viernes, 6 de septiembre de 2019

Domingo XXIII (Ciclo C) del tiempo ordinario

Evangelio (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

»Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
PALABRA DE DIOS

COMPARTIRMOS:
Hoy, Jesús nos indica el lugar que debe ocupar el prójimo en nuestra jerarquía del amor y nos habla del seguimiento a su persona que debe caracterizar la vida cristiana, un itinerario que pasa por diversas etapas en el que acompañamos a Jesucristo con nuestra cruz: «Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío» (Lc 14,27).

¿Entra Jesús en conflicto con la Ley de Dios, que nos ordena honrar a nuestros padres y amar al prójimo, cuando dice: «Si alguno viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,26)? Naturalmente que no. Jesucristo dijo que Él no vino a derogar la Ley sino a llevarla a su plenitud; por eso Él da la interpretación justa. Al exigir un amor incondicional, propio de Dios, declara que Él es Dios, que debemos amarle sobre todas las cosas y que todo debemos ordenarlo en su amor. En el amor a Dios, que nos lleva a entregarnos confiadamente a Jesucristo, amaremos al prójimo con un amor sincero y justo. Dice san Agustín: «He aquí que te arrastra el afán por la verdad de Dios y de percibir su voluntad en las santas Escrituras».

La vida cristiana es un viaje continuo con Jesús. Hoy día, muchos se apuntan, teóricamente, a ser cristianos, pero de hecho no viajan con Jesús: se quedan en el punto de partida y no empiezan el camino, o abandonan pronto, o hacen otro viaje con otros compañeros. El equipaje para andar en esta vida con Jesús es la cruz, cada cual con la suya; pero, junto con la cuota de dolor que nos toca a los seguidores de Cristo, se incluye también el consuelo con el que Dios conforta a sus testigos en cualquier clase de prueba. Dios es nuestra esperanza y en Él está la fuente de vida.

VISITA AL HOSPITAL DE ZIMPETO

SALUDO DEL SANTO PADRE, MAPUTO

Queridos hermanos y hermanas:

Muchas gracias por la calurosa y fraterna acogida; también por las palabras de Cacilda. Gracias por tu vida y testimonio, expresión de que este Centro de salud polivalente “San Egidio” de Zimpeto es la manifestación del amor de Dios, siempre dispuesto a soplar vida y esperanza donde abunda la muerte y el dolor.

Saludo cordialmente a los responsables, a los operadores sanitarios, a los enfermos y a sus familiares, y a todos los presentes. Al ver cómo curan y acogen con competencia, profesionalismo y amor a tantas personas enfermas, en particular a enfermos de SIDA/HIV, especialmente mujeres y niños, recuerdo la parábola del Buen Samaritano.

Todos los que han pasado por aquí, todos los que vienen con desesperación y angustia, son como ese hombre tirado al borde del camino. Y, aquí, vosotros no habéis pasado de largo, no habéis seguido vuestro camino como lo hicieron otros —el levita y el sacerdote—. Este centro nos muestra que hubo quienes se detuvieron y sintieron compasión, que no cedieron a la tentación de decir “no hay nada por hacer”, “es imposible combatir esta plaga”, y se animaron a buscar soluciones. Vosotros, como lo ha expresado Cacilda, habéis escuchado ese grito silencioso, apenas audible, de infinidad de mujeres, de tantos que vivían con vergüenza, marginados, juzgados por todos. Por eso habéis sumado a esta casa, donde el Señor vive con los que están al costado del camino, a los que padecen cáncer, tuberculosis, y a centenares de desnutridos, especialmente niños y jóvenes.

Así todas las personas que de diversas maneras participan de esta comunidad sanitaria se vuelven expresión del Corazón de Jesús para que nadie piense «que su grito se ha perdido en el vacío [...], son un signo de cercanía para cuantos pasan necesidad, para que sientan la presencia activa de un hermano o una hermana. Lo que no necesitan los pobres es un acto de delegación, sino el compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia —que es necesaria y providencial en un primer momento—, sino que exige esa “atención amante”, que honra al otro como persona y busca su bien» (Mensaje en la II Jornada Mundial de los pobres, 18 noviembre 2018, n. 3). Escuchar este grito os ha hecho entender que no bastaba con un tratamiento médico, ciertamente necesario; por eso habéis mirado la integralidad de la problemática, para restituir la dignidad de mujeres y niños, ayudándolos a proyectar un futuro mejor.

En este amplio campo que se os ha ido abriendo por escuchar de manera constante, también habéis experimentado vuestra limitación, la carencia de medios de toda índole. El programa, que habéis desarrollado y que os ha conectado con otros lugares del mundo, es un ejemplo de humildad por haber reconocido los propios límites, y de creatividad para trabajar en redes. El empeño gratuito y voluntario de tantas personas de diversas profesiones que, durante años, han prestado su valiosa tarea para formar operadores locales, tiene en sí mismo un enorme valor humano y evangélico.

Al mismo tiempo, es asombroso constatar cómo esta escucha de los más frágiles, de los pobres, los enfermos, nos pone en contacto con otra parte del mundo frágil: pienso en «los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22)» (Carta enc. Laudato si’, 2). Como en esas esculturas del arte makonde —las llamadas ujamaa con varias figuras enlazadas entre sí donde prevalece la unión y la solidaridad sobre el individuo—, tenemos que darnos cuenta que somos todos parte de un mismo tronco. Vosotros habéis sabido percibirlo, y esa escucha os ha llevado a buscar modos sustentables en la procura de energía, también de acopio y reserva de agua; sus opciones de bajo impacto ambiental son un modelo virtuoso, un ejemplo a seguir ante la urgencia del deterioro del planeta.

