domingo, 15 de noviembre de 2020

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica de San Pedro

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 15 de noviembre de 2020

La parábola que hemos escuchado tiene un comienzo, un desarrollo y un desenlace, que iluminan el principio, el núcleo y el final de nuestras vidas.

El comienzo. Todo inicia con un gran bien: el dueño no se guarda sus riquezas para sí mismo, sino que las da a los siervos; a uno cinco, a otro dos, a otro un talento, «a cada cual según su capacidad» (Mt 25,15). Se ha calculado que un único talento correspondía al salario de unos veinte años de trabajo: era un bien superabundante, que entonces era suficiente para toda una vida. Aquí está el comienzo: también para nosotros todo empezó con la gracia de Dios —todo, inicia siempre con la gracia, no con nuestras fuerzas— con la gracia de Dios, que es Padre y ha puesto tanto bien en nuestras manos, confiando a cada uno talentos diferentes. Somos portadores de una gran riqueza, que no depende de cuánto poseamos, sino de lo que somos: de la vida que hemos recibido, del bien que hay en nosotros, de la belleza irreemplazable que Dios nos ha dado, porque somos hechos a su imagen, cada uno de nosotros es precioso a sus ojos, cada uno de nosotros es único e insustituible en la historia. Así nos mira Dios, así nos trata Dios.

Qué importante es recordar esto: En demasiadas ocasiones, cuando miramos nuestra vida, vemos sólo lo que nos falta y nos quejamos de lo que no tenemos. Entonces cedemos a la tentación del “¡ojalá!”: ¡ojalá tuviera ese trabajo, ojalá tuviera esa casa, ojalá tuviera dinero y éxito, ojalá no tuviera ese problema, ojalá tuviera mejores personas a mi alrededor!... Pero la ilusión del “ojalá” nos impide ver lo bueno y nos hace olvidar los talentos que tenemos. Sí, tú no tienes aquello, pero tienes esto, y el “ojalá” hace que olvidemos esto. Pero Dios nos los ha confiado porque nos conoce a cada uno y sabe de lo que somos capaces; confía en nosotros, a pesar de nuestras fragilidades. También confió en aquel siervo que ocultó el talento: Dios esperaba que, a pesar de sus temores, también él utilizara bien lo que había recibido. En concreto, el Señor nos pide que nos comprometamos con el presente sin añoranza del pasado, sino en la espera diligente de su venida. Esa nostalgia fea, que es como un humor crudo, un humor negro que envenena el alma y hace que siempre mire hacia atrás, siempre a los demás, pero nunca a las propias manos, a las posibilidades de trabajo que el Señor nos ha dado, a nuestras condiciones, incluso a nuestra pobreza.

Así llegamos al centro de la parábola: es el trabajo de los sirvientes, es decir, el servicio. El servicio es también obra nuestra, el esfuerzo que hace fructificar nuestros talentos y da sentido a la vida: de hecho, no sirve para vivir el que no vive para servir. Necesitamos repetir esto, repetirlo muchas veces: No sirve para vivir el que no vive para servir. Debemos meditar esto: No sirve para vivir el que no vive para servir. ¿Pero cuál es el estilo de servicio? En el Evangelio, los siervos buenos son los que arriesgan. No son cautelosos y precavidos, no guardan lo que han recibido, sino que lo emplean. Porque el bien, si no se invierte, se pierde; porque la grandeza de nuestra vida no depende de cuánto acaparamos, sino de cuánto fruto damos. Cuánta gente pasa su vida acumulando, pensando en estar bien en vez de hacer el bien. ¡Pero qué vacía es una vida que persigue las necesidades, sin mirar a los necesitados! Si tenemos dones, es para ser nosotros dones para los demás. Y aquí, hermanos y hermanas, nos preguntamos: ¿Sigo las necesidades, solamente, o soy capaz de mirar a los que tienen necesitad? ¿A quién está necesitado? ¿Mi mano es así [abierta] o así [cerrada]?

Cabe destacar que los siervos que invierten, que arriesgan, son llamados «fieles» cuatro veces (vv. 21.23). Para el Evangelio no hay fidelidad sin riesgo. “Pero, Padre, ¿ser cristiano significa correr riesgos?” ― “Sí, queridos, arriesgar. Si no te arriesgas, terminarás como el tercer siervo: enterrando tus capacidades, tus riquezas espirituales y materiales, todo”. Arriesgar: no hay fidelidad sin riesgo. Ser fiel a Dios es gastar la vida, es dejar que los planes se trastoquen por el servicio. “Yo tengo este plan, pero si sirvo…”. Deja que se trastoque el plan, tú sirve”. Es triste cuando un cristiano juega a la defensiva, apegándose sólo a la observancia de las reglas y al respeto de los mandamientos. Esos cristianos “comedidos” que nunca dan un paso fuera de las normas, nunca, porque tienen miedo al riesgo. Y estos, permítanme la imagen, estos que se cuidan tanto que nunca se arriesgan, estos comienzan en la vida un proceso de momificación del alma, y terminan siendo momias. Esto no es suficiente, no basa observar las normas; la fidelidad a Jesús no se limita simplemente a no equivocarse; es negativo esto. Así pensaba el sirviente holgazán de la parábola: falto de iniciativa y creatividad, se escondió detrás de un miedo estéril y enterró el talento recibido. El dueño incluso lo calificó como «malo» (v. 26). A pesar de no haber hecho nada malo, pero tampoco nada bueno. Prefirió pecar por omisión antes de correr el riesgo de equivocarse. No fue fiel a Dios, que ama entregase totalmente; y le hizo la peor ofensa: devolverle el don recibido. “Tú me has dato esto, yo te doy esto”, nada más. En cambio, el Señor nos invita a jugárnosla generosamente, a vencer el miedo con la valentía del amor, a superar la pasividad que se convierte en complicidad. Hoy, en estos tiempos de incertidumbre, en estos tiempos de fragilidad, no desperdiciemos nuestras vidas pensando sólo en nosotros mismos, con esa actitud de indiferencia. No nos engañemos diciendo: «Hay paz y seguridad» (1 Ts 5,3). San Pablo nos invita a enfrentar la realidad, a no dejarnos contagiar por la indiferencia.

