sábado, 12 de diciembre de 2020

Domingo 3º de Adviento - Ciclo B

Lectura del libro de Isaías (61,1-2a.10-11): El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.Palabra de Dios

Salmo:Lc 1,46,Me alegro con mi Dios

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (5,16-24): Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

Evangelio según san Juan (1,6-8.19-28):Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» «¿Eres tú el Profeta?»

Respondió: «No.»Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?» Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.» Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.» Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra de Dios

Compartirmos:

    El Adviento es un tiempo que nos invita a recuperar y profundizar la alegría. La profunda, la auténtica. Pero al vernos rodeados de tanto Papá Noel con su«jojojó», al recibir tantos deseos de felicidad, al escuchar tantos villancicos enlatados, al rodearnos de tantas lucecitas de colores, al consumir tantísimo champán y vinos... uno sospecha que andamos escasos de esa sincera y profunda alegría. Y que la confundimos con otras cosas.

   No recuerdo quién escribió que «el hombre actual no parece acertar con el camino que conduzca a una vida feliz; y el cristianismo, por su parte, no acierta a presentar a Dios como amigo de la felicidad humana y fuente de vida sana e integral». Y también que: «Todos los crímenes, todos los odios, todas las guerras, pueden reducirse a la infelicidad».    Especialmente en este tiempo que vivimos parece que la tristeza y el desánimo lo envuelven todo. Pues podemos y debemos encontrar y aprovechar y provocar muchas PEQUEÑAS OCASIONES que nos alegren el corazón: - La alegría de enamorarse. Si Dios es amor... está ahí en medio, acompañando la alegría de los que se aman

viernes, 11 de diciembre de 2020

Marcos, joven diácono de Toledo de 22 años: «No acabo de comprender el inmenso don que he recibido»

Marcos Luchoro Jiménez es diácono de la Archidiócesis de Toledo, ordenación que recibió el pasado mes de julio en plena pandemia. Igualmente, la ordenación sacerdotal previsiblemente la recibirá también en esta situación extraordinaria.

Este joven talaverano de 22 años descubrió pronto su vocación y en una entrevista con la web diocesana comparte sus vivencias y su proceso vocacional:

-¿Cómo se fragua tu vocación sacerdotal y cuáles son las realidades pastorales que te han ayudado en tu proceso vocacional?

- En mí la vocación empezó en la primera comunión, en la cual tuve un encuentro muy fuerte con el Señor que cautivó mi corazón, pero con el tiempo y por diversas circunstancias me fui alejando de Él hasta que se encontró conmigo en 4° de la ESO en una peregrinación a Montserrat. Posteriormente cuando estaba cursando 1° de bachillerato, después de un tiempo de amistad profunda con el Señor, en una peregrinación al santuario de Fátima, vi que el Señor quería que fuese su sacerdote.

Lo que más me ha ayudado ha sido el amor y el cuidado de las madres agustinas, que me han transmitido el Amor del Señor y la alegría y cercanía de los sacerdotes y su vida radicalmente entregada al Señor.

-A mi familia le costó mucho, porque soy el mayor y además porque yo no se lo quería decir ya que me quedaba un año para terminar los estudios en el colegio “Sagrados Corazones” de Talavera. Quería discernir. Ellos lo supieron a través de otras personas. Fue duro para ellos y no lo entendían; pensaban que era como un amor de verano. Pero ya lo han asimilado y sólo quieren que sea feliz.

-¿Cuál fue la reacción de tus amigos al conocer tu decisión de ser sacerdote?

-La inmensa mayoría, por no decir todos, se alegraron muchísimo. Para ellos tener un amigo que va a ser sacerdote ha sido un regalo. Siempre se han preocupado por mí; por ejemplo interesándose cómo van mis cosas del Seminario. Es un regalo tener amigos tan buenos y que están cerca del Señor.

- ¿Qué significa para ti el haber recibido la ordenación del diaconado? 