El texto del Buen Samaritano concluye dejando al sufriente en la “posada”, entregándole algo de la paga y prometiéndole el resto a su vuelta. Mujeres como Cacilda, y como esos aproximadamente 100.000 niños que pueden escribir una nueva página de la historia libres de HIV/SIDA, así como de tantos otros anónimos que hoy sonríen porque fueron curados con dignidad en su dignidad, son parte de la paga que el Señor os ha dejado: regalos de presencias que, saliendo de la pesadilla de la enfermedad, sin ocultar su condición, transmiten la esperanza a muchas personas, contagian ese “yo sueño” a tantos que necesitan que los recojan del borde camino. La otra parte la retribuirá el Señor “cuando Él vuelva”, y eso os tiene que llenar de alegría: cuando nosotros nos vayamos, cuando volváis a la tarea cotidiana, cuando nadie os aplauda ni os considere, seguid recibiendo a los que llegan, salid a buscarlos heridos y derrotados en las periferias. No olvidemos que sus nombres, escritos en el cielo, tienen al lado una inscripción: estos son los benditos de mi Padre. Renovad los esfuerzos y permitid que aquí se siga “pariendo” la esperanza. Aquí se pare la esperanza.

Dios os bendiga, queridos enfermos y familiares, y a cuantos os asisten con mucho cariño y os animan a continuar. Que Dios os bendiga.

El Centro de Teología Santo Domingo de Guzmán de República Dominicana inaugura el curso 2019-2020

El pasado día 29 de agosto tuvo lugar la inauguración del nuevo año lectivo del Centro de Teología Santo Domingo de Guzmán, casa de estudios teológicos del Vicariato Pedro de Córdoba en República Dominicana.

  La eucaristía que celebraba la memoria del martirio de San Juan Bautista, estuvo presidida por fray Alexis Coffi quien con mucho tino y claridad recordó dos actitudes del Bautista que han de ser asumidas en nuestra vida cristiana y el proyecto académico: La claridad de la misión y el vivir en libertad. Sobre la primera señaló que “clarificar nuestra misión es hacer del estudio de la Teología un ámbito de acompañamiento y respuestas para nuestra sociedad, donde podamos colaborar en la construcción de una sociedad mejor, aportando los valores de fraternidad, justicia y paz del Evangelio”.Acerca de la segunda, invitó a los estudiantes a que “sientan el Centro de Teología como su casa, donde pueden ser ustedes mismos en libertad y sean creativos sin miedo”.

  Terminada la eucaristía, que contó con la asistencia de un buen número de maestros,  estudiantes, formadores y laicos dominicos, tuvo lugar la lectio prima en el aula magna del centro, a cargo de Fr. Miguel Angel Gullón O.P., con el título La dignidad de la persona vista por Gustavo Gutiérrez. Una interesantísima disertación sobre el tratamiento que le da al tema de la dignidad humana el reconocido dominico, uno de los padres de la Teología de la Liberación. La conferencia se articuló con una exposición del trabajo reciente que se lleva a cabo en la provincia del Seibo en favor de los derechos y dignidad de campesinos vulnerados por los grandes intereses económicos y políticos. Como testimonio vivo de los hechos, estuvo también en la mesa de exponentes el Sr. Domingo García, dirigente campesino, quien habló desde su experiencia en la lucha. Al final de la charla se repartió entre los asistentes LaCarta Pastoral sobre el problema agrario y sus posibles soluciones de Mosn. Juan F. Pepén, fechada en 1969 donde, ya hace 50 años, se denunciaba la injusticia y atropellos que aún siguen ocurriendo en esa zona.   

jueves, 5 de septiembre de 2019

ENCUENTRO CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, RELIGIOSOS/AS, CONSAGRADOS Y SEMINARISTAS, CATEQUISTAS Y ANIMADORES

DISCURSO DEL SANTO PADRE
Catedral de la Inmaculada Concepción de Maputo

Queridos hermanos Cardenales,
hermanos obispos,
Queridos sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas,
Queridos catequistas y animadores de comunidades cristianas,
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenas tardes!

Agradezco el saludo de bienvenida de Mons. Hilário en nombre de todos vosotros. Con afecto y gran reconocimiento, os saludo a todos. Sé que habéis hecho un gran esfuerzo para estar aquí. Juntos, queremos renovar la respuesta al llamado que una vez hizo arder nuestros corazones y que la Santa Madre Iglesia nos ayudó a discernir y confirmar con la misión. Gracias por vuestros testimonios, que hablan de las horas difíciles y los desafíos serios que vivís, reconociendo límites y debilidades; pero también admirándoos de la misericordia de Dios. Me alegró escuchar de la boca de una catequista decir: “Somos una Iglesia insertada en un pueblo heroico”. ¡Gracias! Un pueblo que sabe de sufrimientos pero mantiene viva la esperanza. Con ese sano orgullo por vuestro pueblo, que invita a renovar la fe y la esperanza, queremos renovar nuestro “sí” hoy. ¡Qué feliz es la Santa Madre Iglesia al escucharos manifestar el amor del Señor y la misión que os ha dado! ¡Qué contenta está de ver vuestro deseo de volver siempre al «amor primero» (Ap 2,4)! Pido al Espíritu Santo que os dé siempre la lucidez de llamar a la realidad con su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él quiere decirnos.

