domingo, 11 de agosto de 2019

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje del Evangelio de hoy (véase Lucas 12 : 32-48), Jesús llama a sus discípulos a una vigilancia constante. ¿Por qué? Para captar el paso de Dios en la vida de uno, porque Dios pasa continuamente a la vida. Indica las formas de vivir bien esta vigilancia: "Prepárate, con la ropa cerca de las caderas y las lámparas encendidas" (v. 35). Este es el modo. En primer lugar «la ropa cerca de las caderas», una imagen que recuerda la actitud del peregrino, lista para partir. Se trata de no echar raíces en viviendas confortables y tranquilizadoras, sino de abandonarse a uno mismo, de ser abiertos con sencillez y confianza al paso de Dios en nuestra vida, a la voluntad de Dios, que nos guía hacia el próximo objetivo. El Señor siempre camina con nosotros y a menudo nos acompaña de la mano, para guiarnos, porque no cometemos errores en este difícil viaje. De hecho, aquellos que confían en Dios saben bien que la vida de fe no es algo estático, ¡sino que es dinámico! La vida de fe es un viaje continuo, para avanzar hacia etapas siempre nuevas, que el Señor mismo indica día tras día. Porque es el Señor de las sorpresas, el Señor de las novedades, pero de las noticias reales.

Y luego, el primer modo fue " la ropa cerca de las caderas ", luego debemos mantener "las lámparas encendidas", para poder aligerar la oscuridad de la noche. Estamos invitados, es decir, a vivir una fe auténtica y madura, capaz de iluminar las muchas "noches" de la vida. Sabemos que todos tuvimos días que fueron verdaderas noches espirituales. La lámpara de la fe requiere estar constantemente alimentada, con el encuentro sincero con Jesús en oración y escuchando su Palabra. Tomo algo que te he dicho muchas veces: siempre lleva un pequeño Evangelio en tu bolsillo, en tu bolso, para leerlo. Es un encuentro con Jesús, con la Palabra de Jesús. Esta lámpara del encuentro con Jesús en oración y en su Palabra nos es confiada para el bien de todos: por lo tanto, nadie puede retirarse intimidadamente a la certeza de su propia salvación, desinteresado en los demás. . Es una fantasía creer que uno puede iluminarse por dentro. No, Es una fantasía. La verdadera fe abre nuestros corazones a los demás y nos estimula a una comunión concreta con nuestros hermanos, especialmente con los necesitados.

Y Jesús, para hacernos entender esta actitud, cuenta la parábola de los sirvientes que esperan el regreso del maestro cuando regrese de la boda (vv. 36-40), presentando así otro aspecto de la vigilancia: estar listo para la reunión final y definitiva con Señor. Cada uno de nosotros se reunirá, él se encontrará en ese día de la reunión. Cada uno de nosotros tiene su propia fecha de la reunión definitiva. El Señor dice: "Bienaventurados los sirvientes que el maestro encuentra despiertos cuando regresa; ... Y si llega a mitad de la noche o antes del amanecer, ¡los encontrará así, los bendiga! "(Vv. 37-38). Con estas palabras, el Señor nos recuerda que la vida es un viaje hacia la eternidad; por lo tanto, estamos llamados a hacer que todos los talentos que tenemos den fruto, sin olvidar nunca que "no tenemos la ciudad estable aquí, pero estamos buscando la futura" (Heb 13,14). En esta perspectiva, cada momento se vuelve precioso, por lo que es necesario vivir y actuar en esta tierra que anhela el cielo: pies en la tierra, caminar en la tierra, trabajar en la tierra, hacer el bien en la tierra y el corazón nostálgico del cielo.

Realmente no podemos entender en qué consiste esta alegría suprema, pero Jesús nos hace adivinar con la similitud del maestro que al encontrar a los sirvientes todavía despiertos a su regreso: "se pondrá sus vestimentas, las pondrá sobre la mesa y las servirá". (v. 37). El gozo eterno del cielo se manifiesta así: la situación se pondrá patas arriba, y los sirvientes, es decir, nosotros, ya no servirán a Dios, pero Dios mismo se pondrá a nuestro servicio. Y esto es lo que Jesús hace ahora: Jesús ora por nosotros, Jesús nos mira y ora al Padre por nosotros, Jesús nos sirve ahora, él es nuestro siervo. Y esta será la alegría definitiva. La idea del encuentro final con el Padre, rico en misericordia, nos llena de esperanza y nos estimula a un compromiso constante con nuestra santificación y a construir un mundo más justo y fraterno.

Que la Virgen María, con su intercesión materna, apoye este compromiso nuestro.

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas :

mañana se cumple el 70 aniversario de los Convenios de Ginebra, importantes instrumentos jurídicos internacionales que imponen límites al uso de la fuerza y ​​están destinados a proteger a civiles y prisioneros en tiempo de guerra. Que esta recurrencia haga que los estados sean cada vez más conscientes de la necesidad indispensable de proteger la vida y la dignidad de las víctimas de los conflictos armados. Todos están obligados a observar los límites impuestos por el derecho internacional humanitario, protegiendo a las poblaciones desarmadas y las estructuras civiles, especialmente hospitales, escuelas, lugares de culto, campos de refugiados. Y no olvidemos que la guerra y el terrorismo son siempre una pérdida grave para toda la humanidad. ¡Soy la gran derrota humana!

Los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos religiosos, asociaciones.

