miércoles, 16 de junio de 2021

El nuevo rector del Angelicum: converso de adulto, teólogo combativo y fundador de una exitosa banda

El dominico estadounidense Thomas Joseph White ha sido recientemente elegido como nuevo rector del Angelicum, la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, el gran centro de estudios de la Orden Predicadores en Roma. Sin embargo, tras este nombramiento aparentemente sin mayor trascendencia más allá del ámbito docente se esconde un personaje con una historia muy llamativa tras él.

El padre White proviene de las provincias dominicas de EEUU donde afloran las vocaciones religiosas, donde la evangelización y la doctrina son elementos centrales, y cuyo particular estilo quiere llevar a partir de ahora en su etapa romana.

Este dominico no es católico de cuna sino converso en su etapa universitaria. De hecho, su padre es judío y su madre presbiteriana. Pero además, tras su conversión, propiciada en su caso desde el ámbito intelectual, fue uno de los fundadores de los Hillbilly Thomists, un grupo de música bluegrass formado por frailes de su orden y que está dando mucho que hablar tras haber publicado varios discos.

Representa a una zona dominica repleta de vocaciones

Es por tanto no sólo un destacado teólogo, sino además combativo, pues fue uno de los ocho firmantes que desmontó los argumentos del cardenal Kasper sobre la comunión a los divorciados que no viven castamente.

El padre White proviene de una provincia dominica, la de San José en EEUU, repleta de jóvenes vocaciones, a diferencia de lo que ocurre en otras zonas. Tal y como explica al National Catholic Register, el secreto a este despertar vocacional allí se debe a "haber encontrado un equilibrio en los últimos años entre una vida común de oración, el compromiso con la belleza litúrgica, la práctica sacramental fiel, la educación teológica sustancial y el apostolado confiado y extrovertido". 

Además, recuerda que muchos de los jóvenes que han ingresado a la Orden de Predicadores en EEUU en últimas décadas provienen provienen de entornos universitarios que han abandonado "para predicar el Evangelio a sus compañeros".

Esto provoca –añade- que “a menudo conocen bien las tendencias culturales que los rodean, pero en lugar de adoptar una postura defensiva, han encontrado formas de comunicar la verdad católica con caridad, celo pastoral y claridad”.

Converso y bautizado en la universidad

En el libro Heart, and Soul: Intellectuals and the Path to Rome, este dominico era uno de los 12 testimonios de conversión que aparecen en él. Y ahí cuenta su viaje hacia la Iglesia Católica ya en la universidad, tal y como recoge Catholic Herald.

“Crecí como hijo único de padre judío y madre presbiteriana. Mis padres eran nominal y moderadamente religiosos. Mi padre podría caracterizarse como un judío un tanto secularizado y mi madre era una presbiteriana no demasiado practicante, por lo que tuve cierta exposición a ambas tradiciones, pero no fui ni bautizado ni recibí el Bar Mitzváhed”, explicaba el ahora fraile dominico.

De este modo, señalaba que “no me consideraba ateo de ninguna manera, pero la existencia de Dios no era una preocupación para mí”. Con apenas 11 años en un viaje familiar a Asia se despertó en él un interés por la diversidad religiosa, pero no por la práctica religiosa.

Una conversión intelectual

Ya en la universidad empezó a tener interés por el misticismo oriental y por ello vio necesario estudiar también el misticismo occidental, por lo que acabó leyendo a Thomas Merton. Y poco después le llegó a sus manos un libro de cartas de Flannery O´Connor, donde encontré “a una intelectual católica”. En sus misivas citaba a algunos teólogos por lo que Thomas decidió acudir a la biblioteca y buscar algunos libros que citaba, como por ejemplo los del teólogo protestante Karl Barth.

Sentado en la biblioteca leyó durante toda la tarde y toda la noche. “Cuando cerré el libro supe que Jesucristo existía. Fue entonces cuando recibí el don de la fe de Dios y comencé a tomar conciencia de la realidad de Cristo. Regresé a mi dormitorio y recé, y al día siguiente fui al capellán de la universidad, que era protestante, y le pedí que me bautizara”, recuerda.

Thomas White se bautizó protestante en la Pascua de su primer año de universidad, pero sólo era el inicio de su camino pues veía que el cristianismo era un mundo muy amplio y con versiones muy diferentes.