Queridos hermanos y hermanas, nos guste o no, estamos llamados a enfrentar la realidad tal como es. Los tiempos cambian y debemos reconocer que a menudo no sabemos cómo insertarnos en los nuevos tiempos, en los nuevos escenarios; podemos soñar con las “cebollas de Egipto” (cf. Nm 11,5), olvidando que la Tierra Prometida está adelante y no atrás, y en ese lamento por los tiempos pasados, nos vamos petrificando, nos vamos “momificando”. No es algo bueno. Un obispo, un sacerdote, una religiosa, un catequista momificado. No, no está bien. En lugar de profesar una Buena Nueva, lo que anunciamos es algo gris que no atrae ni enciende el corazón de nadie. Esta es la tentación.

Nos encontramos en esta catedral, dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen María, para compartir como familia lo que nos pasa. Como familia que nació en ese “sí” que María le dijo al ángel. Ella, ni por un momento miró hacia atrás. Es el evangelista Lucas quien nos narra estos acontecimientos del inicio del misterio de la Encarnación. Quizás en su modo de hacerlo encontremos respuestas a las preguntas que hoy habéis hecho hoy —obispos, sacerdotes, religiosas, catequistas… ¡Los seminaristas no han hecho! [ríen]— y descubramos también el estímulo necesario para responder con la misma generosidad y premura de María.

San Lucas va presentando en paralelo los acontecimientos vinculados a san Juan Bautista y a Jesucristo; quiere que en el contraste descubramos aquello que se va apagando del modo de ser de Dios y de nuestro relacionarnos con Él en el Antiguo Testamento, y el nuevo modo que nos trae el Hijo de Dios hecho hombre. Un modo, en el Antiguo Testamento, que se extingue, y otro nuevo que Jesús trae.

Es evidente que en ambas anunciaciones —la de Juan Bautista y la de Jesús— hay un ángel. Pero, en una, la aparición se da en Judea, en la ciudad más importante: Jerusalén; y no en cualquier lugar, sino en el templo y, dentro de él, en el Santo de los Santos; el ángel se dirige a un varón, y sacerdote. Por el contrario, el anuncio de la Encarnación es en Galilea, la más alejada y conflictiva de las regiones, en una pequeña aldea, Nazaret, en una casa y no en una sinagoga o lugar religioso, y se hace a una laica, una mujer —no a un sacerdote, no a un hombre—. El contraste es grande. ¿Qué ha cambiado? Todo. Todo ha cambiado. Y, en ese cambio, está nuestra identidad más profunda.

Vosotros preguntabais qué hacer con la crisis de identidad sacerdotal, cómo luchar contra ella. A propósito, lo que voy a decir relativo a los sacerdotes es algo que todos —obispos, catequistas, consagrados, seminaristas— estamos llamados a cultivar y desarrollar. Hablaré para todos.

Frente a la crisis de identidad sacerdotal, quizás tenemos que salir de los lugares importantes, solemnes; tenemos que volver a los lugares donde fuimos llamados, donde era evidente que la iniciativa y el poder eran de Dios. Ninguno de nosotros ha sido llamado para un puesto importante, ninguno. A veces sin querer, sin culpa moral, nos habituamos a identificar nuestro quehacer cotidiano como sacerdotes, religiosos, consagrados, laicos, catequistas, con ciertos ritos, con reuniones y coloquios donde el lugar que ocupamos en la reunión, en la mesa o en el aula es de jerarquía; nos parecemos más a Zacarías que a María. «Creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres —sí, el sacerdote es el más pobre de los hombres— si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. La debilidad del sacerdote, del consagrado, del catequista. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. Lc 1,48)» (Homilía en la Misa Crismal, 17 de abril de 2014). Hermanos y hermanas: Volver a Nazaret, volver a Galilea puede ser el camino para afrontar la crisis de identidad. Jesús nos llama, después de su resurrección a volver a Galilea para encontrarlo. Volver a Nazaret, a la primera llamada, volver a Galilea, para resolver la crisis de identidad, para renovarnos como pastores-discípulos-misioneros. Vosotros mismos expresabais cierta exageración en la preocupación por generar recursos para el bienestar personal, por “caminos tortuosos” que muchas veces terminan privilegiando actividades con una retribución garantizada y generan resistencias a entregar la vida en el pastoreo cotidiano. La imagen de esta sencilla doncella en su casa, en contraste con toda la estructura del templo y de Jerusalén, puede ser el espejo donde miremos nuestras complicaciones, nuestros afanes, que oscurecen y dilatan la generosidad de nuestro “sí”.