Incluso hoy hay muchos niños y jóvenes. Te saludo con cariño! En particular, los adolescentes de Saccolongo y también los de Creola; y el grupo pastoral juvenil de Verona; y los jóvenes de Cittadella.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no olvides rezar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!

sábado, 10 de agosto de 2019

¿Mi hijo Tomás, un simple fraile?

  Teodora de Theate, la madre de Santo Tomás de Aquino, provenía de una ilustre familia, los Caraccioli. Llevaba en las venas la energía indomable de los jefes normandos. Era prima de los Hohenstaufen y estaba emparentada con el mismísimo Emperador Federico II. Sus biógrafos la retratan como una mujer resuelta y autoritaria. Tenía unos planes muy concretos y meditados para su hijo. Y su hijo había decidido entregarse a Dios como fraile dominico. ¡Fraile dominico! ¡Y ella, que soñaba con que fuera Abad Mitrado de Monte Cassino! ¡Un simple monje, de una orden de la que todos hablaban mal! No estaba dispuesta en absoluto. ¿Un hijo suyo, fraile mendicante? ¡Jamás!

        Hoy, estas cóleras y estas aspiraciones maternas nos hacen sonreír. Pocos padres sueñan hoy con un hijo Abad Mitrado, pero es cuestión de cierta perspectiva histórica, de hacer algunas traslaciones mentales poniendo un poco de imaginación. Hoy, Teodora, mujer de la alta sociedad, hubiera soñado quizá para su hijo, formado en Oxford, en Harvard o en el M.I.T., un futuro "acorde a nuestra posición". Y su sueño dorado sería, quizá, verlo presidente de un alto organismo internacional o directivo de un prestigioso banco en Manhattan.

        La historia continúa con una carta de Teodora a Tomás en la que le ordena que vuelva inmediatamente a casa. En vano. Y cuando vio que las cartas resultaban inútiles, formó una comitiva para "rescatarlo". ¿Dónde estaba Tomás? ¿En Roma? Pues allí se fue. Pero, al llegar, Tomás ya había abandonado la ciudad eterna. Se había ido a Bolonia con el Maestre General. Su furia se hizo incontenible. Llamó a otros hijos suyos que militaban a las órdenes de Federico II y les mandó que fuesen en su búsqueda y lo trajesen preso, o como fuera, pero que se lo trajesen y lo encerrasen en la fortaleza de Monte San Giovanni.

        Sus hermanos lo encontraron camino de Bolonia, cerca de Aquapendente, mientras descansaba junto a un manantial. Llegaron al galope, lo apresaron y se lo llevaron por la fuerza a la torre del antiguo castillo familiar. Allí, su madre lo tenía todo planeado. Después de la fuerza viril pondría en juego la habilidad femenina: sus hermanas Marotta y Teodora se encargarían de hacerle cambiar de opinión, no por la fuerza, sino mediante la persuasión. Pero las palabras de las dos hermanas resultaron también inútiles. Es más, una de ellas empezó a vacilar al ver la actitud de su hermano y, finalmente, resolvería entregarse también a Dios.

        Pasaban los días. Había que poner todos los medios, así que cambió de táctica. Se le ocurrió algo no muy original, pero que se viene poniendo en práctica a lo largo de los siglos en casos parecidos. Ya que no se podía vencer su inteligencia con palabras, habría que reducir su corazón con la seducción de una mujer. Trajeron de Nápoles a una cortesana a sueldo, y una noche se introdujo sigilosamente, provocadoramente, en la habitación del joven. Pero Tomás, en cuanto vio sus intenciones, se acercó a la chimenea, tomó un tizón ardiente y la pobre napolitana huyó despavorida.

        Su madre y sus hermanos se admiraban ante la obstinación de Tomás. Le rogaban y amenazaban, le hacían jirones el hábito blanco, le quitaban sus libros, se burlaban de él para que se avergonzara, pero no lograban disuadirle de la idea de seguir adelante con su vocación. Aquel encierro duraría dos años. La historia concluyó cuando Tomás, ayudado por sus hermanas, se descolgó un buen día por los muros de la fortaleza y saltó sobre un caballo que le habían traído. Lo volvieron a prender, pero Tomás resistió firme y, finalmente, hizo prevalecer su voluntad.

        Todo esto parece una novela, pero son hechos históricos. Tomás resistió y venció, pero pudo no haber sido así, y si hubieran triunfado los esfuerzos de su madre, quizá la Iglesia y la civilización occidental hubiesen sufrido un retraso intelectual de siglos.

        Teodora, como ciertos padres a lo largo de la historia -también de ahora-, no tenía de la libertad un concepto demasiado elevado. Aunque argumentara "razones cristianas", y aunque se justificara pensando que lo que ella perseguía era tener un hijo Abad Mitrado en Monte Cassino, olvidaba que toda esa ilusión de madre insatisfecha estaba oscureciendo en su mente otras razones cristianas más importantes, como el deber de respetar la libertad de su hijo, o el de procurar cumplir la voluntad de Dios en vez de pretender que Dios cumpliera la voluntad de ella.

        —Pero no siempre es toda la culpa de los padres.

        Es verdad que, en estos conflictos, a veces los hijos tienen parte de culpa, por el modo de plantear las cosas, pero, cuando la vocación de un hijo provoca un escándalo de dimensiones exageradas en una familia, y se producen rupturas o distanciamientos excesivos, escándalos o presiones, es probable que, por encima de las contingencias y posibles errores (falta de prudencia en las actuaciones de unos y otros, de tacto por parte del hijo o de información suficiente por parte de los padres), todo eso sea una muestra de que en esa familia ha calado poco el espíritu cristiano.