Durante un semestre en la universidad empezó a estudiar el cristianismo primitivo y conoció a autores como Ignacio de Antioquia, Ireneo, Agustín, Atanasio o Juan Crisóstomo.

El descubrimiento del catolicismo

“Mientras los leía tuve un instinto creciente de que, fuera lo que fuera lo que estos autores estaban articulando, era algo muy parecido a la ortodoxia oriental o al catolicismo romano, como lo que Newman quiere decir cuando afirma que profundizar en la historia es dejar de ser protestante. Cuando leí a los Padres de la Iglesia quedó claro que tenían una combinación única de profundidad filosófica, profundidad teológica y misticismo espiritual que era hermosa, extraña por antigua, pero también poderosa y convincente”, agrega.

Desde ese instante ya percibió la Iglesia Católica de manera diferente e hizo que –agrega- "las cosas católicas que antes parecían muy extrañas parecieran ahora más atractivas, como por ejemplo los sacramentos, la iconografía, la Virgen María, el papel de los obispos y el papado, y especialmente la Eucaristía”.

Por ello, el futuro dominico comenzó a asistir a iglesias católicas donde se sentaba siempre en el último banco.

Pero todavía quedaba mucho camino y en él se topó con otro libro que le cambiaría la vida: Introducción al cristianismo, de Joseph Ratzinger, que le abrió el camino de Balthasar, Rahner y especialmente San Juan Pablo II. “Al leerlos sentí una profunda continuidad entre los primeros padres y el cristianismo moderno con el que me relacionaba intelectualmente”.

En su último año de universidad comenzó a leer a San John Henry Newman y acudió a un retiro en un monasterio benedictino. Allí encontró numerosas respuestas y personas que tenían las mismas inquietudes que él, a lo que sumó el descubrimiento para él del canto gregoriano y la liturgia solemne.

Fue la primera de bastantes visitas a un monasterio benedictino que sería curiosamente el que le acabaría llevando a una vocación religiosa, pero como dominico.

La música, su gran afición

“Durante mis visitas allí comencé a experimentar la Adoración Eucarística, en la que tuve un sentido abrumador de la presencia de Cristo que nunca antes había tenido, acompañado de una aguda conciencia de mi propia pecaminosidad, pero  también un sentido radiante de presencia y bondad de Dios. Eso fue abrumador y poderoso, así que cuando regresé a una de mis visitas al monasterio pedí ingresar en el RICA (iniciación cristiana de adultos) y finalmente fui recibido el día de Pascua de 1993 en el monasterio de Santa María”, concluye.

Ya como dominico, el padre Tomas Joseph White pudo desarrollar otra de sus curiosas aficiones, la música. Y así fue como creó junto a otro dominico, al cual se han unido otros frailes más el grupo Hillbilly Thomists.

Sobre esta banda  explica que toca música bluegrass  y está “compuesta únicamente por frailes dominicos que tomaron su nombre de un dicho de la autora católica Flannery O'Connor. Se formó inicialmente en 2005 por dos de nosotros, y creció progresivamente a medida que varios jóvenes músicos profesionales ingresaban en la Casa de Estudios Dominicana en Washington DC. Hoy la banda tiene dos álbumes conocidos, incluido uno recientemente lanzado en enero llamado Living for the Other Side que está disponible on line en muchos lugares. También estamos grabando un nuevo álbum para el próximo agosto. Nuestra música no tiene fines litúrgicos. Es para la vida ordinaria. La música Bluegrass tiene una energía única y ayuda a celebrar la vida. Es música alegre para tiempos ordinarios, y los cristianos también la necesitan”.

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO

Patio de San Dámaso

Catequesis 38.  La oración pascual de Jesús por nosotros

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En esta serie de catequesis hemos recordado en varias ocasiones cómo la oración es una de las características más evidentes de la vida de Jesús: Jesús rezaba, y rezaba mucho. Durante su misión, Jesús se sumerge en ella, porque el diálogo con el Padre es el núcleo incandescente de toda su existencia.

Los Evangelios testimonian cómo la oración de Jesús se hizo todavía más intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte. Estos sucesos culminantes de su vida constituyen el núcleo central de la predicación cristiana: esas últimas horas vividas por Jesús en Jerusalén son el corazón del Evangelio no solo porque a esta narración los evangelistas reservan, en proporción, un espacio mayor, sino también porque el evento de la muerte y resurrección —como un rayo— arroja luz sobre todo el resto de la historia de Jesús. Él no fue un filántropo que se hizo cargo de los sufrimientos y de las enfermedades humanas: fue y es mucho más. En Él no hay solamente bondad: hay algo más, está la salvación, y no una salvación episódica – la que me salva de una enfermedad o de un momento de desánimo – sino la salvación total, la mesiánica, la que hace esperar en la victoria definitiva de la vida sobre la muerte.

