martes, 23 de abril de 2019

SANTA CATALINA SE SIENA, MUJER INFLUYENTE

Santa Catalina de Siena nace en la calle de los Tintoreros, el año 1347 en Siena (Italia). Hija gemela con Giovanna, dato que no tiene nada de particular, salvo si se tiene en cuenta que antes que ellas le habían nacido a sus padres veintidós hermanos y aún después les vino el benjamín.
Hija de un tintorero, Giacomo Benincasa, casado con Lapa de Puccio del Pagianti. Desde su infancia siente la atracción de ternura y de amor hacia su Dulce Jesús. Aprender a querer y aceptar a todos por el amor de Jesucristo, su Señor.

La vida de los frailes dominicos le gusta, y se va educando a través de este Ministerio de sus hermanos que está compartiendo de cerca por servir a Dios y a todos los hombres. 

Cuando tenía dieciséis años, ingresó en las Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo que eran llamadas «mantellate» por su manto negro sobre un hábito blanco ceñido con una correa, y que se dedicaban a la atención de pobres y enfermos.
Centra toda su energía vital en la Palabra viva de Jesucristo para conocerlo más, en una rica intimidad con Dios, en un vida entregada, de fe y de belleza interior. En este espacio se desenvuelve con agilidad en una espiritualidad mística, profunda de silencio centrada en el misterio de Dios, de su misericordia con todos. 
 Hace callar sus tentaciones, sus egoísmos, a través de la oración y la penitencia logrando una libertad de espíritu claro y convincente que se refleja dándose en servicio a todos por igual.

Junto con Santa Brígida de Suecia, forman dos pilares en la Iglesia del siglo XIV. Santa Brígida nació alrededor de 1303 y se instala en Roma en 1350. Por orden de su confesor D. Alfonso  Pecha de Vadaterra, su amigo y confesor, publica la primera edición de sus Apariciones celestiales y compañero en sus peregrinaciones, fundador de los Jerónimos que recibe una espiritualidad dominicana, promotor de la causa de la canonización de Santa Brígida de Suecia.

D. Alfonso Fernández  Pecha, Nació en Guadalajara, era oriundo de Italia Hijo de Fernán Rodríguez Pecha, oriundo de Siena, camarero mayor del rey Alfonso XI. En 1.367 D. Alonso Fernández Pecha vino a Jaén a hacerse cargo del Obispado y en 1.368 celebró el primer Sínodo o Concilio Diocesano en Jaén. Rigió la diócesis de Jaén hasta 1368, en que renuncia al obispado en manos de Urbano V.

La amistad que le unió con Gregorio XI le favoreció en sus actividades pastorales. Es el Papa Gregorío XI quien le manda desde Aviñón dialogar con Santa Catalina para recibir apoyo en sus proyectos pontificios y preocupaciones de la Santa Iglesia, se interesa en conocerla y da lugar a un encuentro.
La juventud y la belleza profunda de Santa Catalina le cautiva y en ella puede ver el apoyo que puede beneficiar al Santo Padre a dar el paso definitivo para salir de Aviñón y llegar a la Sede de Pedro.

 Santa Catalina desde su infancia aprende a orar y sacrificarse por la Iglesia y por todos los problemas sociales  con la misión de reconciliación, un carisma vinculante que escucha a sus hermanos los Frailes y la hace suya en comunión a los que considera familia.
Ve  la fragilidad del Santo Padre, le reprende con humildad y con valentía, se involucró en los asuntos políticos y eclesiásticos de su tiempo.  el retorno del papado a Roma, la reforma de la Iglesia y el Gran Cisma en el que tanto Clemente VII y Urbano VI afirmaban ser Papa, al mismo tiempo. 

D. Alonso Fernández Pecha a pesar de esa anómala situación de tantos cambios  jugó un papel importante en el traslado de la Santa Sede a Roma. junto a Santa Catalina de Siena para hacer efectivo el cambio.
Para nosotras las monjas dominicas de Jaén, nos alegra compartir  este pequeño vínculo fraterno, pues pronto una imagen de la misma estará en nuestra Iglesia conventual.
Ella aconsejó a los prisioneros, defensora de la justicia, del abuso de las autoridades de la Iglesia y de la sociedad en que vivía, trabajó  para la reforma, la reconciliación y la curación.  

Para la Orden de Predicadores, es Madre, Maestra de nuestra espiritualidad dominicana.
Supo situarse en la Iglesia como mujer contemplativa en acción, como discípula y Predicadora de la Resurrección y la misericordia de Dios, obedecía a la Verdad de Dios y de los hombres más necesitados para recuperarlos a la causa del Señor, su Dios. No se sentía marginada, tenía el peso de la Iglesia encima de sus hombros, en su corazón, que con pasión servía a la pobreza y enfermedad de tantos paisanos que la situaba  caminando con Jesús en cada misión por el Reino de Dios. 

Mujer Apóstol, Mujer de Fuego, Orante, Profeta, Mística porque todo lo aprendía del Verdadero Amor que se une en Sponsa Christi. Guía de almas una eficaz promotora de Paz e identificada con Cristo que ardía noche y día para iluminar cada mañana.

Todas sus palabras, sus acciones y su profundo silencio inducían a los hombres a la virtud, de tal modo que todos se sentían cerca de su corazón de Predicadora silenciosa y Orante.
Mientras trabajaba afanosamente para extender la obediencia al verdadero Papa, la salud de Santa Catalina comenzó a deteriorarse. Ella falleció de un ataque súbito a los 33 años en Roma, un derrame cerebral la llevó a la eternidad un 29 de abril de 1380

Oración:
Señor Dios, tú has mostrado a Santa Catalina el amor infinito hacia todos los hombres, hechura de tus manos, que arde en tu corazón . Ella compartió generosamente esta revelación y la vivió en todas sus consecuencias hasta el heroísmo. Concédenos que podamos seguir su ejemplo, confiando en tus promesas y aumentando nuestra fe en tu presencia en cada sacramento, especialmente en el sacramento de tu perdón. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Sor María Pilar Cano,O.P

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