        Cada vocación es como un dedo divino que rasgase todas las notas de un arpa, y si ese rasgueo produce un chirrido estridente, es que en esa familia falta sentido cristiano de la vida. Revela, quizá, el quebrantamiento no aceptado de un afán posesivo. O un deseo a veces patológico de dirigir la vida de los hijos, considerándolos como eternos adolescentes. Dicen buscar su bien, pero, en muchas ocasiones, lo que persiguen es más bien su proyección personal como padres, o el cumplimiento en sus hijos de proyectos que ellos no lograron realizar (olvidando que no siempre lo que les proporcionó felicidad a ellos se la dará ahora a sus hijos), o quizá la búsqueda egoísta de satisfacciones afectivas como la cercanía de los hijos, la seguridad en la vejez, nuestro buen nombre, los apellidos, los nietos...

        —Pero suelen pensar que sus hijos no están maduros para esa decisión y que la han tomado por influencia de otras personas.

        Indudablemente, eso puede suceder. Pero también puede suceder lo contrario, es decir, que estén tomando esas decisiones pese a la fuerte influencia en contra que ejercen sobre ellos quienes tienen más cerca.

        Me parece que esto último es más frecuente. Hace siglos que se repite el viejo tópico de presentar la llamada de Dios como una alucinación, y se pinta a las personas que se entregan al Señor como hombres y mujeres de personalidad débil y fácilmente influenciables. Todos esos ataques no son una novedad de nuestra época. A lo largo de los siglos, muchos padres se han quejado de "haber perdido un hijo" cuando este les anuncia que desea entregarse a Dios. "Cuando mi madre supo mi resolución -escribía San Juan Crisóstomo hace dieciséis siglos-, me tomó de la mano, me llevó a su habitación y, habiéndome hecho que me sentase junto a la cama donde me había dado el ser, rompió a llorar y a decirme cosas más tristes que su llanto."

        —¿Y qué explicación das a todo este tipo de conflictos familiares en torno a la vocación de los hijos?

        Quizá, en muchos casos deberían evitarse, retrasando lo que sea preciso la entrega, hasta que se calmen los ánimos y haya un entendimiento mayor. Porque todos esos conflictos no parecen muy compatibles con el anuncio de paz del Evangelio.

        El anuncio de paz del Evangelio es indudable. Y retrasar prudentemente esa entrega puede ser oportuno en algunos casos. Pero hay que leer el Evangelio fijándose también en otros pasajes, y no puede obviarse que, al hablar sobre el seguimiento de la llamada de Dios, Jesucristo preanuncia, para quien le siga, la posibilidad de ser incomprendido por parte de la propia familia, y a eso probablemente se refiere cuando dice: "He venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí […]. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará". (Mt 10, 34-40).

        Así ha pasado, en infinidad de ocasiones, en la vida de los santos. Por ejemplo, lo más duro que esperaba a Santa Edith Stein, recién conversa del judaísmo, era decírselo a su familia. Edith era un orgullo para su madre, una mujer judía de una alta exigencia personal y que había educado a sus hijos en unos principios de gran rectitud. Por eso mismo se derrumbó y se echó a llorar cuando su hija se reclinó en su regazo y le dijo: "Madre, soy católica". Edith la consoló como pudo, e incluso la acompañaba a la sinagoga. Su madre lo consideraba una traición, aunque no tuvo más remedio que admitir, viendo a su hija, que "todavía no he visto rezar a nadie como a Edith". Y aún le resultó más costoso aceptar que su hija se hiciera carmelita descalza. Fue una decisión que Edith meditó durante años y que se hizo realidad en 1935, en Colonia, cuando hizo sus votos y se convirtió en Sor Benedicta de la Cruz. Fue una gran pensadora, una gran santa y hoy es patrona de Europa.

        —Supongo que habrá todo tipo de reacciones, y a muchos padres les parecerá muy bien la entrega a Dios de sus hijos.

        Cuando hay un buen conocimiento de los hijos y de lo que sucede en su interior, los consejos de los padres suelen ser una gran ayuda para el discernimiento de la vocación y para la perseverancia en ella.

        Margarita Occhiena, la madre del futuro San Juan Bosco, al conocer la vocación de su hijo, le dijo: "Has elegido tu camino, hijo mío. No me expliques más. Sé que has elegido a Dios. Por eso, solo te doy un consejo: abrázate a la Cruz y no la dejes nunca." Y cuando, más adelante, comentó con su madre la idea de hacerse franciscano, ella le dijo unas palabras que quedaron grabadas a fuego en su corazón: "Óyeme bien, Juan. Te aconsejo mucho que examines el paso que vas a dar y que, después, sigas tu verdadera vocación sin mirar atrás, sin preocuparte de nadie. Pon, delante de todo, la salvación de tu alma. El párroco me pedía que te disuadiese de esta decisión, teniendo en cuenta la necesidad de ti que yo pudiera tener en el futuro; pero yo te digo: en asunto así no entro porque está Dios por encima de todo. No tienes por qué preocuparte de mí. Nada quiero de ti, nada espero de ti. Tenlo siempre presente: nací pobre, he vivido pobre y quiero morir pobre. Más aún, te lo aseguro: si no siguieras tu camino y, por desgracia, llegaras a ser rico, ni una vez pondría los pies en tu casa. No lo olvides."