-Para mí, particularmente, significa demasiado. No acabo de comprender el inmenso don que he recibido. Es, por una parte, el comienzo de la entrega; pero, por otra, es como ser expropiado de mí mismo. Consagrado sólo para el Señor. Es precioso ver qué rápido se ha pasado el tiempo y cómo el Señor ha actuado en mi vida patentemente.

- ¿Qué aspectos subrayas como los más importantes de la entrega sacerdotal a la que te dispones y que será el culmen de tu itinerario formativo en el Seminario?

- La unión profunda con el Señor a la que somos llamados y la consagración a Él; el servicio, como el Señor en el lavatorio de los pies; la entrega total a los demás, a nuestra madre la Iglesia. Y, sobre todo, el gran regalo y responsabilidad de administrar sus sacramentos.

-¿Qué te ilusiona más de tu ministerio como diácono y del futuro ministerio sacerdotal?

- A mí particularmente me ilusiona mucho administrar los sacramentos y entregarme para que otros se puedan encontrar con el Señor como me ha pasado a mí.

-¿Alguna reflexión para los jóvenes que puedan leer esta entrevista y que se planteen la vocación sacerdotal?

-Es normal tener miedo, dudas, pero si el Señor te llama, dáselo, que Él no es egoísta. Jesús te reclama para hacerte suyo y dártelo todo. Es un regalo ser elegido por el Señor y dar la vida por la salvación del mundo. No tengas miedo que Él te lo da todo y sólo Él te va a hacer feliz. Nada se compara al Amor del Señor.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

El Papa convoca el «Año de San José» y en una Carta Apostólica explica 7 aspectos de su paternidad

En el día de la Inmaculada Concepción, el Papa Francisco también ha querido recordar a San José, su esposo, a través de una Carta Apostólica en modo de Motu Proprio, Patris Corde, con motivo del 150 aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal.

Para mostrar su papel fundamental en la Iglesia, el Papa ha querido convocar un Año de San José, desde este mismo martes hasta el 8 de diciembre del 2021. Para ello, un decreto de la Penitenciaria Apostólica concederá también indulgencias plenarias durante este periodo.

El decreto asegura que con la convocatoria de este Año de San José, se pretende, continúa el Decreto, “que todos los fieles sobre su ejemplo puedan fortalecer cotidianamente su vida de fe en cumplimiento pleno de la voluntad de Dios”.

La paternidad de San José

En su carta apostólica, el Pontífice recuerda que Mateo y Lucas, los dos evangelistas que evidenciaron su figura “refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió”.

“Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró ‘Patrono de la Iglesia Católica’, el venerable Pío XII lo presentó como ‘Patrono de los trabajadores’ y san Juan Pablo II como ‘Custodio del Redentor’. El pueblo lo invoca como ‘Patrono de la buena muerte’”.

Aprovechando este aniversario, Francisco afirma querer “compartir con ustedes algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana”, un deseo que afirma que ha ido creciendo en estos meses de pandemia.

“Todos pueden encontrar en San José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en ‘segunda línea’ tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud”, agrega.

Por ello, el Papa profundiza en la paternidad de San José en siete aspectos concretos:

1. Padre amado

Francisco recuerda que “San Pablo VI observa que su paternidad se manifestó concretamente ‘al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa”.

Además, recalca que “por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano, como lo demuestra el hecho de que se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo; que muchos institutos religiosos, hermandades y grupos eclesiales se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre; y que desde hace siglos se celebran en su honor diversas representaciones sagradas. Muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor, encomendándose mucho a él y recibiendo todas las gracias que le pedía. Alentada por su experiencia, la santa persuadía a otros para que le fueran devotos”.

2. Padre en la ternura

En este aspecto, el Santo Padre explica que “Jesús vio la ternura de Dios en José: 'Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen'". (Sal 103,13).

De este modo, añade que “también a través de la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto. Así, José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia”.