Entonces, ¿cómo podemos servir siguiendo la voluntad de Dios? El dueño le explica esto al sirviente infiel: «Debías haber llevado mi dinero a los prestamistas, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses» (v. 27). ¿Quiénes son los “prestamistas” para nosotros, capaces de conseguir un interés duradero? Son los pobres. No lo olviden: los pobres están en el centro del Evangelio; el Evangelio no puede ser entendido sin los pobres. Los pobres tienen la misma personalidad que Jesús, que siendo rico se despojó de todo, se hizo pobre, se hizo pecado, la pobreza más fea. Los pobres nos garantizan un rédito eterno y ya desde ahora nos permiten enriquecernos en el amor. Porque la mayor pobreza que hay que combatir es nuestra carencia de amor. La mayor pobreza para combatir es nuestra pobreza de amor. El Libro de los Proverbios alaba a una mujer laboriosa en el amor, cuyo valor es mayor que el de las perlas: debemos imitar a esta mujer que, según el texto, «tiende sus brazos al pobre» (Pr 31,20): esta es la mayor riqueza de esta mujer. Extiende tu mano a los necesitados, en lugar de exigir lo que te falta: de este modo multiplicarás los talentos que has recibido.

Se aproxima la Navidad, tiempo de celebraciones. Cuántas veces, la pregunta que mucha gente se hace es: “¿Qué puedo comprar? ¿Qué más puedo tener? Necesito ir a las tiendas a comprar”. Digamos la otra palabra, “¿Qué puedo dar a los demás?”, para ser como Jesús, que se dio a sí mismo y nació propiamente en aquel pesebre.

Llegamos así al final de la parábola: habrá quien tenga abundancia y quien haya desperdiciado su vida y permanecerá siendo pobre (cf. v. 29). Al final de la vida, en definitiva, se revelará la realidad: la apariencia del mundo se desvanecerá, según la cual el éxito, el poder y el dinero dan sentido a la existencia, mientras que el amor, lo que hemos dado, se revelará como la verdadera riqueza. Todo eso se desvanecerá, en cambio el amor emergerá. Un gran Padre de la Iglesia escribió: «Así es como sucede en la vida: después de que la muerte ha llegado y el espectáculo ha terminado, todos se quitan la máscara de la riqueza y la pobreza y se van de este mundo. Y se los juzga sólo por sus obras, unos verdaderamente ricos, otros pobres» (S. Juan Crisóstomo, Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 3). Si no queremos vivir pobremente, pidamos la gracia de ver a Jesús en los pobres, de servir a Jesús en los pobres.

Me gustaría agradecer a tantos fieles siervos de Dios, que no dan de qué hablar sobre ellos mismos, sino que viven así, sirviendo. Pienso, por ejemplo, en D. Roberto Malgesini. Este sacerdote no hizo teorías; simplemente, vio a Jesús en los pobres y el sentido de la vida en el servicio. Enjugó las lágrimas con mansedumbre, en el nombre de Dios que consuela. En el comienzo de su día estaba la oración, para acoger el don de Dios; en el centro del día estaba la caridad, para hacer fructificar el amor recibido; en el final, un claro testimonio del Evangelio. Este hombre comprendió que tenía que tender su mano a los muchos pobres que encontraba diariamente porque veía a Jesús en cada uno de ellos. Hermanos y hermanas: Pidamos la gracia de no ser cristianos de palabras, sino en los hechos. Para dar fruto, como Jesús desea. Que así sea.

San Alberto Magno

San Alberto nace en Lauingen (Alemania) en 1193/1206 y muere en Colonia el 15 de noviembre de 1280. Su vida reúne múltiples facetas: científico y teólogo, fraile y místico, obispo y doctor de la Iglesia… Patrono de los científicos, es también considerado uno de los más grandes genios de Occidente y un santo de talla universal, de ahí el apelativo de Magno, que tan solo él ha merecido en el campo del conocimiento.