        Y algo parecido le repitió siete años más tarde, en 1841, después de celebrar su primera Misa en su aldea de Castelnuovo d'Asti. Llegaron a su casa cuando ya anochecía. Ella encendió el candil y, sentándose frente a su hijo y poniendo sus manos sobre las rodillas del nuevo sacerdote, le miró cara a cara y le dijo: "¡Ya eres sacerdote! Estoy segura de que todos los días rezarás por mí, esté viva o muerta, y eso me basta. De ti no quiero más. Tú, en adelante, piensa solo en la salud de las almas."

        La madre de este gran santo está actualmente en proceso de canonización y es considerada cofundadora de la Familia Salesiana. En su memoria se creó, hace muchos años, la "Asociación Mamá Margarita", que agrupa a los padres de los salesianos, invitándoles a la oración y al impulso y apoyo de la vocación de sus propios hijos. El ejemplo de Margarita es una referencia que la Iglesia pone a los padres de quienes Dios llama más directamente a su servicio. Ella acompañó con un cariño especial a su hijo Juan Bosco en su camino hacia el sacerdocio. Y, a los cincuenta y ocho años, abandonó su casita del Colle y le siguió en su misión entre los muchachos pobres y abandonados de Turín. Allí, durante diez años, madre e hijo unieron sus vidas con los inicios del Trabajo Salesiano. Ella fue la primera y principal cooperadora de Don Bosco, y con su amabilidad hecha vida aportó su presencia maternal a la fundación de su hijo. Era una mujer analfabeta, pero estaba llena de aquella sabiduría que viene de lo alto. Así consumió el final de su vida en el servicio de Dios, en la pobreza, la oración y el sacrificio, ayudando a tantos niños de la calle, hijos de nadie. Cuando murió en Turín, en 1858, una multitud de muchachos, que lloraban por ella como por una madre, acompañó sus restos al cementerio.

Alfonso Aguiló

Domingo XIX (Ciclo C) del tiempo ordinario

Evangelio (Lc 12,32-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». 

Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?». Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».
PALABRA DE DIOS.

COMPARTIMOS:
Hoy, el Evangelio nos recuerda y nos exige que estemos en actitud de vigilia «porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre» (Lc 12,40). Hay que vigilar siempre, debemos vivir en tensión, “desinstalados”, somos peregrinos en un mundo que pasa, nuestra verdadera patria la tenemos en el cielo. Hacia allí se dirige nuestra vida; queramos o no, nuestra existencia terrenal es proyecto de cara al encuentro definitivo con el Señor, y en este encuentro «a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más» (Lc 12,48). ¿No es, acaso, éste el momento culminante de nuestra vida? ¡Vivamos la vida de manera inteligente, démonos cuenta de cuál es el verdadero tesoro! No vayamos tras los tesoros de este mundo, como tanta gente hace. ¡No tengamos su mentalidad!

Según la mentalidad del mundo: ¡tanto tienes, tanto vales! Las personas son valoradas por el dinero que poseen, por su clase y categoría social, por su prestigio, por su poder. ¡Todo eso, a los ojos de Dios, no vale nada! Supón que hoy te descubren una enfermedad incurable, y que te dan como máximo un mes de vida,... ¿qué harás con tu dinero?, ¿de qué te servirán tu poder, tu prestigio, tu clase social? ¡No te servirá para nada! ¿Te das cuenta de que todo eso que el mundo tanto valora, en el momento de la verdad, no vale nada? Y, entonces, echas una mirada hacia atrás, a tu entorno, y los valores cambian totalmente: la relación con las personas que te rodean, el amor, aquella mirada de paz y de comprensión, pasan a ser verdaderos valores, auténticos tesoros que tú —tras los dioses de este mundo— siempre habías menospreciado.

¡Ten la inteligencia evangélica para discernir cuál es el verdadero tesoro! Que las riquezas de tu corazón no sean los dioses de este mundo, sino el amor, la verdadera paz, la sabiduría y todos los dones que Dios concede a sus hijos predilectos.

viernes, 9 de agosto de 2019

Cristianos filipinos defienden a sus obispos acusados de «desestabilizar el Gobierno»

Con casi un 90 % de cristianos, la presencia social de la Iglesia es muy importante en Filipinas. Sin embargo, su oposición a la guerra sucia contra la droga, que ya se ha cobrado 27.000 vidas según la ONU, les ha puesto en el ojo del huracán

Los cristianos de Filipinas rompen su silencio ante la persecución a sus obispos. A través de una manifestación a la que acudieron más de 3.000 personas, han mostrado su apoyo a los líderes de la Iglesia acusados de conspirar para derrocar al presidente Rodrigo Duterte.

Celebrada en la diócesis de Lingayen-Dagupan, la protesta ha reunido a trabajadores y estudiantes para enviar un mensaje de apoyo al arzobispo Sócrates Villegas y otros obispos acusados de participar en un complot para «desestabilizar el Gobierno»: Honesto Ongtioco de Cubao, Pablo Virgilio David de Kalookan, y el obispo jubilado Teodoro Bacani Jr.

Antes de la marcha, el obispo auxiliar Fidelis Layog ha celebrado una misa frente a la iglesia de San Juan Evangelista en la ciudad de Dagupan. En ella, ha llamado a los católicos a defender la inocencia de los prelados, «no solo por ellos sino también por todos aquellos que son perseguidos y sus derechos humanos son destrozados». Durante la celebración, la Policía realizó varias cargas, aunque finalmente dejaron que la misa continuara con normalidad.