Él reza de forma dramática en el huerto del Getsemaní —lo hemos escuchado—, asaltado por una angustia mortal. Sin embargo, Jesús, precisamente en ese momento, se dirige a Dios llamándolo “Abbà”, Papá (cfr. Mc 14,36). Esta palabra aramea —que era la lengua de Jesús— expresa intimidad, expresa confianza. Precisamente cuando siente la oscuridad que lo rodea, Jesús la atraviesa con esa pequeña palabra: Abbà, Papá.

Jesús reza también en la cruz, envuelto en tinieblas por el silencio de Dios. Y sin embargo en sus labios surge una vez más la palabra “Padre”. Es la oración más audaz, porque en la cruz Jesús es el intercesor absoluto: reza por los otros, reza por todos, también por aquellos que lo condenan, sin que nadie, excepto un pobre malhechor, se ponga de su lado. Todos estaban contra Él o indiferentes, solamente ese malhechor reconoce el poder. «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). En medio del drama, en el dolor atroz del alma y del cuerpo, Jesús reza con las palabras de los salmos; con los pobres del mundo, especialmente con los olvidados por todos, pronuncia las palabras trágicas del salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (v. 2): Él sentía el abandono y rezaba. En la cruz se cumple el don del Padre, que ofrece el amor, es decir se cumple nuestra salvación. Y también, una vez, lo llama “Dios mío”, “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”: es decir, todo, todo es oración, en las tres horas de la Cruz.

Por tanto, Jesús reza en las horas decisivas de la pasión y de la muerte. Y con la resurrección el Padre responderá a la oración. La oración de Jesús es intensa, la oración de Jesús es única y se convierte también en el modelo de nuestra oración. Jesús ha rezado por todos, ha rezado también por mí, por cada uno de vosotros. Cada uno de nosotros puede decir: “Jesús, en la cruz, ha rezado por mí”. Ha rezado. Jesús puede decir a cada uno de nosotros: “He rezado por ti, en la Última Cena y en el madero de la Cruz”. Incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos, nunca estamos solos. La oración de Jesús está con nosotros. “Y ahora, padre, aquí, nosotros que estamos escuchando esto, ¿Jesús reza por nosotros?”. Sí, sigue rezando para que Su palabra nos ayude a ir adelante. Pero rezar y recordar que Él reza por nosotros.

Y esto me parece lo más bonito para recordar. Esta es la última catequesis de este ciclo sobre la oración: recordar la gracia de que nosotros no solamente rezamos, sino que, por así decir, hemos sido “rezados”, ya somos acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en la comunión del Espíritu Santo. Jesús reza por mí: cada uno de nosotros puede poner esto en el corazón, no hay que olvidarlo. También en los peores momentos. Somos ya acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre en la comunión del Espíritu Santo. Hemos sido queridos en Cristo Jesús, y también en la hora de la pasión, muerte y resurrección todo ha sido ofrecido por nosotros. Y entonces, con la oración y con la vida, no nos queda más que tener valentía, esperanza y con esta valentía y esperanza sentir fuerte la oración de Jesús e ir adelante: que nuestra vida sea un dar gloria a Dios conscientes de que Él reza por mí al Padre, que Jesús reza por mí.

Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, que hay tantos. Al finalizar estas catequesis sobre la oración, no olvidemos que Jesús no sólo nos “amó” primero, sino que también “rezó” primero por nosotros. Por eso, con nuestra oración y con nuestra vida demos gloria a Jesús y vivamos seguros porque Él rezó y reza por cada uno de nosotros aún ahora delante del Padre. Muchas gracias.

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy terminamos las catequesis sobre la oración. Una de las características más evidentes de la vida de Jesús es su diálogo con el Padre en la oración y, como testimonian los Evangelios, este diálogo se hizo más intenso en la hora de su pasión y su muerte. En el huerto de los Olivos, Jesús reza con temor y angustia, y se dirige a Dios llamándolo “Abbá”, es decir, “Papá”, una palabra aramea que expresa intimidad y confianza.

