martes, 22 de junio de 2021

En Mozambique, cientos de niños son secuestrados, violados y obligados a ver la muerte de sus padres

La violencia del islamismo continúa desatada en Cabo Delgado (Mozambique), desde que en octubre de 2017, al-Shabaab –grupo yihadista leal al Estado Islámico– comenzó a atacar instalaciones del Gobierno del interior de la provincia en lo que se creían enfrentamientos tribales.

Ahora, el conflicto se ha recrudecido y es una auténtica guerra por los recursos naturales del país, en la que cientos de niños son secuestrados de forma cotidiana: “Los terroristas utilizan a los niños para adherirlos a sus filas, a las niñas las violan y convierten en sus esposas”, cuenta el padre Fonseca a Ayuda a la Iglesia Necesitada.

Miles de muertos, desplazados y religiosas raptadas

Ayuda a la Iglesia Necesitada contabiliza el horror de Cabo Delgado en 2.500 muertos y 750.000 desplazados desde octubre de 2017, además de un elevado número de niños y niñas raptados.

El padre Fonseca, encargado de las comunicaciones en la diócesis de Pemba, ciudad costera y capital de Cabo Delgado, fue alertado de los secuestros por la religiosa brasileña Eliane da Costa. Se encontraba en Mocímboa da Praia en agosto de 2020 cuando la ciudad cayó en poder de los terroristas tras derrotar al propio ejército. Da Costa, perteneciente a la congregación de San José de Chambéry, fue secuestrada junto con su compañera Inés Ramos.

Los niños, futuros terroristas

“La Hna. Eliane pasó 24 días entre los terroristas, en el monte, y me pidió: ‘Padre Fonseca, no se olvide de las personas raptadas, sobre todo de los niños y adolescentes que son entrenados para ser terroristas’”, cuenta el p. Fonseca en una entrevista con Ayuda a la Iglesia Necesitada.

“La radicalización es el objetivo”, menciona el padre Fonseca. “Estamos hablando de jóvenes y niños que dejaron sus casas el año pasado o el anterior… es mucho tiempo en contacto con el mal, y acabas asimilándolo. La interacción puede convertirlos en los peores terroristas”.

Con dos años vio morir a su padre

Junto con el secuestro y rapto de las religiosas, el p. Fonseca menciona el drama humano al que se ven sometidas las familias de Cabo Delgado. En Mucojo, en la provincia de Macomia, reside Mina. Cuenta al sacerdote que aparecieron por sorpresa cinco hombres. Más tarde supo que eran terroristas de Al-Shabaab.

“Encontraron a Mina con su marido, su hermano y sus cuatro hijos. `Nos vamos a llevar a estos dos niños´, dijeron. Se llevaron a tres, uno de 14, otro de 12 y otro de 10 años. Ataron al marido y al hermano e insistieron en que la mujer se fuera. Ella se negó. Mina presenció, junto con su hija de dos años, como degollaban a su marido y a su hermano. Hoy, esta niña continúa asustada e insiste en que vuelvan a la aldea para ver a su padre. Presenció toda la escena”.

Se juegan la vida por ver a los suyos

Desde hace dieciséis años, la hermana carmelita Blanca Nubia tiene su comunidad en Macomia, donde el conflicto se encuentra más recrudecido. Desplazada a 180 kilómetros de su antigua misión, contó a Mundo Cristiano como una vez al mes, asume el riesgo de volver a su residencia y visitar a su gente y los trabajadores de la ciudad. “Cuando lo hacemos, sabemos que tenemos que informarnos bien de cómo están las condiciones para ir”, advierte. “Sabemos que algún día si podemos encontrarnos con una situación delicada”

Se encuentra a decenas de kilómetros del horror, pero se muestra confiada y esperanzada. “Puede extenderse a otros distritos, pero no parece que sea una cosa inmediata. Para ocupar toda la provincia les queda un distrito importante al que aún no han llegado, donde están concentradas las fuerzas armadas. Confiamos en que las cosas vayan encontrando su solución con los esfuerzos que están haciendo las autoridades y quienes colaboran con ellos”.