Síntesis biográfica

  Alberto nació en Lauingen, junto al Danubio (diócesis de Augsburgo). Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de Padua, donde conoció al beato Jordán de Sajonia. Ingresó en la Orden de Predicadores en 1223, realizando estudios eclesiásticos en Colonia y París.

  Fray Alberto desarrolla durante toda su vida su vocación docente, comenzando en el convento de Colonia. Enseñó también en París, Hildesheim, Friburgo de Brisgovia, Ratisbona, Estrasburgo, y de nuevo en Colonia, donde hacia 1244 tiene como discípulo a santo Tomás de Aquino. Más tarde regresa a París, donde imparte exitosas lecciones de alcance europeo. Tras conseguir el título de maestro en teología (1246), continúa en París, en una de las cátedras dominicanas, y de nuevo en Colonia, donde regenta el nuevo Estudio General (facultad teológica privada).

  Asimismo desempeñó una gran labor de escritor: su ingente obra abarcaba todas las áreas del conocimiento hasta entonces cultivadas. San Alberto destacó como filósofo y teólogo, con la novedad de inspirarse no solo en autores cristianos, sino también musulmanes y paganos; pero aún más en su faceta de naturalista (estudioso de la naturaleza), sobre todo por el método de la observación y experimentación, que aplicó incluso al mismo Aristóteles. Tampoco debemos olvidar sus sublimes escritos místicos.

  Tras ser elegido provincial de Alemania en 1254, el pontífice Alejandro IV llegó a nombrarlo obispo de Ratisbona, lo cual no fue del todo de su agrado. Sin embargo, terminó cosechando un éxito pastoral brillante.

  San Alberto Magno muere el 15 de noviembre de 1280. Su cuerpo descansa en el sepulcro de la iglesia de San Andrés de Colonia. Gregorio XV lo beatificó en 1622, en 1931 Pío XI lo canonizó y lo declaró doctor de la Iglesia, y finalmente Pío XII lo nombró patrono de los que cultivan las ciencias naturales.

¿Qué nos puede decir hoy?

  San Alberto Magno es válido para todo tiempo y lugar. En él tenemos un modelo de científico creyente: no concebía conflicto alguno entre ciencia y religión. En general, todos los elementos de su vida nos muestran esta eterna novedad: aunaba en su persona al teólogo y al místico (teoría y experiencia de Dios), al obispo y al fraile (gobierno y vida comunitaria), al sabio y al santo (sabiduría y humildad). San Alberto, sin ninguna duda, aparece ante nosotros como una figura verdaderamente universal.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Domingo XXXIII (Ciclo A) del tiempo ordinario

1ª Lectura (Prov 31,10-13.19-20.30-31): Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.

Salmo responsorial: 127

Dichoso el que teme al Señor.

2ª Lectura (1Tes 5,1-6):Hermanos: En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis que os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas, Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

Evangelio (Mt 25,14-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó.

»Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’.

»Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’.

»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».

Palabra de Dios.

Compartimos:

Hoy, Jesús nos narra otra parábola del juicio. Nos acercamos a la fiesta del Adviento y, por tanto, el final del año litúrgico está cerca. Dios, dándonos la vida, nos ha entregado también unas posibilidades -más pequeñas o más grandes- de desarrollo personal, ético y religioso. No importa si uno tiene mucho o poco, lo importante es que se ha de hacer rendir lo que hemos recibido. El hombre de nuestra parábola, que esconde su talento por miedo al amo, no ha sabido arriesgarse: «El que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor» (Mt 25,18). Quizá el núcleo de la parábola pueda ser éste: hemos de tener la concepción de un Dios que nos empuja a salir de nosotros mismos, que nos anima a vivir la libertad por el Reino de Dios.

La palabra "talento" de esta parábola -que no es nada más que un peso que denota la cantidad de 30 Kg de plata- ha hecho tanta fortuna, que incluso ya se la emplea en el lenguaje popular para designar las cualidades de una persona. Pero la parábola no excluye que los talentos que Dios nos ha dado no sean sólo nuestras posibilidades, sino también nuestras limitaciones. Lo que somos y lo que tenemos, eso es el material con el que Dios quiere hacer de nosotros una nueva realidad.

La frase «a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mt 25,29), no es, naturalmente, una máxima para animar al consumo, sino que sólo se puede entender a nivel de amor y de generosidad. Efectivamente, si correspondemos a los dones de Dios confiando en su ayuda, entonces experimentaremos que es Él quien da el incremento: «Las historias de tantas personas sencillas, bondadosas, a las que la fe ha hecho buenas, demuestran que la fe produce efectos muy positivos (…). Y, al revés: también hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación de la fe, se ha vuelto más dura…» (Benedicto XVI).

viernes, 13 de noviembre de 2020

¿Cuáles son las 9 apariciones que la Iglesia reconoce en la liturgia? La mayoría son del s. XIX y XX

José Manuel Díez Quintanilla, desde junio de 2013 presidente de Radio María España, acaba de publicar Las apariciones de la Virgen María: doctrina e historia (LibrosLibres), un libro de 190 páginas que repasa 9 apariciones de la Virgen aprobadas por la Iglesia “con el máximo grado de reconocimiento”. Las apariciones que describe son:


– la Virgen del Pilar, en carne mortal, en Zaragoza hacia el año 40 d.C. (explica también el milagro de Calanda en el siglo XVII)

– la Virgen de Guadalupe, en México en el siglo XVI, con el indio San Juan Diego

– la Medalla Milagrosa en París (1830), con Santa Catalina Labouré, consagrada

– las apariciones de La Salette (Francia, 1846), a dos niños pastores pobres

– las apariciones de Lourdes a Santa Bernadette, muchacha pobre de 14 años (Francia, 1858)

– las apariciones en Pontmain (Francia, 1871), a 6 niños, flotando sobre un establo

– las apariciones en Fátima (Portugal, 1917), a tres niños pastores (Lucía dos Santos y los hermanos ya canonizados Francisco y Jacinta)

– las apariciones en Beauraing (Bélgica, 1932), a 5 niños de 9 a 15 años

– las apariciones en Banneaux (Bélgica, 1933), a Mariette Beco, que tenía casi 12 años

Con prólogo del obispo Munilla

El obispo José Ignacio Munilla, veterano colaborador de Radio María y autor del prólogo del libro, aprecia que el texto “no se detiene en la narración de los acontecimientos, sino que profundiza en el contenido de los mensajes de la Virgen, la vida de los videntes -antes y después de su encuentro con la Virgen- y las circunstancias que llevaron a la Iglesia al otorgamiento del máximo reconocimiento a esas manifestaciones, aprobando Oficio Divino y Misa propios para conmemorar la aparición”.

El autor, Díez Quintanilla, explica que sus padres le inculcaron desde niño un gran amor a la Virgen y que ha podido visitar muchos lugares consagrados a María. “Siempre me ha fascinado pensar por qué había decidido la Virgen aparecerse en tal lugar, por qué había escogido a ese vidente, qué nos quería transmitir con su mensaje…”, escribe.

¿Para entenderlo? El amor y la libertad

El autor cree que para comprender las apariciones de la Virgen, hay que partir de dos grandes principios: el amor y la libertad.

El amor es el de la Virgen hacia los hombres, que “como toda Madre que ama a sus hijos, se preocupa por nosotros y viene al mundo en forma de apariciones para trasladarnos mensajes que nos ayuden y nos guíen en nuestro camino hacia Dios”.

La libertad es la que tienen los cristianos para creer o no en las apariciones: “en los dos casos se pude ser un buen cristiano y, lo más importante, alcanzar la salvación”.

En muchas de estas apariciones la Virgen habla y el libro recoge en letra negrita sus palabras, que pueden repasarse con agilidad como una catequesis de la Madre de Dios. Por ejemplo, en Beauraing se apareció en 33 ocasiones, pero la Virgen habló sólo en 19 ocasiones y repitiendo ideas, que el libro recoge.

La doctrina sobre las apariciones

El libro dedica una docena de páginas a explicar la doctrina católica sobre las apariciones marianas (y a veces de otros santos) en general.

Explica, por ejemplo, que aunque en La Salette apareciera como “una gran señora” (decía la vidente) que hablaba en francés, y en Lourdes como una chica menuda que hablaba en gascón o occitano, es la misma María, que “dentro de ese cuerpo glorioso puede tener distintas características físicas -edad, estatura, apariencia, lengua- que son adaptaciones pedagógicas a la cultura y al lenguaje de los videntes”.

El libro resume además el decreto de Doctrina de la Fe de 1978 que es “la regulación más reciente para el tratamiento de las apariciones”, que era un texto sólo a disposición de obispos y sus colaboradores, hasta que fue traducido y difundido en 2011 por Benedicto XVI.

Allí se establece la responsabilidad del obispo local (que es el primero en vigilar e intervenir), la de la Conferencia Episcopal (sólo si el obispo lo solicita o permite) y la de la Sede Apostólica (con el Papa o Doctrina de la Fe). Explica también los grados de aprobación, detallando que la aprobación más alta se da cuando la liturgia incorpora en el calendario litúrgico una misa y textos para el rezo de oficio divino específicos sobre esa aparición.

Un tema que se repite: la necesidad de conversión

Aunque cada una de las apariciones “modernas” (desde 1930) tiene distintos acentos, todas insisten en la necesidad de conversión, dice el autor. “El relevo a la petición de ‘convertíos’ de los profetas en el Antiguo Testamento, retomada en el Nuevo Testamento por San Juan Bautista, parece que haya sido tomado por la Virgen María a partir de 1830″.

Sin embargo, el mismo Díez Quintanilla en 2015 en una conferencia con la Fundación Cari Filii explicó que “la Virgen no se repite”, en el sentido de que cada aparición tiene elementos novedosos, que desgranaba en aquella conferencia (y también en este libro).

El autor finaliza el libro señalando una serie de elementos marianos en el siglo XX relacionados con el final del comunismo en Europa y Rusia. “Todavía hoy no se comprende como el más terrible y duradero de los totalitarismos se desintegró sin violencia y sin víctimas”, dice del final de la URSS en 1991.