También en la oscuridad y el silencio de la cruz Jesús invoca a Dios como Padre. En ese momento, en medio de atroces dolores, Jesús es el intercesor absoluto. Pide por los demás, pide por todos, incluso por quienes lo condenan. Suplica con palabras de los salmos, uniéndose a los pobres y olvidados del mundo. Desahoga la angustia de su corazón de manera muy humana, sin dejar de confiar plenamente en el Padre, consciente de su filiación divina hasta el último respiro en la cruz, cuando entrega su espíritu en las manos del Padre.

Para adentrarnos en el misterio de la oración de Jesús nos detenemos en la que se llama “oración sacerdotal”, recogida en el capítulo 17 del Evangelio de Juan. El contexto de esta oración es pascual. Jesús se dirige al Padre al final de la Última Cena, en la que instituye la Eucaristía. En su oración va más allá de los comensales, intercede y abraza al mundo entero, su mirada nos alcanza a todos. Esto nos recuerda que, aun en medio de los más grandes sufrimientos, no estamos solos, ya hemos sido acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Evangelio de cada dia

 Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,6-11):

El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta.» El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia. Siempre seréis ricos para ser generosos, y así, por medio nuestro, se dará gracias a Dios.

Palabra de Dios

Salmo R/. Dichoso quien teme al Señor

 Evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor

COMPARTIMOS:

No todos los ricos son iguales en sus sentimientos  y ganas de colaborar, gracias a Dios.  Pero ya en el evangelio advierte nuestro Señor: “Cuando tú hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo, 6, 3). Es decir, ayudar sí, pero sin ostentación ni por vanidad. No cabe duda que muchas personas que encuentran a veces dificultades para practicar la fe, pero se consideran creyentes y quieren vivir de verdad una relación personal con Dios encuentran en la práctica de la solidaridad con los necesitados la expresión concreta de su fe. En una palabra, no son de mucho rezar o leer la biblia, pero practican con generosidad la caridad. El apóstol Santiago ha dejado escrito en su carta: “Yo te mostraré por las obras mi fe”.

martes, 15 de junio de 2021

Evangelio de cada día

 Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,1-9):

Queremos que conozcáis, hermanos, la gracia que Dios ha dado a las Iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad. Con todas sus fuerzas y aún por encima de sus fuerzas, os lo aseguro, con toda espontaneidad e insistencia nos pidieron como un favor que aceptara su aportación en la colecta a favor de los santos. Y dieron más de lo que esperábamos: se dieron a sí mismos, primero al Señor y luego, como Dios quería, también a nosotros. En vista de eso, como fue Tito quien empezó la cosa, le hemos pedido que dé el último toque entre vosotros a esta obra de caridad. Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. No es que os lo mande; os hablo del empeño que ponen otros para comprobar si vuestro amor es genuino. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza.

Palabra de Dios

Salmo: Alaba, alma mía, al Señor

Evangelio según san Mateo (5,43-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra del Señor

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En la carta que San Pablo escribe a los cristianos de Corinto les habla de cómo se están comportando los cristianos de la región de Macedonia, en Europa. Y les dice:  ”Queremos que conozcáis, hermanos, la gracia que Dios ha dado a las Iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad”.

En el evangelio Jesús nos enseña que «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”.

Este cambio radical sólo podrá partir de la fuerza creadora del amor y será la única respuesta que pondrá fin a toda  clase de violencia. Y sigue insistiendo el Señor: «Pues yo os digo: amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores». Esta es la máxima aspiración de Jesús: el amor a todos, sin condiciones, tal y como es el amor del «Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos»

Tal vez alguien me diga: “Padre, eso es imposible. No hay nadie que lo practique”. Ciertamente es una meta altísima. En los comienzos  de la comunidad cristiana en Jerusalén, S. Esteban, el primer mártir después de la muerte de Jesús en la cruz,  es apedreado, mientras con voz potente grita: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».  

Es cierto, sí. La historia de la humanidad es un reguero de sangre inocente fruto del odio de las personas y de las naciones, pero también es un reguero de perdón en los millones de mártires que siguieron el ejemplo de S.Esteban.

lunes, 14 de junio de 2021

Oración en la noche

 Jesús, ¿dónde puedo yo poner toda mi esperanza sino es en Tí? ¿En qué otra fuerza mayor puedo confiar que en tu infinita misericordia?