Martes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Lectura del libro del Génesis (13,2.5-18):

Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. En aquel tiempo cananeos y fereceos ocupaban el país.

Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»

Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Zear, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos. Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.

El Señor habló a Abrán, después que Lot se había separado de él: «Desde tu puesto, dirige la mirada hacia el norte, mediodía, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo; el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, pasea el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar.» Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar en honor del Señor.

Palabra de Dios

Salmo 14 R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Evangelio según san Mateo (7,6.12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Palabra del Señor

Compartimos:

Hoy también seguimos escuchando la historia de Abrahán en el  libro del Génesis. En estas narraciones bíblicas asistimos al nacimiento del pueblo de Isarel, pueblo elegido por Dios en las personas de Abrán y de sus descendientes. La decisión de Abrán y Lot de separarse, dado que el territorio en que se encontraban resultaba pequeño para contener a ambos. Además las continuas disputas impedían que hubiera  paz entre ellos.

Al parecer, la cantidad de ganado que ambos poseían necesitaba un mayor espacio de tierras para pastar. Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos, (en realidad eran parientes). Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»

Por fin, el patriarca puede escoger definitivamente el lugar del territorio donde fijará su residencia y donde colocará también su propia tumba, en el encinar de Mambré, en Hebrón, donde además erigió un altar al Señor.

El Evangelio de hoy nos está  invitando a encontrar el camino seguro que nos llevará a la felicidad. Nos dice lo siguiente: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.

domingo, 20 de junio de 2021

Un joven indio en la cima del Everest: «En cada expedición llevo el rosario y una imagen de María»

Abraham Tagit Sorang, un joven católico de 24 años, se ha convertido en el alpinista más joven de Arunachal Pradesh, India, en alcanzar la cumbre del Everest. Sorang es miembro de la Asociación Católica de Arunachal Pradesh. Llegó hasta la cima más alta del mundo la mañana del 31 de mayo y regresó a casa el domingo 13 de junio, informa la agencia de noticias AsiaNews.

Sorang pertenece a la tribu Nyishi, asiste a la parroquia de Santa María en Itanagar, donde fue responsable de los jóvenes, y participa en iniciativas comunitarias. “No fue fácil llegar a la cima del Everest -cuenta- fueron necesarios cuatro años de preparación. Y en determinado momento las dificultades económicas hicieron que la empresa fuera casi imposible. Tengo que agradecer a la Asociación Católica de Arunachal Pradesh, sin la cual esta aventura ni siquiera habría comenzado. Hicieron una colecta de fondos por Whatsapp para ayudarme. Me sentí apoyado por mucha gente de este Estado y por la intercesión de la Virgen María”.

Sorang es devoto de la Virgen. Llevó consigo hasta el Everest una pequeña estatuilla de la Virgen que plantó en la nieve con un rosario, como muestra una imagen que compartió en las redes sociales, junto con otra que lo retrata con la bandera de la Asociación Católica. Cuenta a AsiaNews: “Mis padres eran bautistas. Yo asistí al colegio claretiano desde el jardín de infancia y sentí una fuerte llamada a ser católico. En 2000 entré a la Iglesia Católica. Desde que murió mi madre en 2003, la Virgen se ha convertido en mi mamá. Siempre llevo conmigo el rosario y una imagen de la Virgen en cada expedición”.

El padre Félix Anthony contó a AsiaNews que el obispo de Itanagar, John Thomas, dijo en un mensaje que Sorang es un modelo para todos los jóvenes: “No se dejó confinar en su remota aldea. Trabajó duro para superarse hasta que llegó al Everest. Que sea una inspiración para los jóvenes de Arunachal Pradesh, que viven una situación difícil, para que se esfuercen para alcanzar las cimas más altas de su camino”.