“Habían transcurrido únicamente 7 años entre la consagración al Inmaculado Corazón de María y la extinción del imperio comunista. Para muchos cristianos, la única explicación para esa mano invisible que guió los acontecimientos fue una providencial y especial protección del Cielo, auspiciada por la Virgen María, haciendo honor a su última letanía: Reina de la Paz”.

Una presentación ágil y divulgadora

El libro cumple a la perfección su objetivo de presentar de forma ágil y divulgativa, pero con detalle suficiente, estas 9 importantes apariciones marianas, poniéndolas en contexto y a veces en relación unas con otras. Muchas personas que son devotas de esta aparición, o aquella otra, disfrutarán conociendo las otras, pues todas son mensajes de amor y cercanía de la Madre a sus hijos.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Es homosexual y combate las leyes LGBTI: «La Iglesia no debe adaptarse al mundo, sino iluminarlo»

  Umberto La Morgia se define como homosexual, católico y de derechas y uno de los más activos opositores a la denominada "ley Zan" (que promueve el diputado Alessandro Zan), que establece duras sanciones para quien discrepe de la ideología de género y de las reivindicaciones del lobby LGBTI: "No me reconozco en ellas", afirma Umberto en una entrevista de Emanuele Boffi en Tempi:

"No cambiaría ni una coma del magisterio de la Iglesia. La Iglesia tiene sentido de existir precisamente porque es 'signo de contradicción' con respecto a la mentalidad del mundo. No me gustaría que la Iglesia se amoldara a mis deseos o pensamientos solo para 'que me sintiera a gusto' con mi conciencia, confirmando prácticas vergonzosas como el vientre de alquiler. No, yo nunca querría esto".

Umberto La Morgia es un romano de treinta años que trabaja como tutor en la universidad. Está comprometido con la política, es de derechas, católico y homosexual. Bromeando le decimos que "no le falta de nada: siempre encontrará a alguien con un motivo para insultarlo". Se ríe y sigue el juego, aunque ha ocurrido, dice con una pizca de tristeza, "que quienes más me han herido han sido personas que, en teoría, deberían haber estado a mi lado".

Umberto es un tipo despierto, con cierto talento para la web y la provocación inteligente. Creció en una familia católica, no oculta su fe, pero evita blandirla como un garrote contra nadie. Simplemente no tiene miedo de decir lo que piensa. Entenderéis que, en momentos como estos, la cosa no pasa desapercibida.

El más votado en un ayuntamiento rojo

Para dar una idea de qué tipo es, basta decir que presentó una tesis sobre la "cultura del aborto y el control de la natalidad en el sistema de Naciones Unidas de la Unión Europea". "Me presenté a la discusión de la tesis y casi todas eran mujeres. Terminó mal: solo me dieron dos puntos. Más adelante, sin embargo, logré entregársela a Benedicto XVI y se la dediqué con las palabras 'Al gigante de la humildad y la discreción'. Eran los días de la renuncia al trono pontificio y nunca me hubiera imaginado que poco después recibiría una carta suya en la que me agradecía mi compromiso en la defensa de la sacralidad de la vida y en la que se disculpaba por la demora en enviarme la carta: 'Pero sabe usted, antes de escribir estoy acostumbrado a leer lo que me envían', decía más o menos". ¿Feliz? "Una gran satisfacción, que para mí valió mucho más que cualquier otro juicio".

En las últimas elecciones administrativas Umberto fue elegido concejal municipal en Casalecchio di Reno, muy cerca de Bolonia. Llegó a la política un poco por casualidad y un poco por pasión. "Me mudé a Casalecchio por trabajo y decidí presentarme a las elecciones. No conocía a nadie". ¿Cómo lo consiguió? Supo utilizar hábilmente las redes sociales, presentando sus ideas de manera clara y concisa. Al chico se le da bien, no cabe duda: si no se tienen todas las papeletas, no es posible ser el más votado de un partido de derechas en uno de los municipios más rojos de Italia.

Caricaturas y estereotipos

Un mes después de las elecciones declaró a Il Giornale que era homosexual. ¿Por qué? "Porque no me pareció bien que cuando hablábamos de homosexualidad la única voz que tenía derecho de ciudadanía fuera la del llamado mundo LGBT, la anticatólica, la que presenta a la derecha como homófoba y retrógrada. ¿Por qué sólo Vladimir Luxuria o Imma Battaglia deben representar a los homosexuales? ¿Por qué en los programas de televisión solo les invitan a ellos o a Mario Adinolfi como contrapunto político? Entiendo que los medios necesitan caricaturas y estereotipos, para simplificar todo según una lógica maniquea, pero hay una gran zona gris intermedia, hay muchos que vivimos de manera diferente, que tenemos otras opiniones o estilos de vida. ¡Nosotros también existimos! No solo aquellos que bailan semidesnudos en las carrozas durante el Orgullo Gay, o que han hecho del victimismo su bandera".

Últimamente, por ejemplo, ha lanzado una página en Facebook llamada Homosexuales de derechas. Las palabras utilizadas en la descripción son las siguientes: "No somos 'personas LGBT', somos personas. No nos reconocemos en las reivindicaciones y el victimismo de los grupos del lobby gay. Estamos en contra de la ideología de género, del vientre de alquiler y el concepto de 'hijo a toda costa'. Existimos y ya no podéis ignorarnos".