3. Padre en la obediencia

“Así como Dios hizo con María cuando le manifestó su plan de salvación, también a José le reveló sus designios y lo hizo a través de sueños”, resalta el Papa. El primero, ante la angustia del embarazo incomprensible de María; el segundo, cuando obedeció y llevó a María y Jesús a Egipto.

Francisco recalca en este punto que “en cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní” y que “José, en su papel de cabeza de familia, enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres, según el mandamiento de Dios”.

“En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario. Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia y se hizo ‘obediente hasta la muerte […] de cruz’. Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús ‘aprendió sufriendo a obedecer’”, añade el Pontífice.

4. Padre en la acogida

“José acogió a María sin poner condiciones previas. Confió en las palabras del ángel. La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda de cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio”, afirma el Papa sobre este aspecto de su paternidad.

Francisco afirma que “la vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. Parecen hacerse eco las ardientes palabras de Job que, ante la invitación de su esposa a rebelarse contra todo el mal que le sucedía, respondió: ‘Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?’”.

Por ello, ante todo esto considera que “José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”.

5. Padre de la valentía creativa

Esta “valentía creativa” de la que habla el Papa surge “especialmente cuando encontramos dificultades”. En este punto, explica que “José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero ‘milagro’ con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre, que cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el Hijo de Dios que venía al mundo. Ante el peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño, José fue alertado una vez más en un sueño para protegerlo, y en medio de la noche organizó la huida a Egipto”.

Igualmente, el Santo Padre afirma en esta carta que “el Evangelio no da ninguna información sobre el tiempo en que María, José y el Niño permanecieron en Egipto. Sin embargo, lo que es cierto es que habrán tenido necesidad de comer, de encontrar una casa, un trabajo. No hace falta mucha imaginación para llenar el silencio del Evangelio a este respecto. La Sagrada Familia tuvo que afrontar problemas concretos como todas las demás familias, como muchos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que incluso hoy arriesgan sus vidas forzados por las adversidades y el hambre. A este respecto, creo que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria”.

6. Padre trabajador

Un aspecto que caracteriza a san José y que se ha destacado desde la época de la primera Encíclica social, la Rerum novarum de León XIII, es su relación con el trabajo. “San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”, afirma Francisco.

Por ello, recalca que “el trabajo se convierte en participación en la obra misma de la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no sólo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia. Una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución. ¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?”.

7. Padre en la sombra

Francisco cita en este punto al escritor polaco Jan Dobraczyński y su libro La sombra del Padre, donde noveló la vida de san José. “Con la imagen evocadora de la sombra define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos. Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él”, indica el Pontífice.

En este sentido, Francisco recalca que “ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de ‘castísimo’. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz”.

Por ello, cree que “la felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El mundo necesita padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza a los que quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción”.

martes, 8 de diciembre de 2020

«Viene a verme más gente con sufrimientos inimaginables»: un exorcista, ante el avance del satanismo

El dominico François-Marie Dermine es un exorcista veterano con más de 25 años de servicio en este ministerio, especialmente en la diócesis italiana de Ancona. Profesor también en la Facultad Teológica de Emilia Romana es igualmente presidente de la asociación católica italiana GRIS (Grupo de Investigación de Información Social-Religiosa).

En estos años ha publicado varios libros sobre el ministerio del exorcismo y los peligros que rodean las creencias y prácticas oscuras del ocultismo. Y ante la gravedad de la situación ha querido publicar un nuevo texto Ragioniamo sul demonio. Tra superstizioni, mito e realtà (Razonemos sobre el diablo: entre supersticiones, mitos y realidad).

En una entrevista con el National Catholic Register, el padre Dermine afirma con rotundidad: “Soy exorcista y me duele mucho escuchar a la gente en general y a los sacerdotes en particular negar la acción concreta del diablo en nuestras vidas. No pude soportar más esta situación. Es la razón fundamental por la que escribí este libro. La fe privada de la creencia en la existencia del diablo no es genuina porque la existencia de los ángeles es una verdad de fe, y el diablo es un ángel caído. Lo tengo muy claro desde este punto de vista. Quien niega la existencia del diablo es un hereje. Evidentemente, el diablo no está en el centro de la fe, pero su figura es indispensable para comprender el misterio de la fe".

