. Con el lema Ponte en marcha. Tu compromiso mejora el mundo, llegamos hasta la calle Preciados. Allí se encuentran Elena y Pedro. Tienen el sol de cara, que ilumina Madrid al mismo nivel que sus sonrisas. «Yo hago esto desde hace ocho años, para ayudar un poquito a los demás, aparte de a mí misma; porque ayudar a quienes más lo necesitan es ayudarse a uno mismo», confirma Elena. Aún no es mediodía, y sus ojos ya cargan con el cansancio que supone estar ahí. Sin embargo, su alegría y sus ganas de ayudar son más fuertes que la debilidad… «Está todo muy desordenado y hace mucha falta dar la vida por los demás». Y yo he elegido Cáritas porque «desde pequeñita, voy de la mano de la Iglesia». «Termino agotada, sí», confiesa, sin dejar de regalarnos su sonrisa, «pero muy feliz».

Pedro, el presidente de la mesa de esta concurrida calle madrileña, es colaborador de Cáritas desde hace cinco años. Este destaca la importancia de hacerse presente para que todos sepan que «Cáritas es la parte caritativa de la Iglesia, y todos somos Iglesia». A mí «me mueve el Evangelio», reconoce, «y es importante que, como Iglesia, pongamos nuestra vida al servicio de los demás». Una labor que, necesariamente, pone el foco en la mirada misionera y evangélica de Jesús de Nazaret. «La Iglesia, en este momento, está más acostumbrada a que la gente llegue; y tendríamos que cambiar esta mentalidad e ir al encuentro de quien más lo necesita». No podemos seguir esperando, insiste, «sino que hemos de salir al encuentro, como hacía el Maestro, en busca de los más necesitados».

«A mí me mueve Jesús, y no el amor al arte»

La Puerta del Sol, con el día a medio empezar, está colmada de gente. Y cuando parece que la libreta ya ha contado todo lo contable, escuchamos –entre el gentío y los pasos– el sonido de una hucha que resplandece orgullosa tras una cálida voz de mujer. Es Bienvenida, colaboradora de Cáritas desde hace tres años.

Sin siquiera llamar su atención, acude a nuestro encuentro para confesar que «lo hago porque hace falta mucha ayuda y hay poca gente que se presta a ayudar». Y no le importan las malas caras o las contestaciones dañinas que ha recibido durante la mañana. Porque su fe es mayor que todo lo demás. «A mí me mueve Jesús, y no el amor al arte. Y por eso estoy aquí, a pesar de todo lo demás». Jesús, insiste la madrileña de Carabanchel, «nos dice que hay que dar testimonio, y esta manera de hacerlo es fundamental». Lo importante «es hacerlo con el corazón y dar visibilidad a la labor que realiza la Iglesia». Testimonio que, sin duda, Bienvenida ofrece con su voz y con sus generosas manos: «Si la gente se parase a mirar todo lo que hace la Iglesia por los demás, alucinaría… Y si no hubiera sido por la Iglesia, yo no sé lo que hubiera pasado en este mundo…».

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