Es difícil que alguien como él pase desapercibido. Y efectivamente es así. Después de otra entrevista con La Verità, en la que reiteró las ideas antes mencionadas, recibió insultos y amenazas de todo tipo a través de la web: "Me escribían 'te vamos a quemar la casa' los mismos que se proclaman paladines del amor y que, en este preciso momento, están pidiendo una ley para contrarrestar el odio. Pero no me importan los insultos de una minoría en la minoría, me interesan más los conceptos en los que creo y que son compartidos por una mayoría silenciosa que no es justo que se quede sin voz".

En contra del Proyecto de Ley Zan

Un ejemplo: su firme oposición al Proyecto de Ley Zan, que Umberto puso en el centro de un video en Youtube:

¿Por qué estás en contra? "El texto se construye partiendo de una exageración referente a los datos. Según los datos oficiales proporcionados por el Oscad (Observatorio de Seguridad Contra Actos Discriminatorios), actualmente no existe una 'emergencia homofobia' en Italia. Los partidarios de la ley argumentan que hay muchas denuncias que no se presentan, pero este es un tema resbaladizo y que no se basa en datos fácticos, numéricamente ciertos.

»La otra cuestión que no me convence es la de presentar al homosexual como una 'persona frágil' porque esto abre un frente potencialmente infinito de 'víctimas'. Hay personas acosadas por ser obesas, porque se las considera feas o porque tienen las orejas grandes, pero a nadie se le ocurriría hacer una ley ad hoc para 'protegerlas'. Sobre todo porque las leyes en nuestro ordenamiento jurídico ya existen y castigan no un sentimiento (odio), sino los actos.

»El texto del proyecto de ley Zan da un paso más en una dirección liberticida al atacar opiniones: castiga con fuertes multas e incluso con prisión a quienes discriminan o instigan a la discriminación por razón de sexo, género, orientación sexual e identidad de género. Pero, ¿qué es la identidad de género? Aquí ya tenemos un problema".

Todo en manos de los jueces

Muchos han observado que el primer dilema que plantea el texto del proyecto de ley Zan es que no define exactamente qué es la homofobia, pero sí prevé sanciones para aquellos que son considerados homófobos. "Exacto. ¿Cuál es la diferencia entre la libre expresión de pensamiento y la incitación al odio? ¿Quién lo decide y en base a qué? El odio es un sentimiento, ¿cómo se castiga un sentimiento? Se deben sancionar los gestos y actos concretos que puedan desembocar en acciones violentas, ¿pero todo lo demás? Si lanzo una petición online contra el vientre de alquiler, ¿se puede considerar un acto de incitación al odio? Si me niego a permitir que un atleta trans participe en una competición de atletismo femenino, ¿es discriminación?".

Así, dice La Morgia, avanzamos hacia el "salvaje Oeste del odio": todo se deja en manos de los jueces que, sin tener una ley que les dé un criterio claro, les obliga a 'interpretar': "Es la muerte del derecho".

El otro aspecto que no le gusta "es que con esta ley se legitima la propaganda en las escuelas, mediante la financiación de asociaciones LGBT". "Yo dejaría en paz a los niños. Ya lo veo ahora, hay un gran impulso para promover la transexualidad o la llamada fluidez de género en los menores y esta ideología ya está afectando al lenguaje con toda su serie de sufijos con asteriscos, schwa (Ə) y 'u' en lugar del extenso plural masculino, para imponer una forma 'inclusiva' de expresarse que no discrimine a nadie".

¿De quién soy hijo?

La batalla sobre las palabras es un gran tema, que revela las intenciones de quienes la lideran. "Por ejemplo, basta pensar en el vientre de alquiler, al que algunos llaman 'gestación subrogada' para hacerlo pasar por un gesto de altruismo y generosidad cuando no es más que una mercantilización  del cuerpo de la mujer. Se quiere esconder lo que sucede bajo un embellecimiento lingüístico: que un niño ha sido regalado o, peor aún, vendido por una mujer a otra, soltera, homosexual o heterosexual. Esta es la cuestión.

»La cuestión es que no podemos quedarnos indiferentes ante la pregunta lógica que un día ese niño dirigirá a quienes le compraron: '¿De quién soy hijo?'". Es una pregunta ancestral, fundamental para definir la propia identidad, el propio "yo". "Y no se puede planificar deliberadamente la vida de una persona a la que, cuando plantee la pregunta fatídica, se le responderá, por ejemplo: 'Eres el hijo de una probeta anónima'. Es un trauma, una violencia".

El discurso nos lleva más allá. "El discurso nos lleva a la 'dictadura del deseo'", dice La Morgia. "Pensar que cualquier deseo es legítimo está mal. Esto se aplica al vientre de alquiler, pero también a quienes, como es el caso de algunas estrellas del espectáculo, quieren tener hijos a toda costa en edad avanzada. Incluso el acto más hermoso y desinteresado del mundo, traer un hijo al mundo, puede convertirse en un acto de egoísmo. Creo que todo el mundo puede comprenderlo; yo, como creyente, veo en todo esto un acto de soberbia de quienes quieren sustituir a Dios".