“A veces me pregunto cómo puede un sacerdote permanecer fiel a su vocación sin creer en el diablo. Lo convierte en una especie de trabajador social, pero nada más”, agrega.

De este modo, este dominico afirma que tanto fuera de la Iglesia pero también en su interior se vive un periodo de “gran racionalismo”. En su opinión, “tratamos de encontrar una explicación, una demostración de todo, pero como recuerdo en mi libro, la existencia del diablo no se puede demostrar, se debe creer. Incluso si hay buenas razones para creerlo en un nivel racional, no es suficiente. Después del Vaticano II, el deseo de racionalizar la fe, especialmente en regiones donde el catolicismo era muy tradicional, fue a veces demasiado radical. Muchos miembros del clero parecen querer emanciparse de conceptos que les parecen demasiado medievales, atrasados ​​o incluso supersticiosos, mientras que la creencia en el diablo todavía está bastante extendida en el resto de la sociedad, especialmente entre los jóvenes”.

Por otro lado, el padre Dermine alerta de un resurgimiento de un “satanismo agresivo”. Explica que esto lo ha visto por su propia experiencia, pero también con sólo echar un vistazo en internet. “El satanismo es ahora una realidad para muchos jóvenes, que ya saben mucho al respecto gracias a los recursos que encuentran online. En estos sitios web, la figura del diablo es alabada abiertamente y atrae a mucha gente, esta figura del diablo que se emancipa de Dios para llevar su vida como le plazca. También hay un crecimiento de grupos satánicos reales, cuando en el pasado eran una realidad muy excepcional. Se están multiplicando de una forma muy preocupante”, asegura.

Pero además, este exorcista añade que también lo ve “a través de las víctimas del satanismo, de ritos peligrosos, que vienen a verme y que han vivido en su propia piel sufrimientos inimaginables y sin precedentes. Personalmente, puedo decir que viene a verme más gente que antes y, lamentablemente, no puedo seguirlos a todos. El satanismo ha salido a la luz y debemos tener mucho cuidado al respecto”.

Uno de los riesgos que se puede correr es que si se habla demasiado del diablo, se vea su firma en todas partes y se le atribuyan todos los males. Ante esta posibilidad, el padre Dermine señala que “cuando la gente viene a verme para un exorcismo, paso mucho tiempo hablando con ellos, porque a menudo olvidan que la mayoría de nuestros males no son causados ​​por manifestaciones del diablo sino por nosotros mismos, ya que somos la causa del 90% de nuestros males. Que el diablo luego venga a exasperarlos es un hecho”.

Para ello, pone el ejemplo de Adán y Eva, porque “fueron ellos quienes cometieron el pecado original, no la serpiente. Obviamente, fueron inducidos por el diablo, pero seguramente el pecado es causado por nuestras elecciones. Sería demasiado fácil arrojar nuestros pecados sobre el diablo. No es fácil llegar a un equilibrio, en este sentido. Las personas que se apresuran hacia el exorcista en cualquier ocasión también corren el riesgo de no ver las causas naturales de sus problemas”.

El exorcista también habla del poder de prácticas ocultas como el mal de ojo, incluso en personas de fe que sean víctimas de terceras personas. En este sentido, afirma que “este hecho ha sido confirmado por mi propia experiencia. Todos pueden ser víctimas del mal. Pero es obvio que es más difícil que una persona que trata de vivir una vida honesta en la gracia de Dios se convierta en presa del diablo. Sin embargo, he seguido a cristianos devotos que estaban bajo su control. Pero si esto sucede, si Dios lo permite, es para permitir que estas personas obtengan un bien mayor. Personalmente fui testigo de que estas personas pueden dar un salto cualitativo importante en su vida humana y en su vida de fe. También tenemos varios ejemplos de santos poseídos en la historia, y esto significa mucho. Sin embargo, estas personas han podido ganar la batalla con la ayuda de Dios, y esto también fortaleció su santidad y humanidad”.