Por su parte, la archidiócesis de Lingayen-Dagupan declara en un comunicado acompañar «fervientemente al arzobispo Villegas y a los otros obispos perseguidos y falsamente acusados de rebelión».

Un intento de acallar a la oposición

Estos obispos no son los únicos sobre quienes recaen acusaciones. También los sacerdotes Flaviano Villanueva, Robert Reyes, el jesuita Albert Alejo y el hermano de La Salle Armin Luistro están acusados, junto a otras 36 personas, de difundir vídeos en los que, según la versión del Gobierno, insinúan que Duterte y su familia están implicados en un delito de tráfico ilegal de drogas.

Según informa la Agencia EFE, estos vídeos en realidad son autoría del joven filipino Peter Joemel Advincula, quien aparecía en ellos encapuchado bajo el sobrenombre de Bikoy. Y, aunque el activista asegura haber actuado en solitario, el Departamento de Justicia seguirá investigando a lo largo de esta semana la larga lista de detenidos.

Diferentes organizaciones de defensa de los derechos humanos consideran que estas denuncias masivas son otro intento del gobierno de Duterte de acallar a sus críticos y aplastar a la oposición, que quedó muy debilitada en las elecciones de mayo.

«Este caso ilustra cómo se pueden imponer arbitrariamente leyes draconianas como la sedición para silenciar a los críticos del gobierno», ha denunciado Amnistía Internacional.

Guerra sucia contra la droga

Con casi un 90 % de cristianos –83,6 millones de católicos y 10 millones de protestantes en un país de 105 millones de habitantes–, Filipinas es el país más cristiano y católico de Asia. La presencia social de la Iglesia es muy importante, y su oposición a los asesinatos extrajudiciales de Duterte a consumidores y traficantes de drogas les han puesto en el ojo del huracán.

Amnistía Internacional ha solicitado a las Naciones Unidas que realicen una investigación sobre las 27.000 muertes que se han producido en Filipinas relacionadas con la guerra contra la droga. «Esta política puede suponer crímenes contra la humanidad, la gran cantidad de asesinatos extrajudiciales es especialmente preocupante porque parece indicar que no hay fin a la guerra sucia contra la droga en Filipinas», dice Nicholas Bequelin, director regional de Amnistía Internacional en el sudeste asiático

Por su parte, Butch Olano, director de Amnistía Internacional en Filipinas, ha pedido a la comunidad internacional que use «todas las herramientas políticas y diplomáticas para que Filipinas deje de cometer estos crímenes inmediatamente». «Hemos hablado con las familias de las víctimas y nos han preguntado “¿Por qué los están matando como animales? Ellos solo matan, matan y matan y nosotros queremos justicia”», concluye Olano.

Rodrigo Moreno Quicios

Testimonio de Miguel Ángel Gullón, OP sobre los DD.HH. en el Seybo

Los pasados 30 y 31 de julio estuvimos con Fr. Miguel Ángel Gullón, OP en Asturias, su tierra natal. Aprovechando su paso por España. para el descaso merecido, le propusimos hacer dos charlas en Oviedo y Colunga sobre su labor misionera en El Seibo (Rep. Dominicana).
La intención de estos encuentros era que, además de a través de sus escritos, las personas amigas y colaboradoras (de Selvas Amazónicas y del propio Miguel Ángel) pudieran escuchar en primera persona las alegrías y logros, las tristezas y soledades, las luchas y en definitiva, el trabajo de este misionero tan querido para Selvas Amazónicas y para quienes le conocen.

Escuchar a Miguel Ángel es escuchar palabras sobre lucha y justicia, sobre solidaridad, sobre comunidad y campesinado. Los campesinos del Seibo con el apoyo de la radio que los misioneros dominicos tienen allí, llevan varios años luchando para que dejen de cometerse desalojos y otros atropellos por parte de dos grandes corporaciones empresariales: Central Romana y Grupo Vicini. Ambas empresas son dueñas del 80% del negocio de la caña de azúcar de todo el país y de gran parte de la tierra en el caso de El Seibo.

La fecha clave en la exposición de Miguel Ángel es el 26 de enero de 2016, cuando se produce el desalojo, por parte de Central Romana, de 60 familias que vivían en pobreza extrema y que fueron abordadas en mitad de la noche, sin previo aviso y con violencia. Ante este hecho, Radio Seybo se desplaza hasta el lugar, y después de hablar con las personas que habían sufrido ese brutal desalojo, de ver algunos de los videos que pudieron grabar y de comprobar personalmente el estado en que se encontraban las viviendas, el equipo de Radio Seybo decide que no pueden quedarse en dar la noticia y pasar a otra cosa, sino que deben ser apoyo y altavoz de denuncia para estas familias.

Así empieza una lucha a la que se han unido otras denuncias, como el uso de pesticidas (como el glisofato) en las zonas de Mata de Palma, la Piñita y Vientecillo; con el fin de destruir las tierras del campesinado y contaminar el área para poder después ampliar los terrenos de sus plantaciones de caña de azúcar. Y hace apenas unos meses denunciaban también el asesinato de un niño de 12 años, Carlitos, del que hemos hablado ya en esta web. 