Contradiciendo el siglo

La Morgia es el promotor y primer firmante de una carta que ha sido enviada al sitio web Vatican News hace pocos días. Está firmada por doce "homosexuales católicos y no católicos" que plantean dudas tras el documental Francesco del director ruso Evgeny Afineevsky, presentado en la Fiesta del Cine de Roma.

"Vi una gran confusión y sentí la necesidad de escribir esa carta para expresar mi consternación por la manipulación de las palabras de Francisco. El Papa, sobre determinados temas, siempre ha hablado con claridad y creo que la Iglesia debe tener mucho cuidado y no permitir que se transmita un determinado tipo de mensaje utilizando la figura del Santo Padre. Un determinado mundo laicista no espera otra cosa: justificar, subvirtiendo las palabras de la única autoridad que todavía 'contradice' el espíritu del siglo, sus propias decisiones. Ellos quieren lavarse la conciencia, pero la Iglesia debe tener cuidado y no mostrarles su costado".

¿Qué debería hacer entonces la Iglesia? "No me corresponde a mí decirlo, me basta con que sea ella misma. Como decía Santa Catalina, 'Si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero'. Los periódicos en los últimos días han hablado de una 'revolución', pero la revolución ya fue hace 2000 años. Estoy seguro de que no era intención del Papa Francisco, pero el resultado, hay que decirlo, es que el mensaje que se ha transmitido es que los católicos deben respaldar los comportamientos de quienes compran niños en Canadá, de quien define a la madre como un 'concepto antropológico' y sale en televisión para hablar de la familia superada, considerada ahora 'antropológicamente arcaica'. Y con bendición papal incluida".

Una madre que dice síes y noes

"Para mí, que soy católico –concluye La Morgia–, la Iglesia sigue siendo un punto de referencia, un faro, una estrella guía porque me permite elevarme, alzar la mirada, incluso y a pesar de todos mis defectos. No soy perfecto, pero precisamente por eso sé que cuando voy a la iglesia puedo encontrar un estímulo, puedo encontrarme a mí mismo cuando estoy perdido. La Iglesia no debe adaptarse al mundo, sino iluminarlo. Una 'madre' dice 'síes' y 'noes'. Después cada uno es libre de actuar como mejor le parezca. Podemos aceptar o no sus consejos, podemos seguir todos los preceptos o no, pero no por ello estos dejan de ser válidos, aunque sean exigentes. La Iglesia debe ser signo de contradicción, no de homologación".

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La valentía de un adolescente chino: el castigo por contradecir la lección de que Dios no existe

Ser católico en China y defender públicamente la fe tiene consecuencias. Pese a la política vaticana de llegar a acuerdos con la dictadura comunista, el día a día de los católicos no mejora. Pero una cosa sí queda clara, su fe es fuerte y crece en la dificultad.

Basta el ejemplo de Xiaoyu (nombre ficticio), un estudiante adolescente del noroeste de China que ha sido castigado por su profesor a estar más de un mes permaneciendo de pie en clase por defender la existencia de Dios ante la insistencia del profesor de afirmar que la ciencia demuestra que Dios en realidad no existe,

El padre Stanislaus, sacerdote que conoce a la familia de este adolescente, ha relatado a AsiaNews este caso para mostrar la realidad que se vive en China y de la ofensiva del Frente Unido para erradicar la fe de los jóvenes. Esto es lo que cuenta este religioso:

¡Ponte de pie!

Me sorprendió, pero también me conmovió, cuando un fiel me contó lo que le había ocurrido a su hijo. Un profesor declaró en clase: “La Biblia dice que el hombre fue creado por Dios, esa afirmación es incorrecta. Dios no existe, el hombre evolucionó a partir de los simios, prueba de ello es la teoría de la evolución de Darwin y los antropoides fósiles...”.

Entonces Xiaoyu le preguntó: “Profesor, no entiendo ¿De qué manera prueba la Teoría de la Evolución que Dios no existe? Aunque los humanos hayan evolucionado de los simios, ¿de dónde vinieron [los simios]? ¿Cómo se puede probar que no fueron creados por Dios? ¿Cómo comienza todo lo que existe? ... ".

Xiaoyu y el profesor discutieron durante toda la hora de clase, dejando a sus compañeros muy asombrados. Después de la clase, sus compañeros fueron a preguntarle a Xiaoyu: “¿Qué te pasó, Xiaoyu? ¿Cómo te atreves?...".

En la siguiente clase de política, el profesor le preguntó nuevamente a Xiaoyu: "¿Has comprendido?"

Xiaoyu le respondió: "No, no entiendo".

-"¡Entonces, permanece de pie!".

En la siguiente lección, el profesor volvió a preguntarle y Xiaoyu le dijo: "Profesor, es mejor que me quede de pie".

En la siguiente: "Profesor, me quedo de pie".