Las dudas y la necesidad de explicaciones de Zacarías desentonan con el “sí” de María que sólo requiere saber cómo se va a dar todo lo que le suceda. Zacarías no puede superar el afán de controlarlo todo, no puede salir de la lógica de ser y sentirse el responsable y autor de lo que suceda. María no duda, no se mira a sí misma: se entrega, confía. Es agotador vivir el vínculo con Dios como Zacarías, como un doctor de la ley: siempre cumpliendo, siempre creyendo que la paga es proporcional al esfuerzo que haga, que es mérito mío si Dios me bendice, que la Iglesia tiene el deber de reconocer mis virtudes y esfuerzos. Es extenuante. Es extenuante vivir la relación con Dios como lo hace Zacarías. No podemos correr tras aquello que redunde en beneficios personales; nuestros cansancios deben estar más vinculados a nuestra capacidad de compasión. ¿Tengo capacidad de compasión? Son tareas en las que nuestro corazón es “movido” y conmovido. Hermanos y hermanas: La Iglesia pide capacidad de compasión. Capacidad de compasión. «Nos alegramos con los novios que se casan —la vida pastoral—, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido» (Homilía Misa en la Misa Crismal, 2 abril 2015). Entregamos minutos y días en pos de esa madre con SIDA, ese pequeño que quedó huérfano, esa abuela a cargo de tantos nietos o ese joven que ha venido a la ciudad y está desesperado porque no encuentra trabajo. «Tantas emociones... Si tenemos el corazón abierto, esta emoción y tanto afecto fatigan el corazón del Pastor. Para nosotros, sacerdotes, las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos, se conmueve y hasta parece comido por la gente: “Tomad, comed”. Esa es la palabra que musita constantemente el sacerdote de Jesús cuando va atendiendo a su pueblo fiel: “Tomad y comed, tomad y bebed...”. Y así nuestra vida sacerdotal se va entregando en el servicio, en la cercanía al pueblo fiel de Dios... que siempre, siempre cansa» (ibíd.). Hermanos y hermanas: La cercanía cansa, cansa siempre. La cercanía al Santo Pueblo de Dios. La cercanía cansa. Es hermoso encontrar un sacerdote, una hermana, un catequista…, agotados por la cercanía. Renovar el llamado muchas veces pasa por revisar si nuestros cansancios y afanes tienen que ver con cierta “mundanidad espiritual”, «por la fascinación de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los rebaños del Señor, a las ovejitas que esperan la voz de sus pastores» (Homilía en la Misa Crismal, 24 marzo 2016). Renovar la llamada, nuestra llamada, pasa por elegir, decir sí y cansarnos por aquello que es fecundo a los ojos de Dios, que hace presente, encarna, a su Hijo Jesús. Quiera Dios que en este sano cansancio encontremos la fuente de nuestra identidad y felicidad. La cercanía cansa, y este cansancio es santidad.

Que nuestros jóvenes descubran eso en nosotros, que nos dejamos “tomar y comer”, y que sea eso lo que los lleva a preguntarse por el seguimiento de Jesús, que deslumbrados por la alegría de una entrega cotidiana no impuesta sino madurada y elegida en el silencio y la oración, ellos quieran dar su “sí”. Tú, que te lo preguntas o ya estás en camino de una consagración definitiva, has descubierto «que la ansiedad y la velocidad de tantos estímulos que nos bombardean hacen que no quede lugar para ese silencio interior donde se percibe la mirada de Jesús y se escucha su llamado. Mientras tanto, te llegarán muchas propuestas maquilladas, que parecen bellas e intensas, aunque con el tiempo solamente te dejarán vacío, cansado y solo. No dejes que eso te ocurra, porque el torbellino de este mundo te lleva a una carrera sin sentido, sin orientación, sin objetivos claros, y así se malograrán muchos de tus esfuerzos. Más bien busca esos espacios de calma y de silencio que te permitan reflexionar, orar, mirar mejor el mundo que te rodea, y entonces sí, con Jesús, podrás reconocer cuál es tu vocación en esta tierra» (Exhort. ap. Christus vivit, 277).

Este juego de contrastes que plantea el evangelista Lucas —la encarnación en Nazaret y la anunciación a Zacarías en el Templo—, culmina en el encuentro de las dos mujeres: Isabel y María. La Virgen visita a su prima mayor y todo es fiesta, baile y alabanza. Hay una parte de Israel que ha entendido el cambio profundo, vertiginoso del proyecto de Dios: por eso acepta ser visitada, por eso el niño salta en el vientre. En una sociedad patriarcal, por un instante, el mundo de los hombres se retira, enmudece como Zacarías. Hoy también nos ha hablado una catequista, una religiosa, una mujer mozambiqueña que nos ha recordado que nada les hará perder su entusiasmo por evangelizar, por cumplir con su compromiso bautismal. Vuestra vocación es evangelizar; la vocación de la Iglesia es evangelizar; la identidad de la Iglesia es evangelizar. No hacer proselitismo. El proselitismo no es evangelización. El proselitismo no es cristiano. Nuestra vocación es evangelizar. La identidad de la Iglesia es evangelizar. Y en esta hermana nuestra están todos los que salen al encuentro de sus hermanos: los que visitan como María, los que al dejarse visitar aceptan gustosos que el otro los transforme al regalarle su cultura, sus modos de vivir la fe y de expresarla.

La inquietud que expresas nos devela que la inculturación siempre será un desafío, como este “viaje” entre estas dos mujeres que quedarán mutuamente transformadas por el encuentro y el servicio. «Las Iglesias particulares deben fomentar activamente formas, al menos incipientes, de inculturación. Lo que debe procurarse, en definitiva, es que la predicación del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura. Aunque estos procesos son siempre lentos, a veces el miedo nos paraliza demasiado» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 129). El miedo paraliza.

La “distancia” entre Nazaret y Jerusalén se acorta, se hace inexistente por ese “sí” de María. Porque las distancias, los regionalismos y particularismos, el estar constantemente construyendo muros atentan contra la dinámica de la encarnación, que ha derribado el muro que nos separaba (cf. Ef 2,14). Vosotros que habéis sido testigos —al menos los mayores— de divisiones y rencores que terminaron en guerras, tenéis que estar siempre dispuestos a “visitaros”, a acortar las distancias. La Iglesia de Mozambique está invitada a ser la Iglesia de la Visitación. No puede ser parte del problema de las competencias, menosprecios y divisiones de unos con otros, sino puerta de solución, espacio donde sea posible el respeto, el intercambio y el diálogo. La pregunta formulada sobre qué hacer ante un matrimonio interreligioso nos desafía en esta tendencia asentada que tenemos a la fragmentación, a separar en vez de unir. Como también lo es el vínculo entre nacionalidades, entre razas, entre los del norte y los del sur, entre comunidades, sacerdotes y obispos. Es el desafío porque, hasta desarrollar «una cultura del encuentro en una pluriforme armonía», se requiere «un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada. Es un trabajo lento, es un trabajo arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo». Es el requisito necesario para la «construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad», para «el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común» (ibíd., 220-221). Así como María fue a la casa de Isabel, como Iglesia tenemos que aprender el camino frente a nuevas problemáticas, buscando no quedar paralizados por una lógica que enfrenta, divide, condena. Poneos en camino y buscad una respuesta a estos desafíos pidiendo la asistencia segura del Espíritu Santo. Él es el Maestro para mostrar los nuevos caminos a transitar.