Por ello, también recuerda que “cuando hablo con la gente, siempre les digo que no hay antídotos absolutos para la acción del diablo. Estamos llamados a estar alerta mientras nuestro enemigo anda como un león rugiente tratando de hacernos caer. Tenemos que estar atentos, sin poner nunca al diablo, o el miedo a él, en el centro de nuestra atención. Jesucristo está siempre en el centro, así como el amor infinito de Dios hacia nosotros”.

También se habla mucho de la relación de personas muy poderosas con el satanismo. “Aquellos que buscan el poder a veces se ven tentados a confiar en el diablo. Este peligro es real. No se excluye en absoluto que personas de alto rango adoren explícitamente al diablo, por no mencionar la masonería, algunos de cuyos miembros pueden llevarse muy bien con el satanismo”, señala a este respecto.

¿Qué pueden hacer los católicos ante este resurgimiento del satanismo? Este exorcista afirma que “la oración es la primera arma, para ellos mismos, pero también para los ministros de la Iglesia, todos aquellos que tienen cargos de responsabilidad”.

“En estos tiempos de confusión, donde el diablo tiene ante sí una autopista, los fieles tienen el deber de profundizar su fe, de formarse. Necesitamos pensar mucho en asuntos de fe y el mundo que nos rodea. Es exactamente por eso que llamé a mi libro Vamos a razonar sobre el diablo”, concluye.

lunes, 7 de diciembre de 2020

8 de Diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María

Evangelio (Lc 1,26-38): En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

PALABRA DE DIOS

REFLEXIÓN:

Hoy, el Evangelio toca un acorde compuesto por tres notas. Tres notas no siempre bien afinadas en nuestra sociedad: la del hacer, la de la amistad y la de la coherencia de vida. Hoy día hacemos muchas cosas, pero, ¿tenemos un proyecto? Hoy, que navegamos en la sociedad de la comunicación, ¿tiene cabida en nuestros corazones la soledad? Hoy, en la era de la información, ¿nos permite ésta dar forma a nuestra personalidad?

Un proyecto. María, una mujer «desposada con un hombre llamado José, de la casa de David» (Lc 1,28). María tiene un proyecto. Evidentemente, de proporciones humanas. Sin embargo, Dios irrumpe en su vida para presentarle otro proyecto... de proporciones divinas. También hoy, quiere entrar en nuestra vida y dar proporciones divinas a nuestro quehacer humano.

Una presencia. «No temas, María» (Lc 1,30). ¡No construyamos de cualquier manera! No fuera caso que la adicción al “hacer” escondiera un vacío. El matrimonio, la vida de servicio, la profesión no han de ser una huida hacia adelante. «Llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28). Presencia que acompaña y da sentido. Confianza en Dios, que —de rebote— nos lleva a la confianza con los otros. Amistad con Dios que renueva la amistad con los otros.

Formarnos. Hoy día, que recibimos tantos estímulos con frecuencia contrapuestos, es necesario dar forma y unidad a nuestra vida. María, dice san Luis María Grignion, «es el molde vivo de Dios». Hay dos maneras de hacer una escultura, expone Grignion: una, más ardua, a base de golpes de cincel. La otra, sirviéndose de un molde. Ésta segunda es más sencilla. Pero el éxito está en que la materia sea maleable y que el molde dibuje con perfección la imagen. María es el molde perfecto. ¿Acudimos a Ella siendo nosotros materia maleable?

domingo, 6 de diciembre de 2020

Preparar caminos

Las lecturas del segundo domingo de adviento recalcan el sentido que tienen esos primeros días de adviento: no se trata de mirar al pasado, a algo que aconteció, a alguien que vino, sino de mirar al futuro, a lo que todavía no ha sucedido, al que vendrá. El que vendrá es el Señor glorioso, revestido de poder, para juzgar a los vivos y a los muertos, o sea, para poner a cada uno en su sitio, aunque, sin duda, lo hará con mucho amor, mucha misericordia y muy consciente de nuestra fragilidad. A lo mejor el sitio de cada uno, aunque no lo sepa, es un espacio lleno de amor.