Cuando regresó a casa, Xiaoyu le preguntó a su madre: “Mamá, ¿qué debo hacer? No sé muchas cosas, pero mi profesora dice que no hay Dios y mi cabeza está a punto de explotar. No puedo estudiar así: ya llevo un mes de pie”.

Este fiel me preguntó “¿Qué hacemos? ¿No vamos a estudiar más esta materia?”

Yo le dije: “Estudiar, debemos seguir estudiando. La teoría es solo teoría, es suficiente recordar la respuesta. Se puede responder desde un punto de vista más objetivo. Por ejemplo: ¿cuál es la base teórica de la teoría de la evolución de Darwin? ¿Cómo se relaciona con la teoría actual del Big Bang sobre el origen del universo? etc…. Todo eso no significa negar la fe”.

El fiel me respondió: "Pero el profesor les está transmitiendo las verdades que él cree y no admite cuestionamientos".

Le contesté: “No podemos hacer nada. Este es el ambiente en el que vivimos; uno sólo puede permanecer apegado a la propia fe, pero tampoco debe crear discusiones frontales. Que intente no crear problemas durante la clase”.

Sabemos mucho sobre teorías y discusiones sobre la existencia de Dios, ¡pero hoy es un muchachito el que lanza abiertamente el desafío y nos pone a prueba! El coraje es lo único que tiene, ¡y todavía sigue de pie!

martes, 10 de noviembre de 2020

UNA ENCÍCLICA CON SABOR A EVANGELIO (FRATELLI TUTTI)

Con expectación, en este tiempo convulso, esperaba la carta Encíclica del papa Francisco Fratelli Tutti tanto por el momento de crisis que estamos viviendo, como por la respuesta desde nuestra vida consagrada.

Me dispongo a escribir unas líneas con mucha cautela desde una primera y somera lectura sin tiempo para profundizar, dialogar, confrontar pensamiento y generar discusión y debate… Encontrando en algunos números una inspiración para pararme. Me agrada el sabor a Evangelio que atraviesa la Encíclica y la llamada a iniciar cualquier debate desde los verbos que aparecen en el capítulo seis. Una invitación, en una sociedad crispada, al diálogo y a la amistad social: acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar… Me basta pensar qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades” (198). Pienso que es desde el diálogo, desde ser Iglesia en comunión, crítica, propositiva, al servicio, comprometida, como podemos tener un proyecto de construir una sociedad abierta más justa, libre, acogedora, solidaria, diversa…

El Papa nos ha presentado con un lenguaje sencillo una foto fidedigna del hoy social desde la dolorosa pandemia de la Covid-19 que atraviesa nuestro mundo, y que ha afectado de forma muy dolorosa a miles de personas, de forma singular a las mujeres, a personas mayores y a las más vulnerables. Francisco ha remarcado las heridas que hace tiempo sufre nuestra sociedad y que, en este tiempo han quedado al descubierto, causadas, muchas veces, por la mala gestión política y económica, por el aumento del desempleo, la especulación financiera, el abuso tecnológico del poder… Las heridas que sobrellevan las personas migrantes, el racismo que aumenta con agresividad en nuestra sociedad. La discriminación de las mujeres, la esclavitud y la trata de personas con fines de explotación, …La Encíclica nos enmarca el problema, nos propone retos y nos compromete desde la coherencia a ir priorizando respuestas como Iglesia en salida situada en las periferias desde la mística de la comunión universal y el cuidado de la creación.

A lo largo del capítulo tercero nos invita a tomar partido y a determinar cuál es nuestra opción de vida para reconstruir este mundo que nos duele. ¿Con quién te identificas? Según Francisco: “… hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que, en este momento, todo el que no es salteador o todo el que no pasa de largo, o bien está herido o está poniendo sobre sus hombros a algún herido” (70).

La Encíclica inspira y anima a recrear el Reino desde las verdaderas relaciones, a vivir en esperanza, a reconstruir en común. En un momento en el que la distancia social se está haciendo norma, Francisco señala que “Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad” (87).

Desde una visión crítica, ¿qué más me hubiese gustado? Llevo más de 20 años viviendo con mujeres víctimas de la trata, y me alegra que el Papa vuelva a hacerlas presente en esta Encíclica, que visibilice la trata y la esclavitud; me hubiese gustado que la Encíclica reflejara una llamada a no más muertes de mujeres por violencia machista, a terminar con los feminicidios, las violaciones y todas las violencias que sobre ellas se ejerce. Como mujer en búsqueda de igualdad me hubiese gustado advertir de forma más clara en la Encíclica una perspectiva de género que diera paso al aporte de las mujeres como riqueza y diversidad en una Iglesia en constante re-construcción y conversión.

Muchos números me inspiran y retan que tendremos ocasión de seguir profundizando, termino este compartir con los que invitan a la esperanza, resuenan en las adoratrices desde el legado de Santa María Micaela, nuestra fundadora, que nos retaba a “esperar contra toda esperanza” y a confiar, “Sentí en mi corazón una esperanza: Confía en mí; antes de poco lo verás”. El Papa nos insta a vivir la esperanza que “habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor … La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna…” con la confianza que “Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien”. Caminemos en esperanza.

                                                                                            Ana Almarza