Las autoridades de Arunachal Pradesh y la ministra federal de la Juventud, Kiren Rijiju, también felicitaron al joven católico. Por su parte, Sorang espera que esta empresa inspire al gobierno local a tomar medidas para fomentar el turismo de aventura en el Estado. “En Arunachal Pradesh -dice- hay muchos picos que aún no se han escalado, como el Pico Kangto. Con el desarrollo de este sector, muchos jóvenes sin trabajo podrían ganarse la vida como guías, porteadores o incluso organizadores de senderismo en nuestra región”.

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

 Plaza de San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la liturgia de hoy se narra el episodio de la tempestad calmada por Jesús (Mc 4,35-41). La barca en la que los discípulos atraviesan el lago es asaltada por el viento y las olas y ellos temen hundirse. Jesús está con ellos en la barca, sin embargo, se queda en la popa durmiendo sobre un cabezal. Los discípulos, llenos de miedo, le gritan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38).

Y muchas veces también nosotros, asaltados por las pruebas de la vida, hemos gritado al Señor: “¿Por qué te quedas en silencio y no haces nada por mí?”. Sobre todo cuando parece que nos hundimos, porque el amor o el proyecto en el que habíamos puesto grandes esperanzas desvanece; o cuando estamos a merced de las persistentes olas de la ansiedad; o cuando nos sentimos sumergidos por los problemas o perdidos en medio del mar de la vida, sin ruta y sin puerto. O incluso, en los momentos en los que desaparece la fuerza para ir adelante, porque falta el trabajo o un diagnóstico inesperado nos hace temer por nuestra salud o la de un ser querido. Son muchos los momentos en los que nos sentimos en tempestad, nos sentimos casi acabados.

En estas situaciones y en muchas otras, también nosotros nos sentimos ahogados por el miedo y, como los discípulos, corremos el riesgo de perder de vista lo más importante. En la barca, de hecho, incluso si duerme, Jesús está, y comparte con los suyos todo lo que está sucediendo. Su sueño, por un lado nos sorprende, y por el otro nos pone a prueba. El Señor está ahí, presente; de hecho, espera —por así decir— que seamos nosotros los que le impliquemos, le invoquemos, le pongamos en el centro de lo que vivimos. Su sueño nos provoca el despertarnos. Porque, para ser discípulos de Jesús, no basta con creer que Dios está, que existe, sino que es necesario involucrarse con Él, es necesario también alzar la voz con Él. Escuchad esto: es necesario gritarle a Él. La oración, muchas veces, es un grito: “¡Señor, sálvame!”. Hoy, Día del Refugiado, estaba viendo en el programa “A sua immagine” (A su imagen), muchos que vienen en pateras y cuando se van a ahogar gritan: “¡Sálvanos!”. También en nuestra vida sucede lo mismo: “¡Señor, sálvanos!”, y la oración se convierte en un grito.

Hoy podemos preguntarnos: ¿cuáles son los vientos que se abaten sobre mi vida, cuáles son las olas que obstaculizan mi navegación y ponen en peligro mi vida espiritual, mi vida de familia, mi vida psíquica también? Digamos todo esto a Jesús, contémosle todo. Él lo desea, quiere que nos aferremos a Él para encontrar refugio de las olas anómalas de vida. El Evangelio cuenta que los discípulos se acercan a Jesús, le despiertan y le hablan (cfr. v. 38). Este es el inicio de nuestra fe: reconocer que solos no somos capaces de mantenernos a flote, que necesitamos a Jesús como los marineros a las estrellas para encontrar la ruta. La fe comienza por el creer que no bastamos nosotros mismos, con el sentir que necesitamos a Dios. Cuando vencemos la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, cuando superamos la falsa religiosidad que no quiere incomodar a Dios, cuando le gritamos a Él, Él puede obrar maravillas en nosotros. Es la fuerza mansa y extraordinaria de la oración, que realiza milagros.