La segunda lectura de este domingo está tomada de la segunda carta del apóstol Pedro. En ella escucharemos algo muy importante: si todo este mundo se va a desintegrar, si este mundo tiene un final, porque es pasajero, ¡qué santa y piadosa ha de ser nuestra conducta! Ese no es el discurso que se escucha en el mundo. Lo que se oye por ahí es que, puesto que este mundo se acaba, ¡comamos y bebamos que mañana moriremos! O sea, ¡a vivir que son dos días! Y vivir en este caso significa pasarlo en grande sin pensar en las malas consecuencias que, para uno mismo o para los demás, puede acarrear este “pasarlo en grande”. Vamos, lo que está ocurriendo con la epidemia del covid-19: algunos se dedican a la juerga sin importarles si contagian o no contagian a los demás.

La carta de Pedro dice todo lo contrario: puesto que somos peregrinos en este mundo, puesto que este mundo es provisional, no perdamos el tiempo con juergas y borracheras, sino dediquémonos a preparar caminos al Señor que viene a nuestro encuentro. Viene si nosotros vamos hacia él. Porque si el Señor viene, pero nosotros no vamos, no hay encuentro. ¿Y cómo se preparan caminos? La primera lectura del profeta Isaías lo dice por medio de estas imágenes: “que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. O sea: no aprovecharse del otro, no pisotear ni oprimir al hermano. Y si alguien está arriba o tiene mucho, que se abaje para compartir. Y quién vive desordenada o torcidamente, que ponga orden en su vida.

Esos caminos que preparan la venida del Señor, son también, dice el profeta, consuelo para el pueblo. Porque el consuelo no viene ni de los políticos, ni de los superiores, ni de las estructuras, ni de las leyes. El consuelo viene de Dios. Y Dios viene donde abrimos resquicios a la verdad, la justicia, la paz, el bien, el perdón, la misericordia. Por ahí entra Dios en nuestras vidas, aunque no lo sepamos.

                                                                            Martín Gelabert Ballester, OP

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

 Plaza de San Pedro

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (Mc 1,1-8) presenta la figura y la obra de Juan el Bautista, que señaló a sus contemporáneos un itinerario de fe similar al que el Adviento nos propone a nosotros, que nos preparamos para recibir al Señor en Navidad. Este itinerario de fe es un itinerario de conversión. ¿Qué significa la palabra “conversión”? En la Biblia quiere decir, ante todo, cambiar de dirección y orientación; y, por tanto, cambiar nuestra manera de pensar. En la vida moral y espiritual, convertirse significa pasar del mal al bien, del pecado al amor de Dios. Esto es lo que enseñaba el Bautista, que en el desierto de Judea proclamaba «un bautismo de conversión para perdón de los pecados» (v. 4). Recibir el bautismo era un signo externo y visible de la conversión de quienes escuchaban su predicación y decidían hacer penitencia. Ese bautismo tenía lugar con la inmersión en el Jordán, en el agua, pero resultaba inútil, era solamente un signo y resultaba inútil sin la voluntad de arrepentirse y cambiar de vida.

La conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida. Para excluir el pecado, hay que rechazar también todo lo que está relacionado con él, las cosas que están ligadas al pecado y, esto es, hay que rechazar la mentalidad mundana, el apego excesivo a las comodidades, el apego excesivo al placer, al bienestar, a las riquezas. El ejemplo de este desapego nos lo ofrece una vez más el Evangelio de hoy en la figura de Juan el Bautista: un hombre austero, que renuncia a lo superfluo y busca lo esencial. Este es el primer aspecto de la conversión: desapego del pecado y de la mundanidad. Comenzar un camino de desapego hacia estas cosas.