Reavivemos entonces nuestro llamado vocacional, hagámoslo bajo este magnífico templo dedicado a María, y que nuestro “sí” comprometido proclame las grandezas del Señor, alegre el espíritu de nuestro pueblo en Dios, nuestro Salvador (cf. Lc 1,46-47). Y llene de esperanza, paz y reconciliación a vuestro país, a nuestro querido Mozambique.

Os pido que, por favor, recéis y hagáis rezar por mí.

Que el Señor os bendiga y la Virgen Santa os cuide.

Gracias.

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD FRANCESCO EN MOZAMBIQUE, MADAGASCAR Y MAURIZIO


REUNIÓN INTERRELIGIOSA CON LOS JÓVENES

Maxaquene Stadium (Maputo)

Muchas gracias por tus palabras de bienvenida! Y gracias también por todas y cada una de las representaciones artísticas que ha creado. Muchas gracias, gracias! Siéntate, ponte cómodo.

Me agradeciste porque reservé tiempo para estar contigo. ¿Qué podría ser más importante para un pastor que estar con su gente? ¿Qué es más importante para un pastor que encontrarse con sus jóvenes? Eres importante! Necesitas saber, debes creerlo: ¡eres importante! Pero con humildad. Porque no eres solo el futuro de Mozambique, o de la Iglesia y de la humanidad; eres el presente, eres el presente de Mozambique, con todo lo que eres y haces, ya estás contribuyendo al presente con lo mejor que puedes dar hoy. Sin su entusiasmo, sus canciones, su alegría de vivir, ¿qué sería de esta tierra? Sin los jóvenes, ¿qué sería de esta tierra? Te veo cantar, sonreír, bailar En medio de todas las dificultades que atraviesas, como nos dijiste correctamente, es la mejor señal del hecho de que ustedes, los jóvenes, son la alegría de esta tierra, la alegría de hoy y de hoy. La esperanza del mañana.

La alegría de vivir es una de tus principales características, la característica de los jóvenes, la alegría de vivir, ¡cómo puedes sentirte aquí! La alegría compartida y celebrada, que se reconcilia , y se convierte en el mejor antídoto para negar a todos aquellos que quieren dividirte: atención: ¡quieren dividirte! -, que quieren fragmentarte, que quieren oponerse a ti. ¡Cómo sientes, en algunas regiones del mundo, la falta de tu alegría de vivir! ¿Cómo sientes, en algunas regiones del mundo, la alegría de estar unidos, de vivir juntos, diferentes confesiones religiosas, pero hijos de la misma tierra, unidos?

Gracias por estar aquí por las diferentes denominaciones religiosas. Gracias por alentarlos a vivir el desafío de la paz y celebrarlo juntos hoy en familia, incluidos aquellos que, aunque no pertenecen a ninguna tradición religiosa, han venido a participar ... Así que experimenten que todos somos necesarios: con nuestras diferencias, pero necesarias . Nuestras diferencias son necesarias. Juntos, como lo son ahora, son el latido de esta gente, donde todos juegan un papel fundamental, en un solo proyecto creativo, para escribir una nueva página de historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación. Te pregunto: ¿quieres escribir esta página? [responden: sí!] Cuando entré, cantabas "reconciliación". ¿Quieres repetirlo? [todos: reconciliación! La reconciliación! ¡Reconciliación!] ¡Gracias!

Me hiciste dos preguntas, pero creo que están conectadas. Una fue: ¿cómo hacer realidad los sueños de los jóvenes? Y el otro: ¿cómo hacer que los jóvenes se involucren en los problemas que afectan al país? Nos ha mostrado el camino hoy y nos ha enseñado cómo responder estas preguntas.

Lo dijiste con arte, con música, con la riqueza cultural de la que hablaste tan orgullosamente ..., expresaste una parte de tus sueños y tus realidades; En cada una de esas expresiones, hay diferentes maneras de mirar el mundo y mirar el horizonte: siempre con los ojos llenos de esperanza, llenos de futuro y llenos de deseos. Ustedes, jóvenes, caminan con los dos pies como adultos, de la misma manera; pero, a diferencia de los adultos que los mantienen paralelos, siempre tienes uno frente al otro, listo para disparar. ¡Tienes tanta fuerza, puedes mirar con tanta esperanza! Eres una promesa de vida, que conlleva una tenacidad (ver Exhortación ap. Postsin. Christus vivit , 139), que no debes perder ni dejarte robar.