Miguel Ángel nos habló de todas estas atrocidades y de la lucha diaria para intentar que no queden impunes ante la justicia. Ante tanta desesperanza ha habido algunos logros, como llevar a una de las víctimas del desalojo de 2016 a la ONU, donde se presentó el caso y se denunció la violación de derechos humanos sufrida por estas familias. También el haber podido aprovechar una visita de la Reina Letizia a Rep. Dominicana para poner en conocimiento esta situación y pedirle su apoyo. Pero, sobre todo, Miguel Ángel nos habló de unión y comunidad; de los campesinos y campesinas con todo el equipo de Radio Seybo, con personas particulares y asociaciones que, sensibles a esta causa, muestran su apoyo.

Ante la pregunta de cómo lograba seguir luchando cada día ante tanta injusticia y de si alguna vez tenia miedo de las consecuencias de enfrentarse a grandes intereses económicos, Miguel Ángel se refirió al cuidado. Al cuidado a quienes sufren, al cuidado entre quienes luchan, al cuidado que proviene de los que están a su lado (campesinos, campesinas, parroquia, equipo de Radio Seybo…) y también de los que aun estando mucho más lejos nos preocupamos, animamos y apoyamos en todo lo posible.

Fue un lujo para quienes formamos Selvas Amazónicas acompañar estos dos días a Miguel Ángel; un lujo y una suerte para quienes pudieron escuchar su testimonio de primera mano. Ojalá podamos repetir esta experiencia con otros misioneros y misioneras, porque finalmente el alma y la razón de ser de Selvas Amazónicas son ellos y ellas, su trabajo, sus luchas, su palabra.

Y desde aquí aprovechamos para agradecer a la comunidad de Dominicos de Oviedo por acogernos y darnos oportunidad de descanso en la primera tarde, así como un espacio para el primer encuentro con Miguel Ángel. Gracias también a las Dominicas de la Anunciata de Lastres por su alojamiento y cuidado durante los dos días que estuvimos allí, ¡y por el café madrugador antes de irnos el jueves!. Gracias al Ayuntamiento de Colunga por dejarnos la Sala Loreto donde realizamos el segundo encuentro con Miguel Ángel. Pero, sobre todo, un gracias enorme a la familia de Miguel Ángel, que nos cuidó, acompañó, alimentó y facilitó en todo momento nuestros días en esa tierra preciosa, ¡os enviamos todo nuestro cariño!

Si no pudiste asistir pero quieres saber más de la misión en El Seibo sigue pendiente de nuestra web y nuestras rr.ss., seguiremos contándote. Y, además, el 20 de noviembre presentaremos el informe «Flores de Dignidad en Tierra de Sangre: Explotación de la caña de azúcar en RD, una violación sistemática y continua de DD.HH» y tendremos la suerte de volver a tener aquí a Miguel Ángel Gullón, que lo ha elaborado con el esfuerzo y el cariño que le pone siempre a su trabajo.

Edith Stein, 9 de agosto, la fuerza de la conversión y del testimonio

Filósofa, mística, religiosa carmelita descalza (de ahí su nombre religioso como Teresa Benedicta de la Cruz), mártir y santa alemana (nació en Breslavia, ciudad entonces Alemania; ahora de Polonia, con el nombre de Wroclaw) de origen judío, Edith Stein fue una mujer avanzada a su tiempo y pionera en la aportación de las mujeres al mundo de la intelectualidad. 
Nació en el seno de una familia judía y pasó por una etapa de ateísmo. Fue la primera mujer que presentó una tesis doctoral en Filosofía en Alemania. Fue colaboradora del filósofo alemán Edmund Husserl, fundador de la fenomenología. En 1921 se convirtió al catolicismo. Desarrolló una teología de la mujer y un análisis de la filosofía de santo Tomás de Aquino y de la fenomenología.
El nazismo le prohibió la enseñanza y se hizo monja carmelita descalza. Detenida por la Gestapo, fue deportada el 2 de agosto de 1942 e internada en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, donde fue asesinada siete días después.
Beatificada en 1987 y canonizada en 1998, también el Papa Juan Pablo II, un año después, la declaró asimismo compatrona de Europa. Su fiesta litúrgica es el 9 de agosto, fecha de su muerte.

jueves, 8 de agosto de 2019

Santo Domingo, ¿dominico hoy?

Introducción.
Marx decía: "de una cosa estoy seguro: yo no soy marxista". Santo Domingo de Guzmán ¿se sentiría hoy dominico? Después de haber repasado las líneas que definen su personalidad, su espiritualidad, su modo de actuar, nos podemos preguntar: ¿encontraríamos algo de eso en quienes pertenecen a la familia que él fundó?

Fray José Antonio Solórzano ha preparado un vídeo sobre santo Domingo de Guzmán en el que el fundador vuelve a su pueblo natal de Caleruega y hace una reflexión sobre cómo fue evolucionando la Orden que el fundó a lo largo de la historia. ¿Reconocería hoy Domingo de Guzmán en los dominicos y dominicas a los frailes que él congregó en torno a sí?

1. Domingo y sus primeros seguidores
1.1. Domingo, en el poco tiempo que transcurre desde la fundación de la Orden hasta su muerte, poco más de cuatro años, tuvo tiempo de percibir la fidelidad a sus proyecto en los frailes y también las desviaciones que se producían. Tuvo que luchar, por ejemplo, para que sus frailes fueran pobres; no sólo sus frailes, sino los conventos. Vio frailes animosos en su predicación, y otros que se retiraban por miedo o por cansancio y desilusionados por el poco éxito; conoció la perseverancia de muchos en la Orden, a pesar de las dificultades, y la defección de algunos.