Jesús, implorado por los discípulos, calma el viento y las olas. Y les plantea una pregunta, una pregunta que nos concierne también a nosotros: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» (v. 40). Los discípulos se habían dejado llevar por el miedo, porque se habían quedado mirando las olas más que mirar a Jesús. Y el miedo nos lleva a mirar las dificultades, los problemas difíciles y no a mirar al Señor, que muchas veces duerme. También para nosotros es así: ¡cuántas veces nos quedamos mirando los problemas en vez de ir al Señor y dejarle a Él nuestras preocupaciones! ¡Cuántas veces dejamos al Señor en un rincón, en el fondo de la barca de la vida, para despertarlo solo en el momento de la necesidad! Pidamos hoy la gracia de una fe que no se canse de buscar al Señor, de llamar a la puerta de su Corazón. La Virgen María, que en su vida nunca dejó de confiar en Dios, despierte en nosotros la necesidad vital de encomendarnos a Él cada día.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Uno mi voz a la de los obispos de Myanmar, que la semana pasada lanzaron un llamamiento llamando la atención del mundo entero sobre la desgarradora experiencia de miles de personas que en ese país están desplazados y están muriendo de hambre: «Nosotros suplicamos con toda la gentileza permitir pasillos humanitarios» y que «iglesias, pagodas, monasterios, mezquitas, templos, como también escuelas y hospitales» sean respetados como lugares neutrales de refugio. ¡Que el Corazón de Cristo toque los corazones de todos llevando paz a Myanmar!

Hoy se celebra el Día Mundial del Refugiado, promovido por las Naciones Unidas, sobre el tema “Juntos podemos hacer la diferencia”. Abramos nuestro corazón a los refugiados; hagamos nuestras sus tristezas y sus alegrías; ¡aprendamos de su valiente resiliencia! Y así, todos juntos, haremos crecer una comunidad más humana, una única gran familia.

Dirijo una cordial bienvenida a todos vosotros, procedentes de Roma, de Italia y de otros países. Veo peruanos, polacos… y otros países allí… En particular, saludo a la Asociación Guías y Scout Católicos Italianos; la delegación de madres profesoras en las escuelas italianas, los jóvenes del Centro Padre Nuestro de Palermo, fundado por el beato don Puglisi; los jóvenes de Tremignon y Vaccarino, y los fieles de Niscemi, Bari, Anzio y Villa de Briano.

Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

sábado, 19 de junio de 2021

Domingo 12 (Ciclo B) del tiempo ordinario

 Evangelio (Mc 4,35-41): Un día, al atardecer, Jesús dijo a los discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!». El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

PALABRA DE DIOS

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Hoy -en estos tiempos de «fuerte borrasca»- nos vemos interpelados por el Evangelio. La humanidad ha vivido dramas que, como olas violentas, han irrumpido sobre hombres y pueblos enteros, particularmente durante el siglo XX y los albores del XXI. Y, a veces, nos sale del alma preguntarle: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38); si Tú verdaderamente existes, si Tú eres Padre, ¿por qué ocurren estos episodios?

Dios no responderá a estas preguntas: a Él le podemos pedir todo menos el porqué de las cosas; no tenemos derecho a pedirle cuentas. En realidad, Dios está y está hablando; somos nosotros quienes no estamos [en su presencia] y, por tanto, no oímos su voz. «Nosotros -dice Benedicto XVI- no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción».

En efecto, el problema no es que Dios no exista o que no esté, sino que los hombres vivamos como si Dios no existiera. He aquí la respuesta de Dios: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» (Mc 4,40). Eso dijo Jesús a los apóstoles, y lo mismo le dijo a santa Faustina Kowalska: «Hija mía, no tengas miedo de nada, Yo siempre estoy contigo, aunque te parezca que no esté».

No le preguntemos, más bien recemos y respetemos su voluntad y…, entonces habrá menos dramas… y, asombrados, exclamaremos: «¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mc 4,41). -Jesús, en ti confío!

Buenos dias nos de Dios

Evangelio de cada día

 Sábado 11 del tiempo ordinario

Evangelio (Mt 6,24-34): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal».