El otro aspecto de la conversión es el fin del camino, es decir,  la búsqueda de Dios y de su reino. Desapego de las cosas mundanas y búsqueda de Dios y de su reino. El abandono de las comodidades y la mentalidad mundana no es un fin en sí mismo, no es una ascesis solo para hacer penitencia; el cristiano no hace “el faquir”. Es otra cosa. El desapego no es un fin en sí mismo, sino que tiene como objetivo lograr algo más grande, es decir, el reino de Dios, la comunión con Dios, la amistad con Dios. Pero esto no es fácil, porque son muchas las ataduras que nos mantienen cerca del pecado, y no es fácil… La tentación siempre te tira hacia abajo, te abate, y así las ataduras que nos mantienen cercanos al pecado: inconstancia, desánimo, malicia, mal ambiente y malos ejemplos. A veces el impulso que sentimos hacia el Señor es demasiado débil y parece casi como si Dios callara; nos parecen lejanas e irreales sus promesas de consolación, como la imagen del pastor diligente y solícito, que resuena hoy en la lectura de Isaías (cf. Is 40,1.11). Y entonces sentimos la tentación de decir que es imposible convertirse de verdad.¿Cuántas veces hemos sentido este desánimo? “¡No, no puedo hacerlo! Lo empiezo un poco y luego vuelvo atrás”. Y esto es malo. Pero es posible, es posible. Cuando tengas esa idea de desanimarte, no te quedes ahí, porque son arenas movedizas: son arenas movedizas: las arenas movedizas de una existencia mediocre. La mediocridad es esto. ¿Qué se puede hacer en estos casos, cuando quisieras seguir pero sientes que no puedes? En primer lugar, recordar que la conversión es una gracia: nadie puede convertirse con sus propias fuerzas. Es una gracia que te da el Señor, y que, por tanto, hay que pedir a Dios con fuerza, pedirle a Dios que nos convierta Él, que verdaderamente podamos convertirnos, en la medida en que nos abrimos a la belleza, la bondad, la ternura de Dios. Pensad en la ternura de Dios. Dios no es un padre terrible, un padre malo, no. Es tierno, nos ama tanto, como el Buen Pastor, que busca la última de su rebaño. Es amor, y la conversión es esto: una gracia de Dios. Tú empieza a caminar, porque es Él quien te mueve a caminar, y verás cómo llega. Reza, camina y siempre darás un paso adelante.

Que María Santísima, a quien pasado mañana celebraremos como la Inmaculada Concepción, nos ayude a desprendernos cada vez más del pecado y de la mundanidad, para abrirnos a Dios, a su palabra, a su amor que regenera y salva.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo cordialmente a todos los presentes —con este mal tiempo, ¡que valientes!—, romanos y peregrinos, y todos los que están conectados a través de los medios de comunicación.

Como se puede ver, el árbol de Navidad se ha colocado en la plaza y el belén está en construcción. En estos días, estos dos signos navideños también se están preparando en muchos hogares, para el deleite de los niños... ¡y también de los adultos! Son signos de esperanza, especialmente en este momento difícil. Tratemos de no quedarnos en el signo, sino que vayamos al significado, es decir, a Jesús, al amor de Dios que Él nos ha revelado, vayamos a la bondad infinita que hizo brillar sobre el mundo. No hay pandemia, no hay crisis que pueda apagar esta luz. Dejemos que entre en nuestros corazones y tendamos la mano a los más necesitados. Así Dios nacerá de nuevo en nosotros y entre nosotros.

Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

[Respondiendo a las aclamaciones de la Plaza] ¡Son muy buenos los de la Inmaculada