1.2. Más aún, no podemos pensar que Domingo tuviera perfectamente claro todos los aspectos que habían de configurar su Orden. Incluso en algo que le preocupaba tanto, y sobre lo que tomó posturas terminantes, como la pobreza, tenía sus vacilaciones. Aceptó que a las monjas de San Sixto se le asignaran diezmos y otros ingresos que les concedieron en el sur de Francia. La ley de la dispensa era ya una manifestación de la necesidad de ir acomodando la vida al objetivo de la predicación. Domingo, digámoslo en pocas palabras, no vio una Orden de perfectos. Ni creo que soñase con ella. Sabía que la Orden estaba constituida por pecadores. Sabía que la confianza que se depositaba en los frailes podía llevar a desvíos en la intención fundacional…

2. Las dos preguntas
Dicho esto, nos preguntamos: ¿Domingo se encontraría a gusto entre los dominicos y dominicas o buscaría otra Orden que creyera más fiel a su idea de fraile predicador?. ¿Domingo, en la hipótesis de no querer cambiar de Orden, la reformaría hasta que surgiera una Orden distinta, más observante? (Tentación permanente en la Orden, que se superó, a diferencia de otras, manteniendo la unidad).

2.1. La primera pregunta tiene una clara razón histórica. Después de él, se fue generalizando en la Iglesia las órdenes predicadoras. En realidad, ninguna orden religiosa renuncia a la predicación. Casi es pretencioso tener como nombre el de "predicador", ¿qué instituto religioso no cree serlo? Sólo la razón histórica de ser los primeros podría justificar nuestro nombre. A no ser que nuestro estilo de predicación sea realmente distinto y realmente el heredado del fundador. Pero para esta reflexión he apuntado unas notas bajo el epígrafe "Domingo predicador". A ellas me remito, si queremos detectar un estilo peculiar en nuestra predicación.

2.2. La segunda pregunta: ¿se encontraría santo Domingo feliz en medio de los dominicos de hoy? ¿Por el contrario diría: "ésta no es mi Orden, me la han cambiado"?

Pregunta que podríamos desmenuzar en otras varias: ¿Nos esforzamos en llevar una vida pobre, evitando al menos lo superfluo, en medio del mundo del exceso, siendo especialmente sensibles a aquellos que les falta lo esencial? ¿Seguimos buscando los lazos de fraternidad y amistad, que hagan real y profundamente común nuestra vida? ¿Hemos sido sensibles a la presencia de los "cumanos", los "alejados" diríamos hoy, en nuestros proyectos pastorales? ¿Participamos con gozo en la oración comunitaria? ¿Tenemos la audacia y - la preparación - para decir una palabra evangélica en el mundo de la cultura, de la universidad? ¿Participamos con gozo en la oración comunitaria, y no olvidamos la soledad para dedicar tiempo al estudio y la oración? Y tantas preguntas más como podíamos formularnos.

3. Las respuestas.
Permitidme que me aventure a ofrecer algunas respuestas desde mi experiencia, ya larga, como dominico, y desde lo que pude observar desde los puestos para los que los frailes me han ido destinando. Pienso en los que pertenecemos a la Familia dominicana. Pero también en aquellos que quieren conocernos, tras saber algo de nuestro fundador: ¿con qué se encontrarían si quisieran entrar en contacto con nosotros?

3.1. Pobreza.- No somos los frailes todo lo pobres que debiéramos ser. La tentación de lo superfluo, de la comodidad es muy fuerte, seguramente más que en la época del santo. Nuestra cultura económica y social está montada sobre la generación de falsas necesidades. Pero hay inquietud en muchos lugares por nuestra pobreza. Quizás la preocupación por los pobres ha dejado aparte la preocupación por la pobreza propia: los hay que parecen optar por los pobres desde la riqueza propia que les permite ayudarles. Sigue siendo un desafío, como lo fue desde el principio de la Orden. Algo que nos deja inquietos, insatisfechos. El dominico hoy sí es un fraile que vive de su trabajo, no de rentas recibidas. Y no son pocos los que viven de la ayuda de otros frailes. Hay una solidaridad importante, aunque aún tenemos nuestros pequeños "huertos" provinciales o comunitarios. Estoy seguro de que santo Domingo sería mucho mejor que la mayoría de nosotros, pero no se encontraría en un ambiente ajeno a su Orden estando con nosotros, y …con nuestros ordenadores, teléfonos móviles, viajando en automóvil o en avión...

3.2. La comunidad.Hay una mayor reflexión sobre nuestras relaciones comunitarias que la que se tuvo, incluso, en momentos que estimamos gloriosos en nuestra Orden. Existe la sensibilidad de que el buen "tráfico comunitario" no es suficiente para crear comunidad: que buscar un solo corazón y una sola alma es una tarea de toda una vida, pero que merece la pena. Nuestra castidad nos habla de templanza, pero sobre todo de compromiso afectivo, empezando por los de casa. Con esa magnífica extensión que es la familia dominicana. Hay un auténtico renacimiento de la sensibilidad de ser de la Orden, sin el monopolio que hasta ahora pudieron imponer los frailes. Quizás habría que buscar más la cercanía cordial, la colaboración en la misión, que la reivindicación de puestos legales. (Dicho sea esto como reflexión "doméstica". Domingo se sentiría feliz, pienso, viviendo en comunidades donde hay preocupación por quererse; y en una familia que quiere colaborar, codo con codo, en la misión de la Orden.