PALABRA DE DIOS

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Hoy, Jesús nos dice: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). Con estas palabras nos enfrenta a nuestra inseguridad, que procuramos paliar con el apoyo en la tranquilidad de tener no sólo lo necesario, sino lo que nos apetece, lo cual nos lleva a consumir y malgastar. «Que lo oiga el avaro; que lo oiga el que piensa que, llamándose cristiano, puede servir al mismo tiempo a las riquezas y a Cristo. Sin embargo, no dijo: el que tiene riquezas, sino el que sirve a las riquezas; el que es esclavo de las riquezas y las guarda como un esclavo; pero el que ha sacudido el yugo de la esclavitud, las distribuye como señor» (San Jerónimo).

Como en las bienaventuranzas —o en otro pasaje clave, como el del mandato nuevo (Jn 13,34-35)—, hoy el Señor nos invita a una decisión por la confianza ilimitada en un Padre que se nos da como providencia, por la búsqueda del Reino de justicia, paz y alegría, por una verdadera pobreza interior del alma, que se vuelve una y otra vez con “gemidos inenarrables” (cf. Rom 8,26) a Quien únicamente puede saciar nuestro anhelo de plenitud y eternidad. Desde este desasimiento, desde esta precariedad asumida conscientemente, ponemos toda nuestra esperanza en el seguimiento de Cristo. Dejando el pasado en el perdón de Dios y ahuyentando temores y preocupaciones por un futuro que todavía no ha llegado, Jesús nos invita a vivir el día de “hoy”, que es lo único que ahora tenemos. Y en este “hoy” Él se nos da como pan que acompaña el día. «Sólo el presente nos pertenece, siendo incierta la esperanza del futuro (...). Bástale a cada día su propia malicia. ¿Por qué angustiarnos por el mañana?» (San Gregorio de Nisa).

Buenos días nos de Dios

jueves, 17 de junio de 2021

Evangelio de cada dia

 Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,18.21b-30):

Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir. Pues, si otros se dan importancia, hablo disparatando, voy a dármela yo también. ¿Que son hebreos?, también yo; ¿que son linaje de Israel?, también yo; ¿que son descendientes de Abrahán?, también yo; ¿que si ven a Cristo?, voy a decir un disparate: mucho más yo. Les gano en fatigas, les gano en cárceles, no digamos en palizas y en peligros de muerte, muchísimos; los judíos me han azotado cinco veces, con los cuarenta golpes menos uno; tres veces he sido apaleado, una vez me han apedreado, he tenido tres naufragios y pasé una noche y un día en el agua. Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, con peligros de bandoleros, peligros entre mi gente, peligros entre gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros con los falsos hermanos. Muerto de cansancio, sin dormir muchas noches, con hambre y sed, a menudo en ayunas, con frío y sin ropa. Y, aparte todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿quién cae sin que a mí me dé fiebre? Si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad.

Palabra de Dios

Salmo 33, El Señor libra a los justos de sus angustias

Evangelio según san Mateo (6,19-23):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»

Palabra del Señor

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En el texto evangélico de hoy san Mateo  nos recuerda las palabras que  dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo,… porque donde está tu tesoro allí está tu corazón”.

En una conversación con amigos, alguien dijo una frase que se me quedó grabada: “El árbol no come sus frutos”. Me pareció una manera muy plástica de decir que todos los seres, incluyendo los humanos, existimos para darnos, no para encerrarnos en nosotros mismos.

San Pablo recordó estas palabras: “Hay más dicha en dar que en recibir” Este proverbio de Jesús  parece que Pablo lo aprendió de otros cristianos. Y es que los seres humanos hemos sido hechos para dar y para darnos. Nuestra vida cambiaría si pudiéramos comprender que − como el árbol – no estamos hechos para comernos nuestros propios frutos, sino para donarlos como alimento a otros. Igual que los frutos se pudren si nadie los recoge, de igual modo nuestros dones resultan infecundos si no los ponemos al servicio de los demás.

La capacidad de compartir no está ligada a la abundancia de recursos, sino a la generosidad del corazón. La persona generosa, aun cuando atraviese períodos de escasez, encuentra en su interior la fuente del gozo porque − como nos reveló Jesús – “hay más alegría en dar que en recibir”. La raíz de la tristeza y la soledad que viven muchas personas está en su incapacidad dar, de compartir.