¿Qué cosa de mi vida anduvo bien cuando me aparté de Tí? Más quiero ser pobre por Tí, que rico sin Tí. Prefiero estar contigo en todas las partes, que poseer sin Tí el cielo.

Donde Tú estés, quiero estar yo, cumpliendo con tu voluntad, sentirme segura trabajando para hacer de este mundo un cielo para todos.

Todos deseamos lo mejor y hacemos lo peor, cuando nos calientan en la mentira e insulto. Te pedimos la salud plena, para ser pura transparencia de tu persona.

No tenemos más interés que buscar tu gloria y la felicidad para todos, porque todos estamos en la misma barca que nos guía el Espíritu Santo.

Ayúdanos a ser constantes en la oración y en el amor fraterno, sorprendiendo gratamente a los demás y no te olvides de los que están en el hospital, que viven en soledad.

Amén.

Ordenación sacerdotal, de Antonio Blanca

 Ha anunciado el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro. El diácono, Antonio José Blanca Ortega, recibirá la ordenación sacerdotal el próximo 26 de junio a las 11 de la mañana en la Santa Iglesia Catedral de Jaén.

Antonio Blanca, natural de Torredonjimeno y vinculado a la parroquia de San Pedro, recibió el ministerio del diaconal pasado mes de octubre. Desde el pasado mes de noviembre ha estado destinado a las comunidades parroquiales de la ciudad de Bailén, donde ha desarrollado las labores propias de diácono, colaborando con sus párrocos, D. Manuel Ángel Castillo y D. Manuel Sánchez. Tras el repentino fallecimiento del párroco de San Pedro de Torredonjimeno, D. Pablo Armero, Blanca fue destinado a su parroquia desde donde sigue ejerciendo como diácono hasta su ordenación.

Debido a las circunstancias presentes, a causa de la pandemia, la celebración del sacramento del Orden Sacerdotal estará marcada por las medidas frente a la COVID-19, como el aforo limitado, la distancia de seguridad y el uso obligatorio de gel hidroalcohólico.

Desde el Seminario diocesano se felicita por la gran noticia e invitan a los fieles jiennenses a orar por este joven para que sea un santo sacerdote, fiel servidor y buen pastor de la misión que el Señor les encomiende.

Nos unimos a esta alegría toda la familia dominicana de Torredonjimeno. Agradecemos al Señor el don de su vida y la gracia del sacramento de Orden sacerdotal. 

Evangelio de cada día

 Primera lectura

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (6,1-10):

Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios con lo mucho que pasamos: luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad, con dones del Espíritu y amor sincero, llevando la palabra de la verdad y la fuerza de Dios. Con la derecha y con la izquierda empuñamos las armas de la justicia, a través de honra y afrenta, de mala y buena fama. Somos los impostores que dicen la verdad, los desconocidos conocidos de sobra, los moribundos que están bien vivos, los penados nunca ajusticiados, los afligidos siempre alegres, los pobretones que enriquecen a muchos, los necesitados que todo lo poseen. Palabra de Dios

Salmo 97 El Señor da a conocer su victoria

Evangelio según san Mateo (5,38-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Palabra del Señor.

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Por eso es tan difícil ser cristiano de verdad y cumplir las enseñanzas de nuestro Señor Jesús. Pero no es imposible. El saber perdonar es una gracia muy grande que hay que pedir a Dios nuestro Padre.

No se me borran de la memoria las palabras de un pobre, ya anciano, que vivía sólo en una especie de cueva en las laderas de un castillo aquí en España. Me avisaron de que estaba muy enfermo y que se iba a morir. Yo le fui a visitar y hablando con él me dijo: “Padre, si alguien me hace un mal, yo le haré un bien”. Comprendí  que su pobreza era muy grande, pero tenía un corazón de oro. Y como al pobre Lázaro del evangelio, los ángeles lo llevaron al cielo.

Estos corazones generosos no tienen fronteras y se dan en muchas personas que practican con sinceridad su fe. El 6 de mayo de 2015 el padre de una víctima de homicidio perdonó al asesino de su hijo y logró salvarle la vida pocos minutos antes de la ejecución. La víctima era un oficial de la seguridad, que fue asesinado en 2010.

En 2014 dio la vuelta al mundo un caso semejante, en el que dos madres, conmovidas, se abrazaron y consolaron recíprocamente: una era la madre del asesino, la otra era la madre de la víctima, que había concedido el perdón.