3.3. Cátaros, cumanos… Es cierto que tenemos iglesias y santuarios, así como parroquias, que exigen atender a los que se acercan a ellos. Santo Domingo buscó siempre para sus frailes una iglesia donde pudieran predicar. (Escribo esto en Santa Sabina, Roma, que fue una gracia, un gran don, que el santo recibió del Papa, para sus frailes). También lo es que puede que ese ministerio nos haya hecho menos itinerantes y más predicadores de "convencidos". Que pasen delante de nuestras iglesias muchedumbres a las que no nos acercamos, o que haya lugares de "cumanos" a los que no predicamos. Mas es indudable que no tenemos que salir de nuestra Orden, de nuestra familia dominicana, porque en esto las religiosas pueden precedernos, para ver nuestra presencia en el mundo de las misiones, donde el evangelio no ha sido predicado, o en los lugares de conflicto o donde las situaciones de vida son inhumanas. Tenemos mártires, frailes y religiosas que viven y predican donde la predicación es un peligro; que se han hecho pobres con los pobres y perseguidos con los perseguidos. Lo que necesitamos es dejarnos todos evangelizar por ellos, que es la primera consecuencia de una vida comunitaria. Y sobre todo incorporar a nuestra vida, tentada por la instalación en lugares cómodos, la disponibilidad para hacernos presentes donde la Orden nos requiera.

3.4. Universidad, culturas.Hay unos alejados que son especialmente difíciles y donde la "predicación" genera dificultades especiales porque el predicador está expuesto, no sólo a encontrar oídos sordos, sino al desprecio o a la oposición intelectual bien fundamentada por personas sabias. Es el mundo del pensamiento, de la universidad. En ningún sitio fueron los primeros dominicos tan rechazados como en el mundo universitario de París. Y eso que allí se hizo presente nada menos que Tomás de Aquino. Entonces la persecución venía de dentro de la misma Iglesia. Luego, el pensamiento se haría laico, cuando no ateo, ajeno a lo que sonara a fe o a otro conocimiento que no fuera el que viene de la sola razón; el evangelio revelado no tendría lugar en él. Ha habido retirada a lugares más cómodos de predicación: ¿ha faltado el estudio?, ¿ha faltado la comprensión del mundo moderno y nos hemos reducido a estudiar lo que responde a otra época, pero que hoy no dice nada?; ¿nos falta la audacia para enfrentarnos a un mundo donde seremos duramente atacados o, lo que es peor, ignorados o despreciados?; ¿no nos hemos dejado llevar por el éxito inmediato de la predicación a los aquiescentes o la atención a los menesterosos agradecidos? Es un mundo donde la suma más importante puede que fuera la "Summa contra gentiles", pero cambiando lo de "contra" por "en diálogo" con los gentiles. De ese diálogo ha sabido mucho santo Domingo. Creo que se sentiría a gusto en él. Vería que este no es momento de cruzadas, ni de inquisición, que "basta la fuerza de la palabra" y …del testimonio, algo muy querido por su talante de predicador. Me temo que en esta dimensión de nuestro ser dominico, santo Domingo sentiría que su Orden hoy no le es fiel, ni a él y ni a tantos frailes como Tomás de Aquino o Francisco de Vitoria. Creo que "refundaría" este aspecto fundamental de nuestro carisma.

3.5. Oración.Hemos simplificado nuestra oración comunitaria. Sí es breve y sucinta como él quería. A veces demasiado breve y sucinta. Los frailes están interesados, más que en otros tiempos, en participar con alegría y creatividad en esa oración. Pero sienten sobre ellos el tirón de la urgencias de la misión que dicen no dejar tiempo para la oración, la reflexión, el estudio. El santo fundador sabía de la dispensa de las observancias regulares para ocuparse de la predicación; pero también gustaba de animar a sus frailes en la oración comunitaria y de pasar muchas horas de oración solo. Hoy percibiría que sus hijos buscaban ese equilibrio necesario entre la oración y la misión, bajo la presión, - la tentación - del trabajo rentable, que tan valorado está en la sociedad del "negocio", "nec-otium".

A modo de conclusión.
En fin, Domingo se sentiría dominico hoy. Sabría asumir nuestras debilidades, como asumió la de los frailes con los que convivió. No entendería que era necesaria un refundación de la Orden o una reforma de la Orden para fundar los dominicos descalzos o mendicantes que vivieran exclusivamente de limosna, que tuvieran que interrumpir el descanso para cantar los maitines o que no pudieran vestir otra cosa que hábitos de lana. Como se dice en el vídeo al que aludí al comienzo de esta reflexión, santo Domingo hubiera dicho "que había merecido la alegría" el fundar la Orden.

 Pero sigue siendo una referencia necesaria para la fidelidad de frailes, monjas, religiosas y laicos el carisma que él estableció en la Iglesia. Mirarse en él es de sabios y de honrados, para quienes se llaman dominicos, dominicas.

Más aún, nos atrevemos a invitar a los jóvenes a que nos visiten, que vengan a nuestras comunidades de frailes, monjas o religiosas, que conozcan nuestras fraternidades laicas, porque, a pesar de nuestras limitaciones, podrán descubrir que el espíritu de Domingo de Guzmán sigue alentando nuestras vidas.

Juan José de León Lastra, OP