¿Cómo hacer realidad los sueños, cómo ayudar a resolver los problemas del país? Me gustaría decirte: ¡no dejes que te roben tu alegría! No dejes de cantar y exprésate de acuerdo con todo lo bueno que has aprendido de tus tradiciones. ¡Que no te roben tu alegría! Como te dije, hay muchas maneras de mirar el horizonte, el mundo, mirar el presente y el futuro, hay muchas maneras. Pero debemos tener cuidado con dos actitudes que matan los sueños y la esperanza. Que son Resignación y ansiedad. Dos actitudes que matan los sueños y la esperanza. Son grandes enemigos de la vida, porque generalmente nos empujan en un camino fácil pero derrotado; ¡y el peaje que piden pasar es muy costoso!Es muy caro Pagas por ello con tu propia felicidad e incluso con tu vida. Resignación y ansiedad: dos actitudes que roban la esperanza. ¡Cuántas promesas vacías de felicidad, que terminan mutilando vidas! Seguramente sabes de amigos, conocidos, o podría haberte sucedido, que, en momentos difíciles y dolorosos, cuando todo parece caer sobre ti, quedan aplastados por la resignación. Debemos tener mucho cuidado, porque esta actitud "toma el camino equivocado. Cuando todo parece estar quieto y estancado, cuando los problemas personales nos perturban, los problemas sociales no encuentran las respuestas correctas, no es bueno rendirse "( ibid . , 141). ¡No es bueno rendirse! Repita: no es bueno rendirse. [todos: ¡no es bueno darse por vencido!]

Sé que a la mayoría de ustedes realmente les gusta el fútbol. ¿Es verdad? Recuerdo a un gran jugador de estas tierras que aprendió a no darse por vencido: Eusebio da Silva, la "pantera negra". Comenzó su vida deportiva en el equipo de esta ciudad. Las graves dificultades económicas de su familia y la muerte prematura de su padre no impidieron sus sueños; Su pasión por el fútbol lo hizo perseverar, soñar y seguir adelante ... ¡llegando a marcar 77 goles para este club de Maxaquene! No faltaron razones para renunciar ... y él no se resignó.

Su sueño y su deseo de jugar lo empujaron hacia adelante, pero era igualmente importante encontrar con quién jugar. Sabes bien que en un equipo, no todos son iguales, no todos hacen lo mismo y no todos piensan de la misma manera. No. Cada jugador tiene sus propias características, como podemos descubrir y disfrutar en esta reunión: venimos de diferentes tradiciones e incluso podemos hablar diferentes idiomas, pero esto no nos ha impedido reunirnos. Ya se ha sufrido mucho y el sufrimiento continúa, porque algunos creen que tienen derecho a decidir quién puede "jugar", ¡no! - y aquellos que deben permanecer "fuera del campo" - ¡es un derecho injusto! -, algunos que pasan la vida creando divisiones y confrontaciones, y haciendo la guerra. Hoy ustedes, queridos amigos, son un ejemplo, son un testimonio de cómo debemos actuar. Testigos de la unidad, de reconciliación, de esperanza. Como un equipo de fútbol. ¿Cómo comprometerse con el país? Tal como lo estás haciendo ahora, permanecer unido, más allá de cualquier cosa que pueda diferenciarte, siempre buscando la oportunidad de hacer realidad los sueños de un país mejor, pero ... juntos. Juntos. Qué importante es no olvidar quela enemistad social destruye . Juntos! [todos: ¡la enemistad social destruye!] Y una familia es destruida por la enemistad. Un país es destruido por la enemistad. Juntos! [todos: ¡la enemistad social destruye!] El mundo es destruido por la enemistad. Y la mayor enemistad es la guerra. Porque no pueden sentarse y hablar. Ser capaz de crear amistad social .

Recuerdo el proverbio que dice: "Si quieres llegar rápidamente, camina solo; si quieres llegar lejos, ve juntos ”. Lo repetimos [todos: si quieres llegar rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve en compañía. Siempre se trata de soñar juntos, como lo estás haciendo hoy. Sueñas con otros, nunca contra otros; Sueña cómo soñaste y preparaste este encuentro: todos unidos y sin barreras. Esto es parte de la "nueva página de la historia" de Mozambique.

Jugar juntos nos enseña que no solo la resignación es enemiga de los sueños, sino también la ansiedad. Resignación y ansiedad. Ansiedad: este "puede convertirse en un gran enemigo cuando nos lleva a rendirnos porque descubrimos que los resultados no son inmediatos. Los sueños más bellos se ganan con esperanza, paciencia y compromiso, renunciando a la prisa. Al mismo tiempo, no debemos quedarnos atascados debido a la inseguridad, no debemos temer arriesgarnos y cometer errores "( ibid ., 142), es normal. Las cosas más bellas maduran con el tiempo y, si algo no te fue bien la primera vez, no temas intentarlo una y otra vez. ¡No tengas miedo de cometer errores! Podemos fallar mil veces, pero no caemos en el error de parar porque algo no salió bien la primera vez. El peor error sería abandonar, debido a la ansiedad, abandonar los sueños y el deseo de un país mejor.

Por ejemplo, tiene ante sus ojos el hermoso testimonio ofrecido por María Mutola, quien ha aprendido a perseverar, a continuar intentando, a pesar de que su deseo de obtener la medalla de oro en los primeros tres Juegos Olímpicos en los que participó no se cumplió; posteriormente, en el cuarto intento, esta atleta de 800 metros obtuvo su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sydney. Intenta, intenta. La ansiedad no la llevó a callarse; Sus nueve títulos mundiales no la hicieron olvidar a su gente, sus raíces , pero siguió cuidando a los niños necesitados de Mozambique. ¡Cómo el deporte nos enseña a perseverar en nuestros sueños!

Me gustaría agregar otro elemento importante. No a la ansiedad, no a la resignación, y ahora otro elemento importante: no excluyas a tus mayores .

Incluso sus mayores pueden ayudar a que sus sueños y aspiraciones no se agoten, dejarse llevar por el primer viento de dificultad o impotencia. Los ancianos son nuestras raíces. Lo decimos [todos: los ancianos son nuestras raíces. Los ancianos son nuestras raíces] Las generaciones anteriores tienen mucho que contarte, que ofrecerte. Es cierto que a veces nosotros, los ancianos, lo hacemos de forma autoritaria, como advertencia, despertando miedo. Es cierto, a veces ponemos miedo o pretendemos que lo hagas, hables y vivas como nosotros. Esta mal En cambio, tendrás que hacer tu síntesis, pero escuchando, valorando a los que te precedieron. ¿No hiciste eso con tu música? Al ritmo tradicional de Mozambique, la "marrabenta", ha mezclado otras modernas y así nació la "pandza". Lo que escuchaste, que viste cantando y bailando de tus padres y abuelos, lo tomaste como tuyo. Este es el camino que les propongo: un "camino compuesto de libertad, entusiasmo, creatividad, nuevos horizontes, pero al mismo tiempo cultivando las raíces que nutren y sostienen" (ibid . 184) Los ancianos son nuestras raíces. [todos: los ancianos son nuestras raíces]

Todos estos son pequeños elementos que pueden brindarle el apoyo que necesita para evitar cerrarse en momentos de dificultad, pero abriendo una brecha de esperanza; una brecha que lo ayudará a poner en juego su creatividad y a encontrar nuevos caminos y nuevos espacios para responder a los problemas con el sabor de la solidaridad.

Muchos de ustedes nacieron bajo el signo de la paz, una paz problemática que ha pasado por diferentes momentos: algunos más serenos y otros de prueba. La paz es un proceso que ustedes también están llamados a continuar, siempre extendiendo sus manos sobre todo a aquellos que pasan momentos difíciles. ¡Grande es el poder de la mano extendida y de la amistad traducida en gestos concretos! Pienso en el sufrimiento de esos jóvenes llenos de sueños que vinieron a buscar trabajo en la ciudad, y hoy se encuentran sin hogar, sin familia y sin una mano amiga. ¡Qué importante es aprender a ser una mano amiga! Este gesto, el gesto de la mano extendida. Todos juntos! El gesto de la mano extendida. [Todos: el gesto de la mano extendida]. Gracias. Intenta crecer en amistad incluso con aquellos que piensan diferente, para que la solidaridad crezca entre ustedes y se convierta en la mejor arma para transformar la historia. La solidaridad es la mejor arma para transformar la historia.

Una mano extendida, que también nos recuerda la necesidad de ocuparnos del cuidado de nuestra Casa Común. Sin duda, ha sido bendecido con bellas bellezas naturales: bosques y ríos, valles y montañas y muchas playas hermosas.

Lamentablemente, hace unos meses sufrió la furia de dos ciclones, vio las consecuencias del colapso ecológico en el que vivimos. Muchos, incluidos muchos jóvenes, ya han aceptado el desafío urgente de proteger nuestro hogar. Tenemos un desafío: proteger nuestro hogar común.

Permíteme dejarte un último pensamiento: Dios te ama; y en esta declaración estamos de acuerdo en todas las tradiciones religiosas. "Para Él eres realmente precioso, no eres insignificante, eres importante para Él, porque eres el trabajo de Sus manos. Porque te ama a ti. Trate de permanecer en silencio por un momento al dejarse amar por Él. Trate de silenciar todas las voces y gritos internos y permanecer un momento en su abrazo de amor "( Christus vivit , 115). Hagámoslo juntos ahora [permanezca en silencio por un momento].

Es el amor del Señor, que sabe más acerca de la subida que de la caída, de la reconciliación más que de la prohibición, de dar una nueva oportunidad de condenar, del futuro y del pasado "( ibid . , 116).

Sé que crees en este amor que hace posible la reconciliación.

Gracias! Y por favor no olvides rezar por mí.

Dios te bendiga.

La Iglesia reconoce el primer milagro en Knock: la inmediata curación de una mujer con esclerosis


La curación inexplicable de la mujer Marion Carroll se ha convertido en el primer milagro reconocido oficialmente por la Iglesia Católica en el santuario mariano de Knock, en Irlanda.

En este pequeño lugar situado en la zona oeste de la isla en 1879 la Virgen María se apareció junto a San José, el Cordero y San Juan Evangelista a un grupo de 15 personas, entre las que había personas mayores, jóvenes y niños. En esta visión que duró dos horas no se oyeron palabras, sino que María aparecía con una corona en la cabeza y las manos elevadas en súplica. Este santuario fue visitado por San Juan Pablo II en 1979 y recientemente en 2018 por el Papa Francisco.

Reconocido oficialmente tres décadas después

El suceso milagroso, según informó el arzobispo de Tuam, Michael Near, en la misma basílica este pasado 1 de septiembre, se produjo hace tres décadas pero no ha sido hasta este momento cuando se ha declarado oficial este milagro.

La Virgen se apareció en Knock en 1879 a un grupo de niños, adultos y ancianos
“Hace treinta años, con motivo de esta peregrinación (de carácter anual n.d.a.), Marion fue sanada aquí en el Santuario de Nuestra Señora. Hoy, la Iglesia reconoce formalmente que esta curación no admite ninguna explicación médica y se une en oración, alabanza y acción de gracias a Dios”, afirmó el obispo en cuya diócesis se encuentra el santuario de Knock.

En el momento del anuncio y entre el enorme número de peregrinos se encontraban la propia Marion Carroll, su marido Jimmy, sus dos hijos y sus cinco nietos.

Padecía esclerosis múltiple

Carroll tiene en estos momentos 68 años, treinta más que aquel septiembre de 1989 cuando peregrinó a Knock y fue llevada en una camilla debido a la esclerosis múltiple que sufría.  Allí pidió a la Virgen que la curara e inmediatamente todos los síntomas de la enfermedad desaparecieron.

Esta mujer relata al Catholic News Service cómo vivió aquel día en el que fue curada en este santuario mariano. Recuerda perfectamente que tuvo que ser llevada en una camilla durante aquella peregrinación diocesana porque estaba “completamente paralizada”.

“Yo era doblemente incontinente, estaba ciega de un ojo y tenía muy poca vista en el otro. No podía comer ni hablar bien, y tenía epilepsia”, cuenta Carroll. Además, explica que sentía cómo se iba muriendo, no por la esclerosis múltiple, sino por todas las complicaciones secundarias que provoca esta enfermedad, y especialmente por las infecciones renales persistentes.

La bendición en la camilla y el susurro

Una vez dentro del santuario, y tras rezar ante la Virgen, se produjo la unción de los enfermos y el entonces obispo de Ardgah, monseñor O´Really, la bendijo con la custodia que portaba el Santísimo Sacramento mientras ella estaba postrada en su camilla.

Esta mujer recuerda que “cuando me bendijo, tuve una hermosa sensación, fue algo magnífico, y luego una brisa susurrante me dijo que si abría las sujeciones de la camilla podría levantarme y caminar”.

Tras la Eucaristía, la entonces joven Marion fue trasldada en su camilla al centro de descanso y de cuidados San Juan en Knock. Ya allí los médicos y las enfermeras quedaron extrañados por la insistente petición de la mujer para que abrieran su camilla. Una enfermera le dijo tiempo después que accedió a ello para que se “tranquilizara”.

“Mi curación no me pertenece”

Sin embargo, tan pronto como pudo estar sin las sujeciones de la camilla pudo bajar las piernas al suelo. “Me puse derecha y no me sentí agarrotada” a pesar de los años de parálisis, afirma. Además, recuperó la voz perfectamente al igual que el movimiento de los brazos.

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Carroll confiesa: “Mi curación en Knock no me pertenece. Este es un regalo especial para que la gente sepa que Jesús y María están allí”. En estos momentos, esta mujer colabora activamente en su parroquia, cuida enfermos en el santuario mariano y también acompaña a los moribundos.

Por su parte, el padre Richard Gibbons, rector de de Knock, ha explicado que el anuncio de la curación milagrosa se ha producido “después de muchos años de investigación por parte de un comité médico establecido por el santuario de Knock para examinar el caso, y es esta es la primera curación oficial en los 120 años de historia del santuario”.

La carta de un médico especialista en Aparato Digestivo al comité declaraba que “independientemente de si su condición es orgánica o psicológica, la tremenda mejora desde el momento de su visita a Knock es inexplicable”. Y además añadía que “mi sensación es que su mejoría es muy poco probable que se pueda explicar por la sabiduría médica convencional”.

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO A MOZAMBIQUE, MADAGASCAR Y MAURICIO

SALUDO DEL SANTO PADRE A LOS PERIODISTAS
DURANTE EL VUELO A MAPUTO

Mons. Mauricio Rueda:

¡Buenos días a todos! Estoy muy contento no de presentar ―porque lo conocéis todos― al nuevo director de la Oficina de Prensa, el Dr. Matteo Bruni, que nos ha acompañado en todos los viajes apostólicos, pero hoy le damos un cordial saludo y todos nuestros mejores deseos en esta nueva misión, en este nuevo servicio a la Iglesia y al Santo Padre. Todos conocemos su capacidad, su generosidad para llevar a cabo este precioso servicio con idoneidad. Gracias.

Matteo Bruni:

Gracias monseñor Rueda. Gracias al Santo Padre por su confianza en este nuevo puesto y gracias también a vosotros por el afecto de tantos años de trabajo juntos en estos aviones y en ocasiones similares.

Hoy, Santo Padre, somos una comunidad de trabajo de poco menos de 70 periodistas, algunos de los cuales provienen de los países que visitaremos: hay cuatro periodistas de Mozambique, una periodista de Madagascar y tres que vienen de Mauricio. Buenos días a todos. No sigo más, excepto para agradecerle las palabras que nos dirá,  las que nos dirá junto con los gestos que nos acompañarán en estos días y por el placer de poder ser sus compañeros de viaje. ¡Gracias Santo Padre!

Papa Francisco:

¡Buenos días! Gracias de la compañía, gracias por la ayuda. Esperamos que este viaje, algo largo, dé frutos, muchas gracias. Hoy  la “decana” [Valentina Alazraki] no está presente, creo que habría sido su 153º viaje... Pero está el “decano” de Reuters, Pulella: él toma la delantera... ¡y sigue adelante! Muchas gracias. Pero sobre la decana, me gustaría decir que el otro día salió su último libro sobre las mujeres maltratadas ―una verdadera joya―  para que se entiendan el dolor y la explotación de las mujeres en estos tiempos. Necesitamos reflexionar sobre este tema. Agradezco a Valentina este trabajo que hizo, con tanta precisión, un buen libro. Luego me gustaría decirles que hay otro aniversario, creo que el 50, de la EFE, española ... ¿Dónde está Cristina Cabrejas? ... ¿Ochenta? Ah, entonces es  todavía  más joven que yo... Luego le diré a Matteo Bruni que le dé un lugar especial para hacer las preguntas que considere apropiadas, una o dos preguntas,  en el encuentro final con total libertad, sin programar. Un homenaje a la EFE. Gracias. Ahora tendré el placer de saludarlos a todos. Gracias.

Muchas gracias, buena continuación.

Quisiera invitaros a todos a rezar por las víctimas de los huracanes en las Bahamas: son gente pobre que de repente, de un día para otro, pierden su hogar, pierden todo, incluso sus vidas. Todos para vuestros adentros rezad por estos hermanos y hermanas que sufren a causa de estos huracanes en las Bahamas. Gracias.